C uando el hombre sucumbe ante el poder del pecado, comete una variedad de pecados. Una vez que el hombre comete muchos pecados, el hombre acarrea sobre sí la culpa o la condenación de los pecados, el veredicto o el juicio por los pecados. Tan pronto como pecamos, hay culpa. La expresión “ser culpable” no se usa meramente para implicar el acto de la transgresión de uno. Es como un veredicto en la corte que lo declara a uno culpable o no. Es una descripción si uno es legalmente pecador o no.
Según la Biblia, no somos responsables de nuestro pecado, sino de nuestros pecados. Nuestro pecado no nos trae el problema de culpabilidad ante Dios. Más bien, los pecados que hemos cometido son los que traen el problema. La Biblia dice que si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos (Lo leemos en 1 Juan. 1: 8). Pero al mismo tiempo, la Biblia no requiere que carguemos con la culpa de nuestros pecados. Si confesamos nuestros pecados, Dios los perdonará. Esto nos demuestra que tenemos que cargar con la responsabilidad de nuestros pecados.
(Juan 1: 9) = Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
Debido a que existen los pecados, hay culpabilidad. Una vez que una persona es culpable, viene el castigo. Debido a que existe castigo, no hay descanso en la conciencia y uno es consciente de que está apartado de Dios. Los pecados nos hacen personas condenadas ante Dios; nos hacen esperar la ira de Dios.
Cuando uno es perdonado la conciencia queda en paz; sólo así tendrá la confianza para ir a Dios. Pero aun si los pecados fueran perdonados, mientras permanezca el problema del pecado, los pecados continuarán viniendo, y el problema del pecado recrudecerá. Por esta razón después de perdonar nuestros pecados, Dios debe continuar hasta liberarnos del pecado.
Antes de ser salvos, no sentíamos el mal del pecado. Antes de ser cristianos, sólo sentíamos el mal de los muchos pecados. Incluso antes de ser cristianos, lo que nos entristecía eran nuestros muchos pecados, no el pecado en sí. Aunque somos salvos ahora, tal vez mentimos o nos enojamos, y quizás seamos envidiosos y orgullosos, o seamos inadvertidamente irresponsables con las posesiones de otros. Por lo tanto, estos pecados individuales nos molestan.
¿Qué podemos hacer? Nos acercamos a Dios y pedimos perdón por cada uno. Podemos decir: “Oh Dios, hoy me comporté mal. He pecado otra vez. Por favor, perdóname”. Si tú hiciste doce cosas malas ayer, tú lo lamentarás interiormente. Pero si has hecho sólo dos cosas malas hoy, te sientes contento. Sientes que has cometido menos pecados hoy, piensas que ahora hay menos pecados en ti. Pero déjame recordarte que éste es sólo el paso inicial de la vida cristiana. Durante este tiempo, sólo nos lamentamos por los muchos pecados que cometemos.
Después de haber sido cristianos por muchos años, vemos que lo que nos entristece y molesta no son los muchos pecados, sino el pecado mismo. Al final, veremos que no son las cosas que hacemos lo que está mal, sino nuestra persona. Lo malo no consiste en las cosas malas que hacemos; sino en nuestra persona. Uno llega a la conclusión de que todas las cosas que uno ha hecho son cosas exteriores y que realmente lo malo es nuestra persona.
Hay un principio natural dentro de nosotros que nos hace pecar. Las cosas exteriores pueden ser de muchas categorías. Podemos llamarlas orgullo, celo, suciedad, o cualquier otro nombre. Puede haber toda clase de pecado fuera de nosotros. Pero dentro nuestro hay sólo un principio, y es algo que desea pecados. Existe una tendencia en nosotros por los pecados. Hay algo en nuestro ser que desea estas cosas exteriores.
Por eso la Biblia menciona a estos pecados en plural; se ven uno por uno. El orgullo es uno, la mentira es otra y la fornicación es todavía otra. El orgullo es diferente del asesinato y la mentira es diferente de la fornicación.
Pero sólo hay una cosa que nos predispone a pecar, la cual nos controla y seduce. La razón por la que pecamos es que hay una ley dentro de nosotros. Nos dirige constantemente a los pecados exteriores. Este pecado está en singular en la Biblia. No denota nuestra conducta; más bien, denota nuestra naturaleza. Este pecado está en nuestra naturaleza, y necesitamos ser libres de eso.
