Hablar del pecado, es indudablemente, hablar de un tema muy amplio. Limitar al pecado a tres o cuatro expresiones de las más groseras, es precisamente hacerle el juego al enemigo: minimizar el resto del pecado. De allí que cuando se hable de pecado, deberá hacérselo con cierta precisión, cuestión por cuestión y factor por factor. Eso es lo que en este estudio (Y quizás algunos otros) iremos desarrollando.
EL MATERIALISMO Y LA AVARICIA
(Mateo 7: 20-23)= Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.
Con la palabra materialismo, aquí, nos referimos a su uso más corriente en el medio cristiano, a saber: una desmedida preocupación por los bienes materiales, su adquisición y posesión, suponiendo que su patrimonio conforma lo más esencial de la vida, en detrimento de lo espiritual.
También atenta contra un sentido cristiano de la justicia social. Conceptos afines se expresan con las palabras avaricia y codicia la actitud materialista, avara o codiciosa es condenada enérgicamente por la Palabra de Dios.
El hombre se vuelve materialista por creer tres mentiras básicas: 1)= Que cada persona es dueña de lo que posee. 2)= Que la vida del hombre consiste en la abundancia de los bienes que posee. 3)= Que el hombre puede disponer a su gusto de lo que posee, sea esto adquirido por herencia, trabajo, capacidad, viveza, engaño, etc.
Estas mentiras son del diablo, el padre de las mentiras, y han envuelto a los hombres en la carrera de la codicia y la avaricia. El hombre está adormecido, no tiene conciencia en cuanto a estos pecados, por haber creído estas mentiras.
La avaricia es hija del egoísmo. Es idolatría según lo expresa Pablo a la iglesia de Colosas; es amor al dinero y raíz de todos los males: mentiras, coimas, sobornos, injusticias, robos, pleitos, enemistades, según el consejo de Pablo a Timoteo en su primera carta.
La codicia, mientras, es el deseo desordenado de poseer cosas y riquezas con el fin de satisfacer las exigencias egoístas de la vida, según se nos señala en Mateo 13; dice Pablo en Efesios 5, que los avaros no pueden heredar el reino de Dios. La publicidad y la propaganda comercial apelan a menudo y explotan la codicia del corazón del hombre, de acuerdo con 1 Juan capítulo 2.
Resumiendo, podemos decir específicamente que, la avaricia: 1) Impide al hombre usar tranquilamente, con libertad, con gozo, los bienes que posee. 2) Lo hace insensible y duro para con sus semejantes. 3) Lo hace esclavo del dinero. 4) Lo hace caer en la idolatría. 5) Lo atormenta con deseos insaciables de aumentar sus riquezas, impulsándolo a apoderarse injustamente de lo ajeno. 6) Lo hace susceptible a los sobornos en la administración de la justicia. 7) Lo lleva a traicionar a los suyos y oprimir a los débiles. 8) Lo lleva a escatimar o retrasar la paga de los jornales.
En las listas de pecados que se hallan en el Nuevo Testamento, primero aparecen los del sexo y en segundo lugar la avaricia. Pablo, reitero, la pone en el mismo nivel que la idolatría.
Por todo esto, Dios prueba a los avaros. Se pueden citar como ejemplo bíblico, los casos de Acán (Josué 7); Nabal (1 Samuel 25); Giezi, (2 Reyes 5); Judas, (Juan 12) y Ananías y Safira, (Hechos 5).
La palabra de Dios nos orienta, respondiendo con claridad a las tres mentiras básicas del diablo.
(Lucas 14: 33)= Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. (Jesucristo es dueño y Señor de todo lo que tenemos).
(Lucas 12: 15)= Y les dijo: mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
(Hechos 20: 35)= En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: más bienaventurado es dar que recibir.
Resumiendo la enseñanza bíblica, podemos decir que la voluntad de Dios es: que trabajemos y prosperemos honradamente, no para acumular para nosotros, sino para tener lo necesario y para tener con qué ayudar a los necesitados, no anteponiendo nunca nuestros intereses a los del reino de Dios.
EL ENOJO Y LA IRA
(Efesios 4: 31)= Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
El enojo es una emoción violenta e carácter penoso, generalmente caracterizada en la Biblia como un gran pecado, aunque algunas veces es ocasionada espontáneamente con justo motivo: (Efesios 4: 26)= Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo.
