(Hebreos 11: 8)= Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber adónde iba. Y salió sin saber adónde iba… ¿Cómo puedo ir a un lugar que no sé dónde queda? Por fe. Todo cambio está relacionado con lo desconocido. Si tú quieres entrar en la dimensión de Dios; en la herencia, en la simiente, en la nación que en aquel momento estaba dentro de Abraham, en sus bendiciones y hasta en sus riquezas, vas a tener que meterte en lo desconocido. Eso es un reto. Estamos ingresando en un ámbito desconocido: un área dimensional nueva de este milenio. Y hay algunas cosas que son la evidencia de que algo está sucediendo, en lo espiritual y en lo natural. El mundo ya no está hablando de tendencias, sino de mega tendencias. Las grandes mega tendencias que ellos, el mundo, ven como los grandes cambios que se están produciendo y se producirán en un futuro casi inmediato. De naciones-estados, estamos pasando vertiginosamente a naciones-redes.
Hay un concepto de redes. Redes. Lo natural, reflejo de lo espiritual. Y porque las antiguas logias esotéricas eran llamadas «Red de redes», la iglesia no está del todo convencida de querer saber algo con la palabra esa: redes. Confieso que a mí tampoco me terminaba de gustar del todo hace algunos años, pero mírame hoy. Decidí que, si es para cambiar lo malo que estábamos haciendo, la acepto como herramienta. (Mateo 13:47) = Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces. No habrá una manifestación del Reino en el mundo, hasta que no seamos capaces de tejer la red que Dios nos ha mandado tejer. Claro que, a favor de esto, el diablo tiene su estrategia y hace que algún sistema corrupto de redes se implemente, que la gente se decepcione y que luego, cuando uno le habla de esto, quiera inmediatamente cambiar de pantalla, de iglesia y hasta de ciudad.
¡Animo! No pienso liderar ninguna red. Hasta hoy, tengo convicción de que no fui llamado para eso. Salomón dijo: «El pobre tiene la verdad, pero nadie lo oye.» Podemos ser una turba salvaje, pero eso no va a afectar los fundamentos de nuestra nación. Porque nuestra misión no es llenar un cine, un teatro o un estadio. Nuestra misión es llenar el mundo de la gloria de Dios y cambiar el fundamento de todo su sistema, porque la Escritura dice: Hasta que todo imperio, todo reino, sea suprimido y toda rodilla se doble delante del Señor y toda lengua confiese que Él es el Rey de Reyes y Señor de señores y todo el poder esté bajo sus pies. ¿Cuántos creen que eso realmente se va a producir y va a ocurrir en el mundo? Nosotros los creyentes nos hemos convertido en unos criticones recalcitrantes. Huimos despavoridos de todo lo que se mueve en los ambientes políticos o gubernamentales, porque tenemos terror de quedar adheridos, pegados.
Entonces decimos y hasta predicamos que todo está mal, que la política está mal, que la economía está mal, que la justicia está corrupta, pero: Si viniera un día el Ministro de Educación a la iglesia y dijera: «Muy bien; ¿Cuál es el plan que ustedes tienen para la Educación en nuestro país?» ¿Qué le contestaríamos? ¿Tendríamos alguna respuesta como hijos de Dios? José fue diferente. Él se plantó delante del Faraón y le dijo: esto es lo que tú soñaste, esta es la solución. Dios va a derramar la unción de José en esta nueva generación. Vamos a ser respuesta para los grandes males de esta parte del planeta. Dios se ha valido de tres comunidades proféticas para llevar a cabo su plan a través de los siglos: La primera, fue el Edén. Puso al hombre allí y le dijo: multiplícate, fructifica, llena la tierra, sojúzgala, señorea en ella. Sabemos que el hombre quebró la palabra de Dios y el plan se abortó. El hombre falló, pero Dios no canceló su plan. Dios es un Dios de ideas fijas. Lo que él comenzó, lo va a terminar. Dice Isaías que Las naciones son como la gota que cae del cubo y los reyes de la tierra como el menudo polvo sobre las balanzas.
Los líderes de todas las potencias mundiales son como la nada misma delante de Dios, porque Él está en control de la historia. Tú tienes que tener un Dios grande y un diablo pequeño. Nada es tan grande para Dios que Él no pueda cambiarlo. La segunda comunidad profética, fue el pueblo de Israel. En el capítulo 11 del libro de Génesis, en los últimos versículos, aparece un hombre llamado Abraham, y Dios se propone, con él, fundar una nación. Y Él dijo: este pueblo he creado para mí, mis alabanzas publicarán. Un pueblo de reyes y sacerdotes, para gobernar, evangelizar y ministrar al mundo. Cuando construyeron el becerro de oro, Dios dejó once tribus afuera y seleccionó a la tribu de Leví para que fueran sus sacerdotes. Y con ellos, Dios se proponía cumplir su propósito. Samuel, uno de los grandes sacerdotes, tal vez el más grande, no era levita, era de la tribu de Benjamín, pero él pudo entrar al sacerdocio, porque Dios siempre tiene una puerta abierta. Israel falló
Sabemos que Israel terminó ocupándose más de su aparataje religioso que en sus mandatos. En los días de Cristo, estaban embobados en un sistema que no tenía respuestas para nada. Y el Señor sacó doce hombres de la iglesia existente y formó una iglesia nueva y a la vieja, la terminó para siempre. Israel falló, pero Dios no canceló el plan. Pon atención suma a esto que te diré: Dios levanta hoy su tercera comunidad profética, que es la iglesia. La iglesia va a consumar la tarea. La iglesia va a terminar la tarea. Dice que es necesario que el juicio comience por la casa. No EN la casa como tantas veces nos enseñaron y erróneamente nosotros mismos también enseñamos. Dice POR la casa. Dios no va a hacer a un lado a la iglesia para juzgar al mundo. Dios va a juzgar al mundo a través de la iglesia. Pero la iglesia va a tener que ser lo que Dios quiere. Para Ir Reflexionando: BEBER CADA GOTA DE ESA LLUVIA DIVINA