Yo no sé si a usted le habrá sucedido lo mismo. Yo recuerdo, cuando hace unos cuantos años estaba congregado en una iglesia sumamente ortodoxa, en la que se hablaba permanentemente de Cristo y de Dios, pero muy poco, poquísimo, del Espíritu santo y absolutamente nada de Satanás.
Yo leía en mi Biblia todos los pasajes donde se refería a Dios como “Jehová de los ejércitos”. Luego leía donde decía que Dios es el mismo ayer, hoy y siempre, y no podía terminar de entender como, si éramos hijos de un Dios de los ejércitos, no nos comportábamos con el carácter de un soldado.
Pensándolo un poco más, avanzaba en la investigación y concluía que si realmente éramos bíblicamente un ejército, tenía que ser indiscutiblemente porque estábamos en guerra con alguien o con algo.
Un día lo pregunté y me dijeron que no, que eso era en aquellos tiempos del Antiguo Testamento, que ahora no había ninguna guerra y que todo se limitaba a predicar el evangelio para que la gente tuviera salvación.
No me convencieron. Me quedaba dando vueltas el otro pasaje, el que está en el Nuevo Testamento y que dice que en Cristo, somos más que vencedores. ¿Cómo podríamos ser más que vencedores sin tener algo en que vencer?
Lo cierto es que yo estaba formando parte de un ejército, tenía armas para utilizar y un enemigo dispuesto a liquidarme y no lo sabía. Así anda nuestro ejército, todavía. Mientras cualquier ejército humano, secular, funciona de un modo donde cualquier soldado, de pronto, da su vida por otro soldado a quien ni siquiera conoce, nosotros, el ejército de Jehová, no sólo no damos la vida por un hermano desconocido, sino que incluso, nos peleamos con los hermanos bien conocidos por ver quien se sienta a la mesa del pastor el día de su cumpleaños…
Y como cualquier ejército que desea triunfar, tenemos la obligación de manejar estrategias de guerra. Ya sé, me vas a decir que la guerra está ganada en la cruz del calvario, que allí ya se obtuvo la victoria. Es cierto, es así, pero no se olvide que esa victoria, hay que salir a hacerla efectiva.
Muy bien; una de las estrategias más valiosas en esta guerra, es destruir fortalezas del enemigo y, par lograrlo, debemos darle prioridad a una de nuestras armas más poderosas: nuestro testimonio. Judas lo tiene bastante claro, mire:
(Judas 3)= Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.
Cuando él dice “gran solicitud”, lo que está queriendo decirle es que había una fuerza interna que prácticamente lo obligaba a escribir eso. Y le dice que contienda ardientemente por a fe, que se juegue usted por la palabra, aunque para eso tenga que enfrentarse al mismísimo cabezón presidente de alguna denominación que decidió inventar otra cosa.
Porque es indudable que la única unidad posible, es la unidad de la fe sustentada en el Espíritu Santo de Dios. No alcanza con que diez líderes se tomen un café, juntos, un día en la semana, y luego, al momento, salgan con la velocidad de una bala a cuidar sus huertas personales.
Dios, por ejemplo, dice que la iglesia es una. Los hombres, sus hijos, en tanto, insisten en decir que no, que hay más de una y que todas están donde están por decisión de Dios y para bendición. A mí no me produce ninguna bendición no obedecer, no aceptar, no creer y no poner por obra la Palabra de Dios escrita en la Biblia.
¿Y sabe usted por qué dice que debemos contender ardientemente por la fe? Porque ardor es pasión, y sin pasión no hay intimidad. Sin intimidad no hay concepción y sin concepción no hay fruto. Cristo decía: “Somos uno”. La iglesia todavía dice: “¡Es que no se puede!” ¿Estará equivocada la iglesia o Jesús no sabía lo que estaba orando?
(4) Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.
Dice que es alguien que llega de una manera encubierta, camuflándose, mimetizándose en otra cosa. ¿Y de qué puede usted disfrazarse en una iglesia para que no lo descubran? Por supuesto que no es un individuo que llega de una secta y le ofrece el oro y el moro para robar el rebaño.
No estamos hablando de Jim Jones, aquel de la masacre, del suicidio en masa de Guyana, recuerda? Tampoco estamos hablando de los Testigos de Jehová, estamos hablando de encubiertos, de embozados, escondidos, disfrazados.
