Estudios » Crecimiento

Las Cosas en su Lugar

Vamos a partir de una base sustancial que nos será muy útil para entender lo que sigue. Todo lo que Dios ha creado, responde a un orden, a un diseño. Es decir que, todo lo que Él ha establecido, está condicionado para funcionar de cierta manera.

La naturaleza proporciona señales más que interesantes respecto a lo que significa e implica oponerse a ella. Desviar los cursos naturales de un río, por ejemplo. Parecería que el hombre consigue su objetivo hasta el momento en que llegan las lluvias.

Allí, al costo de grandes desastres, el río procede a realizar lo que ya estaba preparado y condicionado para hacer, retomar su cauce natural. Y para llegar a este objetivo de su naturaleza, se lleva por delante y arrastra todo lo que el hombre le haya puesto para frenarlo.

El hombre siempre imagina, en su pretenciosa vanidad, que puede modificar las cosas que han sido establecidas de una manera por Dios, sin que haya consecuencias, pero muy pronto aprenderá que no es así y que lo que Dios hizo, si se modifica, sí le trae consecuencias. Y muy graves.

Y si lograra modificar algo y no tener resultados catastróficos, comprobaría a corto plazo que ese cambio no fue de beneficio porque nada funciona correctamente si se lo acciona por fuera de los modos y principios con los que Dios lo había creado o armado.

Eso es exactamente lo que ha pasado con la iglesia. La iglesia ha sido establecida sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, dice la palabra. Hay especialistas que podrían hablar de estos ministerios con mayor autoridad, pero puedo anticiparte que hay diseños que Dios ha establecido al respecto que son inalterables.

Son diseños establecidos para lograr un fin y un objetivo específico. En la Primera carta de Pablo a los Corintios, podemos encontrar nosotros, en el capítulo 12, la que debe ser quizás una de las más amplias exposiciones, acerca de los recursos que Dios ha puesto en la iglesia, para que ella pueda cumplir su tarea.

En este capítulo, se nos muestra cómo el Señor ha sembrado en su iglesia, la semilla necesaria para que se cumpla un propósito. En el capítulo siguiente, el 13, el Señor le habla de algo que parecería que está fuera de lugar o colocado allí de una manera indebida. Le habla del amor.

Y luego, en el capítulo 14, comienza a hablarles otra vez, o prosigue haciéndolo, con los dones. Y allí descubrimos que el capítulo 13 no está por accidente en el medio. La razón por la cual el capítulo 13 está en medio del 12 y el 14, es para establecer que la columna vertebral de todos los dones, ministerios y operaciones, es el amor.

No es casual, en medio de los ministerios y los dones, está el amor.  Cuando una persona comienza a ministrar sin amor, Dios nos libre y nos guarde a todos. Cuando alguien profetiza sin amor, huye. Cuando un pastor pastoree sin amor, sal corriendo de ese lugar.

Cuando un gran apóstol del Señor, un gran ungido de Dios, comienza a dar palabra sin amor, Dios te ayude. Es hora de decir: hasta aquí llegamos. El amor es la base, es la columna vertebral. ¿Sabes por qué? Porque Dios ES amor. NO dice que tenga amor, que lo sienta o lo manifieste; dice que ES amor.

Cuando Jesús muere, Él desciende al infierno, dice la palabra. Y esto obedece a varios elementos. Obedece a una ley, primero. Está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio. Es la consecuencia del pecado, todo hombre debería morir.

Lo que hizo Jesús, entonces, morir y descender al infierno, era algo casi determinante como si fuera por ley de gravedad o inercia. Cuando él desciende al infierno, Él establece varias cosas en el mundo de la oscuridad, que cambiarían para siempre el destino de todos nosotros.

Es un enigma para la gran mayoría, saber qué fue lo que sucedió en esos tres días que Él estuvo en el sepulcro. Su cuerpo estuvo en el sepulcro, claro está, porque Él nunca estuvo en ese sepulcro. Él descendió. El asunto es saber a qué descendió.

Sabemos, por la palabra, que Él fue a predicar a los espíritus encarcelados. Él fue a manifestar la perfecta obra de su gracia, de su cruz, aún en el inframundo. Fue a declarar el hecho consumado de su justicia. De allí que en la carta a los Efesios hay un pasaje que se ha predicado muchas veces, pero que tengo la certeza de que aún no se ha terminado de entender debidamente.

(Efesios 4: 8) = Por lo cual dice: subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres.

(9) Y eso de que subió, ¿Qué es, sino que también había descendido a las partes más bajas de la tierra?

(10) El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.

(11) Y él mismo constituyó a unos, apóstoles, a otros, profetas; a otros, evangelistas, a otros, pastores y maestros,

Algo nos queda claro: Él constituyó apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, después que salió de la tumba. De allí que, bajo esa óptica, es casi inadecuado denominar apóstoles, aunque Jesús los puede llamar así, a los discípulos, antes de Pentecostés. O si lo prefieres, antes de la resurrección.

Porque según este pasaje, donde Pablo nos descorre el velo, después que Jesús se levanta, Él constituye apóstoles, profetas y lo demás. Después que Él se levanta, los constituye. Te diré algo que espero te sea confirmado por el Espíritu Santo que mora en ti.

Los ministerios estaban cautivos en prisiones de cautividad, también. Y una de las cosas que Jesús saca de los inframundos, son los ministerios. Siempre Satanás busca hacer abortar los planes de Dios. Por ejemplo, en el libro de Números, 11:29, Moisés dice, hablando de la gente que tenía celos de lo que él profetizaba:

(Números 11: 29) = Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojala todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos.

Dios no había establecido una casta sacerdotal para servirlo, sino todo su pueblo. Él quería que todo Israel fuese una nación de reyes y sacerdotes. Ustedes conocen la palabra, y saben que por causa de la rebelión y la dureza del corazón de ellos, el Señor escoge a una familia para el trabajo sacerdotal.

Pero el propósito de Dios, era que todo Israel fuera profeta. Entonces, a causa del pecado, el pecado se llevó cautivo el propósito de Dios a la profundidad. Es un tesoro que el pecado lo lleva a lo profundo. Tan profundo como el pecado, quedan también los propósitos de Dios.

Cuando Adán peca, cuando los hijos de Coré pecan, cuando la nación peca, no solamente es el pecado de un hombre, o de una familia, o de una tribu. Es el pecado que hace abortar los propósitos de Dios por generaciones.

Si tú fallas en realizar lo que Dios tenía para ti, Dios va a tener que esperar otra generación para poder cumplir con su propósito. Él no tiene un plan “B” o alternativo. Él no dice que si le falla Fulano echa mano a Zutano. No, Él no funciona así.

Él nos ha escogido desde antes de la fundación del mundo, para cubrir una tarea. Si no la podemos cumplir, Dios va a tener que esperar a otra generación, que se levante gente con un espíritu más dócil, que pueda cumplir lo que el Señor quiere.

Él no te va a obligar a hacer algo que tú no quieras hacer. El pecado sumergió en la profundidad a los ministerios. Los ministerios son el propósito de Dios. Cuando Jesús desciende al infierno, va a sacar el tesoro que había sido robado.

Y es por eso, dice acá, que llevó cautiva la cautividad, y dio dones, dio regalos, a los hombres. ¿Cuáles son los dones? Capítulo 11, Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores y Maestros. Esos son los dones.

Los ministerios, son los dones de Dios para el resto de la iglesia. ¿Por qué? Porque el propósito que Dios tiene, está expresado en el verso 12. A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.

Ahora voy a tratar de ponerlo lo más en claro que me sea posible. Hay un solo ministerio: la edificación del cuerpo de Cristo. Ese es el ministerio supremo. Para poder cumplir ese ministerio, que lo tienes tú, lo tengo yo y lo tenemos todos, necesitamos los ministerios que Dios ha dado.

Vamos a suponer que estos cinco que hemos visto sean los únicos, aunque hay más. Se necesitan apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, para que la iglesia sea equipada, para que el ministerio, sea establecido. ¿Y cuál es el ministerio? La edificación del cuerpo de Cristo.

A la luz de esto, podemos examinar un paradigma. “Todo lo que no edifica, destruye”. A veces hacemos cosas, en las iglesias, que tal vez no son malas, pero que no edifican. Debo decirte, lamentablemente, que si no edifican, esas cosas destruyen. Así de contundente.

Todo lo que los cristianos hacen en la iglesia debería estar circunscripto a la edificación del cuerpo. A la luz de eso, quizás habría que revisar el cancionero proliferante en las congregaciones. ¿Todas las canciones edifican? Otras actividades tales como disfraces, concursos, teatro, deportes; ¿Edifica? ¿O simplemente entretiene y mantiene ocupada a la gente?

Porque la base central de lo que Dios nos ha llamado a hacer, gira en torno a esto, la edificación del cuerpo. Somos un edificio de Dios; somos su casa que está siendo construida para morada Suya. Cuando Jesús desciende al infierno, el saca el que probablemente era el más hermoso tesoro que Satanás había robado.

¿De qué te sirve traer gente a la iglesia si no le explicas para qué vinieron? Un ex drogadicto recuperado, una ex prostituta restaurada. Ninguno de los dos sabía lo que hacía cuando andaba en el mundo y el pecado. ¿Y hoy? Hoy están en la iglesia, pero tampoco saben muy bien para qué están allí.

Hay familias enteras que hace veinte años que están sentadas en las iglesias sin saber para qué. Entonces para el diablo no es un problema que una persona venga al conocimiento de la verdad. Él no está en contra del evangelismo. ¡Está escrito que el evangelio va a llegar a todas las naciones, no puede evitarlo!

De lo que sí está en contra él, y si puede hará lo que sea para anularlo, es que cada persona conozca su propósito. Créeme, hay miles de cristianos diseminados a lo largo y ancho del planeta que desconocen absolutamente su propósito, aunque conocen a Jesús.

¿Por qué? Porque en la iglesia se han olvidado de los ministerios que equipan para el ministerio. Cuando una persona llega a una iglesia, lo primero que debería aprender es para qué está allí. Cuando Jesús sale de la tumba, Él sale glorioso y con el tesoro en sus manos.

Y lo primero que hace es repartirlo entre los hombres. En el libro de los Hechos, en el primer capítulo, Él les da la promesa concreta y la instrucción. Les dice que no se vayan de Jerusalén. Porque necesitan algo para cumplir la tarea, necesitan poder.

En el capítulo 2, el poder viene. No necesitaban más que eso, la tarea puede comenzar. Y la iglesia, establecida sobre los cinco ministerios, empieza a moverse. Los primeros son llamados Apóstoles. Escuché una hermosa relación con los cinco sentidos que permite entender todo con claridad.

Los apóstoles son como el sentido de la vista. De todos nuestros sentidos, la vista es el que tiene más largo alcance. El ministerio apostólico, son los ojos del cuerpo. Trae visión y propósito. Cuando quieres caminar con los ojos cerrados, ¿Qué se supone que ocurre?

Seguramente vas a tropezar y quizás hasta caer. Y probablemente, algunos de esos golpes pueden llegar a ser muy duros y hasta mortales. Eso es, puntualmente, lo que ha sucedido con la iglesia a través de todos estos años, por no permitir que el ministerio apostólico ingrese y opere donde debe. Y no hablo de pseudo apóstoles de ocasión, hablo de enviados de Dios, esto es: apostellos.

Por años hemos caminado sin saber exactamente por dónde íbamos. Nos golpeábamos a cada momento, incluso entre nosotros mismos. Y encima, decíamos muy sueltos de cuerpo que estábamos edificando el cuerpo de Cristo. ¡Ignorantes!

El ministerio apostólico, dicho así con prisa y sin profundizar demasiado, es un compuesto de todos los otros ministerios. Pedro, Juan, Pablo, ellos eran apóstoles, ¿No es cierto? Pero, por ejemplo, ellos también eran maestros, y eran también evangelistas, y pastores, o profetas. Hicieron un trabajo que abarcaba todo.

Eso no quiere decir que un apóstol deba tener necesariamente los otros ministerios. Hay un rasgo que caracteriza al apóstol, sobre todos los otros ministerios. Eso se llama autoridad. Hablo de esa autoridad que todos discernimos sin que el poseedor haga gala de ella.

Y esto no tiene que ver solamente con una especialidad, sino también con una función. ¿Qué quiere decir esto? Que los apóstoles son enviados para ser los edificadores. No deja de ser un problema tener un apóstol cerca.

Porque mientras la mayoría andamos con la boca abierta de todo lo lindo que estamos viendo dentro de nuestros templos, el apóstol está viendo y prestando suma atención a los fundamentos. Él mira lo que los demás ni miramos.

Y entonces, un día, en medio de una de esas celebraciones multitudinarias y bulliciosas, él se te va a acercar y te va a decir: “Mira, creo que esto que has levantado no te va a aguantar un viento fuerte”. Y eso no te va a resultar simpático, te lo aseguro.

Mientras todos aplauden la calidad de la actividad que terminan de hacer, él se va a quedar pensativo y va a decir: no, no estuvo bueno, nos salimos por mucho del propósito de Dios. Esto no sirve. Una monada.

Son constructores por excelencia. Por eso es que la palabra te dice: Y puso Dios primeramente apóstoles. Y la palabra “primeramente”, en griego, es proton, un vocablo que nos habla de algo primero en orden o prioridad.

El rasgo del apóstol está en Gálatas 4:19. Dice Pablo: Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros. Ese es el rasgo del apóstol. Hijitos míos, sufro dolores de parto por ustedes.

A veces pensamos que una persona que tiene una iglesia muy grande, o que tiene varios pastores subordinados a él, automáticamente es un apóstol, pero eso no es cierto. Lo que si puede ser de manera automática, es un buen administrador. Y suele confundirse a un buen administrador con un apóstol. Nada que ver. Pero nada que ver.

Hay gente que tiene una enorme influencia entre los pastores, tal vez porque está en una gran organización o una voluminosa denominación, pero de ninguna manera eso puede significar que, de hecho, ellos sean considerados como apóstoles.

La verdadera unción apostólica, inspira a la iglesia a acercarse al Señor. A contemplarlo, a ser formado conforme a su imagen. El apóstol tiene una visión tan clara que, lo que hace, es empujar a la gente hacia el Señor, en una dimensión que para los otros ministerios les resulta imposible.

El ministerio pastoral que conocemos, por ejemplo, está enfocado mucho más en la gente que en Dios. El ministerio apostólico está enfocado en el edificio bíblico, en el fundamento, en el propósito. Por ese motivo ellos empujan a la iglesia en esa dirección. Y lo curioso es que no todos quieren ir.

Ellos traen reforma. Tú no puedes entender a un apóstol sin reforma. Cada vez que Dios levanta apóstoles, es para reformar algo. Y, obviamente, van a ser combatidos y batallados; toda la religión se levanta contra ellos. ¿Por qué? Porque reforma significa cambio, y la religión se fundamenta en la tradición, y la tradición no acepta cambios.

Ellos tienen autoridad para derribar y tratar errores muy fuertemente. Ellos pueden confrontar los errores con una autoridad muy impresionante. No tienen temor para decir las cosas que hay que decir. Las dicen porque deben y no porque eso les convenga o deje de convenir. Piensan en el Reino, no en ellos.

(Proverbios 24: 3) = Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará; (4) y con ciencia se llenarán las cámaras de todo bien preciado y agradable.

Eso es lo que ellos traen. Hay una capacidad natural de liderazgo tremendo en sus vidas. Si un apóstol genuino te lidera, tú no lo sufres, lo disfrutas. Traen revelación a la iglesia, traen reforma y traen reconstrucción. Traen juicio y justicia de Dios a las naciones.

Juzgan los poderes del ocultismo, traen el fundamento principal a la casa de Dios, ministran con pasión y autoridad y poder de Dios. Su unción establece, confirma y fortalece a los creyentes. Establecen doctrina genuina, tren orden, disciplina y amor.

Operan en la esfera de los cinco ministerios, confrontan al legalismo y a los falsos sistemas religiosos, son reparadores de la brecha, proyectan la visión y comprensión de lo que es el cuerpo de Cristo. Por su unción viene la impartición de dones y ministerios.

Traen señales y maravillas, tanto a la iglesia como a los pueblos. Ministran la plenitud del Espíritu Santo, traen las estrategias en la guerra espiritual y movilizan a la gente. Ministran en oración, intercesión y el establecimiento de la palabra. Son parte fundamental para establecer el Reino de Dios.

Lo que sucede es que nos hemos criado como hijos huérfanos, y cada uno trata de hacer lo que puede. Ninguno de los cuatro ministerios restantes está llamado a tener visión. No digo que no la tengan, digo que no es un rasgo habitual en ellos. Ministerio Apostólico. La Vista.

Segundo ministerio: el ministerio profético. Es el que está más habilitado para escuchar. De allí que, de esos cinco sentidos con los cuales estamos representando a la iglesia conjunta, el ministerio profético está simbolizado por el Oído.

Y es interesante, porque entre el oído y los ojos hay una relación muy especial. Hay una relación muy estrecha. Tú caminas distraídamente por la calle y de improviso oyes un ruido desconocido a tu derecha. ¿Qué es lo primero que haces? Giras la cabeza y miras.

Eso nos muestra que hay una estrecha relación entre lo que escuchamos y lo que vemos. Por eso es que apóstoles y profetas, operan juntos. ¿Un apóstol puede no tener profetas? Sí, pero un profeta no puede funcionar sin apóstoles.

Mucha gente confunde al ministerio profético con la unción profética, o con el don de la profecía. El hecho de que en 1 Corintios 14:31 diga que todos podemos profetizar, no significa que todos seamos profetas. Todos podemos profetizar, pero no todos somos profetas.

El Señor ha dicho en Hechos 2:17, que en los postreros días Él va a derramar de su Espíritu sobre toda carne, y que nuestros hijos e hijas profetizarán. Pero eso no significa que ellos sean profetas. Porque dic que profetizarán, no que serán profetas.

Entonces, no necesariamente la función es el ministerio. El hecho de que tú repares un auto, no significa que tú seas mecánico. La función no implica la profesión. Que tú aprendas a hacer pan y lo hagas en tu casa para tu familia, no significa que seas panadero.

Porque eso significa que puedes hacerlo porque eres hábil con capacidad y talento, pero no que esa sea tu especialidad. Hoy hay mucha confusión, demasiada. Hay demasiada gente que dice tener un llamado de Dios que en realidad apenas es un deseo personal arraigado y activo.

Hay muchas maneras en las que una persona recibe palabra profética, pero independientemente de esto, el ministerio profético está bajo control de Dios, no de hombre, credo, religión o denominación. Dios ha guardado mucho a los profetas, y Satanás los ha buscado para matarlos.

Nada hay más efectivo para el plan de Satanás que tener a los profetas muertos. ¿Por qué? Porque si los profetas están muertos, no hay quien escuche la voz de Dios. La queja en la Biblia era, en el Antiguo Testamento: “Señor, han matado tus profetas”.

