Si yo comienzo esto diciendo que voy a hablar de los espíritus desencadenados desde el infierno contra la iglesia, muy probablemente tú pienses que me voy a referir a lo que sucede o ha sucedido en las congregaciones, pero no es así. Si bien puedo tomar base en algunos hechos puntuales, lo que a mí me interesa hoy no es el ataque que la iglesia evangélica tradicional que conocemos pueda estar sufriendo por parte de demonios de todos los colores, sino del ataque que la iglesia del Señor, la única, la genuina, la que a veces podemos incluir en alguna congregación evangélica y que en otras no tiene nada que ver con ella. De eso voy a hablar, no de la defensa corporativa de pastores y líderes que, en casos, ni siquiera han sido enviados por Dios a levantar sus ministerios.
(1 Timoteo 4: 1-2) = Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia.
Satanás es el maestro del engaño. Parte de su estrategia es infiltrarse dentro de los distintos grupos cristianos para causar división, descontento, inmoralidad y también promover falsas ideologías. En gran medida logra su objetivo asignando espíritus engañadores y acusadores que impiden el crecimiento numérico y espiritual de esos grupos, donde quiera y como quiera que ellos se estén reuniendo. Hay un sinfín de esa clase de espíritus, así que no será desatinado ni inoportuno estudiar sus características con la finalidad de ponerle freno a las mentiras, acusaciones, falsos doctrinas y otra serie de manipulaciones emocionales por el estilo.
Es importante aclarar que, cuando utilizamos el término espíritu, no nos referimos simplemente a un ser sobrenatural, un fantasma, o un ángel. Hay elementos de consulta muy serios que definen al término espíritu, (Pneuma), como el elemento sensible del hombre, aquello por lo que percibe, reflexiona, siente o desea. Tal vez se pueda definir como una predisposición mental o un estado de ánimo que nos facilita el entender los términos de espíritus de amargura, ira, celos, envidia, embriaguez, etc. Entre los espíritus desencadenados sobre el pueblo de Dios, hemos podido identificar los siguientes:
En primer lugar, quiero mencionar al espíritu del anticristo. Este espíritu se infiltró en la iglesia primitiva y causó la división. 1 Juan 2:18-19 así lo relata: Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.
De hecho, no podemos limitar nuestro entendimiento sobre este espíritu como si se tratara de un individuo que vendrá. Este es un espíritu que infesta a muchos. El apóstol Juan dice que han surgido muchos anticristos que causan la división de la iglesia. 1 Juan 2:19 lo consigna con precisión cuando señala que… Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros. Sin ninguna duda, casi todos los grupos, congregaciones o iglesias cristianas, particularmente las más antiguas, han sido víctimas de individuos controlados por este espíritu que ha causado divisiones, ha quebrantado la unidad de la fe y ha fomentado la rebelión.
Asimismo, el mismo Juan pero en su primera carta capítulo 4 y verso 3 deja en claro un detalle valioso cuando consigna: Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Atención con esto: confesar a Jesucristo significa aún más que mencionar simplemente su nombre en la oración. Significa confesarlo desde un estado de unidad con Él.
El espíritu del anticristo endurece el corazón manteniéndolo fuera del amor. Nutre las actitudes equivocadas como la falta de perdón. Causa la división y fragmentación en la unidad de Cristo, debido a la crítica despiadada y hasta cruel con que se manejan quienes son influenciados por él y también al sobre énfasis en las diferencias doctrinales sin importancia. Abraza la falta de perdón, división y odio en lugar del perdón, unidad y amor. Es antiamor, antiperdón y antireconcicliación. Por eso yo en lo personal siempre he respetado las distintas ideologías existentes, aunque visiblemente no pueda coincidir de pleno con ninguna, y cada hombre o mujer que piense ideológica o políticamente de un determinado modo, cuenta con mi respeto formal. Pero lo que jamás respetaré ni coincidiré, es con el anti, cualquiera sea el motivo de esa oposición, ya que contiene un grado de mediocridad intelectual y espiritual tan visible que no puede ser aprobado por nadie que se diga creyente.
