Es indudable que las emociones constituyen la sensación espiritual más ligada a los sentidos físicos. Casi que son el sensor de los sentidos físicos. De la misma manera que el espíritu se une con el alma a través de la voluntad, hay un puente similar entre el alma y el cuerpo, a través de los sentidos y de las emociones. Hay un pasaje que está en la carta a los Hebreos, capítulo 5 y versos 13 y 14, que es clave para esto que vamos a ver hoy y que también puede ser clave para cambiar tu vida, hoy mismo.
Hebreos 5: 13-14 = Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. Está claro que cuando dice la leche, habla de nuestro alimento espiritual. Pero también es muy notorio, que luego, se refiere a los sentimientos, de las emociones. Dice que el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez.
Eso significa que, en lo concerniente a la madurez espiritual, es algo que se alcanza. No te llega desde los aires, casi mágicamente. Ahora; ¿Cuántos de ustedes, pueden decirme con certeza absoluta, qué cosa es la madurez espiritual? Me gustaría saber que son todos, porque un ministerio siempre apunta a perfeccionar, que es madurar, a los santos. Pero soy realista y, en función de la enseñanza, aspiro a que todos aquellos que no lo tengan muy claro, hoy se les explote el cerebro, corazón y espíritu.
En principio, debo advertirte que la madurez espiritual no tiene absolutamente nada que ver con tu edad. No tiene nada que ver con tu antigüedad en la iglesia y, mucho menos, con cualquier posición jerárquica que puedas ocupar dentro de cualquier organización cristiana. Espiritualmente, la madurez tiene que ver y mucho con el ejercicio de las emociones. Y te doy un ejemplo que alguna vez ya me tocó compartir cuando hablábamos de estos temas.
Si tú vas cruzando una calle y, de pronto, un vehículo te frena a tu lado, con un chillido de frenos, además de hacer sonar su bocina, o claxon, tu reacción automática no será en el espíritu, ni en el intelecto, sino en tus emociones. ¿Qué podría pasar a través de esa reacción emocional tuya? Varias cosas. Puedes quedarte paralizado, dar un brinco, disculparte con el conductor del vehículo por andar distraído, o, por el contrario, enojarte mucho con él, al punto de desear darle cuatro o cinco golpes santos…
Así es la vida del creyente. Tu reacción ante determinadas circunstancias, marcan tu madurez espiritual, tu dominio propio. “¡Es que tengo el Espíritu Santo, hermano!” ¿Ah, sí? ¿Y tienes dominio propio? Por eso es que te dice que el alimento sólido, es para los que han alcanzado madurez. Y después dice que para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados. La madurez espiritual, tu relación con Dios, producirá, como fruto, que tus sentidos estén ejercitados.
La mente se renueva, la voluntad se somete a Dios y, entonces, las emociones se ejercitan. Una cosa es ser espontáneo, lo cual es bueno, y otra cosa es no tener dominio propio. Yo puedo ser espontáneo, pero si tú me envías un correo o un comentario diciéndome que no estás de acuerdo con algo que yo dije y yo, como respuesta, por poco te insulto, porque no me gusta que me digas eso, podré ser muy espontáneo, pero no tengo dominio propio. Y puedo llegar a ser hasta injusto. Además de necio, porque por allí tú tienes razón y yo me pongo tozudo y terco pensando que la única verdad la tengo yo,
La mente se renueva por la palabra, oyendo el logos de Dios. O sea, oyendo a Cristo. La voluntad se somete a Dios. No existe esa oración de: “¡Señor, cámbiame! ¡Señor, renuévame!”, para luego sentarte cómodamente en el sillón más mullido de tu casa a esperar que el Señor venga y te cambie y te renueve. Nadie puede pedirle a Dios que haga, lo que Él dijo, puntualmente, que tenemos que hacer nosotros. Romanos 12:2, que es un clásico de la literatura bíblica, no dice: “permitidme que os renueve”, dice ¡Renovaos!, que pasado al idioma popular moderno, es algo así como ¡Ey! ¡Hijos! ¡Renuévense!
Tú no puedes pedirle a Dios, amor. Porque el amor no se pide, el amor se decide. Tú amas a todos aquellos a los que has decidido amar. Por eso es que el amor es una orden. Tú amas a quien decides amar, odias a quien decides odiar y le guardas rencor a aquellos a quienes has decidido guardarle rencor. Pero la palabra dice: amarás a tu prójimo. ¡No es una sugerencia! …Si te queda bien, hijo, yo te aconsejo, te sugiero, te pido, casi, que ames un poco a tu prójimo… ¡No! ¡No es así! Es: ¡Amarás a tu prójimo! Contundente. Con la contundencia que encierra el amor justo, de nuestro justo Dios. Es una orden.
