Un respetado hombre de Dios relata, en uno de sus libros, una anécdota que tiene mucho que ver con nuestro tema central en este estudio. Este hombre, cuenta que un día acompañaba a un médico en sus visitas a los pacientes que tenía internados en el hospital, y le llamó profundamente la atención las dos preguntas que, de manera repetitiva y casi automática, el facultativo les formulaba a cada uno de los enfermos.
La primera, a cuya respuesta casi no le prestaba la menor atención, era: ¿Cómo está? ¿Cómo se siente hoy? La segunda, a la que sí dedicaba todo su interés, era: ¿Cómo está su lengua? ¿Puede mostrármela, por favor?
De la larga explicación científica que su amigo le brindó, nuestro hombre sacó en claro que, efectivamente, del estado de la lengua de una persona, pueden detectarse un sinfín de problemas, pueden sacarse muchas conclusiones importantes y, en suma, todo lo necesario para elaborar excelentes diagnósticos. No se olvide que la base de un buen trabajo médico, siempre parte de un diagnóstico preciso.
Cuando se despidió de su amigo médico, él dice que se quedó reflexionando bastante entre esa simple experiencia y la vida de un creyente. Es más que obvio que si yo me encuentro un día con usted y le pregunto como está, salvo que tengamos mucha amistad y confianza, seguramente me va a contestar que muy bien, gracias a Dios, bendecido o bendecida, que es como generalmente y como si fuera un cliché, respondemos a un saludo todos los cristianos.
Por allí no es así la realidad, lo que vendría a demostrar, de paso, que en aras de las formalidades, a veces no vacilamos en mentir casi sin ponernos colorados, antes de ser transparentes. Le tenemos más respeto al chusmerío (chismes) que a cumplir con nuestra vida de creyentes.
Ahora: ¿Qué sucedería si yo le agregara, a esa pregunta, la otra del médico? ¿Puedes mostrarme tu lengua? ¿Y que es lo que se supone que, sin mentir en nada, me podría usted contestar? ¿Son para la gloria de Dios los frutos de su lengua? ¿Sí? ¡Aleluya! ¿No lo son? Acompáñeme, entonces, en este trabajo, a repasar, evaluar y responder a la pregunta clave: ¿Cómo está su lengua? ¿Cómo es el timón de su barco?
(Mateo 12: 33)= O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol. (¿Hará falta que le aclare que nosotros somos los árboles y nuestros hechos los frutos?)
(34) ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.
Esto no es una novedad. Es mucha la gente, (Y esto incluye tanto a creyentes “rasos” como a líderes), que tiene la particularidad de hablar cosas correctas, sanas, loables y dignas de aplauso, y luego hacer con su vida y sus hechos un verdadero compendio de barbaridades que, naturalmente, no tienen nada que ver con lo que estaban mostrando con su dialéctica.
Es más; en la inmensa mayoría de las congregaciones babilónicas que todavía se encuentran de pie, la palabra que se predica desde sus púlpitos, suele ser la correcta, muy bíblica y fuera de cualquier cuestionamiento.
Y eso es, precisamente, lo que confunde a mucha gente no demasiado madura. Claro; lo cierto es que después, en la vía de los hechos concretos, todo el mundo se da cuenta que ni por asomo se hace lo que se dice, sino, incluso, todo lo contrario.
Pero hay un mito muy difícil de erradicar: nadie supervisa las voces que se oyen desde los púlpitos ni comprueba si es palabra encarnada o no. El fantasma culposo de la irreverencia, la falta de sujeción o la intocabilidad del liderazgo no lo permite.
(35) El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.
¿Recuerda usted aquella anécdota del mal vecino que, todas las noches, de puro conflictivo y peleador, le arrojaba su basura por encima del tapial a su vecino, y como este todas las mañanas, le devolvía esa agresión, dejándole una pequeña bolsa con frutas y verduras frescas?
¿Recuerda que un día, el mal vecino no soportó más y le preguntó por qué hacía esa tontería, en lugar de enojarse y ponerse a pelearlo, que era precisamente lo que él buscaba? ¿Tiene memoria para recordar qué fue lo que el buen hombre le respondió? Le dijo: ¡Oh, no! ¡No se preocupe! ¡Cada uno da de lo que le sobra!
(36) Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.