(2 Tesalonicenses 2: 4) = el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.
Luego nos encontramos con el denominado espíritu de Absalón. Es de esperar, como en el caso anterior, que la mayoría de los ministros que eligieron transitar la senda correcta, en alguna ocasión se han enfrentado al menos una vez en su ministerio contra individuos que se asemejan a aquel hijo de David. Este también es un espíritu independiente que rehúsa someterse a las autoridades ungidas por Dios. Cuidado; no estoy diciendo a las autoridades que las denominaciones designan, sino a las que son levantadas de manera legítimas por Dios mismo. Y con ellos pretende este espíritu usurpar su autoridad, motivando a otros a unirse en rebelión y reemplazar al que Dios ha llamado para ministrar uno de sus rebaños.
Absalón permitió que una raíz de amargura tomara control de su vida. Supo que Amnón su medio hermano, (hijo de David), había violado y después aborrecido a su hermana Tamar. No se enfrentó ni a él ni a su padre, el cual aunque se enojó mucho, no hizo nada por remediar la situación. Absalón logró planear cuidadosamente la venganza contra Amnón y determinó hacerlo desde ese mismo día. Notamos un espíritu de venganza y odio que premeditó un crimen de venganza.
(2 Samuel 13: 20-22) = Y le dijo su hermano Absalón: ¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Pues calla ahora, hermana mía; tu hermano es; no se angustie tu corazón por esto. Y se quedó Tamar desconsolada en casa de Absalón su hermano. Y luego que el rey David oyó todo esto, se enojó mucho. Más Absalón no habló con Amnón ni malo ni bueno; aunque Absalón aborrecía a Amnón, porque había forzado a Tamar su hermana.
(Verso 28) = Y Absalón había dado orden a sus criados, diciendo: Os ruego que miréis cuando el corazón de Amnón esté alegre por el vino; y al decir yo: Herid a Amnón, entonces matadle, y no temáis, pues yo os lo he mandado. Esforzaos, pues, y sed valientes.
(Verso 32) = Pero Jonadab, hijo de Simea hermano de David, habló y dijo: No diga mi señor que han dado muerte a todos los jóvenes hijos del rey, pues sólo Amnón ha sido muerto; porque por mandato de Absalón esto había sido determinado desde el día en que Amnón forzó a Tamar su hermana.
Después que sucedió este incidente, Absalón huyó. Se fue a Gesur por espacio de tres años hasta que su padre David lo mandó llamar para que regresara, porque le hacía falta. A su regreso levantó un grupo de seguidores que estaban en desacuerdo con el rey. Comenzó a presentarse como sabio consejero a todos los que venían a su padre pretendiendo que si le nombraba por juez, (Es decir, si se le daba una porción de autoridad), él sí podría resolver sus pleitos y sus problemas. Con una gran diplomacia los besaba y robaba el corazón del pueblo de Israel.
Dios nos ha dado autoridad para proteger lo que más amamos. Si no existe el amor la autoridad no obra o funciona. El amor está siempre dispuesto a pagar un precio: la muerte, el negarnos a nosotros mismos. Cristo murió porque amó. Este amor redentor es el que da origen a la autoridad. Absalón pretendía amar al pueblo para robarle el corazón, rebelarse contra la autoridad de Dios y suplantarla.
La Biblia dice que este hombre era alabado por su hermosura. No tenía ningún defecto desde la coronilla hasta la planta de los pies. Era un hombre manipulador, vengativo y orgulloso. la biblia nos dice que había erigido una columna en el valle del rey para conservar su memoria. Deseaba ser reconocido, por eso dijo: “Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre”. Sin embargo, podemos leer en 2 Samuel 14:27 que le nacieron tres hijos y una hija a la cual llamó como su hermana, Tamar.
(2 Samuel 15: 2-6) = Y se levantaba Absalón de mañana, y se ponía a un lado del camino junto a la puerta; y a cualquiera que tenía pleito y venía al rey a juicio, Absalón le llamaba y le decía: ¿De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo es de una de las tribus de Israel. Entonces Absalón le decía: Mira, tus palabras son buenas y justas; mas no tienes quien te oiga de parte del rey. Y decía Absalón: ¡Quién me pusiera por juez en la tierra, para que viniesen a mí todos los que tienen pleito o negocio, que yo les haría justicia! Y acontecía que cuando alguno se acercaba para inclinarse a él, él extendía la mano y lo tomaba, y lo besaba. De esta manera hacía con todos los israelitas que venían al rey a juicio; y así robaba Absalón el corazón de los de Israel.
A pesar de todas sus artimañas, engaños y aparente victoria, el Dios Todopoderoso devolvió el trono a David. Absalón pereció en manos del ejército de David. Todo ministro que se ponga al hombro un grupo de creyentes fieles, va a ser defendido y apoyado cuando vengan aquellos con el espíritu de Absalón. Porque estos vienen para causar desconfianza, incitar rebeldía y causar división en el Reino de Dios. Por eso en Hebreos 13:17 hay un texto que, convengamos, ha sido muchas veces utilizado mal para la defensa de intereses particulares o personales de un hombre, pero que en su esencia, tiene que ver con esto que termino de enseñarte. Dice: Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso. De hecho, esto te habla de aquellos ministros levantados para ese ministerio de amor y cuidado, y no de los hombres o mujeres cuyas denominaciones pusieron al frente de una iglesia por la simple razón de un arreglo político de intercambios de cargos y posiciones.
Con frecuencia, los jóvenes que son novatos en las cosas del Señor, y en particular aquellos que carecen de fundamentos sustentados por rudimentos bíblicos o teológicos, más que por la revelación del Espíritu Santo, tienen auténtico y genuino celo de Dios. Pero como no es conforme a un pleno conocimiento, terminan siendo controlados por un espíritu de Absalón. No tienen la paciencia para esperar el tiempo de Dios, ni la sabiduría para reconocerlo. Se levantan en contra de sus referentes mayores, tal como Absalón lo hizo en contra de su propio padre.
Ahora vamos a referirnos a otro de los más conocidos y perturbadores espíritus, el de Estupor y Letargo. A ese es que alude Pablo cuando en el capítulo 11 y verso 8 de su carta a los Romanos, escribe: como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy. Un reconocido diccionario de la lengua española, define a la palabra Estupor de esta manera: “Disminución de la actividad intelectual, acompañada de cierto aire de indiferencia.”
Esta indiferencia o insensibilidad trae a los creyentes cierto grado de manifiesta torpeza y un inocultable desánimo. Ambos padecimientos producen un impacto en las emociones de las personas y los lleva a un impedimento de seguir creciendo en Cristo, al tiempo que los estanca en un estado que los ciega de la visión de Dios. No se comportan de esa manera porque lo deseen o sean malos, sencillamente tienen los ojos cegados y no pueden ver de ninguna manera lo que les pasa. Es, -por dar un ejemplo gráfico-, como entrar en un profundo sueño, el cual nos pone a dormir a pata suelta y nos impide servir al Señor.
Con frecuencia, un nuevo creyente está lleno de celo por las cosas de Dios. Nunca Dios es más respaldado, defendido y representado como cuando lo hace un recién convertido genuino. Es tanta su fe y su confianza en el poder de Dios, que es capaz de enfrentarse con legiones de demonios solo y hasta los puede derrotar uno por uno en el nombre de Jesús. El creyente nuevo camina por las nubes, testificando, sirviendo, etc. Más todo cristiano, si no es motivado y equipado, entra en un estado tal de indiferencia que lo desanima el servir a Dios y simplemente se sienta a mirar su propia declinación y caída como si fuera un algo que le está sucediendo a otro. Estos son los que llegan a ser piedras quemadas en el muro y en el templo de Dios, tal como se los menciona en Nehemías 4:2 cuando dice: Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas?
Todo ministro debería hacer lo mismo que hizo Nehemías al regresar a Jerusalén para reedificar el muro. Nehemías tuvo la visión de reedificar el muro. En Nehemías 2:13 dice que este observó los muros, (en este caso miembros), de Jerusalén que estaban derribados, (Esto es: caídos, desanimados, desalentados); y sus puertas, (Que representan las autoridades), que están consumidas por el fuego. Nehemías reconoció que por sí mismo no podría hacer la obra, entonces los retó diciendo que se levantaran y edificaran, para así esforzarse en sus manos para el bien.
El ministerio es obra de los santos, es decir, de todos los creyentes. El llamado para los referentes, conductores o ministros, es el de equipar a los santos para la obra del ministerio. Los resultados serán asombrosos como lo fueron para Nehemías. En el capítulo 4 y verso 6 e su libro, este profeta dice: Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar.
Hay que aclarar que este espíritu ataca particularmente a los cristianos que no se han activado en ningún ministerio, que no tienen claro su llamado, que no saben para qué fueron sacados de las tinieblas y llevados a la luz y para qué es que Dios los necesita como fuerza activa. Por rara paradoja, la mayor parte de ellos son gente que conocen los caminos del Señor desde hace muchos años, pero eso no puede impedir que entre y se meta en sus espíritus una enorme tibieza como la que Jesús menciona respecto a la iglesia de Laodicea. En Apocalipsis 3:16 leemos: Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.
En lo literal y físico, ya sabemos por experiencias propias que ni lo muy caliente ni lo muy frío desacomodan un estómago hasta producir un vómito, pero que sí puede hacerlo algo tibio. Lo tibio cae mal, ingresa mal a nuestro organismo y puede, -efectivamente-, ser expulsado mediante el vómito. Parafraseando este texto, esto es lo que siente Dios mismo cuando un tibio entra a su boca santa. Pero hay otra perla en esta expresión. Una que no siempre se ha visto y mucho menos enseñado. Sólo se vomita lo que hasta ese momento estaba dentro nuestro. Así que lo que aquí se te está diciendo, es que tú puedes ser un hijo de Dios aprobado y estar formando parte de su cuerpo en la tierra, pero que si te vuelves tibio por influencia de este espíritu de estupor o letargo, serás expulsado del cuerpo de manera automática e inmediata. No es poca cosa, eso.
Lo cierto es que tenemos que orar en contra del espíritu de estupor. Tenemos que orar para que ese espíritu sea atado y deje de producir ese estado de indiferencia que indefectiblemente, con el correr del tiempo, lleva a los afectados a un espíritu de servidumbre para con el reino de las tinieblas. Es absolutamente normal, dentro de la anormalidad espiritual, comprobar como, un creyente fiel y activo, de pronto al verse afectado por este espíritu entra en una indiferencia y una tibieza terrible, como que nada lo conmueve ni lo moviliza y, con el correr de los días, pasa directamente a producir hechos llenos de maldad que sorprende a todos los que lo conocían porque directamente es la representación terrenal de un fiero demonio malévolo y cruel.
Cuando el pueblo de Dios se acerca a Él con suaves y delicadas palabras, honrándolo casi de manera poética con sus labios, pero alejando ostensiblemente de Él su corazón, simplemente venera por tradición aquello que en algún momento aprendió de memoria. El Señor permite entonces que caiga sobre ellos un espíritu de sopor o sueño profundo, conocido también como espíritu de letargo. Yo sé que esto puede sonarte casi fantasioso, pero te invito a que examines tu propia vida con todas las personas cristianas que te han acompañado o rodeado, y luego me digas si en algún momento no fuiste testigo de alguien a quien le sucedió algo así.
De hecho, estos tres que te he presentado hoy no son los únicos. Son tal vez tres de los más representativos, conjuntamente con otros como el de Jezabel, que han producido tantos estragos en el pueblo de Dios que todavía nadie puede entender por qué nadie está enseñando a defenderse de ellos y contraatacarlos.