Nadie pone en duda que los cristianos reservan minutos u hora del día para la oración, y está bien que así sea. ¿Pero y el clamor? Porque la Biblia está repleta de historias donde gente creyente debía clamar para vencer. ¿Será este el tiempo del clamor? ¿Será este el momento en donde, a partir de ese clamor, llegará la victoria esperada y definitiva?