Puesto que la salvación de Dios para el hombre es completa, Él debe liberarnos de los muchos pecados y también debe liberarnos del pecado en sí. Si Dios sólo nos libera de los muchos pecados, sin liberarnos del pecado, entonces no se puede decir que la salvación de Dios es completa.
Debido a que tenemos dos problemas, los pecados y el pecado, necesitamos una salvación doble. Por un lado, necesitamos ser liberados de los muchos pecados, y por el otro, necesitamos ser liberados del pecado. Más adelante veremos cómo Dios, va a realizar Su salvación completa por medio del pecado.
Puedo esclarecer mi punto con una ilustración. Los muchos pecados son como la fruta de un árbol. Existen individualmente, y el árbol puede dar cien o doscientos frutos. Así son los pecados. Ahora, el pecado es como el árbol mismo.
Lo que nosotros vemos con nuestros ojos como pecadores son los frutos. Vemos que los frutos son malos porque el árbol es malo. Al principio Él nos muestra los pecados individuales. Al final, Él nos muestra a nosotros mismos. Al principio necesitamos el perdón porque hemos cometido pecados. Pero después de un tiempo nos damos cuenta de que necesitamos ser liberados porque somos pecadores.
La Biblia nos muestra que el pecado tiene tres aspectos. En otras palabras, el pecado está en tres lugares. Primero, el pecado está ante Dios. Segundo, el pecado está en la conciencia. Tercero, el pecado está en la carne. La Biblia siempre nos muestra al pecado según estas tres líneas. Es como un río alimentado por tres afluentes. Si queremos conocer al pecado en una manera completa, debemos entender claramente estas tres líneas.
Debemos conocer que nuestro pecado está ante Dios, en la conciencia y en la carne. Si no tenemos un entendimiento claro acerca de estas tres líneas y no podemos distinguirlas, no entenderemos el problema del pecado.
Si confundimos las tres líneas, no conoceremos la perspectiva de Dios en cuanto al pecado y no comprenderemos la obra completa de Dios al tratar con el pecado. Sólo cuando entendamos la necesidad reconoceremos el tratamiento. Si no conocemos la necesidad, asumiremos que el tratamiento es innecesario.
Entonces, debemos conocer el pecado primero, y luego conoceremos la obra completa de la salvación de Dios. Dios es un Dios justo. En la administración del universo Él es la máxima autoridad. Él es el Soberano del universo. Él tiene leyes y ordenanzas definidas acerca de los pecados. Él recompensa al hombre según lo que el hombre haya hecho y conforme a cómo el hombre se haya comportado. Dios trata con el mundo en Su posición de Soberano.
Mientras el hombre está vivo, aunque su carne viva, su espíritu está muriendo. Al final, su carne también morirá. En la eternidad, su espíritu, alma y cuerpo morirán. Si el hombre no peca, Dios no ejecutará el castigo. Pero si el hombre peca, ciertamente Dios ejecutará el castigo. Dios ha promulgado ordenanzas y leyes acerca de los pecados del hombre.
Cuando los pecados ocurren en la vida, primero está el registro de los pecados ante Dios. Déjame dar un ejemplo. En una ciudad se le prohíbe a la gente estacionar sus automóviles donde les plazca. Dos meses atrás todos podían estacionar su automóvil en cualquier parte. Incluso hasta podías estacionar tu automóvil en la mano contraria a la calle, y eras libre de estacionarlo en cualquier dirección. Pero ahora una ley ha eliminado tal práctica. Ahora, al manejar, uno ve todos los automóviles estacionados en la misma dirección.
Hay una nueva ley que dice que todos los automóviles deben estacionar en la misma dirección del tráfico. Si tú no haces esto, estás violando la ley. Si un hermano viene y estaciona en la dirección equivocada, es posible que un policía lo vea y multe esa violación.
La violación no es registrada en la calle, donde él estacionó, sino en la comisaría, sin que el hermano se percate de lo sucedido. La violación pudo haber ocurrido en una calle cualquiera, pero la violación es registrada en el distrito donde está la comisaría.
