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Las Cosas Profundas de Dios

Hay un aspecto en la vida de los cristianos que, pese a parecerse en lo conceptual, sin embargo tienen aristas totalmente diferentes y hasta opuestas. Es la distancia que va desde su carácter a su calidad de vida. Esa diferencia se deja claramente en evidencia para quien desee comprobarla, en las páginas de todo el contexto del Nuevo Testamento. Y es a partir de esto, precisamente, que se puede aseverar que es posible una mejora ostensible en ese carácter, como quiera que éste sea, y también de la calidad de vida cotidiana. Sin embargo, para que los creyentes podamos acceder a estas mejoras tan sustanciales, es menester que reunamos, por lo menos, un mínimo de requisitos, que no tienen que ver con reglas o estatutos humanos, sino con la genuina y auténtica Palabra de Dios.

Hay algo que el apóstol Pablo ha dejado escrito que sirve como punto de partida para este trabajo, y es una definición sumamente clara y precisa que divide en tres grupos perfectamente establecidos a toda la familia humana: Primero: El Hombre Natural, que es el hombre no regenerado, esto es: el que no ha sido aún cambiado en sus profundas estructuras por la presencia y poder del Espíritu Santo. Segundo: El Hombre Carnal, que es aquel que es Niño en Cristo, y que anda como Hombre Natural. Tercero: El Hombre Espiritual, que es el que ha podido encarnar la Palabra de Andar en el Espíritu, y ha dado origen a innumerables trabajos orales y escritos realizados por innumerables hombres y mujeres de Dios.

Pablo clasifica estos grupos en conformidad con su capacidad para comprender y recibir la Palabra de Dios, es decir: las cosas que nos han sido reveladas por el Espíritu. Desde el punto de vista del nuevo nacimiento y de la vida de poder y bendición, los hombres son vitalmente diferentes el uno del otro; pero su clasificación se manifiesta por la actitud que ellos asumen ante las cosas reveladas de Dios. Es tan claro que, decirlo así con simpleza, puede sonar muy duro y hasta ofender a más de un cristiano sincero, pero lamentablemente y conforme al sentido genuino de la Palabra, es así: Mientras que vivir una vida de permanente y continua revelación sobrenatural implica un tremendo riesgo por la participación satánica existente, no aceptarla de ninguna manera y limitarse a ver sólo lo que la Biblia muestra en su superficie, implica nada menos que no andar en el Espíritu y hacerlo en lo intelectual, en lo emotivo y lo racional, que es como decir: en la carne.

Y esa clasificación tan concreta de Pablo se puede ver con claridad, en todo el contexto que va desde 1 Corintios 2:9 hasta el capítulo 3:4. El pasaje que podríamos tomar como principal, dice así: Más, según está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, y que jamás entraron en pensamiento humano, que con las cosas grandes que Dios ha preparado para los que le aman –, Pero a nosotros nos las ha revelado Dios por medio de su Espíritu.

Note usted que se establece aquí una distinción entre los conocimientos generales del saber humano que se perciben por medio de la vista, el oído, o el corazón (Que es la facultad de razonar), y los que se dice nos han sido revelados por su Espíritu. Aquí se hace referencia únicamente a la revelación divina que se encuentra en las Sagradas Escrituras, la cual es una revelación ilimitada, conforme lo afirma el mismo pasaje enseguida: Porque si el Espíritu (Que es quien revela) escudriña todas las cosas, y aún las cosas profundas de Dios.

Los hombres se clasifican según su capacidad para comprender y recibir Las cosas profundas de Dios. Sin ayuda el hombre no puede entrar en Las cosas profundas de Dios. Pues, ¿Quién de los hombres conoce las cosas de un hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también las cosas de Dios nadie las conoce, sino el Espíritu de Dios (Quien sí las conoce). Un hombre puede entrar libremente sin ayuda en las cosas de sus semejantes debido Al espíritu del hombre que está en él. Pero no puede salir de su propia esfera, es decir, no puede conocer por experiencias las cosas del mundo inferior de los animales, ni mucho menos puede entrar en una esfera superior para conocer experimentalmente las cosas de Dios. Aunque el hombre, por sí mismo, no conoce las cosas de Dios, el Espíritu las conoce, y el hombre puede relacionarse de tal manera con el Espíritu, que también puede llegar a conocerlas.

El pasaje continúa diciendo: Pero nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios; para que conozcamos las cosas (Las cosas profundas de Dios que “ojo no vio ni oído oyó, etc.) que nos han sido dadas gratuitamente por Dios. Nosotros, (Es decir, los que somos salvos, sin excluir a ninguno), hemos recibido el Espíritu que es de Dios. Aquí vemos que en nosotros hay una potencialidad muy grande. Estando tan vitalmente relacionados con el Espíritu de Dios, ya que lo tenemos en nosotros, es posible, a consecuencia de este hecho, llegar a conocer Las cosas que nos han sido dadas gratuitamente por Dios. Nunca podríamos conocerlas por nosotros mismos: el Espíritu las conoce. El mora en nosotros, y nos las revela.

Esta revelación divina se nos transmite en Palabras que el Espíritu Santo enseña, como el apóstol dice a continuación: Las cuales cosas también hablamos, no con palabras que enseña la sabiduría humana, sino que enseña el Espíritu Santo, explicando las cosas espirituales con palabras espirituales. El libro de Dios es un Libro de Palabras y las mismas palabras que dan a entender la sabiduría humana, son utilizadas para dar a entender las cosas que Ojo no vio, ni oído oyó, y que jamás entraron en pensamiento humano. Sin embargo, el hombre no puede entender estas Cosas profundas de Dios sin ayuda, y aunque estén expresadas en términos muy conocidos al hombre, sólo las entiende a medida que le son reveladas por el Espíritu. De igual manera, al llegar a conocer las cosas reveladas, el progreso se hace solamente cuando lo espiritual se explica con lo espiritual. Las cosas espirituales tienen que ser comunicadas por medios espirituales. Aparte del Espíritu no puede haber comprensión espiritual.

Definiendo al Hombre Natural

La Palabra dice: Pero el hombre natural no percibe las cosas (Las cosas reveladas o profundas) del Espíritu de Dios; porque le son insensatez; ni las puede conocer, por cuanto se disciernen espiritualmente. En este pasaje no se culpa al hombre natural por su incapacidad. Es sencillamente una declaración acertada que manifiesta las limitaciones que él tiene. Asimismo, el pasaje revela también la causa por la cual el hombre natural tiene dichas limitaciones. Los versículos anteriores acaban de decirnos que la revelación es por el Espíritu. Por consiguiente, resulta que el “hombre natural” es completamente incapaz para entender las cosas reveladas, porque no ha recibido al Espíritu que es de Dios. Ha recibido solamente el espíritu del hombre que está en él. Aunque puede leer las palabras con sabiduría humana, no puede recibir el significado espiritual de ellas, porque la revelación le es insensatez. No puede recibirla ni conocerla.

Dos versículos del ‘primer capítulo, (El 18 y el 23) han señalado una parte de la revelación divina que se presenta al “hombre natural” como “locura”: Porque la doctrina de la cruz es insensatez a los que perecen: pero a nosotros que somos salvos, es el poder de Dios. Más nosotros predicamos un Mesías crucificado, tropezadero para los judíos, y para los gentiles insensatez. En las palabras Predicamos un Mesías crucificado, se incluye mucho más que el sólo hecho histórico de la muerte de Cristo. Es la manifestación divina de la redención por medio de la gracia y encierra todas las relaciones eternas que son realizadas por ella.

Los principios morales y muchas de las enseñanzas religiosas de la Biblia están al alcance de la capacidad del “hombre natural”. De estas fuentes puede predicar con elocuencia; pero desgraciadamente ni aún sabe que existen Las cosas profundas de Dios.

Se declara que aún Satanás tiene, en sus sistemas que simulan la verdad, Cosas profundas que revelar, tal como se lee en Apocalipsis2:24, y también se habla de Enseñanzas de demonios, conforme a lo que Pablo le dice a Timoteo en su primera carta 4:1-2, las cuales por otra parte no las reciben ciertamente los verdaderos hijos de Dios, porque está escrito en Juan 10:5: Pero al extraño no seguirán, sino antes huirán de él: por no conocen la voz de los extraños. Pero las cosas profundas de Satanás se adaptan de una manera extraordinaria al cegado “hombre natural” y por lo tanto, las recibe. Cada secta falsa es una evidencia que establece la veracidad de esta observación.

El hombre no salvo, por religioso y por instruido que sea en toda la sabiduría humana, es ciego en cuanto al evangelio, y si tiene que formular un credo doctrinal, naturalmente formulará una “teología nueva” desarrollada de tal manera que el verdadero significado de la cruz y su correspondiente revelación de Las cosas profundas de Dios serán pasados por alto. La muerte de Cristo como sacrificio expiatorio por el pecado, le es “locura”. Sus mismas limitaciones como “hombre natural” exigen que así sea. La sabiduría humana no puede ayudarle, porque el mundo por medio de su sabiduría no conocía a Dios. En cambio, las ilimitadas Cosas profundas de Dios se otorgan “gratuitamente” a la persona que ha recibido El Espíritu que es de Dios.

El verdadero hijo de Dios puede, por lo tanto, ser enseñado en la revelación divina, puesto que ha recibido al Espíritu. Se puede añadir que la mente que ha sido educada le ayudará en una forma positiva para la obtención de los conocimientos divinos. Pero sin la presencia del Maestro residente en nosotros, de nada sirve la educación para conocer el significado espiritual de las cosas reveladas de Dios.

La suposición errónea de que las opiniones de un hombre instruido sobre cosas espirituales son de mucho mérito a causa de su sabiduría humana ha causado mucho mal. El “hombre natural” con toda su erudición y su sinceridad no hallará más que “locura” en las cosas que son reveladas por el Espíritu. El conocimiento de la ciencia no puede sustituirse por la presencia y la ayuda del Espíritu de Dios. Sin el Espíritu no puede haber regeneración del alma, sin la cual Las cosas profundas de Dios son incomprensibles. Cuando un maestro no regenerado rechaza abiertamente las doctrinas fundamentales respecto a la salvación, dichas doctrinas serán despreciadas y rechazadas por sus alumnos. Esta es la gran equivocación que cometen muchos de los que, en nuestros días, estudian en los colegios y universidades bajo la dirección de profesores incrédulos.

Con demasiada frecuencia se cree que el profesor o pastor que es erudito en algún ramo o algunos de los ramos del conocimiento humano es igualmente capacitado para discernir las cosas espirituales en virtud de los conocimientos científicos que posee. Pero no es así. Una persona no regenerada, (¿Y quién da más pruebas de que no ha sido regenerado que aquel que niega el fundamento y la realidad del nuevo fundamento?) siempre será incapaz para recibir y conocer las verdades más sencillas de la revelación.

Dios no es una realidad para el hombre natural. No hay Dios en todos sus pensamientos. Por lo tanto el hombre no salvo está afligido y agobiado por librarse de lo sobrenatural. La infundada teoría de la evolución es su mejor respuesta al problema del origen del universo. En cambio, para el hombre regenerado Dios es real y encuentra satisfacción y descanso en la confianza de que Dios es el Creador y Señor de todo.

La capacidad para recibir y conocer las cosas de Dios no se adquiere en las escuelas, porque hay muchos sin letras que la tienen, mientras que hay muchos bien instruidos que no la tienen. Es una capacidad engendrada por el Espíritu Santo que reside en el corazón. Por tanto, el Espíritu ha sido dado a los salvos para que ellos puedan conocer las cosas de Dios que le son dadas gratuitamente. Sin embargo, hay algunos cristianos que su desarrollo es limitado a causa  de su carnalidad. Ellos son incapaces de recibir el manjar sólido debido a su carnalidad más bien que a su ignorancia.

La Palabra divina no clasifica a los no salvos, porque todos son llamados “hombres naturales”. Pero entre los salvos hay dos clases, y según el pasaje bajo nuestra consideración, el “hombre espiritual” se menciona antes que el “hombre carnal”; de ese modo se contrasta con el hombre no salvo. Tal contraste conviene hacerlo porque el hombre espiritual es el ideal divino. El hombre espiritual es el cristiano normal, no “espiritualista” o “espiritualoide”,  como por allí se les sigue llamando. Pero sí que hay aún cristianos carnales, y es necesario considerarlos para evitar errores de suma gravedad.

La Realidad del Hombre Carnal.

El apóstol Pablo continúa en el capítulo tres con la descripción del hombre “carnal”. Quiero citar seguidamente los primeros cuatro versículos: Y yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os alimenté con leche, no con manjar sólido; porque no erais capaces de ello; y ni aún todavía sois capaces; porque sois todavía carnales: pues mientras haya entre vosotros celos y contiendas, ¿No sois carnales, andando según el uso de los hombres? Pues cuando uno dice: Yo soy de Pablo; y otro: Yo soy de Apolos; ¿No sois como hombres mundanos?

Así es, que algunos cristianos se llaman “carnales” porque sólo pueden recibir la leche de la Palabra, en contraste con el manjar sólido; se entregan a los celos, a contiendas y a divisiones, y andan como hombres no regenerados, mientras que el verdadero hijo de Dios debiera andar Según el Espíritu. Aunque son salvos, los cristianos carnales andan Conforme al uso de este siglo. Siglo, le recuerdo, es Cosmos, equivalente a Sistema. Son carnales porque son, como se lee en Romanos 7:14, Dominados por la carne. En Romanos 8:5-7 encontramos una descripción muy distinta. En este pasaje se describe a un individuo En la carne, y por tanto no salvo; en cambio, el cristiano carnal, no está “en la carne” pero tiene a “la carne” en él. Vosotros empero no estáis en la carne, sino el espíritu, si es así que el Espíritu de Dios habita en vosotros. Más si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él, es lo que se puede leer en Romanos 8:9.

El hombre “carnal”, es decir: El Niño en Cristo, no es capaz de las cosas profundas de Dios. Él no es más que un niño; pero aún eso, es importante notar, es una altura de posición y realidad con la que no se puede comparar la incapacidad total del “hombre natural”. El hombre “carnal”, debido a que está tan poco ocupado del verdadero manjar espiritual, se rinde a la envidia y a las contiendas, que producen divisiones entre los mismos creyentes. Aquí no se hace referencia al hecho superficial de las divisiones externas o de distintas organizaciones. Se refiere a la envidia y a la contienda las cuales trabajan para romper la preciosa comunión y amor de los santos. Puede ser que las distintas organizaciones tienden muchas veces a causar diferencias de categoría entre los creyentes, pero no es necesariamente así.

El pecado indicado aquí es el del creyente que sigue los guías humanos. Este pecado no sería curado aunque todas las organizaciones religiosas pudieran ser barridas instantáneamente de la tierra, o reunidas en una. En la iglesia de Corinto estaban los “Pablistas”, los “Cefistas”, los “Apolistas” y los “Cristianos”. Todavía no eran organizaciones rivales, pero eran divisiones dentro de la iglesia causadas por la envidia y la contienda. La historia revela que tales divisiones terminan como organizaciones rivales. El hecho de la división no era más que la manifestación exterior del pecado que estaba más hondo, el de las vidas carnales sin amor. Para un cristiano gloriarse en el sectarismo es El habla de un niño, y revela la más seria falta del verdadero amor cristiano que debiera fluir para todos los santos. Cuando los creyentes tengan amor el uno para el otro, las divisiones y su consiguiente ofensa desaparecerán.

Pero el cristiano “carnal” se caracteriza también por su andar al mismo nivel del andar del “hombre natural”. Dice la Palabra: ¿No sois carnales, andando según el uso de los hombres? Los propósitos y los afectos del hombre carnal están centrados en la misma esfera no espiritual del “hombre natural”. En contraste con ese proceder de la carne, leemos: Digo, pues: Andad según el Espíritu, y no cumpliréis los deseos de la carne. Esta, mi amigo, es la verdadera espiritualidad, sin extremismos, exageraciones ni restricciones.

La Existencia del Hombre Espiritual.

La segunda clasificación de los creyentes en este pasaje es la del hombre espiritual. Un creyente es hombre espiritual cuando pasa la prueba referida y demuestra que tiene capacidad para recibir y conocer la revelación divina. El hombre espiritual lo discierne todo.

El orden progresivo del contexto entero es muy evidente:

Primero: la revelación divina, ha sido dada. Dicha revelación concierne a las cosas Que ojo no vio, ni oído oyó, y que jamás entraron en pensamiento humano. Estas cosas, dice la Biblia y yo lo creo, son reveladas por el Espíritu.

Segundo: la revelación es de Las cosas profundas de Dios, que ningún hombre puede conocer por sí mismo. No obstante, el Espíritu las conoce.

Tercero: los creyentes han recibido al Espíritu quien conoce todas estas cosas, para que ellos también puedan conocer Las cosas profundas de Dios.

Cuarto: la sabiduría divina está escondida en las mismas palabras del Libro de Dios; pero el contenido espiritual de estas palabras se entiende solamente a medida que uno sea capaz para explicar las cosas espirituales con la interpretación, el idioma y los códigos utilizados en el ámbito espiritual, esto es: con las espirituales. He podido ser testigo de la tremenda y triste intención de intentar explicar las cosas del Espíritu merced a los conocimientos intelectuales. No hay nada más deplorable que alguien predicado sobre el Espíritu Santo sin la unción del Espíritu Santo.

Quinto: El “hombre natural” no puede recibir las cosas del Espíritu de Dios, porque le son insensatez, ni las puede comprender, porque se disciernen únicamente por el Espíritu, y él no ha recibido al Espíritu que es de Dios. Aunque parezca terrible (Y lo es) hay personas que concurren a un templo, a una congregación, y están en estas condiciones. Y lo peor del caso, es que no son siempre gente que no se involucra en ninguna actividad. En muchos casos se trata de gente con cargos, funciones y ministerios de importancia.

Sexto: El cristiano carnal es nacido de nuevo y el Espíritu reside en él; pero su carnalidad impide la plenitud del ministerio del Espíritu. En el despertamiento que se vivió en Argentina en 1992, muchos pastores fueron tocados por la maravillosa unción del Espíritu y en sus congregaciones ocurrían cosas tremendas e inexplicables aún para muchos de ellos mismos. Se apropiaron inmediatamente de ese poder, pero no entendieron que debían caminar exclusivamente en y por el Espíritu. Ministraban con poder, señales y maravillas, pero seguían conduciendo la iglesia en función de la politiquería religiosa tradicional. Al poco tiempo la unción los abandonó, pero ellos no lo aceptaron y hoy, en muchos sitios, se siguen intentando esas señales y maravillas a partir de los esfuerzos carnales. Esto, desde ya, es altamente peligroso. Lo sobrenatural no es solamente patrimonio de Dios.

Séptimo: El hombre espiritual discierne todas las cosas. No hay ninguna limitación para él en lo que toca a las cosas de Dios. Puede recibir libremente la revelación divina y se gloría en ella. También, puede entrar, como cualquier otro, en las materias que son comunes a la sabiduría humana. Discierne todas las cosas; sin embargo, él mismo no es discernido ni entendido por nadie. ¿Cómo pudiera ser de otro modo siendo que él tiene La mente de Cristo?

Hay dos grandes cambios espirituales que los seres humanos pueden experimentar: el cambio del “hombre natural” al hombre salvo, y el cambio del “hombre carnal” al hombre espiritual. Aquel se efectúa por el poder divino cuando hay fe verdadera en Cristo; éste se realiza cuando hay un ajuste verdadero al Espíritu. Experimentalmente puede ser que la persona que se salva por medio de la fe en Cristo se entregue al mismo tiempo sin reserva a Dios, y empiece de una vez una vida de rendimiento completo.

Indudablemente eso sucede con mucha frecuencia. De esta manera sucedió en la experiencia de Saulo de Tarso que podemos ver en Hechos 9:4-6. Así que hubo reconocido a Jesús como su Señor y Salvador, dijo también: Señor: ¿Qué quieres que yo haga? No hay evidencia alguna de que jamás se hubiese cambiado de esta actitud de rendimiento a Cristo. No obstante, debemos recordar que muchos cristianos son carnales, a los cuales la Palabra de Dios enseña claramente cuáles son los pasos que tiene que dar para que lleguen a ser espirituales. Entonces se hace posible el cambio del estado carnal al estado espiritual.

El hombre espiritual es el ideal divino en la vida y en el ministerio, en el poder con Dios y con los hombres, en comunión ininterrumpida y en bendición. Tendremos que seguir en ayuno y oración en búsqueda de las realidades juntamente con las condiciones reveladas por medio de las cuales dicho ideal pueda ser realizado.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez