Cientos de miles de predicadores le han dicho a usted a lo largo de toda su vida, que usted es salvo, libre y victorioso por la palabra. Se lo han dicho, se lo siguen diciendo y seguramente van a seguir haciéndolo por una simple razón: es cierto.
Tengo la certeza que entre hoy y mañana, por las diferencias horarias que hay en el mundo, en cientos de miles de templos cristianos se volverá a enseñar y predicar, – tengo en profundidad como superficialmente -, esta misma verdad.
Pero hay un problema. Usted, pese a ser creyente, tiene una vida a vivir en este mundo donde usted ha sido puesto. Y esa vida suya a lo mejor ha tenido dramas, angustias, odios, rencores, rechazos, pecado, suciedad, mugre, indignidad, amargura, resentimiento y hasta cosas mucho más graves.
Entonces hoy, pese a haberse convertido y entregado sinceramente a Cristo, cuando escucha que es salvo y libre por la palabra, sabe que no se le miente, sabe que es así porque así lo dice la Biblia y usted cree lo que dice la Biblia, la realidad le muestra que todavía no experimentó esa hermosa libertad, que no se siente victorioso ni gozoso y que, encima, a veces hasta llega a dudar de que verdaderamente sea salvo.
Lo que le está pasando, querida hermana o hermano, es que usted es un espíritu, al cual se le ha dado un alma y que habita un cuerpo. Dios quiere que las tres áreas funcionen a la perfección, se complementen entre sí y se alineen detrás de su propósito en santidad y sanidad total.
Claro que eso no siempre sucede. Por causas que yo no voy a mencionar porque no es este el ministerio levantado por el Señor para sanidades, (La Palabra habla de dones de sanidades), sino para la enseñanza, a veces, alguna de estas tres áreas se enferma: el cuerpo, el alma o el espíritu. Entonces es, cuando lo cierto y lo obvio, para usted no funciona y todo lo que se le enseña y se le predica le huele a verso y a discurso teórico.
Un espíritu enfermo, tiene totalmente bloqueada la relación con Cristo. El único médico posible, allí, es el Espíritu Santo: otro no sirve.
Cuando al que se enferma es el alma, (Que, le recuerdo, es el sitio donde se alojan los sentimientos, las emociones, la intelectualidad, la voluntad, en suma: la mente), el espectro clínico se abre un poco. Primero y prioritario sigue siendo el poder de Dios a través del Espíritu Santo, pero también muchos siervos útiles hoy día han sido ungidos y levantados para ayudar en este terreno y le pueden acompañar eficientemente a la salida. Cuidado: le hablo de gente que pasó por la cruz y fue ungida por Cristo, no dije facultad, aunque no la censuro ni discuto. Hablo en términos de autoridad suprema.
Finalmente, cuando el que se enferma es el cuerpo, y pese a que la prioridad sigue siendo el maravilloso poder de Dios, siempre habrá que reservar un espacio para la soberanía de nuestro Dios que muy bien puede decidir utilizar a hombres y mujeres capacitados para hacerlo. Él es quien lo decide: para eso es soberano.
Ahora bien: en lo que tiene que ver con sus conflictos internos, problemas que viene de su vieja naturaleza, es decir lo que normalmente llamamos enfermedades del alma, la palabra de Dios está llamada a ser un bálsamo, medicina segura, antibiótico eficiente y recurso sin parangones.
Bueno; aquí es donde nos enfrentamos a otro serio obstáculo: la religión formal, nominal, ritualista y tradicional, (Que no solo es lo oficial, también prolifera entre nosotros), ha venido enseñando (Y nadie puede pensar que no haya sido con total sinceridad), que la palabra es la Biblia. Nosotros ya descubrimos que la Biblia es solamente un pedazo de tecnología que trae en su interior a la verdadera palabra de Dios.
Entonces, el que tiene alguno de estos problemas que le mencioné, supone que con el simple hecho y disciplina de hacer un devocional diario, (Invento religioso este, la Biblia jamás habló de devocionales); que con el simple hecho de leerse un proverbio, un capítulo, un salmo o un pasaje cotidianamente, ya empieza a sanarse. No le funciona, se deprime, se desanima y, a veces, hasta se vuelve al mundo y al pecado porque cree que todo es una mentira armada para mantener vagos. Lo que estos creyentes no entendieron, es el principio espiritual que hay escondido detrás de la palabra PALABRA.