Ahora toma nota de esto: cuando digo que el profeta es básicamente oído, estoy diciendo algo mucho más que importante. Estoy diciendo que el profeta, más que para hablar, hablar y hablar, como hacemos la mayoría de los ministros, está para escuchar.

Mucha gente ha sido levantada para ser profeta, ¿Y sabes cuál fue su error, su ruina? Tratar de enseñar. Los profetas no están hechos para ser maestros. Normalmente son muy malos maestros. Pero el principio y el fin del ministerio profético es cuando ellos tratan de empezar a hablar más que escuchar.

La especialidad del ministerio profético es tener un oído muy fino. En Mateo 23:34, dice: Por tanto, he aquí yo os envío profetas, sabios y escribas. Y eso me empieza a mostrar cómo opera el ministerio profético. Los profetas solos no funcionan, ellos necesitan sabios y escribas que los acompañen.

Porque normalmente un profeta no sabe lo que dice. No está programado para entender lo que Dios está haciendo, está programado para escuchar. Lo que él debe hacer es escuchar y después ir con los sabios y los escribas y decirles: “El Señor me acaba de decir esto”.

Y luego debe volver a su posición de escuchar. Eso lo obliga al profeta a funcionar en equipo. ¿Y sabes qué? Eso es lo que más detesta hacer cualquier profeta: depender de un equipo. Porque si por él fuera, manda de paseo a todos los demás y se mete al infierno a pelear solo.

Y eso es, exactamente, lo que está esperando Satanás; que se meta solo. Porque profeta solo, es profeta vencido. El Señor dice: Enviaré profetas, sabios y escribas. Es curioso, pero los profetas de Dios tienen palabra para mucha gente, menos para ellos.

Es como ese hermano que tiene don de sanidad y tiene que ir al dentista. Acaba de salir de un culto donde el Señor sanó huesos, levantó paralíticos y emplomó muelas, pero él tiene que ir al dentista si quiere poder dormir esta noche.

Los profetas son enviados para traer palabra y revelación del Señor. Los sabios tienen la sabiduría que edifica. Son el ministerio apostólico. Un rasgo que también tiene el profeta, es la autoridad. Los profetas son levantados para derribar reinos satánicos.

Están ungidos para destruir las obras de Satanás. Su unción destruye lo carnal, lo pecaminoso, lo demoníaco en la iglesia. Los profetas traen pureza y santificación a la casa del Señor. Por eso el sistema religioso los odia.

Los profetas traen revelación de la palabra de Dios y de los propósitos de Dios. Afirman la identidad de cada cristiano en la iglesia. Su unción construye o edifica el cuerpo de Cristo. Su unción activa el don de la profecía en la gente.

La unción profética planta a los hijos de Dios y los hace florecer en la casa del Señor, que es el conjunto, no el templo. Los profetas inician el modelo divino de oír su palabra. Traen confirmación de la palabra, desatan la alabanza y la adoración, porque no hay profeta que no ame la alabanza.

Activan los dones de fe, milagros y sanidades. Lideran dones y talentos, y operaciones del Espíritu Santo. Traen fortaleza y nuevas fuerzas a los creyentes. Traen restauración de la palabra, unción y gozo del Espíritu Santo.

Desatan en el espíritu unción de victoria y conquista en la iglesia. Lideran la unción de guerra espiritual estratégica en el pueblo de Dios, traen prosperidad en todas sus facetas, incluida la financiera. Porque eso es lo que dice: Escuchad a mis profetas y seréis prosperados.

Destruye la oposición satánica, liberan el poder de la resurrección, tren el fuego del Espíritu Santo a la iglesia. Traen temor por la Presencia Santísima de Dios. Cuando no hay profeta en la iglesia todo el mundo anda distraído y alejado del ambiente espiritual que Dios quiere sembrar.

Todo ese desorden y apatía e indiferencia concluyen con la presencia de un profeta. Porque este llega y de inmediato saca su espada ungida. No puedo explicar cómo lo hacen, pero desatan reverencia en los lugares de reverencia.

No confundir reverencia con legalismo, por favor, nada que ver una cosa con la otra. Porque un grupo de gente puede estar quietecito y en ordenado silencio, pero no reverente. Y si quieres una muestra de esto, verte a un cementerio. Ahí todo el mundo está quietecito y ordenado, cada uno en su lugar y sin moverse. Pero no existe reverencia porque no existe vida.

El ministerio del evangelista. Este se relaciona con el sentido del tacto. Si en un grupo no hay evangelistas ungidos por el Señor para ese ministerio, no puedes abrazar a la gente. No puedes darles la mano. No puedes expresar contacto.

Imagínate una persona cuyas manos están sujetas o maniatadas. Puede ver, puede escuchar, pero no tiene capacidad de alcance. La ausencia del ministerio evangelístico en la iglesia trae un endurecimiento en el corazón.

La gente se hace indiferente a la necesidad. Estamos muy cerca de la parábola del buen samaritano, pero sin samaritanos. Porque podemos pasar en medio de los necesitados sin que nos importen. Y hasta somos capaces de fastidiarnos si nos demoran porque estamos yendo al templo…

Es muy triste esto, pero es verdad. En el Nuevo Testamento encontramos por lo menos a veinte personas a las que se las refiere como apóstoles. A unos pocos se les llama profetas. Y sólo hay uno al que se le llama evangelista, se llamaba Felipe.

Sin embargo, Timoteo fue instruido por Pablo para hacer la obra de evangelista, según 2 Timoteo 4:5. Aunque luego nunca fue llamado evangelista. La palabra griega para traducir estos versos como evangelista, significa mensajero, o portador de buenas nuevas.

En cierto sentido, los apóstoles también eran evangelistas, o sea: portadores de buenas nuevas. No obstante, esa era una sola de sus tareas. En cambio, en el caso de Felipe podemos ver algo sumamente interesante.

Este Felipe, fue nombrado con Esteban, como uno de los siete diáconos de Jerusalén. Es un ejemplo único. En el Libro de los Hechos, capítulo 8, podemos ver cómo funcionaba esto. Hay un gran avivamiento en la ciudad: hay un despertar poderoso del Señor en Jerusalén, hay señales, prodigios, en fin; algo hermoso.

Era como para que nadie se mueva de Jerusalén, pero: ¿Sabes qué es lo que hace el Espíritu de Dios? Habla a un evangelista, y lo saca de esa atmósfera tan cómoda, tan hermosa, y lo lleva hasta el otro lado a buscar a un hombre, uno solo.

A un solo hombre, en el desierto, que quería ser salvo. Esa es la sensibilidad del evangelista; él puede dejar la fiesta en lo mejor, para ir a buscar a uno que está extraviado. Él es guiado por el Espíritu a salir de esa atmósfera de comodidad.

La tarea de evangelista, es la que nos va a servir muchísimo para el tiempo que viene. El problema está en que en las iglesias se han armado grandes equipos de evangelistas, pero son muy poco eficaces. Y te digo por qué.

En primer término, si bien es cierto que toda la iglesia debe evangelizar, sabemos que no todos son evangelistas. Todos podemos enseñar, pero no todos somos maestros. Todos podemos brindarle máxima atención y cuidado a alguien, pero no todos somos pastores.

Hay un rasgo que debe acompañar a los evangelistas. ¿Cuál es? Señales y prodigios. Si hay una persona que tiene pasión por los perdidos; su corazón arde por evangelizar, pero no lo acompañan las señales y los prodigios, una de dos: o no es evangelista, o nadie ha activado esos dones dentro de él.

Y estas señales seguirán a los que creen. Ahora, ubícate; esta persona que tú estás imaginando como evangelista, que tú sabes que tiene un corazón por ganar, imagínate que esa persona tenga dones, milagros que fluyen de él. Eso lo haría completo.

Bajo esa óptica hemos tratado de ganar a la gente que no conoce al Señor, con el evangelismo, pero sin señales. Pero debemos ver algo que es muy curioso aunque no se predica: Jesús usó señales. Si Jesús usó señales, ¿Tú crees que los evangelistas del siglo veintiuno no las necesitarían?

Date cuenta, hermano; las señales están puestas por Dios, para traer la revelación de la persona divina de Jesucristo, para traer la manifestación del poder de Dios. Un evangelista sin dones, sin señales, es un evangelista desarmado.

¿Tú crees que eres un evangelista? – Sí. – Bien, entonces vamos a activar ya mismo esos dones. Vete ya mismo dos o tres meses a los hospitales. – ¿Para qué? – Para comenzar a activar tu don de milagros. Eso es hacer a un evangelista competente.

¿No hacen esto mismo los estudiantes de medicina en sus últimos años de carrera? Claro, lo hacen desde la ciencia, pero tú tienes otra vocación, otro llamado. Tú eres evangelista y necesitas orar por los enfermos. ¿Y adónde encuentras a los enfermos por docenas?

El estudiante no se la pasa solamente leyendo libros. Esa es una teoría necesaria, pero insuficiente a la hora de ejercer su profesión. Él tiene que tomar contacto con los enfermos y ver en la práctica el éxito de su estudio. Un evangelista tiene la misma posibilidad con el mismo resultado.

Normalmente, los profetas no son muy buenos evangelistas. Pueden llegar a traer gente al camino, pero me temo que va a llegar un poco mutilada. Aunque ellos puedan evangelizar, no es su especialidad, y se nota. Por eso siempre se dice que el ministerio evangelístico, son las manos de la iglesia, el tacto.

Pero no solamente eso. Porque nosotros pensamos que el sentido del tacto tiene que ver solamente con las manos. De allí que muchos pensemos que el ministerio evangelístico es la piel. Porque percibe lo que le rodea de un modo que para los ojos sería imposible.

¿Qué es lo que vemos todos en primera instancia de la gente? Su piel. De allí que la gente que no conoce al Señor, con los únicos miembros del Reino de Dios que tendría que tomar contacto, es con los evangelistas. Con los demás puede sufrir algún impacto negativo.

Pero quiero volver a algo que he dicho antes: el centro de los ministerios es Corintios 13. Eso quiere decir que si los evangelistas, que son los que van a tener más contacto con el mundo, no tienen amor, no tienen lo básico y elemental para comenzar a ministrar conforme al propósito de Dios.

Creo que ya has entendido la idea. El mundo impío, pagano, incrédulo y pecador va a reconocer al pueblo de Dios, por intermedio de los evangelistas, porque va a descubrir en ellos un grado de amor que definitivamente no conoce y conocerá en el ambiente espiritual en el que vive.

Hoy estamos en un tiempo donde hay demasiadas modas incorporadas a la llamada iglesia. Algunas de ellas, apuntadas al crecimiento, podrán ser buenas o malas, no las discuto. Pero con esas técnicas no se está creciendo por amor, se está creciendo por competencia.

Y creo que ya lo debo haber enseñado más de una docena de veces en diferentes trabajos, pero nunca está demás reiterarlo. En el Reino de Dios no se crece por competencia, se crece por cooperación. Y como Cristo y la iglesia es un matrimonio, de paso te digo que en tu matrimonio también es así.

Lo malo de la competencia es que convertimos a la gente en números, cuando todos sabemos que el mismísimo Dios jamás lo pensó de esa forma. ¿Estarán los creativos creadores de esas técnicas celulares conscientes que están haciendo algo en nombre de un Dios que jamás haría eso?

Porque la gente, individualmente son vidas que tienen, en cada caso, un propósito divino marcado a cumplir si dan el paso de obediencia. Un evangelista es el encargado de traer a un incrédulo al camino de la fe, pero luego tendrá que venir otro a mostrarle para qué ha sido traído allí.

Entonces, tú tienes un grupo de gente con un excelente equipo de evangelistas que te traen a montones por semana, pero si no tienes maestros, pastores o profetas que otorguen contenido y dirección a esas vidas, así como llegaron se van. Y lo peor, se van a donde estaban, porque todavía no habían echado raíces suficientes como para intimar con Dios sin intermediarios.

Te doy un ejemplo: en la mayoría de nuestros países, la población evangélica ha crecido tremendamente en los últimos veinte años. No sé cuál será el porcentaje en tu país, pero en el mío te puedo asegurar que no es menor. Y sin embargo, pese a eso, no veo que en algunos de estos lugares ese porcentaje haya producido impacto en las comunidades o las sociedades.

Alguien decía, por ejemplo, que un noventa y siete por ciento de personas en el mundo ha visto, al menos una vez en su vida, una propaganda de coca-cola. El sesenta por ciento de ese mismo mundo, ha probado una coca-cola.

¿Qué quiero decir con esto? No pienses que soy blasfemo ni hereje, pero si Jesús le hubiera delegado a la coca-cola la predicación del evangelio, de acuerdo con estas cifras, le hubiera resultado más efectivo que lo que ha hecho la iglesia hasta hoy.

