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Herederos Reales

Es indudable. Toda la Biblia lo dice. Somos un pueblo de herederos reales. ¿Por qué? Porque por la potestad que nos es dada a partir de creer que Jesús es el Cristo y que resucitó de los muertos, somos declarados hijos de Dios por esa fe. Y porque además, somos considerados como un pueblo de reyes y sacerdotes, esa realeza es la que nos constituye, no sólo en herederos, sino además en herederos reales.

(1 Pedro 2: 4)= Acercándoos a Él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, (¿Nosotros también, qué? Desechados por los hombres, pero escogidos, aprobados y agradables a Dios) como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

(6) Por lo cual también contiene la escritura: he aquí, pongo en Sión la principal piedra del ángulo; y piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.

Está claro; los que van a  tropezar, tropiezan con la palabra que se está predicando. Cristo es una roca, pero la roca, el fundamento, (Uno dice que es salvo y ya tiene el fundamento, pero no es así) Usted entró al Reino. El fundamento es algo que se va formando progresivamente en su vida. Y la roca de Cristo nos llega por pedazos de revelación.

Y cada vez que Dios habla algo fresco que nos revela quien es Él, hay quien lo rechaza y para él, esa piedra se transforma en tropezadero. Pero esa piedra no es otra cosa que un mensaje, porque dicen que tropieza con la palabra. No son gente que odia a Cristo. Son gente que ama a Cristo, pero tropiezan con la revelación de Cristo. Porque aceptan de Cristo solamente lo que les gusta.

Cuando Cristo comienza a decirnos quien es en verdad Él, las cosas se empiezan a complicar. Cristo nos dijo que Él era amor, misericordia, guerrero. Dijo: …No vine a traer paz, sinon una espada… Cuando entró en la casa de Dios y desparramó todas las mesas de los mercaderes. Si no comes de mi carne, no eres digno de seguirme.

Lo mismo que pasó en lo natural, está pasando ahora en el espíritu. Ya conocimos al Cristo de amor. Ahora estamos conociendo el gobierno de Cristo; y no nos gusta.

Igualito a como lo dijo Él en los evangelios. ¿Qué? ¿Ustedes se quieren ir también con él? ¡No! ¡Si tú tienes palabra de vida eterna! – Hay gente que se siente ofendida con lo que Cristo está mostrando que es Él hoy. Dice que tropiezan. Es una roca que hace caer porque tropiezan con la palabra siendo desobedientes.

(9) Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, (Allí está la combinación. Una vez que Cristo entra en el orden de Melquisedec, no reconoce sacerdocio que no tenga esa combinación. En ignorancia nos permitió lo que fuera, pero ahora se lo está revelando a usted y no lo permite más. Sacerdocio sin gobierno y gobierno sin sacrificio. Ambos operando en un solo hombre.

Una combinación nunca antes vista en un solo hombre. Porque antes era distinto; o era usted una cosa o era la otra. Pero las dos juntas, no.) nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis (Esta palabra, ANUNCIAR, es la palabra PROCLAMAR. Una vez que usted entra en este orden de Melquisedec, su adoración ya no se limita a canciones, sino a verdaderas y genuinas proclamaciones. Salen del nivel civil y entran en el nivel de un rey. Son declaraciones, son decretos, son proclamaciones. Hay un puño silencioso detrás de las palabras que es reconocido en el mundo del espíritu)

(Hebreos 7: 1)= Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente rey de justicia, y también rey de Salem, esto es; rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principios de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

(4) Considerad, pues, cuan grande era este, a quien Abraham el patriarca dio los diezmos del botín.

¡Como será de grande la influencia de este hombre que aparece quinientos treinta años antes de la ley e introduce algo que no comenzará hasta dos mil años después de la ley! Tan grande que el propio sacerdocio levítico, en Abraham, invierte con el diezmo en la destrucción de su sacerdocio por medio del orden de Melquisedec. Impresionante. Un hombre que sólo hace una aparición en la Biblia y afecta a dos mil años de generaciones.

 (5) ciertamente Los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque estos también hayan salido de los lomos de Abraham.

(6) Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

(7) Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. (Estos son principios que muy pronto van a darse en la iglesia. Y la gente va a reconocer a los mayores, más allá de los títulos)

(8) Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive.

