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La Creación no es Un Cuento

No me agradan demasiado las introducciones. Desde que supe que forman parte del estilo filosófico y aristotélico griego, no quiero caer en la misma trampa antigua de confundir mensaje divino con retórica intelectual humana. Basten, entonces, estas breves líneas para informarte que voy a incursionar en los dos primeros capítulos del libro del Génesis, para dejar en evidencia algo que durante mucho tiempo giró en mi espíritu y mi mente, y que por palabras de terceros llegó en modo de confirmación concreta y contundente. El primer capítulo nos habla de la Creación en el mundo invisible de lo espiritual y el segundo, de la formación física y visible en la tierra, de todo lo anteriormente creado en el ámbito invisible. Espero encontrarnos en el final y poder decir que algo nuevo e importante nos ha sido revelado.

¿Cuántos han leído el Génesis? Si no lo han hecho, háganlo. Es bueno leer por nosotros mismos la palabra. Que otro te la lea no significa que eso te bendiga. La bendición llega con nuestro paso previo de búsqueda, no de comodidad de butaca de templo. Podemos leerlo con nuestra mente natural. Dios hizo el mundo, luego los mares, luego la tierra se separó de las aguas. Dios hizo a las aves y a los peces del mar, a todos los animales y, por último, Dios hizo al hombre. En seis días. ¿Verdad que es así? Sin embargo, no es lo que dice la Palabra. Y vamos a ver si lo podemos demostrar. Dios creó primero todas las cosas en el mundo espiritual. Porque dice que todo fue creado de lo invisible a lo visible. No fue creado de la nada a lo visible. Fue creado de lo invisible, de algo que existía en lo invisible, y de eso invisible a los ojos naturales, a nosotros, hizo Dios todas las cosas creadas. Por esa razón es que, en la oración clásica, decimos “venga a nosotros tu Reino”. Porque el Reino de Dios es invisible al ojo natural.

Génesis 1: 1 = En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

¿De qué principio está hablando? Mayoritariamente, y sin escudriñar ni investigar nada, muy tradicional en el ambiente cristiano, esto se ha tomado como inicio, comienzo, punto de partida de todo lo que conocemos. Error. ¿Por qué? Porque un Dios eterno jamás podría tener un inicio, un comienzo o un punto de partida en algo, ya que eso está contemplado a través del espejo del tiempo. Y en la eternidad, hasta donde yo sé, el tiempo cronos, tal como nosotros lo conocemos, no existe. ¿Y entonces? ¿Principio de qué? De nada. La palabra original hebrea utilizada es reshit y nos muestra que Principio es un sinónimo de modelo, de patrón, de molde, de bosquejo, de diseño. Si le cambiamos la palabra y decimos que en el diseño creó Dios, entonces algo comienza a tomar sentido mucho más coherente con la divinidad y su sustancia. En el marco de un diseño que ya tenía preestablecido, Dios creó los cielos y la tierra. Suena concreto y no deja lugar a ninguna duda ni cuestionamiento de infantilismos y todo eso que se nos restriega por el rostro cuando nos referimos al momento de la Creación.

Entonces, tenemos que, en respeto a ese diseño, creó Dios los cielos y la tierra. ¿Y cómo fue que los creó? ¿Alguna vez lo pensaste o al menos te lo imaginaste? Yo unas cuantas, pero nunca llegué a nada concreto. Si miro el original, la palabra que se traduce Creó, es la palabra bara’. Originalmente, este verbo encerraba la idea de tallar o suprimir. Es un concepto que todavía se expresa mediante la forma verbal que encontramos en el capítulo 17 del libro de Josué, y que habla de derribar árboles para preparar la tierra para labranza. Esto estaría sugiriendo que crear, es similar a esculpir. Por lo tanto, bara’ es la palabra apropiada para describir tanto el proceso de crear algo de la nada como de moldear lo ya existente para crear algo nuevo. Fíjate que Dios siempre es el sujeto del verbo bara’ en su forma común. El crear es, por lo tanto, un atributo divino. Y no puedo dejar de recordar que, cuando algunos cristianos han sigo objeto de burlas y bromas de mal gusto por su particularidad de hablar en lenguas, quienes se burlaban de ellos, (Incrédulos y también cristianos muy conservadores) no tuvieron mejor idea de llamarlos socarronamente “los bara bara” ¿Casualidad?

Juan nos da una pista respecto a este momento de la Creación. Mira lo que dice en el capítulo 1 y versos 1 y 2 de su evangelio:  En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Aquí, en lo concerniente al original griego, la palabra traducida como Principio, es arjé, de donde luego derivará nuestra más conocida arquitecto. Esto te da a entender que una vez más, está hablando de modelo, de diseño y no de inicio o comienzo. Y que, en el ámbito espiritual, no hay ninguna duda. Juan dice que en ese diseño, ya estaba el Verbo, que todos sabemos que es Cristo, la Palabra hecha divinidad. Y eso no estaba sucediendo en la tierra hasta tiempo después, cuando el Cristo se encarna en la figura de Jesús. Aquí el Verbo era CON Dios y, por si quedara alguna duda, se añade que ERA Dios. Y lo concluye consignando que, cuando Dios establece este diseño creativo en el plano espiritual, el Cristo formaba parte de ello.

Ahora presta mucha atención. Porque esta vez la traducción no se equivoca, aunque en la interlineal, se hable de cielo en singular. Porque la palabra que se traduce como cielos, así en plural, es la palabra shamáyim, cuya traducción más aplicada, es la de Ser Elevado. Y no está hablando de un ser como persona, sino de una elevación sobrenatural, desconocida y ciento por ciento cósmica. Si dice que Dios creó los cielos, es porque son muchos, varios, inconcebible desde lo racional, pero perfectamente posible desde lo sobrenatural y espiritual, que es el ámbito del cual estamos hablando. Y si quieres una prueba de eso, fíjate la palabra siguiente, que es tierra. No dice tierras, porque no son muchas, es una, la que hoy habitamos, la que Dios trajo desde el ámbito espiritual al natural. Pero los cielos sí son muchos, no ese manto celeste de día y negó de noche al que insistimos en llamar cielo. Firmamento, raquía, como gustes es eso, pero cielo es otra cosa. Y si esos cielos son incontables, mucho más todavía.

El salmista, cuando escribe el que en nuestra cuenta lleva el número 8, y en los versos 3 y 4, recibe revelación divina sobre lo creado. Por eso dice: Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, La luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? David lo ha visto con total claridad, por eso dice tus cielos. Y compara esa majestuosidad inexplicable para ese hombre del cual Dios tiene memoria, sencillamente porque lo ama, no porque ese hombre se lo merezca. Finalmente, tres textos del libro de Isaías prácticamente consolidan esto: El primero, en 42:5: Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan: El segundo, en 44:24-25: Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo; que deshago las señales de los adivinos, y enloquezco a los agoreros; que hago volver atrás a los sabios, y desvanezco su sabiduría. Y el último, en 45:18: Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.

Como epílogo de este primer verso, puedo decir que el punto de partida para estudiar en profundidad todo lo relativo al Reino de Dios, es justamente este versículo. Porque aquí encontramos y nos encontramos con el Soberano de todo el universo, cuyo reinado y gobierno se describen desde el principio. Su Reino, que es como decir su radio de acción respecto a su soberanía, es altamente trascendente. Lo que quiero decir es que no solamente incluye a todo el universo físico, sino que lo excede. Incomprensible para nosotros, seres de mente finita, es conocer que existió antes de toda creación, lo trasciende y, en virtud de haberlo creado, todo lo que existe está EN Él. Su reinado, o el poder mediante el cual gobierna, lo ejerce mediante su voluntad, su palabra y sus obras. Por su voluntad creadora Dios diseña y decide; mediante su palabra de existencia a la creación, y por sus obras, su Espíritu demuestra su ilimitado poder. Su gobierno, o autoridad para gobernar, radica en su preexistencia y su santidad. Él es antes de la creación. Como Creador, el gobierno de lo creado debe estar en sus manos. Toda autoridad, Reino y poder, fluyen de Dios.