Los incidentes del pecado ocurren en el hombre. Pero tan pronto como el hombre peca, eso es registrado ante Dios. Dios es el Gobernador soberano del mundo. Él está en control de todo. Si en el transcurso de nuestra vida hemos transgredido la ley, hay un registro de nuestro pecado ante Dios.
Por eso el Antiguo Testamento habla frecuentemente de pecar contra Jehová. La razón por la cual un acto de pecado es malo y terrible se debe a que una vez que un pecado es cometido, hay un registro del pecado ante Dios
Puesto que Dios dice que aquel que peca debe morir, Él debe ejecutar Su juicio sobre los pecados. No hay manera de que escapemos, pues el pecado ya ha sido registrado. En segundo lugar, existe el conocimiento del pecado en nuestra conciencia.
Aunque hay un registro del pecado ante Dios, hasta que tú lo sepas, aún puedes sonreír y gozarte, y tal vez puedas actuar como si nada hubiera sucediera. Pero una vez que tú tienes el conocimiento del pecado, el pecado que está ante Dios ha venido a tu conciencia. Originalmente, este pecado sólo estaba ante Dios; ahora está identificado en tu conciencia.
¿Qué es la conciencia? Es una “ventana”. La luz de Dios ilumina su interior a través de la ventana de tu conciencia. Siempre que la luz de Dios ilumina tu interior, tú te sientes incómodo y sabes que has hecho algo mal. Tal vez haya alguien, hoy, allí del otro lado, que estacionó su automóvil en la dirección equivocada.
Tal vez él no estuvo consciente de su error y haya estado despreocupado. Pero ahora que yo lo mencioné, él no se siente bien interiormente. Mis palabras han movido el registro de su pecado desde la comisaría a su interior.
Por lo tanto, la conciencia es afectada por el conocimiento. Sin el conocimiento, tú eres ignorante de tus pecados; y puesto que tu conciencia no te molesta, tú te sientes en paz. Pero tan pronto como tengas el conocimiento y comiences a darte cuenta de la perspectiva de Dios y la perspectiva de la ley acerca de ti, tu conciencia no te dejará tranquilo.
¿Será verdad que todos tienen conciencia? Seguro que todos tienen conciencia. Pero algunas conciencias están cerradas, y por tanto la luz no puede entrar. Algunas conciencias son como la ventana de la cocina que tiene una gruesa capa de mugre.
A través de esa ventana tú sólo puedes ver la sombra de un hombre moviéndose, pero no distingues al hombre claramente. Si la conciencia de una persona no puede recibir la luz de Dios, él estará despreocupado y contento.
Pero en el momento en que oye el evangelio y ve sus propios pecados, su posición ante Dios, y el registro de sus pecados ante Dios, causan un problema en su conciencia. Estará inquieta. No estará en paz, por el contrario, lo condenará. El preguntará qué debe hacer para poder estar ante el justo Dios, y cómo puede ser justificado ante tal justo Dios.
Lo sorprendente de la conciencia es que en el peor de los casos se vaya a dormir, pero nunca muere. Nunca pienses que la conciencia se ha muerto. Nunca morirá, pero puede dormirse. Sin embargo, cuando la conciencia de muchos se despierta, ellos descubren que ya es demasiado tarde, que no tienen oportunidad de creer o ser salvos.
No piensen que nuestra conciencia nos dejará tranquilos. Algún día nos agarrará. Un día hablará. Yo he visto a muchos que pensaban así, que hacían muchas maldades pensando que se saldrían con la suya. Pero cuando sus conciencias finalmente despertaron, fueron atrapados.
¿Qué es lo que hace la gente cuando su conciencia despierta y se da cuenta de que ha pecado? Tan pronto como su conciencia lo alcanza, ellos tratan de hacer el bien por medio de buenas obras. ¿Por qué trata el hombre de hacer buenas obras? Con el propósito de sobornar la conciencia.
La conciencia muestra al hombre que ha pecado. Así que ahora él hace más obras caritativas y hace más buenas acciones para decirle a su conciencia que aunque él cometió muchos errores, él también ha hecho todas estas cosas buenas.
¿Qué significa hacer buenas obras? Hacer buenas obras significa sobornar la conciencia cuando empieza a acusar, a fin de calmar su condenación. Esta es la salvación inventada por el hombre. Pero por favor recuerden que esto básicamente es la manera equivocada.
¿Dónde está el error básico? El error está en nuestra suposición de que el pecado sólo existe en nuestra conciencia. Nos olvidamos de que el pecado también existe delante de Dios. Si el pecado estuviera sólo en nuestra conciencia, entonces necesitaríamos hacer más de diez buenas obras para compensar un solo error.
Pero el problema ahora no está en nuestra conciencia. El problema ahora es lo que está ante Dios. Aunque haya estacionado cientos de veces legalmente y sólo una vez ilegalmente, no puedo ser absuelto de tal violación. El pecado es algo que está ante Dios. No es algo meramente en nuestra conciencia. No solamente tenemos que tratar con el pecado en nuestra conciencia; también tenemos que tratar con nuestro pecado ante Dios.
El pecado en nuestra conciencia puede ser tratado sólo cuando hemos tratado con el registro del pecado ante Dios. No podemos tratar primero con el problema en la conciencia, porque la conciencia puede apaciguarse con autoengaño. Pero recuerden que la conciencia nunca muere. Tal vez tú no has visto la acción de la conciencia todavía.
A menudo he visto personas que tienen problemas con su conciencia. Cuando la luz de Dios viene, su conciencia se pone inquieta. Una persona en tal condición se metería en un agujero en el suelo, si hubiera uno. El haría cualquier cosa para apaciguar su conciencia. Incluso negaría su vida a fin de redimirse del pecado. ¿Por qué Judas se ahorcó? Porque su conciencia no lo dejaba en paz. Él había traicionado a Jesús, y su conciencia no lo dejaba tranquilo.
¿Por qué no es necesario que Dios mande muchos ángeles para lanzar a los hombres en el lago de fuego como si fuesen piedras? ¿Por qué Dios no necesita que los ángeles guarden el lago de fuego? ¿Dios no teme acaso una revolución en el infierno?
Estoy seguro que para un hombre que ha pecado el infierno será una bendición en vez de una maldición. Cuando la conciencia se levanta para condenar al hombre, demanda que éste sea castigado. El castigo no sólo es una demanda de Dios, también es una demanda del hombre. Antes de que usted vea lo que el pecado es, tiene miedo del castigo.
Pero después de ver lo que el pecado es, tomará el castigo como una bendición. ¿Ha visto alguna vez a criminales o asesinos cuando están por ser ejecutados? Antes de que el hombre vea su pecado, tal vez se regocije en el crimen. Pero después de que ve su pecado, él se alegrará de su propia ejecución. Esto quiere decir que el infierno no es sólo un lugar de castigo.
Es también un lugar de escape. El pecado en la conciencia causa dolor en el presente y clama por castigo en la próxima era. Entonces, para que Dios nos salve, Él debe tratar con nuestros pecados ante El, y también debe tratar con los pecados en nuestra conciencia.
Hay un tercer aspecto del pecado. El pecado no sólo está delante de Dios y en la conciencia del hombre; también está en la carne del hombre. Esto es lo que Romanos 7 y 8 nos dicen. ¿Cuál es el pecado de la carne? Ya hemos visto que, por un lado, existe el registro de los pecados ante Dios y por otro, hay una condenación de pecados en la conciencia del hombre.
Ahora vemos el tercer aspecto: el poder del pecado y las actividades del pecado en la carne del hombre. El pecado tiene su posición. El pecado preside. El pecado está en la carne del hombre como el director. Por favor recuerde que el pecado es el director que preside en la carne.
¿Qué quiero decir con esto? Los pecados ante Dios y en la conciencia del hombre son objetivos. Para mí el registro de los pecados ante Dios y la condenación de los pecados en mi conciencia están relacionados a mi sentimiento con respecto al pecado.
Pero el pecado en la carne es subjetivo. Esto significa que el pecado que mora en mí tiene el poder para forzarme a pecar; tiene el poder para incitarme a pecar. Esto es lo que la Biblia llama el pecado en la carne.
Cuando el agua está fluyendo, tú no sientes su poder si fluyes con ella. Pero si tratas de ir contra la corriente, sentirás su poder. La mayoría de los ríos fluyen de oeste a este; así que si tratas de viajar desde el este al oeste, sentirás el poderío de los ríos.