Entonces, los sentidos se ejercitan. ¿Cómo? En el discernimiento del bien y del mal. ¿Qué quiero decir con esto, que las emociones son malas? ¡No! Creo que ya lo dije. En absoluto. Las emociones son divinas, las puso Dios allí. Y todo lo que puso el Señor, es bueno en gran manera. Puede ser mal utilizado, eso sí es verdad. Pregunto: ¿Durante cuanto tiempo has tenido al sexo como un tabú? Porque así se ha venido enseñando, incluso hasta dentro de muchas iglesias cristianas. Y es lo que muchos aprendieron desde niños.
Pero resulta ser que al sexo lo dio Dios, y dijo que era bueno. Que después se haya pervertido, modificado y alterado, ese es otro problema. El tema central es qué hacemos con lo que Dios nos da. Por allí el Espíritu Santo te regala un precioso don, y tú lo utilizas para enriquecerte, ¿Qué diremos? ¿Qué ese don es malo? No. ¿Qué Dios se equivocó al dárselo a esa persona? No. Simplemente ese don que fue dado de gracia y por gracia, fue usado de otra manera.
El asunto es que Dios puso esas emociones allí, bajo patrones diferentes al que nosotros vivimos. De hecho, vivimos en un mundo que actúa por emociones, y las emociones están muy lejos de ser confiables. No es bueno que te dejes guiar nada más que por tus emociones. Las emociones están tan ligadas al mundo exterior, que terminan siendo engañosas. Por eso es que, cuando la biblia dice que engañoso es el corazón del hombre, se está refiriendo al alma. Engañosa es el alma, eso dice.
En la literatura hebrea, decir corazón era decir alma. Porque el alma, a través de las emociones, recibe contacto con el mundo exterior, no interior. Nunca escuchaste a gente decir algo así como: ¡Ah, no! ¡Yo, lo que siento, lo digo! O, dicho de otro modo: “Yo soy honesto, ¿Eh? Lo que siento lo digo. Quizás tú mismo lo hayas dicho alguna vez. ¡Yo lo he dicho! Así nos ha resultado, después. No te confundas. Dios no nos ha enviado a decir “lo que sentimos”, nos ha mandado a decir lo que debemos.
Pero el alma, enseguida, dice, dice y dice. Pero en la biblia leemos que el que calla, es sabio. Aun si el que calla es necio, igualmente, ahora, es sabio. Hay veces que hay que callar. Y te lo estoy diciendo yo, no sé si me entiendes. ¿Sabes por qué? Porque las emociones, generalmente, hieren. Cuando tú reaccionas emocionalmente, estás hiriendo a alguien. Ojo, porque hay veces que cuando uno reacciona en el espíritu, también hiere. Pero eso es algo que luego vamos a tratar con mayor profundidad.
Ahora: ¿Por qué se hiere cuando se reacciona así? Porque hiere el YO. Hiere el alma. Porque el alma no sabe mandar. El alma no sabe actuar. Por eso es que el mundo está como lo vemos a diario. ¿De dónde vienen las guerras? ¿De dónde vienen los pleitos entre ustedes? Que combaten en vuestros miembros, dice. Vienen de adentro de nosotros. El mundo, vive como vive, porque se guía por las emociones. Por ese motivo es que, en el plano jurídico penal, hay una figura jurídica que se denomina “emoción violenta”.
Y puede llegar, como figura legal, hasta justificar de alguna manera, un homicidio y hasta atenuar su condena. Incluso hasta un asesinato, si es que ha sido ejecutado por influencia emocional. Por eso es que te digo que no son confiables las emociones. Por eso es que, también, muchos creyentes han recibido a Cristo, su espíritu está lleno de Dios, pero siempre viven sacudidos y vapuleados por sus emociones. Tienen sueños, tienen revelaciones, sienten cosas que creen que viene de Dios y andan viviendo un mundo no ya místico, porque místicos somos. De momento que creemos en algo invisible, somos místicos.
Pero esos no viven de algo místico, sino impregnados de misticismo, que vendría a ser el exceso, el sobre énfasis. La religión, que es una manera que inventó el hombre para acercarse a Dios, en sí misma, quizás no es mala. Lo malo es el exceso, que es tal vez lo que hoy se vive en muchas partes, la religiosidad. Donde es más importante la estructura y el rito, que el receptor de ese rito. Y también que el que dio origen a la estructura. Esto es lo mismo. El ser místico, no es malo, es lo correcto. El misticismo, es la exageración.
Esto no se diferencia a la meditación trascendental, esa que vemos por allí. Gente que se pasa en las nubes 24/7, pero que después va y se acuesta con la mujer del vecino. ¡Débil es la carne!, te dicen. Obvio, si la dejas a la intemperie sí, es débil nomás. Porque a la intemperie es donde viene el lobo y te la come. En la carta a los Efesios, capítulo 4 y verso 11, dice: Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos ¡Un momento! ¿Para qué dice que constituyó Dios estos cinco ministerios? Para perfeccionar a los santos.
Ya sabes que la palabra perfeccionar, en la biblia, no significa sin error, tal como nosotros la usamos. Significa madurar. O sea que Dios ha dado ministerios para madurar a sus hijos. ¿Y cómo se madura? Dejando que la palabra de Dios sea la que en nosotros opere y nos guíe. Ningún ministro puede cometer la barbaridad de decir que en un lugar en el que está ministrando, hay mucha gente inmadura. Porque si es verdad que la hay, ese es un problema mío, no de mi vecino. Y cuando digo mío, hablo del maestro, pero también del apóstol, del profeta, del evangelista y del pastor.
Porque si realmente hemos sido levantados por Dios, eso ha ocurrido para que hagamos todo lo que sabemos para madurar a los santos. De hecho, en los creyentes que están creciendo en madurez, hay una característica sobresaliente. ¿Sabes cual es? Que son personas que no son heridas fácilmente. Porque cuando a una persona cualquier cosa lo hiere con facilidad y eso afecta su vida. Una mirada dura, una palabra torpe, un trato indiferente o cosas parecidas, aunque esa gente lleve años congregándose, e incluso, hasta liderando, todavía no es gente que esté siendo guiada por la palabra de Dios, sino por sus emociones. No ha madurado.
¿Qué otra cosa puede ser una persona a la que le dices algo y enseguida lo afecta? Por eso hay tanto conflicto dentro de la iglesia. Tienen problemas en sus hogares, nunca crecen, viven amargados, se congregan, pero esa actitud semanal se les termina volviendo una tortura. ¿Sabes por qué? Porque son emocionales. A veces hemos visto que una persona, con una sola palabra ha afectado más la vida de una enorme cantidad de personas que con mil quinientos mensajes. Escuchan la palabra de Dios, viven el poder de Dios, hablan en lenguas, reciben la bendición, se gozan con el culto y están plenos.
Sale del templo, llega a la esquina y ese hermanito que nunca falta en ninguna congre, lo mira medio mal, lo saluda con un gesto de burla o algo parecido, o simplemente se encuentra con otro creyente que es peor que él y, en un instante, se le desmorona toda la gloria que traía. ¿Por qué? Porque su vida está recibiendo información emocional y no está recibiendo información espiritual. Y murmuran como tantas veces lo he oído. ¿Quién se cree que es, ese? Como dice la gente de hoy, ¡No existe! Yo no sé quien se creerá que es, ese, pero lo que sí sé, es que te sacó de la gloria, de la bendición y, en una de esas, hasta del camino del Señor, como he visto en más de una ocasión.
Con una sola mirada o gesto, te mandó de ese décimo piso donde andaba tu espiritualidad, a la planta baja o incluso hasta el cuarto subsuelo, sin paradas intermedias. Cero creyentes a partir de allí. ¿Cómo puede suceder eso? Simple. No te has dejado perfeccionar. No te has dejado madurar por la palabra. Dios nos ha sacado, a todos, de lugares que van desde lo horrible, hasta lo mediocre, hasta lo tenebroso y hasta lo que tú quieras, porque he oído a gente con testimonios realmente estremecedores. Cada uno de nosotros, y especialmente los que nos hemos convertido de adultos, sabemos muy bien dónde estábamos y donde, gloria a Dios, podemos estar hoy.
Dios nos sacó de allí, nos ha perdonado, nos ha puesto sobre la roca, nos ha lavado, nos ha hecho una nueva criatura, hasta allí todo bien. Pero luego, no nos dejamos influenciar por la palabra, y nos paramos al lado de otro creyente, o de una persona que no es creyente y, una mirada o un gesto de alguna de esa gente, nos afecta para el resto de nuestra vida. ¿Por qué? Porque no estamos viviendo según el espíritu. Estamos viviendo según las emociones. El gozo y la alabanza, cuando nos comportamos así, brota de nuestras vidas, de acuerdo a cómo nos vayan las cosas.
Si nos aumentaron el salario, que sería un milagro en estos tiempos, ¡Gloria a Dios! Alabanza tras alabanza. Si nos recortan el salario, que es lo que está creciendo en esta época, nos inundamos de lamentos y quejas. ¿Y la alabanza? ¡Es que no hay motivo! ¡No hay motivo emocional! Pero espiritual, sí lo hay. ¿Dónde vas a vivir? ¿En qué plano o dimensión vas a vivir? ¿Sabes cual es un creyente maduro? Aquel que marca una línea de conducta, pese a las circunstancias de la vida. Aquel que permanece, que ora a tiempo y fuera de tiempo.
Sirve tanto en la alegría como en la angustia. ¿Sabes cómo se madura? Sentado, quieto, en paz y dejándote ministrar por la palabra. No yendo de aquí para allá buscando aconsejamiento, oración de otros y que te digan qué es lo que tienes que hacer. Y no me opongo a esto, no está mal quien lo haga y quien lo reciba, estoy hablando de otra cosa, de otro nivel. Porque eso no es la prioridad. La prioridad, insisto, es quedarte quieto y dejarte ministrar por la palabra.
Fíjate Jesús. Todavía no había nacido, y ya quisieron abortarlo. Querían apedrear a la madre, era como abortarlo. Apenas nació, se lo tuvieron que llevar urgente, porque sino lo asesinaban. Herodes. Anduvo dándole de comer a todos los necesitados, sanando a los enfermos y liberando a los oprimidos. ¡Y lo crucificaron! ¿Por qué Él pudo permanecer? ¿Por qué Satanás no pudo encontrar en Jesús ningún punto de doblez como para desmoronarlo del ministerio? Porque Jesús nunca reaccionó emocionalmente. Al contrario, siempre reaccionó conforme a la palabra de Dios.
De la lectura de todos los evangelios, la reacción más emocional que podemos encontrar en Jesús, una, fue la que tuvo con los cambistas del templo, otra cuando les dice esas hermosas bellezas que les dice a los fariseos. Pero más allá, no. Porque las emociones son la fuente de información que Satanás recibe para hacerte, después, un feroz contraataque a tu vida. Tus emociones son el terreno donde Satanás tiende sus trampas, que a veces son mortales. Tus reacciones emocionales, de conflicto, de ira, de dolor, denotan exteriormente tus áreas de debilidad. ¿Por qué? Porque es de acuerdo a como reaccionaste.
¿Quieres algo gracioso pero trágico al mismo tiempo? Imagínate que los demonios lleven una planilla por cada uno de nosotros, donde tienen muy bien detalladas nuestras áreas de debilidad. ¡Que batifondo nos pueden armar! ¿No? Pero, a medida que la palabra de Dios va actuando en nosotros, y nosotros vamos sujetando nuestras emociones a la palabra de Dios, nos volvemos impredecibles. Porque ya no vamos a reaccionar según la carne. Porque dice la Biblia que, el que es nacido del Espíritu, es como el viento, que nadie sabe de dónde viene ni para dónde va. Cuando nosotros tenemos el Espíritu de Dios, , nosotros, no vamos a reaccionar según Yo, sino que vamos a reaccionar según Él.
Escuché una vez una expresión que me gustó mucho. Decía que “Un buen soldado, aprende a ignorar el dolor”. ¡Obvio! ¡Mira si en una guerra y en medio de un fragoroso combate, un soldado se va a deprimir porque le duele un poco una herida que, sabe, no es mortal! Es un punto de crisis. Pero, más debajo de la muerte, todo es bueno para un soldado, sea lo que sea. Si no está muerto, ¡Gloria! Como creyentes, tenemos que entender que vivimos en dos mundos: un mundo físico, y un mundo espiritual. Nosotros le llevamos una ventaja al mundo que no tiene a Cristo, porque podemos vivir en el mundo terrenal y en el espiritual, mientras que el que no conoce a Dios, sólo puede vivir en un mundo terrenal, atados y hasta esclavizados por las emociones.
¿Sabes por qué digo y sostengo que las emociones no son confiables? Porque las emociones son manipuladoras. ¿Nunca te fijaste que, por medio de las emociones, se puede manipular? De hecho, no voy a venir a decirte que llorar sea algo malo, todo lo contrario. En muchos casos, llorar es bueno. Las lágrimas son buenas, por algo están allí. Jesús lloró. Son un elemento de escape. Sirven. Algo pasa dentro de todo nuestro ser cuando lloramos. Hay una química que nos hace sentir diferentes. Jesús lloró. Es el verso más corto de la Biblia, pero también un indicador de que, si Él lloró, cualquiera de nosotros también puede hacerlo.
