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¿Se Pierde o no se Pierde?

Cuando fuimos salvos, Dios nos dio Su Espíritu Santo como el sello. El Espíritu Santo no sella un sello en nosotros, sino que el Espíritu Santo es un sello sobre nosotros; el Espíritu Santo es el sello de Dios sobre nosotros. Este sello permanecerá hasta el día de la redención. Por lo tanto, ningún cristiano puede perder su salvación. Aquí vemos que hay dos aspectos del Espíritu Santo en nosotros. Por un lado, Dios pone Su Espíritu Santo en nosotros como el sello para probar que le pertenecemos a Dios, por otro, Dios pone Su Espíritu Santo en nosotros como las arras para que sepamos que todo lo que Dios nos dará está garantizado. Uno puede ver que estos dos aspectos son diferentes. Por un lado, el Espíritu Santo hace que Dios sepa que le pertenecemos a Él. Ya hemos visto al Espíritu Santo como el sello, ahora queremos ver al Espíritu Santo como las arras.

Leamos Efesios 1: 14, que dice: “que es las arras de nuestra herencia”. Cuando creímos en el Señor, Dios nos prometió que nos daría la herencia incorruptible en los cielos. ¿Cómo podemos saber que Dios no cambiará y la recogerá? Sabemos que Dios no la retendría debido a que Dios dio el Espíritu Santo como prueba o como arras. La palabra “arras” en el idioma original significa un depósito. Dios dijo que te dará a ti la herencia incorruptible en los cielos. ¿Cómo sabes que definitivamente obtendrás esa herencia en el futuro? ¿Cómo sabes que no la perderás? Sabemos esto porque se nos ha dado el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la primera cantidad de dinero, la garantía subsidiaria, las arras y el depósito, la prenda dada a nosotros por Dios. Cuando Dios nos da al Espíritu Santo, Él nos dice que toda la herencia en los cielos será nuestra en el futuro.

Si una persona fuera a perder su salvación después de creer en el Señor, ¿Qué haría esta persona con la prenda de garantía dada por Dios? La confiscaría. Sin embargo, Dios no puede hacer esto. En primer lugar, la promesa que Dios nos ha dado no puede fallar. Incluso si Dios no nos hubiera dado el depósito, mientras Él lo haya dicho, lo cumplirá. Incluso si Dios no nos da arras o depósito, cuando Él dice que nos dará una herencia, El indudablemente guardará Su palabra. Debido a que nuestra mente está llena de legalidad, Dios nos dio al Espíritu Santo como una prueba para que supiéramos que Dios nos ha dado el depósito. Puesto que tenemos el depósito ¿No nos dará En la herencia?

Hay una sección maravillosa en el Antiguo Testamento. Génesis 24 nos muestra al criado anciano de Abraham que le buscaba una esposa a Isaac. El criado llevó con él muchas riquezas y cosas preciosas de la casa de Abraham. Después de haberse arreglado con Rebeca acerca del matrimonio con Isaac, le dio todas estas cosas a Rebeca como regalos de compromiso. Por un lado, el criado anciano le dio todo esto a ella, lo que estaba en su nariz, dedos, cabeza, cuello y manos para adornarla. Por otro, todas estas cosas le indicaban a Rebeca que sólo eran una pequeña muestra ya que con el tiempo todas las posesiones de Isaac serían de ella.

Después de que somos salvos, debido a nuestra incredulidad, tal vez pensemos que Dios no tuvo la intención de salvarnos. Nos preguntamos, que sucedería si la salvación solamente fuera un juguete de Dios con respecto a nosotros, el cual después de unos cuantos años o unas cuantas décadas se perdiera y nos perdiéramos de nuevo. A Dios le preocupa que existan dudas en nuestro corazón. Él puso el Espíritu Santo dentro de nosotros como prueba para asegurarnos que El definitivamente nos dará la herencia. Cuando vean al Espíritu Santo dentro de ustedes comprenderán que definitivamente ustedes obtendrán la herencia eterna.

Si Dios no nos fuera a dar la herencia futura, ¿Por qué nos dio al Espíritu Santo? Si Dios no nos va a dar la herencia futura, las arras del Espíritu Santo carecen de significado. Nuestra salvación no puede perderse, debido a que se nos ha dado al Espíritu Santo como las arras. Mientras el Espíritu Santo esté con nosotros, somos salvos. La Biblia dice que El estará con nosotros hasta el día de la redención. Por lo tanto, podemos decir con seguridad y teniendo pruebas concretas que sí obtendremos la herencia futura. +++++++

Luego, existe otra razón por la cual no perderemos nuestra salvación. En la Biblia vemos que existe una relación entre Jesús y Dios y entre el Señor y nosotros. Muchos cristianos no han visto claramente la relación que existe entre Dios, Jesús y nosotros los pecadores. Por lo tanto, ellos malentienden y piensan que ellos pueden perder su salvación. Existe una palabra maravillosa en la Biblia que dice que nosotros los cristianos, los pecadores salvos, somos los dones dados por Dios al Señor Jesús. El Padre está aquí, y el Hijo también está aquí. El Padre dio a los salvos como dones, al Señor Jesús. Si Dios nos ha dado como dones al Señor, ¿Existe la posibilidad de que perdamos nuestra salvación? Tenemos que considerar el asunto desde dos perspectivas.

Por un lado, Dios nos dio como dones al Señor. Si pereciéramos y perdiéramos nuestra salvación, si nuestra salvación no fuera eterna, el hecho de que Dios nos diera al Señor llegaría a ser una broma para el Señor. Si Dios no fuera omnisciente, sería posible que pereciéramos porque Dios no sabría si nuestra salvación es temporal o permanente. Sin embargo, Dios es omnisciente, Él sabe si seremos salvos eterna o temporalmente. Si El hiciera eso, El simplemente estaría dando aire al Señor Jesús; no le estaría dando un don. Dios es un Dios eterno; todo lo que hace es eterno.

Si Dios nos da como don al Señor, Él no puede considerar eso solamente como un regalo cualquiera. Segundo, que Dios hiciera esto causaría también un problema al Señor Jesús. Supongamos que Dios nos dio al Señor Jesús, pero tres o cinco años después perecimos y perdimos nuestra salvación. Para nosotros, la hubiéramos perdido. Pero, ¿De quién sería la culpa de perderla? Tú podrías culpar al don dado por Dios de ser corruptible. Pero también podrías culpar al Señor por no ser capaz de cuidarlo.

Dios le dijo al Jesús que Él le dio estas personas. ¿Qué sucedería si un día esas personas se perdieran? No podemos culpar solamente a Dios por darle un don a Jesús, sino que también tenemos que culpar a Jesús por no ser capaz de guardar a aquellos que Dios le haya dado. En Juan 17: 6, el Señor le dijo al Padre: “He manifestado Tu nombre a los hombres que del mundo me diste; Tuyos eran y me los diste, y han guardado Tu palabra”. Todos los cristianos salvos son dados y concedidos por Dios a Jesús. El versículo 9 dice: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo”.

El Señor no oró por el mundo, sino “por los que me diste, porque Tuyos son”. Por lo tanto, los cristianos somos los dones dados por Dios al Señor Jesús. El versículo 12 dice: “Cuando estaba con ellos, Yo los guardaba en Tu nombre, el cual me has dado, y Yo los guardé; ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición”. En la oración del Señor, Él dijo que Él había guardado a cada uno de los que Dios le había dado. Solamente hubo un hijo de perdición. Fue Judas. Judas nunca creyó; desde el principio fue el hijo del enemigo y nunca fue salvo. El Señor Jesús dijo que con excepción de Judas, ninguno de los que Dios le había dado se perdió.

Ustedes tienen que saber que Dios ya los ha dado al Señor; Él ya te ha entregado. Cuando fuimos salvos, Dios ya nos había entregado al Señor. Por lo tanto, todos aquellos a quien Dios ha dado al Señor, quienes han creído en el Señor, serán guardados por El. El Señor dijo: “Yo los guardaba en Tu nombre, a los que me diste”. ¿Cómo puede un cristiano perder su salvación? Después de que Dios lo ha dado a usted al Señor Jesús ¿cómo puedes desaparecer? La Biblia dice que ninguno de aquellos que Dios le ha dado al Señor Jesús perecerá.