Gente que quizás tiene dones, hace señales y hasta evangeliza con éxito, pero que no tiene un testimonio acorde y trae, en suma, una falsa enseñanza. A veces, eso sucede sin que la persona se de cuenta.
A veces, sí se da cuenta, pero decide que le conviene más así y sigue adelante. No se olvide usted que un predicador no trae un mensaje. Un predicador ES el mensaje caminando. Lo mismo el maestro. No trae una enseñanza. Él tiene que ser la enseñanza viviente.
Es muy complicado el hecho de detectar a la gente que trabaja sabiendo lo que hace. Es mucho más complejo que descubrir gente equivocada por ignorancia. Porque los últimos no esconden nada, pero los primeros tienen tal grado de sutileza que, al mejor cazador, se le puede escapar la tortuga…
El caso es que alguien no tiene un mensaje. ES el mensaje o no es nada. Porque sin testimonio no hay mensaje, sólo hay discurso. Y dice la palabra que esto produce algo llamado Libertinaje de la gracia.
Libertinaje, te aclaro, es el espíritu de liberalismo. De un liberalismo que empezó con Eva, el día que dijo: yo voy a ser liberal y voy a comer la fruta que me dijeron que no debo comer, sencillamente porque se me da la regalada gana. Yo lo voy a hacer así y no me interesa lo que diga Dios; esta es mi iglesia.
Cuando se infiltra el libertinaje en las vidas de los consagrados, el ministerio pierde su integridad. Tal como dice el verso 4, niegan a Dios, el único soberano. ¡Pero hermano! ¿Cómo se le ocurre? ¡Yo no niego a Dios!
¿Ah, no, eh? ¿Y en que quedaron esas obras que iba a hacer este año? – Y…allí quedaron…es imposible realizarlas ahora…la situación económica, ¿Entiende? – ¿Situación económica? ¿Y que es eso? ¡Dios es soberano, señor!
Bueno…a eso ya lo sé, pero las circunstancias actuales, usted lo sabe, no son las mejores. El gobierno, nuestras deudas con el exterior… – ¡¡Basta!! ¡Dios es el Dios de todos los reyes! Negar a Dios, a veces, no es ponernos a adorar un becerro. Negar a Dios es, sencillamente, no creer que somos su imagen y semejanza, es decir que somos un espíritu al cual las cosas materiales no pueden afectarlo.
Dios jamás es limitado por circunstancias mundiales. Cuando el pueblo estaba oprimido, allá en Egipto, Dios levantó a Moisés. Cuando la iglesia iba a ser destruida, Dios levantó a Ester. Cuando los filisteos oprimían al pueblo de Dios y Goliat hacía con ellos lo que se le daba la gana, Dios levantó a David.
Cristo dijo que las puertas del Hades no prevalecerían contra ella. ¿Contra que? Contra la iglesia, naturalmente. ¿Y entonces, para que le voy a enseñar a la gente Guerra Espiritual, si es que el diablo no puede meter sus narices en la iglesia?
Mire; hágalo por las dudas que esto que usted cree que es iglesia, sea todavía, apenas, un grupo alegre de gente reunida para entretenerse. Y la Biblia no dice en ninguna parte que el maligno no puede tocar a un grupo de gente alegre que va a un templo, ¿Entiende?
Si mira usted las circunstancias a través de los ojos de un egipcio, usted ve las plagas, la pestilencia, el SIDA, la recesión, los problemas. Ahora; si usted lo mira a través de los ojos de la simiente, usted ve el Mar Rojo abierto, la tierra de Gosén, el arca de Noé y el maná del cielo. ¿Qué ojos tiene usted? Si surjo le es ocasión de caer…De eso se trata, no de donar un ojo en vida y quedarse tuerto. Dios no lo hizo así a usted.
(5) Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron.
Mire; yo no sé que significado tiene esto para usted. Es más: no sé como ha sido usted enseñado con respecto a la salvación. No nos olvidemos que hay divisiones antiquísimas basadas en ese punto de la teología. ¿LA salvación se pierde, o no se pierde?
Eso, además de divisiones, ha producido tremendas actitudes que son dignas de análisis por lo incoherentes. Los que simpatizan con “La salvación se puede perder”, han adoptado la costumbre de “convertirse” en cada reunión evangelística.
Mí me ocurrió en una ocasión en que me tocó predicar en una reunión donde se iban a realizar bautismos. Dí el mensaje que llevaba y, al final, apuntando a los familiares no creyentes de aquellos que se bautizaban esa noche, hice el clásico llamado.
Para mi sorpresa, entre los que pasaron al frente a “recibir a Jesucristo y entregarle su vida a Él”, pasó una de las personas que se estaba por bautizar. Me quedé pensando si no habría sido muy confuso mi llamado, o si la persona, verdaderamente, temía haber perdido su salvación a raíz de algún pensamiento no muy santo durante el culto.
Pero también están los simpatizantes de “La salvación no se pierde”. Estos han llegado a cometer verdaderas tropelías dentro de sus iglesias, con total y absoluta tranquilidad porque, dicen, ya fui aceptado, ya soy salvo y nadie puede sacarme eso.
Está bien; yo no voy a polemizar, pero: ¿Cómo podemos compatibilizar estas cosas con este pasaje que leímos? A mí me parece, (Y no lo tome usted con valor doctrinal, es una idea mía, nada más), que no hay salvación por decreto ni tan inconmovible cuando no es genuina.
Porque la misma palabra o cualquiera de sus textos paralelos, dice que a los mismos que primero salvó, porque no creyeron, después destruyó. Este es un pueblo para creyentes, no para miembros de una religión denominada Cristianismo.
La parábola de los talentos habla del Reino de Dios, no del mundo. Y le dice al siervo que enterró el talento: ¡Inútil! ¡Fuera! ¡Al lloro y el crujir de dientes! Ah, muy bien. Le hago una pregunta tonta, entonces: ¿Adonde está el crujir de dientes? Siempre se dijo que se trataba del infierno.
No sé, puede ser, no me voy a poner en contra de todo lo enseñado, pero, y si entendemos que el pueblo que no tiene visión es mejor que ande muerto y no en vida sin visión; ¿No podremos pensar que hay crujir de dientes porque no tienen visión?
El caso testigo es Sansón. ¿Nunca se ha preguntado por que está la historia de Sansón metida en la Biblia? ¿Usted cree que esto no fue más allá del cabello, su fuerza y la reina de Saba? Cuando se queda ciego, comienza a dar vueltas y vueltas por todo su ministerio. Ciego, sin fuerzas, sin saber que está haciendo, dando y dando vueltas porque s ele ha perdido la visión.
Allí hay tinieblas, crujir de dientes, allí se cansa usted porque la carga es muy dura, nadie le ayuda, se le va la gente, siempre hay quejas, siempre hay problemas y, para colmo de males, como usted ha perdido la visión, no tiene ni la menor idea adonde ir.
(6) Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día.
No guardar la dignidad, aquí, significa dejar vacante su autoridad. Porque los líderes nunca dejan vacantes, sólo dejan de hacer. A veces, convengamos, ni hacen ni dejan hacer. Pero de todos modos, mantienen el título y la posición.
¡Sí señor! ¡Yo soy el que manda aquí! O la otra: soy el pastor Fulano. Ah…¿El pastor Fulano? ¡Que bien! ¿Y adonde está su iglesia? – No…no tengo iglesia, estoy buscando… – ¡Ah, que bien! Hermano Fulano, entonces. Poimano. Función, jamás título y mucho menos credencial.
(7) Como Sodoma y Gomorra, las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.
¿Y que culpa podrían tener las pobres ciudades vecinas, que en Sodoma y en Gomorra se fornicara? Miraron y no dijeron nada. ¿Qué culpa tiene el pastor que esa parejita de novios…? Sabía, pero como eran hijos de familias muy poderosas e influyentes, no dijo nada…
¿Será justo Dios extendiendo su juicio a esas ciudades? Sí, es justo, ¿Sabe usted por que? Porque Él no habla de la fornicación que usted cree, habla de fornicación espiritual. Ah, entonces…eso quiere decir que…si en la congregación en donde yo estoy, hay de esa fornicación espiritual…¿Yo también estoy bajo juicio? No sé, no soy yo Dios. Lo que mejor que usted puede hacer si tiene dudas, es orar. Él le dirá que hacer.
¿Qué se dice hoy? ¡Esto está muy mal! ¡A esta juventud no hay quien la corrija! Pero nosotros somos iglesia y vamos a mantenernos santos. Sí, pero mientras tanto estamos cediendo un espíritu que nos rodea y nos controla, cuando lo que tendríamos que hacer, es sacarlo a patadas con la autoridad y las armas que el Señor nos ha dado.
Porque fíjese que ellos sufrieron el castigo al igual que aquellos que estaban fornicando. Eso significa que, una sociedad que, aunque no se involucre en lo malo, no hace nada al respecto, no clama a Dios, se da por vencida, dice “no puedo hacer nada”, o “esto jamás va a cambiar”, terminará igual que Sodoma y Gomorra.
Claro, después la excusa antigua, clásica y tradicional, será: “¡Estamos siendo atacados por el diablo, hermanos!” – No, “hermano”…HAN DADO LUGAR al diablo, que no es lo mismo. ¿Por qué? Porque no obedecieron la Palabra, nada menos.
Mire; le digo algo. Es muy cierto que existen principados, potestades, gobernadores y huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Ellos tienen una jerarquía en la atmósfera, pero no cabe ninguna duda que su trono está en la mente de los seres humanos.
Entonces, por más que usted ate demonios en el cielo, si usted no va y ofrece una alternativa, ellos vuelven a dominar. Entonces usted se encuentra con gente que le dice: ¡Hermano! ¡Más que soluciones, lo que se necesita aquí es mucha oración!
Y sí, es cierto, no se puede menos que estar de acuerdo. ¿Quién le puede negar la autoridad y efectividad a la oración? Pero una vez que oramos buscando dirección y Dios nos responde dándonos la salida al problema, eso no es una solución?
Allí es donde nos tenemos que poner en marcha para obedecer lo que Dios dijo que teníamos que hacer. Entonces mire: si usted quiere seguir orando, puede hacerlo, pero tiene que ser para dar gracias por la respuesta que ha recibido, al mismo tiempo que camina en dirección al lugar donde Dios le dijo que debía ir. Ni tanto ni tan poco.
Un principado, usted lo sabe porque aquí lo hemos enseñado, no es un monstruo de ojos fulgurantes y cuernos que echan humo. Un principado es un demonio que gobierna un principio en forma práctica y eficiente.
Fíjese que no puede haber un gobierno sin que se esté ejerciendo un principio. Hay principios, mi querido hermano, en la tierra, que tienen su fundamento en jerarquías satánicas. Humanismo, cientifismo, aborto, liberalismo.
Principios que tienen su base de operaciones en la mente, no en un lago de azufre y fuego literal. Principios que ellos están tratando de dictarle a la iglesia para que la iglesia se “modernice” y pueda ser aceptada con mayor “simpatía” por la sociedad que la rodea.
¿Se da cuenta? La iglesia ha mordido ese anzuelo varias veces. Se ha llegado al extremo que, desde alguna posición oficial de un gobierno incrédulo, pecador y hasta esotérico, se dictan leyes que le dicen a la iglesia que es lo que puede hacer y que es lo que no puede hacer.
¡Es que debemos sujetarnos a nuestras autoridades, hermano! ¡Lo dice la Biblia! Sí, pero al igual que en todos los otros, el principio de la sujeción siempre será: “A autoridad sujeta a autoridad divina.” Si así no fuera, ni autoridades, ni pastores, ni esposos podrán sujetar a nadie a esclavitudes de hombres, ¿Está claro?
Como será la influencia del humanismo dentro de las iglesias que, de pronto estar en contraposición con lo que dice la televisión, la ciencia y la gente mayoritariamente, puede hacer de usted un “fundamentalista”, un “espiritualista” o algún epíteto peor.
En una escuela cristiana, se le pidió a los alumnos un trabajo en láminas sobre el SIDA. Cada grupo presentó las suyas y los resultados fueron excelentes. Los mejores fueron expuestos en un salón en el que alguna vez me tocó dar clases de escuela bíblica.
Me llamó mucho la atención uno en el que se leía: “Recuerda: ¡Sexo seguro! ¡Usa preservativos!” Claro; en cualquier lugar del planeta, el profesor que evalúa este trabajo, puede calificar con un ocho o un nueve y hace justicia. Pregunto: ¿En una escuela cristiana, también?
¡Pero hermano, no sea legalista, son jóvenes! – Son jóvenes hijos de Dios… – ¡Pero hermano! ¡El profesor da una materia y si lo que se hace es correcto, no puede censurar nada! – De acuerdo. Pero, entonces: ¿Cuál vendría a ser la diferencia entre la enseñanza de una escuela pública y secular con una que pertenece a una iglesia, a una denominación o cosa parecida? Usted, acaso, ¿Envía su hijo a una escuela cristiana para que le enseñen cosas con la misma óptica que las enseña el mundo? ¡Que hermoso problema tenemos!
Atar al malo sin entrar en la casa, es insuficiente. Veamos: nuestra nación tuvo enorme depresión económica, había millones de desocupados, la calidad ambiental sigue siendo deplorable, hay tal inseguridad que, en algunos lugares, la gente vive arrinconada en sus casas, las noticias no relatan todo, cuentan sólo lo que conviene a los sectores de donde provienen.
Eso es el mundo de donde emana la educación global. ¿Pero las escuelas cristianas, estarán sujetas a esa globalidad? Y si es así, ¿Adonde está la diferencia? ¿En hacer una oración formal y preconcebida antes de comenzar las clases?
¡Señor maestro de Biblia, usted ignora que debe enseñarse profilaxis! – De acuerdo; para información no me opongo en absoluto y por el contrario, me parece interesante. Pero a la hora de dar soluciones, la del preservativo para sexo seguro, no me parece apta para nuestros chicos. Ya la oirán ellos desde el mundo secular. ¿Por qué no entregarles algo para que entiendan que son o tienen que ser distintos?
(8) No obstante, de la misma manera también estos, (¿Quiénes son “estos”? De los que miran y no hacen nada en este asunto) soñadores que mancillan la carne (Aquí le está hablando del cuerpo de Cristo) rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores. (¿Qué dice? Que son soñadores que envenenan el cuerpo de Cristo y que rechazan la autoridad en una posición de sectarismo.) ¡Pero hermano! ¡Yo soy parte de ese cuerpo! – Sí, pero a veces, recuerde, nuestro testimonio representa lo que no somos…
(9) Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: el Señor te reprenda.
Aquí es donde nosotros, muy religiosos, hemos usado esto para decir que no tenemos autoridad para encarar esa batalla, en su nombre, cara a cara. Mejor, entonces, nos quedamos con: “…El Señor te reprenda…”, que trae menos riesgo y menos compromiso.
No sé si esto podrá estar muy bien o muy mal, no es mi intención en absoluto ponerme a polemizar sobre doctrinas teológicas, pero una sola cosa puedo decirle: ¿Cómo le ha ido hasta aquí, a la iglesia, en esa batalla? El resultado le va a dar la justa ubicación y realidad.
¿Sabe que es, en realidad, lo que dice este pasaje? Trate de leerlo con su entendimiento y dejando de lado el idioma Reina Valera en el cual hablan miles de cristianos evangélicos. Dice: “Lucifer fue un compañero mío de empleo; Ya sé que está en un estado caído, pero igual yo no tengo derecho a pisotearlo. Estamos en un mismo nivel. Ahora, si yo fuera hombre, ese sería otro cantar. Pero siendo arcángel, el que tiene que hacer justicia es el Señor.” Igualito a la iglesia, que a la hora de pisotear a los líderes de Dios (Y no hablo de los nominales, hablo de los auténtico de Dios), lo hace sin el menor rubor.
¿Sabe cual es la postura de Dios para con el mundo? LA de la reconciliación. Cuando usted aceptó a Cristo, se reconcilió con Dios. Cuando usted nació, como creación divina, hizo una especie de acuerdo espiritual. Después, lo dejó de lado hasta la conversión.
De allí en más, empezó a escribir su propia historia como creyente. Un día, vaya uno a saber por qué motivos, decidió que todo era un fraude, que los hombres decían mucho y vivían poco y se apartó.
Primer, de una congregación local, lo cual no sería tan descabellado, pero en casos, luego, también del Camino mismo, porque Dios para usted, pasó a ser un lindo recuerdo de aquella época en que se podía creer todo. Así le fue.
Cuando volvió a oír esa dulce voz, entendió que Dios realmente estaba preocupado y haciendo todo de su parte para que se reconciliara con Él. Nunca hemos terminado de entender que, esa restauración, es renovar a los que estando adentro, cayeron.
La iglesia, seremos francos, todavía no ha provisto un ambiente propicio para una verdadera restauración. No se olvide: estar en Cristo, nos produce moral. Estar en una iglesia con algo de Cristo, nos produce moralina y pacatería barata. Al resultado usted lo puede evaluar por usted mismo, no me necesita a mí para mirar a su alrededor.
(1 Timoteo 5: 20)== A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman. (Esta palabra usada aquí como REPRÉNDELOS, significa en su traducción literal: “Examínalo en paz y a conciencia”. Nada que ver con agredir a gente desde los púlpitos, ¿De acuerdo?)
(Gálatas 6: 1)= Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.
¿Hay que restaurar? Hay que restaurar. El Reino de Dios es un reino de reconciliación y restauración. ¡Venga hermano! ¡Ya sabemos que mató a veintitrés personas, pero Dios le ama y le quiere restaurar! ¡No se preocupe! ¡Puede seguir viniendo a la iglesia que no pasa nada! ¡Dios siempre perdona!
No, espere, no es tan así; no se confunda. Para una restauración válida, primero tiene que haber: Nº 1)= Que ese hermanito tenga un arrepentimiento genuino. No que esté “un poquito” arrepentido y otro “poquito” avergonzado.
Yo he visto a algunos llorar en la plataforma y hacer llorar a toda la iglesia, pidiendo perdón por la barrabasada de su vida y, al tiempo, cuando ya todo el mundo se olvidó y está en otra cosa, multiplicar aquel asunto por veinte.
Nº 2)= Él, ese hermanito, es quien tiene que restaurar el área que él mismo haya perjudicado. Es decir que: a quien le haya hecho daño con su comportamiento. Porque ese no se va a conmover tan fácilmente con un par de lágrimas como hace la iglesia emocional, y se verá si acepta el supuesto cambio, arrepentimiento y perdón.
Nº 3)= Tiene que tener, además, contristamiento de Dios. Tiene que ser sumiso. Nadie puede ser restaurado con un ánimo de “Aquí no ha pasado nada”. Tiene que haber un tiempo de separación y otro tiempo de intimidad total con Dios.
Nº 4)= Esta es para la iglesia; tiene que haber total aceptación del restaurado cuando este ha dado los pasos mencionados, sin tomar en cuenta lo pasado. Hay iglesias que disciplinan a un hermano caído, lo muestran públicamente, lo obligan a humillarse y a pedir perdón y lo restauran, pero una vez sucedido todo esto lo dejan a un costado, porque “Con lo que le pasó ya no es confiable”. No. De ninguna manera. Cualquier mecanismo que se repara, va a quedar mucho mejor que lo que estaba antes de repararlo, ¿Se entiende?
(Judas 12)= Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros, se apacientan a sí mismo0s; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados.
1)= Manchas que manchan nuestro mensaje.
2)= Nubes sin agua; no hay revelación. Se esconden detrás de otros.
3)= Un ministerio irrelevante. Contesta lo que nadie está preguntando.
(Judas 17)= Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; (18) los que os decían: en el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos.
(19) Estos son los que causan divisiones; los sensuales que no tienen (Y por lo tanto no entienden) al Espíritu.
Fue profetizado ya; los apóstoles lo dijeron. Es normal lo que está sucediendo. El ataque, es parte de su empleo, no se preocupe. Fue dicho de antemano que iba a suceder. NO se asombre, no se asuste, no se esconda.
Tampoco es cuestión de andar a los alaridos en la iglesia de que el diablo lo está atacando. Nadie va a pensar que usted es muy importante en el mundo del espíritu. Lo más probable, es que alguno diga: “Y…en algo le habrá dado lugar, ¿No cree?”
(20) Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, (21) conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.
(22) A algunos que dudan, convencedlos.
(23) A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aún la ropa contaminada por su carne.
¿Se da cuenta que el gran ministerio de la iglesia es el de la recuperación y nunca el de la discriminación y la marginación? ¿Puede entender que el amor de Dios se derrama sobre un grupo de gente restaurada de las peores inmundicias y decrece considerablemente ante personas que jamás han hecho nada despreciable?
¡Hermano! ¿Usted me quiere decir que hay que pecar sin frenos para tener más gracia? No, en absoluto. ¿Cómo se le ocurre que le diría tamaña barbaridad? Eso quiere decir que hay que amar a los perdidos, a los caídos, a los extraviados, a los endemoniados, a las prostitutas, a los homosexuales, a los drogodependientes, a los alcohólicos, a los que padecen SIDA, a los ladrones, a los divorciados, a los sucios, mugrientos y corruptos en cualquier instancia. Los enfermos necesitan médico, no los sanos. ¿O vamos a seguir gratificándonos con la atención de gente sana y abandonando a su suerte a los enfermos?