Pero está la contrapartida de todo esto, y tú lo sabes muy bien. Y es cuando las lágrimas se vuelven un elemento de manipulación. ¿Sabes lo que es la manipulación? Manipulación es ejercer una acción tendiente a conseguir imponer nuestra voluntad por sobre la de otra persona. Emocionalmente, es una de las técnicas, por medio del ocultismo, es otra de las técnicas, pero el resultado es el mismo: manipulación. Que, traducido al idioma bíblico, ¿Sabes que nombre tiene? Hechicería. Hay creyentes monosilábicos a la hora de solucionar un conflicto. Te dicen “si”, “no”, y nada más. ¿Sabes que son estas personas así? Personas que no han sujetado sus emociones al Espíritu Santo.
Cuando un hijo de Dios tiene un problema, habla y busca ir al fondo del problema. Ora, lo comparte, es transparente. Si tiene que levantar la voz y volverse eufórico en lo que busca, lo hace. Pero no usa nunca las emociones para manipular a otro. ¡Está bueno esto! ¿No? Y ni hablar de los que todavía suponen que con sus lágrimas pueden manipular la voluntad de Dios mismo. Creen, en su sincera ignorancia, que llorando en un altar o delante de otros, van a tocar el corazón de Dios. No te confundas. A Dios no lo tocan ni tus lágrimas, ni tus lamentos, ni tu desesperación. Tú puedes estar muriéndote, y con tu muerte, no vas a tocar el corazón de Dios. ¿Sabes lo que si toca el corazón de Dios? Justamente; un corazón arrepentido y humillado, no una actitud emocional manipuladora.
¿Sabes por qué? Porque Dios no se mueve por lástima, Dios se mueve por fe. Cuando alguien se convierte y todavía anda medio perdido entre la fe auténtica y las tradiciones de la religión, normalmente camina más por lo emocional que por lo espiritual. Después, con el paso del tiempo, esa persona madura un poco y empieza a darle preferencia a las cosas del espíritu, por sobre las del alma. Pero resulta ser que había gente que andaba contigo, que no creció, que se quedó donde estaba al principio. ¿Sabes qué le dicen? ¡Pero hermano! ¡Usted no tiene sentimientos! Sí que los tengo, hermana, sólo que ahora ya no me guío más por los sentimientos. He aprendido a ponerle punto final a ciertas partes de mi ignorancia.
Hay una historia muy clara que tal vez pueda romperte las estructuras de costumbre que puedes tener. Y está en la Biblia. Cuando Samuel oraba por Saúl, para que Saúl cambiara, ¿Recuerdas? Para que se transformara. ¿Recuerdas lo que le dijo Dios? No ores más, porque yo ya lo deseché. Entiende; cuando las personas persisten en permanecer lejos de Dios, guiadas por sus emociones, por lo que les parece, tomando decisiones sin orar, y después traen toda esa mugre espiritual a las iglesias, para que alguien se las arregle, algo no anda bien. Cualquier iglesia debe tener sus puertas abiertas para los hombres más miserables. Promiscuos, prostitutas, borrachos, drogadictos, lo que sea.
Si llegan allí, les van a dar vida, palabra y todo el apoyo que se pueda. Pero la palabra de Dios está pensada para que funcione y opere en aquellos que se quieren someter a ella. De otro modo, no tiene sentido. Hay que madurar. No ores más, porque yo lo deseché. La gente quiere que uno reaccione ante la circunstancia. ¿Sabe una cosa, hermano? Satanás nunca va a hacer nada en su vida, sin que Dios se lo avise primero. ¿Cuántas veces te han dicho esto? No sé si lo creíste, o no, pero te lo preguntaste. ¡Entonces falló Dios! ¡No! ¡Fallamos nosotros! A veces, Dios te manda a alguien para que te advierta de algo, pero como somos tan susceptibles, por ahí reaccionamos emocionalmente y repetimos la historia del pueblo: matamos al profeta.
No me digas que nunca sentiste incomodidad, o cierta forma de ofensa, por algo que yo pueda haber dicho aquí. No es porque yo sea infalible y no me equivoque. Si estoy dándote palabra y trato de no irme de allí, no te ofendas. Conocí a un tremendo profeta del Señor, un voluminoso moreno que solía decir siempre: “Si te ofendes, estás vivo”. A veces Dios te habla, pero no necesariamente a través de gente importante. A veces usa a gente muy humilde, para que tú también te humilles. Inclinad tu oído, dice la palabra. Significa no desoír lo que dice alguien que está por debajo de tu nivel. Ahora; si en lugar de eso eliges ser necio y no oír, ya no vas a poder cargarle la culpa a Dios por tus problemas.
Hay un salmo que habla de David, que era un hombre que tenía una revelación tremenda en lo espiritual, David. Por ser un adorador de primera clase, era un hombre que tenía una revelación espiritual increíble. Mira la expresión que David usa en este salmo. El 103, Salmo 103. Bendice, alma mía, a Jehová, Quiere decir que se está hablando a él mismo. Quiere decir que el espíritu le está diciendo al alma, le está predicando. Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Rhema. Eso es rhema. Tan rhema que quedó en la Biblia. (2) Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Es decir que, al alma, hay que estar predicándole todos los días. ¡Ey! ¡Alma! ¡No te olvides de ninguno de los beneficios de Dios! ¿Eh?
Allí se levanta el espíritu a la mañana, y dice: ¡Vamos! ¡A orar, a cantar! Todos los días hay que predicarle al alma. Y parece que David también había entrado en esa. Pero él se predicaba. Mira lo que dice en el verso 3: Él es quien perdona todas tus iniquidades, Está hablando con el alma. Desde el principio vemos que David está hablando con su alma. Entonces, ¿Dónde están tus iniquidades? En el alma. Él mismo se está hablando. O sea que se paró frente a un espejo, que dicen que ya existían, y se empezó a predicar a sí mismo, a su alma. Y le dice que Dios la perdona, a su alma, todas sus iniquidades. Y por allí David las tuvo, ¿No es verdad? No las suyas, las del alma. No las iniquidades del espíritu. Las del alma.
En el espíritu no hay iniquidad. Y le sigue hablando, y le dice: El que sana todas tus dolencias; (4) El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; (5) El que sacia de bien tu boca Allí le está hablando también al cuerpo. De modo que te rejuvenezcas como el águila. No importa qué clase de creyente te crees que eres. Como quiera que seas, tienes que hacer razonar a tu alma. Es más; la tienes que hacer reaccionar. Tienes que predicarle a tu alma. ¡Tienes que evangelizar tu alma! Hay un pasaje que está en la segunda carta a los Corintios, que nos arroja luz sobre esto. Si. partimos de la base que en el alma están los razonamientos, vamos a leer este pasaje, y vamos a entender algo muy importante.
2 Corintios 10: 3 = Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; (4) porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, (5) derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, (6) y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta. Aquí, Pablo nos está hablando de que a pesar de estar en la carne, no podemos ni debemos militar en la carne. A ver; ¿Andamos en la carne? ¡Obvio! Porque para estar en este mundo tenemos que andar en la carne. Pero no militamos, no vivimos según la carne.
Andamos en la carne, porque de otro modo nadie nos podría ver, el espíritu es invisible. Pero no vivimos según la carne. ¿Y como vivimos? Vivimos según el espíritu. Porque las armas de nuestra milicia no son carnales. Buen momento para preguntarte: ¿Cómo estás viviendo? Aquí te voy a decir algo que, en una de esas, es la primera vez que lo escuchas. Las armas de Satanás, no son espirituales, son carnales. Las armas que Satanás usa contra tu vida, no son espirituales, son carnales. ¿Sabes por qué? Porque Satanás no puede atacar tu espíritu. Satanás sí que puede atacar tu alma. Pero, para llegar a tu alma, primero te tiene que entrar por los sentidos. Ahora, si en tu espíritu mora el Espíritu Santo, ¡Todas tus puertas están cerradas! ¡El no puede entrar allí!
Peo es que Satanás sabe más la Biblia que nosotros… ¡Sí!, ¡Pero de memoria y la letra! Pero jamás podrá acceder ni siquiera a una coma de revelación. Porque el que da la revelación es el Espíritu Santo, y como puedes imaginarte, ¡Satanás no lo tiene morando en su espíritu! Satanás puede empujarte al pecado, pero para lograrlo, va a utilizar cinco vías. ¿Sabes como se llaman esas vías? Tacto, Oído, Olfato, Vista y Gusto. Dame cualquiera pecado que se te ocurra y te puedo asegurar que le vamos a encontrar el hilo conductor a alguna de estas cinco avenidas de acceso al alma. Porque Satanás, para afectar tu alma, tiene que usar cosas carnales. ¿Cómo lo atacó a Jesús? Si postrado me adorares, los reinos de la tierra te daré. Por los ojos…
No fue un arma espiritual, fue carnal, a través de la vista. Uno de los cinco sentidos. Haz que estas piedras se conviertan en pan. ¡Cuarenta días sin comer y que venga uno a hablarte de aromático pan recién horneado! El Gusto, o Sabor, o como le llames. ¿Lo estas viendo? Satanás tiene que materializar las cosas para entrar a tu vida. Porque él no puede entrar a tu espíritu, directamente. No tiene derecho legal a tu espíritu. Ese derecho legal sólo lo tiene el Espíritu Santo. Él nada tiene en mí, dijo Jesús. Porque yo no tengo naturaleza de pecado. Tú puedes decir lo mismo. Puedes tener hábitos o hasta programas de pecado, si quieres, pero no tienes naturaleza de pecado. Porque dice la Biblia que el que hace pecado, no es de Dios.
