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Bases Para la Desventura

El Libro de Eclesiastés, por su esencia misma, significa la predicción, el adelanto, la antelación, la anticipación más notoria de la vida del creyente y, por ende, de la iglesia.

Eclesiastés es un nombre griego que, al igual que el hebreo COHELET, tienen el mismo significado: PREDICADOR. Y si la palabra “predicar” es un vocablo compuesto (PRE, que es anticipación, y DICAR, que habla de la sustancia de los ángeles caídos), allí tendremos la confirmación y la base del real contenido del libro en términos espirituales.

Este libro se utilizaba en la liturgia de la fiesta de los tabernáculos, y formaba parte de la literatura hebrea catalogada como de “sabiduría”. Y aunque la descripción del “predicador” parece indicar que fue Salomón el autor, el nombre de este rey no aparece en la obra.

Hoy se lo definiría como un tratado existencialista en el que se busca el significado de la existencia y un examen de la vida “debajo del sol”, desde todo punto de vista, con el objetivo nada pequeño de tratar de ver adonde se encuentra la felicidad.

En ciertos tramos parece escrito con alto grado de pesimismo y negatividad, pero sin embargo no resulta así en lo global, ya que salta a la vista la clave de todo cuando señala que en el temor a Dios y el guardar sus mandamientos, está el fundamento de la sabiduría. Y que hay tanta vanidad porque Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.

Eclesiastés puede considerarse como una apología dirigida a los hombres cuya visión no llega más allá de lo que está “debajo del sol”. El autor les demuestra la vanidad de la filosofía que abrazan, y subraya la futilidad del materialismo y de una vida sin Dios.

Visto así es una dura crítica al secularismo, donde quiera que éste se encuentre, y combate la tendencia, todavía vigente, de relegar a la religión a la categoría de simple instrumento del secularismo.

En suma: si el hombre concibe al mundo como un fin en sí, la vida se vuelve vanidad; pero si lo considera como un medio por el cual Dios se nos revela y nos muestra su sabiduría y justicia, entonces la vida sí tiene significado. A partir del cuarto capítulo de este libro, en este estudio vamos a comprender algo más de nuestra existencia.

(Eclesiastés 4: 1)= Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en mano de los opresores.

Esto parecería haber sido escrito en cualquier país latinoamericano en el día de hoy. Otra traducción que mostramos como ampliación conceptual de lo dicho, dice así: Luego me fijé en tanta opresión que hay en esta vida. Vi llorar a los oprimidos y no había quien los consolara; el poder estaba del lado de sus opresores, y no había quien los consolara. Que hace juego, se emparienta y se complementa con lo escrito en el mismo libro en 3:16-17, donde se puede leer: He visto algo más en esta vida: maldad donde se dictan las sentencias y maldad donde se imparte la justicia. (Reitero: esto es la Biblia, no un periódico de hoy). Pensé entonces: al justo y al malvado los juzgará Dios, pues hay un tiempo para cada obra y un lugar para toda acción.. Creo que no es necesario que se le agregue ni el menor comentario, verdad? Siempre lo he dicho: la Biblia habla por sí misma y no necesita que ningún teólogo cabezón la interprete. El Espíritu Santo se la revela a quien se decida a ponerlo como guía a toda verdad en su vida. Opresión.

(2) Y alabé yo a los finados, los que ya murieron, más que a los vivientes, los que viven todavía.

(3) Y tuve por más feliz que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen.

Mire qué definición más singular de esta vida se nos muestra aquí. El Predicador concluye que los muertos están mejor que los oprimidos que aún viven. “Más felices”, dice. Si todo lo que la vida puede ofrecer es opresión, lo mejor entonces, sería no haber nacido. Sin embargo, y luego se puede comprobar, esta apasionada expresión no constituye el veredicto final del Predicador sobre el valor de la existencia humana.

¿Sabe qué recuerdo ahora? A Job. Su propia opresión lo lleva a decir en 3:11-12, lo mismo, cuando se pregunta amargamente: ¿Por qué no perecí al momento de nacer? ¿Por qué no morí cuando salí del vientre? ¿Por qué hubo rodillas que me recibieran y pechos que me amamantaran? En otro sector y respecto a esto, se escribe: Aborrecí entonces la vida, pues todo cuanto se hace en ella me resultaba repugnante. Realmente, todo es absurdo; ¡Es correr tras el viento! Y lo remata en un tercer texto, señalando: Si un hombre tiene cien hijos y vive muchos años, no importa cuanto viva, si no se ha hablado de las cosas buenas ni llega a recibir sepultura, yo digo que un abortivo vale más que él. Lamento.

(4) He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo, también esto es vanidad y aflicción de espíritu.

Es absurda la envidia. Tan incomprensible desde lo racional que la influencia satánica que enseña la guerra espiritual con respecto a ella, parece cada día más lógica, aún para los más ortodoxos de los cristianos. Porque este sentimiento que emana del corazón pero que se fundamenta en el egocentrismo. (¡Por qué les va bien a ellos y a mí no?) No se evidencia sólo en la sociedad secular, sino también entre nosotros. Y si no, pregúntele a pastores, predicadores cabeceras de grandes ministerios evangelistas, directores de alabanza y tantos más que un día, por el simple hecho de haber sido usados por Dios más que el resto, pasarán a estar en el centro de la mira telescópica de la envidia de los que supuestamente son: “sus hermanos”.

Una vez más, estos hermanos caen en la confusión de los “merecimientos”. ¡Yo me merezco estar mejor que él, pero él me lleva ventaja! ¿Por qué, Señor? Ya, antes, fue así. En Eclesiastés 2:21, el autor parece desesperarse y se pregunta: ¿Por qué habrá de dejarle el fruto de su labor a alguien que no ha contribuido a ella y no la merece? De allí que su conclusión sea que todas las obras que se hacen bajo el sol, aún las mejor intencionadas, sean sólo vanidad y aflicción de espíritu. Envidia.

(5) El necio cruza sus manos, y come su misma carne.

(6) Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.

Lo que se nos está mostrando, aquí, es que el necio es víctima, finalmente de su propia ociosidad. Dice que trabajar con moderación y sin histerias como vemos a tantos diariamente, es lo que otorga dignidad a las personas, en tanto que absorberse y excederse en ello, no sólo para nada aprovecha sino que lleva a hacer peligrar, incluso, el estado de salud. Si no lo cree, consulte estadísticamente la motivación de: infartos, úlceras e hipertensiones. Esto tiene correlato (Como que tienen al mismo autor) con el proverbio 5:16-17, que puntualiza: Mejor es lo poco con el temor de Jehová, que el gran tesoro donde hay turbación. Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio. Necedad.

(7) Yo me volví otra vez, y vi vanidad debajo del sol.

(8) Está un hombre solo y sin sucesor, que no tiene hijo ni hermano; pero nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se sacian de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.

Esto, en un principio, indica algo: Cuando se trabaja solo y sin nadie a quien legar las riquezas, el ser humano sufre privaciones por gusto. ¡Son tantos los que viven así! Les sería mejor tomarse un poco de tiempo para disfrutar lo que tiene, Aunque lo que digo parezca liviano o frívolo, tenga en cuenta que siempre será más recomendable y sano esto que consumirse en vida (Y por allí hasta consumir su propia vida) tratando de tener más.

Con relación a esto, Salomón escribe en el Proverbio 27:20, que: El Seol y el Abadón nunca se sacian; así los ojos del hombre nunca están satisfechos. El apóstol Juan, mientras tanto, en su primera carta en 2:16, lo pinta de este modo: Porque todo lo que hay en el mundo, (Que en este caso es el sistema, recuerde) los deseos de la carne, (Que tiene que ver con el alma, los sentimientos y las emociones) los deseos de los ojos, (Que se relaciona con los cinco sentidos somáticos) y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Avaricia.

(9) Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.

(10) Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero, ¡Ay del solo! Que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.

¿Por qué hará hincapié en que mejor son dos que uno y que su paga laboral será mejor? Mire: esto tiene que ver con lo que nosotros denominamos “sociedades”. Una inversión conjunta tiene, generalmente, más probabilidades de éxito. Porque si uno de los socios triunfa, el otro puede compartir el fruto obtenido. Y si fracasa, tiene a alguien que le ayude. Aquí aparece, como modelo válido de sociedad, la sociedad conyugal: es decir: el matrimonio.

(11) También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; más ¿Cómo se calentará uno solo?

Aunque esto, según lo han estudiado algunos investigadores, se refiere a viajeros que tratan de mantenerse calientes en las frías noches de palestina, la imagen que evoca a una pareja de esposo y esposa es demasiado obvia como para ignorarla. Un matrimonio son dos, que según Dios ordena, deben enfrentar los problemas de la vida. Alguien ha asegurado desde los planos de la guerra espiritual, que a pesar de ciertas opiniones personales y privadas muy diferentes, el orden que Dios ha creado, funciona cuando se obedecen sus fundamentos. Ante cualquier batalla, la mujer es tan fuerte espiritualmente como el hombre para librarla. Pero cuando una mujer está verdaderamente bajo la cobertura de un siervo de Dios que es su esposo, allí resultará directa y sencillamente imbatible. No es lo mismo cuando hay diferencias pronunciadas entre ellos.