Quiero que entiendas bien lo que te estoy diciendo, no quiero que salgas a decir que “el hermano dijo”. Lo que quiero decir es que, el hecho de que seamos muchos, no significa que estemos afectando. Hay veces que pensamos que si se convierten doscientas mil personas, la historia de una ciudad va a ser diferente, pero no; tal vez sea peor.

¿Por qué? Porque si no hay un entendimiento que acompañe a la salvación, poco o nada podemos hacer para establecer el Reino de Dios. Bajo esa óptica, yo no tengo como principal objetivo simplemente evangelizar, sino evangelizar y establecer.

Esa es la visión correcta. Los traigo al camino, pero les pongo un fundamento que los direccione y los traiga al Reino de Dios. No puedo dejarlos sentados en bancos cantando coritos y esperando vaya uno a saber qué cosa que sus imaginaciones les muestren.

¡En Argentina son muchísimos evangélicos! Ah, sí, ¿Y con eso? ¡Tenemos que evangelizar Argentina! Ah, sí, ¿Y para qué? ¿Adónde los vamos a llevar? Ese es el freno, ¿No es cierto? Entonces, ¿Por qué hay esa clase de confusión?

Porque los ministerios que traen dirección, que son el profético y el apostólico, han sido guardados. Han sido sepultados por años. El diablo no se hizo problema. La clase de apóstoles y profetas que andan por los templos predicando más de lo mismo, no le preocupa.

Pero ahora algo está cambiando. Está soplando un viento de parte de Dios que tiene aroma a reforma. Y esto no nace de ninguno de los hombres que la andan enseñando o preanunciando. No es una idea antojada de Néstor Martínez. Es un viento desatado a las naciones.

La iglesia, como tal, se está dando cuenta que necesita otro tipo de ministerios. Que no todos han nacido pastores. Incluso, que un pastor bíblico no tiene nada que ver con un pastor actual. ¿Quién desarma eso, aunque se sabe más que claramente que no ni bíblico ni aprobado por Dios?

Hoy día hay un viento de reforma que está recorriendo las naciones. Desde las naciones más prolíficas en creyentes hasta las más escasas saben que lo que viene necesita de algo muy diferente a lo que tenemos. Y que esto que hoy tenemos no nos va a servir de nada para eso que llega.

Necesitamos establecer los diseños que hemos perdido en el camino. Una iglesia donde no se esté hablando de ministerios proféticos, donde no se habla de separar por especialidades a la gente, es una iglesia que está destinada a desaparecer.

Hace veinte años atrás, una persona podía más o menos vivir aunque no tuviera una profesión. Hoy día eres licenciado, y con las crisis económicas existentes, no sirve de mucho. Porque todos los currículum que se presentan llegan con maestrías o doctorados.

Antes, terminar un estudio de cinco años de una licenciatura era lo máximo, pero hoy es apenas el principio. No hay una sola universidad, hoy, que no te esté hablando de post grado. Tú llegas a una empresa y le dices que eres economista, ¿Sabes qué te preguntan? Qué post grado tienes.

Hace veinte años no existía el mismo requerimiento del mercado que hoy tenemos. Una muy simple para las damas. Para ser secretaria, hace no tantos años, tú debías saber dactilografía, taquigrafía y algo de ortografía. Hoy si no sabes ofice de última generación en informática, más inglés, ni te presentes a concurso.

Cuando yo trabajaba de periodista gráfico, escribía mis artículos en una vieja Olivetti toda desvencijada. Mi texto pasaba por un par de jovencitas muy bonitas que me lo desarticulaban con una corrección precisa y exigente de ortografía y sintaxis, y recién luego de su Ok. pasaba a linotipos, diagramación e impresión. Todo mientras yo ya estaba tomando un café en el bar del diario.

Hoy, si un periodista gráfico no maneja con presteza y velocidad su propio ordenador, diagrama e inserta en el paquete total su trabajo y conoce diseño gráfico a la esencia de calcular en qué sector del ejemplar será más lucida su nota, no tiene futuro. Y no importa demasiado si tiene talento o no.

Ahora dime: ¿Tú has establecido todos estos cambios? ¡No! Estamos en una dirección tremendamente rápida, estamos en una carretera a ciento cincuenta y subiendo. La iglesia, también. Ahora bien, el punto es este: no estamos tomando cosas nuevas.

Estamos recuperando lo que hemos perdido en el camino. Los pastores, ¡Oh, los pastores! ¿Sabes? De los cinco sentidos que tenemos, los pastores son el olfato. ¿Qué pasa cuando tú estás un poco resfriado, cuando tu nariz está congestionada; ¿Cómo sientes la comida? ¡No tiene gusto a nada!

Te da lo mismo comerte un jugoso bife de carne argentina que masticar un corcho. El olfato es vital. ¿Has visto alguna vez a esos hombres que son pastores, pastores? Tienen un olfato bárbaro. Miran la gente nueva y, por el aroma ya detectan los futuros problemas.

Vamos a ver, de los cinco ministerios, ¿Cuál es el más popular? ¿Y sabes qué? En la Biblia no hay una sola palabra, ni una sola mención en todo el Nuevo Testamento respecto a un hombre al que se le llame pastor. ¡No hay!

Andamos bien al revés, nosotros. Llamamos a todos pastores y no hay una sola persona a la que se le llame pastor, en la Biblia. Obviamente que lo fueron por la función que cumplieron, se nota. Pero a nadie se le titula, específicamente, pastor.

Hay como veinte personas a las que se les llama apóstoles, un par de personas a las que se les llama profeta, una sola a la que se le llama evangelista, pero ninguna que se le llame pastor. Aparece este título en Efesios 4:11 y nada más.

Más, sin embargo, podemos ver por Jesucristo, lo que es ser pastor. Él habló del pastor. Del verdadero pastor. ¿Definición de un pastor? Pastor es alguien que cuida los rebaños. La palabra pastor es en el original poimen, que significa “alguien que asegura su sustento y su protección”.

Aunque es el título más conocido, es el menos ejecutado a cabalidad. Vas a visitar iglesias donde todo el mundo se está muriendo de hambre. ¿Y sabes qué? El rasgo principal de un pastor es que nunca le falte comida a su rebaño.

Hay pastores que acusan a otros de ladrones porque les roban sus ovejas, pero cuando tú hablas con esas ovejas, descubres que nadie se las robó, que ellas se fueron utilizando sus propias patitas. ¿Sabes por qué? Porque vieron que había una pequeña diferencia. Allá hay un pasto de sesenta centímetros y aquí andaba entre hojarasca seca.

Siguen comiéndose la comida de diez años atrás. Nadie se roba ovejas flacas, se están yendo solas. Si la oveja está bien alimentada y feliz, jamás pensará siquiera en cambiar de lugar. Las cercas o verjas en el Reino de los Cielos, no existen. Nadie está preso allí.

Porque no existen límites, no existen sogas que digan: este es mi terreno. No existe eso en el Reino. La oveja reconoce la voz de su pastor. Es la voz de Dios o no es pastor. La voz del Señor pasando por las cuerdas vocales de un hombre es la única autoridad para la oveja.

(Hechos 20: 28) = Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.

(29) Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño.

(30) Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.

Es curioso. Siempre lo digo pero ni yo mismo termino de verlo con claridad. Si lo hiciera, saldría con una espada y no simbólica. ¿Cómo puede ser que años y años después de todo esto, la iglesia todavía siga insistiendo con recursos que nunca le funcionaron ni están funcionando?

Examina el carácter del pastor tipo. Es un hombre que está al tanto de todo lo que pasa. En la mayoría de las congregaciones, los pastores se preocupan de sus ovejas cuando se enteran que sus ovejas están por irse.

El motivo es simple: no son lo que dicen ser. El pastor del Señor se reconoce porque sabe anticiparse a las crisis de sus ovejas. Jesús lo llama a Pedro y le dice que va a orar por él. ¿Qué vas a hacer qué cosa, Señor? – Que voy a orar por ti para que tu fe no falte.

Pedro lo mira con ojos de perrito apaleado, pero Jesús le dice: no te preocupes; el diablo te ha pedido para zarandearte, pero no debes tener temor, yo te estaré cubriendo. Pregunto: ¿Le había pasado algo a Pedro en ese momento?

¡No! Es más, él venía de una tremenda euforia espiritual, porque acababa de acertarle, dio una palabra profética. Dijo que Jesús era el Hijo de Dios cuando ninguno de los otros lo adivinó. ¡Hasta recibió una felicitación del Maestro! ¡Estaba en su momento de mayor gloria!

Sin embargo, en lugar se continuar con los actos de homenaje, reconocimiento y honra al nuevo apóstol, el jefe se lo lleva aparte y le dice que va a orar por él porque el diablo va a venir para tomarlo. El verdadero pastor, anticipa lo que le va a pasar a sus ovejas. Jesús es el Buen Pastor. Bíblicamente, el único. Lo siento.

Quiero que entiendas bien lo que te estoy diciendo. El rasgo del pastor, es anticiparse a los hechos. Tiene un olfato tan preciso, que sabe cuándo la iniquidad y la maldad están viniendo sobre sus ovejas. De tal manera que las previene para que su fe no falle.

Sin embargo, cuando tú quieres remediar lo que pasó, ¿Para qué necesitas un don si alcanza con ver el problema? Un rasgo del pastor, es que él puede anticipar lo que les va a pasar a sus ovejas. ¿Y cómo puede anticiparlo? Por dos cosas.

Porque las conoce bien. Las conoce por su nombre. –“Es que mi pastor está muy ocupado porque su iglesia es enorme y a mí nunca ni siquiera me ha dado la mano”. Estoy hablando de pastores, no de gerentes de empresas denominadas iglesias. Se le parece, pero no es lo mismo. Babilonia.

Un matrimonio de hermanos amigos fue a hablar con el pastor de su congregación porque habían decidido retirarse. El pastor, al enterarse, les dio una mezcla de discurso y sermón destinado a hacerlos recapacitar de su decisión por muchas razones muy valiosas e importantes.

Les habló emotivamente del valor que ellos siempre habían tenido para la iglesia aunque no se lo hubieran dicho y hasta alguna lágrima brilló en los ojos del pastor al decirlo. Ellos casi le creyeron, si no fuera que en un momento dado él les preguntó cómo se llamaban. Valiosos…

¿Cómo puedes amar a alguien que no conoces? Hipocresía. Aparentemente, en la Biblia, a los pastores se les llama también, ancianos. El rasgo más notorio que podemos ver de este ministerio es la sanidad del corazón.

En el evangelio de Juan, capítulo 21, versos 15 al 17, Pedro y Jesús están hablando. Dice: Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas más que estos? Le respondió: sí, Señor, tú sabes que te amo. Él le dijo: apacienta mis corderos.

Corintios 13 en acción: ¿Me amas? Apacienta mis corderos. Verso 16: Volvió a decirle la segunda vez: simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: sí, Señor, tú sabes que te amo. Le dijo: pastorea mis ovejas. O sea: Si me amas, pastoréalas.

Verso 17: Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te amo. Jesús le dijo: apacienta mis ovejas.

Si tú estás en lo que supones es el ministerio pastoral, más allá de lo que tú supongas que ese ministerio es, voy a decirte algo. El Señor te dice: ¿Me amas? La base del ministerio pastoral, es el amor. Así como al apóstol lo identifica la autoridad; al profeta lo identifica esa capacidad para escuchar, al pastor lo delata su corazón.

La unción pastoral trae el amor de Dios. La verdadera unción pastoral ministra sanidad interior a la gente. ¡No es psicología, es unción! El pastor y su unción traen liderazgo a los creyentes, trae propósito personal, trae edificación personal.

Los pastores edifican el compañerismo y la familiaridad, traen consolidación a la vida del creyente, traen sanidad divina. Traen liberación de demonios y ataduras ancestrales. Mueven a la oración, moldean la vida de los creyentes, tienen la unción para discipular.

Traen protección a la iglesia, traen unción de paternidad; pastores que son padres, no jefes. Pastores que reciben gente que llega corriendo por amor, no por miedo o amenazas manipuladoras. Traen reconciliación, traen guía, ministran enseñanza práctica, se mueven por el espíritu de consejo y sabiduría.

Traen fundamento, exhortan, se mueven bajo la unción de mansedumbre, de paciencia, ministran paz. Es un ministerio de cuidado, prevención. Tienen la unción para impartir doctrina. Mueven a la iglesia hacia la obra social, su corazón está siempre trabajando. Esto es un pastor bíblico. Todo lo otro que hayas conocido y no te encaja ni por asomo con esto que he dicho, olvídalo. En el mejor de los casos, equivocó el ministerio; en el peor…ya lo sabes; hay miles.

El ministerio del maestro, el último de los cinco, se puede identificar con el sentido del gusto. Son casi los catadores del gusto que tiene una palabra. Si sabe desabrida, no es palabra genuina. Ellos lo saben. Son el terror de los predicadores, allí, sentados en las primeras filas Biblias en mano.

Son los más difíciles de doblar. ¡Qué reforma ni qué reforma! ¿Es bíblico? Adelante. ¿No es bíblico? ¡Fuera! Alguien con mucho humor dijo que con los maestros hay que hablar diciendo permanentemente: “la Biblia dice”. Ahí serán tus aliados.

Pongamos un ejemplo. Hay una hermosa comida ahí. Hay una estrecha relación entre lo que ves de una comida y lo que sientes. Alguien dijo que para que una comida sea apetitosa tiene que verse bien. Lo que has visto va a ser de mucha ayuda a lo que luego saborees.

Por eso digo que el sentido del gusto es fundamental. Cuando no hay maestros en la iglesia, da exactamente lo mismo que alguien te dé de comer esto que aquello. Da lo mismo. Es un ministerio ideal para establecer doctrina y enseñanza.

Hay muchos maestros dormidos en la iglesia. Todavía sus pastores no los han descubierto. Claro está que los maestros, en la Biblia, no son gente que estudia solamente en lo natural. Es gente que tiene enseñanza sobrenatural.

Un equipo muy poderoso, una dupla casi imbatible, es la que constituyen profetas y maestros, juntos. Es interesante esto, porque aparece el profeta y te dice: “Mira hermano, he tenido una visión. He visto que descendían unos ángeles con túnicas azules. Y tenían en sus manos unos azadones para recoger el trigo, y unas bolsas así y asá y caminaban sobre el agua”.

Ese es un profeta hablándole a otro profeta. Y éste le dice: “Hay que orar, hermano, para ver qué quiere decir eso”. Pero hay un maestro allí en la segunda fila y dice: “Esperen un momento. El azul significa esto en la Biblia. El azadón habla de juicio, y el agua habla de las naciones como que llenan la tierra”.

Y de repente, este maestro está agarrando elementos proféticos y los está poniendo en el plano natural. Pero cuando el maestro sólo sabe de hermenéutica, de homilética, de soteriología, de eclesiología, de neumatología, que es el estudio del Espíritu, neuma, de bibliología, es un problema.

Mira, yo –ha demostrado mi Señor, no yo-, soy uno de sus maestros. Y lo que he aprendido lo he aprendido por revelación, no en aulas cristalizadas en enseñanzas antiguas y vacías. Porque un maestro del Reino, es un maestro que se mueve en el conocimiento de lo natural y sobrenatural.

Y esos son los maestros que se necesitan. Por ejemplo Daniel y José, son tipologías de profetas-maestros. Porque no solamente recibían revelación, sino que además también la interpretaban perfectamente.

Y esto no es poca cosa, porque muchas veces el Señor está hablando con los intercesores. Y les da revelaciones muy valiosas, pero no hay un maestro cerca que pueda tomar eso, juntarse con el profeta y buscar en Dios qué significa eso que les ha sido revelado.

¿Entiendes ahora cómo es que el Señor desea que funcionemos juntos? Los de la alabanza. Como ninguno es maestro, suelen cantar cualquier tontería. A veces, mira lo que te digo, cantan canciones que llegan a  negar la fe. Hay canciones que niegan la fe.

¿Recuerdas aquella que estuvo bastante de moda, y que decía: “Él me levantará”? Y cantaban, y lloraban sin darse cuenta que Dios estaba poco menos que espantado con lo que estaban cantando. ¿Pero por qué? ¿Qué tiene de malo?

Nada, pero ponte por un momento en la mente de Dios, que no es ninguna blasfemia ni herejía, y piensa: ¿De dónde nos tiene que levantar el señor si ya nos ha levantado? Es más, mucho más grave: ¿Por qué están profetizando su caída? Faltaba un maestro, allí, para que se pusiera de pie y preguntara por qué se estaba cantando eso.

No hay maestros en los grupos de alabanza, por eso suceden esas cosas. Y es más; ¿Has notado que terminan de cantar y desaparecen? ¿Es que están tan llenos de su gloria que no podemos contemplarlos? ¿Es que no necesitan nada de lo que vendrá después como para quedarse?

Y nada; se van corriendo para otros lugares del templo, a beber refrescos y comer galletitas mientras esperan que termine la predicación para volver a realizar su última presentación de la noche. ¿No necesitan oír la palabra? ¡No! ¡Ellos ya lo saben todo, parece!

Necesitamos maestros. Los maestros traen la unción de la revelación de la palabra, traen la iluminación del texto sagrado, se mueven bajo el espíritu de conocimiento divino, operan bajo los dones de revelación del Espíritu, llevan a la madurez a la iglesia, y traen crecimiento.

También administran vida, administran gozo, producen disciplina, hábitos buenos; fortalecen principios bíblicos, preparan los ministerios, redarguyen, producen convicción y arrepentimiento, traen corrección, traen entendimiento y propósito.

Traen confirmación de las verdades proféticas, enseñan a conocer las señales y los tiempos de Dios, ensancha la visión, trae edificación al cuerpo, da solidez al creyente, trae balance espiritual y profético, produce doctrina y fundamentos, trae libertad, ministra y eleva el discernimiento de la palabra, protege de la mentira y el error.

Por eso digo que necesitamos maestros, pero maestros con un diseño de Reino. Esta gente de Efesios 4, estos cinco ministerios, interactúan. Normalmente, una persona suele tener una combinación de ambos ministerios.

Hay uno que se llama el ministerio vertical, por darle un nombre, y tiene a los otros ministerios accesorios. Ejemplo: hay apóstoles que también son profetas: pero hay otros que son apóstoles y maestros. Hay otros que son apóstoles y evangelistas. Y los hay que son excelentes pastores bíblicos.

Hay una mezcla poderosa. ¿Y cómo opera eso? ¿Qué cosa soy primero? Son muchos interrogantes lógicos que tal vez en otros trabajos podamos aclararte y llevarte información precisa. Esto tuvo la única intención de presentarte con ciertas argumentaciones y respaldos bíblicos, lo que en verdad son los cinco ministerios de Efesios 4:11 y no lo que hoy estamos viendo.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

enero 1, 2015 Néstor Martínez