En los primeros tiempos de la iglesia, cuando se tocaba una trompeta, la gente iba y peleaba una batalla determinada. Luego se tocaba otra trompeta y la iglesia volvía. Pero en ese proceso de ir y volver, había muchos que iban cayendo. En una visión que tuvo un viejo apóstol, él vio que se tocaba la trompeta, pero había un grupo que no iba a la batalla.
En la visión, entonces, él le dice a Dios: mira, Padre, ahí tienes a unos hijos tuyos que no están obedeciendo. Entonces Dios le dice: Espera, te voy a mostrar lo que ellos están haciendo. Entonces la visión, como si fuera un zoom de una cámara fotográfica o de televisión se acerca a una casa, y lo que ellos hacían era entrenar a la gente. Salían unos pocos de ahí, al grupo grande. Y ellos entrenaban a otros, y ellos salían de nuevo cuando la trompeta sonaba. Pero el grupo en sí, de la casa, no salía.
Entonces, el Señor le empieza a explicar que ha habido muchas bajas, en la iglesia, durante muchos años, porque la gente salía con el sonido de la trompeta, pero sin entrenamiento. Y que ellos, aunque no estaban en primera línea de combate, estaban haciendo algo vital para que no haya caídas, y ese algo era equipar a la gente. Entonces decía que la palabra de Dios para los próximos veinte años, para la iglesia, es esa: entrenamiento.
Esta es una palabra que cambió más vidas que las miles de pautas programáticas que las iglesias han inventado precisamente para cambiar vidas. Quienes la oyeron, entendieron que no pueden pasarse toda una vida atendiendo los problemas de gente inmadura, cuando se necesita gente avezada y capaz que entrene a los que van a salir al combate frontal.
Si tú te pones con criterio y apego a analizar el libro de los Hechos de los apóstoles, vas a poder comprobar que la iglesia tiene ese diseño. Es decir: está consolidada en base a una estructura de entrenamiento y envío. Formar y enviar, capacitar y enviar, entrenar y enviar. Muchas veces nosotros, donde quiera que fuéramos iglesia, hemos enviado sin entrenar. Y eso ha determinado no sólo que el trabajo no fuera tan efectivo, sino que además también ha provocado pérdidas.
Creo que la etapa de los congresos, clínicas, conferencias clásicas y seminarios, está pasando de etapa y está dando paso a una época de crecimiento por entrenamiento. Está probado y comprobado que en aquellos congresos tan bonitos, de tanto colorido y bullicio, en realidad no se podía profundizar nada sobre nada.
Tienes veinte expositores durante tres días, con cuarenta minutos tope cada uno de ellos. ¿Qué puedes profundizar ahí en ese lapso acotado por los relojes implacables? Apenas pinceladas, pantallazos, insuficientes para producir un entrenamiento real y efectivo en las personas. Es necesario que esas escuelas específicas y especiales de entrenamiento duren más tiempo.
Al menos diez días. ¿Díez días? ¿Y quién irá a un sitio a pasarse diez días para entrenarse para algo que no sabe si luego verdaderamente hará? No lo sé, pero si es Dios quien está detrás de esto, seguramente habrá muchos que lo hagan.
El líder convencional no tiene tiempo para entrenarse, y mucho menos para invertir demasiado tiempo en ello. Está demasiado ocupado y preocupado con sus problemas eclesiásticos diarios. Entonces no puede entrenarse en lo que viene.
Y si no se entrena en lo que viene, no puede salir a crecer. Y si no crece, llega un momento en que comienza a suministrar una clase de alimento que no nutre. De allí que hoy sea casi normal ver congregaciones enteras con creyentes espiritualmente desnutridos, flacos y a punto de perecer de inanición.
Claro está que, si tú deseas establecerte en otros niveles de revelación, deberás abandonar tus rutinas convencionales y tradicionales y comenzar a vivir un nuevo tiempo de nuevas prácticas y costumbres. Se trata de invertir una cierta cantidad de tiempo, que sólo dentro de algunos años producirán un resultado que vendrá a ser de bendición para miles.
Fíjate que es mucha le gente que me escribe y me dice que le encantaría profundizar como hacemos en este ministerio, pero que no tiene tiempo para dedicarle a eso, está muy ocupado. Bien; mi opinión es que deberían dejar de lado lo que sea, con tal de dedicarle tiempo a lo que lo merece.
La idea central acunada por muchos creyentes de distintas latitudes y hasta de diferente cultura y adoctrinamiento previo denominacional, es la de consolidar una cultura de Reino. No evangélica, como se venía haciendo hasta ahora.
Ya todos sabemos que la iglesia evangélica, como tal, al igual que antes ocurriera con la católica romana, ha fracasado por causa de la inoperancia y corrupción de muchos de sus líderes. Pero el Reino no falla, no fracasa, es Dios. Esa es la cultura que quienes entrenan deben formar. Pablo pasó tres años en el desierto de Damasco siendo entrenado por Dios para moverse en una esfera apostólica.
¿Qué pasa en los lugares donde no hay coberturas visibles y uno quiere hacer guerra espiritual? Hay un país en el mundo, llamado Bután, donde no hay registrada ni una iglesia evangélica. Está pegado a India, al borde de los Himalayas, tiene dos millones cien mil habitantes, y no hay ni una misión que tenga un ministerio ahí. Ahora imagínate que allí hay un cristianito, al borde del Himalaya, que quiere hacer guerra espiritual. Pregunto: ¿Qué hacemos con su cobertura? ¿Él necesita cobertura para hacer guerra espiritual?
Te doy otro ejemplo: ¿Qué pasa cuando en una ciudad, los que podrían ser coberturas no quieren ser coberturas sobre el tema de guerra espiritual? Hay intercesores que han descubierto que pueden orar y que pueden cambiar las cosas. ¿Pueden hacer guerra?
¿O no deben hacerla porque le han dicho que no pueden hacerla? Son temas bien delicados. Hay muchos creyentes, mayoritariamente mujeres, que son parte de iglesias que no creen en la intercesión, pero ellas tienen un llamado a la intercesión. ¿Qué les dicen? Que sin cobertura no pueden hacer nada. Y ahí queda el llamado.
Por eso es que quiero hablar en este trabajo de las esferas de autoridad. Vas a poder ver que hay niveles de autoridad, y nosotros tenemos espacios de movimiento que se denominan “espacios de legalidad”. O sea: para hacer guerra espiritual, tú necesitas legalidad. La legalidad viene por el conocimiento de mi posición. Entiende lo que te estoy diciendo. Hay siervos de Dios que han hecho guerra espiritual en determinadas partes del mundo sin tener una cobertura visible. Y no se han muerto.
Porque han partido del hecho de que la Palabra es su margen de legalidad. Cuando David sube al trono, pasa algo bien particular. La nación de Israel había estado bajo el gobierno de Saúl por muchos años. Saúl no era guerrero.
Él era un político, tenía habilidad para mostrarse y hacer buena prensa. El pecado de Saúl es muy simple: doble ánimo, se llama. Saúl tenía un tremendo problema de inseguridad. La inseguridad nace básicamente del rechazo. O sea: él tenía miedo a todo lo que no podía controlar. Como los que tienen miedo a los aviones, por ejemplo. ¡No pueden controlarlos, por eso!
Hay pastores, hoy, que tienen terror de invitar a alguien que venga, diga cuatro cosas y sus ovejitas las crean y cambien su manera de pensar y se les vayan de su mano. Y es precisamente por ese motivo de inseguridad que muchos le han cerrado las puertas a las revelaciones de Dios.
Saúl tenía mucha inseguridad. La situación era bien compleja. Dios amó a Saúl profundamente. Y lo puso porque él era uno de los príncipes de Israel. Era un hombre de Dios. Pero tristemente, Saúl no encaró ninguna de las tres áreas vitales que Israel necesitaba en ese momento.
La primera área vital, era organizar el sacerdocio. No vas a poder ver en ningún lugar de la escritura a Saúl tratando de hacer esfuerzos para hacer eso. A él le interesaba más tener su mansión remodelada, antes que la casa de Dios comience mínimamente a funcionar correctamente.
Los tiempos de Samuel, el profeta, son muy confusos. Tristemente, Dios se ve obligado a despertar el espíritu de un niño que no tenía más de diez años, porque el sacerdote Elí, en ese tiempo, andaba más ocupando viendo que trozo podía tomar del sacrificio. Y repartirlo con los dos sinvergüenzas de sus hijos, que realmente ver lo que Dios quería hacer en ese tiempo.
Era una situación difícil. Entonces Samuel es empujado al ministerio, y ciertamente él unge a Saúl por instrucciones de Dios, pero al pasar los años, la primera cosa necesaria que Saúl tenía que hacer, que era atender la casa de Dios, no lo hace.
La segunda cosa era que Israel necesitaba paz. Necesitaba asegurarse el terreno de Israel. Por muchos años ellos habían sido golpeados por los filisteos. Date cuenta, cada vez que ellos estaban a punto de cosechar, venían los filisteos y arrasaban con todo.
Les llevaban sus cosechas, destruían sus campos. Era una situación desesperada. ¿Sabes qué hizo Saúl al respecto? Casi nada. Si salió a la batalla lo hizo sólo porque quería llegar antes que David. Pero en la mayoría de los casos, él no tuvo un perfil de defensor de los derechos de Dios.
Claro está que Dios no necesita defensores. Él se basta y sobra para defenderse, ¿No es cierto? Pero ese deseo fue lo que lo coronó a David como vencedor sobre Goliat. Él dijo: ¿Quién es este filisteo incircunciso que se atreve a hablar de esta manera de nuestro Dios y de los escuadrones de Israel?
Había algo que Saúl no tenía y que David sí tenía, que se llamaba Celo de Dios. Ahora, para el momento en que él tiene auténtico celo de Dios, David es un perfecto anónimo. Estudiando a fondo la vida de David, pueden verse algunas cosas que mayoritariamente pasan desapercibidas, como por ejemplo es el hecho de que su padre, Isaí, tenía vergüenza de él.
Isaí tenía vergüenza de él porque era un hijo ilegítimo. Tanto es así que, cuando Samuel va a la casa de Isaí, y hace formar a todos sus hijos, no está David. ¡Aquí falta uno!, dijeron. Isaí dudó cuando le preguntaron si esos eran todos sus hijos. Y después es como si hubiera dicho que sí, que tenía otro más, pero que quizás no les interesara conocerlo.
Si estás buscando a alguien que sea candidato a rechazado del año, ese es David. Tenía muchas características que no lo calificaban para ser rey. La segunda cosa que Saúl debería haber hecho era garantizar la paz del reino, y no lo hizo.
Cuando David entra al tono, mira y dice: bueno, a ver con qué contamos. Resulta que en todo Israel, apenas había dos espadas. Cuando le digo que él no tenía interés en pelear por este pueblo, le estoy diciendo que él había llegado a ser algo que es bien cobarde: pactó una paz aparente con el enemigo.
No te molesto, no me molestes, ¿Okey? ¿Sabes qué? El Hijo del hombre apareció para destruir las obras del diablo. Él no vino para pactar ni para conciliar. Él vino a dividir, vino a separar, entró con su espada y puso a cada uno en el lugar correspondiente y respectivo.
David: ¿Cuántas espadas tenemos en Israel? ¿Espadas? ¡Eh…bueno…! Verás, de hecho, sólo tenemos dos. La que era de Saúl y de su hijo. ¿Por qué? Porque los filisteos habían hecho un convenio. Le dijeron: no los vamos a molestar, Saúl, pero no queremos ni un herrero en tu territorio. Ustedes sólo van a manejarse con artículos de plástico. Por eso es que, cuando David entra, encuentra una crisis, porque ni siquiera existe el recurso para poder hacer lo que se debe hacer.
Y David empieza. Va a buscar el arca que había quedado ahí. Y ahí comienza un proceso muy delicado. David era un hombre de guerra y era un hombre de paz, al mismo tiempo. ¿Quién diría que el que escribió el salmo 23 fue el mejor general del ejército de Dios?
Entonces él establece, ordena el sacerdocio, levanta veinticuatro casas sacerdotales para que se organicen y se distribuyan en todo el servicio levítico en el templo. Y hay adoración, intercesión, oración las veinticuatro horas al día los cuarenta años que dura su gobierno
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Otra cosa que él hace es marcar una línea en su territorio. Y les da a entender a los filisteos que ha llegado el momento en que lo conozcan tal cual es, y no como ellos se lo imaginaron. Los tiempos que él pasó en Adulam, esos doce o catorce años, con los menesterosos y endeudados, lo han formado muchísimo.
Él sabía lo que era pelear hasta que su mano se soldara a la espada. Lo que nosotros hemos pasado en nuestra vida, esas luchas difíciles con todas sus vicisitudes, son los entrenamientos que Dios ha permitido que vivamos y pasemos en Adulam, para que un día cuando entremos a Hebrón, podamos gobernar con justicia.
Nunca pienses que tu vida comenzó cuando conociste al Señor. Quizás en el mundo del espíritu, sí, pero te cuento algo. Las cosas que pasamos antes de conocer al Señor, se convierten en una base de experiencias fantásticas para poder saber usarlas.
