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¡Sé Libre!

¿Quien no se ha dado cuenta, lo reconozca o no, lo diga o no, que la iglesia del Señor anda hoy chapoteando en un muy picado mar de confusiones? Se predica tanto en una dirección y otra que muchos, a favor de un cierto grado de comodidad y haraganería nuestra, es como que no tienen la certeza, pese al tiempo que llevan en el evangelio, si están andando por el camino correcto.

Súmale a esto la falta de oración y conocimiento de la Palabra y te vas a encontrar con una amplia, (Demasiado amplia, te diría), franja de creyentes derrotados, apáticos, rutinarios y alejados de ser todo lo más que vencedores en Cristo Jesús que asegura la Escritura.

Te diré que la primera llave maestra que abre el acceso al conocimiento de la Verdad, que es lo que verdaderamente nos hace libres, radica en una pequeña preposición. Porque cuando recibimos la Gracia de la Salvación por medio de la Conversión, todos o casi todos sabemos de qué cosa nos hemos salvado, pero lo que no siempre llegamos a tener muy en claro es para que nos hemos salvado.

Durante una larga generación hemos estado manteniendo la letra de la verdad, mientras que al mismo tiempo, nos hemos estado alejando de su espíritu, esto es: del espíritu de esa verdad. Porque nos hemos preocupado más el de que nos hemos salvado que de el para que hemos recibido esa salvación.

Hemos sido salvados de nuestros pecados pasados. Con esos pecados, queda bien en claro, ya no tenemos más nada que ver. Tienen que ser olvidados porque Él se ha olvidado. Hemos sido salvados de la ira venidera.

Esa ira sigue existiendo, pero ya no tiene nada que ver con nosotros. Es decir que, cuando pensamos en el de que nos salvamos, solamente estamos pensando en lo negativo y absorbernos en ello, es vivir negativamente. Y muchos creyentes viven permanentemente en ese estado.

Dentro del camino de la fe es todo un arte saber olvidar. Si no lo logramos, estaremos condenados a no dejar de ser niños en Cristo. Si no podemos confiar en que Dios se haya ocupado adecuadamente de nuestras basuras pasadas, entonces es mejor darnos por vencidos y terminar con todo. Cincuenta años, lamentándonos de nuestros viejos pecados, no nos van a librar de ellos. Si Dios nos perdonó y nos limpió, el asunto está concluido.

Leemos en la Biblia, aunque en lo humano no podamos imaginarlo ni entenderlo, que los que están en el cielo no descansan ni de día ni de noche en su extática adoración de la Deidad. Padre, Hijo y Espíritu Santo: todos recibiendo la permanente adoración de sus hijos.

Ahora bien: si nosotros decimos y aseguramos (Y en muchos casos aún hasta lo cantamos), que vamos caminando hacia ese lugar, ¿Por qué no empezamos, entonces, desde ahora mismo, a adorar en la tierra en la misma forma que vamos a adorar en el cielo?

Estamos viviendo en un tiempo cuando los hombres buscan una cristiandad sin la cruz, y la bendición del reino sin la regla del Rey. Dicho en otras palabras: hay muchísimos dispuestos a ser y a considerarse cristianos, pero que se resisten o evitan pagar el precio espiritual que eso demanda. Son los mismos que evidencian adorar al Rey de reyes, pero no aceptan sujetarse a su autoridad y señorío.

¿Cuántas veces oíste decir a alguien: “Ah, sí, esta iglesia no es mala, pero está muy atada a las leyes; es muy legalista”? Dentro del inocultable despertamiento experimentado en la iglesia de mi país en estos últimos cinco o diez años, y la natural puja entre renovados, renovadores, ortodoxos y ultra-conservadores, yo, muchas veces.

Sigo pensando con total convicción y certeza que vivir la fe de un modo legalista a ultranza, minimizando u omitiendo la gracia, jamás nos podrá llevar a ningún lado, porque elegimos vivir bajo maldición en lugar de recibir la bendición, no menos cierto es que no podemos permitir ni aceptar que ese árbol nos impida ver el bosque.

¿Qué quiero decir? Lo que está sucediendo, ni más ni menos. Así como es inaceptable que muchos, con una Biblia debajo de su brazo, ejecuten sentencia de muerte sin la menor misericordia para con hermanos que han tropezado o han caído, así también tendré que decirte que, avalados por una misericordia que aparentemente daría para todo, muchas congregaciones se han vuelto altamente permisivas y tolerantes con el mismísimo pecado.

Cuidado. Nunca te olvides que Satanás, cuando ya no puede frenarnos, trata de acelerarnos. En suma: es tan grave esa especie de ahorcamiento espiritual al que muchos han sido sometidos en tantas y tantas congregaciones, – Hasta el punto de terminar arrojándolos fuera, a veces, hasta del evangelio -, como la total y absoluta pasividad total y alegre para con aquello que Dios, hoy, al igual que siempre, sigue aborreciendo infinitamente: el pecado.

Entre la abundante cantidad de material que muchos hermanos me hacen llegar, (De paso aprovecho este espacio neutral para agradecerlo sin caer en excesivas demagogias), días atrás tuve la oportunidad de acceder a un mensaje de un hombre de Dios a la antigua usanza; es decir: con el máximo de puntillosidad en el cumplimiento de la ley y hasta con cierta ferocidad santa (O al menos así me pareció verlo a mí), en reemplazo de la compasión.

Sin embargo, y por amor a las almas, al pensar como están viviendo algunos que censuran el legalismo, no me puedo resistir a pensar que, en ciertos casos, ciertos tipos de legalismo no son tan negativos después de todo.

Ayudan, quizás, a mantener una especie de sano equilibrio y juicio dentro del cuerpo de Cristo. Es como el miedo. El miedo es satánico y no tiene comunión con la fe y la confianza en Cristo. Pero el miedo del niño a la electricidad, – Quieras o no -, sirve mientras es pequeño par protegerlo de sus consecuencias.

(1 Tesalonicenses 5: 22)= Absteneos de toda especie de mal.

Si este versículo te suena como demasiado legalista, tendrás que coincidir conmigo que Pablo, entonces, era legalista. No. No te confundas. Pablo lo dice con claridad y justicia: de TODA especie de mal.

La diferencia comienza a surgir cuando nosotros, con dudosa sabiduría y con un incomprensible temor a que ciertas ovejas huyan despavoridas del redil, hemos decidido por allí en alguna reunión de buena voluntad, que “hay males mayores, importantes, y que hay males menores y permisibles”.

Esa es una mentira satánica. El mal es el mal y en Dios no mora el mal, por lo que muy difícil será aceptarlo EN CUALQUIERA de sus manifestaciones en los que andan por allí declarando ser sus hijos.

¡Claro que no estoy hablando de homicidios, adulterios o fornicaciones! Eso es más que visible; hablo, en todo caso, de celos, envidias y fraudes, dentro del cuerpo, tales como pagar trabajos de relación de dependencia con “ofrendas de amor”.

Porque esta sólo será apenas una chicana sutil de mucho pueblo evangélico para pagar salarios en negro y así hacer exactamente lo que el propio Jesús mandó no hacer: evadir impuestos. No sé si este versículo te suena legalista, pero tengo que decirte delante del Señor que sigue siendo vigente.

(1 Juan 2: 15)= No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

Sé perfectamente que este verso ha sido argumento para marginarse de la sociedad y crear una supuesta santidad de monasterios. Bajo esa interpretación sí, parece que Juan era un legalista. Pero el espíritu del pasaje es muy diferente.

La palabra MUNDO, en este texto, es la palabra KOSMOS, y no te habla de gente, te habla de una especie de espacio o tiempo cósmico que se podría sintetizar en una palabra: SISTEMA. De sistema mundano perverso, en este caso.

¿Sabes cuantos creyentes fieles y sinceros, todavía, eligen vivir de acuerdo con el sistema del mundo, por que no terminan de confiar en el sistema de Dios? Lo que te está diciendo Juan es que no pongas tu sentido o sacrifiques tu vida por algo que: 1) Apela a los apetitos de la carne. 2 Fomenta la codicia o la ambición. 3) Suscita el orgullo o la arrogancia.

A esto se refiere Pablo cuando dice en Romanos 12:2 que debemos renovar nuestro entendimiento porque esa es la única vía que nos permite conocer cual es la voluntad de Dios agradable y perfecta para este tiempo.

Ir a un partido de fútbol o ver un programa de televisión no es pecado, eso es más que obvio. Pero vivir las veinticuatro horas del día y la vida entera misma sin otro objetivo que el seguimiento de los colores de una camiseta o postergar cualquier cosa por un programa de televisión es una suerte de esclavitud permitida que te lleva a un grado de idolatría que, a su vez, te apartará del amor, el poder, la unción y la presencia de Dios.

Es el mismo concepto que desliza Jesús cuando habla, en Mateo 6:24, de la imposibilidad de amar o servir a dos señores: Dios y el dinero. Lo corrobora Santiago 4:4 cuando habla de lo pernicioso que resulta la amistad con el sistema. ¿O no hay congregaciones que han elegido, como método de inserción y prosperidad, establecer vínculos, arreglos o convenios con partidos políticos o gobiernos de turno?

(Lucas 13: 3)= Os digo: antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

Esto sí que suena demasiado legalista, ¿No? Bueno: primero tengo que decirte que no lo está diciendo Lucas, lo está diciendo el Señor. Entonces, ¿Jesús era legalista? De ninguna manera. Siempre hay un principio espiritual encerrado en un texto literal.

De otro modo, la letra te mata. ¿Cuántos saben que la Palabra es vida? ¿Será esto una contradicción? La Biblia no se contradice. Cientos de científicos de alta sabiduría humana han dejado sus vidas tratando de demostrar lo contrario Los epitafios que se leen en sus sepulcros, lo atestiguan.

Pese a la literalidad del texto, Jesús transfiere el significado de estos incidentes (En este caso se habían matado dieciocho trabajadores en un accidente), a la esfera espiritual. Él no hace teoría sobre la retribución, sino que habla de las exigencias urgentes del presente.

Visto de ese modo, vas a tener que coincidir conmigo que el término legalista, aquí, es más un cumplido que una crítica. Y tú me conoces bastante bien, ¿No es así? Me pueden bombardear con misiles de todas las clases (Y de hecho lo suelen hacer a menudo), pero con el de ser legalista me parece que no, ¿Entiendes?

El tema es que muchos están esperando que lleguen las doctrinas de demonios de las cuales se habla en Timoteo para los últimos tiempos. Y creen, – Con llamativa ingenuidad -, que un día va a ponerse a predicar un médico en lugar de un pastor y va a asegurar que ya no hace falta por sanidad porque la medicina tiene todo bajo control.

A los que esperan cosas así les tengo que decir, lamentablemente, que a la palabra SUTILIEZA no la han visto ni discernido, (Como se decía en mi país, en una época) ni en caja de fósforos. Entiende esto, hermano, por favor: ¡Ya se está predicando doctrinas de demonios! El problema es que muchos ni siquiera se dieron cuenta. Y otros tantos, con la misma o mayor ignorancia, hasta les ayudan a preparar esos mensajes.

Humanismo, filosofías orientales, cientifismo, psicología secular, intelectualidad prioritaria, soberbia y hasta algún avance del ocultismo bajo el barniz de la medicina mentirosa que difunde Nueva Era, ya están proliferando en forma alarmante en muchos púlpitos usando la ignorancia de pseudo-predicadores que han hecho del materialismo, el individualismo y la teología de la prosperidad personal, una prioridad, tanto en sus vidas como en la de los seguidores (Y sostenedores) de sus “ministerios”.

Cambios engañosos de doctrinas están añadiendo un énfasis erróneo que no es difícil percibir. Muchos llamados “maestros de la Biblia” han ignorado los absolutos de la Palabra de Dios para introducir a la sociedad en una era de supuesta liberación.

Donde quiera que se mire, aunque se mire con superficialidad, se grita, se clama y se aúlla por la libertad académica, por la libertad sexual (Hetero u Homo, da lo mismo, según la conducta elegida), y la libertad económica.

Pero lo más curioso y alarmante es que este mismo grito se puede oír en la iglesia. Son muchos los que vociferan: “¡Yo no estoy bajo las restricciones de la ley! ¡Estoy bajo la bendición de la Gracia! Y como estamos, hermanos míos, en una era de la gracia, permítanme continuar con el pecado para que esa gracia sobreabunde…”, exclaman con una muy dudosa interpretación de Romanos 6:1.

(Romanos 6: 1)= ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? (¿Cuántos saben que se deglutieron los signos de pregunta y que omitieron ex profeso las tres primeras palabras del versículo que sigue?)…En ninguna manera.

La posición que han tomado aquellos que reaccionan con vigor en contra de esa forma de legalismo que se las toma con el: “No te pintes, no te pongas esa ropa, no sonrías en el templo, no celebres, no hagas ruido, ponte la corbata,” es muy pero muy diferente a la posición de los que han aceptado alegremente una doctrina inspirada por el diablo bajo el barniz de una libertad no en Cristo, aparte de Cristo.

Una supuesta libertad que sutilmente ajusta las Escrituras para darle vía libre a sus deseos carnales: dinero, poder…y hasta sexo libre y promiscuo. ¿Quieres saber que respuestas han esgrimido algunos de los defensores de estas doctrinas? ¡Pero hermano! ¡Lo que hago con la carne no importa! ¡Lo que vale, es lo que hago con el espíritu! ¡Ohh! Ceguera.

Aunque parezca ridículo y de hecho lo es, estos sectores siguen condenando ciertos pecados en el mundo incrédulo, mientras son mucho más tolerantes y permisivos para con los mismos pecados en los santos. Recuerdo un pasaje al respecto:

(2 Pedro 3: 16)= Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que les ha sido dada, os ha escrito, (16) casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de esta cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras escrituras, para su propia perdición.

A propósito de esto, el escritor de la carta a los Hebreos, nos dice que un apóstata no es uno que se ha apegado a una doctrina falsa, sino alguien que, ateniéndose a la doctrina recta, se niega a cumplirla en obediencia espiritual.

Es donde también el calificativo de PREVARICADORES toma cuerpo y figura. Muchos son los que suelen ver al prevaricador como una suerte de sinónimo de pecador. Y no es que estén errados, pero lo correcto es que, prevaricar, es oír una verdad y creerla, pero decidir no obedecerla por la causa que sea.

LA iglesia de este tiempo está en un indudable apuro. ¿Por qué razón? Porque está fragmentada. Esta fragmentación también está en la sociedad secular, y aún en nuestros propios hogares.

El problema proviene de los individuos cuyas vidas están fragmentadas. Son personas que quieren perseguir su propio interés personal y sus propias metas privadas, particulares y personales. De esto hay tanto que puedes verlo a la vuelta de tu propia casa.

Estos mencionados, profesan ser cristianos, pero en realidad son gente de doble ánimo, y si predican, (Porque Satanás, si puede, ataca directamente el púlpito, que es lo que le conviene), lo hacen con doble mensaje, porque tienen metas divorciadas de la meta de Dios y corazones deshonestos que han suprimido lo absoluto y están a la deriva en alta mar.

(Santiago 1: 8)= El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

Cabe aclarar para que se entienda bien, que un hombre de doble ánimo es una persona arrastrada en dos direcciones opuestas. Sus lealtades están divididas, y a causa de su falta de sinceridad, vacila entre la fe y la incredulidad, pensando algunas veces que Dios le ayudará y renunciando en otras ocasiones a toda esperanza.

Esa persona, por consecuencia, es inconstante en todos sus caminos, no sólo en su vida de oración. La falta de consistencia en el ejercicio de su fe pone al descubierto la esencia de su manera de ser.

Cristo es Rey. Donde hay un rey, hay un reino. Donde hay un reino hay una jurisdicción, un ámbito geográfico o espiritual en el que ese rey tiene autoridad, dominio y mando y donde sus súbditos, habrán de estar sujetos, gobernados y guiados por leyes, obviamente, que provienen del reino.

(Hebreos 1: 3)= El cual (Cristo) siendo el resplandor de su gloria, (La del Padre) y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.

Hay leyes espirituales de la gracia, hay nuevos mandamientos en Cristo Jesús, y han de ser obedecidos si nosotros hemos de ser usados y bendecidos por Dios.