Una no poca proporción de parejas fracasan en sus matrimonios por causa de haber interpretado erróneamente sus roles. Partiendo de la base de sus anatomías físicas, es notorio que el hombre y la mujer fueron creados para complementarse mutuamente. De allí que encajan perfecta y naturalmente el uno en el otro. Y es así que, más allá de la expresión de su sexualidad, en el resto de su relación ese complemento no tiene por que variar en su concepción. El problema subsiste cuando, – y esto se ve mucho -, ellos eligen competir en lugar de complementarse. El verso 12 lo cierra concretamente a esto.

(12) Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.

Si decíamos que el verso 11 ofrecía la imagen de dos viajeros, aquí se habla de cómo se defenderían en caso de ser asaltados por ladrones, cada uno saldría en auxilio del otro. Y si fueran tres años, como aquí se ejemplifica, nadie los podría vencer. Si, por el contrario, se refiriera a un hombre y su mujer haciéndole frente juntos a la vida, entonces su fuerza aumentaría en caso de tener un hijo o heredero.

Sin embargo, esto también tiene correlato con la función dirigente en la iglesia, que es el marco que más nos interesa porque está llamada, precisamente, a ser modelo, punto de referencia. Su yo estoy al frente de un determinado grupo y lo conduzco, no voy a decir con mano dura, pero en todo caso sí con rigidez, sin dar concesiones ni admitir disidencias, es probable que durante un tiempo, ese grupo funcione con cierta prolijidad. Pero, el método de conducción, a corto o mediano plazo, va a determinar que indefectiblemente se confirmen dos sectores claros con un tercero fluctuante. Un sector estará integrado por la gente de mi confianza, en la cual yo confío y a la cual, naturalmente, habré de confiarle las tareas más importantes que lo hará ocupar, obviamente, los cargos, las posiciones, las jerarquías más importantes.

El otro sector se conformará automáticamente con aquellos a los que, por distintas causas, habré decidido no tener en cuenta. Estos, a su vez, también se dividirán formando desde aquí un tercer sector. Los que molestos, heridos y resentidos por lo que estimarán como marginación de mi parte, se ubicarán lisa y llanamente en calidad de opositores a mi gestión. Y los restantes, que darán creación al grupo de los indiferentes, que según cada caso y circunstancia podrán inclinarse hacia un lado u otro, conforme a las alternativas ocasionales. En este marco dividido y falto de vanidad, ¿Me quiere decir usted cómo prevalezco? Es lo que abundantemente todavía se ve en muchas partes lamentablemente.

Sin embargo, hay un punto que está íntimamente relacionado con la unidad o la falta de ella. A partir de las vanidades personales, la necesidad o la ambición de gozar de popularidad, suele llevar a todos los terrenos a algunos, a intentar superar a otros. Allí es donde se convierten en líderes. Porque la palabra inglesa LIDER, implica a alguien que, derrotando a otros competidores, logra llegar primero a la meta, que en este caso, puede ser una posición. Válido para todas las entidades que usted quiera en el mundos secular, pero no en la iglesia. Dios levanta a los que Él quiere conforme a la rectitud de sus corazones. Unidad.

(13) Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y necio que no admite consejos; (14) porque de la cárcel salió para reinar, aunque en su reino nació pobre.

(15) Vi a todos los que viven debajo del sol caminando con el muchacho sucesor, que estará en lugar de aquel.

(16) No tenía fin la muchedumbre del pueblo que le seguía; sin embargo, los que vengan después tampoco estarán contentos de él. Y esto es también vanidad y aflicción de espíritu.

En otra versión, este texto dice así: Mas vale joven pobre pero sabio, que rey viejo pero necio, que ya no sabe recibir consejos. Aunque de la cárcel haya ascendido al trono, o haya nacido pobre en ese reino, en esta vida he visto que la gente apoya al joven que sucede al rey. Y aunque es incontable la gente que sigue a los reyes, muchos de los que vienen después tampoco quedan contentos con el sucesor. Y también esto es absurdo; ¡Es alcanzar el viento!

En principio se puntualiza el valor de la sabiduría desde un ángulo que, en aquel tiempo, podía sonar a absurdo: comparar a un don nadie, nada menos que con el rey. El verso 14, mientras tanto, presenta algunas aristas complejas. Todo dependerá de la interpretación que se le otorgue a la palabra aunque. El sentido parece ser que un joven como antes David, aunque nacido en una familia pobre, puede, si es sabio, salir del aislamiento y llegar al trono.

¿Y qué tiene que ver esto con nosotros, si hoy ya no existen plebeyos, ni reyes ni tronos, al menos en los países de mayor volumen? Tiene que ver con un reino, ese es el principio espiritual encerrado aquí. Y si hablamos de reinos espirituales, sólo hay dos: el de Dios y el de Satanás. ¿Entonces? Simple. Que una persona casi sin estudios y de muy vulgar condición puede levantarse al frente de un tremendo mover de Dios, es algo que la iglesia no siempre va a aceptar. Siempre será más reconocible que eso suceda con aquellos que han estudiado teología y ostenten otros títulos importantes. A nadie se le ocurriría poner de pastor a alguien que acaba de salir de una cárcel, no? Pero atención: en el otro reino, el de Satanás, también nos enfrentamos con lo mismo. ¿Cómo entender que está en el satanismo, en la brujería, o simplemente endemoniada, esa profesora tan sólida que viene a la iglesia con su familia?

Esto debe abrirnos la comprensión en el sentido de que la búsqueda de la ambición personal es sana y fútil. Vale la pena consignar que lo escrito en el verso 14 no es poético ni ficticio. Está centrado en la historia de José, de la cual encontramos relato en Génesis 41. En el verso 14, dice: Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos y vino a Faraón. Más adelante, del 41 al 43, está la conclusión del episodio: Dijo además Faraón a José: He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. Entonces Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello; y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de el ¡Doblad la rodilla! Y lo puso sobre toda la tierra de Egipto. Acepción.-

Podríamos ir mucho más allá a buscar otras alternativas existenciales que preocupan al mundo, otras bases para sus desventuras, pero hemos preferido, por el momento, quedarnos con estas porque, si bien nos interesa el mundo, (No se olvide que Dios entregó a su único hijo por amor al mundo) no podemos negar que tanto o más nos interesa el pueblo de Dios. Y estos aspectos no están ajenos al marco institucional de la iglesia.

OPRESIÓN: Hay una duda que se constituye en pregunta en breve lapso cuando se tocan estos temas: ¿Qué clase de Opresión puede padecer un creyente? Existe una respuesta que, en primera instancia, podrá parecer simplista, pero que es la única posible y no puede obviarse: si está aferrado a la mano del Señor como un hijo fiel y leal, de hecho que no padecerá ninguna. No obstante, la realidad nos señala que sí la padece y, para mi gusto, en demasiada cantidad y frecuencia. La opresión, cualquier expresión de ella, tiene origen satánico. Es uno de los varios pasos consecutivos con que el enemigo trabaja para quedarse – si puede por completo -, con los cristianos. Y si bien tenemos armas espirituales para batallarla debidamente cuando se presente a atacarnos, lo ideal es no permitirle crecer ni llegar. El problema es cómo, verdad? Simplemente, haciendo lo que dice la Biblia: No dando lugar al diablo en nuestras vidas en nada. Ningún hijo de dios llegaría a tener problemas con el diablo si no dejara de alguna manera, que él afirme su autoridad a partir de alguna puerta de pecado abierta.

LAMENTO: ¿Nunca le han predicado, quizás en un marco o en un tono humorístico, la tremenda validez de la “quejabanza”? Lo lamento mucho si lo dejó pasar por creerlo algo inocuo; es verdad. Se trata, evidentemente, de una palabra inexistente, pero profusamente abundante. La gente sin convicciones espirituales de ninguna naturaleza, vive lamentándose de todo lo que le rodea. Una gran parte de los que dicen profesar alguna clase de religión, también. Entre paréntesis, esto prueba largamente que la religión, por sí misma, no produce nada a favor de las personas. Pero los creyentes genuinos, los auténticos creyentes, tienen en la alabanza al Señor su punto básico y neurálgico. La Biblia dice dos cosas: 1)= Que debemos dar gracias en todo. (Por favor, agudice su imaginación y reflexione, por un momento, en el significado literal y concreto de dar gracias EN TODO. 2)= Que tenemos que hacer sacrificios de alabanza. Entonces es momento de preguntarnos: ¿De dónde hemos sacado esa suerte de “teología del lamento” que a veces hasta hemos compartido? No olvide algo muy importante: Dios jamás se mueve por lástima; Dios se mueve por fe.

ENVIDIA: ¡Hay tanto en la Biblia sobre la envidia que terminamos por entender que no es una sensación nueva ni moderna, sino tan antigua como el hombre mismo! La envidia, naturalmente, tiene origen en Satanás. Tanto como que él mismo propicia su caída del círculo privilegiado estelar en el que se hallaba dentro de la jerarquía angélica, a partir de la envidia que experimentara con relación a Dios. ¿No dice que quiso ser como Él? No le bastó ser el primer arcángel, la envidia de la soberanía total pudo más y eso lo perdió. Ese es el fundamento de este espíritu maligno. Primero, el hacernos pensar que los demás tienen mucha suerte y que todo les sale bien sin merecerlo, y que nosotros tenemos mucha mala suerte y que de ninguna manera merecemos estar en esta posición, sino en una mejor más acorde con esos merecimientos y lo que suponemos son nuestros méritos. Además carcome los huesos, y esto es más que simbólico, en muchos casos es literal.

NECEDAD: Si existe un espíritu influyente que resulta directamente ofensivo, ese es el de la Necedad. ¿Sabe por qué? Porque no la tienen los tontos, los débiles, los incultos o los faltos de panorama. Muy por el contrario, los niveles de necedad van creciendo en la medida que crecen las facultades intelectuales de la gente. Si quisiera exagerar indebidamente, diría que la necedad es el patrimonio de los inteligentes demasiado pagados de sí mismos y de sus propias ideas de la vida. Muy pocas veces un ignorante se permite ser necio, porque ha pasado toda su vida con el convencimiento que necesita aprender siempre, todos los días. Esto, en los planos espirituales, ha resultado muy negativo para la iglesia, ya que suele ser una compañera de ruta de ministros y gente con jerarquías importantes.

AVARICIA: Si los cristianos fueran generosos, el mundo secular tendría un espejo donde mirarse en un aspecto muy singular. El mundo se ulcera y se infarta por lo material. Los creyentes viven las mismas alternativas externas, llenos de paz, serenidad y certeza. Así debe ser. Cualquier otra posición es una infiltración satánica. Usted se preguntará, entonces, si los cristianos tenemos que ser así, por qué hay tanta manipulación de conciencia con el fin de despertar la generosidad. Pues por el abuso. Íntimamente, la iglesia del Señor quiere dar. Es más; se regocija dando. Pero ha sido tantas veces estafada, defraudada y esquilmada por inescrupulosos, que los que terminan pagando las consecuencias son los siervos auténticos.

UNIDAD: Es sencillamente imposible pensar un evangelio de amor y poder espiritual si no es desde la base de una unidad monolítica entre quienes lo profesan. Bien; usted y yo sabemos que no solo no ha sido así, sino que hemos perdido ya demasiado terreno a través de los tiempos por causa de nuestras diferencias y hasta pujas intestinas. ¿Y sabe cuál es la peor enemiga de la unidad? La llamada “unidad interdenominacional”. Porque está diciendo que varias denominaciones se han unido, en la práctica, para llevar adelante alguna clase de actividad. Que es una cuestión que a primera vista, parecería ser atinada y positiva. Sólo un problema: el mero hecho de reconocer un “interdenominacionalismo”, es legitimar una prosecución individualista a partir de sus antiguas y proverbiales diferencias doctrinarias. Unidad en el Espíritu, esa es la única unidad posible. Cualquier otra cosa, reino dividido, casa dividida. Intentar prevalecer en esas condiciones, es no haber leído la Biblia con cuidado.

ACEPCIÓN: Dice la Palabra que para Dios, no hay acepción de personas. Y se supone que en todas las congregaciones que se autotitulan como cristianas, esto ni siquiera debería ser tema de discusión o debate, sino de simple obediencia. Pero a partir de varios aspectos, tales como: la preparación intelectual, la capacidad económica, la calidad del acercamiento al ministerio y hasta el color de la piel o la calidad de las prendas que se visten, la acepción es un hecho visible, concreto y deleznable en muchas de nuestras congregaciones. ¿Cuál será el argumento? Puede haber varios y jamás dejaría de atenderlos con todo respeto. Pero la realidad final sería indefectiblemente una: no se está haciendo la voluntad de Dios y no se camina conforme a su propósito. Dios es un Dios igualitario. Quienes decimos representarlo, generalmente no lo somos. ¿Problema de Dios? Problema de hombre.

Estas son, entre otras tantas que han quedado sin tratar, algunas de las bases para ingresar en la desventura espiritual. Está en nosotros, en cada uno de nosotros porque eso es “la iglesia”, no la congregación y mucho menos el templo, evitarlo, batallarlo. ¿Contra quien o quienes? Simple. Contra todo lo que se oponga y lo financie, ya sea por ignorancia, de un modo inconsciente o, en el peor de los casos, bien consciente y programado.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez