Lo que tú estás viendo hoy en muchos sitios de América Latina, -y me refiero a los cárteles del narcotráfico, a la violencia en todas sus expresiones, incluyendo la familiar; en suma, a todos los procesos que se están dando-, en realidad tiene un norte bastante puntual y específico: es lo que Dios está usando para que la iglesia despierte. Cuidado y entiende bien; no te estoy diciendo que Dios esté enviando todo eso, te estoy diciendo que eso que proviene de los rudimentos de las tinieblas, está siendo usado por Él con fines específicos.
Porque por muchos años, y muy probablemente hasta el shock que trajo la pandemia de Covid19, hemos tenido una mente de culto; hemos asumido que la reunión dominical era todo en la vida y en nuestras vidas. Hemos incorporado a nuestros más que dudosos entendimientos espirituales que ser cristiano, era eso, pertenecer a una congregación local y asistir regularmente a todos sus servicios. Y eso ha provocado que formáramos una iglesia que dependía de las reuniones. Eso es lo que hoy llamamos Religión.
El diccionario de la letra española, que podrá contener matices diversos y aptos para las controversias o polémicas, pero que sigue siendo lo más confiable en el idioma, dice a quien quiera leerlo, que Religión es un conjunto de dogmas, normas y prácticas relativas a una divinidad, y que también se denomina así a cada una de las diferentes doctrinas según dichas creencias. No menciona la palabra Dios, tampoco habla del antiguo Jehová, no dice nada de la Fe que predicó Jesús ni tampoco lo menciona en sus definiciones.
Eso, en los contenidos de un diccionario secular, terrenal, cultural y apartado de toda pretensión espiritual. O sea que: si hasta ese elemento de ayuda gramatical al que tanto echamos mano los que nos comunicamos con las letras, no vincula a la Religión con nuestro Dios, no veo el motivo por el cual deberíamos hacerlo nosotros. Entonces, lo que quise consignar anteriormente, es que todo lo que era iglesia, necesariamente estaba asociado a una reunión. Y ellos, obviamente, esperaban que en la reunión se resolviera todo.
Y así, con esa concepción de las cosas, han ido consciente o inconscientemente, anulando la capacidad del Espíritu Santo para provocar cambios. No te estoy diciendo que lo frenes, porque al Espíritu de Dios no hay quien lo frene, te estoy diciendo que lo contristas, que es un sinónimo bíblico de afligir o entristecer. Y en ese proceso han tenido absoluta responsabilidad todos los que, de una u otra manera, han sido líderes, referentes, conductores.
Sin embargo, ese error, esa responsabilidad, tiene como especial justificación que se produjo porque vieron en todos sus antecesores, que así era como se hacían las cosas allí. Entonces, sin querer, pero al mismo tiempo queriendo un poco, -Una muy singular contradicción de mucha proliferación en nuestros ambientes-, hemos heredado costumbres que no necesariamente eran buenas. Y de ese modo llegamos a este hoy en día, donde vemos y comprobamos que tenemos una iglesia que no sabe cómo defenderse. Tienen años congregando, pero no saben cómo tomar posesión de lo que es suyo.
Basta con ver lo que está sucediendo en distintos lugares donde la violencia en todas sus peores facetas, se ha desbordado. Y cuando en aras de esa violencia suceden hechos aberrantes y tremendos, la iglesia suele quedarse por propia incapacidad e ineptitud, casi en cómplice silencio. Porque es ahí donde esa pomposa institución llamada iglesia, no parece tener respuestas. De hecho, podemos hablar de doctrina, y podemos decir que eso es de Dios o no es de Dios, para eso tenemos teología y letra bíblica para tirar para arriba, pero aquello que está matando a la sociedad, no ha sabido ser leído en el marco de nuestras congregaciones lugareñas ni globales.
La iglesia, hasta donde yo he podido escudriñarlo espiritualmente, e investigarlo material y naturalmente, recibió mandato divino de salir a la calle, pero resulta ser que hoy la calle tiene un idioma y ciertos códigos que la iglesia no conoce y por consecuencia ni decodifica ni interpreta. Y por su parte, esta misma iglesia tiene su propio lenguaje y sus propios códigos, pero solo son visibles y existentes dentro de las cuatro paredes de un templo, por lo que la sociedad en conjunto no los conoce ni tiene la menor idea de su significado. Nuestro vocabulario eclesiástico ha sido, en muchas ocasiones, motivo de burlas y expresiones de repudio.
Y eso, automáticamente, hace que todos nosotros vivamos en una especie de esfera, de burbuja, de pompa de jabón donde no nos toca lo de afuera, o simplemente pensamos que no nos toca, cuando verdaderamente, la realidad nos muestra que eso está afectando a toda la comunidad. Y todo ese andamiaje nefasto establece un imperio de muerte alrededor de nosotros. Hay naciones que están bajo un período de juicio en América Latina. Entendiendo juicio no como castigo, sino como el proceso de Dios para hacer despertar a su pueblo y para separar lo que es verdadero de lo que es falso.
Y eso es, precisamente, lo que el islam está destinado a hacer en muchos lugares importantes del mundo. Porque en muchos de esos lugares, el islam está ayudando a los cristianos que allí habitan, a recordar que tienen rodillas y que tienen que usarlas si quieren salir ilesos. Porque en ciertas naciones que parecen tenerlo todo, donde la gente se siente absolutamente segura, algunos hechos vividos les han mostrado que ya no pueden sentirse tan seguros.
Y por esa razón es que algunos de esos lugares, no sé si todos porque no tengo el panorama internacional suficiente como para dar una opinión con bases bien fundamentadas, hoy están viviendo llenos de temor. Y porque la pandemia de Covid19 también aportó su grano de arena para que nadie pueda seguir pensando que con dinero o con poder se está fuera de todo juicio. Yo creo sinceramente que quedó más que probado que de ninguna manera es así. El famoso bicho tampoco hace acepción de persona.
Tengo claro, y no creo ser el único, que cuando un país extrema, a máxima eficiencia, todos sus sistemas de defensa y de seguridad interna y externa, lo que espiritualmente están expresando, es temor. Y claro está que eso, también está afectando a la iglesia. Y si quieres que te diga la forma más simple de temor, es la del temor financiero. Hay mucha gente que es decididamente esclava del temor a las finanzas. Entonces, gradualmente, vas a darte cuenta que el temor, tiene un objetivo. Y ese objetivo es destruir la fe.
Si tú me preguntas hoy, aquí y ahora, cuál es el peor enemigo que tenemos todos los creyentes por igual, o cual es la mejor arma que ha forjado el infierno para combatirnos a todos nosotros, tengamos la jerarquía que tengamos, no voy a decirte que es la Reina del Cielo, o Leviatán, o cualquier otra entidad demoníaca de esas que puedas imaginarte. El enemigo más contundente que propone el infierno para con nosotros, es el temor.
Y todo esto es por una simple razón: el temor es lo contrario a la fe. Todos los otros enemigos terminan fortaleciéndote en la fe. Porque es como cuando alguien trata de arrebatarte algo; tú lo sujetas más. Pero el temor trabaja por dentro y hace que tú sueltes las cosas. No es necesario que yo tenga que recordarte una vez más quien es el propietario del imperio de la muerte y el miedo. Tú luego lo crees o lo dejas. Porque nadie quiere retener algo que lo intimida o lo amenaza. Y esa arma, el temor, está azotando todo el continente. Las crisis financieras en muchos países, el terrorismo predeterminado, son algunos de los puntos que tienen que mostrarte lo que verdaderamente estamos viviendo.
Y no se trata de visiones catastróficas apocalípticas, aunque sí estamos viviendo un tiempo apocalíptico. Porque tú sabes lo que significa apocalipsis, ¿Verdad? Estamos viviendo un tiempo de revelación. Es cuando los actores se quitan las máscaras y los vemos tal como son. De todos modos, cualquiera de las cosas horribles que hoy te enteras que suceden, son parte de algo que constituye un todo.
Y es necesario tener muy en claro que nada de esto está fuera del control de Dios. Y al mismo tiempo, todo esto nos está hablando a todos nosotros, como iglesia. Si tú eres una de las personas que ha entendido cómo piensa Dios, tú vas a confiarle tus problemas a Dios. Y vas a tomar los problemas de Dios, como si fueran tuyos. Ese intercambio es mucho más sabio. Si no entiendes como piensa Dios, mucho me temo que no sabrás ni siquiera donde estás parado.
Y que conste que no estoy hablando de pecados. Si hay áreas de tu vida que están mal, no se las entregues a Dios, primeramente, resuélvelas. Estoy hablando de preocupaciones sanas. De cargas que nosotros podemos tener en el secreto de nuestro corazón. No hablo de pecado porque cuando hay pecado, las líneas de comunicaciones celestiales se cortan abrupta y totalmente hasta nuevo aviso.
Por eso digo que es importante, allí, ver bien qué es lo realmente prioritario para Dios. Imagina una situación que no es ni inventada ni ficticia: una familia cristiana que tiene uno de sus miembros, un hijo joven, tal vez, comprometido con las drogas. ¿Sabes qué? Todos los esfuerzos de esa familia, desde ese momento, están apuntados a ayudar a ese muchacho.
Y ellos viven mañana, tarde y noche, ocupados y preocupados con ese problema. Y eso impide que se metan en los demás temas de la ciudad donde viven. ¿Por qué no pueden interceder por el alcalde, por el narcotráfico, por la violencia urbana u otros temas de fondo como esos? Porque no se sienten libres ni con el tiempo disponible como para dedicarse a otras cosas.
Entonces, caen en un engaño. Están orando para que Dios los ayude a terminar pronto con ese problema del joven, así luego pueden dedicarles mayor tiempo a las cosas del Señor. Sólo un problema: Le terminan de confirmar a Satanás qué es lo que tiene que hacer para seguir frenándolos. Y él que no es ni tonto ni lento, y que como dice nuestro viejo refrán, “Sabe más por viejo que por diablo”, lo va a hacer.
Pero si ellos dijeran que así viva o muera ese muchacho, eso es de Dios y ellos igualmente le dedicarán su mayor tiempo a lo que tienen que hacer por su ciudad, por su país, las cosas se modificarán abruptamente. Porque Dios conoce a ese muchacho mucho antes que sus propios padres. Dios inventó las ecografías tridimensionales miles de años antes que los hombres.
Entonces, en el momento exacto en que esa familia está dispuesta, en grado extremo, a que Dios se lleve a ese jovencito ya mismo si es que no va a cambiar nada en su vida, y se dedica a hacer lo que tiene que hacer para el Reino, Satanás ya no puede disponer de él como rehén. De acuerdo, quien quiera suponer que esto es pan comido, es obvio que se equivoca feo. Esto es terrible y casi crítico, tanto como lo debe haber sido para Abraham poner a su pequeño Isaac sobre la roca y llegar a levantar el puñal del sacrificio.
El creyente no puede ni debe tener en su vida nada que lo moleste en su trabajo ministerial anónimo o público para el Señor. Y si lo tuviera, es indispensable que comience ya mismo a buscar la llave que le permita abrir esa puerta cerrada y hacer lo que tiene que hacer. A mí y a otros como yo, les ha sido dicho en muchas ocasiones que, determinadas cosas que para una gran mayoría no significan problema, a nosotros ya no nos son permitidas.
Yo no puedo saber de qué se trata eso que te molesta y obstaculiza tu servicio al Señor, pero si el costo es pedir perdón a alguien, aunque sea ese alguien quien te ha ofendido o humillado a ti, y no tú a él, o blanquear por confesión un adulterio o cosa similar, el costo, créeme, siempre será económico. Reitero y aclaro que estoy hablando de servicio al Señor, no necesariamente a una congregación. A veces son la misma cosa, pero mayoritariamente, tú y yo sabemos que no siempre.
Hay una ley que, cuando ha sido mal interpretada, ha traído dolores de cabeza y muy serios. Pero que si se entiende cómo se debe, es casi infalible. Y es la ley que dice que, en la medida del sacrificio, está la exacta medida del poder. Mientras tú más sacrificas, más poder llegará a tus manos. Y no hablo de andar de rodillas o auto flagelarse, porque ese sacrificio ya fue cumplido. Estoy hablando de lo que la Biblia llama pagar el precio para entrar al Reino y ser parte de él. Es una forma de sacrificio que tiene que ver más con crucificar la carne que con grandes o enormes esfuerzos humanos.
Esta es una ley en el mundo espiritual, y es eso lo que nos acredita para la siguiente etapa. Desde ya tengo que advertirte que es difícil, porque ahí es donde tenemos que enfrentar nuestros demonios. Y todos somos perseguidos por algunos, créeme. Y es allí también donde el Cuerpo de Cristo necesita unirse. Y necesitas gente profética que pueda entenderte. Y pueda ver en el espíritu lo que realmente necesitas. Esa es la iglesia. Dios no va a entregarle una ciudad, una provincia, un estado o un a nación, a un solo ministerio. Y mucho menos a un grupo irresponsable, fiestero o corrupto, aunque tenga títulos y honores. O sea: aunque tenga nombre de que vive, pero está muerto…
El pensamiento de individualismo, curiosa y llamativamente cultivado por muchos buenos hombres, es total y absolutamente absurdo. Hay una iglesia. En tu país hay una iglesia. No sé dónde está, no sé incluso cuál es. No sé si tiene un integrante en cada ciudad o está disimulada en casas de familia, no lo sé. Dios puede cobijarla donde menos lo pensemos. Pero hace ya varios años que yo entendí que lo último que existía en el planeta cristiano no era precisamente yo. Dios tiene un pueblo. Y ha estado preparando a sus valientes guerreros que constituyen ese pueblo que son nada menos que sus hijos genuinos, para este tiempo. Y es más que importante que nosotros podamos entender eso.
Será menester que abras tus ojos y tus oídos. Que nada te quite la visión de lo que Dios quiere hacer. Dios siempre quiere sorprenderte. Yo creo que mientras estamos atacados y hasta vapuleados por algo bastante fuerte y grande, Dios mismo también está a las puertas de algo muy grande. Pero antes que eso sea posible, deberemos reacomodar unas cuantas cosas que se nos han desparramado por causa de nuestra comodidad y pereza. Recuerda a los fariseos del tiempo de Jesús. Yo no sé cuál es el concepto que tú tienes de un fariseo. Porque, lamentablemente, a esa palabra la hemos usado bastante mal. Para nosotros, fariseo es casi un sinónimo de hipócrita. Al menos a una gran mayoría de nosotros se los presentó así, como hipócritas consumados.
Sin embargo, no necesariamente esa sea la verdad en toda su amplitud. Cuando estudiamos a la comunidad judía del primer siglo, nos daremos cuenta de inmediato que los fariseos eran las personas más respetadas de esa comunidad. Era gente que era muy honrada por el resto de la población. Y esto, básicamente, por causa del precio que ellos pagaban para llegar a ser fariseos. No era una posición precisamente sencilla de acceder. No era algo que tú podías inscribirte a la salida de un cine o en alguna oficina de un centro comercial. Había que tener cierta filiación de sangre y ser aprobado desde muy niño. Ya a los seis o siete años comenzaban a formarlos. Y no dejaban de estudiar más o menos hasta los treinta años.
Eran personas que muchas veces ni siquiera podían casarse, o tener una vida normal, precisamente porque eran fariseos. Entonces, ellos eran muy respetados en Israel. Sin embargo, cuando Jesús aparece en escena, ese escenario está muy dividido. Porque están los fariseos, está todo el grupo de la casa de Anás y de Caifás; están metidos los zelotes y otros muchos grupos religiosos metidos en esta historia.
Y allí es, donde en medio de toda esa conjunción, aparece Jesús. La gente no sabía cómo llamar a Jesús. Porque él estaba desconectado de todos. Eso pasó ya con Juan el Bautista. Él era hijo de un sacerdote, pero Dios lo aleja de su familia paterna y lo ubica bastante retirado de ellos. Él es educado en el desierto. A veces, el desierto es el lugar más seguro para los hijos de Dios. ¿Lo explico? Supongo que ya lo sabes: lugar de la prueba.
No pongas esa cara. Porque me imagino la que pondrás ahora cuando te diga que, a veces, el lugar más peligroso es el de tu familia. ¿Por qué? Porque todo el mundo puede creer con suma facilidad y con total certeza, por ejemplo, lo que Dios puede hacer a través de ti; menos tu familia. Porque ellos son los que te conocen. Y ese es un problema, porque no generan fe en ti y en lo que puedes lograr.
Se enfocan prioritariamente en tus faltas, en tus errores, que tal vez los tengas y muchos, pero no en la misma medida en tus obras positivas. Y por esa misma razón es que Dios cierra la boca de Zacarías cuando él recibe la noticia de que va a ser papá. ¿Recuerdas que lo dejó mudo? ¿Nunca se te ocurrió preguntarte por qué motivo lo hizo? Por ese, para que no fuera de tropiezo sin proponérselo, o incluso deseando todo lo contrario. Dios iba a usar a Juan, pero no a Juan y su familia.
¿Por qué se producen esos desajustes familiares, cuando todos sabemos que generalmente las familias quisieran apoyar con todas sus fuerzas a los levantados para servir? Porque una palabra a destiempo o a contramano, podía hacer abortar, en este caso que tomamos como ejemplo, el ministerio de Juan. La gente que está en autoridad sobre nosotros, tiene esa capacidad. Con una simple palabra te puede destruir.
Por eso es que las palabras provocan tanto daño. Dicen los que saben sobre neurobiología, que las palabras cuando son hirientes, provocan un daño en las células neuronales. O sea: te estoy diciendo que no sólo dañan el corazón, sino que además dañan las neuronas. Es impresionante, pero las palabras pueden dañar y hasta matar neuronas. No me tomes muy en serio, si tienes dudas. Pero igualmente, por favor, ten cuidado con lo que hablas, ¿Sí?
Todavía los neurólogos no saben explicar cómo, pero las neuronas mueren cuando las palabras son duras. Entonces, si una autoridad te dice que eres un incompetente o lo que fuera, eso va a provocar un daño muy fuerte en ti. Entonces, Dios no sólo cierra la boca de Zacarías para que no estorbe lo que va a hacer su hijo, sino que también más adelante va a apartar a Jesús de su familia. Incluso lo va a llevar a decirles a algunas personas que su padre, su madre y sus hermanos son los que hacen la voluntad de Dios.
Quedó escrito así, eso. Lo real y tangible es que Él, allí, se desconectó de su familia. Porque no sé si llegaste a percibir conforme a lo que dice tu Biblia, que los propios hermanos de sangre de Jesús, no creían en él. Ellos lo veían comer, dormir, hacer sus necesidades, De hecho, el ideal supremo es todo un núcleo familiar trabajando para el Reino al unísono, pero con total honestidad te pregunto: ¿Conoces a muchos de esos núcleos? ¿Conformas uno de ellos?
Entonces, cuando Jesús aparece en escena, hay una tremenda confusión. Los fariseos, los saduceos, todos ellos creen que ellos son los que tienen la última palabra. Pero; ¿Sabes quién tenía la última palabra? Roma. Es más que obvio que, tener la última palabra, tanto en aquel tiempo como en el actual, no significa tener la verdad, sólo tener la última palabra porque institucionalmente no puedes ser ni rebatido ni desautorizado. En este caso puntual Roma, los paganos, eran los que tenían la autoridad final sobre el pueblo judío. Por eso es que ellos no tenían autoridad para matar a Jesús. Por eso es que tuvieron que recurrir a Poncio Pilato. Porque su autoridad se limitaba a dentro del templo.
Los fariseos eran gente buena, pero tenían un problema, un único problema pero que no era justamente menor. Todo el énfasis de su visión, estaba enfocado en lo que Dios había hablado, no con lo que Dios estaba hablando. Es decir que, lo que ellos sabían de Dios, fue lo que les impidió reconocer a Jesús. Pudo reconocer a Jesús un centurión, una samaritana, una siro fenicia; mucha gente lo reconoció como quién era, pero no los fariseos. ¿Por qué? Porque ellos estaban atados a una revelación antigua. Eso me dice a mí y también a ti, que sin ser ni mal intencionados ni destructivos, tenemos que reconocer y aceptar que hoy día hay muchos fariseos en la iglesia. Y tan honrados por sus adeptos como aquellos.
Y no estoy hablando de hipócritas, que también los hay, se trata de otra cosa. De hecho, estos a los que me refiero, son gente muy genuina. Ellos están absolutamente convencidos que lo que saben, es la única verdad. Y eso impide que vean lo que Dios está hablando hoy. No es gente mala. Es gente que de verdad ama a Dios. Y Dios los ama también a ellos, de eso ni yo ni nadie puede albergar la menor duda.
Pero no pueden ser un instrumento suyo, porque se han estacionado, se han atado, con palabras que eran de Dios, pero que en este tiempo han sido reemplazadas por otras Suyas. Por eso fue que Jesús, constantemente empezaba todo lo que iba a hablar, diciendo: Oísteis que fue dicho; más yo os digo. Y eso no le entraba en la mente a un fariseo. Porque cayeron en un engaño santo: que lo que Dios habla, es eterno y es por siempre. ¡Y eso es verdad! Y es santo.
Lo que él dijo allá en Génesis, sigue siendo una verdad hoy en Apocalipsis. Pero perdieron la perspectiva del proceso. La gente que hoy día se opone a la reforma, no son ateos, ni satanistas, ni masones; es gente que se ha quedado con lo que Dios habló en el pasado, y no puede ver lo que Dios está hablando hoy. Cuando hablemos de fariseos, entonces, quiero que lo entiendan desde esta perspectiva. Todos podemos volvernos fariseos. Imagínate que un día tú te convertiste en un lugar en donde todos hablaban en lenguas. Entonces un día llega una persona que te escucha a ti hablar en lenguas, y te pregunta: ¿Por qué hablas en lenguas si nadie está interpretándolas?
¡Por favor, si no hay quien te interprete, mejor cállate! Inmediatamente, eso va a provocar una crisis en ti. Porque tú considerabas que esta era la manera correcta en que el Espíritu Santo se movía. Y es cierto, el Espíritu Santo se movía así. Y lo puede hacer mañana también. Pero de repente viene alguien con la Biblia y te dice: mira, tú necesitas un intérprete. Y en este momento no son importantes las lenguas, sino palabras con sabiduría de Dios. Así que no te quedes en el atrio y entra a la sala principal.
Eso, automáticamente genera anticuerpos. Y esa persona va a tener que tomar una decisión. O se queda con lo que conocía y desecha lo que está viniendo, o desecha lo que conocía y acepta lo que Dios le está dando. ¿Entiendes ahora la recomendación de Pablo de examinarlo todo y retener lo bueno? Yo creo que debemos extendernos hacia adelante. En principio, sé que hay una especie de conexión entre naciones. Revelaciones que Dios ha entregado en un país suelen cerrarse bíblicamente en otro. Es como si cada país tuviera diferentes portales de revelación. Y debe ser porque la revelación casi siempre es territorial.
Con esto quiero decirte que lo que espiritualmente parecería no tener solución ni salida en un país, suele quedar totalmente resuelto y a la vista en otro. Porque esa es la dinámica del Reino. El Reino de los Cielos es semejante a una red. Entonces allí apareció Internet. Jesús ya estaba hablando de Internet allí. No había informática allí, pero ya había red. Lo que nosotros le añadimos fue “social”. Y si me apuras un poco, te digo que fue lo único más equivocado, porque las redes que hoy conocemos, su utilización y sus efectos, salvo las honrosas excepciones que también conocemos, no son para nada sociales. Lo que vemos hoy día a través de la conectividad que viene, nos dice que estamos viviendo en la generación más conectada del mundo. Y eso mismo está pasando en el espíritu.
Si quieres, mejor lo digo a la inversa para que suene bien bíblico: lo que está pasando en el mundo del espíritu, es lo que estamos viendo reflejado en la tecnología. En el mundo del espíritu hay conexión, pero la gente no está conectada entre sí. En el mundo secular sucede lo mismo. Abundan las formas de comunicación, pero las personas están más incomunicadas que nunca.
Pero igualmente la comparación es válida, porque, así como en informática transferimos archivos unos con otros para crecimiento, así también podemos transferir unciones. Leí una frase hace pocos días que entiendo que lo resume todo. Decía: “La misma tecnología capaz de acercarnos a lo más lejano, es la que termina alejándonos de lo más cercano…” Impecable.
Claro, ¿Y qué pasa con todos aquellos hombres fieles y sinceros de Dios que no gustan de las tecnologías nuevas y ni siquiera saben operar un celular o una computadora sencilla? Están cerrados. Y así también lo están para las cosas nuevas que el Espíritu Santo quiere hacer. Tú lo sabes muy bien, todavía hay gente, (Y hablo de cristianos fieles) que para comunicarse todavía pretenden escribir cartas en papel y enviarlas por correo. Se comunican, claro, porque alguna vez esas cartas llegan y son leídas, pero ya no van a evolucionar más, hasta aquí llegaron. En lo técnico y en lo espiritual, son diseños comunes.
