Son muchísimos los predicadores de este tiempo que aseguran que estamos en una época de transición. Incluso andan por allí decenas de mensajes con ese título. Sin embargo, lo que hay que decir es que el de la transición es un tiempo difícil. Porque es muy difícil guiar a todo un pueblo en un proceso de transición cuando uno mismo está transicionando.
Estamos hablando con relación a que vamos a tener que pagar el precio si queremos ser parte de lo que está por ocurrir, y que la doctrina que hemos tenido hasta ahora, buena en su esencia, no es suficiente para sacar al diablo de su ciudad.
Vamos a tener que concientizarnos y entender que no se trata de una doctrina nueva, o de una nueva enseñanza, sino de una enseñanza antigua que ha sido oscurecida por la ignorancia del pueblo. Siempre estuvo allí; no fue algo escrito hace poco tiempo. No lo sacamos de una visión ni de un pequeño libro: ¡Lo leemos de la Palabra!
Hemos interpretado lo que es el evangelio de Dios y hemos visto también que no podemos separar el evangelio del reino. El evangelio no es otra cosa que las buenas nuevas. Cualquier creyente tiene que saber que un evangelio que carece de esperanza no proviene de la boca de Dios. Estamos hablando del corazón de Dios, no de la letra! Es imposible que Dios quiera o haya decidido arrasar con el planeta y a eso le llame Buenas Nuevas!
¿Quiere una estampa de la Iglesia del siglo veintiuno? Se ha levantado en justicia, en poder, en excelencia, en autoridad; su gobierno funciona, es próspera, tiene sabiduría, no está formada por desocupados que no tienen otra cosa que hacer, tiene poder, tiene elocuencia. Recién ahí Dios puede decirle al mundo: ¿Has visto a mi siervo Job? No hay otro como él en la tierra. Por eso te juzgo.
Pero mientras no haya con qué juzgar, la idea está incompleta. No se puede juzgar la lujuria del mundo si hay lujuria en la iglesia. No se puede decir que la política es un sepulcro blanqueado e hipócrita, si existe una política religiosa. No se puede juzgar la miseria si la iglesia, en muchos casos, todavía practica su propia miseria. ¿Quién conoce la ley y el corazón de Dios, el mundo o la iglesia? La responsabilidad de la pobreza en el mundo ¿es de Dios, del ministro de economía o de la iglesia? ¿Adónde está la cueva de ladrones que roban lo que Dios dijo y prometió que iba a dar?
Vamos a ver: IGLESIA, es la palabra ECLESIA, y significa “Grupo de representantes” – “Grupo que representa la constitución del gobierno que lo envía”. El término es político, no tiene nada que ver con la religión. Nabucodonosor tenía una iglesia. Asiria tenía una iglesia; ¡El diablo tiene una iglesia! La iglesia es la cámara de representantes de un rey. Cuando el rey hablaba, la iglesia salía a caballo declarando: ¡El rey habló! Ahora hay un problema: el rey habla, y nosotros…
La otra: cuando ellos decían “El rey habló”, eso se convertía en ley y juzgaba al que no obedecía. La palabra del rey, juzga. Sólo que hay un problema: para ser rey, hay que ser sacerdote primero. Es decir: si no es usted sacerdote para con Dios, su palabra de rey no tiene autoridad.
(1 Corintios 15: 24)= Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, (A eso vino usted: a entregarle el reino al Dios y Padre). Cuando aya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.
Porque preciso es que él reine, (Está reinando) hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.
Aquí nos da una característica de que nuestro empleo es suprimir. La palabra SUPRIMIR significa: Excluir, Renovar, Descartar, Anular efectividad, Desplazar, Prohibir influencia, Controlar. Es decir: tenemos que anular, desplazar, descartar y controlar todo dominio, toda autoridad, toda potencia. Tres dimensiones. Muy parecido a Efesios 6: principados, potestades, gobernadores, huestes de maldad.
Estos afectan las tres áreas del cuerpo. Afectan sus costumbres y su estilo de vida. Los principados le dan tonalidad a una ciudad. También afectan la filosofía, el alma de la ciudad, la educación, el cuerpo y las acciones de los hombres y lo que estos hombres manifiestan en la ciudad.
Recuerde que estos principados le dan tonalidad a las naciones y nuestra lucha no es co0ntra carne y sangre, y que para cambiar las acciones del hombre, hay que cambiar las filosofías que rigen la vida del hombre. Es imposible vencer a un principado sin atacar una filosofía, porque un principado es un poder tras un principio. Usted puede orar todo lo que quiera, pero si no ataca el principio, el principado sigue teniendo un trono. Esto es verdadera guerra espiritual.
Toda ciudad tiene tres dimensiones: es igual al hombre. Tiene espíritu: la dimensión y el ámbito espiritual; la tonalidad religiosa de la ciudad, sus regiones celestes. Una ciudad tiene alma; el asiento de la educación, de las decisiones burocráticas, filosofías. Y también tiene cuerpo: la infraestructura, el estilo hogareño y las acciones de los hombres dentro de esa ciudad.
De manera que para tomar una ciudad, tendríamos que obedecer a nuestro propósito, que es el de: anular todo dominio, principio y potestad en la esfera espiritual de la ciudad, en el alma de la ciudad y en el cuerpo de la ciudad. Le va a ser muy problemático a usted vencer si no ataca al hombre completo.
Regiones celestes, sistemas religiosos, formas de religión que niegan el poder. “- …Es que no sé qué hacer…-“ Sí sabe qué hacer. Ahora; si usted sabe qué es lo que tiene que hacer pero siente que no puede tomar la decisión, usted está controlado.
Tenemos que poseer las puertas de la ciudad y, al mismo tiempo, atacar. Atacar, (¡Por favor! Estamos hablando siempre en términos espirituales) tres generaciones: jóvenes, adultos y niños. Si sólo afectamos un nivel, no sería avivamiento; sólo sería un despertar. Avivamiento es un ataque divino en la sociedad y arrasa con la humanidad, tanto religiosa como secular. Si no podemos impartir el mismo celo en tres generaciones, dentro de poco tendríamos que volver a comenzar. ¿Cómo se supone que vamos a estar en un gran avivamiento de Dios y el mundo ni enterado? ES, apenas, y nada manos, claro, un despertar en la iglesia.
Claro; si somos egoístas y no podemos ver más allá de aquí al fin del siglo veinte, y confiamos que Cristo nos va a sacar en una gran fuga, este mensaje no es para usted. Pero si aceptamos que podemos estar doctrinariamente un poquito equivocados, porque a través de la Palabra hemos visto que tenemos mucho que aprender, entonces lo puede usted incorporar, hacer suyo, enriquecerlo con lo que el Señor le de y seguir difundiéndolo.
Los púlpitos de estos últimos años, tiene que producir mensajes con un eficiente grado de singularidad. Tienen que estar llenos de propósito y dirección. Dicho en palabras claras y comunes: tiene que tener algo que decir.
El mensaje al pueblo de Dios es independiente de la escuelita dominical clásica. Estudiar la Palabra es una bendición, pero dirigir al pueblo es otra cosa.
Todo mensaje tiene que tener objetividad y cada congregación se subdivide en tres clasificaciones de personas: guerreros, adoradores e implementadotes. Cuando viene un mensaje con dirección y objetividad, el guerrero recibe estrategia para la oración intercesora, recibe la revelación y va en contra del enemigo con una palabra RHEMA. Los adoradores reciben la estrategia y adoptan el espíritu militante y adoran así para abrir una brecha celestial. Los implementadotes ya no sugieren, manifiestan. Y toman posesión secular en toda la ciudad.
Se convierten en roles, modelos y ejemplos para que la juventud desee ser igual que ellos. La iglesia debe ser el rol y el modelo de la nación. Yo me pregunto cuántas personas querrán parecerse a mí o querrán parecerse a usted. A veces, ni los hijos. Sin embargo en la Biblia, era eso lo que acontecía: el padre era el modelo para el hijo.
De manera que para lograr todo esto es imperativo entender, – y este es el mensaje de hoy -, quien es el enemigo verdadero de su ciudad. Vamos a ver cual es la raíz contra la que usted realmente está batallando.
(Génesis 1: 26)= Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, señoree en las aves de los cielos, señoree en las bestias, señoree en toda la tierra, y señoree en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Y los bendijo Dios, y les dijo: fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, señoread en las aves de los cielos, y tened señorío en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
Dios nos hace a su semejanza. Elohim. Hagamos al hombre a nuestra (Elohim) semejanza: Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo. En semejanza al Padre usted tiene dominio, señorío, autoridad, poder creativo. En semejanza al Hijo, usted tiene capacidad de sujeción y de sumisión y estar bajo cobertura, no rebelarse; se puede. En semejanza al Espíritu Santo administrador y siervo del reino de Dios. Está usted hecho conforme a la deidad y Dios le ha dado todo lo necesario para cumplir todo lo exigido.
Luego comienza a impartir en las cortes celestiales. Quiere Adán y Eva, varón y varona, un solo espíritu, un solo género y los bendice e imparte en su vida señorío, dominio, poder pionero. Cuando Dios habla, no sugiere; Él habla y su palabra crea. Cuando Él dice “tened dominio”, no le está exigiendo dominio, le acaba de dar dominio. ¡Sojuzgad! Está adentro. Es como tener los ojos azules, Tened poder sojuzgador. Es parte de su naturaleza querer tener dominio y conquistar. Es parte del núcleo del ser humano querer controlar algo, Dios lo puso allí.
Pone al hombre en el huerto, y llama al huerto “El Edén”. Edén significa literalmente “casa de Adama” y dentro de toda la forma teológica que se puede manejar y en una raíz sencilla para el castellano, Adán quiere decir “Ser humano”.
Esto es importante porque si el Edén, que estaba en la tierra, es casa de hombre, entonces es la tierra la casa del hombre y no el cielo. Entonces el Edén se convierte en la maqueta, en el prototipo, la simiente o el ejemplo. Dios no empieza por el principio, empieza por el fin. Dios no experimenta, Él tiene una maqueta ya terminada; ese es el Edén. Y pone al hombre en el Edén, en su casa y le dice: ¡Cuídala! ¡No la dejes arruinar! ¡Guárdala! ¡Protege ese ambiente porque será el lugar de encuentro entre tú y yo! ¡Pero sal de allí y conquista, sojuzga, expande y llena la tierra!
De manera que el Edén no puede ser todo el planeta; no habría nada que sojuzgar si así fuera. Había caos. Alrededor de todo el ejemplo que Dios construye, había caos. Y puso allí e incrustó en su ser un espíritu pionero; le dijo: “Protege el jardín y sal a conquistar, a pisar, a poseer y a llenar la tierra”. Estamos hablando de propósito y no de doctrina, aquí. Esto va más allá del protestante.
Yo no sé cómo se nos pintó a nosotros la historia de un hombrecito y una mujercilla, todos desnudos, con taparrabos y rostro de asombro. Es como que le sacaron una fotografía y, desde esa fotografía, lo miran a usted como diciendo: “¡Yo no sé qué es lo que estamos haciendo aquí, porque me sacas esa foto?” Eso fue lo que aprendimos. Estaba bien cuando éramos niños como cuerpo; pero ya no somos niños en el cuerpo. Dios nos está diciendo: madura, es tiempo de cortar el cordón umbilical y salir a trabajar. Cuando yo nací de nuevo, ese biberón estaba, – como dicen los jóvenes en mi patria -, “re-bueno”. Pero hoy ese biberón no me alcanza, no me sacia el hambre.
No sabemos cuanto tiempo estuvieron reinando Adán y Eva en el huerto, pero sí sabemos que estaban cubiertos de la gloria. Tenían visión, propósito y objetivo. Y estaban equipados para vencer.
Mire; en contra de lo que una gran mayoría de nosotros hemos aprendido casi linealmente, es muy probable que ellos hayan estado allí durante un tiempo considerable antes de su caída. Esto no tiene más interés que lo anecdótico porque no afecta en nada la esencia, pero nos marca una pequeña pauta para tener muy en cuenta a la hora de escudriñar la palabra. Dios, aunque no lo escriba, lo da a entender. Recuerde que, cuando el hombre cae y Dios comienza a decir el resultado de la caída, tanto a Satanás, como al hombre y como a la mujer, en Génesis 3 le dice a la mujer: Multiplicaré en gran manera los dolores de tus preñeces.
Bueno, mire: Dios, siendo tan inteligente, sabe perfectamente que esa maldición no tendría ninguna validez si la mujer nunca hubiera estado preñada antes, porque no habría entendido lo que se dijo. Qué importancia puede tener para mí, hombre, dolores en mis preñeces cuando para mí no existió nunca y no sé lo que es eso porque jamás lo viví… ¡Nadie me lo ha dicho! ¡Nunca he dado a luz! “Pero hermano… a mí me enseñaron…que Adán fue el primero, y que después vinieron Caín y Abel…” No me interesa. Mire el verso 20 de Génesis 3: Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes. Y Caín no había nacido todavía…
Somos tan religiosos… ¡Uy Señor! ¡Perdónanos por leer el libro como si fuera un libro de historia! ¡Dios no lo escribe todo! Deja siempre algo para que usted lo busque, lo investigue, escudriñe; cuando usted aprende a leer la Biblia así, se la devora toda una noche y ya no quiere dormir!! Encuentra gozo hasta leyendo esas interminables genealogías de la gente.
Esto, de todos modos, y se lo repito, no es importante. Lo menciono sólo para que abra los ojos cuando lea. No me interesa si tuvieron mil hijos o vivieron mil años. Lo importante es que fracasan, caen bajo maldición. Pero no pierden su anhelo. Pierden el derecho de, pero no el deseo de; ahora no tienen el permiso legal para conquistar pero no pierden el deseo de conquistar porque lo llevan por dentro. Este es el principio del humanismo.
El hombre pierde el derecho de legislar, pierde la autoridad, pero todo lo que es, sigue siendo. Es un conquistador, es un pionero, es un controlador, es Señor. Perdió el título de la propiedad, no las ganas de tenerla. Es como si usted se compra un automóvil cero kilómetro, nuevo, flamante, y un día su hijo adolescente se lo saca de la cochera, del garaje, sale y se lo cambia a su vecino, mano a mano, por un par de patines… Entonces el Padre dice: “Adán, ¿Y el dominio?” – Ah…lo cambié… – “¿Cómo que lo cambiaste?” – Sí…mira…te traigo una manzanita…- Ahhhhh…
Ahora Dios tiene un plan majestuoso, y tiene que buscar una réplica de aquel auto perdido, para volver a comprar el título de propiedad. Por medio de la desobediencia, el hombre le quita a Dios el poder de reinar sobre su vida. Ahora Dios tiene que tomar una simiente divina e introducirla en el planeta, para hacer lograr otro cambio legal con Satanás, porque Dios es justo.
Dios dijo: entonces no me cabe otra; tengo que dar mi propia vida por lo que se perdió; porque en la tierra no hay otro. En el Antiguo Testamento sólo había un hijo de Dios: Adán. Para ser hijo de Dios usted tiene que nacer no de voluntad de hombre. Todos los otros no eran hijos de Dios, eran nación de Dios. Pablo dijo: Por ser descendientes de Abraham, no sois hijos de Dios. Tienes que nacer por promesa.
Pero mientras tanto el hombre quiere seguir sojuzgando, quiere seguir dominando, quiere seguir teniendo señorío. Esto da comienzo a la raíz del humanismo y el liberalismo en el planeta; ¡No es nuevo! El hombre en el control de la tierra, sin Dios. Es el trono del Ego. Es el 666. Es el anti-cristo, o lo opuesto al orden de Cristo reinando en el Espíritu, en las decisiones y en las acciones del hombre. Y mientras nosotros seguimos esperando el anti-cristo, ¡él se está tragando viva la tierra!
Y está sentado en el trono, dentro del templo de Dios. Es por eso que hay hombres que quieren controlar a sus mujeres, violar propiedades ajenas. Es por eso que hay hijos que se rebelan contra sus padres. La verdad es que como Dios impartió en el ser humano poder sojuzgador, tarde o temprano va a dominar algo. Es por eso que la sujeción es uno de los principios más difíciles de cumplir en cualquiera de sus facetas. Es por eso que existe el legalismo dentro de las iglesias. Es por eso que hay exclusividad de ministerios. Es por eso que hay guerra de doctrinas. Es por eso que denominaciones nacidas de disputas por defender opiniones personales carecen del poder de Dios. Porque no nacieron para glorificar a Dios, sino para que alguien pudiera decir: ¿Vieron? ¡Yo tenía razón!
Es por eso que hacemos el papel de tontos divididos ante la nación. Es por eso que no podemos definir objetivos y propósitos comunes en la tierra. Hay un templo en cada esquina pero todavía no vencemos. ¡Mientras tanto Satanás destruye la juventud, destruye la sociedad y se traga viva la tierra! Es por eso que el diablo se ríe y dice: “¡Tontos…están tan preocupados y ocupados peleándose entre ellos, que no les queda tiempo para batallar conmigo! Somos juzgadores, pioneros y señores. Nos fueron dadas todas las armas para eso. Pero se nos perdió el propósito. ¡Esas armas no eran para balear al hermano, eran para combatir a Satanás.!
No reconocemos al enemigo. No tenemos objetivos. No sabemos contra quien estamos batallando. Como tarde o temprano vamos a controlar, mientras averiguo con quien pelear, déjame pelear con el hijo. O déjame controlar la iglesia. Y si no estoy en la iglesia, déjame ir a robarle el televisor al vecino. Yo tengo que conquistar algo, HOY. La iglesia debe ser un cuartel general donde vamos a recibir estrategias para el ejército de Dios.
No se trata de ofender nuestro confundido corazón. Esto no es controversia. Tampoco es una filiación religiosa, ni una persuasión doctrinal. Estamos hablando de Dios, su propósito, y un enemigo común. Es tiempo de volver al origen de nuestra existencia. Somos testigos de su resurrección, y reina hoy a través suyo. Su reinado se extiende hasta donde usted lo extiende. Somos sus manos, sus pies, su voz, sus ojos, somos su embajada. La imagen de Dios en la tierra es su cuerpo. Y la opinión de Dios ante las naciones, es su testimonio. Y si al mundo no le gusta la iglesia es porque usted no le agrada al mundo como testimonio.