Aquellos que mejor conocen el poder del pecado son los más santos, pues son los que tratan de oponerse y enfrentarse contra el pecado. Si tú estás ligado al pecado y vas con el pecado, seguramente no conocerás su poder. El pecado en tu carne está todo el tiempo levantándose y obligándote a pecar, pero sólo cuando te despiertes para tratar con el pecado te darás cuenta de que eres un pecador perdido.
Sólo así sabrás que eres impotente y que no puedes solucionar el problema del pecado en tu carne, sin mencionar la presencia de los pecados en tu conciencia y el registro de los pecados ante Dios. Por lo tanto, debemos ver que cuando Dios nos salva, El trata con los tres aspectos.
El pecado interior es tratado por la cruz y la crucifixión del viejo hombre. Ya hemos mencionado esto muchas veces, así que no lo vamos a repetir ahora. Esta vez nuestro estudio bíblico abarca la manera en que Dios trata con nuestros pecados ante El y la condenación de los pecados en nuestra conciencia.
Al principio mencioné el problema del pecado y de los pecados. Los pecados se refieren a los hechos pecaminosos ante Dios y en nuestra conciencia. Cada vez que la Biblia habla de los pecados, se refiere a los hechos pecaminosos ante Dios y en nuestra conciencia. Pero cada vez que la Biblia menciona al pecado en la carne, usa la palabra pecado, no pecados. Si tú recuerdas esto, no tendrás problemas más tarde.
Agradecemos a Dios porque su salvación es completa. Él ha tratado con nuestros pecados ante El. Él también ha juzgado nuestros pecados en la persona del Señor Jesús. Además, el Espíritu Santo ha aplicado la obra de Cristo a nosotros, para que podamos recibir al Señor Jesús y tengamos paz en nuestra conciencia.
Una vez que la conciencia es limpiada, no hay más conciencia de pecado. Muchas veces he escuchado a cristianos decir que la sangre del Señor Jesús quita sus pecados. Cuando les pregunto si se sienten llenos de paz y contentos, ellos dicen que a veces sienten la presencia de sus pecados.
Esto es inconcebible. Yo estoy contento, pues cuando la conciencia está limpia, no hay más conciencia de pecados. Nuestra conciencia está enterada de los pecados porque hay un registro de pecados ante Dios.
Pero si los pecados ya no existen delante de Dios, ¿Cómo es que aún somos conscientes de ellos? Puesto que el problema de los pecados ante Dios ha sido resuelto, el de los pecados en nuestra conciencia también debe ser resuelto. Así que, ya no debemos de tener la conciencia de pecados.
Muy bien; ahora consideraremos el amor y la gracia de Dios, y también abarcaremos el tema de Su misericordia. El Antiguo Testamento menciona varias veces que la salvación es de Jehová. Esto indica que la salvación no se origina en nosotros. Puesto que el pecado lo comete el hombre, naturalmente pensamos que la salvación también se origina en el hombre.
Pero ni siquiera el pensamiento acerca de nuestra salvación se originó en nosotros; más bien, se originó en Dios. Aunque el hombre pecó y está destinado a la perdición, su intención no es de buscar la salvación. Aunque pecó y debe perecer, Dios fue quien decidió salvarlo.
Entonces, el Antiguo Testamento menciona una y otra vez que la salvación viene de Jehová. Esto es así porque Dios es el que quiere salvarnos. El hombre nunca ha deseado salvarse a sí mismo. ¿Por qué la salvación vino de Jehová? ¿Por qué a Dios le interesa el hombre?
De un modo general, podemos decir que se debe al hecho de que Dios es amor. Pero siendo más específicos, es por el amor de Dios para con el hombre. Si Dios no amara al hombre, no necesitaría salvarlo. Por un lado la salvación se cumple porque el hombre ha pecado y, por otro, Dios lo amó.
Si el hombre no hubiera pecado, no habría lugar ni manera para que el amor de Dios sea manifestado. Y si el hombre hubiera pecado pero Dios no lo hubiera amado, no se habría logrado nada tampoco. La salvación es cumplida y el evangelio es predicado porque Dios ha amado y porque el hombre ha pecado.