En este caso, el apóstol Pablo advierte sobre el peligro de pasarse fácilmente a lo injusto y pecaminoso. Hoy, aquí, nos vamos a referir al aspecto pecaminoso. El enojo es una obra de la carne, un impulso o hábito procedente de la vieja manera de vivir del cual debemos despojarnos.
El enojo es dañino y pernicioso, porque engendra: contiendas, ofensas, griteríos, blasfemias, pleitos, divisiones, enemistades, homicidios; es pecado que atenta contra el amor del prójimo y Cristo lo denuncia como muy grave y digno de juicio.
Hay cuatro pasos básicos para liberarse del enojo: 1) Despojarnos del viejo hombre con sus hechos, y revestirnos del nuevo. 3) Hacer morir, por el Espíritu, las obras de la carne. 3) Cada vez que incurrimos en este pecado, debemos confesarlo, sin dejar pasar el tiempo. 4) Debemos reconciliarnos con las personas afectadas y con Dios; de otro modo nuestra comunión queda estorbada.
La actitud que le corresponde al cristiano ante esta alternativa es no olvidar que el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. El Espíritu Santo opera en nosotros, transformando nuestro carácter para ser semejantes a Cristo. Él nos hace pacientes, amables, benignos, gentiles. Frente a injusticias debemos reaccionar con amor.
EL VOCABULARIO PERVERSO
(Lucas 6: 43-45)= No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.
El habla es una facultad distintiva del ser humano, (Los animales no hablan). Es la expresión de nuestro espíritu. Con ella expresamos nuestras reacciones, sentimientos, ideas, deseos, pensamientos, etc.
Aún más, el modo y el tono con que hablamos normalmente reflejan nuestro estado de ánimo, el estado de nuestro ser interior. Y digo NORMALMENTE, porque algunas veces solemos hablar fingidamente.
Ya que el hablar es nuestra expresión más esencial, la mayoría de los pecados los cometemos con la boca. Y muchos otros son acompañados por alguna explosión verbal.
El decaimiento moral y espiritual de la presente generación se hace muy evidente por la forma corriente de hablar. El vocabulario utilizado hoy en día, tanto por hombres como por mujeres, ya sea adultos, niños o ancianos, es un síntoma inconfundible del deterioro de las buenas costumbres y de la pureza de espíritu.
Al mismo tiempo, es un testimonio elocuente de lo que impera en el interior de los hombres, la insolencia, la irreverencia, la agresividad, el pesimismo, la derrota, la liviandad, la ironía, la vanidad, la vacuidad, la morbosidad, etc.
Consideremos ahora algunos de los pecados más comunes que cometemos con la boca, de los cuales debemos arrepentirnos, desechándolos definitivamente de nuestro vocabulario.
1)= Blasfemias, insultos, malas palabras, groserías, ya sea contra Dios, contra nuestro prójimo o simplemente proferirlas sin dirigirlas a alguien en particular, incluso, a veces hasta a modo de saludo. Pablo dice, en 1 Corintios 5:11, que el maldiciente debe ser cortado de la comunión de la iglesia.
2)= Conversaciones, cuentos y chistes obscenos, palabras deshonestas; …Ni aún se nombre entre vosotros, como conviene a santos… dice la Palabra.
3)= Ofensas, expresiones hirientes, palabras ásperas, griteríos, etc. La Biblia dice que: …Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto.
(4)= Burlas, escarnios, sarcasmos; pocos son los que tienen conocimiento de que la burla debe ser desechada del pueblo de Dios. La burla es dañina, no fluye del Espíritu Santo, sino que es obra de la carne, pues no brota del amor para con la persona de la cual me estoy riendo.
Al hacerlo, el Espíritu se apaga en nosotros, dañamos a la persona afectada y cunde la liviandad y la poca seriedad en el medio ambiente. Alguien dijo: “Ríete de ti mismo, ríete CON otros, pero nunca te rías DE otros”.
5)= Chismes, murmuraciones, detracciones, calumnias. Chisme: Es habladuría, cuento o noticia, ya sea cierta o falsa, con que se intenta enemistar a unos con otros.
Murmuración: Es conversar en perjuicio de alguien en su ausencia.
Detracción: Es una conversación denigrante que resta el honor o el buen nombre de otra persona. Es desacreditar, deteriorar su imagen.
Calumnia: Es acusación falsa y maliciosa hecha con propósito de causar daño.
