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Restauración de Todas las Cosas

Estimado ministro, ¿Cuánto hace que estás en el ministerio? Cuarenta años. ¿Y has podido hacer madurar a tu congregación? La verdad, que no como lo hubiera deseado. Ah, sí; ¿Y qué te hace pensar que sí podrás hacerlo en los próximos cinco años, si es que no cambias nada de lo que has venido haciendo en estos últimos cuarenta?  

Diálogo ficticio. Y no tan ficticio. Puede suceder en cualquier lugar del mundo hoy mismo, ahora mismo. Entonces, donde se genera el primer punto de quiebre esencial, no es tanto en el objetivo. Al objetivo lo entendemos todos y creo que existe un acuerdo global en ello. Dios necesita una iglesia madura. El punto esencial, principal y clave de todo eso, es definir cómo es que logramos ese objetivo. Y es aquí donde la iglesia tradicional, que se ha llenado de las costumbres de las naciones y ha anulado el ministerio completo, no tiene respuesta. No hay una sola respuesta seria.

Siguen con sus ideas intactas, las traen desde los últimos doscientos años, y la verdad sea dicha, nadie ve que estemos mejor que hace doscientos años. Aquí es donde, entonces, caemos en el síndrome de los fariseos, ese que decía que ni entraban ni dejaban entrar. Ni abrimos la puerta ni tampoco pasamos. ¡Es que yo no estoy de acuerdo con profetas y apóstoles! De acuerdo, ¿Y qué propones, entonces? ¡Ah, no lo sé, pero no estoy de acuerdo! Eso es Infantilismo. Y allí salen a decir que debemos crear nuevos mecanismos. Es mucho más fácil inventar términos nuevos que hacer cosas nuevas. Pastor asociado, pastor sénior, líderes y qué se yo cuántas más, en lugar de utilizar la nomenclatura que el Reino nos ha dejado. En síntesis: se prefiere inventar cosas raras, en lugar de utilizar el diseño que Dios mismo nos dejó.

En esto hay que tener mucho cuidado con lo que se dice, pero más que todo, con lo que se hace o no se hace. No conozco a demasiada gente que se esté moviendo con fuerza hacia adelante conforme a los diseños de Dios. Sí conozco a bastante gente que critica lo que estos están haciendo. Sin embargo, hasta hoy he podido comprobar que, la gente más crítica, es la que menos avanza. Entonces, hermano, no me digas qué debo o no debo hacer, dime qué hago para conseguir lo que Dios dijo que debíamos conseguir. Lo genuino, entonces, parte de lo leído en Hechos 3:21: hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas. ¿Y por qué se supone que deberíamos restaurar todas las cosas que antes fueron creadas y luego se tergiversaron o modificaron? Porque es la única manera de comenzar de una vez por todas a llevar a la iglesia a un grado de madurez estrictamente necesario para obtener victoria genuina, y no declamada.

Y para eso, el paso inicial deberá ser retrotraer las cosas a la época en que las personas buscaban a Dios. Hoy, eso está reemplazado por personas que buscan a personas que dicen representar a ese Dios. Y eso conlleva fracasos, fraudes, abusos. Sobre todo a nivel de familia. Está en juego un problema de generaciones. ¿Cuál es nuestra máxima pretensión, entonces? Que se restaure el modelo que Dios dejó, nada más que eso. Y no estoy hablando de restaurar el sacerdocio Aarónico, porque eso fue juzgado y terminó. Tampoco estoy hablando de que volvamos a levantar levitas, porque los levitas terminaron bajo maldición. Además, no tiene sentido hablar de eso en este tiempo, ya no hay levitas en el Nuevo Pacto. Tiene que ver con recuperar el diseño que Jesús dejó para la que iba a ser su iglesia, y que fuera activada en el Libro de Hechos.

El Libro, observa esto, no se llama Hechos de los Profetas, ni de los Maestros, ni de los Evangelistas ni de los Pastores, se llama Libro de los Hechos de los Apóstoles, aunque espiritualmente, para mi gusto tendría que haberse llamado Hechos del Espíritu Santo o, si quieres globalizarlo sin definiciones, Hechos de los Enviados. Y, atención con esto, como no ha aparecido nada que lo supere, tengo que advertirte que estamos viviendo ese libro hasta el día de hoy. Por eso, en esto que es un delineamiento del ministerio Apostólico, quiero recordarte que estamos hablando de una parte de un todo. Y será necesario ver a este ministerio desde la óptica de Dios mismo, y no desde la óptica pastoral a la cual estamos acostumbrados por cultura religiosa tradicional.

Cuando alguien no ha cambiado su cultura, y pongo como ejemplo a la gente de mi país, Argentina, un líder valioso e importante que ha crecido con la cultura del tango, y nunca pudo despegarse mental y espiritualmente de ella, seguramente que en su iglesia va a usar al tango como elemento de alabanza. ¿Y es un error? ¡Claro que lo es! Porque está escrito que no alabarás a Dios conforme a la cultura de las naciones, a las costumbres de los pueblos, dice. Y eso, mal que les pese a muchos que creen estar por encima de todo el mundo en materia musical, incluye al clásico, que en la mayor parte de sus partituras, ha sido compuesto por pecadores, espiritistas y ocultistas. Y que además también implica una cultura, la europea. Y resulta ser que un día va un apóstol a esa iglesia y le dice a ese pastor que le gusta el tango, que ahora es apóstol. ¡Genial! Sí, genial, pero ahora tenemos a un apóstol que le gusta el tango.

Es un problema, pero no el mayor. El mayor problema es que, como ese hombre jamás cambió su cultura pastoral, ya no nacional,  él va a tratar de vivir un ministerio nuevo a partir de una cultura vieja. Entonces, si antes era un pastor que se dividía, ahora es un apóstol que se divide. Si antes era un pastor que era manipulador, ahora es un apóstol manipulador. Con esto quiero decirte que un ministerio no cambia el carácter de una persona. Entonces, aquí surge una recomendación que cualquiera de ustedes le daría a quien quiera que encuentren o conozcan. La diferencia no está en que alguien decida ser cristiano, sino en que empiece a tener una nueva estructura de hábitos, una nueva forma de pensamiento, en suma: una vida nueva. Así que si alguien hoy viene y te dice que eres un apóstol, lo primero que deberás averiguar es cuál es la cultura de un apóstol.

Es exactamente lo mismo cuando dejas de ser una persona del común y te conviertes a Jesucristo. ¿Vas a seguir viviendo como venías viviendo o vas a ir abandonando todas aquellas cosas que no condicen con tu nueva cultura de fe? Indudablemente, cambiarás tu cultura. Yo lo hice. Pero lo tuve que hacer dos veces, porque cuando comencé a oficiar de ministro en la enseñanza, nuevamente tuve que modificar muchas de mis costumbres. Y allí tuve un nuevo cambio cultural, acorde con lo que ahora representaba. “Hay cosas que a ti ya no te son permitidas”, me dijo un muy respetado referente, alguna vez. Así es. Y te aseguro que todavía me quedan materias pendientes.

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mayo 14, 2022 Néstor Martínez