Estudios » Crecimiento

No es Tiempo de Entretenimiento

Este es un tiempo difícil. Este es un tiempo complicado. Este es un tiempo donde las cosas tienen un aspecto cambiante y de tal calibre que bien vale reflexionar muy seriamente en los principios básicos que hay al respecto. Hay una escritura que nos retrotrae a ello. Es un texto en apariencia histórico, lineal, cronológico, pero que tiene escondido un verdadero tesoro que podremos aprovechar, utilizar, aceptar, creer y poner por obra.

(Éxodo 32: 1)= Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

(2) Y Aarón les dijo: apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.

(3) Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; (4) y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma de buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

(5) Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón; y dijo: mañana será fiesta para Jehová.

(6) Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.

¿Qué les parece? Más adelante, y cuando viene relatando que ya Moisés y su siervo Josué estaban descendiendo del monte, encontramos esto:

(Verso 17)= Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: alarido de pelea hay en el campamento.

Y claro. ¿Qué otra cosa que alarido de pelea podía escuchar un guerrero de pura cepa como Josué?

(18) Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo.

Moisés y toda su veteranía y experiencia. ¡Qué pelea ni pelea! ¡Parranda, fiesta, juerga corrida había allí abajo!

(19) Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte.

Este versículo va dedicado con profundo amor a todos aquellos que suponen que los hombres de Dios son seres que no se conmueven ante nada, que todo lo toman con una sonrisa evangélica y que en la mayor de las serenidades resuelven sus conflictos. Ardió de ira el hombre.

(20) Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio de beber a los hijos de Israel.

(21) Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan grande pecado?

(22) Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado al mal. (Resorte humano clásico por excelencia: la culpa la tienen los otros.)

(23) Porque me dijeron: haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

(24) Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro.

¡Miren lo infantil de la explicación que da Aarón a Moisés! De niño. Pero de niño que es consciente que ha hecho algo indebido y busca excusarse. ¡Yo tiré todo acá y salió este bicharraco, Moisés! ¡No soy responsable! ¿Ah, sí? ¿Nadie fabricó el molde del cual salió ese becerro, no? ¿Se formó como por arte de magia? Esa es nuestra vieja naturaleza. ¿Recuerdan a Saúl? ¡El pueblo quiso, Samuel, traer lo mejor! ¡Ya no sé cómo darles el gusto! Eso es exactamente lo mismo que Aarón estaba diciendo. ¡Eché todo eso al fuego, Moisés, tú vieras, y apareció este becerro no sé cómo ni de dónde! ¡Después ya no los pude detener! Cuando apareció el becerro, inmediatamente se armó la fiesta. ¿Y tú no participaste de esa fiesta, Aarón? ¡No! Es decir…bueno…golpeaba un poquito las manos, viste? ¡Pero yo no hacía fiesta, te lo aseguro! Y además, ¡Tampoco adoraba a ese becerro! ¡Yo la tengo muy clara!

(Éxodo 33: 11)= Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. (Aquí nos encontramos con una figura que si hoy la proclamáramos, seríamos llamados irreverentes. ¿Cómo va a decir que Dios habla con usted cara a cara?)

(12) Y dijo Moisés a Jehová: mira, tú me dices a mí: saca este pueblo; y tú no me has declarado a quien enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos.

(13) Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo.

(14) Y él dijo: mi presencia irá contigo, y te dará descanso.

(15) Y Moisés respondió: si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.

(16) ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?

(17) Y Jehová dijo a Moisés: también haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre.

(18) Él entonces dijo: te ruego que me muestres tu gloria.

(19) Y le respondió: yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

Yo no puedo saber cuál es el grado de madurez y crecimiento de cada uno de los que están allí, del otro lado, pero voy a decirles algo de todos modos: ¿Cuántos se han dado cuenta que en este tiempo hay dos iglesias paralelas? Ya lo hemos hablado y enseñado muchas veces: Babilonia. La falsa, la paralela, la imitación carnal y diabólica de lo que verdaderamente es la Iglesia. Pero también está la genuina, la real y verdadera. Un pueblo que lo único que quiere es fiesta y otro pueblo que es y se sabe remanente.

Y hay hombres de Dios que están buscando desesperadamente su rostro en este tiempo, porque ven que las ovejas se desbandan y se van detrás de los entretenimientos, de la fiesta. Que nadie podrá decir que no son cristianas, pero que no conforman la voluntad de Dios para este tiempo. Porque Dios nos está enseñando a través de esta palabra que, además de estar de manera permanente con nosotros, hará pasar por delante de nosotros, todo su bien.

Y dice la Biblia que él estaba en el monte. Allí iba a escuchar a Dios. En el libro de Números vamos a ver que en varias oportunidades dice que Jehová habló a Moisés. ¿Por qué Jehová le hablaba a Moisés? Porque Moisés estaba justo allí donde Jehová hablaba. Entonces sería bueno preguntar ahora: ¿Estamos nosotros en ese exacto lugar en donde Dios habla?

Y dice la Palabra que él subió al monte, porque como todo hombre íntegro, Moisés simbolizaba a todo creyente que busca agradar a Dios. Al que de pronto siente como que la soledad lo está aplastando y que todo lo que está haciendo lo está haciendo solo. Los que van en una dirección cuando toda la corriente va en otra. A esos, Dios los quiere aparte, con Él.

Por eso Moisés dijo algo allí. “Yo no quiero, Señor, dar un paso más, porque lo que acabo de ver me duele adentro.” Y si bien dice que hubo un enojo, es indudable que el corazón de Moisés se estrujó al ver al pueblo celebrando idolatría.

Allí es donde nosotros solemos decir: ¡También ese pueblo de Israel! ¿Sabía que usted y yo somos iguales? ¿Se ha dado cuenta que a veces también nos portamos así de mal? ¿Ha prestado atención a que tenemos una clara tendencia a respetar lo dudoso y, por el contrario, a menospreciar lo que Dios ha levantado y enviado? ¡Cómo! ¿No es este el hijo del carpintero? Mire como se referían a él. Le decían “éste”. Eso es menosprecio.

Y él subió al monte, porque él quería estar con Dios. No sólo está aquel que busca el rostro de Dios, sino que es el cristiano que en este tiempo, a pesar de las celebraciones y los entretenimientos que nos rodean, quiere seguir levantando altares de consagración con Dios.

En romanos 12:1 dice que presentamos todo nuestro ser. Todo nuestro cuerpo en sacrificio vivo, agradable al Señor. ¿Por qué? Porque es nuestro culto. ¿Cómo dice? Racional. Esto es: pensado, preparado. Que yo lo hago a conciencia, que sé muy bien lo que estoy haciendo. Que no me dejo deslumbrar por las emociones, aunque no tengo por qué reprimirlas ni negarlas. Que no lo hago simplemente por un entusiasmo pasajero. Yo me consagro y me ofrendo, como sacrificio vivo a Dios porque primero lo pensé muy bien. Esto significa que lo pensé con frialdad, calculando bien los costos. No podemos ofrendarnos a la ligera, ponernos en el altar y después vemos. Porque ya no somos nuestros, nos dedicamos al Señor. Nosotros solos sin presiones de nadie nos ofrendamos a Dios. ¿Me está entendiendo?

Como aquel hombre llamado Moisés, hay muchos cristianos, hoy, que pagan el precio de la espera. “¡Señor, contéstame!” Y dice la Biblia que allí pasaron cuarenta días. “¡Señor, ya hace una semana que te lo pedí!”, dicen algunos. “¡Y todavía no me has respondido!”. Cuarenta días.

Hermano: cuando usted y yo aprendemos a esperar en Dios, algo enorme espiritualmente hablando, algo tremendo sucede dentro de nosotros. Porque Él dice: espera en Dios, y yo (Es decir: ÉL) haré. Confía en Él, echa tu ansiedad sobre él. Porque él tiene cuidado de nosotros.

A veces estamos tan ansiosos por todo lo que nos rodea, que no hay tiempo para esperar en Él. Y Dios no cambió. Él sigue siendo el Dios de Moisés, de Abraham, de Jacob. El Dios de Pablo, de Pedro, el Dios suyo, el Dios mío. Él no cambia, Él dice yo voy a cumplir, yo voy a bendecirte, pero espera. No puede darte semejante regalo porque no estás preparado todavía.

Él dijo: yo voy a esperar esos mandamientos de mi Señor. Pero claro: cuando un hombre de Dios tiene una visión y la gente que lo acompaña no está enchufada, conectada en esa visión, estamos en problemas. Es mucho más habitual que aquel a quien Dios realmente le da una visión se quede solo, que eso le sucede a un nominal, sin compromisos.

¿Por qué pasa esto? Porque hay una iglesia, hay un remanente, hay un grupo de cristianos que buscan a Dios como Moisés lo buscaba. Y hay otro grupo, que está allí abajo, como el pueblo de Israel, que sólo quiere celebraciones, entretenimientos, pasarlo bien.

“¿Sabe qué pasa, hermano? En el grupo que hay en mi iglesia somos tan pocos… Estamos todos aburridos! ¿Cómo no me voy a ir a un congreso si aquí me estoy secando?” Quiero decirle algo: ese hombre o esa mujer que cada domingo u otro día de la semana, va a entregar un mensaje, probablemente se ha quebrado delante de Dios; buscó delante de Dios. Tenga cuidado; no menosprecie el mensaje.

¡No! ¡Qué me voy a quedar escuchando tonterías! ¡Me estoy secando! Y entonces corren al estadio, a las multitudes, a escuchar a ese siervo de tanto prestigio internacional, a ese que tantas veces ha visto por la televisión, que ahora está aquí, en persona, y que ha traído una tremenda palabra que conmoverá a toda la nación. ¿Y sabe qué es lo que oye? Pues la misma palabra que viene oyendo por boca de los tantos sin prestigio, sin roce internacional, sin currículum ni genealogía, por uno de los tantos Sumos Sacerdotes según el orden de Melquisedec. Fiesta.

Moisés representa hoy a ese cristiano que no solamente paga el precio del menosprecio, sino que también y a pesar de cómo esté de sus emociones, sus sentimientos, puede soportar la incomprensión de los demás.

Yo no sé si usted se ha dado cuenta de la ingratitud y la indolencia que hay. Y no estoy hablando del mundo incrédulo, precisamente. Hay hombres y mujeres de Dios que han luchado que están allí, batallando, y están dolidos. Hay otros que han sido heridos. Y es como que a nadie le interesa. Cada uno cuida su propio e íntimo bienestar.

¿Sabe algo? Moisés, pese a todo lo que estaba sintiendo, siguió luchando. Dice en Números 20, que cuando llegan a la tierra de Cades, muere María su hermana. Y no sólo muere María. Un poco más adelante, Dios le dice: “Sube al monte, y desviste a Aarón y viste a Eleazar”. Murió María, era su hermana. Pero el pueblo allí estaba. “Queremos agua”; ¿Por qué nos sacaste de Egipto?

Hay otro cristiano dentro de los otros cristianos. Son los Josué. Son esos que están creciendo. No disciernen bien todavía, eso es cierto, pero están creciendo y quieren. Entonces buscan y el que busca, encuentra y al que pide se le da.

Dice la Biblia allí que en la batalla, Moisés le dice: Tú baja al valle, Josué y pelea, yo voy al monte. Cada uno en su puesto. Y Aarón y Ur sosteniéndole los brazos. Esos son los intercesores que oran por los hombres y mujeres de Dios que pelean en el frente de batalla. Porque mientras dure la batalla en el valle, alguien tendrá que sostener los brazos de los que la pelean.

Y dice la Biblia que bajaban del monte y él escuchó gritos. Y él dijo: ¡Gritos de pelea! Claro. Un guerrero, ¿Qué otra cosa iba a pensar? Y Moisés dijo: No… Eso no es batalla… Eso no es intercesión. Allí no hay ninguno orando ni ayunando. Allí no hay ninguno haciendo vigilia. ¡Allí están de fiesta!

¿Y qué pasó? Dice la Biblia que Josué descendió con aquel varón llamado Moisés. ¡Qué lindo es recibir ministración limpia, pura y ungida de un hombre o una mujer de Dios! Los Josué de hoy día no disciernen, pero quieren estar aprendiendo, buscan. Pero están mirando un modelo. Están siguiendo un modelo. Están viendo que alguien, todavía, dobla sus rodillas. Están viendo que todavía hay siervos de Dios que se comunican con Dios, pero también que hay otros muchos que no conocen a Dios porque no lo tratan. Porque se conforman con entretenimiento denominado “cristiano”, que no es otra cosa que una fiesta, y que es lo único que otros le están brindando como método fijo.

Esta gente está bien dentro de las congregaciones. Están. Se parecen a Aarón. ¿Sabe quiénes son los “Aarones” de hoy? Son esos que no quieren quedar mal con nadie. ¿Qué le parece? ¿Conoce a alguno, quizás? Tenga cuidado, por allí se sienta cerca suyo los domingos. ¡Es que no me gusta quedar mal con la gente! ¡No es un buen testimonio! ¿Ah, sí? Y por no quedar mal, y por no ser frontal, y por no ser sinceros, y por no ser transparentes, entonces dejamos que la suciedad entre y nos salpique.

Tengo una pregunta: ¿Por qué Aarón, conociendo todo lo que conocía, accedió a fabricar el becerro? ¿Por qué Moisés, con todo lo que Dios le había dado, se bajó del monte? Hay cristianos que son fieles, sinceros, honestos, pero tienen un tremendo problema: ¡Tienen pánico de quedar mal!

Hermano… ¡Qué bendición que es usted! ¡Yo lo sigo desde hace años! ¿Ah, sí? ¡Entonces se va a ir al infierno! ¿¿Cómo?? ¡Que se va a ir al infierno, le dije; porque me está siguiendo a mí y no a Cristo! Y Él es quien tiene la salvación, no yo. ¡Pero es que a mí me encanta como predica ese hombre! Está bien, óyelo. ¡¡¡Pero no lo adores!!! Ese, es un becerro contemporáneo.

Hay gente, supuestos siervos de Dios, que le ponen precio a sus mensajes. Hay otros, también supuestos siervos de Dios levantados para un determinado ministerio, que le ponen un precio a cada canción que cantan. Pero hay algo peor, todavía. Hay congregaciones que, a los que no cobran, ¡No los invitan más! ¿Qué le parece? ¿Hay o no hay una iglesia paralela a la genuina y verdadera? Por eso es la presión, por eso es el sufrimiento del verdadero cristiano. Porque hay gente que ha gustado la Gracia de Dios, ha visto las maravillas. Pero se ha dejado llevar por las corrientes, se ha dejado llevar por cosas que no son de Dios, como le pasó a Aarón. ¡Y después quieren justificar todo eso!

A eso, después, muchos le llaman “Movimiento de la Prosperidad”. ¡Claro que Dios nos prospera! ¡Claro que Dios nos bendice! Pero no hay que estafar a la gente, mi hermano. Dios nos libre y nos guarde de caer en eso. No podemos, en el nombre del Señor, sangrar al pueblo de Dios. Por eso Moisés, en esa visión divina, le dijo: Aarón: ¿Qué mal te ha hecho ese pueblo para que lo tuerzas de la verdad?

Señor. Tú sabes como es el pueblo. Ellos quieren dioses para adorar, los necesitan. Ellos vienen contaminados con las costumbres de Egipto. ¡Es que vienen con las costumbres del mundo y no podemos cambiarlos de un día para el otro! ¡¡Es que no hay que cambiarlos!! Ese trabajo no nos toca a nosotros. ¡Eso es trabajo del Espíritu Santo! Pero si el Espíritu Santo no está en aquel que enseña, en aquel que exhorta, en aquel que consuela, es en vano! ¡No podemos cambiar a la gente con buenos y lindos discursos! ¡No puedo darle al pueblo lo que el pueblo quiere oír! ¡Tengo que darle lo que Dios dice que debo darle!

¿Sabe hermano? Piénselo. ¿En cuántas fiestas vanas se habrán fundido las riquezas que Dios le dio cuando usted salió de la esclavitud? ¿Cuántas bendiciones tiró en una fiesta vana que no le dio nada? ¿Y cómo salió? Salió tan vacío como entró, o tal vez peor. Dios les dijo: los voy a sacar de esclavitud. No van a salir pobres y miserables. Los mismos egipcios les van a entregar a ustedes las riquezas. ¡Satanás tiene que soltar las riquezas que le pertenecen a los hijos de Dios! ¿Pero sabe por qué ellos volvieron a eso? Porque la vieja naturaleza que está adentro, lucha, pelea y combate fieramente. Esa carne no quiere hacer la voluntad de Dios.

Dios quiere bendecirnos y quiere prosperarnos. Pero no esa prosperidad falsa que se vende como mercadería de supermercado, y que se promete a los hijos de Dios fuera de todo contexto bíblico. Dios dice: Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y las demás cosas vendrán por añadidura. ¿Sabe una cosa? Esa iglesia, esa congregación paralela al remanente fiel, sólo quiere vivir de fiesta en fiesta, de entretenimiento en entretenimiento, en un evangelio sin compromiso, sin demanda, sin confrontación y pintado color de rosa.

¿Por qué hay miseria, cuando somos hijos de un padre rico? Porque tenemos mezcladas las cosas. Piense: ¿Cómo puede ser que delante de un becerro de oro, que era idolatría, que era pecado a los ojos de Dios, se podría levantar, junto, un altar a Dios? ¿Cómo puede, una persona que quiere vivir en santidad, estar compartiendo el ministerio con alguien que está en pecado? ¿Cómo puede alguien luchar por esa santidad, cada día y, de pronto, va a un lugar donde siente o discierne que hay pecado? Allí es cuando viene y visita la miseria a una nación, cuando se mezcla lo santo con lo profano.

Así como en la época de Jueces, en la casa de Gedeón, su padre tenía estatuas de Asera, de Baal, mezcladas con el altar a Jehová. ¿Por qué había venido la miseria a ese pueblo? ¿Por qué los amalecitas? ¿Por qué le robaban todo el fruto de la tierra? ¿Por qué los habían tenido reducidos a vivir en cuevas, a vivir como forajidos? ¿Por qué tenían que estar en la miseria si eran los hijos del Dios Todopoderoso? ¿Sabe por qué? Porque había cosas en las casas, en los hogares, que no agradaban a Jehová.

Por eso Dios le habla a Gedeón y Gedeón le responde: mira, nuestro padre, el abuelo, nos han contado maravillas, pero yo no he visto ninguna. Y Dios le dice: Bueno, pon tu fuerza, que yo pongo mi poder. Y empieza a limpiar. Pero primero, ofrenda. ¿Pero como voy a ofrendar si me estoy muriendo de hambre? Primero ofrenda. ¡Pero Señor! ¿No has visto la miseria que hay en mi patria? ¿Cómo me dices que debo dar todo lo que tengo? Primero sobre la roca, la ofrenda. Eso es lo que la iglesia de mi patria y de muchas otras naciones, no ha entendido. Que para romper con la miseria, hay que rendir todo sobre la roca, que es Cristo. Por eso el primer trabajo que Dios le dio a Gedeón, fue ir y limpiar la casa de su padre.

Y él tuvo miedo, dice la Biblia, y llamó a otros varones con él, y fueron de noche. Porque, naturalmente, la tarea no era tan fácil. Porque no es tan fácil cuando usted vive un tiempo mezclado con la liviandad y de pronto determina y decide vivir como Dios quiera. No. No es fácil cortar con esas amistades, con esos hermanos, entre comillas, que no alcanzan ni para primos. Pero Dios dijo: hay que cortar, hay que limpiar. Por eso, -y no estoy justificando ni la ira ni el enojo de Moisés-, a él le agarró tal indignación que arrojó al becerro en el fuego y que después, con ese polvo de oro que quedó, lo puso en las vasijas y les dijo: ¿Quieren dioses? ¡¡Tráguenselos!!

Por eso Dios no bendice una nación. Porque nosotros, su pueblo, sólo queremos fiesta, queremos entretenimiento sin compromiso. Es serio este pensamiento. Se lo digo como una carga en su corazón para que usted ore.

No mezclemos las cosas. Por eso dice en Jueces que el Espíritu de Dios vistió a Gedeón y Él mismo fue su vestido. Y allí Gedeón recibió poder y pudo tocar el cuerno, la trompeta, y pudo convocar al pueblo y derrotar al enemigo que los estaba matando de hambre, que les estaba cerrando las fábricas, los talleres, las fuentes de trabajo, que los estaba dejando sin nada, arrinconando, cuando Dios les había dicho que les daba la tierra para que vivieran, y estaban viviendo en cuevas. ¡Eso hace el pecado! ¡Eso hace la mezcla! ¡No puede vivir junto lo santo y lo profano! ¡Eso hace la liviandad!

¿Usted cree que es para los pecadores el “Venid a mí los que estáis trabajados y cargados que yo os haré descansar? No. Es para usted y para mí. Trabajados y Cargados, en griego, quiere decir “Forzados, Agotados por el trabajo, por la lucha. Y el Señor dice: ven a mis brazos que yo te haré descansar. Por eso Él dice: echa tu carga sobre mí.

¿Sabe por qué, usted, a veces no puede ni levantar los brazos ni abrir el corazón? Porque el corazón y los brazos están cansados de cosas que no pertenecen a Dios. Porque la carga que el Señor pone en nosotros, es liviana, no pesada.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

enero 1, 2015 Néstor Martínez