De esto vamos a hablar más adelante, pero le pido que no lo olvide y lo tenga muy en cuenta. Vamos a dar cuentas en el día del juicio, de todas las tonterías que digamos ahora, cuando no sabemos qué hacer y elegimos distraernos hablando cualquier cosa de otros.
(37) Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.
Salta la vista que Jesús, con sus palabras, establece una conexión directa entre la boca y el corazón, empleando tal como a Él le gustaba, un lenguaje parabólico. La palabra justificado, en este último verso, es la palabra dikaioo, que significa: absolver, declarar justo, demostrar ser justo o recto. Jesús, se refiere al día del juicio como el día de condenación o justificación, según las respuestas de nuestros corazones al Espíritu.
Jesús, aquí, se refiere al corazón, que es el alma en hebreo, como el árbol y a las palabras que salen de la boca como el fruto. Y la clase de palabras que salgan de su boca indicarán la condición de su corazón.
Fíjese que él dice, por ejemplo: el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca buenas palabras; y el hombre malo, del mal tesoro saca palabras malas. No sé si ha notado que Jesús usa la palabra Bueno Buena, tres veces, y usa la palabra Malo o Mala, también tres veces.
Él quiere decir abiertamente que, si el corazón, es decir: el alma, que son los sentimientos, las emociones, la voluntad, son buenos, entonces de esa boca saldrán palabras que son buenas. Pero si ese corazón, esa alma, es mala, entonces de esa boca saldrán palabras que son malas.
Que no significa necesariamente una catarata de insultos permanente, de eso que llamamos: “malas palabras”, porque palabras malas, a veces, tiene que ver incluso, con el pesimismo, la depresión o las declaraciones derrotistas, además de la burla, la injuria, la calumnia o la murmuración. En el texto que va usted a leer ahora, Jesús se expresa en un lenguaje similar, observe:
(Mateo 7: 17)= Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo, da frutos malos.
(18) No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar buenos frutos.
Es notorio que el principio básico radica aquí en que la naturaleza del árbol inevitablemente determina la clase de fruto. No se olvide que cuando Dios comienza algo, siempre lo hace a partir de una semilla, ordenando que esa semilla produzca fruto según su especie.
Ahora bien; esto también tiene relevancia si se invierte. Es decir que cuando observamos y paladeamos un fruto y nos resulta bueno, tendremos todas las garantías que el árbol de donde provino, también tiene que ser bueno. Repito el concepto porque es clave que no se le olvide. Ni para usted ni para que usted conozca a la gente.
El árbol es el corazón y el fruto es la boca. Si el corazón es bueno, las palabras que salgan de esa boca, serán buenas. Pero si las palabras que salen de la boca son malas, sabemos inmediatamente que ese corazón es malo.
Usted no puede obtener frutos malos de un árbol bueno; no puede esperar cosechar ricas frutillas de una planta de espinos. Hay una conexión absoluta que no puede escaparse, evitarse ni escabullirse por ninguna parte, entre el estado del corazón y el estado de la boca.
¿Puede usted mostrar una lengua limpia en este día? Porque podemos llegar a engañarnos a nosotros mismos respecto al estado de nuestros corazones. Podemos tener cualquier clase de ideas acerca de nuestra bondad, pureza o justicia, pero el indicador más seguro, infalible se podría decir, es lo que sale de nuestra boca.
Si lo que sale de nuestra boca fuere corrupto, entonces nuestro corazón estará corrompido. No puede haber otra conclusión. Usted puede llegar a decirle al mismísimo Dios que es un buen creyente. Él se limitaría a decirle: A ver, muéstrame tu lengua…Muéstrame el timón de tu barco…
(Salmo 45: 1)= Rebosa mi corazón palabra buena; dirijo al rey mi canto; mi lengua es pluma al escribiente muy ligero.
(2) Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en sus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre.
Aquí hay un cuadro de Cristo, del Mesías, en su gracia, en su hermosura y su pureza moral. ¿Cuál es el primer aspecto de esa belleza que se manifiesta? Sus labios. La gracia, dice, se derramó en tus labios. Entonces dice: Por tanto, Dios te ha bendecido para siempre.
Aquí se dan dos importantes principios. Primero, la gracia del Mesías se manifiesta, principalmente, en sus labios. Segundo: Dios le ha bendecido para siempre debido a la gracia de sus labios. Cuando Jesús apareció en forma humana y algunos hombres fueron enviados a arrestarle, regresaron sin Él y se les preguntó: ¿Por qué no le habéis traído? La respuesta de ellos fue concreta y contundente: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! La gracia que se derramaba de sus labios le señalaba como el Mesías.
