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Libertad

¿Quién no se ha dado cuenta, lo reconozca o no, lo diga o no, que la iglesia del Señor anda hoy tratando de nadar en un muy agitado mar de confusiones? Se predica tanto en una dirección y otra que muchos, a favor de un cierto grado de comodidad y haraganería nuestra, es como que no tienen la certeza, pese al tiempo que llevan en el evangelio, si están andando o no, por el camino correcto. Súmale a esto la falta de oración y conocimiento de la Palabra y te vas a encontrar con una amplia, (Demasiado amplia, te diría), franja de creyentes derrotados, apáticos, rutinarios y alejados de ser todo lo más que vencedores en Cristo Jesús que asegura la Escritura. Te diré que la primera llave maestra que abre el acceso al conocimiento de la Verdad, que es lo que verdaderamente nos hace libres, radica en una pequeña preposición. ¿Recuerdas algo de la gramática de tu colegio? Preposición: Parte invariable de la oración cuyo oficio es denotar el régimen o relación que entre sí tienen dos palabras o términos a los que sirve de nexo:

Porque cuando recibimos la Gracia de la Salvación por medio de la Conversión, todos o casi todos supimos de qué cosa nos habíamos salvado, pero lo que no siempre llegamos a tener muy en claro es para que nos habíamos salvado. Durante una larga generación hemos estado manteniendo la letra de la verdad, mientras que, al mismo tiempo, nos hemos estado alejando de su espíritu, esto es: del espíritu de esa verdad. Porque nos hemos preocupado más en el de que nos hemos salvado que dé el para qué hemos recibido esa salvación. Está más que claro que hemos sido salvados de nuestros pecados pasados. Con esos pecados, queda también bien en claro, ya no tenemos más nada que ver. Tienen que ser olvidados porque Él los ha olvidado. En cuanto a lo de qué hemos sido salvados, es de la ira venidera. Esa ira sigue existiendo, pero ya no tiene nada que ver con nosotros.

Es decir que, cuando pensamos en el de que nos salvamos, solamente estamos pensando en lo negativo y absorbernos en ello, es vivir negativamente. Y muchos creyentes viven permanentemente en ese estado. Dentro del camino de la fe es todo un arte saber olvidar. Si no lo logramos, estaremos condenados a no dejar de ser niños en Cristo. Si no podemos confiar en que Dios se haya ocupado adecuadamente de nuestras basuras pasadas, entonces es mejor darnos por vencidos y terminar con todo. Cincuenta años, lamentándonos de nuestros viejos pecados, no nos van a librar de ellos. Si Dios nos perdonó y nos limpió, el asunto está concluido. Leemos en la Biblia, aunque en lo humano no podamos imaginarlo ni entenderlo, que los que están en el cielo no descansan ni de día ni de noche en su adoración al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: todos recibiendo la permanente adoración de sus hijos.

Ahora bien: si nosotros decimos y aseguramos (Y en muchos casos aún hasta lo cantamos), que vamos caminando hacia ese lugar, ¿Por qué no empezamos, entonces, desde ahora mismo, a adorar en la tierra en la misma forma que vamos a adorar en el cielo? Y ahora la pregunta más filosa, más áspera o ríspida: ¿Tú sabes lo que verdaderamente es Adoración? ¿De verdad lo sabes o te limitas, como una enorme mayoría, a relacionarlo con esa música lenta que llega a continuación de la rítmica a la que conocemos como Alabanza? Escucha: la música está incluida en la Alabanza y la Adoración, pero no es excluyente. Estamos viviendo en un tiempo cuando los hombres buscan una cristiandad sin la cruz, y la bendición del Reino sin obligación de respetar las reglas del Rey. Dicho en otras palabras: hay muchísimos dispuestos a ser y a considerarse cristianos, pero que se resisten o evitan pagar el precio espiritual que eso demanda. Son los mismos que evidencian adorar al Rey de reyes, pero no aceptan sujetarse a su autoridad y señorío.

¿Cuántas veces oíste decir a alguien: “Ah, sí, esta iglesia no es mala, pero está muy atada a las leyes; es muy legalista”? Dentro del inocultable despertamiento experimentado en la iglesia de mi país a fines del siglo pasado, hubo una natural puja entre renovados, renovadores, ortodoxos y ultraconservadores, yo, muchas veces lo dije y todavía lo sostengo: Sigo pensando con total convicción y certeza que, vivir la fe de un modo legalista a ultranza, minimizando u omitiendo la Gracia, jamás nos podrá llevar a ningún lado, porque elegimos vivir bajo maldición en lugar de recibir la bendición. Pero no menos cierto es que no podemos permitir ni aceptar que ese árbol nos impida ver el bosque.

¿Qué quiero decir? Lo que está sucediendo, ni más ni menos. Así como es inaceptable que muchos, con una Biblia debajo de su brazo, ejecuten sentencia de muerte sin la menor misericordia para con hermanos que han tropezado o han caído, así también tendré que decirte que, avalados por una misericordia que aparentemente daría para todo, muchas congregaciones se han vuelto altamente permisivas y tolerantes con el mismísimo pecado. Cuidado. Nunca te olvides que Satanás, cuando ya no puede frenarnos, trata de acelerarnos. En suma: es tan grave esa especie de ahorcamiento espiritual al que muchos han sido sometidos en tantas y tantas congregaciones, – Hasta el punto de terminar arrojándolos fuera, a veces, hasta del evangelio -, como la total y absoluta pasividad despreocupada y alegre para con aquello que Dios, hoy, al igual que siempre, sigue aborreciendo infinitamente: el pecado. Dicho con total claridad: LIBERTAD NO ES LIBERTINAJE

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diciembre 30, 2023 Néstor Martínez