(9) Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; (¡El sacerdocio Melquisedec es tan grande que le traen los diezmos aquellos que reciben los diezmos!) …porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

(11) Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico.

Algo es claro: el motivo por el cual hay reforma, es la perfección. Si el primer orden hubiera logrado perfeccionar, no hubiera hecho falta reforma. Es necesaria la reforma porque es necesario un sacerdocio que sí perfeccione. Si el orden levítico lo hubiera hecho, Melquisedec no habría tenido razón de ser.

Cambia el sacerdocio y cambia la ley, pero la ley antigua sigue estando. El problema, hoy, es que muchos cambian títulos, creen ser parte del nuevo orden, pero no han cambiado las leyes sobre las cuales operan en sus ministerios.

(1 Pedro 2: 9)= Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

El orden de Melquisedec es un ser, es la combinación de dos oficios en un hombre. Es rey, pero es sacerdote. Está en la tierra, pero conectado con el cielo. Este es un principio: cuando usted no es leal a lo eterno, es leal a lo temporal.

Cuando hay cambio, usted se transforma en objeto de reforma. Porque está tan atado a los tiempos, que cuando el tiempo cambia, usted se pone porfiado y no quiere cambiar. La lealtad siempre es con Dios no con denominación, con su pastor, con su doctrina, con su mensaje, con su ministerio. Leal a eternidad.

Dios me usa hoy. Si mañana decide no hacerlo, yo me tengo que volver a sentar en mi banco. Si insisto en quedarme agarrado al ministerio o al púlpito, soy un terco al que hay que reformar. No se trata de manejar su ministerio, se trata de ser mayordomo de SU ministerio.

Hay mucha gente esquizofrénica. Predican una cosa, pero viven otra. Este Melquisedec no era esquizofrénico. Estaba del lado eterno, no andaba confundido y sabía quien era.

Hay gente, en la iglesia, que tiene dos naturalezas. Asumen que están restaurados, pero cuando usted los rasca un poco, les sale lo religioso. Lo que Dios quiere conseguir de nosotros, es que seamos agentes terrenales con una mentalidad divina. Prevaleciendo en el mundo natural las veinticuatro horas del día, no en las dos horas de culto.

Cuidado: cuando decimos que somos imagen, semejanza y sustancia de Dios, siempre hay uno que no oye bien que dice: ¿Qué dijo? ¿Qué somos Dios? ¡¡Eso es Nueva Era!! Escuche: Nueva Era dice que el hombre ES Dios. ¡Yo digo que el hombre tiene que vaciarse de él mismo, de su propia naturaleza anímica, para dejarse llenar por Dios!

¿A cuantos les gustaría aparecer una sola vez y que nadie se olvidara de ellos? ¿A usted no le gustaría aparecer en algún lugar una sola vez, una única vez, y que de allí en más nadie lo olvidara y todos los días alguien hablara de usted? Melquisedec no tiene papá, ni mamá, ni parientes.

Nadie sabe donde se graduó, ni siquiera saben de donde viene. Los hombres más grandes de la Biblia, vinieron de la nada. Hoy esperan llegar a lo mismo, hombres que han comenzado a auto promocionarse hasta contando con la llamada “prensa cristiana”, mucho antes de haber hecho verdaderamente algo útil para el Reino.

Él se paró frente a Abraham y el patriarca, aún sin saber quien era, le dio todo. Para tener autoridad no se necesita volumen. Usted desaparece donde todos quieren aparecer y tener autoridad. Para desaparecer de donde todos quieren estar, usted tiene que ser humilde. Y es humilde cuando hace lo que Dios le dice aunque le cueste la vida.

¿Y qué es esa vida, morirse? ¡No! Su vida es su reputación, las amistades que tiene en los círculos religiosos, es el mismo precio que pagó Cristo, que no tuvo ningún pacto con los círculos religiosos de su tiempo. Esa fue su aflicción. ¿Sabe que? También hoy es la mía. Su aflicción no fue la cruz, ese fue el motivo. Su aflicción fue que no pudo asociarse con ninguno de los líderes de su tiempo porque no lo entendían. ¿Sabe que? Seguimos igual.