Verso 2 = Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

No sé tú, pero yo debo haber oído no menos de veinte interpretaciones y hasta sesudas opiniones distintas sobre este verso. Incluso hasta he escuchado a gente que se ha tomado el atrevimiento cargado de estupidez de cuestionar a Dios por haber creado un mundo desordenado, y pretender que pensemos que ese mundo hoy está como está por responsabilidad de ese Dios desordenado y no por los maravillosos hombres que lo gobiernan. Una barbaridad mayúscula sólo aptas no ya para ateos o gnósticos, sino para ignorantes de toda ignorancia. Lo cierto es que, en una creación netamente espiritual, no terrenal todavía, ese desorden significa la carencia de un orden que reinaría cuando se completara el mandato de Dios. Cuando dice que las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, se añade a una referencia adicional a la ausencia del orden y la belleza que aparecerían en todo su esplendor dentro de seis días. Las dos afirmaciones revelan que la creación constituyó un reflejo del proceso normal utilizado por Dios para introducir el orden en el caos.

El abismo, vale aclarar, era el océano que se encontraba bajo tierra, ese que se rompió en el pre diluvio que vivió Noé, su arca y su familia. Por su parte, el Espíritu de Dios moviéndose, nos habla con toda claridad del brazo ejecutivo de la creación, que se mantenía activo mientras Dios pronunciaba cada una de sus palabras. Y, finalmente, dice que ese Espíritu Santo se movía sobre la faz de las aguas. ¿De qué aguas? De las existentes. ¡Pero en ningún lugar se habla de la creación de las aguas! No, es verdad, y eso sigue constituyéndose en un misterio que sólo será revelado en tiempo y forma por ese mismo Espíritu. El agua ya estaba. El agua es el mayor porcentaje en la sangre y también en la constitución del hombre. Esto creo que explica en parte aquello de nacer del agua y el Espíritu, al que muchos han confundido con el bautismo por inmersión. De hecho, algo tiene que ver, ya que de otro modo Juan el Bautista no lo hubiera implementado, se entiende, bajo orden divina.

Hay dos escrituras que hablan de este momento. La primera, está en el libro de Jeremías, capítulo 4 y, verso 23, y dice: Miré a la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y a los cielos, y no había en ellos luz. Este, de quien Jeremías recibe la voz, es Dios mismo observando lo que acaba de crear. ¿Y qué esta viendo? Lo relatado en ese segundo verso del Génesis. Tierra asolada y vacía. Obvio, todavía no había puesto nada allí. Nada de lo que luego se convertiría en una maravillosa sinfonía de colores vegetales y rocosos. Pero concluye consignando algo muy importante para esa etapa de la creación. No había luz. Y todos sabemos que, donde no hay luz, por consecu7encia automática, hay oscuridad, tiniebla. Es esa misma tiniebla de la que se habla en Génesis. ¿Reino satánico? No. Todavía no. Eso vendrá después. Esta oscuridad es producto natural de la falta de luz. La mayoría de nosotros, que no habitamos en zonas desoladas, no sabemos lo que es realmente la oscuridad. La nuestra, siempre tiene algún resplandor de alguna luz lejana o de algún elemento artificial que la produce. Donde no existe nada de eso, oscuridad es negrura total, tétrica, tenebrosa y desesperante. Sólo comparable a la ceguera absoluta. La otra escritura es el Salmo 104:30: Envías tu Espíritu, son creados, Y renuevas la faz de la tierra. Esto se materializará tiempo después.

Verso 3 = Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 

La palabra hebrea amar, que aquí se traduce como Dijo, tiene muchísimas acepciones. De todas ellas, teniendo en cuenta todo lo posterior, me quedo con decreto. Decir es decretar. Decretar en idioma divino, es que algo exista. Sólo porque así lo ordena el rey de todos los universos. Fíjate como será de cierto esto, que dice que Sea la luz. ¿Por qué no utiliza otra palabra? Porque ninguna otra palabra daría cuenta de ese decreto nacido en su propia esencia o sustancia. El dice sea, que tiene que ver con el verbo Ser. ¿Recuerdas cual es la primera persona singular de ese verbo Ser? Exacto. Soy. ¿Completo? Yo Soy. ¿Ahora si lo entiendes? Si me permites una paráfrasis nada convencional sobre este verso, puedo darte esta: A partir de este momento, Yo decreto que soy Luz. No es descabellado para nada si tenemos en cuenta que hay muchas escrituras que lo confirman al señalar que Dios ES luz. No dicen que tiene, o que emite, o que irradia luz. Dice que ES luz. Acostumbrados como estamos a vivir en un mundo donde se tiene muy en cuenta lo que se tiene o no se tiene, esto no es fácil de entender. Pero no debería costarnos tanto, ya que también está escrito, por Él mismo, que todos nosotros SOMOS luz del mundo.

De alguna manera, todo esto se ve corroborado por lo que leemos en el Salmo 33. En el verso 6, el salmista dice: Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca. Por la palabra fueron hechos los cielos. Esa misma palabra que hoy está escrita en tu Biblia. Y que todo su ejército fue hecho por el aliento de su boca. ¿Sabes lo que es ese aliento? La palabra es Pneuma, de donde nosotros sacamos la nuestra, neumático, para las ruedas del automóvil. ¿Cómo se traduce? Espíritu. Nada menos. Los ejércitos de Dios, tanto de ángeles como de seres vivientes, salieron de Su Espíritu. Ese que en el primer hombre fue soplado en su nariz. Y el verso 9 del mismo salmo concluye: Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió. Pablo también alude a este momento, aunque al escribirle a los Corintios en su Segunda carta, se lo expresa, en el capítulo 4 y verso 6, de manera más espiritual cuando les dice: Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. ¿Te cabe alguna duda que, así como Dios ES luz, tú y yo, con sólo creer y confiar en Él también lo Somos?

Verso 4 = Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.

Es imposible pensar que un Espíritu tiene ojos, pero lo cierto es que un Espíritu como es el que implica la sustancia de Dios, ve. De alguna manera y mediante algún dispositivo espiritual, puede ver, incluso con mayor precisión, nitidez y agudeza que lo que ven nuestros ojos naturales. Y cuando vio la luz que había creado, la consideró buena. Y como no podía ser de otro modo porque lo malo no existe en Dios, esa calidad que ostentaba esa luz, determinó que de inmediato se separara de las tinieblas que existían desde el momento de la creación. Se ha enseñado que aquí nacieron el día y la noche, por consecuencia de la luz y su ausencia nocturna, y porque así se lee en el verso siguiente, pero me temo que esto no tiene nada que ver con eso, que como todos sabemos, es el resultado de la actividad de las lumbreras que recién fueron creadas en el cuarto día. Esto tiene un contenido eminentemente espiritual. Si Dios ES luz y nosotros estamos profetizados para SER la luz del mundo, es ineludible pensar que las tinieblas representan a ese reino usurpado que, desde esa tiniebla espiritual, todavía hoy, en pleno siglo veintiuno, ostenta potestad sobre el mundo secular.

Isaías reitera este concepto, aunque tomado con sus pies en esta tierra, porque en el capítulo 45 de su libro y en los versos 5 al 7, el profeta consigna: Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto. De todos modos, esto que Isaías recibe de boca de Dios, establece algunos principios o conceptos que no podemos soslayar. Primero, Dios le aclara, por si fuera necesario para alguien, que el único Dios es Él y que no hay ningún otro dios por fuera de él. Esto le da un latigazo muy fuerte a ciertas religiones que todos conocemos. Y como para que no queden dudas, se sustenta a sí mismo como único Dios, recordándole al profeta que fue quien formó la luz y creó las tinieblas. Y esto tiene dos lecturas diferentes. Dios creó la luz. Dios ES luz. Pero en su ausencia, que es lo mismo que padecer ausencia de luz, se erigen las tinieblas. Un efecto colateral, si quieres llamarlo así. Y luego concluye diciendo algo que, seguramente, se te va a esclarecer más cuando ahora revisemos el verso siguiente.

Verso 5 = Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.

Día y noche. Creación. Primer día. Hay que tener en cuenta que en esto tuvieron mucho que ver los componentes del pueblo hebreo. Y para ellos, cada nuevo día comenzaba con el crepúsculo. Esta forma de calcular el tiempo, junto con el recuento de los días y el descanso sabatino del séptimo día, muestra que el autor ve la creación como algo que ocurre en el transcurso de seis períodos consecutivos de veinticuatro horas, seguido de un séptimo período de descanso divino. Esto es lo que afirman una gran cantidad de comentaristas que se rigen más por la riqueza histórica que por hechos contundentes. De hecho, jamás un comentarista me relata algo como revelación, siempre por estudios plenos de raciocinio y lógica, que son dos elementos a los que jamás pondría bajo una lupa de duda o descreimiento, pero que con absoluta honestidad debería advertir que no tienen absolutamente nada que ver con lo espiritual, sino con la visión griega de una mente racional e intelectual.

Entonces, buscando ampliar un poco más la perspectiva de todo esto, acudo a los originales para ver si un día bíblico es sinónimo de un día mío o si una noche bíblica tiene parentesco con una noche personal. En un repaso un tanto más prolijo que el que normalmente solemos realizar, encuentro que la palabra Día, es traducción de la palabra yom, que en su más amplia traducción, implica una mezcla de calidez y vida. Noche, mientras tanto, es la palabra láyil, que en su recorrido semántico termina traduciéndose como adversidad. El día es vida, la noche adversidad. ¿Verdad que le cambia un poco el sentido a todo? Porque esto, reitero, me está hablando de la creación espiritual, no de la terrenal. De esa me habla el Salmo 74:16, cuando me dice: Tuyo es el día, tuya también es la noche; Tú estableciste la luna y el sol. De hecho, la luna y el sol, disparadores reales del día y la noche como tal, fueron creadas en el cuarto día, y aquí estamos hablando del primero.

Y aquí, casi por ley de gravedad consustancial, me caigo en la gran duda legendaria a este respecto. Cuando mi Biblia dice seis días con relación a la creación del ámbito espiritual, ¿Se está refiriendo a estos días de veinticuatro horas cada uno que utilizamos hoy para conducirnos en esta tierra? Independientemente de las burlas que los creyentes padecemos de la gente ilustrada del mundo secular, reconozcamos que hay poca evidencia científica que lo confirme. Eso, en la suposición de que en ese tiempo creativo ya se usara un día de veinticuatro horas. O que se usaran relojes cronos para medir horas, minutos y segundos, cosa poco probable. ¿Y entonces? ¿Se nos ha mentido en esto? ¿Nos dejó nuestro amado Dios una información que, a la hora de compartirla, nos acarrea burlas y denuestos por parte de la humanidad toda? No. Dios jamás haría eso. No tengo la respuesta concreta porque todavía no ha habido revelación puntual del Espíritu Santo sobre esto. Sólo tengo dos textos bíblicos que no puedo dejar de compartirte. Salmo 90:4 = Porque mil años delante de tus ojos Son como el día de ayer, que pasó, Y como una de las vigilias de la noche. 2 Pedro 3: 8 = Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. Listo. No tengo más respecto a esto. Elige lo que sientas dirección de elegir.

Desde el principio y, a partir de su propio diseño dinámico, Dios se ha revelado como autor de pactos. Jeremías, en su libro, se refirió a esa actividad de Dios en la creación al hablar del pacto con el día y la noche. En el capítulo 33 y versos 20 y 21, dice: Así ha dicho Jehová: Si pudiereis invalidar mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de tal manera que no haya día ni noche a su tiempo, podrá también invalidarse mi pacto con mi siervo David, para que deje de tener hijo que reine sobre su trono, y mi pacto con los levitas y sacerdotes, mis ministros. Obviamente, la lectura de este pasaje te deja más que en claro que cuando Dios formula un pacto, ese pacto es indestructible, sea de lo que sea. ¿Somos imagen y semejanza? Si. Entonces un pacto realizado por nosotros ante Dios, tiene esas mismas características. El que formulamos al unirnos a otra persona en matrimonio, es uno de ellos. Así se destaca el inalterable carácter de la naturaleza divina y representa su relación con lo creado como una unión inmutable                                                                bajo el soberano gobierno de Dios.

Versos 6-8 = Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo. 

Esto confirma lo dicho anteriormente. En el momento en que Dios ejecuta su creación desde el ámbito espiritual a lo espiritual invisible, las aguas ya estaban allí. Y cuando crea la expansión, a la que llama cielos, éstos quedan en medio de esas dos cortinas de aguas. Lo que Dios ejecuta aquí, entonces, es una separación entre las aguas de arriba y las aguas de abajo, quedando en medio eso que se llama expansión y que, finalmente, Él termina llamando cielos. Esto se llevó la totalidad del día segundo. ¿Veinticuatro horas? ¿Veinticuatro meses? ¿Mil años? Nadie lo sabe con precisión. Lo que sí sabemos, es que fue así. Debemos continuamente soportar la burla y el “ninguneo” de la clase intelectual o científica del planeta, que no vacila en catalogar de ignorancia e imbecilidad por creer toda esta sarta de tonterías sin sustento concreto. Pero cuando se erigen en eruditos sabihondos de todo y dan una pomposa conferencia con el tema de la iniciación del planeta, te dan una sarta de tonterías sin sustento concreto que, en su infalibilidad cultural y científica, ellos han decidido creer. Cuéntame cual es la diferencia entre los unos y los otros. Una sola: estar EN Cristo o SIN Cristo.

Jeremías lo relata de este modo en 10:12-13 de su libro: El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría; a su voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo, y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus depósitos. Este pasaje es tremendo, porque te da tres características de Dios que, si bien conocemos, dichas así nos conmueven por su majestuosidad. Poder, saber, que es conocimiento, inteligencia, y sabiduría, que es patrimonio propio que comparte con todo aquel que se lo pida. ¿No se nos dice que debemos tener la mente de Dios? Eso nos está dejando en evidencia que Dios tiene una mente. Que, obviamente, no opera como la nuestra, sino con estas tres virtudes que le son propias, pero que también nosotros podemos ejercer si es que lo creemos y lo decretamos en fe. Pero lo que más convocó mi atención, es cuando dice que a su voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo. Esta palabra, que nosotros utilizamos tan a menudo para rotular manifestaciones humanas, en el Reino caracteriza todo lo que se convoca y produce la voz de Dios en el cielo.

Salomón no le va en saga cuando en su octavo proverbio, versos 28 al 30, consigna: Cuando afirmaba los cielos arriba, Cuando afirmaba las fuentes del abismo; Cuando ponía al mar su estatuto, Para que las aguas no traspasasen su mandamiento; Cuando establecía los fundamentos de la tierra, Con él estaba yo ordenándolo todo, Y era su delicia de día en día, Teniendo solaz delante de él en todo tiempo. Aquí encontramos otra faceta de nuestro Dios. Afirmando, es el término elegido por Salomón para determinar lo hecho con los cielos, arriba. No dice EL cielo, como nosotros, dice LOS cielos, como la propia Palabra. Luego, también lo presenta afirmando las fuentes del abismo, esto es, las aguas de abajo, Seguidamente lo muestra poniendo su estatuto para impedir que las aguas traspasen sus límites y estableciendo los fundamentos de la tierra. Todo en lo invisible, formando parte de una creación inicial de seis días de duración desconocida.

Y las tres escrituras subsiguientes hablan de distintas cosas, pero en las tres los cielos son mencionados de manera plural y no singular. Salmo 148: 4 = Alabadle, cielos de los cielos, Y las aguas que están sobre los cielos. Job 37:18 = ¿Extendiste tú con él los cielos, Firmes como un espejo fundido? Salmo 136: 5 = Al que hizo los cielos con entendimiento, Porque para siempre es su misericordia. En el primero, además de la alabanza, hay un detalle que reafirma lo dicho: Hay agua arriba de los cielos y aguas debajo de los cielos. En el segundo, habla de un espejo fundido. En realidad, se trata de un espejo de metal fundido, que eran los de uso en la época. Los espejos son muy antiguos, se supone que partieron de la base del reflejo de la figura en las aguas de un río o arroyo. Un espejo proyecta una figura, pero también la invierte. Por ese motivo los servicios de urgencia móviles, llevan su inscripción al revés, para que al observarlos por el espejo retrovisor, se puedan leer correctamente. Algo significa esto, sobre todo respecto a la idea de cielos, eternidad o mundo espiritual que poseemos.

Versos 9-10 = Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno.

No me digas que no te suena más que fácil, ¿Verdad? A mí no me caben dudas que, para un Dios como el nuestro, todo este tremendo movimiento universal fue fácil en el sentido de su condición de Todopoderoso. En el ámbito espiritual, lo único que había era una esfera o bola de agua, que no tenemos registro bíblico de donde había salido, aunque no es difícil pensar que fue una creación anterior de Dios. Y que en un momento dado, Dios miró eso y simplemente dijo que se juntaran las aguas que estaban debajo de los cielos, no las de arriba, en un mismo y solo lugar. Y eso dejó al descubierto un terreno seco al cual Él llamó Tierra. ¿Es que estoy tratando de enseñarte que finalmente la tierra deriva del agua? Si te digo que sí, seguramente vas a pensar que me estoy volviendo rematadamente loco, así que te voy a leer un texto de la Segunda Carta de Pedro en el capítulo 3 y versos 5 al 7, mira: Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste,  por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua;  pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. Listo. Si sigues pensando en locura, atrévete y dile a Pedro que está loco.

Job 26:10 dice que Puso límite a la superficie de las aguas, Hasta el fin de la luz y las tinieblas. Ya lo sé. Por más que te lo pregunte, ni tu mente ni tampoco la mía podrían imaginar de qué modo y con qué elementos racionales alguien podría ponerle límite a la superficie de las aguas y separar la luz de las tinieblas, ¿Verdad? Mejor no se lo preguntemos al Señor, porque él nos puede llegar a responder como leemos en Jeremías 5:22: ¿A mí no me temeréis? dice Jehová. ¿No os amedrentaréis ante mí, que puse arena por término al mar, por ordenación eterna la cual no quebrantará? Se levantarán tempestades, mas no prevalecerán; bramarán sus ondas, mas no lo pasarán. Es más que verdad, esto. Ciudades costeras. Vienen tempestades, huracanes, tifones, trombas, tsunamis y causan destrozos y estragos, pero cuando retorna la calma y la normalidad, las aguas se retiran y vuelven detrás de esos límites decretados por Dios. Por eso el autor del Salmo 33:7 expresa: Él junta como montón las aguas del mar; Él pone en depósitos los abismos.

Versos 11-13 = Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día tercero.

Dios sigue hablando y creando en el ámbito espiritual lo que luego será llevado a lo natural. Primero lo espiritual, después lo natural. Decreta por Su Palabra que se produzca la hierba verde con su consiguiente semilla para obtener fruto. Y árbol que también produzca semilla que luego entregue fruto del cual volverá a nacer otro árbol. Una planificación definitivamente espiritual, no física. ¿Por qué lo veo así? Ya te lo mostraré en un momento. Mientras tanto, puedo enseñarte que todo esto incursiona en el mundo del espíritu porque así lo recoge Lucas, cuando en 6:44 de su evangelio, dice de labios de Jesús: No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. ¿O sea que tú tienes que creer que yo digo que esta parte de la creación es eminentemente espiritual y no terrenal o física, sólo por lo que dice Jesús en Lucas? No. Lo vas a ver con tus propios ojos, ahora mismo.

Versos 14-19 = Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.

Pon mucha atención. En este cuarto día de esta creación espiritual, Dios primero dijo que haya lumbreras sobre la expansión de los cielos, esto es: sol, luna, estrellas. Dice luego que las hizo y finalmente que las puso allí para señorear, el sol durante lo que fuer el día y la luna y las estrellas por la noche. ¿Tú sabes que para que el reino vegetal funcione, tiene que recibir calor y rayos solares, baño nocturno de luna y lluvia? Muy bien. Vuelve atrás y mira los versos 11 al 13 que te leí recién. Hierba verde que da semilla y árbol que da semilla. Tercer día. Indefectiblemente todo eso en el ámbito espiritual, ya que en el natural y terrenal, para que una hierba sea verde y produzca buena semilla, y para que un árbol sea bueno y produzca semilla que dé fruto, necesitará imperativamente de la apoyatura biológica y ecológica del sol y la luna, las lumbreras. Pero si estas lumbreras fueron creadas recién en el cuarto día, aquella hierba verde y ese árbol con fruto, sólo podían estar en la dimensión espiritual. En la terrenal estarán más adelante y también de esto tendrás pruebas bíblicas suficientes.

Los salmos en su conjunto son un verdadero canto a esta parte de la creación espiritual de Dios. El 74 en el verso 16, dice: Tuyo es el día, tuya también es la noche; Tú estableciste la luna y el sol. Esto es casi en exclusividad para los que han enseñado que el día es de Dios y la noche de Satanás. Perdón. ¿Cuándo hizo méritos Satanás para apropiarse de la noche? La noche también es de Dios, y para señorear en su nombre en ella, puso a la lumbrera menor, la Luna. Y como esta luna marca las mareas y también los tiempos, el salmo 104 y verso 19 lo explica así: Hizo la luna para los tiempos; El sol conoce su ocaso. Y por si quedaran dudas respecto a la propiedad de Dios tanto del día como de la noche, el Salmo 136 y versos 8 y 9 lo detallan así: El sol para que señorease en el día, Porque para siempre es su misericordia. La luna y las estrellas para que señoreasen en la noche, Porque para siempre es su misericordia. Jeremías reafirma todo esto cuando en 31:35 de su libro, expresa: Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre:

Versos 20-23 = Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y fue la tarde y la mañana el día quinto.

Otra vez dice Dios. Y otra vez, asimismo, utiliza el verbo producir para con los seres vivientes y las aves. Ahora bien, observa con cuidado que tanto esos seres vivientes, a los que la lógica nos llevaría a determinar como peces y/o similares, en la creación espiritual son entregados para los ambientes acuáticos. Pero lo más intrigante del caso, es que también se dice y se produce eso con las aves. ¿Estamos hablando de todas las aves? Es probable que, en lo espiritual, sí, pero no en lo natural y terrenal, como más adelante lo veremos. Porque seguidamente, consigna que creó Dios, aunque luego aclara que fueron las aguas las que los produjeron a los grandes monstruos marinos. ¿Y cuales serían esos grandes monstruos marinos? Ballenas, delfines, orcas, tiburones, por tamaño, magnitud y ferocidad en algunos de ellos, podrían incluirse en ese catálogo, pero eso dándonos de narices con los límites que el mar le ha colocado al hombre. Ni los buzos, ni los submarinos, ni las campanas submarinas de investigación han logrado tocar fondo en todos los mares. La tremenda presión que las aguas ejercen en ciertas profundidades, ha hecho imposible que el hombre pueda investigar y probar o no probar la existencia de otros monstruos no conocidos.

Y como para certificar esto, el autor del Salmo 104, hablando de las formas en las que Dios ha bendecido y sigue bendiciendo a la creación, dice algo en los versos 25 y 26 que nos deja reflexionando.  He allí el grande y anchuroso mar, En donde se mueven seres innumerables, Seres pequeños y grandes. Allí andan las naves; Allí este leviatán que hiciste para que jugase en él. Perdón… ¿Leviatán? A ver. La palabra hebrea de donde se traduce esto, es liviatan, y no hay coincidencias en cuanto a qué animal o bestia se refiere. Monstruo marino, serpiente de mar, cocodrilo, dragón, nadie da pistas claras. Aquí en este salmo, se refiere a un bicho capaz de jugar en el agua, pero en otros sitios de la misma Biblia, como un animal que aterrorizaba a los marineros por su, magnitud y su ferocidad. Incluso, en los rudimentos de la guerra espiritual, se enseña que es un demonio en forma visible de serpiente, capaz de torturar a la gente con crueldad. Esto deriva de que su nombre significa “tortuoso”. Hay toda una leyenda a su alrededor. Gente que asegura haberlo visto emerger del mar y causar destrozos en embarcaciones, pero también gente que lo descarta somo simple cuento de brujas destinado a asustar a gente cobarde. Como sea, está desde el principio de la creación espiritual. Eso significa algo.

Versos 24-25 = Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.

Ahora es la tierra, dentro del plano espiritual, la que producirá lo que Dios diga que debe producir. Bestias, serpientes, ganado y todo animal que se arrastra sobre la tierra. Cetáceos estarían incluidos, todos, en esta última descripción. El cómo lo hizo siempre será el misterio que llevaremos todos hasta el día final donde todo lo oculto nos será iluminado. Jeremías, en el capítulo 27 y verso 5 de su libro lo grafica así: Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre la faz de la tierra, con mi gran poder y con mi brazo extendido, y la di a quien yo quise. De hecho, aquí el profeta no está refiriéndose a la creación en el espíritu, sino a la terrenal y visible. De todos modos, es envidiable la enorme creatividad de nuestro Dios y hasta cierto sentido del humor, porque: ¿Quién que no desee sonreír a su paso sería capaz de crear un ser como la jirafa, otro como el ornitorrinco y otro como el majestuoso pavo real? Y ni hablar de la rama de insectos. Desde los más diminutos hasta los más voluminosos, esto es un verdadero canto a la supervivencia y al pensamiento que determina una función específica en el equilibrio biológico para cada uno de ellos.

Versos 26-28 = Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 

Si quieres una prueba contundente de que este capítulo de Génesis te está hablando de la creación en el ámbito espiritual y no en el natural o físico, aquí la tienes en el inicio de este pasaje. Dios utiliza el plural por que se incluye la divinidad trina, esto es: Padre, Hijo, Espíritu Santo. Y decreta que el hombre es creado a su imagen y conforme a su semejanza. Una imagen es una figura o representación de una persona o cosa. Mientras que una semejanza es la característica de lo que es semejante o parecido. Espiritualmente, somos imagen de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un espíritu invisible en esta dimensión terrenal, pero visible en la espiritual. ¿Hay alguien que, con sus ojos físicos, naturales, haya visto a Dios Padre, o al Hijo o al Espíritu Santo? No. En el mejor de los casos, ya sea en sueños, en visión o algo similar del plano sobrenatural, puede haber siso trasladado a ese ámbito paralelo e invisible y allí haya visto lo que sea que haya visto como Dios Padre, Hijo o Espíritu. Pero absolutamente nada que ver con un anciano de cabellos largos y blancos sentado en un trono con rostro de “te como al horno con papas”, o un hombre de rostro lánguido, cabellos largos y barba con una corona de espinas y una túnica blanca, o una blanca paloma sobrevolando todo. Eso, es el evangelio según dibujantes de comics. Yo creo en otra cosa.

Creo, por ejemplo, que en el momento de esta creación espiritual, el hombre como ser humano dotado de espíritu y alma, recibió autoridad divina para señorear sobre todo el resto de lo creado, ya fuera reino animal, vegetal o geológico. Buen momento para preguntarnos qué fue lo que ese hombre hizo luego, cuando la segunda creación, la del ámbito terrenal le dio vida y libertad. Nada bueno, ya que por consecuencia de todo lo conocido, no sólo perdió esa autoridad conferida, sino que en muchos casos puntuales pasó a ser víctima de aquello sobre lo que supuestamente tenía autoridad. ¿Ejemplos? La vid, el alcohol, la borrachera. Hierbas medicinales, narcóticos, estupefacientes, adicción. Depredación por di versión de ciertos animales, determinaron que estos comenzaran a ver en el hombre a un enemigo y no a un líder. Por consecuencia, no son pocos los casos donde un determinado animal ha quitado la vida a un hombre. Y por esa razón, los denominamos como salvajes. ¿Quién comenzó con la crueldad y el salvajismo? ¿El felino que mata y devora a un hombre o un hombre con un arma de mira telescópica buscando colgar la cabeza de ese animal como trofeo?

Luego dice que nos creó varón y hembra. ¿Pero no fue que primero Adán y luego de su costado…? No. Eso fue cuando trasladó a la pareja humana desde lo espiritual a lo terrenal. Aquí nos creó juntos. Espiritualmente, varón y hembra son desde el principio. Y lo voy a reiterar una vez más sin intención de que nadie se fastidie ni piense que es una provocación a una discusión de asuntos modernos de última moda social y cultural. Nos creó varón y hembra, punto. El Dios creador de todos los universos y de toda la inmensidad majestuosa que conocemos, ¿Crees que no hubiera podido, de proponérselo, crear un tercer elemento intermedio entre varón y hembra para que ese tercer elemento eligiera uno de los otros dos para vivir su vida? Varón y hembra. Desde ese sexto día universal en adelante y para toda la eternidad. Y ya desde ese momento les da la potestad de fructificar y multiplicarse, así como toda la autoridad divina trasladada para con todo el resto de lo creado.

Eso inspiró al salmista para que en el Salmo 100 y verso 3, diga: Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Desde el espíritu, somos todos pueblo suyo, reitero; todos. Luego, cuando el hombre tenga libertad en su voluntad y libre albedrío para tomar decisiones, verá si desea seguir siendo ese pueblo suyo que trae en su ADN espiritual, o si lo cambia por otro reino que quizás le ofrece más posibilidades de dinero, placer y poder humano, aunque a costo de su vida en eternidad con Cristo. En ese sentido es que Lucas reproduce en el libro de los Hechos, capítulo 17 y versos 26, 28 y 29, lo que Pablo les dice a los atenienses: Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; (28-29) Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.

Versos 29-31 = Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.

En la creación puesta en marcha en estos seis días de nadie sabe qué duración en los ámbitos espirituales, indudablemente el agrado de Dios estaba relacionado con una alimentación vegetariana. Fíjate que les dice, para que tengan en cuenta cuando sean propietarios de un cuerpo y necesiten alimento sólido, que todo árbol que da fruto y en el cual hay semilla les serán para comer. Pero no sólo a ellos, sino que a los animales también les da la misma directiva. Y aunque luego, en la conclusión del diluvio, por allí por Génesis 9, Noé y su familia reciben la directiva de Dios de comer de todo lo que le pase cerca, incluido los animales, lo que vendría a significa la finalización de un vegetarianismo a ultranza, para pasar a un menú mucho más amplio acorde a lo que se consiguiera en cada zona. De todos modos, me quedo con la idea inicial en la creación espiritual, ya que como todos sabemos, el hombre posee una dentadura similar a la de los animales herbívoros, y no con esos agudos colmillos conque se sostienen los carnívoros. Claro está que, si lo llevamos al hoy, es para discutirlo un buen rato, ya que una cosa es matar un animal que se alimenta sanamente y otra muy distinta alimentarse con carne procesada y llena de productos químicos de preservación. No soy vegetariano ni vegano, pero me alimento con mucha precaución y cuidado. Mi cuerpo es templo del Espíritu Santo y yo debo administrarlo con lo mejor que encuentre.

Por ese motivo el autor del Salmo 104, escribe lo que leemos en los versos 14 y 15:  Él hace producir el heno para las bestias, Y la hierba para el servicio del hombre, Sacando el pan de la tierra, Y el vino que alegra el corazón del hombre, El aceite que hace brillar el rostro, Y el pan que sustenta la vida del hombre. ¡Qué hermosa definición de la creación gastronómica! Heno para el ganado, hierba para distintos tipos de comida, pan extraído del trigo, vino surgido de la uva y el aceite de la unción que produce un brillo sobrenatural. Eso, conjuntamente con el pan de vida. Lo reafirma el Salmo 136:5 cuando expresa: El que da alimento a todo ser viviente, Porque para siempre es su misericordia. Hombre presuntuoso de sus inventos terrenales, ¿Entiendes que comes todos los días, lo que sea, simplemente por causa de la misericordia de Dios? La inversa: ¿Asumes que si a Dios se le ocurre retirar esa misericordia, te suspende toda forma de alimentación y te mueres de hambre? Y, finalmente, el Salmo 145:15 consignando:  Los ojos de todos esperan en ti, Y tú les das su comida a su tiempo. Lo dicho: Él nos da nuestra comida a su tiempo. Ten presente esto cuando tengas un ataque de egocentrismo y pienses que no dependes de nadie y te las arreglas solo.

Génesis 2: 1-6 = Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra.

Si esta fuera una monumental obra teatral, habría que decir que aquí está cayendo el telón sobre el primer acto. El segundo habrá de traer la creación terrenal y, si la pieza tiene un tercero, será casi profético evaluar qué hará el hombre finalmente con ella. Luego de los seis días de creación del ámbito espiritual, Dios va a tomarse un merecido descanso en ese séptimo día. El Salmo 33:6 lo describe así: El Señor tan solo habló y los cielos fueron creados. Sopló la palabra, y nacieron todas las estrellas. La prueba de que, esta que aquí está concluyendo, fue una creación espiritual y no física, se lee en este pasaje, cuando dice que estos son los orígenes de los cielos y de la tierra, y cuando Dios creó toda planta y hierba antes que naciese, por la sencilla razón de que Dios todavía no había hecho llover sobre la tierra. De hecho, no lo había ejecutado porque todavía la tierra física como tal, no estaba. Recién iba a ponerse en marcha ahora invirtiendo cada punto físico con relación al espiritual. Ahora, si has sabio leer bien, habrás notado que donde dice que estos son los orígenes de los cielos y la tierra, en el final no dice en los seis días que fueron creados, dice el día que Dios hizo los cielos y la tierra. Dos cosas distintas. De lo invisible a lo visible.

Lo invisible en seis días, lo visible en uno solo. Y si no te queda claro, mira el primer verso de este segundo capítulo. Resumen de todo lo creado en lo invisible. Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellosPregunto, en los seis días, ¿Dónde fueron creados los ejércitos de los cielos? ¿Y cuál es el ejército de Dios? Los ángeles, los hijos de Dios y todas sus creaturas creadas. Y aquí cabe una mención a lo que nosotros llamamos animales. La Palabra no habla de animales, habla de seres vivientes, almas vivientes. De hecho, cuando lo creó al hombre, también lo creó un alma viviente. Tanto seres humanos como animales, somos eso, almas vivientes. Por eso el verso 4 dice: Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, Está más que claro. El mundo espiritual fue creado en seis días, con uno de reposo, y el mundo natural fue creado en un día.

Génesis 1:4: Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, Y dice el resto: y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra. O sea que Dios va a crear en un solo día todas las cosas. Ya creó las plantas, los animales, los ejércitos de los cielos. Y ahora, en la tierra, se ve un vapor. El hombre todavía no está, todavía no están las plantas. Hay solamente un vapor que sale de la tierra. En el primer capítulo, vimos como Dios creó todas las cosas y, lo último, creó al hombre, varón y hembra los hizo y los bendijo anticipadamente. Ahora, como podremos comprobar ya mismo, comenzó toda su creación física precisamente con lo que había sido lo último espiritual: el hombre.

Verso 7 = Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. 

Ahora sí comienza la creación terrenal. Observa que, aunque parezca repetición de los versos 26 y 27 del primer capítulo, la realidad nos dice que no lo es. La creación fue en aquel, pero aquí esa creación ya presente en el ámbito espiritual, pasa a convertirse en un ser de carne y hueso que Dios forma partiendo del polvo de la tierra y, naturalmente, agua, ya que de otro modo ese polvo se hubiera volatizado. ¿Cómo pruebo esto que no está escrito en la Biblia? Simple, porque es continuación de la primera creación, por eso dice entonces. Y contándote que cualquier análisis que se haga de carne humana, te dirá que hay un setenta por ciento de agua en ella. Lo que Dios hace en este comienzo de traslado de su originaria creación espiritual a lo terrenal y físico, es lisa y llanamente un atractivo muñeco de barro, inanimado y sin vida. Y allí es donde su Espíritu sopla en la nariz de ese muñeco su propio aliento de vida, y recién allí ese muñeco cobra vida y pasa a ser un ser humano, o un alma viviente, como ha sido catalogado. Y fíjate como Dios crea al hombre antes que cualquiera otra cosa.

Verso 8 = Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.

Aclaremos algo. En la creación física y terrenal, Dios forma primero al hombre, un ser mezcla de polvo de la tierra y agua, todavía inanimado. Y luego le sopla en su nariz, aliento de vida, esto es, se insufla a sí mismo dentro de ese hombre. Toda la humanidad nace siendo imagen y semejanza de Dios, tanto en su calidad de espíritu como en todas sus características y atributos. Luego, ese hombre decidirá si sigue viviendo así, EN Cristo, o si se pasa al otro reino y se pierde irremediablemente. Pero el hombre es formado, antes que nada, porque estará destinado a regir y señorear sobre todo lo otro que Dios pueda traer de lo invisible a lo visible. Primero el hombre, y luego todo lo creado. Somos los primogénitos, junto con Jesús. Luego hace las plantas y arma un huerto, donde va a poner al hombre que formó. Ese es el orden de las cosas físicas.

Hombre, se traduce de la palabra ‘adam, que significa hombre o humanidad. ‘Adam se traduce en el Antiguo Testamento como Adán, el nombre propio, una veintena de veces, y como Hombre, en más de quinientas. Frecuentemente, cuando la Biblia se refiere a toda la raza humana, se usa la frase b’nay ‘Adam, esto es: los “hijos de los hombres”. La palabra hebrea ‘adam, en su sentido general, no tiene nada que ver con masculinidad, sino más bien con humanidad. Por ejemplo, en un caso específico citado en Números 31:35, cuyo texto es: En cuanto a personas, de mujeres que no habían conocido varón, eran por todas treinta y dos mil. la palabra ‘adam, aquí, es referida exclusivamente a la mujer. ‘Adam, probablemente se relaciona con el verbo ‘adom, el ser rojo que se refiere a la hermosura del ser humano. ‘Adamah, que es Tierra o Terreno, también podría derivarse de este verbo. De allí que en el verso 7 de Génesis 2, diga concretamente: Entonces jehová Dios formó ‘adam del polvo de ‘adamah. Pablo, en 1 Corintios 15:47, ve a Adán como hombre terrenal. ‘Adam es una de las cuatro principales palabras hebreas para Hombre, que se usan en la Biblia. Las otras tres son ‘enosh, ‘ish, y geber.

Y luego tenemos la verdadera expresión de la creación humana. Dice que los creó varón y hembra. Fuera de todo lo dicho anteriormente, estos versículos contienen una frase que es la piedra angular del entendimiento bíblico de la humanidad. La imagen de Dios se presenta principal y primordialmente en relación con un singular concepto social o comunitario de Dios, fíjate, presta atención. Entonces dijo Dios (Singular) Hagamos (Plural) al hombre a nuestra (Plural) imagen. Muchos estudiosos han creído ver en este juego de singular y plural, una alusión a la Trinidad o a un Dios en una comunidad de personas. Lo cierto es que Dios procede a crear al hombre a su imagen. En ese trascendental momento, la Escritura señala un aspecto particular de la naturaleza humana; es decir, aquello que corresponde al aspecto social o comunitario de la naturaleza divina. Dios crea al ser humano como hombre y mujer; no como un individuo solitario, sino como dos personas.

Sin embargo, si continuamos nuestra lectura, vamos a descubrir que los dos son, no obstante, uno. Unidos en una sola carne. La comunidad que refleja la imagen de Dios especial; la comunidad de una mujer y un hombre. Cuando Dios eligió crear a la humanidad a su imagen, creo la unión de pareja, lo que equivale a decir, una familia. La comunidad de la familia constituye un reflejo de la comunidad de la divinidad. Su identidad, vida y poder provienen de Dios. De hecho, al crear al ser humano, nuestro Dios Soberano del universo decidió delegar a la humanidad el señorío sobre la tierra. El poder y la autoridad humana para el ejercicio de este señorío se originan en el deseo divino de hacer a los seres humanos a su propia imagen y semejanza. O sea que la habilidad humana para regir la tierra descansará en su continua obediencia a la autoridad de Dios como Señor de la creación. Su poder para reinar en la vida dependerá de su fidelidad a la hora de obedecer la ley, divina.

El ser humano es distinto al resto de la creación. Los humanos son seres espirituales, no solamente cuerpo. Y además tienen un espíritu y un alma. Son seres morales, cuya inteligencia, percepción y determinación propias exceden las de cualquier otro ser creado. Estas propiedades que posee la humanidad, y su prominencia en el orden de la creación, implican el valor intrínseco, no sólo de la familia de la humanidad, sino también el valor individual de cada ser humano. La capacidad y la habilidad suponen una responsabilidad y una obligación. Nunca deberíamos conformarnos con vivir a un nivel más bajo que el que Dios ha provisto para nuestra existencia. Debemos procurar ser lo mejor que podamos y alcanzar los más altos niveles. Hacer menos nos constituiría en siervos infieles de la vida que se nos ha confiado.

El orden original del medio ambiente humano en la tierra se debe distinguir de lo que llegó a ser luego del impacto de la caída humana, la maldición y el diluvio. De ninguna manera podrá atribuirse a Dios la falta de armonía agrícola, zoológica, geológica y meteorológica a la cual fue sujetada la creación. La perfecta voluntad de Dios, como fundador y Rey de la creación. No se manifiesta en la presencia de la muerte, la discordia, la enfermedad, los desastres o simplemente el pecado humano. Nuestro mundo presente no refleja el orden del Reino que originalmente deseaba Dios para el disfrute del ser humano en la tierra, así como tampoco refleja el Reino de Dios como finalmente se experimentará. Al entender esto, debemos tener cuidado de no atribuirle a la voluntad de Dios aquellas características de nuestro mundo que tienen su origen en la ruina del orden original de Dios, a raíz de la caída de la humanidad.

Versos 9-14 = Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos. El nombre del uno era Pisón; este es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice. El nombre del segundo río es Gihón; este es el que rodea toda la tierra de Cus. Y el nombre del tercer río es Hidekel; este es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Éufrates.

El huerto. En esta fértil reserva natural creada por Dios, se encontraban los dos árboles alrededor de los cuales iba a girar toda la historia humana de allí en adelante. Es indudable que estos dos árboles constituían parte de los medios naturales utilizados por Dios para comunicar realidades espirituales. El árbol de la vida, necesariamente, está asociado con la vida misma de Dios, ya que como luego veremos, incluye la inmortalidad. El árbol de la ciencia del bien y del mal, por su parte, representa la autonomía humana, esto es, el gobernarse a sí mismo y asumir una postura independiente ante Dios en todas las esferas de la vida. No sé de qué te estoy hablando sino te digo que hoy por hoy este árbol opera y funciona a full en una enorme cantidad de personas que constituyen esta humanidad creada. Personas que incursionan entre el bien y el mal como receta infalible para lograr la armonía, la paz y la felicidad.

Pablo, con su tremenda unción a cuestas y con todo lo que fue para la propagación del evangelio del Reino, sin embargo, en su vida personal todavía incursionaba en la mentalidad carnal heredada de Adán. Él mismo dijo en algún momento que se condenaba porque no podía hacer el bien que deseaba hacer y en cambio producía un mal que no deseaba.  Los hechos que ocurren a cada momento en distintas latitudes del planeta, te están mostrando que de ninguna manera es así. Elegir entre el bien y el mal, es patrimonio de la cultura adámica. Los hijos de Dios están EN Cristo y Cristo ES el bien y el mal no anida en Él ni en ninguno de los miembros de Su cuerpo. Respecto a los cuatro ríos que aquí se mencionan, hasta el día de hoy han sido identificados como actuales solamente dos: el Hidekel, que hoy es el Tigris y el Éufrates que conserva su nombre original.

Versos 15-17 = Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Lo primero que vemos aquí, es una expresión que, de alguna manera, estaría destruyendo toda una doctrina relacionada con el trabajo humano. Se ha enseñado en sitios de alto prestigio, que el hombre debe trabajar por causa de la caída de la pareja humana, y que, si así no hubiera sucedido, no hubiera tenido que realizar ningún esfuerzo físico laboral, sino simplemente disfrutar de todo lo que Dios había puesto según su deseo. Lo llamativo es que el término que se traduce como labrara, es la palabra abád, y si bien uno de sus significados es arar, lo que coincidiría con lo de la labranza, también se traduce como adorar y honrar. Si es verdad que el trabajo no es esa maldición que todos asumen por culpa de Adán y Eva, la labranza para no caer en el aburrimiento del ocio, es factible. Pero su el trabajo verdaderamente surgió cuando se le dijo a ese hombre que a partir de allí se ganaría su pan con el sudor de su frente, entonces este texto debió haber dicho que Dios puso al hombre en el huerto para que lo honrase y lo adorase por ello. La tragedia de la autonomía humanase evidencia en la advertencia divina: ciertamente morirás. La autonomía humana incluye la muerte, que se extiende al ser espiritual, moral, social, relacional y, en última instancia, el físico. De esto habla Deuteronomio 30:15 cuando dice: Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;

Verso 18 = Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.

¿Dios se refirió a la soledad como presión innecesaria en ese hombre o, por el contrario, consideró que Adán no era capaz de alcanzar por sí solo todo lo que estaba llamado a hacer y ser? Al decir ayuda idónea para él, denota complementariedad. La ayuda es necesaria para el trabajo diario, la procreación y el apoyo y compañía mutua. Pablo les explica esto a los Corintios, en su primera carta y capítulo 11 y versos 8 y 9 cuando dice: Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. La realidad palpable me dice a mí que en estos tiempos, donde hay todo un gran movimiento de restauración del rol de la mujer, tanto en la sociedad, en lo labora como, incluso, en lo familiar, hablar en términos bíblicos con frialdad, sigue dejando una sensación patriarcal de un machismo que indudablemente no le hace bien a nadie, y mucho menos al propio hombre. Hay un diseño divino que se debe respetar para que todo funcione, pero hay un ida y vuelta de responsabilidad que también hay que cumplimentar y, atención con esto, con complementación y no con competencia.

Verso 19 = Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.

O sea: primero formó al hombre, después formó las plantas ¿Y de dónde va a formar todo esto? De la tierra. Presta atención a esto: en el primer capítulo de Génesis, Dios habla. Sean los animales, dice. Y lo son en el mundo espiritual. Ahora él los va a formar, es decir que les va a dar forma en la tierra, conforme a lo espiritual. Y es mucha la gente que todavía sigue pensando y enseñando que Dios solamente formó con su mano al hombre. ¡Y no es cierto! Aquí dice que Dios formó de la tierra a todo animal, de la misma manera que formó al hombre. Pero no solo dice que de la tierra formó a toda bestia del campo, sino que también desde allí mismo formó a toda ave de los cielos. ¡Un momento! ¡No las había formado de las aguas a las aves? Y termina diciendo que una vez formados animales y aves, se los trajo a Adán para que viese como las había de llamar a cada una. Absolutamente coherente. Si le había dicho que iba a señorear sobre toda la creación, a partir de esa autoridad tenía derecho a darle un nombre a cada uno. A mí en lo personal, esto no me asombra tanto, como sí me impacta pensar que luego Adán debía acordarse de todos los nombres que había dado a cada pieza de esa creación.

¿Te imaginas una mente así? Aquí Dios está dejando en evidencia que realmente le estaba dando el dominio de todas las cosas creadas. En Efesios Pablo dice que fuimos benditos por Dios antes que el mundo fuese. A ver, ejercicio práctico sencillo: ¿Cuándo nos bendijo Dios antes que el mundo fuese? En Génesis 1. A eso se los dijo cuando les dio el dominio y el señorío sobre todo lo creado en el ámbito espiritual. Ahora piensa en ti, quien quiera que seas y como quiera que sea tu vida hoy, tanto en lo social, como en lo laboral, como en lo emocional. Antes que vinieras al mundo, tú ya tenías dominio y señorío sobre todas las cosas que en este mundo hay. Porque nos bendigo Dios en los lugares celestiales antes que el mundo fuese. Ahora dime la causa o el motivo por el cual el hombre, en una enorme mayoría, no sólo no ejerce con claridad ese dominio sobre toda la creación, sino que, en algunos puntos muy específicos, es esclavo de ella. ¿O no sucede eso con el alcohol, el tabaco y las drogas?

Versos 20-23 = Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. 

¡Claro! Nosotros vemos una estilizada jirafa deambular por las llanuras o selvas africanas y decimos: ¡Pensar que se llama jirafa porque ese es el nombre que le puso Adán! Es verdad, pero…no creo que Adán le haya dado ese nombre en español, ¿No te parece? Ni en inglés, ni en francés, ni siquiera en hebreo, porque todavía no había idiomas en la tierra. ¿Y entonces? ¿Qué idioma utilizó Adán para rotular a los animales? Podrá haber especulaciones, hipótesis o conjeturas. Y algunas podrán ser más coherentes y atinadas que otras, pero la verdad plena todavía no la conoce nadie. Ni creo que la conozca aquí en la tierra. Tendrá que esperar a encontrarse con el Padre en el día final y preguntárselo. Eso, si es que su gloria te permite abrir la boca. De todos modos, aún con esa enorme sabiduría y capacidad, Adán no tenía todavía a ningún ser que significara ayuda idónea para él. ¿Sabes qué significa ayuda idónea? Lo mejor que Dios encuentra para ti. Y allí es formada Varona.

Ishshá, es la palabra traducida como Varona, que en realidad significa Mujer, a diferencia de nequebá, de Génesis 1:27, que se traduce Hembra. En cuanto a que esa mujer sale de una costilla de Adán, es una conclusión que, si bien no es descabellada, no siempre es la exactitud de lo dicho. Porque la palabra de donde se traduce costilla, es tselá, que, en su traducción más amplia, simplemente significa Costado. Y cuando decimos costado, no podemos dejar de pensar en el lugar en el que aquel soldado romano lanceó a Jesús, ya muerto en la cruz, y del que brotó sangre y agua. Esto es: VIDA. ¿Pero cómo podría ser que de ese lugar del cuerpo de Jesús salga vida, si él ya estaba muerto? Porque lo que brota es vida espiritual, no física. Lo que sale del costado de Jesús el Cristo, es la iglesia, su cuerpo en la tierra. De esto, nos lleva a entender entonces que lo que sale del costado de Adán, es una mujer, símbolo de iglesia en casi toda la Escritura. Ayuda idónea para Cristo. Sujeta al error y al pecado como aquella primera Varona. Pero matriz para la prolongación de toda la especie. Madre de todos los vivientes.

Versos 24-25 = Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.  Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.

¿Cuántos han entendido que en cada bendición que Dios brinda al hombre, en la previa, siempre hay una separación? Aquí está bien graficado con este dejará, que leemos con relación a nuestros padres, para unirnos a una mujer y ser con ella una sola carne. ¿Esto es sinónimo de matrimonio? Desde la legalidad en la que vivimos, si. Para Dios, este es el resultado de un pacto realizado por ese hombre y esa mujer delante de Su presencia, prometiéndole estar juntos hasta que la muerte física los separe. Lo de estar en una sola carne, ¿Tiene que ver sólo con la relación sexual? No. Por supuesto que la incluye, ya que no es desconocido para nadie que, a la hora de limpiarnos de toda contaminación cuando aceptamos a Cristo, una de esas limpiezas es cortar en Su nombre y por Su sangre, con toda ligadura de alma producida por haber sido una sola carne en fornicación con otra u otras personas. Pero también incluye a los hijos que ese hombre y esa mujer puedan gestar. Ellos son una carne producto de la unidad de dos carnes. Y quiero resaltar esto: para Dios, lo que vale como pareja humana, es la unión en pacto ante Él que realizan esas personas. El matrimonio como tal, es un paso documental y legal que se realiza para darle legalidad a esa unión, conforme a las leyes y culturas vigentes en cada región o nación.

Fin. La idea central de este trabajo ha sido entregar documentadamente la prueba más concreta de lo que ha sido la creación en su versión más cercana a la verdad que hasta hoy poseemos. Seguramente habrá alguien enviado a corroborar esto de manera científica o estructural, con la finalidad de no permitir que se tome, como se ha hecho hasta hoy, casi como una historieta para niños, en la que resulta muy difícil creer a los adultos. Una cosa son los angelitos rubios volando con túnicas blancas y otra muy distinta un ángel tomando forma humana y sacando de un apuro a un ser humano. Una cosa es ese cielo azul inmaculado que ven nuestros ojos naturales y otra cosa muy distinta el lugar donde habita nuestro Dios. Una cosa es el Jesús de cabellos largos, barba, túnica y mirada lánguida y sufrida que conocemos por pinturas y otra muy distinta el Cristo refulgente y centelleante que nos muestra Apocalipsis. Nadie podrá, a partir de esto, crear doctrina ni armar grupo especial iluminado. Lo que sí haremos, es despojarnos de ese evangelio romántico destinado solamente a llevarte al cielo, y convertirlo en el genuino, que es el evangelio que te anuncia que el Reino de los Cielos se ha acercado y que está junto a ti, aunque todavía no puedas verlo ni entrar, a menos que nazcas nuevamente del agua y del Espíritu.

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febrero 15, 2025 Néstor Martínez