Y no exageremos, porque esa gente que queda atrás, ha sido tremendamente fiel con el Señor, eso no se duda. Pero ahora viene otra cosa. ¿Y qué sería lo correcto? Actualizarnos permanentemente. ¿Y cómo lo conseguimos? Salvo excepciones obvias, aprendiendo de nuestros hijos. Porque esa será también la actitud de mi espíritu. Entonces, cuando yo me encuentro con algo que emana de un hombre de Dios y que es tremendamente apto para enriquecimiento y edificación general, lo tomo. Con su permiso o sin él.
Que haga denuncias de copy right si lo desea; tendrá que demostrar que eso no le pertenece al Espíritu Santo sino a él. Y si lo demuestra, ¿Podrá con eso pretender edificar la iglesia de Jesucristo? Porque no estamos hablando de negocios ni de comercio, estamos hablando de palabra viva y de edificación para el Reino. Si tú extraes algo de aquí y lo vendes por dinero, es delito. Si tú extraes algo de aquí y lo das de gracia como yo lo doy, es bendición y ministerio. Así es que, entonces, la mentalidad farisea es la que se estaciona en un tiempo; a una escuela, a una palabra. Y tú los ves cinco años después y siguen con el mismo tema. ¡No hay nada más! Dicen. ¡Esto es todo lo que Dios dijo! ¡Nada más cambiará! Y a eso le llaman: dinámica de Reino.
Y allí andan, discutiendo por las lenguas durante todas sus vidas; he visto y he vivido eso. O por Jezabel. Y no han entendido que esa es sólo una etapa. Que más adelante hay más, mucho más. Entonces, el buscar más, es una norma de vida. Debe ser algo a lo que todos debemos extendernos. Si alguien hoy no está buscando más, tendremos que poner en duda si ese alguien realmente cree en lo que asegura que cree. Porque el estilo que tenemos de lo que hacemos en la vida natural, es lo más cercano a nuestro estilo de vida en el espíritu. Es altamente conveniente ir adaptándonos a cada lugar y a cada tiempo que Dios nos desea proponer y brindar. Así también debemos ser en el espíritu.
Por eso es que Pablo, cuando se da la oportunidad, dice que puede edificar con oro, o plata, o piedras preciosas, pero que también puede edificar con heno, paja y hojarasca. De hecho, está más que claro que uno va a durar más que el otro, obviamente, pero lo cierto es que yo, que no soy Pablo, pero que he recibido una herencia similar, puedo edificar lo que se me demande con todo lo que tengo a mi alcance. Eso trato de hacer. A veces lo logro, a veces me falta una línea para dar el nivel, pero lo vuelvo a intentar, todos los días con la misma perseverancia y fe que sea posible.
Fíjate; los fariseos no pueden hacer eso. Ellos, si culturalmente fueran argentinos tradicionales, dirían que su desayuno es con café con leche y pan. Y se van a un lugar donde se lo sirven de otro modo. Entonces no pueden disfrutar de ese café con leche en ningún otro lugar que no sea SU lugar. Se quedaron ligados a ello. ¡Oh, si pudiera volver a Jerusalén! ¿Estás entendiendo? ¿Cómo se despedían los judíos? ¡Hasta el próximo año en Jerusalén! ¿Disfrutaron sus vidas en todas partes? No. ¿Y qué pasaba? La gente los rechazaba. Porque ellos venían, trabajaban, tomaban lo que querían, pero su corazón estaba en Jerusalén.
Dicho así, románticamente, se ve muy lindo. Pero resulta ser que Dios los había esparcido por su propia mano para que ellos fueran bendición donde vayan. Tuvo que inventar una guerra para que ellos se puedan ir. Y luego otra guerra. Y luego otra guerra. Ninguna ciudad ha sido destruida tantas veces como Jerusalén. Más de veinte veces. Y a pesar de eso, los judíos quieren volver.
Te hago ahora una pregunta profundamente en el espíritu: ¿Será que Dios quiere que vuelvan? Que no te pase eso. ¡Es que extraño tanto aquella pequeña iglesita donde me convertí! Ese es el espíritu fariseo, negarse a ir adelante por vivir mirando hacia atrás. Si ese pensamiento hubiera sido rector de mi vida, hoy no me estarías leyendo, ni escuchando, porque yo seguiría diciendo amén a cada palabra que me llegara del púlpito de turno.
La pregunta que necesariamente debería hacerte en este momento, es: ¿Cuán fariseo eres tú? Ya sé; te dejó pensando, ¿Verdad? ¿Te das cuenta que nos toca a todos? Por eso es tan importante la mente de proceso. El que empezó la buena obra no la dejará sin terminar. Lo peor que podemos hacer, es dar por terminado algo que Dios todavía tiene en proceso. ¡No te estaciones! En la Biblia se habla bastante de los fariseos. Jesús mismo pronuncia palabras y sentencias que han quedado grabadas a fuego.
No hagan conforme a sus obras, porque dicen y no hacen, fue una. No critiquemos con tanta velocidad ese defecto de ellos, porque puedo asegurarte que nos puede suceder a todos en cualquier momento. Decir algo es muy sencillo porque emana de nuestro saber, pero hacer algo es muy distinto porque eso proviene de nuestro Ser. Yo no soy lo que digo, soy lo que hago. Pero yo puedo ser lo que hago si eso que hago, es lo que vivo. ¿O nunca hiciste algo para que te vean y no porque sea parte de tu standard de vida? Entonces sale alguien que te dice: ¡Es que eso se llama testificar, hermano! Perdón, no. Eso se llama hipocresía, amigo mío…
Jesús asegura que el fariseo de alma es especialista en atar pesadas cargas en su prójimo, pero que ellos son incapaces de mover un milímetro las suyas propias. Porque la mayor parte de lo que hacen o dicen, es con la intención de ser vistos por los hombres, que estos los reconozcan, los honren y les otorguen privilegios que le permitan sentirse distintos y superiores. Eso también es fariseísmo, antiguo o actual. En algunos casos puntuales, desean que se los estime y hasta se los mencione como padres, pero Jesús es muy contundente cuando dice que ese calificativo solo le pertenece a su Padre que está en los cielos. Adhiero totalmente, aunque Jesús no necesite de mi adhesión, solo de mi obediencia.
¿Está bastante claro, no? ¿Y sabes qué es lo más interesante de esto último que te mencioné y que está bien claro en nuestras biblias? Que en las biblias del Catolicismo Romano dice exactamente lo mismo. Y no es un asunto solamente de ellos, no te creas. Yo tuve que oír a un tremendo ministro de los nuestros, muy popular, diciendo que estaba gozoso porque venía de una reunión con el santo padre, en alusión al Papa romano. Escucha siervo amado: será tu padre, porque mío no lo es, te lo aseguro. ¡Es que sólo es por respeto, hermano! No, ese también es un error. El mundo incrédulo nos mira y dice que no comparte nuestro pensamiento, pero lo respeta. Mentiras. Se pasa la vida negándonos, burlándose y ridiculizándonos. ¿Nunca viviste eso? ¿Respeto…?
Lo cierto es que mi Biblia dice con absoluta claridad que no llame a nadie, padre, porque uno es nuestro Padre y está en los cielos, no en una ciudad terrestre. Me pregunto en qué lugar de todo esto nos perdimos. Porque yo hasta en las emisoras radiales y televisivas cristianas oigo referirse a curas católicos como padres. Y lo peor del caso es que no puedo ser eminentemente crítico con ellos, porque representa todo un problema para nosotros, los que conocemos la palabra de Dios, dirigirse a esta gente sin llamarlos como los llama la mayoría de las mayorías: padres. La fuerza de la tradición es amiga del error y la confusión.
Eso es algo que culturalmente es normal y corriente hacer dentro de la iglesia católica y todos sus perímetros de influencia. ¿Quién no les dice padres? Fíjate que es una deshonra que se ha hecho cultura. Porque en el momento en que tú le dices padre a él, estás desconociendo a tu verdadero Padre. Y eso no termina allí, porque yo he conocido ministros evangélicos que se hacen llamar papá por la gente de su congregación.