No tenemos que cundirnos porque, entonces sí, vamos a caer en el legalismo autoritario, sectario y ridículo que el mundo incrédulo no puede entender de modo alguno que venga del Dios de amor o del Cristo de la redención. No estamos bajo la ley de Moisés, sino bajo una ley divinamente dinámica que emana de la Gracia y el amor de Dios.

(Juan 14: 15)= Si me amáis, guardad mis mandamientos.

Yate lo enseñé. Un mandamiento no es ni una sugerencia, ni un consejillo práctico, ni una opinión humana. Es una orden. Y en un ámbito bélico, (Somos soldados de un ejército, recuérdalo), una orden nos deja dos alternativas: se obedece y somos soldados útiles, o se desobedece y nos convertimos en desertores o en traidores.

(Romanos 5: 5)= Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Dice que tener esperanza de ninguna manera puede ser motivo de vergüenza. ¿Nunca intentaron avergonzarte, tanto en privado como en público, por tener esperanza en Dios? En tu reacción ante esta agresión se verá, primero, tu estado de madurez, y segundo, tu grado de libertad en Cristo.

Si dices para tus adentros: “¡No me entienden, mejor no digo más nada!” y te recluyes, te marginas en una burbuja de material plástico llamada “congregación local”, ni estás maduro, ni eres automáticamente libre en Cristo. Si perseveras contra viento y marea, la cosa es diferente.

Quiero aclararte, asimismo, que la palabra AMOR, en este pasaje, es la palabra AGAPE, que es una de las cuatro que se utilizan en la Biblia y es la que define el amor de Dios. AGAPE significa una invencible benevolencia y una irreductible buena voluntad que siempre busca el bien de la otra persona, sin que importe lo que esa persona haga.

Es una palabra a la cual el cristianismo le dio un nuevo significado, ya que muy raramente este término se utiliza en alguno de los manuscritos pertenecientes a esa época. AGAPE es el amor sacrificial que da libremente sin pedir nada a cambio y que no se detiene a considerar el valor de su objeto.

AGAPE es un amor que se ofrece conscientemente, mientras que PHILOS, otra palabra que también significa AMOR, depende de las circunstancias involuntarias; tiene que ver con Voluntad más que con emoción. AGAPE describe el amor incondicional de Dios por el mundo.

Sabemos que la esperanza del amor de Dios. Esto tiene que ver con el sello indeleble de ese Espíritu Santo en el momento de la conversión genuina. En Cristo y solamente en Cristo estamos libres del pecado y de sus consecuencias horrendas, para que sirvamos al Dios vivo.

(Juan 8: 34)= Jesús les respondió: de cierto, de cierto os digo: que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

(35) Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo si queda para siempre.

(36) Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

Esto, en contra de algunas enseñanzas muy particulares, nos demuestra claramente que no es nuestra estirpe étnica o familiar la que nos hace aceptos a Dios, sino el honrarlo a través de la fe y el amor a Jesucristo.

Conviene andar con pies de plomo, entones, en estos días de doctrinas engañosas y destructores, no sea que nuestra libertad nos guíe a nosotros y a nuestros hijos a la esclavitud.

Alguien me dijo alguna vez al pasar: “Mira, hermano…¿Qué quieres que te diga? Yo no salí un glorioso día de la esclavitud del pecado, para caer en la esclavitud de una politiquería religiosa”… Perfecto. ¡Que gran cosa sería si todos tuviéramos la suficiente memoria, – Al meternos en vericuetos políticos internos -, como para recordar de donde nos sacó el Señor.

Claro está que no todos encontraron a Cristo de grandes, de adultos. No todos han vivido años de oscuridad chapaleando el barro mugriento y maloliente del pecado del mundo hasta que el Señor los rescató de allí. Muchos son los que han experimentado la enorme bendición de haber nacido en un hogar cristiano y, por lo tanto, tienen el evangelio una visión muy distinta.

Pero siempre los hijos habrán de tomar los modelos paternos. Una familia de fe, engendrará y dará a luz hijos que al menos sabrán que es la fe. Pero una familia de “operadores políticos religiosos”, engendrará y dará a luz hijos que harán de la política eclesiástica interna una burda sátira del evangelio y de la libertad en Cristo prometida.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez