Recuerda usted, por ventura, cuando iba a su escuela inicial, primaria, y aquella maestra tan buena que hoy todavía recuerda con cariño, le enseñó los signos de la gramática y su uso? El punto y aparte, el punto y seguido, el punto y coma, los dos puntos, el acento, la coma, los paréntesis, el signo de admiración… y el signo de interrogación.
Ahora imagínese a un signo de interrogación, un signo de pregunta, como normalmente se le llama, encerrado en medio de dos paréntesis. ¿Nunca lo ha visto en algún texto escrito? ¿Sabe lo que significa? Duda. Ahora la otra: ¿Usted, por casualidad, sabe qué es, como figura lineal, el signo de pregunta? Una serpiente. Muy bien; ahora sume: serpiente antigua más duda moderna: ¿Qué le da como resultado? Incredulidad.
Incredulidad significa muchas cosas. Tantas que no podía avanzar en su estudio porque se me cambiaría el tema, pero le dejo un elemento simple para la reflexión: sabio no es el que sabe; sabio es el que oye y aprende hasta del necio. Sabiduría, por lo tanto, es aplicar, ejecutar y efectivizar el conocimiento.
Ahora bien: el que por Gracia de Dios accede al conocimiento profundo, tiene la alternativa de dos caminos a seguir: o ingresa en la supervivencia legítima, pero demasiado proliferante para mi gusto, de armar seminarios y talleres pagos por todo el país, o hace la voluntad de Dios ayudando desde donde pueda a madurar al pueblo sin pensar en absoluto en lo material; dejando que en eso, sea el Padre Celestial mismo quien se encargue de sustentarlo y cubrir sus necesidades. Cada siervo, cada hijo de Dios, tiene claro entendimiento de lo que debe hacer; el Espíritu Santo es uno solo y jamás se contradice.
El Espíritu Santo no tiene un mensaje o una revelación para cada denominación. El Espíritu Santo tiene un mensaje, el del reino de Dios; y las denominaciones deben obedecerlo, porque para Dios, nos guste o no, lo podamos creer o no, lo aceptemos o no, la iglesia es una sola.
(Juan 8: 31)= Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él; si vosotros permanecieseis en mi palabra (RHEMA) seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.
Todavía no es el tema, pero valen un par de comentarios como introducción. 1) Jesús les dijo lo que les dijo, a los judíos que habían creído, no a cualquiera por una cuestión geográfica o racial. Jesús, aquí, es coherente con Juan 3:16.-2) Permanecer en la palabra RHEMA para ser discípulos parte de creer y poner por obra esa palabra.- 3) Lo que le hace libre a usted no es, en última instancia, la verdad en sí misma, sino el conocimiento de la verdad. Hay mucha gente que anda girando y girando años de sus vidas alrededor de la verdad y jamás llega a tocarla.
(Verso 38)= Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; (Tiene mayúscula Padre; habla de Dios) Y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre. (Tiene minúscula padre, aquí; puede ser el padre carnal, natural o el mismo diablo, al cual Él determinó como padre de muchos de ellos).
Él ve, (Obviamente, con sus ojos espirituales), nosotros oímos. (Más obvio todavía: con nuestros oídos humanos); hay una enorme diferencia. ¿Qué le deja esto en claro? Evidente: la necesidad de buscar la verdad (Es decir: a Cristo mismo), a través del conocimiento, que no es simplemente seminario o instituto, sino visión y discernimiento puesto en práctica para el crecimiento y para la madurez de la iglesia, nunca para el lucimiento personal.
(Juan 15: 26)= Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.
Aquí es necesario explicar el significado de “Consolador”. La palabra original utilizada allí, es PARAKLETOS, y la raíz que conforma el vocablo se integra con PARA (Junto a), y KALEO, (Llamar), con lo que nos queda la oración gramatical completa de: “Llamado a estar a nuestro lado”. Confirma esto que, en la concepción secular, PARAKLETOS es sinónimo de abogado, de uno que va a representarnos y tomar nuestro lugar ante otro. Jurídicamente hablando.
(1 Juan 5: 6)= Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad.
Aquí es donde usted encuentra una pista de la llave del conocimiento que lleva al triunfo. Vuelva a leer Juan 8:31 y 32 y lo va a ver con claridad. ¿Quiere ser libre? Tiene que conocer la verdad. Y aquí dice que el Espíritu Santo es la verdad. Pregunto: ¿Usted conoce la persona del Espíritu Santo o simplemente tiene información y bibliografía acerca de sus hechos? Esto es capital. Tu libertad está en juego. Ahora: ¿Cómo llegar a ese conocimiento? Ahora sí vamos al tema central.
En el libro de Ester, un hermoso siervo de Dios que en alguna etapa esencial fue de enorme bendición para mi vida, encontró una hermosa tipología, una serie de símbolos que se pueden tomar como punto de partida. Cuenta que el rey Asuero, a quien esa simbología hace representar a Dios, organiza dos fiestas monumentales con el único objetivo de mostrarle al más alto nivel del lugar, todo el esplendor, la belleza y la gloria de su reino. Todos acuden respondiendo a esa invitación, pero Vasti, la reina, símbolo de la iglesia nominal constituida, no le obedece. Es más: organiza fiestas por su cuenta con la gente que a ella le interesa.
Entonces el rey decide colocar en su lugar a Ester, tipología de la iglesia de este tiempo, la que Dios está levantando independientemente de los esfuerzos de los hombres por mejor intencionados que sean, la que se levanta custodiada por eunucos, que representan los nuevos ministerios levantados por Cristo, no por instituciones, que por ser eunucos no pueden ni mancillar ni profanar a la novia, por Mardoqueo, tutor de Ester y símbolo de los ministerios proféticos y apostólicos y por Hegai.
Aquí está el punto, porque el significado del nombre Hegai, eunuco del cual Ester se nutre de todo lo que necesita para servir eficientemente al rey, es MEDITACIÓN, una palabra que de solo oírla, a mucha iglesia le hace poner los pelos de punta y con cierta razón, ya que el movimiento de la Nueva Era la ha bastardeado de tal manera que muy difícilmente los predicadores nos atrevemos a usarla por temor a ser mal entendidos. Después de la Meditación Trascendental, el Mentalismo o Control Mental y todos esos chiches que ordenan poner la mente en blanco y meditar hasta el karma, bueno, usted ya sabe como sigue esa novela…
Y es precisamente de esto que deseo hablar en este trabajo. Pero para que lo pueda entender con paz, con tranquilidad y sin temores o sensaciones raras, le voy a revelar dos cosas: 1)= La meditación no empezó en China, empezó en Dios. 3)= Meditar, que es rumiar, Masticar, en suma, significa pensar, no NO pensar. Por lo tanto, es hora que usted se de cuenta de la perversión satánica que hemos dejado infiltrar en la iglesia, al suponer que toda clase de meditación no es para el creyente. Lamento decirle, en esta ocasión, que la Biblia dice exactamente lo contrario. Meditar es tener su mente ocupada, nunca en blanco. Meditar es un principio de mente activa, no pasiva.
Además, bien vale señalar que la meditación de Dios, desata su belleza interna y le da autoridad. Porque fíjese que son muchos los que leen, estudian, analizan y hasta memorizan la Palabra, pero muy pocos todavía los que meditan en ella. ¿Será por eso que todavía una gran parte del pueblo sigue pereciendo espiritualmente porque le falta conocimiento?
Aquí debemos aclarar algo: la meditación de las cosas de Dios es una actitud voluntaria y deliberada producida por una decisión suya. No es un don, es una disposición que usted decide llevar adelante.
El meditar, por utilizar un ejemplo moderno, cibernético e informático, es un acto muy parecido al mover del cursor, (Ese que llamamos “Mouse”) de una computadora. Sirve para chequear, – como si fuera un programa -, área por área su mente, para que usted pueda comprobar cuál de esas áreas no está aún sometida a Dios. Interesante, no?
El acto de meditar le sirve para escudriñar su vida. Comprobar con satisfacción y gozo todas aquellas donde está bien y tiene victoria y darse de narices – con bastante fastidio, naturalmente -, con todas las otras, donde nada le funciona y en las que indefectiblemente tendrá que cambiar.
El final de ese proceso será para edificación, es decir: para construcción del reino. Porque una vez que hayas meditado y cambiado todo lo que no ande o ande mal, recién entonces, juntando en un bosquejo todos esos frutos, esos resultados, usted va a acceder a una palabra RHEMA que le permita empezar a predicar.
Es decir: usted lee la Palabra, medita largamente en ella. Acepta y decide creerla. La incorpora, la encarna en su vida. Cambia todas las formas, las conductas, las actitudes y hasta las metodologías tradicionales que esa palabra le demande cambiar y, con la guía y el poder del Espíritu Santo, el Consolador enviado, más su propio testimonio, lo predica y produce impacto. Dentro de la iglesia, para consolidación y madurez del pueblo y en el marco de la sociedad donde está, para arrepentimiento, perdón, conversión, redención y salvación.
La carencia de este paso esencial puede ser la causa, – o al menos una de ellas -, por la cual la iglesia lleva dos mil años predicando el evangelio y aún no vemos el poder sobrenatural de Dios desbordando todo como un río embravecido y extendiendo el reino a los sectores que aún están sometidos a la maligna voluntad del usurpador llamado diablo.
Meditar es tener a la Palabra como prioridad y a la obediencia a esa palabra como consecuencia. Una acción que trae una reacción. Lógica. Quiero puntualizarle aquí que la obediencia siempre es un acto voluntario suyo, no un don de Dios. No puede orar: “Señor; dame obediencia”. Simplemente obedezca su voluntad, el propósito y el plan de Dios sin dejar que sus emociones asmáticas le distraigan o le entretengan en un paralelo muy parecido, pero no correcto.
En muchas ocasiones, por ejemplo, la emoción de un milagro, nos hace olvidar el verdadero objetivo de Dios. Busque su Biblia porque quiero que veamos juntos cuatro escrituras que respaldan como testigos que son, lo que le estoy diciendo, pero que además le dan algunos detalles de todos los tesoros que todavía hay por allí a su disposición y que a lo mejor no ha tomado usted por temor, duda o una falsa interpretación de palabras determinadas.
(Josué 1: 8)= Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.
Yo no sé si a usted le pasa lo mismo que a mí. Cuando leo un texto para mí, es como que ese texto me dice y me puede decir una serie de cosas. Pero cuando tengo que compartirlo o enseñarlo, voy tan lento, me tomo tanto tiempo, con tanta convicción y seguridad, medito con tanta intensidad cada cosa que estoy diciendo o leyendo, que es como si la mente se me abriera y empezara a ver lo que en suma, es la luz de la revelación. Revelación, en al menos una de sus formas, no es otra cosa que poder sacar cien cosas en el mismo lugar en el que, hace cinco minutos, apenas usted veía diez, ¿Se da cuenta? A mí me pasa; no lo he leído en ningún libro ni me lo contaron en ningún congreso.
Porque hemos creído entender que leer día y noche la Biblia sirve para prosperar y para que todo funcione. Pero sucede que lo hacemos y después comprobamos que no sucede nada. Entonces nos invade la duda: ¿Es que se habrá equivocado Dios? No. Porque Él le dice a Josué que lea el libro, sí, pero esencialmente le dice que medite en él de día y de noche. El resultado que nos promete es a partir de la meditación de la Palabra, no del rutinario ejercicio de leerla. Diga conmigo en este momento, si lo desea: “¡¡¡Con mi devocional diario, no alcanza!!!”
Pero no termina allí. Le demanda que, – si quiere prosperar y que todo le ande bien -, guarde y haga todo lo que está escrito, no que lo repita como un papagayo esperando que los demás se lo crean. Entonces, es decir: recién después de todo esto, la promesa comienza a activarse, a funcionar y a manifestarse. ¿Quiere prosperar y que todo le ande bien? Primero abra su Biblia, no sea que la credencial esa que usted perdió en el año 1985 se le haya quedado adentro aquella vez que la utilizó como señalador. Después léala, medite largamente su texto y su contexto. Olvídese un poco de la historia, de la geografía, lo social y lo político del tiempo de los escritos y atienda sus principios, póngalos por obra y, entonces sí, prepárese para salir de ese estado de desánimo y derrota que le acompaña permanentemente, salvo cuando entra al templo, ¿Entiende?
Salmo 1: 1-3 )= Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.
Fíjese algo: así como en el pasaje anterior, Dios le recomienda a Josué meditar en su palabra como reaseguro para tomar la conducción de un pueblo que con su conducta, prácticamente acaba de matar a Moisés, así acá, el salmista, sobre la misma práctica, (Meditar de día y de noche), le da a usted otros elementos como fruto visible de eso.
1)= Meditar en la palabra produce creyentes bien plantados, firmes, no tambaleantes ante cualquier viento de doctrina falsa: ya sea humanista (“Porque Dios parece que no puede”) o hipermística, donde Dios es el que lo hace todo y usted disfruta de brazos cruzados, mirada extraviada y ojos cerrados todo el tiempo.- 2)= Produce alimento fresco y vital, ya que no es lo mismo la fuerza y el vigor de un árbol junto a un arroyo que otro terreno árido. De afuera, en una de esas, se ven iguales, pero por dentro… – 3)= Produce fruto en su tiempo. Esto es: se manifiesta HOY y a través suyo, exactamente lo que Dios está haciendo HOY, no lo que a usted le parece bien o se le antoja o le hace quedar bien con los amigos, hermanos, consiervos o lo que sea.- 4)= Produce carencia de “bajoneos” espirituales. Su hoja no cae. No escasea su savia. Está siempre verde, siempre vivo. Ahora mire: siempre verde, es la traducción de un arbusto llamado MIRTO, y mirto, es uno de los significados del nombre Ester, la iglesia nueva.
(Salmo 39: 1-3)= Yo dije: atenderé a mis caminos, para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca con freno, en tanto que el impío esté delante de mí.
Enmudecí con silencio, me callé aún respecto de lo bueno; y se agravó mi dolor.
Se enardeció mi corazón dentro de mí; en mi meditación se encendió fuego, y así proferí con mi lengua.
Vamos por partes. El término usado aquí y traducido como ENARDECIÓ, es ALERTÓ. Ese alertarse del corazón lleva a David, el salmista, a meditar y, en esa meditación, siente que se enciende un fuego santo dentro de él que lo lleva a hablar de lo que debe, luego de haber callado por un tiempo. La autoridad de la convicción posterior a la prudencia.
Es decir que el principio que nos deja este texto es que, a partir de la sabia meditación en la palabra, se cosechan dos valores que para el creyente, son invalorables: exactitud en sus conceptos 1)= Exactitud en sus conceptos. No quiero que se olvide que la división de credos cristianos primero, y las denominaciones en el pueblo evangélico después, son a causa de la diversidad irreconciliable de conceptos sobre una misma cosa. Eso nos muestra a usted y a mi que la causa de algunas exactitudes de unos y otros y de algunas inexactitudes de unos y otros, se originan mayoritariamente en la falta de meditación de la palabra. Generalmente se ha reemplazado por estudios complejos, densos, intrincados, donde parece que para ser salvo usted tiene que ser doctor en Teología o bien iluminadas visiones de hombres mesiánicos que dicen no necesitar la Biblia porque a ellos Dios se lo dice todo personalmente. Lo que falta, allí, es el natural estado de certidumbre que usted tiene que tener. Y cuando digo certidumbre, le pido que vuelva por un momento a lo que fue el inicio de este estudio, cuando hablábamos del signo de pregunta, es decir: a la duda. ¿Me está entendiendo? Quien medita verdaderamente en la palabra, no tiene dudas. Y además prospera y todo le sale bien. ¿Cuántos habrá?
(Salmo 119: 97)= ¡Oh! ¡Cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. – Escuche: dice que todo el día, no los domingos en el templo. Dice que todo el día: en su casa, en su trabajo, en la escuela, con su esposa, con su esposo, con sus hijos, en su negocio, en su empresa, en su ministerio. – …Me has hecho más sabio que mis enemigos. – Atienda: meditar la palabra le hace más sabio que su enemigo. ¿Cuál es su enemigo? ¡Acertó! El diablo repite como papagayo una Biblia que se sabe de memoria con todas las referencias, cadenas, concordancias, actualizaciones, ampliaciones y versiones que se le ocurran, pero no sabe ni puede meditar. Por eso no va a prosperar ni todo le saldrá bien. No es para él esa promesa.
(Verso 99)= Más que todos mis enseñadores he entendido. – ¡Se lo dije! Si usted medita en esta palabra, una hora después de haber leído este estudio, usted ya sabe más que yo, que supuestamente soy su enseñador de hoy. – (Verso 100)= Más que los viejos he entendido. – ¡Esto quiere decir que si usted tiene, por ejemplo, veinte años, y medita largamente esta palabra, por la noche, ya sabe más sobre esta palabra que su papá, que es el pastor y que el abuelito, que fue uno de los fundadores de la iglesia!
(Verso 101)= De todo mal camino contuve mis pies, -Simple: meditar en la palabra de Dios evita errores, equivocaciones, traspiés y hasta pecado, si me apura un poco. – (Verso 104)= DE tus mandamientos he adquirido inteligencia. – Esto destroza la imagen típica del religioso con un aro en la nariz del cual tira el liderazgo para llevarlo como a un autómata por donde le parece. Dios ha dejado su palabra para que sus hijos tengan inteligencia, no para formar hijos bobos sin capacidad de reacción y expuestos a un ridículo grotesco permanente. Un rey jamás hará el ridículo; y sus hijos tampoco. ¿Está claro? – Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira, – Todo camino de mentira, dice. No la mentira mundana, todo camino. Aún el camino que lleva a las llamadas “mentiritas piadosas”, que vienen a ser las mentiras religiosas, tan pecaminosa como las otras y mucho más nefastas, porque aquellas son pronunciadas por los que hay que perdonar porque no saben lo que hacen, pero estas por los que habrá que perdonar aunque sí saben muy bien lo que hacen. No hay niveles en la mentira. Hay Verdad (Que es Cristo) y hay Mentira (Que es Satanás).
(Verso 105)= Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. – Lámpara es luz, revelación, hierba fresca, comunicado oficial del reino sin intermediario humano ni interferencia satánica. Sólo meditando de día y de noche en la palabra de Dios; ¿Usted necesita más?
Esteban, el mártir, era un hombre que había meditado en la palabra, que estaba lleno del Espíritu Santo y que, en el momento crucial de su tremenda coyuntura, pudo poner los ojos en lo invisible y sacarlos de la aparente negra realidad.
Mientras lo estaban apedreando, y quiero recordarle que un apedreo no se trata de arrojarle pequeños cascotitos a alguien desde muy lejos, tal como nos lo ha mostrado el evangelio según “San Hollywood”, sino introducir al condenado en un pozo y dejarle caer encima grandes trozos de roca hasta que quedara sepultado debajo de ellas, aplastado, sin más testimonio que el canal de sangre que mostraba que allí debajo, había alguien que había sido apedreado.
Bueno; mientras esto estaban haciendo con él, Esteban pudo ver la gloria de Dios y a Cristo sentado a su diestra y los cielos abiertos. Pregunto: ¿Hoy está usted en crisis, no? No sé cuál es su problema y de qué modo la vida le está apedreando, pero reflexione… ¿Qué esta viendo? La gloria que viene de Dios conforme a su palabra o la película de horror que le proyectan en el cine del diablo sus demonios a sueldo?
¿Le gustaría ver al Señor sentado a la diestra de Dios, es decir: en el máximo poder; los cielos abiertos y los ángeles subiendo y descendiendo con las bendiciones, y a la mismísima gloria de Dios en todo su esplendor? Bueno, entonces es hora que medite largamente, de día y de noche, en esta palabra: ¿No te he dicho que si crees verás mi gloria?