Estudios » Crecimiento

El Tiempo de la Definición

Hace ya muchos años que distintos hombres de Dios itinerantes, (Casi nunca predicadores locales, fijos y estables), vienen hablando de la reforma de la iglesia. Cuando personalmente oí por primera vez esa palabra, algo dentro de mí me dijo que provenía del Señor.

Que no era otra idea, opinión u ocurrencia humana tendente a modificar cosas según los intereses de algún sector o de algunos hombres determinados. Y creo que cuando se habla en estos términos, se debe aplicar la misma deducción que normalmente utilizan los investigadores de un año delictivo: ¿A quien perjudica? ¿A quien beneficia?

Si una palabra sale indemne de estas dos preguntas, habrá que prestarle atención porque, al menos, no apunta al beneficio o perjuicio de alguien. De allí a que efectivamente sea de beneficio para el reino de Dios, hay un solo paso.

Puede ser que muchos predicadores de la reforma del tercer milenio persigan rédito personal, pero también habemos muchos otros que enseñamos y predicamos lo mismo sin pensar en absoluto en nuestros prejuicios o conveniencias.

La iglesia, tal cual la conocemos, lleva dos mil años de presencia. Ha sido erigida y consolidada sobre los fundamentos de liderazgos fieles y consagrados, conjuntamente con otros a los que, como sucedería con cualquier otra actividad, habrá que derivar a la página del “debe”.

No obstante, en dos mil años y por la misericordia y bendición de Dios, creció y pudo desarrollarse aceptablemente. Lo que no pudo hacer, y nada en lo natural presagia que pueda hacerlo en lo inmediato, es cumplir con el propósito de Dios.

¡Pero hermano! ¡Todos los días hay gente que acepta a Cristo y se salva! Sin dudas, pero olvídalo; ese es el deseo de Dios, no el propósito. El propósito de Dios es que la obra sea terminada y que el reino le sea definitivamente entregado.

Pero eso no está sucediendo todavía. Un leve y rápido repaso a la sociedad del siglo veintiuno te mostrará que todavía hay más áreas en manos del reino satánico que en el de Dios. El por qué de eso es, precisamente, lo que vamos a tratar de dilucidar desde la palabra.

Seguramente que con esa palabra podrá haber molestos, fastidiados, contrariados, heridos, conmovidos y hasta muy enojados, pero me gozaré en Cristo de no ser el causante de todo eso a partir de una opinión humana y personal, sino en trasladar a la práctica y a la realidad lo que la Biblia dice que deberíamos hacer e hicimos; y lo que debíamos ser y no fuimos.

Leí hace ya mucho tiempo, creo que allá por los años 1993 o 1994, en una revista cristiana de USA, (Obviamente escrita en español), una nota que en ese momento me pareció terrible, escrito por lo que en ese momento supuse debía ser: o bien algún ateo infame opositor a las cosas de Dios, o bien por algún ex creyente resentido porque no le dejaban tocar la guitarra en la plataforma.

Porque todas las cosas que decían allí, aquí no sucedían en absoluto. Muy por el contrario, en esos días, (Todos aquí aún lo recordamos casi con nostalgia), había un ministerio de alto voltaje que, más allá de sus detracciones y adhesiones, no podemos negar que sacudió las fibras más íntimas y sensibles de la iglesia y posibilitó un despertamiento y una renovación de corte carismático muy superior a todas las experimentadas con anterioridad.

En ese marco ambiente aquí en Argentina, uno de los artículos de esa revista, decía algo más o menos así: “Habrá algo en esta vida que sea más difícil que mantenerse despierto en una iglesia estadounidense un domingo por la mañana?

Sí lo hay. ¿Sabes que es? Tratar de salirse del sistema eclesiástico estadounidense. Porque aquel cristiano que, cansado de la más absoluta de las nadas, se atreve a dar este paso tan radical, se enfrenta inmediatamente con muchas incertidumbres, que resultan de la privación de las seguridades sociales que oferta el sistema de iglesia americano.

Lo primero que habrá de preguntarse, de espiritual, no tiene nada. ¿Y ahora? ¿Quién va a enterrarme si me muero? Hay un prolijo y muy aceitado sistema de sepelios no sólo organizado, sino también administrado y ministrado por las jerarquías eclesiásticas.

Algo así como: ¿Cómo haré para adquirir un predio en ese cementerio tan especial si no tengo un pastor que me firme la solicitud como aval, acreditándome como miembro de Tal o Cual congregación?

O sino la otra: ¿Quién va a casar a mi hija? En función de que, para celebrar una boda ante Dios, los dos o al menos uno de los dos, tendrá que estar acreditado como miembro estable y “en comunión” con su pastor y la congregación”.

Si prestaste atención, te habrás dado cuenta que lo que significa esta nota, es que el sistema estadounidense de iglesia, es más que la religión civil; es la religión social. Hay varios sectores, aquí en la Argentina, que trabajan de la misma manera.

Provee formas tan seguras en lo comunitario que llega a atar a sus miembros el uno al otro, tanto sus comunidades como sus pasados. Estos “beneficios”, normalmente, no son conscientemente notados hasta que deciden irse.

Por eso, el creyente que se alimenta espiritualmente con la comida, con el rancho, de una iglesia desarreglada, con lo cual él es embrollado, no necesariamente está espiritualmente alto. Si algunos de ellos supieran que hay una, al menos una alternativa posible, se zambullirían en lo desconocido sin dudarlo.

Eso es, precisamente, lo que lo convierte en peligroso. Porque de este modo es como muchos han caído, por ignorancia, pero también por necesidad interior, en sectas o grupos equívocos que los han terminado llevando a un estado peor del que llegaron.

Un predicador con mucho sentido del humor dijo, alguna vez, que las autoridades nacionales del ministerio de Salud están advirtiendo, muy seriamente a la población creyente que, si siguen escuchando por compromiso social o dudosa sujeción institucional o denominacional, sermones y mensajes aburridos, van a terminar por morirse de hambre espiritual.

No serás ni el primero ni el último que, gradualmente, comiences a llevar libros de lectura al templo para que te ayuden a pasar la hora y media que normalmente dura el mensaje, sobreviviendo al tedio y al aburrimiento, mientras otros más osados le han incorporado a los libros irrespetuosos, la máxima herejía de algún cartón de pororó.

Dramático. Sé que esto puede llegar a causarte gracia y tal vez alguna sonrisa, pero quiero que lo veas desde el ángulo en que hay que verlo: es dramático. Puede parecer gracioso, y lo sería, si no estuviera en juego nada menos que tu destino de eternidad.

Otros han encontrado otras maneras de sobrevivir. Concurren puntualmente a un culto de sus iglesias oficiales, (Domingo por la mañana, por ejemplo, donde lo hay), en tanto que por la noche se disparan a lugares donde suponen que habrá verdadera palabra o, en su defecto, donde suele recibirse a visitantes que traen un mensaje diferente.

Otros, cumplen de la mejor manera con sus congregaciones, pero tratan de alimentarse con ciertos espacios de las emisoras de radio llamadas “cristianas”, o de algunos ministerios televisivos, o de libros, o de audio, o de videos que se intercambian casi a la manera de un mercado negro cristiano.

Esto es un engaño. Principalmente, un disloque de alfolíes. Tú sabes que el Alfolí es el granero, el lugar donde tú guardas el alimento, esa alacena en la que hay mercadería para sobrevivir varios días. Allí es, dice Malaquías, donde deberán ir tus diezmos.

Ahora bien: ¿Qué ocurre cuando no hay alimento? No se está cumpliendo con la Palabra. Porque ese verso tiene un mandamiento para la oveja que dice: …traed todos los diezmos al alfolí…y una segunda parte para los encargados de atender a esas ovejas, los líderes, que señala: …Y haya alimento en mi casa.

Es decir que, si tú no cumples tu parte, estás en desobediencia, pero si tu líder no cumple con la suya, también lo está y entonces ese Alfolí, deja de ser tu alfolí, ¿Entiendes? Sin embargo, casi por tradición, la mayor parte de los cristianos diezman en la congregación donde se reúnen semanalmente.

Así vemos que, por falsa enseñanza, siguen sustentadas y en pie iglesias muertas y vacías, mientras que ministerios ungidos, plenos y rebosantes alfolíes, andan en necesidad y escasez. Dios revela en este tiempo ese cumplimiento fiel conforme a su voluntad y no de acuerdo con las apetencias humanas.

Ahora bien: cuando alguien, – Y no estoy hablando de rebeldes o conflictivos -, decide no pertenecer más a una iglesia denominacional organizada, muchos significativos miembros de la familia, amigos y conocidos, le van a preguntar inmediatamente, desafiantes y hasta con ánimo de ridiculizarle, quién se cree que es.

Estoy seguro que la mayoría de quienes hacen esas preguntas, lo hacen lejos del predicado amor y con rostro de elaborar un juicio basado en dudosas tradiciones. Y mucho más, dudosas sujeciones, aún, sobre la “incomprensible” trayectoria que esa persona ha elegido.

Aunque sepan perfectamente que lo que defienden, no tenga sustento bíblico y mucho menos espiritual, porque es mera organización y activismo humano, quien se atreva a salirse del sistema pasa a ser, casi inexorablemente, alguien que roza la categoría de blasfemo.

Y todo por adherir a los principios apostólicos del Libro de los Hechos de propender a una iglesia abierta. ¿Qué es una iglesia abierta? Una que se deja guiar por el Espíritu Santo, que no se ve esclavizada por reglas, sistemas, esquemas y órdenes de culto que no hacen más que asfixiar el poder de Dios a la hora de ser manifestado para testimonio a todas las naciones.

Hay una escritura que ha dejado el apóstol Pablo. Una escritura que ha estado allí todo este tiempo, pero que nadie parecería haber leído, o que si lo leyeron, deben haber entendido otra cosa o, lo que sería mucho más grave: lo han dejado de lado, han pensado que eso no sirve hoy y que su sabiduría humana tiene mucho más lógica y razón que lo escrito en la Biblia. Acompáñame con atención:

(1 Corintios 14: 18)= Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros. (Punto primero: Pablo hablaba en lenguas. Que se lea y entienda en todos los templos ortodoxos y tradicionales del mundo.

Punto segundo: le da gracias a Dios por hablar en lenguas. Está muy lejos de sentir orgullo de eso y de creerse superior a los que no hablan lenguas. Pablo.) …pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.

Pablo dice “prefiero”. Esto significa que él puede decidir cuando hablar en lenguas y cuando no. Y es total y correctamente bíblico, escritural que así sea. No existe tal cosa como: “¡De pronto me vinieron las lenguas y no pude evitarlo!”.

Escucha: las lenguas son un don del Espíritu Santo, y si tú has leído aunque más no sea un pequeño trozo de escritura, sabrás que uno de los frutos de ese mismo Espíritu Santo, es el Dominio Propio, ¿Verdad?

Entiende: Dios jamás invade al hombre en nada. Si el hombre decide irse al infierno Dios no va a impedírselo. Él entra en ti cuando se lo permites. Te dio una voluntad y te la va a respetar aunque te equivoques feo. Lo que tú permites, Dios lo hace. Lo que tú no permites, Dios no lo hace.

(20) Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, (¿No había dicho Jesús que los que fueran como niños entrarían en el reino? ¿Es que Pablo estará diciendo lo contrario? En absoluto. Muchos eruditos, ciegos espirituales de nacimiento, lo han entendido así e, incluso, así lo han enseñado, de alguna manera, cuestionando al apóstol.

Otros, han tomado estas cosas y las han convertido en procederes lindantes con lo insólito y hasta con lo ridículo. Sin embargo, el texto es claro. Dice que no debemos ser como niños, pero en el modo de pensar.

Esto significa ser: sinceros, puros, sanos, transparentes, sin hipocresías, maduros. No puede haber lugar a tergiversaciones, él mismo lo aclara en el final del verso) …sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.

(21) En la ley está escrito: en otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aún así me oirán, dice el Señor. (Pablo cita aquí lo escrito por el profeta Isaías en 28:11 de su libro, donde dice: …Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo.)

¡Como les gustaría a muchos, que en lugar de “este pueblo”, aquí dijera “en aquellos tiempos de los apóstoles”, ¿Verdad? Pero no lo dice. Dice que hablará en esas lenguas y no coloca un límite ni u marco de tiempo.

Entonces, no es ni descabellado, ni mucho menos meramente místico, ni doctrinal, ni sectorial, ni mucho menos denominacional, ni fundamentalista creer que eso incluye el hoy. Ni lo dudes, es total y absolutamente bíblico. Aunque, claro, eso no significa avalar exageraciones carnales o, peor aún, satánicas.)

(22) Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes. (Basta de parloteo innecesario. Basta de marginaciones antibíblicas) …sino a los incrédulos, (¡No hables en lenguas delante de los inconversos! ¡Los vas a asustar y se van a ir de la iglesia sin aceptar a Cristo!

¿De qué Biblia habremos sacado esto? Hay emisoras de radio cristianas que le permiten predicar a cualquiera que aparezca, pero con la condición de que no oren en lenguas, porque dicen que pueden “ofenderse” los no creyentes o los ortodoxos que escuchan.

Yo me pregunto con total sinceridad: ¿Quién les habrá escrito ese libreto religioso? Porque los hombres y mujeres que escribieron la Biblia inspirados por el Espíritu santo, seguro que no fueron.) …Pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes. (Es como si anduviéramos de contramano también con esto, ¿No crees?)

(23) Si, pues, toda la iglesia (Leíste bien; dice TODA)…se reúne en un solo lugar (También aquí has visto bien; dice EN UN SOLO LUGAR) …y todos hablan en lenguas (No me equivoqué. Otra vez escribí TODOS) …y entran indoctos o incrédulos, ¿No dirán que estáis locos?

(¡Un momento! ¿Cómo es la historia? ¿No dice anteriormente que las lenguas son por señal a los incrédulos? ¡Pero aquí dice que van a creer que estás loco! ¿Es que habrá una contradicción? Ni lo sueñes.

Porque no está hablando de los incrédulos del mundo, hermano. Está hablando de los incrédulos de las lenguas que hay dentro de la iglesia. ¿Qué de donde saqué esto? Muy sencillo. ¿A quien le manda Pablo esta carta, al Emperador, al publicano? No. A LA IGLESIA de Corinto se la manda.

¿De que incrédulos se le puede hablar a una iglesia? De los que asisten a ella. ¿Uh? ¿Cómo dijo? Eso que has leído. ¿O me puedes asegurar bajo juramento que no hay incrédulos en tu congregación?) +++

(24) Pero si todos profetizan, (Diga “todos”) y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; (¿Has visto esto alguna vez, en alguna parte?) (25) lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente (Diga “verdaderamente”) Dios esta entre vosotros.

(26) ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, (Diga “cada uno”) tiene doctrina (Puede volver a decir “cada uno”) tiene lengua (Otra vez: “cada uno”) tiene revelación (“Cada uno”) tiene interpretación (“Cada uno”) hágase todo para edificación.

Ría, en pocas palabras, una iglesia abierta al estilo neotestamentario, aunque muy pero muy alejada de lo que hoy es una iglesia clásica. La realidad es que muy pocas, por no decir ninguna, de cualquiera de nuestras iglesias denominacionales, permitirían, sobre una base regular del orden de culto, que todos alternativamente pudieran dirigir un cántico de alabanza, de adoración, o que pudieran dar una enseñanza corta, o compartir un conocimiento inédito, o una revelación dada por el Señor durante la semana.

Sé que estás pensando que se produciría un barullo, un desorden monumental, porque todos agarrarían el púlpito por su cuenta y no se irían de allí hasta que no los echaran. Es probable que así fuera, al menos hasta que cada uno entienda que todas estas cosas, todos estos protagonismos, son para la edificación del cuerpo y no para el lucimiento personal. Algo que hoy ni siquiera tienen muy claro muchos líderes o designados sustitutos que ocupan las plataformas de las congregaciones.

Realmente, en el marco de un pueblo creyente, fiel, honesto, limpio, transparente y humilde, además de ungido por el Espíritu Santo de Dios, todas las cosas deberían hacerse de una manera ordenada.

Pero por causa de nuestros artificiales arreglos y pre-arreglos del orden de culto, hemos quitado de nuestras reuniones toda la santa espontaneidad y, a veces, hasta la libertad genuina para un mover del Espíritu Santo como Él quiere y no como a nosotros nos parece.

El culto abierto, da las riendas de la reunión al Espíritu Santo, para mover y usar a todo su pueblo en las reuniones, de la manera en que Él quiere. Por el contrario, cuando el culto es manejado por un hombre previamente designado, nos exponemos a dos resultados visibles:

1)= Si ese hombre ha llegado al templo muy fortalecido, verdaderamente ungido y absolutamente entregado a la voluntad de Dios, ese culto será glorioso, memorable, pleno en manifestaciones sobrenaturales impredecibles e inexplicables.

2)= Si ese hombre llega con un tremendo “bajón” personal, aunque con total fidelidad desee cumplir con sus obligaciones eclesiásticas, el culto será algo chato, previsible, frío, hueco y lleno de manipulaciones emocionales o intelectuales buscadas, a veces, inconscientemente para reemplazar de alguna manera la falta de presencia de Dios.

¿Será Dios glorificado en estas condiciones? ¿Cómo son los cultos a los que tú asistes hoy, donde quiera que sea? Mira lo que dice la Biblia y saca tus propias conclusiones. No como una crítica, por el amor de Dios, que eso no sirve para nada y puede ser pecado grueso, sino como alerta y punto de partida para una decisión de cambio, de reforma. +++

(27) Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno, (Diga: “por turno”) y uno interprete. (Las lenguas deben ser interpretadas para la edificación del cuerpo).

(28) Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo, (No hace falta gritar, hermanito) y para Dios. (Es decir: para el Señor, no para que oigan y sepan que tienes lenguas el pastor y los hermanos. Con este versículo, en muchas denominaciones se ha frenado la oración en lenguas. Porque dicen: ¡Si no hay quien interprete, calle en la iglesia, hermano! Es cierto, pero si no se permite orar en lenguas porque se supone que no hay quien interprete, ¿Cómo podemos saber si no vino alguien que sí interpreta? ¿Quieres que yo te diga cual es la verdad? No lo creen…)

(29) Asimismo los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. (¿Has visto alguna vez esto en tu congregación? Primero: ¿Existen congregaciones donde haya por lo menos dos o tres profetas reconocidos? Segundo: ¿Hay iglesias con la madurez suficiente como para juzgar una palabra profética? Yo sé que para muchos, esta palabra es casi incomprensible. Prefieren refugiarse en que sólo se trata de historia judía. Es como si hubiera sido escrito por otro Dios que el que adoramos cada domingo, y e una Biblia diferente a la nuestra. Hay un problema: es el mismo Dios y la misma Biblia. Que no la entendamos y que no la practiquemos, no significa que no esté escrito allí.)

(30) Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero.

¡Ah, no, hermano! ¡Eso es imposible! ¿Se imagina usted el desorden que habría? Si, me lo imagino. Pero sólo me queda una duda: ¿Cómo podremos predicar la obediencia a la Palabra como reaseguro de victoria, si nosotros mismos decidimos que hay palabra que no se puede obedecer?

¿Alguien ha visto en algún lugar, que este verso 30, se haya puesto por obra? ¿Tanto cuesta ver y entender que, digamos lo que digamos, argumentemos en lo natural lo que argumentemos, y aún con sobrados motivos reales y verdaderos, esto sigue llamándose desobediencia?

Esto no sólo es grave, es clave para la vida de la iglesia del Señor. ¿Qué predicador podría admitir que debe detener su mensaje y darle lugar a alguien que estaba sentado, escuchándolo, para que traiga otra palabra que la que hay en su bosquejo? Pero no se termina aquí, mira como sigue…

(31) Porque todos podéis profetizar (Diga: “todos”) uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados.

Hermano…Por favor…Seamos sensatos… ¿Usted cree, realmente, que esto sería posible? Mira hermano, no lo sé. Lo que si sé es que si la Biblia dice que esto es así, yo tengo que creer que es así, y que además funciona.

Ahora, si tú me preguntas si en la realidad esto es factible, tengo que reconocerte que no, que sería un problema bastante serio, porque todo el mundo andaría hablando y el espíritu de confusión se haría un verdadero festival.

Me pregunto por qué. ¡Usted lo sabe, hermano! ¡Hay muchísima gente inmadura en la iglesia! Es verdad. Lo sé y lo puedo comprobar permanentemente. Pero entones, si Efesios 4:11 dice que los cinco ministerios han sido dados para perfeccionar a los santos, (Y perfeccionar significa madurar), tendremos que llegar a la conclusión que, en esto, tanto apóstoles, como profetas, evangelistas, pastores y maestros, no hemos cumplido nuestra tarea como Dios quiere.

O nos levantó el señor y nunca le obedecimos lo que nos mandaba hacer, o bien no nos levantó el Señor y, aunque lo hicimos lo mejor que pudimos, jamás hicimos la voluntad de Dios sino la nuestra. ¡Que lindo problema!, ¿Verdad?

Yo me pregunto como podrían profetizar o predicar todos cuando solamente uno es reconocido como competente y entrenado para enseñar y uno solo, también, es el que está autorizado para hacerlo. Bueno; esto es, precisamente, lo que nos lleva al último punto: el ministerio abierto.

Si importante es el regreso a la senda antigua de una iglesia abierta, como la del Libro de los Hechos, mucho más lo será agregarle a eso un ministerio abierto, fruto de una reforma y un cambio sustancial al que Dios está potenciando en la iglesia del siglo veintiuno. +++

Fíjate que la reforma protestante nos dio la Biblia, mientras que la doctrina del sacerdocio de cada creyente, (Vosotros sois un pueblo de reyes y sacerdotes) precisamente respaldaba a ese pueblo. El problema fue que la gente recibió la doctrina del sacerdocio, pero nunca recibió a esa doctrina hecha realidad.

Los sacerdotes Católicos Romanos, en muchos casos, se reemplazaron con los pastores o sacerdotes protestantes, pero esencialmente con los mismos oficios, deberes, derechos y obligaciones. Es decir que, se volvió a la Biblia, pero al sacerdocio no se volvió nunca, ¿Entiendes?

El ministerio abierto reconoce el privilegio inherente e igual derecho de cada miembro del cuerpo de Cristo para participar en el ministerio; pero en la práctica, no simplemente en la doctrina. Y que esto no se tome como algo frontal en contra de alguien, cosa a la que lamentablemente estamos tan acostumbrados.

La iglesia debe volver a su origen puro, glorioso, sin mancha y sin arruga. Y alguien debe decirlo. Y todos aquellos siervos fieles realmente levantados por el Señor al ministerio, saben que es así y lo desean de todo corazón.

Pero es una verdad inapelable que en ninguna parte del Nuevo Testamento se pueda encontrar a hombres que prediquen tres veces a la semana ante un grupo mayor o menor de espectadores a quienes nunca se les permite decir nada más que algún pequeño “amén” de vez en cuando.

En ninguna parte de las Escrituras, tampoco, encontraremos una iglesia que tenga un “pastor” sobre ella. La iglesia del Nuevo Testamento era regida por un consejo de ancianos, (No por edad, sino por sabiduría divina), iguales en autoridad y mutuamente sometidos el uno al otro.

Si algo tiene que cambiar, tendrá que ser según Dios y no según nos guste o nos parezca o nos convenga a los hombres, por fieles, sinceros, honestos y bien intencionados que podamos ser. A ningún anciano de aquellos en particular, nadie superior, se vio monopolizando las reuniones cristianas semana tras semana y año tras año.

Los ancianos estaban para alentar a la iglesia hacia el ministerio abierto, compartiendo para que, como dice la palabra en Efesios 4:16: De parte de él todo el cuerpo, bien concertado y entrelazado por la cohesión que aportan todas las coyunturas, recibe su crecimiento de acuerdo con la actividad proporcionada a cada uno de los miembros, para ir edificándose en amor. +++

Tengo muy en claro que esta no es una enseñanza típica o clásica. Se aparta tanto de la corriente, de lo acostumbrado, que puede sonar hasta irrespetuosa, falta de sujeción, irreverente o hereje, si exageramos un poco.

Pero hay un punto que es clave: es bíblica. Y no tiene deformaciones humanas, grupales o denominacionales. Y estoy seguro que son muchos a los que el Espíritu les está diciendo en este momento que sí, que es verdadera, que no tiene ninguna cosa “rara” detrás. Estos, seguramente, se sentirán identificados.

Pero también están los otros, los que en lugar de embestir en contra de un sistema religioso de años y años, que lo único que ha logrado es postergar la obra y el propósito de Dios, prefieren insertarse en él.

Ya sea porque creen que es así, (Al menos, esto sería honesto), o porque ocupan cargos importantes rentados que no quieren perder o, sencillamente, porque se benefician económicamente del propio sistema.

Esos son, seguramente y en este momento, los que se sienten molestos, enojados y, si pudieran, harían silenciar esa voz. De hecho, donde pudieron, lo hicieron. Igualmente, los bendigo y pido por misericordia de Dios para con ellos.

Dios es más grande que cualquier religión. Dios es más grande que cualquier credo. Dios es más grande que cualquier denominación. Dios es más grande que cualquier líder. Dios es más grande que la propia iglesia. Dios es más grande que la mismísima Biblia. En suma: Dios es más grande que cualquiera de los que se cree el más grande…

Creo fervientemente que, así como los antiguos reformadores proclamaron “Sola Scriptura”, nosotros también debemos proclamar un regreso a los modelos y reuniones del Nuevo Testamento. También creo que el vino nuevo, que es la revelación de Dios para el tiempo presente, está siendo preparado para ser vertido fuera del campamento del sistema religioso tradicional, y que únicamente los nuevos odres, que son el modelo y orden del Nuevo Testamento, pueden contenerlo.

Algo tenemos que saber de antemano: cuando todos aquellos que reciben la voz de Dios obedezcan y rompan definitivamente con esos sistemas religiosos tradicionales, huecos ,vacíos y meramente ritualistas, tendrán reacciones de los demás muy especiales.

Algunos pensarán y hasta se lo dirán, que han caído, que se han vuelto al mundo incrédulo y pecador. Otros les dirán que están en pecado, sólo porque se salieron de un templo. Porque no se van de la iglesia, como vulgarmente se dice, se van de una congregación, de un templo, de una denominación, quizás.

Otros, incluso, comentarán abiertamente que han dejado de ser cristianos confiables y mucho menos para los más nuevos. ¡Como si ser miembro de una congregación y ser confiable fueran sinónimos!

Es un precio que hay que pagar si alguien decide jugarse por el Señor. Aunque te paren por la calle y te exhorten, diciéndote: ¿Por qué no te dejas de embromar y te haces miembro de alguna buena iglesia de las tantas que hay en la ciudad? ¿No ves que así se facilitarían todas las cosas y tendrías una cobertura?

Son los que entienden que tener cobertura es tener a alguien que te firme un papel que te permita ir al cementerio especial, tener una ceremonia de bodas o acceder a un campamento cristiano de vacaciones. Hermano…No es cuestión de facilidades, es cuestión de obediencia, cueste lo que cueste.

Cuando tú caíste a los pies del Señor Jesucristo, sea a la edad que fuera, y sea en las condiciones que fueran, fue una rendición incondicional y total a Él, el Rey de reyes y Señor de señores, el Primero y el último, el Principio y el fin, el Alfa y la Omega, tú Señor y Salvador, pero no a ninguna organización en particular. Y es a Él y en ese sentido donde irá toda tu lealtad y tu obediencia: firme y sin claudicaciones.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

enero 1, 2015 Néstor Martínez