No todo lo que pasamos en el mundo, fue malo. Hay muchas cosas que el Señor nos permitió vivir para que tengamos esa base interior que de otro modo no tendríamos. O sea que uno no necesita la justicia de Dios para ser justo. Una persona puede ser justa sin conocer a Dios, lo hemos visto muchas veces. De hecho hay gente justa que no está reunida en un templo.
Hay gente recta que no está reunida en un templo. Hay gente buena, que ama a su familia y hace las cosas correctamente a la que nunca se le predicó el evangelio. ¿Por qué? Porque todos fueron creados con un diseño divino, unos más sensibles que otros.
Claro está que esa persona que no conoce al señor se conduce por medio de una justicia humana. Sus obras son las que llevan adelante. Pero cuando conocen a Dios, entran al terreno de la gracia, y pueden entender que su potencia y su competencia no viene de ellos, sino que viene de Dios.
El que es líder en una iglesia, es muy probable que ya haya sido líder en la vida secular anterior a su entrada a ella. Entonces una persona así entra a una iglesia y piensa que ahí sí podrá desarrollarse, pero cuando habla con el pastor, el pastor le dice que no, que por el momento debe sentarse, escuchar y no participar hasta que él lo disponga.
Muchos han sido castrados de esa manera por hombres celosos de sus posiciones, más que del Reino de Dios. Son situaciones que sí se viven. Que hoy mismo se están viviendo, doy fe por lo que recibo y leo. No puedo ni debo opinar, porque cada caso es único e indivisible y Dios trata con cada hombre o mujer de manera personal. No existe más intermediario que Jesucristo, aunque en alguna denominación o iglesita de barrio te hayan enseñado otra cosa.
Entonces, David hace cursos intensivos para herreros, cerrajeros. Dedica mucho tiempo y dinero para eso. Y de esa forma equipa al ejército de Dios. Cada casa debería tener una espada y una lanza. Esto hace que en los cuarenta años que gobierna David, no pierda ni una sola batalla. Ahora bien; ese diseño, no es un diseño que solamente David entendió.
Yo te voy a dar tres versículos, pero lo que yo quiero poner en tu corazón, es esto. Y si eres líder y me estás escuchando de pura casualidad, tal vez te incomodes un poco, pero no te asustes. No tengas inseguridad, voy a explicar sólo qué cosa es la palabra del Reino. Y voy a demostrar esto nada más que con tres versículos.
Vamos a Mateo capítulo 10. Si tú te das cuenta, leyendo este capítulo, ahí Jesús está más o menos en su tercera semana de ministerio. Te lo digo de nuevo para que me puedas entender. Hace como tres semanas Jesús empezó su ministerio al volver del desierto. Tres semanas. Si tú lees con detenimiento Mateo 5, 6 y 7, que es el Sermón de la Montaña, ¿Recuerdas?, vas a ver que en el capítulo 8, recién allí llama algunos discípulos.
Por ejemplo, Mateo mismo, no estuvo en el Sermón de la Montaña. Él aparece justo después. Ahora bien; en el capítulo 10, observamos lo que es, oficialmente, la primera reunión de los discípulos. Es su primer culto.
(Mateo 10: 1) = Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.
(2) Los nombres de los doce apóstoles son estos:
Nota, por favor, en el verso 2, 3 y 4, es la primera vez que se menciona, en el evangelio de Mateo, los nombres de los doce apóstoles. ¿Sabes por qué se mencionan recién acá? Porque es la primera reunión donde están los doce juntos.
Si lo dudas, luego lee con atención los capítulos 7, 8 y 9. Mateo mismo aparece recién en el capítulo 9 y verso 9. El Sermón de la montaña terminó un capítulo atrás. ¿Y qué dice que hace Jesús aquí con ellos? Les da autoridad.
¡Ah! ¿Entonces no les dio un curso de evangelismo explosivo? No. Les dijo: siéntense. Les doy toda la autoridad para echar fuera todo espíritu de enfermedad y toda dolencia. Si tú lees con atención esto, ahí recién empiezas a entender Juan 1:12, donde dice que a todos los que creyeron en su nombre les dio potestad, que es autoridad. La primera cosa que Dios les da a sus discípulos, no es conocimiento. ¿Sabes qué es lo primero que les da? Autoridad.
Pero entonces, pastor, ¿Yo puedo orar por mi hijo que está con fiebre? Si alguna vez alguien te pregunta eso y tú sabes que sabes que sabes que esa persona es creyente genuino, no le respondas que primero debe tener un curso especial sobre oración, otro sobre intercesión y un tercero sobre liberación.
Dile que si ha creído que es un hijo de Dios por adopción, que ore con tranquilidad y seguridad, ya que ha recibido la autoridad del Padre para tener respuesta y victoria. Tenemos que entender de una vez por todas cómo Dios trabajó en esto.
Los nombres de los doce apóstoles son fulano, fulano, fulano y fulano. Y recién después, a partir del verso 5, les empieza a dar instrucciones. ¿No debería haber sido al revés? ¿Primero las instrucciones y luego las comisiones?
No. ¿Sabes? Venimos a la iglesia tan destrozados; venimos creyendo que somos nada; o venimos creyendo que somos el último grito del evangelio. Y cuando entramos al Camino, Dios nos posiciona en nuestra verdadera identidad.
Quiero que escuches esto. Lo primero que la iglesia del Señor, no una congregación, te da, es identidad. Sabes quién eres, al fin. ¿Por qué te estoy hablando de esto? El enemigo más terrible que tiene un creyente, es no reconocer quién es él. ¡Es que tú no te imaginas! ¡Aquí hay satanistas! ¡Aquí hay brujos! ¡Aquí no hay ministerio que sobreviva! Si tú te asustas o por lo menos te preocupas, entonces está dejando en evidencia que todavía no tienes demasiado en claro quién eres. Entender quién eres, es vital.
Por el solo hecho de haber tú aceptado a Jesús, has recibido autoridad sobre los espíritus inmundos, para echarlos fuera, para sanar toda enfermedad y toda dolencia. Yo te lo tengo que decir, aunque suene hasta irresponsable, simplemente porque la Palabra lo dice y yo lo creo.
Si tú lees la Biblia de día, atento y con luz, vas a darte cuenta en la posición que Cristo te puso. “¡Pastor! ¡Mi papá está en la masonería y yo quiero orar por eso!” – Todavía usted no está listo. – “¡Pero es que ya llevo tres años en la iglesia!” – No interesa. Los espíritus de masonería son terribles, usted no puede meterse en eso. – “¡Pero es que si no hago algo ahora, mi papá está viejo y va a morirse sin poder tener su oportunidad”!
Bendito Dios. A veces, el temor por la gente produce un cuidado excesivo por ellos. Sin embargo, déjame decirte que la mejor manera de cuidar a alguien no es escondiéndole las espadas, como hizo Saúl. La mejor manera de cuidarlos es enseñándoles a pelear ni bien llegan a la iglesia. Todos sabemos que, cuando una persona acepta a Jesús, con ese simple hecho ya le ha declarado la guerra al infierno.
¡La letra pequeña del contrato que firmaste lo dice! ¿No te lo dijeron? ¡Ah! ¿Solamente te hicieron repetir unas palabras y después te dijeron que ya tenías toda tu vida solucionada? ¡Oh! ¡Vas a tener que ir a buscar a esa gente, entonces, y decirles que estás en guerra y nadie te dijo como pelearla ni cómo usar unas armas que tienes guardadas en un baúl!
La letra pequeña, simbólica pero real de ese contrato de entrega, dice: “A partir de este momento usted se convierte en una pieza odiada por el diablo. Él va a buscar toda ocasión para perturbarlo, destruirlo o hacerle la vida difícil. Pero sepa que, por sobre toda cosa, el Señor ha vencido. Usted tendrá mucha aflicción en el mundo, pero confíe, Jesús venció.
La Paz de Dios estará sobre usted. La paz que sobrepasa todo entendimiento. El diablo lo rodeará, lo presionará, pero usted tiene que confrontarlo. La palabra que dice “resistid al diablo y él huirá”, no dice eso en el griego. Esa es una mala traducción. Dice: “confrontad al diablo y él huirá de vosotros.
Y hay una diferencia entre resistir y dejarse patear. En la medida que tú reacciones, el enemigo retrocede. Él te va probando para ver hasta dónde puede llegar y hasta qué punto tú tienes confianza o miedo. Pero recuerda esto: tú eres lo que Dios dijo que eres: Su imagen y Su semejanza. Lo que no eres es lo que el enemigo te permite ser, eso sí que no lo eres.
Jesús dio autoridad, no dio otra cosa o algo confuso. Lo mismo que había hecho David, cuando llegó y preguntó: ¿Dónde están los herreros? Espadas. Quizás le dio armas a gente que no estaba capacitada, tal vez lo hizo. Te pregunto: ¿Entre estos doce, estuvo Judas o no? Claro. ¿Usted me está queriendo decir que Judas también recibió la misma clase de autoridad que los otros once? Obvio.
¿Pero Jesús no sabía que él era? Sí. Cuando Él ora, dice que sabía que Judas era diablo desde el principio. ¿Y lo puso igual allí? Sí. ¿Y si la usa mal? Ese es un asunto de Dios y de él, no tuyo. Mi rol como ministro no es saber qué van a hacer las ovejas con la autoridad que deseo conozcan y asuman. Mi papel es hacer todo lo que pueda para que sepan que tienen esa autoridad.
Lo que cada uno haga o deje de hacer, luego, con esa autoridad, es un problema de cada uno con el Señor, yo no participo en eso. Porque cada uno debe aprender a pelear sus propias batallas, yo no voy a poder pelear las batallas de nadie que no sea yo mismo, las mías. Y créeme que tengo suficiente con ellas.
Tú tienes autoridad. Tú no necesitas permiso de tu pastor para pelear por su casa, para pelear por sus finanzas, para pelear por su salud. Tú no necesitas que te unjan con el aceite de la santa unción, ni que te pongan en los bolsillos los pañitos ungidos por el apóstol de uhú y ahá.
Tú, simplemente por haber conocido y aceptado a Jesucristo, tienes autoridad y has sido hecho hijo de Dios, y tienes el derecho de ejercer esa autoridad, y no necesitas ningún permiso para hacer eso. ¿Estamos? ¡La palabra lo dice!
Claro está, eso no te da derecho a meterte en las casas de los otros hermanos a tratar de ministrarlos y sanarlos, no. No te metas en eso. Nadie te ha enviado allí. O sea: pelea por tu vida, y pelea por tu casa.
Bendito Dios si alguien viene a ayudarte, pero tú no puedes sentarte a esperar que venga alguien a pelear por tu hijo que está en la droga o por tu marido que está en el alcoholismo. Nadie necesita que venga otro hombre a decirle que está acompañándonos en nuestra crisis. Es más: ni siquiera sabemos si ese hombre o esa mujer se acuerdan de cómo nos llamamos.
Yo tengo un Padre en los cielos que me ha dado autoridad. O sea: Jesús murió para darnos autoridad. La primera instrucción que les da a sus discípulos, ahí la tienen: toda autoridad les es dada. La última instrucción también la tienen por ahí: toda autoridad me ha sido dada y yo se las dejo a ustedes.
Eso fue lo que ardió en el corazón de los creyentes más sólidos que presenta nuestra historia como iglesia: devolver la autoridad a la creación, a los auténticos y genuinos hijos de Dios. Nada que ver con religión hueca, vacía, ritualista y tradicionalista. Eso nació después, para compensar la carencia de poder sobrenatural. El diablo les quitó autoridad.
Lo he dicho muchas veces, yo creo en la sanidad interior. Enseño hasta donde puedo sanidad interior. Doy lugar y espacio a personas con preparación para la sanidad interior, pero estoy convencido que si la gente apenas entendiera la clase y calidad de autoridad que Dios le ha dado, mucha sanidad interior no sería necesaria.
El problema está en que los rudimentos de este mundo no te hayan convencido de otra cosa y que tu mente haya quedado cautiva de ellos. Porque si tú le crees al mundo secular que te dice que no puedes, vas a hacer algo y, efectivamente, no puedes. Pero si tú le crees a la palabra que dice que todo lo puedes en Cristo que te fortalece, vas a hacer la misma cosa y ¡Si puedes!
Pero si te has convencido que necesitas ayuda, que crees necesitar muletas para caminar. Y ni hablemos de correr. ¿Y qué es lo que dios hace? Comienza a romperte todas las áreas de confianza que tú tienes, hasta que lo único que tienes es a Él. Ahora vamos a la segunda escritura de las tres que te dije: Lucas 10. En Lucas 10 aparece otro grupo de discípulos, aparecen los setenta, ¿Recuerdas? Volvemos con el mismo diseño.
(Lucas 10: 17) = Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
(18) Y les dijo: yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
(19) He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
Otra vez les da autoridad, pero en esta ocasión, dice, sobre toda fuerza del enemigo, al tiempo que es asegura que nada los dañará. Y esto ya no se lo está diciendo a los doce, sino a otros setenta. ¡¡Ni siquiera sabemos sus nombres!! Pero indudablemente el cielo sí lo sabe. Allí es donde se los conoce, y créeme que es más que suficiente.
¿Comprendes que hay un patrón allí? Me encanta hablar de la autoridad de Dios. Y de la autoridad del creyente, claro. Porque eso es lo que libera a la gente. La libera y la hace entender el diseño que Dios tiene para ellos. En el capítulo 20 de Juan, aparece el tercer verso. Jesús está con sus discípulos.
(Juan 20: 22) = Y habiendo dicho esto sopló, y les dijo: recibid el Espíritu Santo.
(23) A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.
Otra vez Jesús dándoles autoridad a sus discípulos. ¿Podrías decir conmigo, ahora mismo, donde quiera que estés, ¡¡Tengo autoridad!!? No quiero que pierdas de vista eso, tienes autoridad. Si quieres hacer un curso, haz el curso que se te antoje y puedas pagarte. Pero si no puedes hacer ningún curso por razones financieras, recuerda que el Espíritu Santo está para darte un curso gratis y con resultado perfecto. “¡Es que de eso no hay quien me enseñe, hermano!” ¿No será que el Espíritu Santo quiere ser tu tutor?
Cuando Hitler se levanta, él tenía un diseño demoníaco espantoso. Él era asesorado por una rama tibetana ocultista que se llama el Bon-Po. El Bon-Po es una ciencia ocultista como el satanismo pero con la línea del budismo.
Y él recibe un diseño para instaurar un gobierno de terror y de muerte por mil años. La meta que él tenía que cumplir era matar, sacrificar de una manera ritual a 6 millones 666 mil judíos, cosa que casi logra.
El organiza toda una estrategia para eso. Los recogía de cierta manera, utilizaba la música de Wagner. Los campos de concentración estaban organizados con una lógica tal que se los bañaba, se los pasaba de un lado para el otro, se hacía todo un proceso con ellos. Se los separaba, se los desnudaba, etc.etc.
Hubo un hombre, un intercesor inglés llamado Hemans Hubers. Este hombre, orando, hace caer al Tercer Reich. Siempre me ha impresionado que un hombre, en este caso un intercesor, haya sido más poderoso que toda la ciencia ocultista y toda la parafernalia armamentista de Hitler.
Un intercesor protegió a Inglaterra con sus oraciones. Antes de cada ataque él se ponía a orar y los pilotos de los bombarderos alemanes reconocieron que por las noches, en esas misiones, Londres se les perdía, literalmente. No podían lanzar sus bombas allí porque era como si se les desapareciera. Un solo hombre, no había una iglesia entera orando. Los anglicanos andaban en otra. O sea que él no podía pedir ni buscar cobertura.
No interesa demasiado cómo están las cosas en tu suelo, donde vives. En tu nación, en tu país o ciudad. Podrán hacer esto o aquello, pero no podrán matar tu fe. Si tú tienes bien en claro quién eres en Cristo, no hay nada ni nadie que pueda detenerte. Al primer enemigo que debes vencer, donde quiera que vivas y como quiera que estén las cosas allí, es al temor.
Y al temor se lo puede combatir con auto-arengas, tales como “¡Yo puedo! ¡Yo puedo!”, o lo puedes combatir con la revelación de la palabra. Ahí podrás comprobar que quien dice que tú puedes, no eres tú mismo, ni siquiera soy yo. Es Jesús, que te dice que toda autoridad te ha sido dada.
Así que no te sientas un gusanito insignificante porque tiene muy poco tiempo de convertido, o porque no ha podido ser entrenado ni capacitado en guerra espiritual. Si puedes entrenarte, hazlo, pero si por alguna razón o causa no pudieras, quiero que sepas que el Hijo de Dios te ha entregado autoridad. Es interesante leer el evangelio con una visión de Reino.
Uno se da cuenta de cosas que nunca antes había visto. Como las que te he terminado de compartir. El papel de la autoridad, es vital en el evangelio. Jesús ni siquiera les habló de salvación. ¿En qué momento le habla a Mateo de salvación? Él estaba trabajando, le dice: “Ven, sígueme”. Ahí quedó todo. Lo sienta y le dice: te doy toda autoridad para… ¿De qué me está hablando este hombre?
Por eso el cambio imperceptible pero cambio al fin que hay entre Mateo 10:1 y 2. En el primer versículo dice “a los discípulos”, mientras que en el segundo dice “a los apóstoles”. Los cambión de discípulos a apóstoles en un solo verso. No hay curso que pueda ser más intensivo que ese. Dios te ha dado autoridad, gózate. Tú puedes hacerlo.
Debemos ser ovejas, esto es: mansos, pero entre nosotros. De ninguna manera para con el diablo Tú no puedes ser ni manso ni tolerante con el diablo. Tú eres un león, que eso sea lo que inunde tu corazón.
La gente podrá no verlo así, tal vez, pero eso no significa que no sea cierto. El señor nos ve como leones, y esa es la forma en que yo también quiero verme, y al mismo tiempo quiero que tú también te puedas ver así, como un genuino y auténtico león de Dios, que ha sido llamado por Dios para poder afectar mi generación.
Ese es el corazón del Padre, que es necesario que tú también tengas. Se cuenta la historia de un león que quedó huérfano cuando pequeño y ciertos cazadores mataron a sus padres, que fue criado por un granjero entre sus ovejas.
Era un león, tenía la esencia misma y total de su poder, pero había pasado tanto tiempo entre las ovejas que había perdido su identidad. Y ese es nuestro problema. Hemos crecido tantos años entre ovejas, que no hemos podido formar en nuestro ser interior una mentalidad de guerrero.
El caso es que todo hijo de Dios es un guerrero, no sólo ciertos hombres o mujeres que desarrollan determinados y específicos ministerios. Una iglesia apostólica, por ejemplo, se caracteriza porque busca desarrollar los cuatro rostros que Ezequiel vio, que Juan vio, en cada creyente. Dicho de una manera sencilla: Tú, al pasar los años en la iglesia, debes aprender a tener un rostro de hombre, un rostro de águila, un rostro de león y un rostro de buey.
¿Qué significa esto? Son diferentes rasgos que tiene el hijo de Dios. Puede que sea muy ungido, es un águila de Dios muy visionario, pero también es un servidor, es un buey, es alguien que carga el peso de otras personas. Y es una persona accesible.
Tiene un rostro humano, tú lo puedes acceder. Ponemos el rostro de león no a la gente, sino al enemigo. Esos cuatro rostros tienen que estar desarrollados en una iglesia apostólica. Eso hace que sea apostólica. Cuando una iglesia es, por ejemplo, pastoral, sólo desarrolla uno o dos de esos aspectos, porque eso es lo que está ahí.
Pero en una iglesia apostólica se desarrollan estos cuatro rasgos. Y no estoy hablando de apóstoles fabricados en serie por las organizaciones evangélicas, estoy hablando de auténticos enviados, que eso y no otra cosa es apostellos.
Ahora bien; cuando hablamos de eso tan valioso y tan importante que es la intercesión, estamos refiriéndonos a personas que, con métodos de oración u otras estrategias dadas por el Señor, están capacitadas y preparadas para cubrir en oración y guerra a otros, que por estar muy ocupados peleando la buena batalla en beneficio de muchos, no tienen ni el tiempo ni la lucidez para hacerlo.
Lo primero que debe suceder para que alguien cubra de ese modo a alguien, es que el segundo desee y permita que alguien lo cubra. O sea: Yo no puedo orar en favor de alguien que no quiere que yo esté orando a su favor. Esto es muy importante de los dos lados. Saberlo te va a evitar orar por alguien que no cree necesitar tu oración y tampoco salir a buscar a gente indebida para que lo haga a favor tuyo.
¿Y por qué supondría yo que eso es así? ¿Me ha dado Dios en persona, acaso, directivas específicas al respecto, como si yo fuera un delegado suyo, a la manera de ciertos sectores que aseguran serlo? No. No lo supongo, sólo me limito a entender lo que dice la palabra respecto a la legalidad e ilegalidad.
El intercesor se mueve en un margen de legalidad. Dios jamás bendecirá algo ilegal. Por eso es que propendemos al matrimonio civil con documentos correspondientes. Ya sabemos que un papel no asegura ni fidelidad, ni compromiso, ni pacto ni mucho menos amor eterno, pero sí nos asegura un marco legal que le permite a Dios bendecirlo.
Por eso hay matrimonios no creyentes que viven una vida conforme a los principios de Dios, que son largamente bendecidos en casi todo lo que emprenden. Debemos ser ovejas; esto es, mansos, pero entre nosotros. De ninguna manera para con el diablo. ¿Salvos? Esa es otra historia, no estamos hablando de salvación, estamos hablando de Reino.