Dios le ha dado tantos de nosotros al Señor. Consideren esto: Después de que Dios nos ha dado a todos al Señor, ¿podemos perdernos después de tres o cinco años, simplemente porque no somos buenos? Usted debe escuchar lo que el Señor Jesús dijo en Juan 6: 37: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que a Mi viene, por ningún motivo le echaré fuera”. ¿Por qué creíste en Jesús? ¿Por qué viniste a Él? Tú viniste al Señor y te recibió debido a que Dios te dio a ti al Señor. “Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí”. En otras palabras, todos los que vienen al Señor son dados a Él por el Padre. La única razón por la que tú vienes al Señor, que tú lo recibes como Señor, que tú confías en Su obra redentora y en Su resurrección como Su prueba de justificación, es que Dios te ha dado al Señor. En el cielo Dios dio a ti al Señor y en la tierra tú creíste en El y viniste a Él. Dios te entregó para que tú vinieras al Señor. ¿Qué dice después de esto? “Y al que a Mí viene, por ningún motivo le echaré fuera”. No hay manera de que perdamos nuestra salvación debido a que Dios ya nos ha dado al Señor Jesús.

Eso no es todo. Existe otra sección en la Biblia, Juan 10: 29, la cual dice: “Mi Padre que me las dio”. ¿Quiénes son las ovejas del Señor? Nosotros somos las ovejas. En el Evangelio de Juan, se nos muestra muchas veces que somos el don dado al Señor Jesús por Dios. Dios no puede darnos como un don que carece de sustancia y el Señor Jesús simplemente no puede desecharnos después de que nos ha recibido. No pienses que nuestra salvación es algo insignificante. Puesto que no somos salvos al hacer esto o aquello, tampoco podemos dejar de ser salvos al hacer esto o aquello. Doy gracias a Dios que anteriormente era un pecador.

Una vez que fui dado, ya no tuve ninguna manera de escapar. Cuando Dios me entregó en manos del Señor, lo recibí como el Salvador. Desde ese día, estuve en manos del Señor. Puesto que hemos sido dados por Dios y recibidos por el Señor Jesús, ¿cómo podemos escapar? Si estuviésemos obrando por nosotros mismos y si estuviéramos tratando y luchando por salvarnos a nosotros mismos, una vez que mostráramos negligencia o descuido estaríamos terminados. Sin embargo, debemos comprender que Dios es quien nos ha entregado en manos del Señor y quien nos ha salvado. Déjame darte un ejemplo no muy adecuado. Nosotros los pecadores estábamos muertos en pecados y estábamos pereciendo. Pero tan pronto como Dios nos entregó en manos del Señor, fuimos salvos. Ser salvos significa ser entregados por Dios. Mientras estábamos muertos en pecado y estábamos esperando el juicio bajo condenación, Dios nos entregó. Como resultado fuimos salvos. Esto no tiene nada que ver contigo. Puesto que Dios te ha recibido, Él no puede abandonarte. Tú eras una persona perdida. No tenías alimento ni vestido. Dios te entregó a tí en manos del Señor, y El e recibió. ¿Cómo puedes ser echado fuera?

No existe manera de que esto pueda ser hecho. Dios ha dado y el Señor ha recibido. El Señor dijo que el que viene a Él no será abandonado. Todo el que es dado a Él por Dios no será abandonado por El. Por lo tanto, no hay manera de que tal persona perezca. Si tú pudieras perecer, significaría que Dios no es consistente. Dios ya nos ha dado; y el Señor ya nos ha recibido. ¿Cómo puedes tú perecer? Sería un milagro si fuera posible que perecieras. Puedo decirle a Dios: “Dios, te agradezco. Era un pecador; estaba muerto en pecado. Mientras todavía era un pecador, no tenía deseos de ser salvo. Pero Tú me entregaste, y el Señor me recibió. Una vez que Tú me entregaste, y El me recibió, no puedo evitar, sino ser salvo”.

El Señor dijo: “Y al que a Mí viene, por ningún motivo le echaré fuera”. En el idioma original se pone mucho énfasis a la frase “por ningún motivo”. Significa a pesar de todo. “Por ningún motivo” es una expresión fuerte, pero debido a nuestra familiaridad con las palabras, no le prestamos mucha atención. Significa que sin importar cualquier cosa, el Señor no nos abandonará. Definitivamente no existe ningún cristiano que El haya abandonado. Somos salvos debido a Jesús; también podemos continuar en nuestra salvación y ser preservados en ella debido al Señor. Si tú piensas que la salvación es del Señor pero que la preservación es de nosotros, descubrirás que nadie puede preservarse a sí mismo ni por siquiera un solo día. Estoy haciendo a un lado al hombre, estoy menospreciando al hombre, pero estoy exaltando al Salvador. Todo se lleva a cabo por El. Esto es un don; es un regalo. Nunca seremos abandonados.

Es muy precioso saber de la Biblia, que el Señor es nuestra ofrenda, sin embargo es más precioso saber que Él es nuestro Sumo Sacerdote. Podemos guardar nuestra salvación solamente porque el Señor es nuestro Sumo Sacerdote delante de Dios. No hay necesidad de mencionar los pecados anteriores o los pecados de ayer. Simplemente los pecados que hemos cometido hoy son suficientes para que perezcamos. Podemos seguir siendo salvos solamente porque el Señor ora por nosotros. La intercesión del Señor Jesús nos mantiene salvos.

Hebreos 7: 25 dice: “Por lo cual puede también salvar por completo a los que por Él se acercan a Dios”. ¿Por qué Él puede hacer esto? “Puesto que vive para siempre para interceder por ellos”. La Biblia claramente nos dice que el Señor es capaz de salvar a lo sumo, a los que se acercan a Dios por medio de Él. Algunas personas tal vez digan que podemos perder nuestra salvación o que todavía podemos perecer. Si este fuera el caso, ¿dónde pondría la oración del Señor? Dios dice que el Señor vive siempre para interceder por nosotros. El sigue viviendo para interceder por nosotros.

¿Quién puede comprender toda la eficacia de la intercesión del Señor Jesús por nosotros? Si tú tienes un amigo que no es salvo y oras por él, Dios puede salvarlo. ¡Cuánto más puede el Señor Jesús, que siempre está delante de Dios intercediendo por nosotros, mantenernos salvos por siempre!

Me siento muy feliz de una cosa. Quizás otros se olviden de orar por mí, sin embargo soy una persona por la cual se ora. Es posible que el hombre deje de orar por mí, sin embargo todavía soy una persona por la cual se ora, porque el Señor siempre ora por mí. Tengo a alguien que es el Sumo Sacerdote delante de Dios. Aunque quizás el hombre se olvide, Él nunca se olvida. Él vive para siempre como el Sumo Sacerdote para interceder por nosotros. El Señor nos dijo que El ora por todos los que creen; por todos los que le pertenecen. No ora por los del mundo. En Juan 17 lo que acabamos de leer es muy claro.

El versículo 9 dice: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo”. Aquí, “ellos” se refiere a los que le dio el Padre, como se menciona en los versículos anteriores. “No ruego por el mundo; sino por los que me diste”. Aquí vemos el alcance de la oración del Señor; ora por los que creen en El, y no por el mundo. Existe otro asunto que de paso lo podemos mencionar. El Padre está relacionado con el mundo, y el Hijo está relacionado con la iglesia. El Nuevo Testamento nunca dice que Cristo amó al mundo; uno sólo puede ver que Dios ama al mundo. Por otro lado, uno ve que Cristo ama a la iglesia y que se dio por ella. La esfera del Padre es el mundo y la esfera del Hijo es la iglesia. Él dijo que no oró por el mundo. El efecto de Su obra hizo que el mundo fuera salvo, sin embargo Su oración, Su sacerdocio, solamente se aplica a los cristianos. No es para los de afuera.

El ora por nosotros. ¿Cuál es el propósito de que El ore por nosotros? El ora para que Dios nos guarde y nos proteja a fin de que seamos como El, para que podamos ser separados del mundo y para que seamos uno. No importa cuán fuerte sea el mundo, cuán severas sean las tentaciones de Satanás o cuán intensa sea la carne del hombre, la oración del Señor constituye toda la fuerza; Él es capaz de guardarnos. Si Dios no fuera un Dios que escucha la oración, no sucedería nada. Pero Dios es un Dios que escucha la oración. En Juan 11 el Señor Jesús dijo: “Padre, gracias… Tú siempre me oyes”. Si Dios sigue escuchando las oraciones, es imposible que nosotros no seamos salvos. Amigos, antes de que puedan perecer, primero tendrían que escapar de la oración del Señor Jesús. La oración del Señor Jesús es la barandilla del infierno. Si usted quiere irse al infierno, primero necesita brincar esta barandilla. Si usted no puede hacer a un lado la oración del Señor Jesús y si no puede deshacerse de la barandilla de la oración, no tiene manera de perecer. Gracias a Dios que la oración del Señor Jesús es confiable.

Déjeme mostrarle un ejemplo muy claro. Cuando Jesús estuvo en la tierra, Pedro le dijo muy orgullosamente: “Aunque todos se escandalicen de Ti, yo nunca me escandalizaré”. Después de esto, Pedro falló. El Señor Jesús le dijo de antemano: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero Yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” Debido a estas palabras, Pedro pudo levantarse de nuevo después de que cayó. No solamente pudo levantarse sino que pudo ayudar a muchos otros. Hoy en día muchas personas se han levantado debido a Pedro. El hecho de que Pedro se volviera de nuevo no procedió de El mismo. Fue el poder de la oración del Señor que lo sostuvo todo el tiempo. Más tarde, cuando él recordó la palabra del Señor, él lloró y se arrepintió. Todo esto provino del poder de la oración del Señor. Dios escucha la oración del Señor.

El Señor nunca oró por Judas, porque Judas era una persona que estaba pereciendo desde el principio; él no era salvo. Desde el primer día, él estaba pereciendo. El nunca creyó en Jesús, nunca reconoció a Jesús, como Señor. El simplemente lo llamó Maestro. Judas era una persona que estaba pereciendo. El Señor no pudo orar por él. Pero, Pedro era una persona salva; él fue salvo definitivamente al final del tiempo de Mateo 16, cuando él confesó que el Señor Jesús era el Hijo del Dios viviente. No debemos confiar en nuestra propia oración. Más bien debemos confiar en la oración del Señor. No es un asunto de que oremos fervientemente todos los días.

El asunto no es cuántas veces hemos orado en los últimos días. Necesitamos recordar que sin importar cuántas veces oremos, nada será afectado. No es nuestra oración lo que nos mantiene salvos hasta el fin, sino la oración del Señor. No sé cuántos de los que estamos aquí creemos en el poder de la oración del Señor. ¿Puedes tú confiarte sin ninguna reserva a la oración del Señor? Es posible que tú pienses que las tentaciones de Satanás son severas, que las tentaciones del mundo son fuertes, que los deseos de la carne son intensos y que los ataques de Satanás son pesados. Yo no estoy de acuerdo con lo que tú dices. Si nos analizamos, a menudo sentiremos que estamos terminados.

Después de unas cuantas más tentaciones de Satanás, pensamos que nuestra carne casi no tiene fuerza. Muchas veces nos sentimos desanimados y no podemos seguir orando. En tales momentos necesitamos mirar al Señor Jesús. Él es nuestro Sumo Sacerdote. Tenemos que levantar nuestra cabeza y mirarlo. Debemos decir: “No puedo. Ni siquiera puedo orar. Sin embargo, confiaré en El. Él es mi Sumo Sacerdote; Él puede salvar por completo a los que se acercan a Dios por medio de Él porque Él vive siempre para interceder por nosotros”. Tenemos que confiar en Él. Ya que tenemos tal Sumo Sacerdote que intercede por nosotros, ¿será posible que perdamos nuestra salvación?

No estoy diciendo que debemos olvidarnos de los pasajes difíciles en la Biblia. Sin embargo, hay muchas cosas positivas que son innegables. No solamente tenemos la oración del Señor Jesús y la función del Señor Jesús como nuestro Sumo Sacerdote; la Biblia menciona muchas otras cosas además de esto. Nuestra salvación no depende meramente de nuestra fe, sino también del poder guardador de Dios. Nosotros no nos guardamos, sino que el poder de Dios lo hace. Así como fuimos salvos, de la misma manera somos guardados. La condición para recibir salvación es la condición para ser guardados. Es imposible tener una condición para recibir y otra para ser guardados. Recibimos la salvación de Dios por la gracia; y también por la gracia disfrutamos la preservación de Dios.

Romanos nos dice que un pecador no puede confiar en las obras; Gálatas nos dice que un creyente no puede confiar en las obras. Romanos nos dice que la justificación de los pecadores delante de Dios no tiene nada que ver con la ley y las obras; Gálatas nos dice que la preservación de los creyentes en la gracia, de igual manera, no tiene nada que ver con la ley. Habiendo empezado por el Espíritu, ¿debemos ser perfeccionados por la carne?

Habiendo comenzado por la fe, ¿debemos ser perfeccionados por la ley? Por lo tanto, Romanos es para los incrédulos y habla desde el punto de vista de los incrédulos. Gálatas es para los creyentes y habla desde el punto de vista de los creyentes. Si recibir gracia delante de Dios es gratuito, mantener la salvación delante de Dios debe serlo. La Biblia nos muestra muy claramente que es Dios más que nosotros mismos quien nos guarda. Primera Pedro 1: 5 dice: “Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”. El último paso de la salvación es la redención a la venida del Señor Jesús. La salvación puede dividirse en tres etapas.

La salvación de la que se habla aquí se refiere a nuestra redención en el regreso del Señor Jesús. Por medio de la fe estamos siendo guardados por el poder de Dios para la redención. ¿Somos los que nos asimos de Dios o es Dios El que nos sostiene? ¿Nos guardamos nosotros o somos guardados por Dios? La Biblia dice que es Dios quien nos guarda. Aquí el hecho de ser guardados por el poder de Dios implica que si llegáramos a perdernos, la responsabilidad no sería nuestra, sino de Dios. Hablo con reverencia, que si nos perdiéramos, caería más responsabilidad en Dios que en nosotros. Sin embargo, no debemos pensar que los cristianos pueden ser irresponsables. Hoy en día, el problema es la salvación. La salvación es algo que tiene que ver completamente con Dios.

Los que no conocen a Dios quizás digan que el poder de Dios podría ser inadecuado para guardarnos. Pero todo aquel que conoce a Dios tiene que inclinarse y decir: “Somos los que estamos siendo guardados por el poder de Dios mediante la fe y definitivamente recibiremos la salvación que está preparada para ser manifestada en el último tiempo”. Pedro estaba seguro de que la recibiremos. No importa que suceda, seremos plenamente salvos.

¿Por qué seremos plenamente salvos? Segunda de Timoteo 1: 12 dice: “Yo sé a quién he creído, y estoy persuadido de que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”. Lo que Pablo depositó en el Señor, el Señor lo guardaría hasta el día de Su regreso. Por lo tanto, somos salvos todo el tiempo hasta ese día. Por causa de la gloria de Dios, todos los que conocen a Dios y Su poder guardador, dirían que no hay manera para que ellos pierdan la salvación de Dios. ¡Aleluya! No tenemos manera de perderla. La Palabra de Dios es más que clara en este respecto.

Con respecto a los versículos acerca de ser guardados, el que más me gusta es Judas 24-25a. Este pasaje es más peculiar que cualquiera de los otros. Él nos dice qué es el nombre de Dios. El nombre de Dios es “Aquel que es poderoso para guardaros de tropiezos, y presentaros sin mancha delante de Su gloria con gran alegría, al único Dios, nuestro Salvador”. ¿Qué es el nombre de Dios? El nombre de Dios es Aquel que es capaz de guardarnos para que no tropecemos; el nombre de Dios es Aquel que es capaz de presentarnos sin mancha y con alegría delante de Su gloria; el nombre de Dios es Aquel que es el único Dios nuestro Salvador. Este es nuestro Dios. ¿Qué significa no tropezar? No dice que Dios nos guardará de caer, sino que Él nos guardará de tropezar. Caer es quedar postrado en el piso. Pero tropezar es solamente resbalarse. Él dice que Dios nos puede guardar para que no tropecemos. Dios no solamente nos guarda de caer, sino que puede guardarnos de resbalar.

Ninguna enseñanza en la Biblia puede tener a los pecadores como su punto de partida; todas las enseñanzas deben tener al Señor Jesús como el punto de partida. Sería terrible si los pecadores fueran tomados como el punto de partida; pero si el Señor Jesús se toma como el punto de partida, las cosas serán claras. Si tomamos a los pecadores como el punto de partida, el problema del pecado llegará a ser oscuro para nosotros. Habrá muchas cosas que no consideraremos como pecados. Muchos asuntos sucios serán considerados como limpios; muchos asuntos que son débiles serán considerados como fuertes; muchas cosas vergonzosas serán consideradas como gloriosas. Incluso después de que hemos llegado a ser cristianos, todavía consideramos muchas cosas pecaminosas como gloriosas. Con aquellos que conocen a Dios, todavía existen muchos pecados que no han sido juzgados. Todavía existen muchos pecados que para un cristiano son gloriosos. Si un creyente no está claro con respecto al asunto del pecado, ¿Cuánto más un pecador?

Hay muchos pecados que Dios ya ha juzgado en Jesús, pero no fueron manifestados como pecados para nosotros cuando éramos pecadores. Solamente después de que creímos en el Señor Jesús supimos que eran pecados. Cuando éramos pecadores, no estábamos claros; solamente después de creer en el Señor estuvimos claros. Sin embargo, incluso los cristianos no son confiables; todavía hay muchas cosas que no ven. Con respecto a perder la salvación de uno, si consideramos el asunto desde el punto de vista del hombre, nunca veremos nada. Si consideramos las verdades de la Biblia desde nuestro propio punto de vista, todo llegará a estar confuso. Podemos pensar que una cosa es más grande que otra. Solamente cuando consideramos las cosas desde el punto de vista de Dios estaremos claros.

La pregunta no es si uno es capaz o no de guardar su salvación. La pregunta es si el Señor Jesús es capaz o no de guardar o no la salvación de uno. El punto de vista apropiado es el que se origina en el Señor Jesús. Si depende de nosotros guardar nuestra salvación, tal vez no podamos ser capaces de guardarla por dos horas, mucho menos dos días. Pero si el Señor Jesús es quien la guarda, incluso si una persona justa fuera a tropezar siete veces al día, El será capaz de sostenerla. No somos nosotros los capaces, sino Dios es el capaz. Si nos volvemos hacia nosotros mismos, nuestros ojos estarán en la dirección equivocada. La Biblia nos dice que debemos mirar a Jesús, quien es el Autor y Perfeccionador de la fe. El poder que nos guarda es el del Señor y no el nuestro. Podemos confiar en Dios porque es Dios quien nos guarda.

Hoy la pregunta es: ¿Qué método está utilizando Dios para guardarnos? Hoy hemos dado nuestra vida a Dios. ¿Pero cómo nos guardará Dios hasta el día de la venida del Señor? No hay otra manera sino que Dios esconda nuestra vida juntamente con la vida del Señor en El. Es imposible perder la vida que Dios nos dio, ya que nuestra vida y la del Señor están escondidas en Dios, eso dice Su Palabra. Contaba un predicador que, cuando todavía era un incrédulo, como un estudiante, una vez cuando terminó un escrito de algo muy importante, le dijo a su compañero de clases que eso era un asunto muy importante y que no lo vendería ni por cinco mil dólares.

Tuvo que salir por un momento, y le pidió que se lo guardara en un lugar seguro. Le dio la hoja de papel y se fue. Cuando regresó, le preguntó por el papel. Le dijo que no podía dárselo porque después de que le había dicho que era tan importante, él lo remojó en agua y se lo tragó. Se palmeó su estómago y le aseguró que el papel estaba allí y que nunca se perdería. Ese día, no sabía si debía reír o llorar con respecto a eso. La hoja de papel estaba en su estómago; nunca se perdería. Pero tampoco la tendría. De verdad estaba muy segura. Lo que Dios ha hecho hoy es algo más seguro. Dios ha escondido nuestra vida juntamente con la de Cristo en El mismo. ¿Dónde podemos encontrarla? ¿Cómo podríamos perderla? Para nosotros la vida de Dios solamente se perdería si Dios mismo se perdiera. Gracias a Dios que Dios nunca se perderá. Como resultado, la vida que Él puso dentro de un cristiano tampoco puede perderse. La vida de un cristiano está guardada en un lugar seguro; está guardada en Dios.

 

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febrero 4, 2016 Néstor Martínez