Murió fuera de la ciudad, fuera de la fortaleza, fuera del mover de la fe, fuera del mover profético, fuera de la iglesia Pentecostal, fuera de la iglesia Bautista, fuera de las Asambleas, de los Nazarenos, de los Hermanos Libres, de los Metodistas y de todos estos nombres que no son más que fortalezas de gente leal a tiempos temporales y no a la perspectiva eterna de Dios.

Ser sacerdocio real, mi amado hermano, es su herencia. La palabra dice: …estamos siendo edificados para ser. En el momento en que usted entra en una posición de realeza, dice Pedro, la alabanza se convierte en decreto. Dice: …eres real sacerdocio para anunciar.

En el momento en que usted entra en algo llamado Real Sacerdocio, la adoración carismática termina en su vida. Su adoración cambia. Ya no está asociada con el orden de culto. Tres canciones de alabanza, una de adoración o al revés. Media hora de alabanza y quince minutos de adoración, o al revés, como quiera que se esté haciendo donde usted se congrega. Se acaba todo ritualismo previsible y rutinario. Usted entra en un orden gubernamental de alabanza, no carismático y amoroso. Los reyes proclaman y ordenan. Los reyes jamás sugieren o ruegan.

Cuando usted está en posición y en autoridad de Real Sacerdocio, los demonios respetan su adoración y su alabanza. Cuando usted canta, los demonios se callan la boca porque le respetan. Si tiene la posición. Si no la tiene, aunque cante usted la alabanza más ungida de Marcos Witt, los demonios ni se dan por enterados que usted está cantando. Al que respetan, en todo caso, es a Marcos, no al que repite lo suyo como un papagayo. Cuando la adoración es algo que emana de su corazón, las palabras son solamente el elemento que la transporta.

Hay mucha gente que dice: ¡Ah, sí! Yo adoro en silencio. En realidad, lo que están haciendo es disimular su incapacidad de adoración. Porque verdaderamente, la adoración en silencio es la expresión más alta, pero solamente tiene valor después que usted ha pasado por todas las etapas de la expresión, aún de aquellas que puedan haberlo mostrado casi como un alegre payaso en la iglesia. Cuando ya no le quedan techos para andar colgado, tratando de mostrarle a Dios cuanto el ama, entonces sí; se quedará en silencio y simplemente pensará: “Padre…tú sabes cuanto te amo…”

(Apocalipsis 1: 6)= Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre, a él sea la gloria e imperio por lo siglos de los siglos, Amén.

Note que en el contexto del Nuevo Testamento, Dios sólo reconoce sacerdocio cuando está unido con realeza. Esto no es futuro. Esto es el tiempo actual de la iglesia. Nos hizo reyes y sacerdotes.

(Apocalipsis 5: 8)= Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos, y cantaban un nuevo cántico, (¿Quién cantaba? La iglesia) …Diciendo: digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado. Y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre… (¡Ah, ya sé! ¡Sobre una nube! ¿Eh? ¿No? Y entonces, ¿Cómo dice?) …sobre la tierra.

Lo que le quiere decir esto es que Dios no reconoce ministerios sin la combinación de estas dos funciones. Cristo, en el Nuevo Testamento, considera que el sacerdocio tiene que tener realeza. Ahora; los reyes son de Judá; los sacerdotes son de Leví, es decir que estamos hablando de una combinación de dos tribus. Por eso es que el fariseo se preguntaba cómo se hombre podía funcionar como sacerdote, si ni siquiera era levita. Incluso se lo dijeron. ¿Cómo vas a ejercer el sacerdocio si no tienes el título del Consejo que…?

(Hebreos 8: 1)= Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó (Esto significa que tomó posición), a la diestra del trono de la majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor y no el hombre. (Está hablando del sacerdote de la iglesia; del nuevo templo que está levantando el Señor, la nueva Jerusalén; la morada de Dios)

(Verso 3)= Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también este tenga algo que ofrecer.

(4) Así que, si estuviese sobre la tierra, (¿Recuerda usted que Cristo dijo: estoy en la tierra pero en realidad no estoy? Él dijo: el que subió, el que descendió, pero que está en el cielo. La Escritura dice que si estuviere usted sobre la tierra, no puede ser sacerdote. Él estuvo sobre la tierra, pero no estuvo. Porque Él caminaba por la tierra, pero era leal a una dimensión llamada Cielo.)

Entonces dice: si llegas a estar sobre la tierra, no serás sacerdote porque no eres levita y en la tierra los levitas son sacerdotes. Es decir que, el sacerdocio que Dios quiere que usted tenga, no es terrenal.

Usted no puede operar en este sacerdocio del que estamos hablando con una mentalidad terrenal. Con el “no puedo”, el “¡ay bendito!”, el “¡Mira lo que me pasó!” o el ¡Ora por mí..!” Con esa filosofía, usted no entra en esto.

Esa es una guerra personal, llamada guerra espiritual, pero en realidad es carnal. Porque usted no se está peleando con demonios, sino con las demandas de su carne. Guerra espiritual es cuando usted está avanzando el Reino de Dios sobre el reino de las tinieblas. Fuero de eso, indefectiblemente esa guerra, es carnal, es suya. Cristo, respecto a eso, dijo: …Deja que los muertos entierren a sus muertos…

…ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; (Pero Cristo no presentó ninguna ofrenda. Él vino operando de una forma determinada antes de morir. Quiero que usted entienda que el Nuevo Testamento comienza después que Cristo muere, no en el capítulo 1 de Mateo. ¿Por qué? Porque sin sangre no hay pacto. “¡Pero hermano…! ¡Fíjese quien dividió la Biblia! No me interesa. Sin sangre no hay pacto.

Y Nuevo Testamento es Nuevo Pacto. Es lo mismo. Antes del Nuevo Testamento, Cristo aparece haciendo caso omiso a la ley levítica. Operando en otro sacerdocio. Los levitas no trabajaban los sábados. Cristo sí. Ellos leían el rollo de Isaías como una historia ocurrida allá lejos y hace tiempo. Él dijo: …hoy se cumple esto… Ellos contestaron: ¡No, no y no! ¡Déjame enseñarte bien! ¡Esto no se cumple hoy! ¡Ya pasó…!

Este es el sacerdocio que Él intenta que tenga la iglesia. No como el levítico que sabe sus ritos, sus tres alabanzas, sus cuatro coritos, se levanta la ofrenda, se cuentan dos testimonios aunque sean viejos, alguien recita un poema, alguien canta una canción, alguien lee un versículo que nadie recuerda luego de treinta segundos, sus reuniones especiales, y no se olvide usted de la Santa Cena el último domingo de cada mes.

 Él no funciona como el sacerdocio levítico. Él dice: estos que trabajan según la ley…(5) los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, (No que están en otra parte; que son de otra dimensión. Figura y sombra de las cosas celestiales.)

(Hebreos 9: 23)= fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.

¿Qué fue purificado con mejores sacrificios? Las cosas celestiales. Pero; ¿Quiénes fueron purificados por este sacrificio? Nosotros. Entonces, ¿Quiénes son las cosas celestiales? Nosotros.

Y nosotros decíamos: Y no, que Cristo fue al cielo y regó el cielo de sangre. Se llevó la sangre y la echó allá en el propiciatorio que está en el templo de Dios, en la nueva Jerusalén, con las calles de oro. Vamos a verlo otra vez. Todavía hay dos o tres demonios mascota en la iglesia… (Un demonio mascota es uno que ya lleva tanto tiempo acompañándonos que uno termina por creer que es una mascota…)

(8: 5)= Los cuales sirven (Está refiriéndose al orden levítico. Son sombras, tipologías. Sólo son figuras de algo más importante que ellos) a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: mira; haz todas las cosas conforme al modelo que se le ha mostrado en el monte.

¿Qué fue, entonces, lo que se le enseñó a Moisés? Las cosas celestiales. ¿Quiénes son las cosas celestiales? Nosotros. ¿Quiénes son el modelo, entonces? ¡¡Nosotros!!

Usted fue escogido en él antes de la fundación del mundo. Recién ahora, a lo mejor, se da cuenta, pero ya fue escogido, elegido. Dios no trabaja por sorpresa. Él ya terminó el plan. Lo que ahora busca es quien lo manifieste. El modelo mostrado a Moisés no es otra cosa que la imagen de la iglesia terminada, la cual está descripta en Apocalipsis, como la nueva Jerusalén.

Con fundamentos apostólicos, de piedras grandes y fundamentales como esto que se está predicando. Tiene doce puertas, son los ministerios apostólicos. Tiene lo mismo de ancho que de largo, es decir que es una casa balanceada. Son ciento cuarenta y cuatro mil que tiene que ver con la plenitud del número escogido por Dios para la iglesia.

Las calles son de oro. Su fe será tratada como el oro. La perla es la puerta de entrada. Es el único animal que para obtener una perla, tiene que morir. Cristo. La puerta. Él dijo yo soy la puerta. Es la perla. Pero para tomar la perla, Él tuvo que morir. Es el animal que para tomar el fruto tiene que morir. ¡No es una perla en el cielo! ¡Es Cristo! ¿Cuántos entraron por la puerta?

(6) Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.

(7) Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, (Y volvemos al mismo verso).

(7: 11)= Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (Porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿Qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?

(8: 7)= Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.

La razón por la cual hay reforma, es porque aquello que estaba operando, se ha mostrado ya con defectos. Aquello que respondía a nuestras necesidades, ya dejó de hacerlo. Aquello que satisfacía la sed de la humanidad, ya no lo satisface. Y no es que sea malo, es que todo lo que empieza con Dios, llega un momento en que hay un cambio y deja de satisfacer y Dios trae una reforma. Así es que Él va de gloria en gloria.

Dios usa ciertos corredores para ciertos tramos de la carrera. Cuando el corredor se le extiende demasiado el trayecto, se va cansando y su performance deja de ser excelente. Y Dios lo sabe. Entonces, reforma.

Cuando Cristo vino a la tierra, los fariseos estaban organizados aceitadamente en lo suyo, los sacrificios, el cordero, la sangre. Los sacerdotes cumplían con el rito y la gloria de Dios llenaba el lugar. El día que Cristo fue a la cruz, era el día de la Pascua. Mientras él colgaba del madero, los sacerdotes seguían con el ritual de siempre; el sacrificio, el cordero, la sangre.

Sólo que esta vez la gloria de Dios no apareció. Repitieron los ritos y se preguntaban: ¿Qué pasa con Dios? ¿Está ausente que no viene a su santuario y a la sangre derramada del cordero? No podían verlo: Dios estaba presente, pero con el otro Cordero…

Es decir que, llega un momento en que lo que usted estaba haciendo y funcionaba, deja de funcionar: simplemente porque Dios se mudó de lugar y ahora está glorificando otra cosa. Se de cuenta usted o no. Él se va. Y si usted nos e da cuenta y Él se fue, usted se queda solo allí con sus ritos. Y si no es sensible y hace las cosas por costumbre, mucho menos se va a dar cuenta.

El sacerdote es el agente de Dios para la reconciliación. El rey es la autoridad gubernamental de Dios. Dios quiere unir estos dos oficios. La autoridad gubernamental con la reconciliación de Dios.

El sacerdote era el que traía la expiación del hombre. El mediador para unir al hombre con Dios. El rey era el brazo derecho de Dios porque implementaba el gobierno.

Uno es intercesor, el otro es un gobierno que tiene dominio. Queremos que esto opere unido. Un intercesor gubernamental, de gobierno de intercesión. En un solo hombre. No que haya gobierno de intercesores o intercesores gubernamentales, sino que todos seamos intercesores gubernamentales y gente con dominio sacrificial.

¿Y qué es dominio sacrificial? Un dominio porque nos autogobernamos de tal forma hasta el punto del sacrificio personal. Y en la medida en que nosotros menguamos, Él se hace más grande en nosotros produciendo SU gobierno y no el nuestro.

Cuando yo hablo de autoridad, hablo de algo reconocido en el mundo del Espíritu, muy pocas veces reconocido en el mundo de la iglesia. Estamos hablando de las cosas que cambian la eternidad, no de las cosas que impresionan a las muchedumbres.

Un gobierno bajo la orden de una ley que es sacrificial. Mientras más sacrificial, más gobierno. Pero siendo gobierno, un reconciliador, no teniendo señorío. Alguien que puede ser padre de muchos y dueño de ninguno.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez