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Cuestión de Generaciones

El suplantar de la autoridad apostólica y el gobierno establecido por Jesús fue el factor primario, precipitando a la iglesia a un descenso gradual y una lucha de decepción y apostasía que traspasó en la edad oscura. La anulación de la autoridad apostólica a favor de la jerarquía política-eclesiástica llevó a la iglesia a la debacle como un instrumento para implementación del propósito divino, reduciéndolo y convirtiéndolo en un agente demoníaco inspirado con propósito humano. Ningún otro elemento ha sido de mayor causa para el deterioro de la iglesia durante su apostasía corporal que la de suplantar la autoridad apostólica.

¿Y quién usurpa la autoridad apostólica? El obispo. Es evidente que fue un viaje sin retorno cuando Constantino el Grande adopta la religión cristiana, porque allí es donde entra el factor político. Entra el elemento político a la estructura de la iglesia. Porque ahí ya se había dejado de preocupar por saber qué opina Dios, sino que se tenía muy en cuenta qué opinión tenían los gobernantes. Ahí es donde empiezan las contrataciones, que fueron el inicio de la corrupción del corazón de Lucero. Las contrataciones. Las negociaciones.

De hecho, es más que notorio y evidente que el pueblo cristiano, esto es, las ovejas, no tuvieron culpa alguna. En realidad, ellos lo que hicieron fue sujetarse a lo que se estaba imponiendo. Cómo el liderazgo que se torció y que dejó de seguir las instrucciones precisas que el Señor les había entregado. ¿Es que habrá que suponer que se equivocaron los discípulos? A mí me parece que ellos se comportaron con excelencia en su trabajo. Pero, hay un factor que van a ver que siempre es determinante: hubo una siguiente generación de discípulos que ellos levantaron, y ellos fueron tremendamente eficaces.

Hubo una tercera generación que fue la que generó el problema. Abraham, Isaac, Jacob. Es ahí donde aparece la suplantación. En la generación de Jacob. Sólo traten de imaginar lo que era la iglesia en ese tiempo, con tantas culturas metidas bajo el paraguas de Roma. Sólo trata de imaginar la cantidad de lenguajes o idiomas que ellos hablaban y la dificultad que esto significaba. No era nada fácil, no se tenía material escrito. Las cartas de Pablo eran la única herramienta, y no siempre llegaban a todas partes, y no siempre estaban al alcance de todas las iglesias.

 El Espíritu Santo guio a aquellos que estaban atentos a ser guiados. Y fue fiel, como siempre. Pero, entra también el elemento carácter, esa búsqueda de posición de poder y esa tendencia innata en el hombre, a vivir sin que nadie lo controle. Hacer lo que le da la gana, sin tener que darle explicaciones a nadie. No tiene otra lógica la búsqueda del poder, sino es a través del control y la manipulación. Y, por el otro lado, la rebeldía innata.

Entiendo que hay un modelo, que tiene todas las características para ser exitoso y eficiente. Todo lo que no sea compatible con ese modelo, va a seguir haciendo lo que se ha hecho hasta ahora, con altas probabilidades de fallar, y desde allí nos surge un interrogante: ¿Cómo volvemos? Es muy difícil hacer una lista como quien sigue una receta de cocina. Pero, el corazón de todo este declinar apostólico, toda esa pérdida de visión, de identidad, de poder, básicamente se genera en un único factor, que es el de separarte de la dependencia del Espíritu Santo.

Ese es el mal mayor, todo nació de eso. El hombre, aún caído, es tan tremendamente equipado por Dios que es eso, tu incapacidad, la que en muchos momentos se convierte en tu peor enemigo. ¿Quién es alguien que depende? Alguien que se da cuenta que no puede. Alguien que vive con la idea de que no sabe cómo hacerlo. Pero, cuando vas ganando confianza y comienzas a hacerlo, paulatinamente tu confianza te va separando de tu dependencia. El inicio del retorno, inevitablemente será volver a depender del Espíritu Santo. De otro modo ocurriría lo mismo que con la tan promocionada reforma; cambiar un par de instrumentos de alabanza no fue reforma. Reforma es depender del Espíritu Santo, no de nuestra sabiduría humana o nuestras teologías técnicas.

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enero 28, 2023 Néstor Martínez