(Cantares 4: 3)= Tus labios como hilo de grana, y tu habla hermosa; tus mejillas, como cachos de granada detrás de tu velo.
En este texto hay un cuadro profético de Cristo y su esposa, la iglesia, y la relación entre ambos. Y fíjese que el primer aspecto mencionado acerca de la esposa son sus labios. Tus labios como hilos de grana, y tu habla hermosa.
La palabra GRANA, aquí, indica santificación mediante la sangre de Jesús. Los labios han sido tocados por la sangre. Como resultado, su habla es hermosa. Note que el rostro se halla oculto detrás de un velo. No obstante, la voz se oye a través del velo. La voz es lo que más se manifiesta. Más adelante, dice:
(Verso 11)= Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche hay debajo de tu lengua; y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano.
Fíjese que las dos palabras más distintivas usadas acerca de la lengua de la esposa, son “miel” y “leche”. No es casual. Son las mismas palabras que distinguen a la tierra prometida. Es decir que, la hermosura de la tierra prometida, ¿Adonde se ve? En la esposa.
En la esposa y, especialmente, en su lengua y en sus labios. Hay una especie de fragancia asociada con estos labios hermosos que penetra el velo. Repito: la forma clara de la esposa no se ve detrás del velo, pero su voz y su fragancia penetran el velo debido a la hermosura de sus labios. Sus labios son como hilos de grana y su habla hermosa. Ahora hágase usted la pregunta: ¿Es cierto, esto, en mi caso?
(Santiago 1: 26)= Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.
He oído en más de una ocasión, a líderes y predicadores muy prestigiosos, brindar datos estadísticos con respecto a la cantidad de creyentes existentes en cada lugar. Mi ciudad, Rosario, por ejemplo, de acuerdo con los informes que realiza cada congregación, andaría por los ciento cincuenta mil.
Parecen muchos, ¿Verdad? Sin embargo, es apenas algo así como el diez por ciento. Pero así y todo, esos datos hablan de la suma de personas que van a iglesias cristianas evangélicas. Puede ser indiscutible ese dato, pero: ¿Quién me asegura que todos los que van a un templo son creyentes? ¿Quién me asegura, asimismo, que algunos de los que no están yendo a un templo en este tiempo, no lo son? Imágenes. Solamente imágenes.
No importa cuan religioso pretendamos ser. Podemos asistir a una congregación, cantar muchos himnos y hacer todas esas cosas que se espera de la gente religiosa. En sí mismas, quizás todas estas cosas puedan ser buenas. Puede que no esté mal que hagamos todas estas cosas.
Pero, si no mantenemos controlada nuestra lengua, nuestra religión es inútil e inaceptable a Dios. Quiera Dios que todas las personas religiosas enfrenten esta cuestión. Por otra parte, Santiago habla acerca d la clase de religión que Dios acepta. Como ya se dijo, esta es diferente de la práctica de la mayoría de los que van a la iglesia hoy.
(Verso 27)= LA religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.
Comencemos señalando que RELIGION es una palabra muy utilizada que significa algo así como “Ligarse a Dios” o “Esfuerzo que el hombre hace para ligarse a Dios”. Espiritualmente, todos sabemos que no es esa la salida, pero no podemos ignorar que, mayoritariamente, es lo que se hace y, oficialmente, por lo que se nos conoce y se nos identifica: religiosos.
Rescatamos lo bueno: el primer requisito positivo de la religión es, en todo caso, no ir a la iglesia, ni siquiera la lectura de la Biblia. Es buscar a los que están en necesidad y mostrarles amor de una manera práctica, principalmente y como modelo, a los huérfanos y las viudas.
Primero, tendremos que tener muy en cuenta todos aquellos que de una u otra manera a los ojos del mundo somos medianamente religiosos, que nos tomemos tiempo para mirarnos en el espejo de la palabra de Dios que encontramos en Santiago 1:26-27.
Si no podemos ejercer dominio sobre nuestra lengua, nuestra supuesta religión es vana. Si deseamos tener una religión que en su esencia sea aceptada por Dios, lo primero que habrá que hacer, es demostrarlo.
Algo así como dejar en claro que no se trata de gestos o palabras, sino de hechos prácticos y concretos. Recuerde a aquel médico: “¿Cómo estás hoy? ¿Puedes mostrarme tu lengua?” Santiago utiliza varias figuras para ilustrar la función de la lengua en nuestras vidas.
(Santiago 3: 2)= Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.
Varón perfecto. ¡Qué difícil parece! ¿No es así? No lo es tanto, fíjese, es una cuestión de interpretación gramatical. La palabra PERFECTO, es la palabra TELEIOS. Proviene de TELOS, que quiere decir FIN.
TELEIOS, entonces, se refiere a aquello que ha alcanzado su fin, es decir, a lo terminado, completo, perfecto. Ahora bien: cuando esto se aplica a personas, el significado es: integridad e incluye la idea de totalidad. Ahora, cuando particularmente se lo aplica a creyentes, la palabra denota MADUREZ, nunca una cosa sin errores, como nos enseñaron.
Este verso, específicamente, lo que dice es que, si usted puede controlar su lengua, indefectiblemente, puede controlar su vida. Es decir que es un varón perfecto, un varón maduro, sólo si puede controlar, ejercer dominio sobre su lengua. De allí en más, Santiago prosigue con el resto de este pasaje, para dar algunas ilustraciones del mundo natural.
(Verso 3)= He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.
(4) Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.
(5) Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡Cuan grande bosque enciende un pequeño fuego!
(6) Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad, la lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.
(7) Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; (8) pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.
Hay que aclarar aquí que el caballo, en la Biblia, es generalmente un símbolo de fortaleza física. Santiago dice que no importa cuanta fuerza tenga un caballo. Si se logra controlar su boca con el hierro, eso puede controlar a todo el animal, tenga la fuerza que tenga.
Así como toda la tremenda fortaleza de un caballo es traída a sujeción por el control de su boca, así también sucede con nosotros; lo que controla nuestra boca, controla todo el curso de nuestra vida.
El otro ejemplo, mientras tanto, es mucho más vívido. Él compara a la lengua con el timón de un barco. Un barco puede ser una gran estructura, pero también puede ser llevado de un lado para el otro por las poderosas fuerzas de los vientos y las olas.
No obstante, en ese barco, hay solamente una pieza decisiva, aunque pequeña: el timón. Puede usted tener la calidad, el volumen y la modernización que quiera en su barco. Puede ser a vela por los vientos o tener una fuerza nuclear como propulsora, pero es el uso del timón lo que va a determinar, definitivamente, el curso que habrá de tomar el barco.
Si se usa el timón de una manera adecuada, el buque llegará seguro a su destino, a su puerto. Ahora, si no se usa como es debido, (Y la Biblia es un manual donde cualquier aspirante a timonel podrá aprender su utilización correcta), el barco estará predispuesto a naufragar, a hundirse.
Allí es donde santiago dirá que es exactamente así en nuestras vidas. Que nosotros somos como ese barco y que el timón, es nuestra lengua. Nuestras lenguas, en suma, son las que controlan el curso de nuestras vidas.
Si el timón de la lengua se usa adecuadamente, llegaremos seguros al destino que nos habíamos trazado y propuesto. Pero si nuestras lenguas no se usan como deben usarse, entonces lo más probable es que nos vayamos a pique.
El tercer ejemplo, en cambio, se va a la otra punta de la imaginación. Es el ejemplo que nos está hablando de una pequeña chispa que, sin embargo, es la responsable de poder iniciar un gran incendio forestal.
Cada año, en cientos de lugares, de los cuales mi país forma parte bastante importante, lamentablemente y principalmente en las zonas boscosas de nuestro sur, los incendios forestales llegan a ser noticias de portadas por su magnitud, y ocasionan, obviamente, tremendas pérdidas, tanto en lo material y económico como en lo ecológico.
Ahora bien; el punto es que todos estos incendios, tal como lo cuenta Santiago, se han desatado a partir del descuido o la imprevisión de una pequeña chispa a la que en su momento, nadie le habrá prestado atención.
Es bastante habitual que en muchos de esos bosques, se puedan observar letreros muy visibles que generalmente dicen: “únicamente usted puede evitar los incendios forestales”, acompañados naturalmente de los clásicos que alertan sobre la conveniencia de no fumar y de no hacer fuego bajo ningún concepto.
Muy bien; así también, de esta misma manera, es en el ámbito espiritual. La lengua vendría a ser esa pequeña chispa capaz de desencadenar impresionantes y devastadores incendios de costoso precio.
No son pocos los grupos sociales, entre los cuales lamentablemente deberemos incluir a muchas iglesias en lo institucional, que se han visto deshechas en menos de una semana, por causa de la pequeña chispa desatada por alguna lengua que terminó, finalmente, por quemar todo lo que se había construido en muchos años.
Y el último ejemplo habla de un veneno mortal. El principio, en todos los casos, es el mismo: un pequeño elemento, mínimo, imperceptible, sin valor alguno en lo individual, casi invisible al ojo humano, que termina por producir verdaderos estragos cuando se lo utiliza mal o en forma mal intencionada, que es lo más usual.
¿Y como puede utilizarse mal? Le podría dar diez ejemplos, casi, de memoria. Le servirían y no me caben dudas que estaría usted en un todo de acuerdo conmigo, pero es mucho mejor ver que tiene la Biblia misma para decir al respecto.
(Santiago 3: 9)= Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.
Usted sabe que esto, más allá de lo que aquí dice Santiago y que nadie puede negar que es absolutamente real y cierto, a mí particularmente siempre me llamó poderosamente la atención. En las congregaciones que he conocido, (Y ya sea por militancia o por visita, he conocido varias), siempre me encontré con gente que desde el púlpito o sobre la plataforma habla de un modo muy especial, correcto, santo y modulado.
Pro es la misma gente que luego, en el mano a mano, y mucho más si hay algún pequeño problema, cambiará radicalmente su vocabulario y lo transforma en algo tan ordinario y a veces procáz como podríamos encontrar en un estadio de fútbol o algún tugurio de baja categoría. ¿Cómo puede ser? El propio Santiago ya no sabía como explicarlo.
(10) De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
(11) ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?
Este texto siempre me ha impactado. Le cierra la boca a todos aquellos innovadores de lo dudoso, que quieren hacernos creer que cuidar el vocabulario no es propio del sexo masculino y que sólo forma parte de una moralina religiosa que desea convertirnos en mariposas volátiles de dudosa catadura sexual. No nos equivoquemos, por favor. Una cosa es vender una postura, caer en la hipocresía de las figuraciones moralistas, pero otra muy diferente es desobedecer a la Palabra.
(12) Hermanos míos, ¿Puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.
Quiero que preste atención que, en el fondo, lo que Santiago está diciendo, es lo mismo que dijo Jesús en otro tenor. Es decir que se trata de diferentes modelos de expresión para un mismo principio: el árbol se conoce por sus frutos.
Si el árbol es bueno, el fruto será bueno. Si usted tiene una higuera en su corazón, sacará higos de su boca. Pero si tiene una vid en su corazón, jamás sacará higos de su boca. Lo que sale de su boca, en definitiva, nos está diciendo con total claridad lo que hay en su corazón.
He oído a siervos muy reconocidos de Dios, de pulido y excelente léxico público, hablar en privado con una dureza y aspereza que desentonan totalmente con lo otro. La pregunta será: ¿Cómo está su corazón? Simple: como lo evidencia su lengua.
Hermano, no se trata de hablar un vocabulario especial, religioso, un idioma de Reina Valera en el templo, y otro, muy diferente y ordinario, fuera de la iglesia. No se trata de cuidarse para que no escuche el pastor o los hermanos. VA mucho más allá de eso.
Va al fondo de la cuestión. Un fondo que, fíjese, el mundo secular conoce muy bien. Es habitual que en el ambiente de la radio, se aconseje no utilizar términos groseros para hablar en la calle porque, aseguran, y es muy cierto, se correrá el riesgo de que algunos de ellos se filtren luego al micrófono. Eso, claro está, donde todavía se mantienen ciertas formas que, en la radiofonía actual, con tantos programas transgresores, por ejemplo, ha quedado totalmente fuera de tiempo.
¿Sabe usted cual es el fondo de la cuestión de la que le hablaba? El fondo de la cuestión es definir que es lo que hay en su corazón y, para saberlo, será suficiente con prestarle atención a su boca. Si su idioma es correcto, (Y no le estoy diciendo que hable como una señorita del siglo dieciocho), su corazón estará recto delante de Dios. Ahora; si usa esas palabras del hampa, su corazón estará comandado por un hampón, ¿Me ha entendido