Lo que tú estás viendo en América Latina, -y hablamos de los cárteles, de la violencia; estamos hablando de todos los procesos que se están dando-, en realidad tiene un norte: es lo que Dios está usando para que la iglesia despierte.
Porque por muchos años hemos tenido una mente de culto; hemos asumido que la reunión dominical es todo en la vida. Y eso ha provocado que formaran una iglesia que dependía de las reuniones. Entonces, todo lo que es iglesia, necesariamente está asociado a una reunión. Y ellos esperan que en la reunión se resuelva todo.
Y así han ido anulando la capacidad del Espíritu Santo para provocar cambios. Y en ese proceso han tenido responsabilidad todos los que de una u otra manera han sido líderes. Sin embargo, ese error, esa responsabilidad, tiene como especial justificación que se produjo porque vieron que así era como se hacía.
Entonces, sin querer, hemos heredado costumbres que no necesariamente eran buenas. Y hoy en día, entonces, tenemos una iglesia que no sabe cómo defenderse. Tienen años congregados, pero no saben cómo tomar posesión de lo que es suyo.
Y basta ver lo que está sucediendo en distintos lugares donde la violencia se ha desbordado. Y cuando en aras de esa violencia suceden hechos aberrantes y tremendos, la iglesia suele quedarse casi en cómplice silencio. Porque es ahí donde la iglesia no parece tener respuestas.
Podemos hablar de doctrina, y podemos decir que eso es de Dios o no es de Dios, pero aquello que está matando a la sociedad, no ha sabido ser leído en el marco de nuestras congregaciones lugareñas ni globales.
Y eso, automáticamente, hace que todos nosotros vivamos en una especie de esfera, de burbuja, donde no nos toca lo de afuera, o simplemente pensamos que no nos toca, cuando verdaderamente está afectando a toda la comunidad.
Y eso establece un imperio de muerte alrededor de nosotros. Hay naciones que están bajo un período de juicio en América Latina. Entendiendo juicio no como castigo, sino como el proceso de Dios para hacer despertar a su pueblo.
Y eso es, precisamente, lo que el Islam está destinado a hacer en muchos lugares importantes del mundo. Porque en muchos de esos lugares, el Islam los va a ayudar a recordar a los cristianos que allí habitan, que tienen rodillas.
Porque en ciertas naciones que parecen tenerlo todo, donde la gente se siente absolutamente segura, algunos hechos vividos les han mostrado que ya no pueden sentirse tan seguros. Y por esa razón es que algunos de esos lugares, no sé si todos, hoy están viviendo llenos de temor.
Porque cuando un país extrema a máxima eficiencia todos sus sistemas de defensa y de seguridad interna y externa, lo que espiritualmente están expresando, es temor. Y claro está que eso, también está afectando a la iglesia.
Y si quieres que te diga la forma más simple de temor, es la del temor financiero. Hay mucha gente que es decididamente esclava del temor a las finanzas. Entonces, gradualmente, vas a darte cuenta que el temor, tiene un objetivo. Y ese objetivo es destruir la fe.
Si tú me preguntas cuál es el peor enemigo que tenemos, o cual es la mejor arma que ha forjado el infierno para combatirnos a nosotros, no voy a decirte que es la Reina del Cielo, o Leviatán, o cualquier otra cosa que puedas imaginarte. El enemigo más contundente que propone el infierno para con nosotros, es el temor.
Y por una simple razón: el temor es el que deteriora la fe. Todos los otros enemigos terminan fortaleciéndote en la fe. Porque es como cuando alguien trata de arrebatarte algo; tú lo sujetas más. Pero el temor trabaja por dentro y hace que tú sueltes las cosas.
Porque nadie quiere retener algo que lo intimida o lo amenaza. Y esa arma, el temor, está azotando todo el continente. Las crisis financieras en muchos países, el terrorismo predeterminado, son algunos de los puntos que tienen que mostrarte lo que verdaderamente estamos viviendo.
Y no se trata de visiones catastróficas apocalípticas, aunque sí estamos viviendo un tiempo apocalíptico. Porque tú sabes lo que significa apocalipsis, ¿Verdad? Estamos viviendo un tiempo de revelación. Es cuando los actores se quitan las máscaras y los vemos tal como son.
De todos modos, cualquiera de las cosas horribles que hoy te enteras suceden, son parte de algo que constituye un todo. Y es necesario tener muy en claro que nada de esto está fuera del control de Dios. Y al mismo tiempo, todo esto nos está hablando a todos nosotros, como iglesia.
Si tú eres una de las personas que ha entendido cómo piensa Dios, tú vas a confiarle tus problemas a Dios. Y vas a tomar los problemas de Dios, como si fueran tuyos. Ese intercambio es mucho más sabio.
Y no estoy hablando de pecados. Si h ay áreas de tu vida que están mal, no se las entregues a Dios, resuélvelas. Estoy hablando de preocupaciones sanas. De cargas que nosotros podemos tener en el secreto de nuestro corazón.
Y es importante, allí, ver bien qué es lo realmente importante para Dios. Imagina una situación que no es ni inventada ni ficticia: una familia cristiana que tiene uno de sus miembros, un hijo joven, tal vez, comprometido con las drogas. ¿Sabes qué? Todos los esfuerzos de esa familia, desde ese momento, están apuntados a ayudar a ese muchacho.
Y ellos viven mañana, tarde y noche ocupados y preocupados con ese problema. Y eso impide que se metan en los demás temas de la ciudad donde viven. Porque no se sienten libres ni con el tiempo disponible como para dedicarse a otras cosas.
Entonces, caen en un engaño. Están orando para que Dios los ayude a terminar pronto con ese problema del jovencito, así luego pueden dedicarle mayor tiempo a las cosas del Señor. ¿Sabes qué¿ Le terminan de confirmar a Satanás qué es lo que tiene que hacer para seguir frenándolos. Y lo va a hacer.
Pero si ellos dijeran que así viva o muera ese muchacho, eso es de Dios y ellos igualmente le dedicarán su mayor tiempo a lo que tienen que hacer por su ciudad, por su país, las cosas se modificarán abruptamente. Porque Dios conoce a ese muchacho mucho antes que sus propios padres. Dios inventó las ecografías tridimensionales miles de años antes que los hombres.
Entonces, en el momento exacto en que esa familia está dispuesta, en grado extremo, a que Dios se lleve a ese jovencito ya mismo si es que no va a cambiar nada en su vida, y se dedica a hacer lo que tiene que hacer para el Reino, Satanás ya no puede disponer de él como rehén.
El creyente no puede ni debe tener en su vida nada que lo moleste en su trabajo ministerial anónimo o público para el Señor. Y si lo tuviera, es indispensable que comience ya mismo a buscar la llave que le permita abrir esa puerta cerrada y hacer lo que tiene que hacer.
Yo no puedo saber de qué se trata eso que te molesta y obstaculiza tu servicio al Señor, pero si el costo es pedir perdón a alguien, aunque sea ese alguien quien te ha ofendido o humillado a ti, y no tú a él, o blanquear por confesión un adulterio o cosa similar, el costo, créeme, siempre será económico.
Hay una ley que, cuando ha sido mal interpretada, ha traído dolores de cabeza y muy serios. Pero que si se entiende cómo se debe, es casi infalible. Y es la ley que dice que, en la medida del sacrificio, está la exacta medida del poder.
Mientras tú más sacrificas, más poder llegará a tus manos. Y no hablo de andar de rodillas o auto flagelarse, porque ese sacrificio ya fue cumplido. Estoy hablando de lo que la Biblia llama pagar el precio para entrar al Reino y ser parte de él.
Esta es una ley en el mundo espiritual, y es eso lo que nos acredita para la siguiente etapa. Desde ya tengo que advertirte que es difícil, porque ahí es donde tenemos que enfrentar nuestros demonios. Y todos somos perseguidos por algunos, créeme.
Y es allí también donde el cuerpo necesita unirse. Y necesitas gente profética que pueda entenderte. Y pueda ver en el espíritu lo que realmente necesitas. Esa es la iglesia. Dios no va a entregarle una ciudad, una provincia, un estado o un a nación, a un solo ministerio.
Ese pensamiento, curiosa y llamativamente cultivado por muchos buenos hombres, es total y absolutamente absurdo. Hay una iglesia. En tu país hay una iglesia. No sé dónde está, no sé incluso cuál es. No sé si tiene un letrero en su puerta o está disimulada en una casa de familia, no lo sé.
Pero hace ya varios años que yo entendí que lo último que existía en el planeta cristiano no era precisamente yo. Dios tiene pueblo. Y ha estado preparando a sus valientes guerreros para este tiempo. Y es más que importante que nosotros podamos entender eso.
Será menester que abras tus ojos y tus oídos. Que nada te quite la visión de lo que Dios quiere hacer. Dios quiere sorprenderte. Yo creo que estamos a las puertas de algo muy grande. Quiero que ahora vengas conmigo al evangelio de Mateo, capítulo 23.
Vamos a hablar de los fariseos. Yo no sé cuál es el concepto que tú tienes de un fariseo. Porque, lamentablemente, a esa palabra la hemos usado bastante mal. Para nosotros, fariseo es casi un sinónimo de hipócrita. Al menos a una gran mayoría de nosotros se los presentó así, como hipócritas consumados.
Sin embargo, no necesariamente esa sea la verdad. Cuando estudiamos a la comunidad judía del primer siglo, nos daremos cuenta de inmediato que los fariseos eran las personas más respetadas. Era gente que era muy honrada. Y esto, básicamente, por causa del precio que ellos pagaban para llegar a ser fariseos.
No era algo que tú podías inscribirte a la salida de un cine o en alguna oficina de un shopping. Había que tener cierta filiación de sangre y ser aprobado desde muy niño. Ya a los seis o siete años comenzaban a formarlos. Y no dejaban de estudiar más o menos hasta los treinta años.
Eran personas que muchas veces ni siquiera podían casarse, o tener una vida normal, precisamente porque eran fariseos. Entonces, ellos eran muy respetados en Israel. Sin embargo, cuando Jesús aparece en escena, ese escenario está muy dividido.
Porque están los fariseos, está todo el grupo de la casa de Anás y de Caifás; están metidos los zelotes y otros muchos grupos religiosos metidos en esta historia. Y allí es, donde en medio de toda esa conjunción, aparece Jesús.
La gente no sabía cómo llamar a Jesús. Porque él estaba desconectado de todos. Eso pasó ya con Juan el Bautista. Él era hijo de un sacerdote, pero dios lo aleja de su familia paterna y lo ubica bastante retirado de ellos. Él es educado en el desierto. A veces, el desierto es el lugar más seguro para los hijos de Dios.
No pongas esa cara. Porque me imagino la que pondrás ahora cuando te diga que, a veces, el lugar más peligroso es el de nuestra familia. ¿Por qué? Porque todo el mundo puede creer, por ejemplo, lo que Dios puede hacer a través de mí; menos mi familia.
Porque me conocen. Y ese es un problema, porque no generan fe en mí. Se enfocan en mis faltas, en mis errores, y no en mis obras positivas. Y por esa misma razón es que Dios cierra la boca de Zacarías cuando él recibe la noticia de que va a ser papá.
Porque una palabra a destiempo o a contramano, podía hacer abortar el ministerio de Juan. La gente que está en autoridad sobre nosotros, tiene esa capacidad. Con una simple palabra te puede destruir. Por eso es que las palabras provocan tanto daño.
Dicen los que saben sobre neurobiología, que las palabras cuando son hirientes, provocan un daño en las células neuronales. O sea: te estoy diciendo que no sólo dañan el corazón, sino que además dañan las neuronas. Es impresionante, pero las palabras pueden dañar y hasta matar neuronas.
Todavía los neurólogos no saben explicar cómo, pero las neuronas mueren cuando las palabras son duras. Entonces, si una autoridad te dice que eres un incompetente o lo que fuera, eso va a provocar un daño muy fuerte en ti.
Entonces, dios cierra la boca de Zacarías, y hasta va a apartar a Jesús de su familia. Él va a poder decir en cierto momento; mi padre, mi madre y mis hermanos, son los que hacen la voluntad de Dios. Él, allí, se desconectó de su familia. Porque los propios hermanos de sangre de Jesús, no creían en él.
Entones, cuando Jesús aparece en escena, hay una tremenda confusión. Los fariseos, los saduceos, todos ellos creen que ellos son los que tienen la última palabra. Pero; ¿Sabes quién tenía la última palabra? Roma.
Roma, los paganos, eran los que tenían la autoridad final sobre el pueblo judío. Por eso es que ellos no tenían autoridad para matar a Jesús. Por eso es que tuvieron que recurrir a Poncio Pilato. Porque su autoridad se limitaba a dentro del templo.
Los fariseos eran gente buena, pero tenían un problema, un único problema. Todo el énfasis de su visión, estaba enfocado en lo que Dios había hablado, no con lo que Dios estaba hablando. Es decir que, lo que ellos sabían de Dios, fue lo que les impidió reconocer a Jesús.
Pudo reconocer a Jesús un centurión, una samaritana, una siro fenicia; mucha gente lo reconoció como quién era, pero no los fariseos. ¿Por qué? Porque ellos estaban atados a una revelación antigua. Eso quiere decir que hoy día hay muchos fariseos en la iglesia.
Y no estoy hablando de hipócritas, que también los hay, para nada. De hecho, estos a los que me refiero, son gente muy genuina. Ellos están absolutamente convencidos que lo que saben, es la única verdad. Y eso impide que vean lo que Dios está hablando hoy.
No es gente mala. Es gente que de verdad ama a Dios. Y Dios los ama también a ellos. Pero no pueden ser un instrumento suyo, porque se han estacionado, se han atado, con palabras que eran de Dios, pero que en este tiempo ya no son importantes.
Entonces Jesús, constantemente empieza diciendo esto: Oísteis que fue dicho; más yo os digo. Y eso no le entraba en la mente a un fariseo. Porque cayeron en un engaño santo: que lo que Dios habla, es eterno y es por siempre. ¡Y eso es verdad! Y es santo.
Lo que él dijo en Génesis, es una verdad en Apocalipsis. Pero perdieron la perspectiva del proceso. La gente que hoy día se opone a la reforma, no son ateos, ni satanistas, ni masones; es gente que se ha quedado con lo que Dios habló en el pasado, y no puede ver lo que Dios está hablando hoy.
Cuando hablemos de fariseos, entonces, quiero que lo entiendan desde esta perspectiva. Todos podemos volvernos fariseos. Imagínate que un día tú te convertiste en un lugar en donde todos hablaban en lenguas. Entonces un día llega una persona que te escucha a ti hablar en lenguas, y te pregunta: ¿Por qué hablas en lenguas si nadie está interpretándolas?
¡Por favor, si no hay quien te interprete, mejor cállate! Inmediatamente, eso va a provocar una crisis en ti. Porque tú considerabas que esta era la manera correcta en que el Espíritu Santo se movía. Y es cierto, el Espíritu Santo se movía así.
Y lo puede hacer mañana también. Pero de repente viene alguien con la Biblia y te dice: mira, tú necesitas un intérprete. Y en este momento no son importantes las lenguas, sino palabras con sabiduría de Dios. Así que no te quedes en el atrio y entra a la sala principal.
Eso, automáticamente genera anticuerpos. Y esa persona va a tener que tomar una decisión. O se queda con lo que conocía y desecha lo que está viniendo, o desecha lo que conocía y acepta lo que Dios le está dando. ¿Entiendes ahora la recomendación de Pablo de probarlo todo y retener lo bueno? Yo creo que debemos extendernos hacia adelante.
En principio, sé que hay una especie de conexión entre naciones. Revelaciones que Dios ha entregado en un país suelen cerrarse bíblicamente en otro. Es como si cada país tuviera diferentes portales de revelación. Y debe ser porque la revelación siempre es territorial.
Con esto quiero decirte que lo que espiritualmente parecería no tener solución ni salida en un país, suele quedar totalmente resuelto y a la vista en otro. Porque esa es la dinámica del Reino. El Reino de los cielos es semejante a una red.
Entonces allí apareció la Internet. Jesús ya estaba hablando de Internet allí. Lo que vemos hoy día a través de la conectividad que viene, nos dice que estamos viviendo en la generación más conectada del mundo. Y eso mismo está pasando en el espíritu.
Si quieres, mejor lo digo a la inversa para que suene bien bíblico: lo que está pasando en el mundo del espíritu, es lo que estamos viendo reflejado en la tecnología. Así como en informática transferimos archivos unos con otros para crecimiento, así también podemos transferir unciones.
Claro, ¿Y qué pasa con todos aquellos hombres fieles y sinceros de Dios que no gustan de las tecnologías nuevas y ni siquiera saben operar un celular o una computadora sencilla? Están cerrados. Y así también lo están para las cosas nuevas que el Espíritu Santo quiere hacer.
Tú lo sabes muy bien, todavía hay gente, (Y hablo de cristianos fieles) que para comunicarse todavía escribe cartas en papel y las envía por correo. Se comunican, claro, pero ya no van a evolucionar más, hasta aquí llegaron. En lo técnico y en lo espiritual, son diseños comunes.
Y no exageremos, porque esa gente que queda atrás, ha sido tremendamente fiel con el Señor, eso no se duda. Pero ahora viene otra cosa. ¿Y qué sería lo correcto? Actualizarnos permanentemente. ¿Y cómo lo conseguimos? Salvo excepciones obvias, aprendiendo de nuestros hijos.
Porque esa será también la actitud de mi espíritu. Entonces, cuando yo me encuentro con algo que emana de un hombre de Dios y que es tremendamente apto para enriquecimiento y edificación general, lo tomo. Con su permiso o sin él.
Que haga denuncias de copy right si lo desea; tendrá que demostrar que eso no le pertenece al Espíritu Santo sino a él. Y si lo demuestra, ¿Podrá con eso pretender edificar la iglesia de Jesucristo? Porque no estamos hablando de negocios ni de comercio, estamos hablando de palabra viva y de edificación para el Reino. Si tú extraes algo de aquí y lo vendes por dinero, es delito. Si tú extraes algo de aquí y lo das de gracia, es bendición y ministerio.
Así es que, entonces, la mentalidad farisea es la que se estaciona en un tiempo; a una escuela, a una palabra. Y tú los ves cinco años después y siguen con el mismo tema. ¡No hay nada más! Dicen. ¡Esto es todo lo que Dios dijo! ¡Nada más cambiará! Y a eso le llaman: dinámica de Reino.
Y allí andan, discutiendo por las lenguas durante todas sus vidas. O por Jezabel. Y no han entendido que esa es sólo una etapa. Que más adelante hay más, mucho más. Entonces, el buscar más, es una norma de vida. Debe ser algo a lo que todos debemos extendernos.
El estilo que tenemos de lo que hacemos en la vida natural, es lo más cercano a nuestro estilo de vida en el espíritu. Es altamente conveniente ir adaptándonos a cada lugar y a cada tiempo que Dios nos desea proponer y brindar. Así también debemos ser en el espíritu.
Pablo dice: yo puedo edificar con oro, o plata, o piedras preciosas, pero también puedo edificar con heno, paja y hojarasca. Claro, uno va a durar más que el otro, obviamente, pero lo cierto es que yo puedo edificar con todo lo que tengo a mi alcance.
Fíjate; los fariseos no pueden hacer eso. Mi desayuno es con café con leche y pan. Y me voy a un lugar donde me lo sirven de otro modo. Entonces no puedo disfrutar de un café con leche en ningún otro lugar que no sea mi lugar. Me quedé ligado a ello. ¡Oh, si pudiera volver a Jerusalén!
¿Cómo se despedían los judíos? ¡Hasta el próximo año en Jerusalén! ¿Disfrutaron sus vidas en todas partes? No. ¿Y qué pasaba? La gente los rechazaba. Porque ellos venían, trabajaban, tomaban lo que querían, pero su corazón estaba en Jerusalén.
Dicho así, románticamente, se ve muy lindo. Pero resulta ser que Dios los había esparcido por su propia mano para que ellos fueran bendición donde vayan. Tuvo que inventar una guerra para que ellos puedan ir. Y luego otra guerra. Y luego otra guerra. Ninguna ciudad ha sido destruida tantas veces como Jerusalén. Más de veinte veces. Y a pesar de eso, los judíos quieren volver.
Te hago ahora una pregunta profundamente en el espíritu: ¿Será que Dios quiere que vuelvan? Que no te pase eso. ¡Es que extraño tanto aquella pequeña iglesita donde me convertí! Ese es el espíritu fariseo, negarse a ir adelante por vivir mirando hacia atrás.
La pregunta que necesariamente debería hacerte en este momento, es: ¿Cuán fariseo eres tú? Ya sé; te dejó pensando, ¿Verdad? ¿Te das cuenta que nos toca a todos? Por eso es tan importante la mente de proceso. El que empezó la buena obra no la dejará sin terminar.
Lo peor que podemos hacer, es dar por terminado algo que Dios todavía tiene en proceso. ¡No te estaciones! Te dije que fueras a Mateo capítulo 23, ¿Verdad? Es el capítulo en donde más se habla de los fariseos y donde Jesús mismo pronuncia palabras y sentencias que han quedado grabadas a fuego.
(Mateo 23: 1) = Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: (29) en la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. (Cátedra significa asiento)
(3) Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; más no hagáis conforme a sus obras, porque dicen y no hacen.
(4) Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.
(5) Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; (6) y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, (7) y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.
(8) Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.
(9) Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.
¿Está bastante claro, no? ¿Y sabes qué es lo más interesante de este último versículo? Que está igual en la Biblia Católica. Y no es un asunto solamente de ellos, no te creas. Yo tuve que oír a un tremendo ministro de los nuestros, muy popular, diciendo que estaba gozoso porque venía de una reunión con el santo padre, en alusión al Papa romano. Escucha siervo amado: será tu padre, porque mío no es, te lo aseguro.
La Biblia dice con absoluta claridad que no llame a nadie, padre, porque uno es nuestro Padre y está en los cielos, no en una ciudad terrestre. Me pregunto en qué lugar de todo esto nos perdimos. Porque yo hasta en las emisoras radiales y televisivas cristianas oigo referirse a curas católicos como padres.
Y lo peor del caso es que no puedo ser eminentemente crítico con ellos, porque representa todo un problema para nosotros, los que conocemos la palabra de Dios, dirigirse a esta gente sin llamarlos como los llama la mayoría de las mayorías: padres.
Eso es algo que culturalmente es normal y corriente hacer dentro de la iglesia católica y todos sus perímetros de influencia. ¿Quién no les dice padres? Fíjate que es una deshonra que se ha hecho cultura. Porque en el momento en que tú le dices padre a él, estás desconociendo a tu verdadero Padre.
Y eso no termina allí, porque yo he conocido pastores que se hacen llamar papá, o papi por la gente de su congregación. Y si no lo hacen ellos, al menos algunos lo permiten. Yo no llamaré padre a nadie, pero tampoco llamaré pastor a nadie.
Porque pastor es una función, de ninguna manera un título. Eso, al menos, desde la óptica de la palabra de Dios. La cultura evangélica puede llamarlos como quiera, pero no me lo vendan como bíblico. Eso tiene un nombre genérico para ambos: idolatría.
(10) Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. (El Señor, por su infinita paciencia, gracia y misericordia, ha decidido poner en mis manos el ministerio del maestro, es cierto. Lo acepto y me gozo con ello. Pero no acepto ni permito que me llamen maestro, porque el único Maestro es Cristo. A mí dime Néstor y será música a mis oídos)
(11) El que es mayor de vosotros, sea vuestro siervo.
(12) Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
(13) Más ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.
(14) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.
(15) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.
(16) ¡Ay de vosotros, guías ciegos! Que decís: si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor.
(17) ¡Insensatos y ciegos! Porque ¿Cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro?
(18) También decís: si alguno jura por el altar, no es nada; pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor.
(19) ¡Necios y ciegos! Porque ¿Cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda?
(20) Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él; (21) y el que jura por el templo, jura por él, y por el que lo habita; (22) y el que jura por el cielo, jura por él trono de Dios, y por aquel que está sentado en él.
(23) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley; la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.
(24) ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!
Escucha: ¡Qué duro es lo que está diciendo Jesús! Si tú has entendido lo que te expliqué antes de los fariseos, te das cuenta que esto que él les dice, así públicamente, delante de toda esa gente que los respetaba tanto, era muy pero muy duro.
Te lo reitero: Jesús estaba dirigiéndose en esos términos, a la gente más respetada de ese momento. Y seguramente, muchos de esos fariseos habían actuado de esta forma. Pero no todos habían actuado así.
¿Recuerdan ustedes cuando Nicodemo se acercó a Jesús? Sus palabras lo condenan tremendamente. Él es el primero en decir: sabemos que vienes de Dios. ¿Y entonces por qué no creyeron? Porque lo que Jesús decía, ellos no lograban unirlo con lo que estaba escrito en la ley.
Acá es importante que entiendas algo, porque muchas veces he escuchado este error. Jesús nunca contradijo la ley. Lo que sucede es que había una parte de los documentos judíos, que no fueron los que vinieron de parte de Dios; que se fueron armando con el tiempo; que eran comentarios de la ley y que, con el tiempo, llegaron a tener el mismo peso que la misma ley.
Te doy un ejemplo. Se acercan un día los discípulos de Juan y le dicen: ¿Por qué tus discípulos no se lavan las manos para comer? ¿Por qué ellos están quebrantando la ley al no hacerlo? Si tú lees la ley de Moisés, en ninguna parte de esa ley dice que se deberían lavar las manos.
Eso estaba en la Mishná, que eran los comentarios de la ley. Eso no vino de la mano de Moisés, es muy posterior. Y ellos anotaron sus comentarios, y a eso se le llamó La Tradición. Entonces, cuando Jesús habla con ellos, les dice: vuestra tradición ha invalidado mi palabra.
Jesús cumplió toda la ley. No rompió nada. Incluso, fue circuncidado, cuando verdaderamente no lo necesitaba; él cumplió con toda la ley. Pero no respetó la tradición. No respetó eso que se llama Mishná. Para nada. Y eso, golpeó mucho a la gente.
El problema de los fariseos, entonces, era que le habían dado a la Tradición, el mismo peso que a la Ley. Y al hacer eso, ellos anularon a la propia Ley. Y eso pasa con nosotros cuando empezamos a adoptar puntos doctrinales. Que son rudimentarios: que las mujeres no pueden hablar, que no te pongas esa ropa, que no te pintes, que los pantalones.
Y el punto es que en cierto momento, eso era importante. ¿Recuerdas lo que dice la carta a los Hebreos? Lo que voy a decir va a resquebrajar algo en el mundo espiritual, pero es así. En la carta a los Hebreos, dice que la fe es aún un rudimento.
Dice claramente: dejemos los rudimentos de la fe. ¿Tú pensaste alguna vez que la fe era un rudimento? ¿Qué quiere decir que es un rudimento? Que es como el abecedario. Cuando tú lees, tú no repites el abecedario, estás leyendo palabras y frases.
No lees letras. Por eso es que tú puedes leer, incluso, una palabra mal escrita. Porque tú no lees letras, lees palabras. Y la fe, entonces, llega un momento en que se convierte en algo básico. Por eso dice el autor de Hebreos: ¿Por qué debo volver a poner fundamento?
Ustedes ya deberían ser maestros, pero sin embargo debo volver a darles la leche. Y ahí habla del bautismo. Habla acerca de la fe, habla de un montón de cosas que deberíamos haberlas aprendido el primer año de creyentes.
Por eso que nadie puede hacer el tema de su ministerio la fe, porque eso es destinarlo a una etapa de infancia eterna. Y a la larga, vas a terminar siendo fariseo, donde vas a tener que establecer patrones de cultura, para poder sostener eso.
Porque la única forma de entender que algo básico sigue vigente, es imponiendo una tradición. “¡Es que así siempre es así!”. Y no se discute más. Y eso llega hasta censurar palabra ungida por causa de no coincidir con tradiciones milenarias, pero tradiciones al fin.
A mí, como a cientos de hermanos pioneros en reforma, han llegado a acusarme de no respetar la sana doctrina. Nunca tuve la oportunidad de enfrentarme cara a cara con los que deslizaron esa opinión, pero si la hubiera tenido les hubiera hecho una sola pregunta: ¿Qué definen ustedes como sana doctrina?
Yo creo que hasta allí hubiera llegado la discusión. Porque en la Biblia dice lo que es la sana doctrina, claro que sí. Pero lo que ellos sostenían como sana doctrina para definirme como fuera de ella, no lo es. Son puntos doctrinales que aceptaron ellos, por su propia cuenta.
Y voy más lejos, todavía. El noventa por ciento de lo que el pueblo evangélico llama como sana doctrina, hoy, es de origen agustiniano. Fue escrita por San Agustín, el más grande teólogo católico. ¿No lo crees? Te doy un ejemplo sencillo.
El Reino de Dios, allá arriba, lejos: Aquí abajo, muy lejos, los hombres. Diferente, dividido. Eso, es agustiniano. Un Dios enorme, lejano, casi indiferente con lo que le pasa al hombre aquí abajo. Y es por eso que, cada vez que nosotros decimos “el mundo espiritual”, eso es mente agustiniana.
¿Qué hizo San Agustín? Mezcló la doctrina de Pablo, con la filosofía griega. Con el mito de la caverna. Entonces, el Reino de los cielos está allá, lejos, inalcanzable. Allá un día irás, la Nueva Jerusalén, con calles de oro, mar de cristal; pero aquí estás en un valle de lágrimas, pasando el tiempo como puedas, hasta que te toque la hora de morirte.
Ese es el pensamiento de San Agustín. Una de sus principales obras, se llama “Ciudad de Dios”, donde él explica esta dualidad. El noventa por ciento de la doctrina evangélica, hoy día, es agustiniana. ¿Y van a salir a decir que alguien enseña falsa doctrina?
Algo tenemos que tener muy en claro. Y te lo digo como ministro del Señor, pero también como viejo periodista. La gente difunde rumores falsos, y otra gente que no tiene ganas de ponerse a examinar o tan siquiera a pensar, los toma y los amplifica. Eso se llama acción psicológica, operación de prensa. O si tú quieres un rótulo más adecuado: corrupción.
Porque es impresionante la manera en que se difunden chismes mentirosos. La Web está llena de ellos. ¿Qué sucede? Sucede que nuestra tradición, algo tan natural en nosotros, es parte de nuestra vida. Seguramente que tu infancia debe estar asociada a una comida, por ejemplo; o a un aroma.
Eso no va a perderse nunca, es parte de lo que somos. Nadie puede venir a pedirte que cambies eso. Pero no puedes perderte lo que en este tiempo está haciendo el Señor, por causa de la nostalgia de lo que aprendiste hace veinte años.
De hecho que aquello fue grande y fue glorioso. Miles rememorando lo grande que eran sus iglesias, el tremendo avivamiento que tuvieron y lo mucho que Dios los usó. ¡Buenísimo! ¿Pero dónde está eso ahora? Nadie vive de avivamientos pasados. Nadie cocina una comida con llamas apagadas.
Nuestra tarea es darle de comer a esta generación hoy día. Porque esta generación necesita ver lo que nosotros vimos. Y esa es nuestra tarea. Pero eso es temporal, porque ellos tendrán su propia historia. Y nuestro Dios será también su Dios, pero no puede ser sobre la base de mi tradición.
Ese fue el problema de los fariseos, y ese es el problema por el cual no hay unidad en la iglesia. Están los que escuchan lo que Dios habla hoy, y están los que se han quedado con lo que Dios habló hace veinte años. ¿Y sabes qué? Es imposible que puedan caminar juntos.
No se puede porque no llegan a estar de acuerdo. Y la Biblia se pregunta: ¿Andarán dos juntos si no se pusieren de acuerdo? No tiene que ver con quien tiene la razón, por favor. Aquí no hay ganadores. Aquí vamos a perder siempre.
Porque aquí se necesitan de todos. Pero, ¿Qué es más útil? ¿Saber qué va a pasar este año o el próximo, o conformarse con lo que ya pasó hace miles de años? En este capítulo, Jesús toca muchos temas. Habla de todos los pecados y de los fariseos.
(Verso 29) = ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, (30) y decís: si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas.
(31) Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas.
(32) ¡Vosotros también llenáis la medida de vuestros padres!
(33) ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?
(34) Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; (Imagínate la cara de los apóstoles en ese momento) (35) para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar.
(36) De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.
Repito: es muy duro lo que Jesús está diciendo aquí, y no logramos imaginarnos lo que todo eso provocó en ese momento. Fue un terremoto lo que estaba pasando ahí. Peo aquí, el Señor, nos está marcando a todos nosotros una línea muy clara en el piso.
Nos está mostrando el límite que debe ser nuestra medida. Porque si esto les pasó a los fariseos que amaban la Ley, y con tanto sacrificio ocupaban un puesto, ¿Qué va a pasar con nosotros si no ponemos diligencia con lo que hemos recibido?
Nosotros no hemos recibido algo pequeño. El Espíritu Santo fue derramado unos pocos días después de todo esto. Y el Espíritu Santo vino a completar lo que aún Jesús no podía completar. Nosotros hemos nacido en la mejor etapa de esta historia. Y podemos tener la tendencia de aferrarnos a una parte. Y ese es el peligro.
(37) ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!
(38) He aquí vuestra casa os es dejada desierta.
(39) Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: bendito el que viene en el nombre del Señor.
Hay un espíritu, aquí, que opera bajo los lineamientos de Jerusalén. Y es un espíritu que asesina a los profetas. Y ese espíritu está operando hoy en la iglesia. Es un espíritu muy violento. Dentro de la iglesia se han planificado asesinatos de ministros a manos de violentos y bandidos.
Y quienes estaban detrás de esos atentados, eran otros ministros. Es un espíritu homicida el que opera así. Y no se detiene hasta destruir la imagen de una persona. Va a destruir su credibilidad. Va a destruir aún su vida espiritual.
Es un espíritu que Dios aborrece, ni lo dudes. Y esto tiene que ver con algo que debemos decir con mucho cuidado, pero debemos decirlo. Los evangélicos en general, tenemos una visión demasiado ideal de Israel. Tenemos un amor especial por Jerusalén.
Pero el Israel que mayoritariamente tú estás viendo, no es un Israel que Dios ame. Porque hay un espíritu operando dentro de él, que esencialmente rechaza a Jesucristo. Fíjate: ¿Cuál ha sido uno de los principales males de una nación tan tremenda como es los Estados Unidos?
Declararse una nación judeo-cristiana. Perdón, ¿Cómo dijo? Dije que declararse una nación judeo-cristiana ha sido un error para USA. ¿Pero, por qué? Porque el pensamiento judeo del que estamos hablando, es el en el que mora este espíritu homicida del que estamos hablando.
Porque esa alianza, fíjate, está provocando que la gente, mayoritariamente, en los Estados Unidos, no pueda ver al Mesías. ¡Ellos no ven al Mesías! Por eso es que Pablo dice: ¡No todo el que se dice judío, es judío! Judíos son los que reconocen al Padre, y reconocen al Hijo.
Esos son los judíos. Los que no aceptan al Hijo, no son judíos. Y por consecuencia, ni son nuestros hermanos ni siquiera son nuestros primos. Son hijos de la esclava. No tienen nada que ver con nosotros. No oramos por ellos ni los queremos cerca de las máximas autoridades de ninguna nación.
La logia masónica más poderosa de la tierra, es la judía. Se llama la Brian Bethells. Ellos son los fundadores de Inca, y de muchas organizaciones a nivel mundial. ¿Ellos quieren que conozcamos a Cristo? No. Así es que nuestra única oración por Israel, es por salvación. Eso está fuera de toda discusión.
Y oramos por la paz de Jerusalén, pero no podemos tolerar que ese espíritu homicida que mata los profetas more en nosotros. Porque ese es un espíritu homicida. Y es el espíritu que entra dentro de los pastores, líderes y apóstoles, cuando ellos eligen oponerse a lo que dios verdaderamente está hablando.
Y hacen lobby y organizan diferentes métodos simplemente para neutralizar primero, y destruir posteriormente a otra persona. ¿Por qué no hacen lo que dijo Gamaliel? Si esto es de Dios, no hay manera en que lo podamos vencer. Y si no es de Dios, el tiempo va a definirlo.
Entonces la pregunta, es: ¿Qué va a pasar con las congregaciones donde ese espíritu homicida está operando? Lo dice la Biblia: He aquí, tu casa se quedará desierta. La gente se va a ir. ¿Y sabes quiénes se van a quedar? Los sordos y los ciegos.
Pero los que ven y oyen, van a correr por sus vidas. Repito; es algo muy duro esto que estamos hablando. Yo mismo he formado parte de iglesias en las que Dios mismo puso sus bases fundamentales, pero que con el transcurrir de los tiempos y los procesos, se fueron deslizando, y allí fue donde Dios puso lo que quiso poner y quitó lo que quiso quitar.
Y nosotros no somos nada dentro del templo, para decidir lo que pasa dentro, porque Él es el Señor. Mi tarea, es que la gente conozca al Espíritu Santo. Esa es mi única tarea. No es resolverles sus problemas; para eso está el Espíritu Santo.
No es ganar a sus familias, para eso está el Espíritu Santo. Él es el que convence de justicia, pecado y juicio. Él trae a los que son hijos a la casa. Mi tarea es que la gente reconozca como funciona el Espíritu Santo. Porque por ignorancia o por tradición, no saben hacerlo.
Y nuestra tarea, entonces, es ayudarlos en ese proceso. Porque también a cada uno de nosotros, en algún momento, alguien nos ayudó. Y ese es el Reino de Dios. Nos ayudamos mutuamente para avanzar.
Pero todos podemos terminar siendo hipócritas y fariseos. Y podemos querer empezar a actuar bajo la influencia de un espíritu homicida, como el del que estamos hablando. Dios nos libre de eso. Te repito: oramos por la salvación de Israel, pero no todo el que nace en Israel, es judío.
A los ojos de Dios, judíos son los que lo busca, no la generación de personas que han nacido y no quieren nada con Dios. A ellos no los queremos insertados en los gobiernos mundiales. No los queremos cerca de los presidentes de ningún país, porque su influencia es cínica.
Necesitamos gente que tema a Dios, cerca de las autoridades. Y que no está atada a una tradición, sino que está atada a la verdad. ¿Cuál es, entonces, tu definición de profeta? Es el que está oyendo hoy. Porque hay gente que era profeta, pero ya no lo es.
Porque en algún momento dejó de oír. Voy a decirte algo para que lo asumas, lo creas y lo pongas por obra aunque no lo entiendas ahora: el ministerio no se hereda. En tanto que lo usas, es tuyo. Mejor dicho para evitar confusiones: en tanto lo usas, le perteneces.
Por eso es que Elías no pudo llevarse su manto. Jesús tampoco. Quedó su túnica, intacta; porque no la rompieron. ¿Y sabes quienes la recibieron? Los romanos. Los paganos. No los judíos. Por eso, si Jesús hubiera sido enterrado con su vestidura, no tendríamos el Libro de los Hechos.
Terminaría todo con la muerte de Jesús y su ascensión. ¡Pero sus vestiduras se quedaron! Y vistió a los gentiles. ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas. ¡Cuántas veces quise!
En el Salmo 91, dice: el que habita al abrigo del Altísimo. Y la figura completa es de una gallina cubriendo con sus alas. Jesús está hablando de este salmo, aquí. ¡Cuántas veces quise cubrirte bajo mi sombra! Pero no quisiste. Dios no puede cuidar a quien no quiere ser cuidado.
Va a levantarse oposición cada vez que nosotros intentemos proclamar lo que Dios está hablando hoy. Porque a los hombres les gusta que todo quede como lo han dejado. Les gusta ir al templo siempre a la misma hora, sentarse en el mismo asiento, ver los mismos canales de televisión, que quede todo en sus habitaciones tal como lo han dejado.
A nadie le gusta buscar cada día sus cosas. Sin embargo, Dios quiere que las busquemos cada día. Como si nunca las hubiéramos encontrado. Para que nuestra fe sea fresca cada día. Para que nuestras oraciones no sean las viejas repeticiones de cuando nos convertimos.
Que verdaderamente podamos escuchar a Dios, claramente, cada día. En Latinoamérica, es de donde más conozco, hay naciones realmente hermosas por donde las mires. Pero en su gran mayoría tienen un gravísimo problema: han dejado de escuchar a Dios.
Y en lugar de ello, se han abrazado a lo que Dios dijo en el principio. Que no te pase eso. Puedes caer al igual que cualquiera bajo las garras de ese espíritu fariseo. Ahora bien; ¿qué esperanza le da Dios a Jerusalén? La única forma en que esto cambie, para ti, es que tu digas: bendito el que viene en el nombre del Señor.
El Espíritu Santo sabe perfectamente que, seguramente, en muchas ocasiones algunos de nosotros han resistido su palabra. Porque han tenido mayoritariamente la tendencia de quedarse con lo que ya hablaste. Y por atender eso, se han perdido de vista lo que hoy Dios está hablando.
Si tú crees que eres uno de los que alguna vez haya podido hacer eso, yo te invito que allí donde estás, pidas perdón a Dios por ignorarlo, eligiendo cobijarte en la historia, y declarar que de aquí en más te dispondrás a oír su voz y obedecer sus decretos.
Pídele perdón por las veces en que has permitido que las tradiciones reemplazaran a sus revelaciones. Sabiendo que eso lo ha ofendido. Y sabiendo que hoy estás hablando y que nunca dejaste de hacerlo. Y nuestro standard de trabajo determina que nuestro ministerio no es hacer, es oír.
Porque en muchas ocasiones, lo que te toca vivir, quizás sea simplemente el esfuerzo de Dios para que lo oigas de una vez por todas. Porque quiero entender que tienes mucho trabajo, que estás con innumerables proyectos, y que todos son tremendamente buenos y bien intencionados, pero: ¿De qué servirá todo eso si dejas de oírlo?
Escucha: no comprometas tu decisión a una doctrina; comprométela al Espíritu Santo. Tu fidelidad máxima debe ser hacia Él, no a los hombres, únicamente.
Lo que Él te diga, hazlo. Lo que Él te dé, recíbelo. Lo que Él te pida soltar, suéltalo. Deja ya de pelear con el Espíritu Santo. Sé una persona útil en tu generación. Cada día de tu vida, porque todo lo que Él nos da, son herramientas.
Y son herramientas que van a usarse para hacer un edificio en particular. Y después va a darte otra clase, otra calidad y otros diseños de herramientas. No le hagas cuadros a las herramientas; tampoco hagas trofeo de ellas.
No los cuelgues en la pared de tu oficina como si fueran lauros obtenidos por tus méritos o tus esfuerzos humanos. Tampoco le rindas culto a esas herramientas. ¡Porque son sólo herramientas! Él es el único digno de culto. Es el único digno de reconocimiento.
Él es el que nos ha dado la vida. A Él se debe nuestra fidelidad. Tampoco cometas el grueso error de juzgar con ligereza a aquellos ministerios que no entiendes. Ten temor de Dios cuando hablas de personas que no conoces.
Porque dice la Biblia que conoce el Señor quiénes son suyos. Tú sólo limítate a caminar en justicia. Sé una persona recta, amorosa, íntegra. Vive aquello en lo que crees, no te limites a promocionarlo. Y permanece abierto a cambiar lo que el Padre te pida cambiar.
Y quédate tranquilo, tranquila, y confía; Dios te va a guiar, no te vas a extraviar. Ese es el camino, un camino de santidad. Y el camino de santidad, déjame decirte que es a prueba de torpes. La Biblia lo dice: por torpe que seas, no te vas a extraviar.
Y no te hagas sabio a ti mismo, porque uno solo es el sabio. Porque todo lo que sabemos, por mucho que sepamos, es absolutamente nada delante de Él. Vive, celebra y disfruta lo que en este tiempo te está hablando el Señor. Gózalo, cómelo cada día como alimento sólido. Y al concluir el día, deja todo eso a un lado, y dile simplemente: quiero más, mañana. Esto sólo fue para hoy.