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Tiempo de Conocer Su Nombre

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     En algunas ocasiones, me ha tocado enseñar en ciertos trabajos de estrategia, que el nombre en una persona es un factor importante. Que un nombre mal puesto, puede ocasionarle inconvenientes a alguien, muy por encima de lo que ese alguien pretenda ser o hacer. Y eso, necesariamente, me lleva a examinar si lo que hemos aprendido, sabemos, enseñamos y practicamos, en absolutamente correcto o, si en su defecto, nos está faltando algo que vendría a cerrar todo con mayor precisión.

     (Mateo 10: 22)Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi NOMBRE; más el que persevere hasta el fin, éste será salvo. (No dice que seremos aborrecidos por quién Él es, o fue, o por lo que nosotros hagamos. Dice que lo seremos por causa de Su Nombre.)

     (Mateo 18: 5) = Y cualquiera que reciba en mi NOMBRE a un niño como este, a mí me recibe. (No está diciendo que si recibes a un niño en una buena congregación o en el nombre de Dios mismo, lo recibes a Él. Te está diciendo que eso ocurre si los recibes en Su Nombre.)

     (Mateo 18: 20) = Porque donde están dos o tres congregados en mi NOMBRE, allí estoy yo en medio de ellos. (No dice que Él se hace presente donde quiera que haya gente que se reúna para hablar de Dios o de la iglesia. Dice que lo hará si se reúnen en Su Nombre. De hecho, Su Nombre, es importante.)

     Cuando vemos a Jesús, el cielo se alinea en una misma dirección espiritual con nosotros. Entonces, ahora viene la pregunta complicada: ¿Por qué, durante el ministerio de Jesús, en medio de tantas palabras y enseñanzas que él nos ha dejado, bien recopiladas en los evangelios, él casi no menciona a la iglesia? Apenas hay un par de breves menciones. ¿Por qué? Porque su mensaje es el Reino, y porque el Reino es más importante que la iglesia. Esa es la razón. Tú puedes tener a la iglesia, pero no tener al Reino, pero es imposible que tengas al Reino, sino tienes a la iglesia. El fundamento de la Gran Comisión, es ir a predicar el Reino, el evangelio del Reino. Eso es lo que el Señor espera de nosotros. La obsesión de los apóstoles, es decir, de los apostellos, de los enviados, es edificar. Pero no es edificar lo que a ellos les parece, sino reproducir la forma de lo que han visto.

     Por eso es tan importante ver lo que el Señor quiere que edifiquemos. La iglesia puede centrarse en el hombre. De hecho y salta a la vista: en el hombre están centradas la mayoría de las iglesias. Hacen una encuesta para ver qué es lo que le interesa o necesita la gente y ya está; eso es lo que predican después. “Igle-Burger”, denominó a eso cierto ministro. Iglesia a pedido del consumidor. ¿Eso es Dios? O, por el contrario, la iglesia puede centrarse en Dios, que es como decir examinar qué es lo que Dios quiere de la gente. Y esos dos simples enfoques, van a crear dos iglesias completamente diferentes. La iglesia centrada en el hombre, es una iglesia que busca que el hombre encuentre en ella confort. Hay que hacer un culto de acuerdo con sus gustos, su medida, a su tiempo y a su cultura.

     En la que está centrada en Dios, en cambio, no es tan importante lo que el hombre necesita. Y esto, dicho con sumo cuidado, porque Jesús vino porque necesitamos de Él. El hombre pecador no necesita la iglesia, necesita a Dios. Y la iglesia sólo es importante, si está haciendo esa tarea: manifestar el nombre del Señor. El corazón del trabajo apostólico está sintetizado en esas dos preguntas que les hace Jesús: ¿Quién dice la gente que yo soy? ¿Quién dicen ustedes que yo soy? Revelar quién es Dios a los que no lo conocían. Ese es el centro de todo esto. Por eso he dicho que, a medida que el hombre cayó, el nombre de Dios se perdió. Al punto tal, que llegaron en cierto momento de la historia, a no poder pronunciar el nombre de Dios.

     Tengo un Dios obsesionado en darme a conocer Su Nombre, y la respuesta de su pueblo, es esta: no podemos ni mencionar el tuyo. ¿Qué Biblias leen? ¿Qué profetas escuchan? Desde el principio tengo un Dios que está desesperado en manifestarse. ¿Y cómo lo hace? Dando su nombre, Yo Soy él. Y su pueblo llega y dice que no, que no puede mencionar su nombre porque es demasiado santo para mencionarlo. Entonces prefirieron llamarlo Adonaí u otros nombres. Y ahí aparecen un montón de títulos, que si bien muestran características de quien es Dios, no es su nombre. Los Elohistas, Elohim. Mi Señor, Adonaí. ¿De qué me estás hablando? Ese no es mi nombre, ese es un título.

     Entonces, ¿Qué es lo que dice Jesús cuando ya se está yendo? Vayan y enséñenles a estas personas todo lo que les he enseñado yo. ¿Y qué es lo que el Señor les enseñó? ¿Acaso muchas clases de catecismo o doctrina? No. Él les enseñó cuál era el camino para llegar al Padre. Es eso lo que les enseñó. Les manifestó el nombre de Dios. Lee Juan 17 dice: he dado a conocer tu nombre. En ese nombre, ahora vayan y hagan que otras personas conozcan lo mismo que ustedes ahora conocen. Quién es el Padre. Y tienen autoridad y respaldo, ya lo tienen; ahora háganlo. Nunca podremos cumplir la Gran Comisión, tan sólo proclamando a Jesús como el Señor. Necesitamos el todo del Señor. Todo. Todo lo que Él es. Todo. ¿Tan difícil, será? No lo parece. ¿Y entonces? Puro sistema.

     (Juan 1: 12) = Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su NOMBRE, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 

     Conclusión: ¿Somos hijos de Dios por adopción, todos los que hemos creído en Él? Sí, pero con un ingrediente que solamente en este texto podemos ver con claridad: que somos hijos de Dios los que hemos creído en Su Nombre. Tu trabajo, de aquí en más, mientras descartas toda la basura cibernética que pueda andar enseñando caminos falsos, es buscar en oración la ayuda y guía del Espíritu Santo, única manera de conocer Su Nombre.

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noviembre 2, 2018 Néstor Martínez