Un término sumamente utilizado en este tiempo, es: aguante. Ya sea en la parafernalia de pancartas y banderas usadas en los ámbitos deportivos, políticos o gremiales, es bastante habitual leer algunas que dicen: “Fulano tiene aguante”, o “Mengano aguanta”.
Sin que roce lo irreverente u ofensivo, entonces, es lícito preguntarse y preguntar: El pueblo de Dios, ¿Tiene aguante? No. Porque el pueblo de Dios no tiene mandato para aguantar, tiene mandato para resistir, que no es lo mismo.
Sí, todo está muy lindo en lo teórico, pero… ¿Qué pasa cuando me toca padecer? Porque en ninguna parte dice lo que muchas veces, en la pasión del mensaje, irresponsablemente podemos difundir: que entrar en la categoría de hijos de dios va a terminar con todo padecimiento. ¡No es bíblico!
Claro que una cosa es padecer a causa del pecado o la carnalidad o las recetas humanísticas, verdaderas doctrinas de demonios y otra muy diferente es padecer a causa del evangelio. Lo primero, sólo tiene una salida: Cristo. Lo segundo, en cambio, tiene una victoria asegurada: Cristo.
(Hechos 9: 15-16)= El Señor le dijo: ve, porque instrumento escogido me es este. <(Aquí el Señor lo dice para Pablo, pero usted puede tomarlo como si se lo estuviera diciendo a usted) …para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuanto le es necesario padecer por mi nombre.
Punto primero: tenga cuidado con la antigua teología oficial del sufrimiento. Nadie le está diciendo que por ser cristiano, usted TIENE que sufrir más penurias, enfermedades, angustias, depresiones, pobrezas u otras barbaridades medio como para “purificarlo”. Lo que le está diciendo es que usted VA a padecer alguna vez por SU nombre.
¿De qué tipo de padecimiento habla el Señor, entonces? Del que a veces lo inhibe a usted de hablar de Él en público: la burla, el escarnio, el intento de ridiculizarnos, la marginación, tanto secular como religiosa, el menoscabo y, fundamentalmente, el que surge del quebrantamiento de su carne, con toda la carga de apetencias, placeres y comodidades que ella le demanda.
(Mateo 16: 21)= Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.
Jesús le muestra a sus discípulos (Y a nosotros) cuatro pasos claves en lo que se refiere al padecimiento: 1) Es necesario. 2) No es a causa del mundo inconverso, sino de la élite religiosa de máximo nivel. 3) Debe morir a su carne como parte del objetivo final. 4) Resucitar en espíritu y en victoria.
(Romanos 8: 16-17)= El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados.
En este pasaje encontramos cinco aspectos más que certifican lo dicho: 1) El que da testimonio de nosotros no es el pastor o cualquier otro líder de nuestra congregación, de nuestra denominación, o alguna carta de recomendación o aval. El que da testimonio a nuestro favor es el Espíritu Santo de Dios.
2) Ese testimonio nos convierte en indiscutibles hijos de Dios.
3) Esa categoría nos transforma en herederos de todas sus riquezas y promesas y, – nada menos -, co-herederos con Cristo.
4) La condición para acceder a ese maravilloso beneficio está supeditada a nuestra decisión de compartir sus padecimientos ya definidos.
5) La promesa es que de ese modo seremos glorificados. ¿Alguien podrá imaginarse lo que es ser glorificados?
Ahora: ¿Cómo padeceremos con Cristo, hoy, si él no está aquí sino sentado a la diestra de Dios Padre? Parecería que esto fue escrito – como muchos interpretan -, sólo para aquella época y para aquellos hombres. Sólo que hay un problema; Cristo está presente, hoy, en la tierra, a través de su cuerpo, la iglesia.
(1 Corintios 12: 26)= De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro reciben honra, todos los miembros con él se gozan.
El mundo, para protegerse de las cuestiones depresivas, ha puesto en marcha un sistema humanístico con respecto al padecimiento, que podría resumirse en dos expresiones muy conocidas y muy usadas: ¡Este es tu problema! O de lo contrario: ¡Arréglate como puedas!
El Reino, la jurisdicción, la influencia de Dios, tiene otro sistema con otra constitución: Si un miembro sufre, todos sufren con él, lo que no es ni fácil, ni usual, ni acostumbrado. Pero está la otra parte: Si un miembro tiene éxito, todos los demás se gozan.
Esto último, directamente, es inexistente. Por cada líder que recibe honra, suele haber no menos de diez dispuestos, – con una serena sonrisa de paz y amor en sus labios -, a derrumbarlo a piedrazas o, lo que es peor, a pura calumnia o crítica mentirosa. Cristianos…
(Filipenses 1: 29)= Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por Él.
Para que usted se entere hoy: usted no llega a creer en Cristo por causa de sus méritos personales, ni tampoco por su gran fe. Usted puede creer porque así le ha sido concedido por gracia. Y como también, por la misma vía, le ha sido concedido padecer por Él, cuando usted lucha contra ese padecimiento, lo que está haciendo verdaderamente, es rechazar esa gracia.
(2 tesalonicenses 1: 5)= Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis.
Si yo pregunto masivamente a los lectores de esta Web, quienes quieren ser tenidos por dignos en el Reino de Dios, la respuesta afirmativa se va a escuchar desde un extremo al otro del planeta. ¡Tremendo es Internet! Pero en ese caso, permítame que le recuerde que para que eso suceda, lo que usted debe hacer es aceptar el grado de padecimiento ya descripto que ello supone.
Ahora: ¿Sólo se tratará de padecer por padecer? ¿Acaso para poder mostrarlo como estandarte que nos rotula como cristianos de primera clase y para menoscabar esa calidad en aquellos que aún no han padecido?
(Hebreos 2: 14-18)= Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es al diablo. (Jesús, carne y sangre como nosotros, destruyó mediante su muerte al que tenía el imperio de la muerte y sus miedos: el diablo) …y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. (Usted ya no tiene que vivir toda su vida sujeto a la esclavitud del pecado y a la servidumbre de todo lo horrible que tiene el temor de la muerte porque Cristo ya le libró de eso)
…Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. <(Él no se dedicó a las máximas jerarquías, Él lo hizo por usted, que por la fe, es descendencia de Abraham) …por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. (El que pensaba que Jesús pudo soportar el padecimiento porque no era humano, puede ver que aquí se dice que debió ser en todo semejante a nosotros) …Pues en cuanto el mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.
La conclusión que nos deja este texto es que el padecer produjo en Jesús, y por ende en nosotros, su cuerpo, dos factores de primer nivel: Poder y Autoridad. ¿Será el único beneficio que obtengamos de aceptar este mandamiento neotestamentario?
(hebreos 5: 7-8)= Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. (Usted ahora puede aprender esto: aunque se pase todo el día rogando, suplicando, clamando y hasta llorando, con eso no le alcanza para conmover a Dios, porque Dios no se conmueve ni se mueve por sentimientos de su alma, Dios se mueve por fe y, tal como dice aquí, por temor reverente.) …y aunque era hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia.
Aquí está el otro principio. Cristo, aún siendo Hijo, no nació obediente como muchos podrían haber creído hasta aquí, sino que, la Palabra lo puntualiza, aprendió a obedecer a causa de sus padecimientos. Anote por allí: Padecimiento produce Obediencia.
(Verso 9)= Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.
Aquí vamos a matar otra de las legendarias “vacas sagradas” de la iglesia evangélica nominal, histórica y tradicional. Cristo no nació perfecto; fue perfeccionado. Sí nació perfecto en su inocencia, pero tenga en cuenta que Adán también había nacido así. Sólo que Adán cayó y Cristo no cayó.
Esto nos lleva a otra conclusión un poco más amplia y también más cerrada en sus conceptos. Entienda y vuelva a anotarlo donde siempre lo tenga delante de su vista: Cuerpo de Cristo; Iglesia de Dios: Padecer, produce Obediencia. Obediencia produce Eterna Salvación y ambas, lo llevan a usted a ser perfeccionado.
Ahora la pregunta inequívoca que surge instantáneamente y por lógica consecuencia también me surge a mí, es: ¿Cómo hago? Exactamente eso: ¿Qué tengo que hacer para lograrlo? Mire; yo no tendría una respuesta satisfactoria, pero Pedro desde la misma Biblia sí que la tiene.
(1 Pedro 1: 13-16)= Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, <(Es decir: no se quede con lo mucho y bueno que aprendió en su escuelita dominical, abra HOY su entendimiento y cambie todo lo que la contundencia de la palabra le muestra que debe cambiar, así eso no encaje con alguna doctrina de hombres que todavía porfiadamente respeta más por cábala y cierto temor inexplicable que por auténtica y basamentada convicción) …sed sobrios, (Eso quiere decir que sea usted serio, íntegro, auténtico, no religioso, ni solemne, ni acartonado, ni que se disfrace de un tipo de cristiano más producto de su imaginación, de su cultura o del recuerdo de alguna historieta o estampa hecha por mano humana)
…Y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; <(Atención: no está hablando del tiempo de la Segunda Venida del Señor, le está hablando de cuando Cristo realmente sea manifestado en su vida, sacándole de viejas rutinas, símbolos y ritos de una religión sin fruto, propósito, manifestación de poder y mucho menos, victoria.) …como hijos obedientes, (Usted ya sabe lo que desea su Padre. Olvídese ahora de lo que usted desea.) …No os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; (A lo mejor, usted que va a una iglesia, pero que todavía vive muy parecido a cuando no venía a la iglesia, creía que así eran las cosas, y así las aceptaba. Bueno; estaba en ignorancia y eso le permitía evadir el juicio.
Pero ahora el Espíritu Santo, con esta palabra, le acaba de mostrar la verdad. Su disyuntiva, entonces, es: u obedece y accede a la gloria, y también los padeceres del reino, o se pierde por un juicio producto de su desobediencia.) …sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: sed santos, porque yo soy santo. (He aquí la gran regla de oro: ser santos en toda nuestra manera de vivir, no en algunas cosas de esas que más se ven)
…Y si invocáis por padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos con temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; <(Dice todo el tiempo, no solamente cuando usted entra en alguna crisis y se asusta) …sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra manera de vivir, (¡Ya no tiene que vivir como vivía, ha sido rescatado! No lo va a ser, ¡ya lo fue!) …la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata. (No interesa que clase de formación, instrucción o consejo le dieron sus padres. Si no están alineados con la voluntad o el propósito de Dios, no le sirven; cámbielos. Tiene la palabra)
(Verso 23)= Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.
(Salmo24: 1)= De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan.
(Juan 3: 16)= Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Cristo murió por el mundo, no por la tierra. La tierra, ya era de Él…