Y si no lo hacen ellos, al menos algunos de sus más cercanos allegados, lo permiten. Yo no llamaré padre a nadie, pero tampoco llamaré pastor a nadie. Porque pastor es una función, de ninguna manera un título. Eso, al menos, desde la óptica de la palabra de Dios. La cultura evangélica puede llamarlos como quiera, pero no me lo vendan como bíblico. Eso tiene un nombre genérico para ambos: idolatría. Y acepto que alguien realice la defensa que mejor crea conveniente, pero la muestre como la muestre, es endeble porque la Palabra de Dios no la respalda.
Después de esto, Jesús directamente se metió con este ministerio. Les dijo a todos los que quisieran oírle que no debían llamar maestro a nadie, porque el único Maestro era el Cristo, el ungido de Dios. Mira; el Señor, por su infinita paciencia, gracia y misericordia, decidió un día poner en mis manos el ministerio del maestro, es cierto. Lo acepté y me gocé enormemente con ello. Pero de ninguna manera acepto ni permito, y mucho menos promuevo, que me llamen maestro a mí, porque el único Maestro es Cristo. A mí simplemente dime Néstor y escuchar nada más que eso, si es con afecto, te aseguro, será música celestial a mis oídos.
Eso indudablemente tiene mucho que ver con el concepto que cada uno tenga de lo que es la importancia de lo que se representa o la importancia personal. Jesús fue muy claro con estos líderes religiosos de su tiempo. Él les dijo que, si se sentían muy grandes e importantes, debían recordar que él, siendo el más grande de todos porque era el Hijo del Dios encarnado, se había convertido en siervo. Que no había venido a este mundo a ser servido, como ellos lo pretendían y preferían, sino a servir. Y por si no les hubiera quedado claro, les añadió que, si se enaltecían demasiado por sus cargos y posiciones, en cualquier momento serían humillados, mientras que, si se humillaban delante del Padre y sus hijos voluntariamente, allí sí serían enaltecidos.
De todos modos, Jesús nos dejó a todos los que de una u otra manera seguimos sus pasos, una enseñanza muy clara a partir de su propio comportamiento. El fariseísmo llega un momento en que puede sacarte de tus casillas y llevarte a reaccionar con celo santo, pero con cierto rigor humano. El los trató de hipócritas, a viva voz, y los acusó de cerrar el cielo para ingreso de ellos mismos y de todos los que los seguían como guías espirituales de ese tiempo. Curiosamente, le otorgó a eso la misma entidad con la que luego los acusó de devorar las casas de las viudas y simular estar compungidos haciendo largas oraciones.
Aquí tengo que decirte que durante muchos años acepté, creí y me planté en que aquellas viudas que debían ser protegidas por la cultura hebrea, eran las mujeres de la comunidad que habían perdido sus esposos, fundamentalmente en combates de guerras. Pero luego el Espíritu Santo me mostró que cuando la Biblia dice Mujer, en realidad casi siempre está diciendo Iglesia. Que cuando dice Esposa, también se refiere a la iglesia que anda de la mano con el Esposo, que es Cristo.
Y que entonces, cuando dice Viuda, en algunos casos, aunque no en todos, se está refiriendo a las babilonias, las iglesias paralelas, imitadoras y falsas, que militan en las mismas rutinas que la genuina, pero que hace mucho tiempo están funcionando sin la presencia ni el apoyo del Esposo. ¿Te queda claro? A ellas se las devoran los fariseos modernos, y luego arreglan todo con una vigilia de ayuno y oración donde todo el mundo se regodea con refrescos, café, mate argentino y galletitas.
Y la forma en que remata este discurso potente y contundente para con esos hombres tan pagados de sí mismos, directamente es digna de hacernos estremecer. No tanto por lo que Él les dijo a aquellos, allá, sino por lo que eso mismo significaría hoy para nosotros, aquí y ahora. Les recrimina que recorren mar y tierra, (Hoy deberíamos añadirle aire, redes sociales e internet) para captar adeptos y luego con sus doctrinas erróneas y cargadas de legalismos religiosos ciento por ciento, los hacen dos veces más hijos del infierno que ellos mismos.
O sea que, sin pretender trascender de sobremanera por nuestra aguda inteligencia, aquí podemos comprobar dos cosas: La primera, es que esa gente no era ni podía ser salva en esas condiciones, aunque todo su andamiaje externo te asegurara que sí. En segundo término, que aquellos que los acompañaban y compartían sus cosas, tampoco. ¿Entiendes? Piensa lo que quieras, dime lo que quieras y te comprenderé, pero eso es lo que dice mi Biblia y eso es lo que yo decidí creer.
Y en lo que sería el remate de la despedida, los distingue con el calificativo de guías ciegos. No malos, no perversos, no delincuentes, simplemente ciegos, espiritualmente ciegos guiando espiritualmente a otros. ¿No has visto ninguno por ahí cerca últimamente? Los llama Insensatos, que es como decirles que no tienen sentido común ni criterio propio, se dejan pensar por otras mentes cargadas de mentiras.
Los califica de necios, que son aquellos que sabiendo cómo son las cosas deciden hacerlas de otro modo porque eso conviene a sus intereses. Y finalmente les censura ser crueles a la hora de hacer cumplir las leyes, pero sin evidenciar dos rasgos que son del Cielo sin dudas: Justicia y Misericordia, que, en conjunto, de alguna manera simbolizan la Fe.
¡Qué duro parece ser lo que está diciendo Jesús! ¿No es cierto? Si tú has entendido lo que te expliqué antes de los fariseos, te das cuenta que esto que él les dice, así públicamente, delante de toda esa gente que los respetaba tanto, era muy pero muy duro. Te lo reitero: Jesús estaba dirigiéndose en esos términos, a la gente religiosa más respetada de ese momento. Y seguramente, muchos de esos fariseos habían actuado de esta forma. Pero no todos habían actuado así.
¿Recuerdan ustedes cuando Nicodemo se acercó a Jesús? Sus palabras lo condenaron tremendamente. Porque él fue el primero en decir: sabemos que vienes de Dios. Entonces tú te preguntas: ¿Y si sabían que Jesús venía de Dios, por qué no le creyeron? Simple: porque lo que Jesús decía, ellos no lograban unirlo con lo que estaba escrito en la ley. Y mucho menos con lo que se había escrito en el libro de las tradiciones de los ancianos. ¿Entiendes lo que nos sucede a todos nosotros cuando ignoramos o suprimimos la palabra Revelación de nuestros diccionarios eclesiásticos?
Acá es importante que entiendas algo, porque muchas veces he escuchado enseñar sobre este punto cometiendo el claro error de decir que Jesús no se sometió a la ley. No fue así, es más que claro y todos estos textos lo confirman: Jesús nunca contradijo la ley. Lo que sucede es que había una parte de los documentos judíos, que no fueron los que vinieron de parte de Dios; que se fueron armando con el tiempo; que eran comentarios de la ley elaborados por hombres y que, con el tiempo, llegaron a tener el mismo peso que la misma ley.
A eso lo llamaron la Mishná, y tenía por momentos más peso que la propia Torá. Es exactamente lo mismo que ha ocurrido y que supongo que todavía sigue sucediendo con la Biblia y las Doctrinas denominacionales, cualquiera estas sean. A mí hace muchos años me tocó ser testigo de un hecho así. La discusión, debate y polémica vino por el concepto respecto a dos bebidas.
En una denominación prohibieron a sus miembros consumir vino. El argumento es oponerse a la posibilidad de no controlarse y caer en borrachera. La misma gente que aprobó esta ordenanza interna, avaló el consumo de whisky, porque era una “bebida que tenía otro nivel” … (!!) A nadie se le ocurrió tener en cuenta que los que incentivaron a prohibir el vino fueron misioneros americanos de USA…
Te doy otro ejemplo. Se acercan un día los discípulos de Juan el Bautista y le dicen: ¿Por qué tus discípulos no se lavan las manos para comer? ¿Por qué ellos están quebrantando la ley al no hacerlo? Parece una reconvención muy fuerte, bien intencionada, quizás, pero dirigida a una crítica ministerial de peso. Sólo un pequeño gran detalle: si tú lees la ley de Moisés, en ninguna parte de esa ley dice que se deberían lavar las manos. Eso era parte de esos comentarios, de tradiciones legendarias que nadie sabría explicar en qué idea buena pero errónea se fundamentaron. Y las lanzaban como una palabra divina que no era.
Eso estaba en la Mishná, que eran los comentarios de la ley. Eso no vino de la mano de Moisés, fue muy posterior. Y ellos anotaron sus comentarios, y a eso se le llamó La Tradición. Entonces, cuando Jesús habló con ellos, les dijo: vuestra tradición ha invalidado mi palabra. Si cambias la palabra Tradición por Denominación, tienes el cuadro claro y a la vista. Jesús cumplió toda la ley. No rompió nada. Incluso, fue circuncidado, cuando verdaderamente no lo necesitaba; él cumplió con toda la ley. Pero no respetó la tradición. No respetó eso que se llama Mishná. Para nada. Y eso, golpeó mucho a la gente. Hoy se la sigue golpeando. Y eso que estamos muy lejos de ser ni siquiera una molécula de Jesús.
El problema de los fariseos, entonces, era que le habían dado a la Tradición, el mismo peso que a la Ley. Y al hacer eso, ellos anularon a la propia Ley. Y eso pasa con nosotros cuando empezamos a adoptar puntos doctrinales que son rudimentarios: que las mujeres no pueden hablar, que no te pongas esa ropa, que no te pintes, que los pantalones, que el maquillaje, que el cabello corto, etc. Y el punto es que, en cierto momento, eso era importante. ¿Recuerdas lo que dice la carta a los Hebreos? Lo que voy a decir va a resquebrajar algo en el mundo espiritual, pero es así. En la carta a los Hebreos, dice que la fe es aún un rudimento.
Porque dice claramente: dejemos los rudimentos de la fe. ¿Tú pensaste alguna vez que la fe era un rudimento? ¿Qué quiere decir que es un rudimento? Que es como el abecedario. Cuando tú lees, tú no repites el abecedario, estás leyendo palabras y frases. No lees letras. Por eso es que tú puedes leer, incluso, una palabra mal escrita. Porque tú no lees letras, lees palabras.
Y la fe, entonces, llega un momento en que se convierte en algo básico. Por eso dice el autor de Hebreos: ¿Por qué debo volver a poner fundamento? Ustedes ya deberían ser maestros, pero sin embargo debo volver a darles la leche. Y ahí habla del bautismo. Habla acerca de la fe, habla de un montón de cosas que deberíamos haberlas aprendido el primer año de creyentes.
Por eso es que nadie puede hacer el tema de su ministerio la fe, porque eso es destinarlo a una etapa de infancia eterna. Y a la larga, vas a terminar siendo fariseo, donde vas a tener que establecer patrones de cultura, para poder sostener eso. Porque la única forma de entender que algo básico sigue vigente, es imponiendo una tradición. “¡Es que aquí siempre se hizo así!”. Y no se discute más. Y eso llega hasta censurar palabra ungida por causa de no coincidir con tradiciones milenarias, pero tradiciones al fin.
A mí, como a cientos o miles de hombres y mujeres, pioneros en pelear por una reforma, han llegado a acusarme de no respetar la sana doctrina. Nunca tuve la oportunidad de enfrentarme cara a cara con los que deslizaron esa opinión, pero si la hubiera tenido les hubiera hecho una sola pregunta: ¿Qué definen ustedes como sana doctrina?
Yo creo que hasta allí hubiera llegado la discusión. Porque en la Biblia dice lo que es la sana doctrina, claro que sí. Pero lo que ellos sostenían como sana doctrina para definirme como fuera de ella, no lo es. Son puntos doctrinales que aceptaron ellos, por su propia cuenta. No salió de los apóstoles del primer siglo, salió de un grupo de cabezones de la denominación que corresponda.
Y voy más lejos, todavía, no te asustes y no te enojes. El noventa por ciento de lo que el pueblo evangélico llama como sana doctrina, hoy, es de origen agustiniano. Fue escrita por un hombre llamado San Agustín, que es considerado como el más grande teólogo y “santo” católico romano. ¿No lo crees? Te doy un ejemplo sencillo que seguramente relacionarás con algún momento de tu vida.
El Reino de Dios, allá arriba, lejos: Aquí abajo, muy lejos y casi olvidados, los hombres. Algo a todas luces diferente, dividido. Eso, es agustiniano. Un Dios enorme, lejano, casi indiferente con lo que le pasa al hombre aquí abajo. Y es por eso que, cada vez que nosotros decimos “el mundo espiritual”, eso es mente agustiniana. Doy fe con total honestidad, que a mí mismo se me ha escapado eso en más de una ocasión, lo reconozco y me lo censuro.
Porque, veamos: ¿Qué hizo San Agustín? Mezcló la doctrina de Pablo, con la filosofía griega. Entonces, cuando se habla del Reino de los Cielos, se habla de algo que está allá, lejos, casi inalcanzable. Allá es el lugar al que un día irás, la Nueva Jerusalén, con las famosas y promocionadas calles de oro, (Que en realidad y conforme a la Escritura, sería LA calle de oro, porque la Biblia jamás la menciona en plural), o el mar de cristal; pero aquí estás en un valle de lágrimas, pasando el tiempo como puedas, hasta que te toque la hora de morirte. Ese es el pensamiento de San Agustín. Una de sus principales obras, se llama “Ciudad de Dios”, donde él explica esta dualidad. El noventa por ciento de la doctrina evangélica, hoy día, es agustiniana. ¿Y van a salir a decir que alguien enseña falsa doctrina?
Algo tenemos que tener muy en claro. Y te lo digo como ministro del Señor, pero también como viejo periodista. La gente desocupada u ociosa, y con deseos de armar problemas, difunde rumores falsos, y otra gente que no tiene ganas de ponerse a examinar o tan siquiera a pensar, los toma y los amplifica. Eso se llama acción psicológica, operación de prensa. Fake news, dicho en idioma “moderno”. Mentiras…
O si tú quieres un rótulo más adecuado y sin medias tintas elegantes o prudentes: corrupción. Porque es impresionante la manera en que se difunden chismes mentirosos. La Web está llena de ellos. Lo estás viendo en tu pantalla. Gente que para algunos es un hombre de Dios ungido, para otros es un brujo infiltrado. ¿Qué sucede? Sucede, entre otras cuestiones, que nuestra tradición, algo tan natural en nosotros, es parte de nuestra vida. Seguramente que tu infancia debe estar asociada a una comida, por ejemplo; o a un aroma.
Eso no va a perderse nunca, es parte de lo que somos. Nadie puede venir a pedirte que cambies eso. Pero no puedes perderte lo que en este tiempo está haciendo el Señor, por causa de la nostalgia de lo que aprendiste hace veinte años. De hecho, que aquello fue grande y fue glorioso. Miles rememorando lo grande que eran sus iglesias, el tremendo avivamiento que tuvieron y lo mucho que Dios los usó. ¡Buenísimo!
¿Pero dónde está eso ahora? Nadie vive de avivamientos pasados. Nadie cocina una comida con llamas apagadas. Nadie frota dos piedras para lograr una chispa que encienda un necesario fuego para asar o cocinar. Nuestra tarea es darle de comer a esta generación hoy día. Porque esta generación necesita ver lo que nosotros vimos. Y esa es nuestra tarea. Pero eso es temporal, porque ellos tendrán su propia historia. Y nuestro Dios será también su Dios, pero no puede ser sobre la base de mi tradición. Hoy hay modernas cocinas con autoencendido eléctrico.
Ese fue el problema de los fariseos, y ese es el problema por el cual no hay unidad en la iglesia. Están los que escuchan lo que Dios habla hoy, y están los que se han quedado con lo que Dios habló hace veinte años. ¿Y sabes qué? Es imposible que puedan caminar juntos. No se puede porque no llegan a estar de acuerdo. Y la Biblia se pregunta algo que seguramente alguna vez habrás leído: ¿Andarán dos juntos si no se pusieren de acuerdo?
No tiene absolutamente nada que ver con quien tiene la razón o quien está equivocado, por favor. Aquí no hay ganadores ni perdedores. Aquí todos vamos a perder siempre. Porque aquí se necesitan de todos. Pero, ¿Qué es más útil? ¿Saber qué va a pasar este año o el año próximo, o conformarse con lo que ya pasó hace miles de años? ¿Historia antigua, actualidad contemporánea o palabra profética genuina? En este pasaje, Jesús toca muchos temas. Habla de todos los pecados y de los fariseos.
Lo que él les dice es como si los fariseos de hoy aseguraran que de haber vivido en el tiempo de Jesús, no lo hubieran crucificado. Ah, no, ¿Eh? ¿Y entonces por qué desean crucificar, al menos en lo que tiene que ver con la posibilidad de expresarse, a todos los que no repiten sus mismas muletillas y estatutos? Jesús los trató de hipócritas a aquellos, porque decían que si hubieran vivido en la época de sus padres no hubieran permitido que mataran a los profetas. ¡Y se lo decían al hijo de Dios encarnado al que no dudaron en mandar a la cruz porque no estaba de acuerdo con su doctrina!
Y luego es cuando les obsequia con lo que yo creo, es de lo más fuerte que llegó a decirles. Serpientes y generación de víboras. En contra de lo que muchos suponen, no fue una reiteración de un concepto. Cuando les dijo serpientes, los estaba tratando de ministros de la serpiente antigua, Satanás. Y cuando les añade que son una generación de víboras, habla de una destilación de veneno con relación a la palabra y a la pureza del evangelio.
Notablemente les asegura que no van a poder escapar a la condenación del infierno, ¿Lo has visto? ¿Cómo se supone que se tomaría algo así, hoy, dicho por un ministro irreprochable del Señor para con alguien que se le opone con sutilezas, falsas doctrinas y engaños: Seguramente saldría alguien a decir que “al hermano le falta amor” … A Jesús jamás le faltó amor, pero tampoco sentido de Justicia a la hora de abrir su boca en Verdad.
Te cuento que todo esto, Jesús se lo estaba diciendo a los fariseos en presencia, por lo menos, de algunos de sus discípulos, no sabemos si todos. Ni quiero imaginarme la carita, el rostro, que deben haber puesto estos muchachos cuando le oyeron profetizar que iba a enviar profetas, sabios y escribas, y que ellos iban a matar a algunos, crucificar y azotar a otros y perseguirlos de ciudad en ciudad. ¿Quién estaba dispuesto a inscribirse en el curso “Como ser un buen discípulo de Jesús el Cristo”? De hecho, el tiempo y los hechos, le dieron la razón a Jesús. Y muchas de las cosas que cada uno de nosotros ha vivido en los distintos lugares de la religión organizada que nos tocó estar como inicio de nuestra vida de fe, también se la dieron.
Repito: es muy duro lo que Jesús está diciendo aquí, y no logramos imaginarnos lo que todo eso provocó en ese momento. Fue un terremoto lo que estaba pasando ahí. Pero aquí, el Señor, nos está marcando a todos nosotros una línea muy clara en el piso. Nos está mostrando el límite que debe ser nuestra medida. Porque si esto les pasó a los fariseos que amaban la Ley, y con tanto sacrificio ocupaban un puesto, ¿Qué va a pasar con nosotros si no ponemos diligencia con lo que hemos recibido?
¿Tú crees que el Dios de todos los universos te ha dado todo lo que te ha dado, para que tú te diviertas y hagas algo cuando te dé la gana o no juegue tu equipo favorito? Nosotros no hemos recibido algo pequeño. El Espíritu Santo fue derramado unos pocos días después de todo esto. Y el Espíritu Santo vino a completar lo que aún Jesús no podía completar. Nosotros hemos nacido en la mejor etapa de esta historia. Y podemos tener la tendencia de aferrarnos a una parte. Y ese es el peligro.
Es clarísimo que cuando Jesús dice que Jerusalén mata a los profetas y a los que son enviados, no está hablando de la ciudad geográfica, sino de la celestial, de la que es llamada Iglesia genuina del Señor. Y presta mucha atención porque ese mensaje encierra un deseo de unidad, tal como lo ejemplifica ese hermoso cuadro de la gallina que procura juntar a sus polluelos bajo sus alas protectoras.
Y luego les añade lo que personalmente estimo ha sido profético en estos días pasados cuando el virus Covid nos impactó con sus restricciones y sus consecuencias. Les dijo que su casa les había sido dejada desierta. Pregunto: ¿No quedaron así muchas “casas” cuyos moradores se fueron por una justa razón, pero luego no retornaron nunca más?
Hay un espíritu, aquí, que opera bajo los lineamientos de Jerusalén. Y es un espíritu que asesina a los profetas. Y no estoy hablando de esos profetas mitad palabra y mitad show, me estoy refiriendo a cualquier hijo de Dios que ha pretendido enfrentar a las doctrinas establecidas institucionalmente sin otro apoyo que una palabra revelada. Es decir: a los que le ponen voz humana a la Voz celestial. ¿Les creyeron?
Mira; donde les creyeron, deberíamos hacer una fiesta y celebrarlo hasta el amanecer. Porque ese mismo espíritu está operando hoy en la iglesia. Es un espíritu muy violento. Dentro de la iglesia, en algunos lugares muy singulares de idiosincrasias muy especiales, hasta se han planificado asesinatos de ministros a manos de violentos y bandidos.
Lo más triste es que algunas investigaciones que llegaron a buen destino, dejaron traslucir que, en muchos de esos sucesos, quienes estaban detrás de esos atentados, eran otros ministros. Es un espíritu homicida el que opera así. Y no se detiene hasta destruir la imagen de una persona. Va a destruir su credibilidad. Va a destruir aún su vida espiritual. Es un espíritu que Dios aborrece, ni lo dudes. Y esto tiene que ver con algo que debemos decir con mucho cuidado, pero debemos decirlo. Los evangélicos en general, tienen una visión demasiado ideal de Israel. Tienen también un amor especial por Jerusalén.
Pero el Israel que mayoritariamente tú estás viendo, no es un Israel que Dios ame. Porque hay un espíritu operando dentro de él, que esencialmente rechaza a Jesucristo. Fíjate: ¿Cuál ha sido uno de los principales males de algunas naciones? Declararse una nación judeo-cristiana. Perdón, ¿Cómo dijo? Dije que declararse una nación judeo-cristiana ha sido un error para esa gente. ¿Pero, por qué?
Porque el pensamiento judeo del que estamos hablando, es el en el que mora este espíritu homicida del que estamos hablando. Lo hizo en la antigüedad, lo repetirá hoy. Que se entienda bien: no me estoy refiriendo a Israel como nación ni al judío como religión, me estoy refiriendo a ciertas franjas que moran dentro de ese pueblo y que tú y yo conocemos bastante bien. Y todo eso no tiene nada que ver con nuestra fe, pero nada que ver.
Porque esa alianza, fíjate, está provocando que la gente, mayoritariamente no pueda ver al Mesías. ¡Ellos no ven al Mesías! Por eso es que Pablo dice: ¡No todo el que se dice judío, es judío! Judíos son los que reconocen al Padre, y también reconocen al Hijo. Esos son los judíos. Los que no aceptan al Hijo, no son judíos. Y por consecuencia, de ninguna manera son nuestros hermanos ¡Ni siquiera son nuestros primos! Son hijos de la esclava. No tienen nada que ver con nosotros. ¿Ellos quieren que conozcamos a Cristo? No. Así es que nuestra única oración por Israel, es por salvación. Eso está fuera de toda discusión.
Y oramos por la paz de Jerusalén, pero no podemos tolerar que ese espíritu homicida que mata los profetas more en nosotros. Porque ese es un espíritu homicida. Y es el espíritu que suele entrar dentro de algunos pastores, líderes y apóstoles, cuando ellos eligen oponerse a lo que Dios verdaderamente está hablando.
Y entonces hacen lo que en política o economía se llama lobby y organizan diferentes métodos simplemente para neutralizar primero, y destruir posteriormente en lo ministerial a otra persona. Yo me pregunto. Si son tan fieles; ¿Por qué no hacen lo que dijo Gamaliel? Si esto es de Dios, no hay manera en que lo podamos vencer. Y si no es de Dios, el tiempo va a definirlo.
Entonces la pregunta, es: ¿Qué va a pasar con las congregaciones donde ese espíritu homicida ha operado durante tanto tiempo y quizás aún está operando? Lo dice la Biblia: He aquí, tu casa se quedará desierta. La gente se va a ir. ¿Y sabes quiénes se van a quedar? Los sordos y los ciegos. Y no estoy hablando de disfunciones físicas, desde luego.
Porque los que ven y oyen, van a correr por sus vidas. Repito; es algo muy duro esto que estamos hablando. Yo mismo he formado parte de iglesias en las que Dios mismo puso sus bases fundamentales, pero que con el transcurrir de los tiempos y los procesos, se fueron deslizando, y allí fue donde Dios puso lo que quiso poner y quitó lo que quiso quitar.
Y nosotros no somos nada dentro del templo, para decidir lo que pasa dentro, porque Él es el Señor. Mi tarea, es que la gente conozca al Espíritu Santo. Porque eso me garantiza que quien lo conozca, a partir de allí será guiado a toda verdad sin el más mínimo error. Esa es mi única tarea. No es resolverles sus problemas ni trabajar de consejero matrimonial; para eso también está el Espíritu Santo. No es tampoco para ayudarlos a ganar a sus familias, para eso está el Espíritu Santo. Él es el que convence de justicia, pecado y juicio. Él trae a los que son hijos a la casa. Mi tarea es que la gente reconozca como funciona el Espíritu Santo. Porque por ignorancia o por tradición, no saben hacerlo.
Y nuestra tarea, entonces, es ayudarlos en ese proceso. Porque también a cada uno de nosotros, en algún momento, alguien nos ayudó. Y ese es el Reino de Dios. Nos ayudamos mutuamente para avanzar. Yo puedo hablar hoy de las babilonias que dejé atrás, porque estoy de alguna manera en el espíritu de Daniel. Él fue formado en parte por Nabucodonosor y su gente, tomó muchas de sus rutinas y de algunos de sus principios. Lo que no hizo jamás, fue comer de su alimento. A mí también esas babilonias me trajeron hasta aquí, pero créeme que jamás acepté comerme todo su alimento.
Algo me contaminó, lo reconozco, pero gracias a Dios no en su mayoría. Pero todos podemos terminar siendo hipócritas y fariseos. Y podemos querer empezar a actuar bajo la influencia de un espíritu homicida, como el del que estamos hablando. Dios nos libre de eso. Te repito: oramos por la salvación de Israel, pero atención con esto: no todo el que nace en Israel, es judío. A los ojos de Dios, judíos son los que lo buscan, no la generación de personas que han nacido allí y no quieren nada con Dios.
Necesitamos gente que tema a Dios, cerca de las autoridades. Y que no esté atada a una tradición, sino que esté atada a la verdad. ¿Cuál es, entonces, tu definición de profeta? Es el que está oyendo hoy. Porque hay gente que era profeta, pero ya no lo es. ¿Por qué? Porque en algún momento dejó de oír. Voy a decirte algo para que lo asumas, lo creas y lo pongas por obra aunque no lo entiendas ahora: el ministerio no se hereda. En tanto que lo usas, es tuyo.
Mejor dicho, para evitar confusiones: en tanto lo usas, le perteneces. Por eso es que Elías no pudo llevarse su manto. Jesús tampoco. Quedó su túnica, intacta; porque no la rompieron. ¿Y sabes quienes la recibieron? Los romanos. Los paganos. No los judíos. Por eso, si Jesús hubiera sido enterrado con su vestidura, no tendríamos el Libro de los Hechos.
Terminaría todo con la muerte de Jesús y su ascensión. ¡Pero sus vestiduras se quedaron! Y vistió a los gentiles. ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas! Eso dijo Él, ¿Recuerdas? ¡Cuántas veces quise! En el Salmo 91, dice: el que habita al abrigo del Altísimo. Y la figura completa es de una gallina cubriendo con sus alas. Jesús está hablando de este salmo, aquí. ¡Cuántas veces quise cubrirte bajo mi sombra! Pero no quisiste. Dios no va a cuidar a quien no quiere ser cuidado.
Va a levantarse oposición cada vez que nosotros intentemos proclamar lo que Dios está hablando hoy. Porque a los hombres les gusta que todo quede como lo han dejado. Les gusta ir al templo siempre a la misma hora, sentarse en el mismo asiento, ver los mismos canales de televisión, que quede todo en sus habitaciones tal como lo han dejado. A nadie le gusta buscar cada día sus cosas. Sin embargo, Dios quiere que las busquemos cada día.
Como si nunca las hubiéramos encontrado. Para que nuestra fe sea fresca cada día. Para que nuestras oraciones no sean las viejas repeticiones de cuando nos convertimos. Cada ave creada, sea pequeña, mediana o grande, tiene su alimento para cada día. Pero necesariamente, salvo en su etapa de polluelo, tiene que salir a buscarlo. Ningún ángel se lo va a traer al nido. ¿Soy claro?
Que verdaderamente podamos escuchar a Dios, claramente, cada día. En Latinoamérica, que es de donde más conozco, puedo asegurarte que hay naciones realmente hermosas por donde las mires. Pero que en su gran mayoría tienen un gravísimo problema: han dejado de escuchar a Dios. Y en lugar de ello, se han abrazado a lo que Dios dijo en el principio. Que no te pase eso. Puedes caer al igual que cualquiera bajo las garras de ese espíritu fariseo. Ahora bien; ¿Qué esperanza le da Dios a Jerusalén? La única forma en que esto cambie, para ti, es que tú digas: bendito el que viene en el nombre del Señor.
El Espíritu Santo sabe perfectamente que, seguramente, en muchas ocasiones algunos de nosotros han resistido su palabra. Porque han tenido mayoritariamente la tendencia de quedarse con lo que ya hablaste. Y por atender eso, se han perdido de vista lo que hoy Dios está hablando. Si tú crees que eres uno de los que alguna vez haya podido hacer eso, yo te invito que allí donde estás, pidas perdón a Dios por ignorarlo, eligiendo cobijarte en la historia, y declarar que de aquí en más te dispondrás a oír su voz y obedecer sus decretos.
Pídele perdón por las veces en que has permitido que las tradiciones reemplazaran a sus revelaciones. Sabiendo que eso lo ha ofendido. Y sabiendo que hoy estás hablando y que nunca dejaste de hacerlo. Y nuestro standard de trabajo determina que nuestro ministerio no es hacer, es oír. Porque en muchas ocasiones, lo que te toca vivir, quizás sea simplemente el esfuerzo de Dios para que lo oigas de una vez por todas. Porque quiero entender que tienes mucho trabajo, que estás con innumerables proyectos, y que todos son tremendamente buenos y bien intencionados, pero: ¿De qué servirá todo eso si dejas de oírlo?
Escucha: no comprometas tu decisión a una doctrina; comprométela al Espíritu Santo. Tu fidelidad máxima debe ser hacia Él, no a los hombres, únicamente. Lo que Él te diga, hazlo. Lo que Él te dé, recíbelo. Lo que Él te pida soltar, suéltalo. Deja ya de pelear con el Espíritu Santo. Sé una persona útil en tu generación. Cada día de tu vida, porque todo lo que Él nos da, son herramientas. Y son herramientas que van a usarse para hacer un edificio en particular. Y después va a darte otra clase, otra calidad y otros diseños de herramientas. No le hagas cuadros a las herramientas; tampoco hagas trofeo de ellas.
No los cuelgues en la pared de tu oficina como si fueran lauros obtenidos por tus méritos o tus esfuerzos humanos. Tampoco le rindas culto a esas herramientas. ¡Porque son sólo herramientas! Él es el único digno de culto. Es el único digno de reconocimiento. Él es el que nos ha dado la vida. A Él se debe nuestra fidelidad. Tampoco cometas el grueso error de juzgar con ligereza a aquellos ministerios que no entiendes. Ten temor de Dios cuando hablas de personas que no conoces. Porque dice la Biblia que conoce el Señor quiénes son suyos. Tú sólo limítate a caminar en justicia. Sé una persona recta, amorosa, íntegra. Vive aquello en lo que crees, no te límites a promocionarlo. Y permanece abierto a cambiar lo que el Padre te pida cambiar.
Y quédate tranquilo o tranquila, y confía; Dios te va a guiar, no te vas a extraviar. Ese es el camino, un camino de santidad. Y el camino de santidad, déjame decirte que es a prueba de torpes. La Biblia lo dice: por torpe que seas, no te vas a extraviar. Y no te hagas sabio a ti mismo, porque uno solo es el sabio. Porque todo lo que sabemos, por mucho que sepamos, es absolutamente nada delante de Él.
Vive, celebra y disfruta lo que en este tiempo te está hablando el Señor. Gózalo, cómelo cada día como alimento sólido. Y al concluir el día, deja todo eso a un lado, y dile simplemente: quiero más, mañana. Esto sólo fue para hoy. Deja a los Formadores de la Religión gozar de sus efímeras glorias humanas y tú ten disposición para disfrutar y paladear la leche y la miel que han sido prometidas. Simplemente hazlo.