El pecado del hombre nos muestra la necesidad del hombre. El amor de Dios nos muestra la provisión de Dios. Si sólo existe la necesidad sin la provisión, nada se puede hacer. Pero si hay provisión sin necesidad, la provisión se desperdicia.
La salvación se cumple y el evangelio se predica debido a los dos hechos más importantes del universo. El primero es que el hombre ha pecado y el segundo es que Dios ama al hombre. Estos son dos hechos inmutables. Son dos hechos que la Biblia recalca.
Si tú quitas uno de estos dos, la salvación queda anulada. No es necesario quitar a ambos. Con sólo faltar uno, no habrá posibilidad para que la salvación se cumpla. Dios tiene amor y el hombre tiene pecado. Debido a estos dos hechos, existen la salvación y el evangelio.
La Biblia siempre hace notar el amor de Dios. Esta vez en nuestro estudio bíblico, abarcaremos brevemente la verdad del evangelio. Mencionaremos muchas cosas, pero no los consideraremos en detalle.
En este trabajo no puedo abarcar cada aspecto acerca del amor de Dios en la Biblia. Sólo mencionaré este asunto brevemente. Debemos considerar tres aspectos del amor de Dios. Primero, Dios es amor. Segundo, Dios ama al hombre. Y tercero, la expresión del amor de Dios está en la muerte de Cristo.
Veamos el primer punto: Dios es amor. Esto está registrado en 1 Juan 4: 16. Aquí no dice que Dios ama. Tampoco dice que Dios tal vez ame, o que Dios puede amar, o que amó, o que amará. Por el contrario, dice que Dios es amor.
¿Qué significa que Dios es amor? Significa que Dios mismo, Su naturaleza y Su ser, es amor. Si se pudiera decir que Dios tiene una sustancia, entonces la sustancia de Dios es amor. La revelación más grande de la Biblia es que Dios es amor.
Esta es la revelación que el hombre más necesita. El hombre tiene muchas conjeturas y teorías acerca de Dios. Meditamos todo el tiempo acerca de qué clase de Dios es El, qué clase de corazón nuestro Dios tiene, qué intención tiene para con el hombre, cómo es El.
Tú le puedes preguntar a cualquiera acerca de qué piensa de Dios, y él te dará su concepto. El pensará que Dios es de esta o aquella forma. Todos los ídolos en el mundo y todas las imágenes hechas por el hombre son los productos de su imaginación.
El hombre piensa que Dios es un Dios fiero o severo. El pinta a Dios de esta o aquella manera. El hombre siempre está tratando de razonar y explorar cómo es Dios. A fin de corregir las diferentes conjeturas que el hombre tiene acerca de Dios, Él se manifiesta en la luz del evangelio y le muestra al hombre que Él no es un Dios inaccesible o incomprensible.
Entonces, ¿qué es Dios? Dios es amor. Esta declaración no estará clara a menos que te dé una ilustración. Supongamos que hay una persona paciente. Él tiene paciencia sin importar lo que encuentre y sin importar cuán difíciles o malas sean las condiciones.
No podemos decir que tal persona actúa pacientemente. El adverbio pacientemente no se puede usar para describir a esa persona. Tampoco podemos decir que es paciente, usando un adjetivo. Debemos decir que él es la paciencia misma. Tal vez no lo llamemos por su nombre. Por el contrario, a sus espaldas diremos que Paciencia ha llegado o que Paciencia ha hablado.
Cuando decimos que Dios es amor, queremos decir que el amor es la naturaleza de Dios. Él es amor adentro y afuera. Por lo tanto, no diríamos que Dios es amoroso, usando un adjetivo, o que Dios ama, usando un verbo. Más bien, diríamos que Dios es amor, aplicando el sustantivo para El.
En nuestro amigo Paciencia no encontramos imprudencia. El hombre es la paciencia misma; él no es simplemente paciente. Él es una masa de paciencia. ¿Tú creerías que en tal persona pudiera haber imprudencia? ¿Podría él enojarse? ¿Discutiría con otros?
Para él es imposible hacer tales cosas porque no hay ningún elemento en su naturaleza que haga eso. En su naturaleza no hay tal cosa como enojo. En su naturaleza no hay tal cosa como imprudencia. El simplemente es paciencia. Lo mismo ocurre con Dios, que es amor. Dios como amor es la mayor revelación de la Biblia.
Para cada cristiano, lo más importante que debe saber en la Biblia es que Dios es amor. Para Dios es imposible odiar. Si Dios odiara, El no sólo tendría problemas con aquellos a quienes odia, sino también tendría problemas consigo mismo. Si Dios nos odiara hoy aquí, El no sólo estaría en problemas con nosotros; El estaría en problemas consigo mismo.
Para que Dios odie o haga algo sin amor, primero debe desarrollar un problema consigo mismo. Dios es amor. Aunque estas tres palabras son muy sencillas, nos dan la mayor revelación. La naturaleza de Dios, la esencia vital de Dios, es simplemente amor.
Él no puede actuar de otra manera. El ama, y al mismo tiempo, Él es amor. Si hoy tú eres un pecador, tal vez se pregunte qué es lo que debe hacer para que Dios lo ame. Muchas personas no conocen lo que Dios piensa acerca de ellos. Ellos no saben lo que Dios está pensando o cuáles son Sus intenciones.
Muchos creen que para poder agradar a Dios, uno debe hacer algo, o que debe sufrir, o que debe ser responsable. Sin embargo, sólo aquellos que están en tinieblas y no conocen a Dios piensan de esta manera. Si no hubiera evangelio hoy, tú pensarías de esta manera. Pero ahora que el evangelio está aquí, ya no puedes pensar así, porque el evangelio nos dice que Dios es amor.
Los seres humanos no somos nada más que odio. Nos es sumamente difícil amar. De la misma manera, para Dios es igual de difícil odiar. Tú puedes pensar que es difícil amar y que no sabes amar a otros. Pero para Dios es imposible odiar. Tú no puedes amar, y Dios no puede odiar. Dios es amor, y para El, odiar es actuar en contra de Su naturaleza, y esto le es imposible.
Pero esto no es todo. Dios mismo es amor, y cuando este amor es aplicado a nosotros, descubrimos que “de tal manera amó Dios al mundo” (Juan. 3: 16). La frase “Dios es amor”, habla de Su naturaleza, y “de tal manera amó Dios al mundo” habla de Su acción.
Dios mismo es amor; entonces, lo que proceda de Él debe ser amor. Donde hay amor, allí también debe estar el objeto del amor. Después de mostrarnos que Él es amor, Dios nos muestra inmediatamente que El ama al mundo. Dios no solamente nos ha amado, sino que también ha enviado Su amor. Dios no pudo hacer otra cosa sino enviar Su amor. No pudo hacer otra cosa que amar al mundo. ¡Aleluya!
El mayor problema que el mundo tiene es que piensa que Dios siempre tiene malas intenciones para con el hombre. El hombre piensa que Dios hace demandas severas, y que Él es estricto y desagradable. Puesto que el hombre duda del amor de Dios, él también duda que Dios ame al mundo. Pero mientras Dios sea amor, El ama al mundo.
Si el amor es Su naturaleza, no hay otra manera en que pueda comportarse para con el hombre excepto en amor. El estaría incómodo si no amara. ¡Aleluya! ¡Esto es un hecho! Dios es amor. Él no puede hacer otra cosa que amar. Dios es amor, y lo que sigue espontáneamente es que Dios ama al mundo.
Podemos culparnos por nuestros pecados, por ser susceptibles a la tentación de Satanás, por estar enredados en el pecado. Pero no podemos dudar de Dios. Tú te puedes culpar de haber cometido un pecado, por haber caído, por haberte rendido a la tentación.
Pero si tú dudas del corazón de Dios para contigo, no te estás comportando como cristiano, porque dudar del corazón de Dios para contigo es contradecir la revelación del evangelio. Yo no digo que tú no caerás nunca más. Tampoco puedo decir que no volverás a pecar.
Tal vez caigas y peques de nuevo. Pero por favor recuerda que caer y pecar es una cosa, pero el corazón de Dios para contigo es otra. Tú nunca debes dudar del sentimiento de Dios para contigo simplemente porque hayas caído o pecado. Aunque tú hayas caído y pecado, Dios no cambia Su actitud para contigo, pues Dios es amor y El ama al mundo. Esto es un hecho inmutable de la Biblia.
De nuestra parte, nos alteramos y cambiamos. Pero de parte del amor de Dios, no hay cambios ni alteraciones. Muchas veces tu amor puede cambiar o enfriarse. Pero esto no significa que el amor de Dios es afectado. Si Dios es amor, no importa cómo tú lo pruebes, lo que saldrá de Él será siempre amor.
Si aquí hubiera una tabla de madera, no importaría cómo tú la golpees, siempre percibiría el sonido de madera. Si la golpeara con un libro, le daría el sonido de madera. Si tú la golpearas con tu palma, aún te daría el sonido de madera.
Si la golpearas con otra tabla, otra vez te daría el sonido de madera. Si Dios es amor, no importa cómo tú lo “golpees”; si tú lo rechazas, lo niegas, o lo haces a un lado, El sigue siendo amor. Una cosa es cierta: Dios no se puede negar a Sí mismo; Él no se puede contradecir. Debido a que nosotros somos odio, nos es muy natural odiar.
Debido a que Dios es amor, es muy natural para El amar. Dios no puede cambiar Su propia naturaleza. Puesto que la naturaleza de Dios no puede cambiar, Su actitud para contigo no puede cambiar. Por eso vemos que Dios ama al mundo.
¿Acaso todo termina en Dios amando al mundo? “Dios es amor” habla de la naturaleza de Dios, o sea, de Dios mismo. “De tal manera amó Dios al mundo” habla de la acción de Dios. Pero el amor de Dios para con nosotros tiene una expresión.
¿Cuál es la expresión de Su amor? Romanos 5: 8 dice: “Mas Dios muestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. El amor de Dios tiene una expresión. Si yo amo a una persona y sólo le digo que la amo, ese amor aún no se ha consumado. A menos que el amor sea expresado, no está consumado.
No hay amor en el mundo que no tenga expresión. Si hay amor, debe ser expresado. Si el amor no es expresado, ese amor no puede ser considerado como tal. El amor es muy práctico. No es vano ni verbal. El amor es expresado por medio de acciones.
Si tú pones una pelota sobre una superficie no nivelada, puedes estar seguro de que algo ocurrirá; terminará rodando. Lo mismo ocurre con el amor. Tú puedes estar seguro que tendrá una expresión. Puesto que Dios ama al mundo, Él debe estar preocupado con la necesidad del hombre.
Entonces, Él debe hacer algo para el hombre. Nosotros somos pecadores. No tenemos otra alternativa que ir al infierno, y ningún otro lugar excepto el de perdición. Pero Dios nos ama, y El no estará satisfecho sino hasta que nos haya salvado.
Cuando Dios dice “Yo te amo”, Su amor se ofrecerá para llevar con todas nuestras cargas y quitar todos nuestros problemas. Puesto que Dios nos ama, Él debe proveer una solución al problema de los pecados; Él debe proveer la salvación que necesitamos como pecadores. Por esta razón, la Biblia nos ha mostrado este gran hecho singular: el amor de Dios es manifestado en la muerte de Cristo.
Debido a que somos pecadores e incapaces de salvarnos, Cristo vino para morir a fin de resolver por nosotros el problema del pecado. Su amor ha cumplido algo substancial, y esto ha sido puesto delante de nosotros. Ahora podemos ver Su amor en una manera substancial. Su amor ya no es sólo un sentimiento. Se ha convertido en un hecho completamente manifestado.
En este gran asunto del amor de Dios, debemos tomar nota de tres cosas: la naturaleza del amor de Dios, la acción del amor de Dios y la expresión del amor de Dios. Su amor no es solamente un sentimiento dentro de Él. También es una acción, incluso una expresión y una manifestación.
Su amor lo motivó a hacer lo que nosotros no pudimos hacer por nuestra propia cuenta. La salvación se produjo porque Él es amor y porque Él amó al mundo. Una serie de cosas siguen debido a que el hombre ha pecado y Dios es amor.
Si usted no es pobre, usted no me va a necesitar. Pero por otra parte si yo no lo amo, aunque usted sea paupérrimo, no me importará en lo más mínimo. La situación actual es que el hombre ha pecado y Dios ha amado; por lo tanto, algo empieza a ocurrir.