Nosotros podemos llegar a tener, y obvio que ocurre, algunos hábitos de pecado, que son esos que estamos evangelizando. Pero no tenemos naturaleza de pecado, de momento en que estamos EN Cristo. ¡Tenemos naturaleza divina! Somos, ah ora, a su imagen, en nuestro espíritu. Entonces, lo que Pablo está diciendo aquí, es que nuestras armas tienen gran ventaja sobre Satanás, porque son espirituales. Y te diré algo: Ninguno de nosotros tiene un arma natural o carnal que pueda con Satanás, que pueda conmoverlo y mucho menos derrotarlo. Nuestras armas, para vivir una vida victoriosa en este mundo, tienen que ser espirituales, no hay otra. ¿Y para qué nos dice? Para la destrucción de fortalezas. Y el verso 4, te dice qué cosa es una fortaleza.
Y te lo explica sencillo: derribar argumentos. ¿Tú te crees que cuando nosotros hablamos de las cadenas diabólicas, cadenas satánicas, estamos hablando de un muñeco grotesco de piyama rojo y cuernos? ¡No! ¡A esa te la vendió Walt Disney! Las armas que Satanás usa en tu contra, son argumentos. Y a eso le llaman fortalezas. Argumentos, pensamientos, teorías, métodos. ¿Cómo fue el ataque de Satanás a Jesús? Y tengo que volver a ese modelo porque es EL modelo. ¡Una guerra de argumentos! Dime que te diré, dime que te diré y, cuando Satanás no pudo decir más nada, se fue. No vino con un palo queriendo romperle la cabeza a Jesús. ¡No! Satanás trabaja con argumentos. Si postrado me adorares… ¡No te adoro nada! Le dijo Jesús
¿Convierte esas piedras en pan? ¡No sólo de pan vivirá el hombre! ¡Súbete al templo y arrójate! Y que esto y lo otro. El que tuvo el argumento más fuerte, ganó. Por eso es que todas las cosas en la vida de fe, necesitan de la revelación de la palabra. Esa y no otra cosa, es la clave de nuestras vidas. No es la iglesia a la que asistas ni el pastor que tengas, es la revelación de la palabra en tu vida. ¿Por qué muchos creyentes no viven en victoria? ¡Porque no leen la Biblia! Y si no leen la Biblia, no van a poder tener revelación de la palabra. ¡Es que yo tuve un sueño, vi una visión! Eso es otra cosa y puede ser de Dios, no lo discuto, pero hay una revelación que sólo viene por la palabra. Muchos andan permanentemente con una Biblia debajo de su brazo, pero está sucia, sus páginas pegadas y algunas ilegibles. Y no tienen victoria.
¿Sabes por qué? Porque la usan como amuleto. ¿Cuántos han escuchado hablar de la quiromancia? Es un arte del ocultismo que ejercita el hablar a través de las líneas de la mano. La cartomancia, es la que practican aquellos que te adivinan arrojándote naipes. Quiromancia, cartomancia y, entre muchos cristianos, bibliomancia. ¿Tú sabías que hay muchos creyentes que practican brujería? Hay cristianos que van a orar por un endemoniado y se van con la Biblia. Pero no para leérsela al endemoniado, sino como un escudo material, como si fuera una pata de conejo, que les asegura la victoria sobre los demonios. Muy similar a algunos símbolos que se deben usar para lo que algún sector ha denominado como exorcismo.
Algunos han hecho un ídolo tan grande de la Biblia como libro, como objeto en sí, que hasta la guardan en vitrinas entre almohadones rojos. El libro, es un conjunto de papeles, con letra escrita y tinta. La revelación que emana de lo que dice el libro, es el factor de adoración. ¿Tú te crees que Satanás podría tenerle miedo a un pedazo de cartón con tinta impresa? ¡Cuidado que no se me arruine la Biblia! ¡Compra otra! Satanás no es impactado por las letras que están escritas en un papel. Satanás es impactado por la palabra que está escrita en tu corazón. ¡Ay, pastor, amo a mi biblia! ¡Mire que hermosa es con sus páginas que parecen nuevas! Y el pastor, que tiene un corazón de amor, porque de otro modo no podría ser pastor, no le dice lo que piensa. Porque lo que piensa es que si esa Biblia está en esas condiciones, es porque no ha sido muy utilizada.
Otros hacen sonar las páginas de sus Biblias cuando buscan una cita, y producen un sonido como el de papas fritas friéndose. Bibliomancia. Usan la Biblia como amuleto. A esto lo ha predicado mucha gente y otros lo han confirmado. Y parece, te diría, que es un espíritu. Hay otros que en sus casas, abren sus biblias en un lugar determinado y la mantienen así, abierta, siempre, en la misma página. ¡He visto cada cosa! No tenemos idea de las barbaridades que se pueden ver dentro del mundo que llamamos cristiano. Déjame que te diga algo: si no vas a abrir tu biblia para leerla, estudiarla, escudriñarla y buscar revelación de la palabra, mejor no la abras. Porque cualquier cosa que hagas como costumbre, como tradición o como cábala, ¡Es brujería! ¡Hechicería! Disfrazada de Biblia. La realidad auténtica es que, más de la mitad de los creyentes que no tienen victoria, es porque además de estar haciendo todas estas cosas, jamás llegaron a leerla seriamente.
Y al no leerla, al no estudiarla, carecen de argumentos para batallar. Viene Satanás con el argumento más estúpido, ¡Y los desparrama! Hace dos mil quinientos años que Satanás anda con el argumento ese de “vaya a saber si es cierto”. Y le da resultado, porque hay un montón de creyentes que le dan entrada a ese vaya a saber si es cierto, porque no tienen un argumento sólido con el que refutarlo. ¿Cuánta gene no actúa espiritualmente con autoridad, sencillamente porque tiene miedo? Tengan la posición, la jerarquía o el cargo que se te ocurra, no tienen autoridad. ¿Sabes por qué? Porque nadie tiene autoridad sin revelación. La autoridad de Dios te la da la revelación de saber lo que estás haciendo, tener la certeza de lo que estás esperando y la convicción de lo que no estás viendo.
Te das cuenta perfectamente cuando una persona está hablando en el Señor. Hay gente que anda por la vida dándole profecía alegremente a medio mundo, y nadie se atreve a decirle nada. ¿Sabes por qué? ¡Porque no saben! La revelación te libera. Mira Juan, cuando tuvo la revelación de Cristo. Tú sabes que la palabra apocalipsis, significa correr el velo, el telón. Era un término que se usaba en el teatro griego. El exacto era apokalupto, que nominaba la acción de la gente al correr la cortina. Y cuando nosotros hablamos de la revelación de la palabra de Dios, de lo que estamos hablando es que Dios le descorrió el velo, el telón, la cortina a Juan. Y él pudo sacarse de la mente todas las ideas equivocadas que tenía respecto a Cristo y tuvo una nueva revelación. No te olvides que Juan había sido apóstol, pero no había tenido una revelación sobre el Hijo de Dios.
En la carta a los Efesios, capítulo 1 verso 17, dice: para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él. Para que Dios te de ¿Qué cosa, dice? Revelación. ¡Abre tu mente! ¡Recíbela! ¿Cuántos quieren tener victoria real en sus vidas, hoy? Levanta tu mano, aunque yo no te vea, Él es quien tiene que verte. Esa victoria no va a depender de la oración que cualquiera de nosotros podamos hacer por ti. La victoria viene, cuando Dios te da una revelación. Por eso es que el Padre, para salvar al hombre, reveló su palabra al mundo, en la persona de Jesucristo. Siempre, (Entiende esto y anótalo por allí) , que Dios va a dar victoria, primero, da revelación. Romanos 8:16, dice: El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Hoy hay una revelación, que la vienen predicando muchos hijos.
Hay una reforma. La primera fue de Jesús, en el marco de los fariseos. La segunda fue de Lutero, en el marco de la iglesia más ortodoxa y esta es de los que tienen revelación de la palabra, en el marco de la iglesia religiosa. Se trata de morir a la carne y vivir EN Cristo. Se dice que un día un grupo de hombres llegó a la casa de Lutero a conocerlo. Golpearon y cuando ese hombre salió, le preguntaron: ¿Aquí vive Martín Lutero? ¡Y era él el que los atendió! ¿Sabes que le respondió? No. Martín Lutero murió, ¡Cristo vive aquí, ahora! ¿Cuántos podremos decir lo mismo?