Estos cuatro términos, aunque son similares, no son idénticos; todos proceden del mismo espíritu que es hacer daño al prójimo, ya sea que estemos conscientes o no de ello. Es pecado que atenta contra la vida de otros. Somos responsables delante de Dios no sólo de no cometerlo, sino también de no escucharlo.
6)= Quejas, rezongos, protestas, lamentaciones. La queja es una de las más dominantes notas del vocabulario humano. Cualquier razón, valedera o no, es ocasión para quejarnos: cuando algo nos sale mal, ante algún revés, ante las dificultades cotidianas, ante la falta de los que nos rodean, ante nuestras limitaciones, ante los sufrimientos de la vida, o simplemente por el mal estado del tiempo, el gobierno, la recesión, la desocupación, la corrupción, etc.
La queja refleja derrota interior ante las situaciones que se nos presentan en la vida. Lejos de solucionar nuestros problemas, los agigante hundiéndonos en el mal humor, la depresión y el desánimo; apaga el Espíritu en nosotros y nos hace perder el gozo y la fe. Dios nos afirma, en Romanos 8:28, que: …A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Por lo tanto, debemos siempre dar gracias a Dios por todo.
7)= Tonterías, necedades, estupideces, liviandades. (Mateo 12:35)= Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.
Si de la abundancia del corazón habla la boca, tener un nuevo corazón significa tener también un nuevo vocabulario. (Lucas 6:45)= El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno. Al convertirnos a Cristo no sólo cambia el contenido y tema de nuestras conversaciones, sino el modo de conversar, el espíritu de nuestras conversaciones, su intención, su acento, su tono, etc.
1)= Todo lo que digamos, debe ser para edificación: (Efesios 4:29)= Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. – El contenido, el tono y el espíritu con que hablamos debe edificar al que nos oye, cualquiera que sea el tema sobre el cual estamos hablando.
2)= Toda conversación debe ser hecha en el nombre del Señor Jesús: (Colosenses 3:17)= Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo en el nombre del señor Jesús, dando gracias a Dios padre por medio de él. – Nombre, significa la revelación de su ser, de su persona, de su naturaleza. Todo lo que decimos debe revelar la naturaleza y el carácter de Jesús. De hecho, toda palabra que pronunciamos, o es en la carne o en el espíritu. Si es en la carne revela mi carácter y persona, y si es en el espíritu revela el carácter y la persona de Jesús. Toda vez que abro la boca para hablar, Cristo debe ser revelado; su amor, su paz, su pureza, su paciencia, su justicia, su propósito, etc.
3)= Todo lo que digamos, debe ser con gracia: (Colosenses 4:6)= Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis como responder a cada uno. – Un poco de sal hace apetecible y aceptable una comida sosa. Una palabra dicha con gracia es mejor recibida por los demás. La clave para tener gracia es la humildad. Dios da gracia a los humildes.
4)= LA nota dominante de nuestras conversaciones ha de ser siempre la fe:Ante toda circunstancia, aún en las más dolorosas, esa nota de fe siempre debe estar presente. No una expresión religiosa y superficial; no apariencia, sino esencia; una convicción profunda en nuestro espíritu. El tono de nuestras palabras revela si estamos por encima o por debajo de las circunstancias; revela si hay victoria o derrota en nuestro interior.
Nuestra boca se perfecciona como instrumento de Dios; enseñando, exhortando, animando, orando sin cesar, cantando alabanzas, salmos y cánticos espirituales, dando siempre gracias por todo, predicando en todo tiempo, comunicando el evangelio, proclamando la verdad, hablando nuevas lenguas.
(Salmo 19: 14)= Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía y redentor mío.
LA FALSEDAD Y LA MENTIRA
La mentira es otro pecado de los más generalizados en nuestra sociedad, hasta tal punto que la conciencia de muchos cristianos se ha insensibilizado y debilitado con respecto a este pecado. Hay muchos que creen que “no se puede vivir sin mentir”. La mentira es cobardía para no enfrentar la realidad.
El hombre se justifica al mentir; considera que las mentiras son “piadosas” o “por necesidad” para evitar problemas mayores. Son justificaciones ilusorias y sin fundamento, pues la falsedad y la mentira son inmorales y contrarias a la conducta que Dios requiere de los hombres.
La mentira es una manifestación contraria a la verdad, cuya esencia es el engaño y cuya gravedad se mide según el egoísmo o la maldad que encierre. Está prohibida por el decálogo divino y uno de los efectos de la conversión al cristianismo es el dejar de mentir.
La mentira directa, como la de Ananías y Safira, no es la única forma de mentir. En ocasiones se trata de una media verdad, como cuando Abraham dijo de su esposa a Abimelec, “Sara es mi hermana”. El propósito siempre es engañar. Puede ser también una respuesta evasiva, como la que Caín dio a Dios; un silencio, como el de Judas cuando el Señor lo acusó indirectamente en la última cena, o toda una vida engañosa.
(1 Juan 1: 6)= Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad.
(Apocalipsis 21: 8)= Los mentirosos irán al lago de fuego.
Hipócrita, es el que pretende o finge ser lo que no es. Es una transcripción del vocablo griego HYPOKRITEIS, que significa “actor” o “protagonista” en el teatro griego. Los actores solían ponerse diferentes máscaras conforme al papel que desempeñaban. De ahí que Hipócrita llegara a designar a la persona que oculta la realidad tras una máscara de apariencias.
Lo cierto es que Dios prohíbe y condena la mentira y la falsedad. Su Palabra lo clarifica en muchos sectores, donde dice: No debemos engañar, mentir, ni jurar falsamente; Dios destruirá al mentiroso; Dios aborrece la mentira; pesas y medidas falsas son abominación al Señor.
Las mentiras corrompen al hombre; la mentira manifiesta la relación filial entre el hombre y Satanás; el engaño es parte integral de la profunda degradación del hombre; debemos desechar la mentira; el engaño hace la vida infeliz, pero Dios promete bendición y días buenos a los veraces; Dios condena la hipocresía; los mentirosos no entrarán al cielo, sino que irán al infierno.
Cristo es nuestro ejemplo de veracidad: no hubo engaño en su boca; vino al mundo para dar testimonio a la verdad, estamos “en el verdadero”.
Cristo el Señor nos ordena ser absolutamente veraces; vuestro sí sea sí y vuestro no sea no. Está preparando para sí una iglesia sin mancha y sin arruga, y como discípulos suyos y parte de su cuerpo, debemos ser absolutamente veraces, francos, sinceros, honestos, honrados; aún cuando tengamos que sufrir por hacer su voluntad.
El pueblo de Dios aborrece la mentira, ore para ser guardado de la mentira y rechace a los que la practican.
La mentira cauteriza, (Anestesia), la conciencia del mentiroso; se vuelve insensible al poder de la verdad. La verdad no lo penetra para transformarlos. La mentira envicia con mucha facilidad, ya que una mentira conduce a otras.
La falsedad y el engaño son muy dañinos a la relación entre los discípulos de Cristo. Fomenta la desconfianza, el recelo, la incredulidad, la sospecha. Destruye el ambiente de fe, de amor, de comprensión; estimula el chisme. El Señor nos ordena desechar la mentira en todas sus formas: falso testimonio, engaño, hipocresía, fingimiento, exageración, calumnia, deshonestidad, incumplimiento injustificado, fraude, falsificación en todas las áreas de nuestra vida; hogar, trabajo, etc.
La sociedad asentada sobre la mentira y el engaño está destinada a desmoronarse. Es necesario edificar una estructura moral de veracidad en todos los órdenes y escalas de la vida civil: en los gobernantes y los gobernados, en los padres y en los hijos, en los patrones y en los empleados, en los maestros y en los alumnos, en los comerciantes, en los profesionales y en los clientes.
¿Cómo liberarse y corregirse? 1)= ARREPENTIRSE. Cambiar de actitud, la mentalidad con respecto a la mentira y la falsedad. Rechazar y desechar la mentira; desterrarla de la vida. Determinar obedecer a Dios en todo y vivir siempre en la verdad. Disciplinarse hasta cultivar una nueva actitud basada en la veracidad. 2)= CONFESAR EL PECADO. Toda mentira es pecado y debe ser debidamente confesada, aclarando la verdad a Dios y a la persona engañada. Cuando la mentira constituye un vicio arraigado en la manera de vivir, debe ser confesado a un hermano maduro y responsable, buscando una amplia reorientación. 3)= RESPONSABILIDADES. Como este pecado afecta las relaciones entre los hermanos, somos responsables los unos por los otros para corregir, amonestar, enseñar, etc.