Vamos por partes: la palabra PALABRA, en la Biblia, está escrita 711 veces. Así lo puede comprobar usted en su Reina Valera común o en cualquiera de los modernos modelos para estudio. Eso sí, traducción española. Porque si nos elevamos de una traducción de español a los originales del griego o el hebreo, vamos a ver algunas cosas que no se ven en nuestra traducción. Por ejemplo, que no siempre PALABRA, tiene el mismo vocablo. Si usted pusiera una Biblia y junto a ella un original, podría usted ver que en cada ocasión que la suya dice PALABRA, en el original en algunas dice LOGOS y en otras dice RHEMA.
Un simple estudio de traducción superficial y literal, le va a arrojar un resultado: que tanto LOGOS como RHEMA, quieren decir PALABRA. El problema y la diferencia están en su significado. Logos y Rhema quieren decir lo mismo que significan cosas diametralmente opuestas: el día y la noche.
Ahora vamos al punto que nos interesa, que le interesa. Los cristianos que no han llegado a definir esto con total claridad y seguridad, tienen muchos más impedimentos para sanar sus almas de enfermedades corrientes que los que sí han logrado conocer, entender, ver y aceptar esa diferencia.
Es mi intención, en este estudio, dejarle a usted una enseñanza sobre qué es el LOGOS y qué es la RHEMA, para que le sirva de medicina ya, ahora. Se ha enseñado mucho y bien en esto, pero siempre hay algo más para ver, para revelar; algo que en este caso, no es teología académica, arsenal informativo intelectual, ni teoría quimérica o voluntarista, sino un retazo de vida que sirve para producir vida abundante.
Algunos han enseñado, (Y no está mal), que mientras LOGOS es el contexto general de una escritura, RHEMA es un texto especial, un versículo, una frase o una palabra que un día parece saltarse de la Biblia, pegarle a usted en un ojo y dar justo en el pequeño clavo de la necesidad presente. Otros, más abarcativos, han dicho que LOGOS es la palabra escrita y RHEMA la palabra revelada, lo cual está bastante mejor, pero que a la luz de la experiencia, no parece haber sido suficiente para producir libertad, victoria y vida abundante.
Primero vamos a ver qué es LOGOS. LOGOS es el pensamiento de Dios expresado en palabras. LOGOS es la palabra que se enseña, la que yo mismo le hago llegar aquí en cada estudio, en cada trabajo cuando reproduzco textualmente un versículo. LOGOS, también, es finalmente la parte mayoritaria de una predicación, aunque esté inspirada, guiada y ungida por el Espíritu Santo. Un ejemplo:
(Juan 1: 1)= En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
Aquí, si usted tuviera una Biblia en griego, usted leería: “En el principio era el LOGOS, y el LOGOS era con Dios, y el LOGOS era Dios.” Fíjese que todos sabemos aquí que Verbo equivale a Cristo, por lo que queda claro el principio: Jesús vino a la tierra por el LOGOS de Dios.
Ahora bien: ese LOGOS que usted recibe ahora, esta noche, dentro de un rato, tanto por alguna emisora de radio cristiana como en su congregación, tiene que pasar por un proceso casi obligatorio para que realmente lo bendiga; para que no sea teología hueca (Discurso humano), o simplemente vana palabrería. Ese proceso tiene una unidad emparentada con su fuente, que es la Trinidad, (Padre, Hijo, Espíritu Santo): Tiene que afectar las tres áreas de su estructura.
Lo primero que hará el LOGOS, es tocar su cuerpo físico: va a entrar en usted a través de sus oídos físicos, por sus orejas. Si se detuviera allí, le serviría de muy poco o nada, porque aunque lo que le enseñaran, leyera o le predicaran fuera muy importante, en el momento siguiente de haberlo recibido, ya se le olvidó. Cuidado: no es una ocurrencia ni un invento mío; usted no tiene idea del porcentaje de personas que concurren semanal o diariamente a iglesias a las cuales les sucede esto hoy. LOGOS es el cuerpo.
Lo segundo que puede hacer el LOGOS, una vez que supere (Por su voluntad y su decisión, no por magia), la barrera de su cuerpo físico, es tocar su alma, (Esto es: sus sentimientos, sus emociones, su intelecto, su voluntad), pero no es suficiente. Y aquí, lamentablemente, está la franja que todavía debe ser más amplia dentro del pueblo conjunto. De allí la falta de madurez que se observa y que a nadie se le escapa. Porque si al LOGOS lo deja usted en el alma, lo que cosecha es información, verdades declaradas, teología perfecta, sabiduría irrebatible, emociones diversas y hasta bienestar psíquico temporario. Pero sin poder sobrenatural para llevar fruto. Repute lo aprendido y, aunque sea verdad suprema, no toca, no impacta, no redarguye, no produce ni frío ni calor a nadie. Sigue siendo LOGOS y el LOGOS no produce convicción de pecado, ni fe, ni arrepentimiento ni nada; sólo informa, instruye, hasta educa si usted quiere, pero no convierte.
Lo tercero y fundamental que tiene que hacer el LOGOS, (Y aquí también se necesita sí o sí de su decisión, voluntad y predisposición), es llevar ese LOGOS hasta su espíritu, el centro máximo de su ser interior. ¡Bárbaro! ¿Pero cómo hago para llevarlo hasta allí? Sencillo. Al oír o leer esa palabra, tiene que creerla usted ciegamente, sin analizarla con lógica o filosofía porque no resiste ese examen. Después tiene que hacerla suya, apropiársela, encarnarla, que la palabra y usted sean una misma cosa, y finalmente ponerla por obra. Porque cuando eso sucede, es cuando al LOGOS, usted lo transforma en RHEMA. Y cuando ocurre eso, es cuando al hablar esa misma palabra impacta, conmueve, mueve una poderosa fuerza sobrenatural. Primero, en su propia vida y después en la de cada uno de los que la reciben.
Es decir: RHEMA, es la palabra que usted oyó, que afectó su vida, que puso por obra y que ahora impacta a quien le llega. El LOGOS no impacta a nadie. Por eso es que dos personas, hablando de lo mismo, usando la misma escritura y aún con lo máximo del oficio de predicador o de maestro, cosechan frutos tan distintos: uno aburre y el otro sacude. El que aburre, es un expositor bíblico, sin palabra RHEMA y sin unción (Y dejo al margen a cualquier espíritu de bloqueo mental que pueda adueñarse del receptor): el que sacude tiene un mensaje, una palabra revelada de Dios.
Escuche: no está mal y debe seguir realizándose la actividad clásica de repartir tratados y biblias a los inconversos. Porque todo suma y, en definitiva, Dios es soberano y hace que todas las cosas ayuden a bien. Pero repartir tratados y biblias, no es el resorte, la llave de la evangelización. Porque en muchas casas hay una Biblia. Es más; en muchas casas se lee una Biblia. Pero eso no impide que mucha de esa gente se vaya al infierno con Biblia y todo. Otro ejemplo:
(Romanos 10: 9)= Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo.
Escuche bien: no se trata de que usted tiene que andar por la vida repitiendo como un papagayo “¡Soy salvo! ¡Jesús es el Señor! ¡Soy salvo! ¡Jesús es el Señor!”, sino que tiene que CREERLO, ENCARNARLO Y PONERLO POR OBRA. Ese CONFESARES, allí, es RHEMA.
Porque en suma, salvo es aquel que oyó LOGOS, lo aceptó, lo creyó ciegamente sin especular ni analizar humanamente nada y lo puso inmediatamente por obra. Eso afectó su espíritu y como el que comanda el cuerpo es el espíritu, cuando abre la boca y confiesa, lo que sale, es RHEMA, y la palabra RHEMA impacta, conmueve, (No las emociones, el cuerpo o el intelecto: el espíritu) y por ende, da convicción de pecado, de arrepentimiento, de necesidad de perdón y redención y, como consecuencia, CONVIERTE. Evangelismo explosivo, las cuatro verdades y todo eso, es información. Válida y necesaria, eh? Pero apenas simple información. La base pasa por otro lugar. Lo que hay que averiguar ya si algo no funciona, es si la base está, se da cuenta?
(Lucas 4: 1)= Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, (Note que al desierto de la gran prueba, a Jesús, no lo llevó Satanás empujándolo o tirándole de los cabellos; lo llevó el Espíritu Santo.) y era tentado por el diablo, (Lo mismo que le puede pasar a usted o a mí, hombres de carne y hueso, como él era allí, ya que si bien estamos hablando de Dios mismo, hablamos de Dios hecho hombre…) y no comió nada en aquellos días, (Diga conmigo: Ayuno. El ayuno es una poderosa arma que da acceso al poder de Dios.) pasados los cuales, tuvo hambre. (¿Ah, si? ¡No me diga! ¿Usted se puede hacer una vaga idea de lo que puede ser su estómago después de cuarenta días de ayuno? ¡Que digo cuarenta, con diez días!)
(Verso 3)= Entonces el diablo le dijo: (Note que el diablo trataba de “trabajarle” la mente a Jesús, igual a como trata ahora de hacerlo con usted mismo) …Si eres hijo de Dios, (No se trata que Satanás ponga en duda si Jesús era o no era el hijo de Dios. Lo que él quería era que Jesús lo declarara, ¿Sabe por qué? Porque al no tener el Espíritu Santo, el diablo no tiene revelación.) …Di a esta piedra que se convierta en pan, (Al diablo le preocupaba muy poco que Jesús convirtiera una piedra en pan. Lo que él quería era conseguir su obediencia para sacarlo, por lógica razón, de la obediencia a Dios. ¿Recuerda usted lo que le respondió Jesús? RHEMA.) …No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra (RHEMA) de Dios.
(Verso 5)= Y le llevó el diablo a un alto monte, (Stop. Aquí tampoco se haga usted la idea de un Jesús llevado de los cabellos por el diablo a ese monte en contra de su voluntad. Jesús fue, no porque fuera pusilánime, mojigato, flojo, cobarde o muy “buenón”. Fue simplemente porque aceptó el desafío: porque tenía la convicción que podía. Y pudo.) Y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. (¡Un momento por favor! ¿Usted, que quizás es una persona que ha recorrido buena parte del planeta, conoce alguna montaña, por allí, por alta que sea, desde la cual puedan verse TODOS los reinos de la tierra? – “¡Pero hermano! ¡Es un decir!” No. No es un decir. Es espiritual. No es literal en absoluto, es un símbolo.
¿Y qué reinos le mostró? Fama, poder, dinero, sexo…) Y le dijo el diablo: a ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. (Hay una verdad: el hombre, en la caída, perdió esa autoridad. Pero luego viene una mentira: nadie le entregó esa autoridad a Satanás; él la usurpó. Por lo tanto, no hay que esperar a que él quiera devolverla, hay que correrlo a garrotazos de allí. ¡Eso no le pertenece!) Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. (El diablo busca adoración. Y la encuentra, eso es lo lamentable. ¿Sabe usted la cantidad de gente sincera y buena que directa o indirectamente adora al diablo para tener fama, dinero, poder o sexo a voluntad?
(Verso 8)= Respondiendo Jesús, le dijo: vete de mí, Satanás, porque escrito está: al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás. (Observe esto con atención: ¿Jesús le recitó un texto bíblico o puso en su boca una palabra en la que Él creía y que además ponía por obra diariamente? RHEMA.)
(Verso 9)= Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; (Le mandó un demonio de suicidio, ¿Se da cuenta? Y encima se lo respaldó con un texto bíblico, mire:) Porque escrito está: a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden; y en las manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra.
Si usted lee el salmo 91:11-12, usted va a ver que esa palabra con la que el diablo lo incita a tirarse abajo, es textual. Pero también se va a dar cuenta, porque el Espíritu así se lo va a mostrar, que de ninguna manera ese pasaje es un derecho a terminar con nuestras vidas cuando se nos venga en gana. El diablo habló LOGOS. Repitió como papagayo lo que se sabe de memoria mucho mejor que cualquier cristiano. Él es una PC con un programa que tiene la Biblia completa en todos los idiomas conocidos. Pero jamás podrá discernir los principios espirituales de esa palabra porque él no tiene al Espíritu Santo guiándolo a toda verdad como lo tiene usted o yo. Hay una verdad que usted tiene que conocer y no olvidar jamás: Satanás nunca tuvo ni tendrá revelación y mucho menos, RHEMA. Entonces, ¿Quién se supone que lleva la ventaja allí? Acertó. Usted.
(Verso 12)= Respondiendo Jesús, le dijo: dicho está: no tentarás al Señor tu Dios.
Usted fíjese que Jesús, aparentemente, hace lo mismo que el diablo: acude a la Escritura. En este caso, a Deuteronomio 6:16. pero con una diferencia: el diablo repitió de memoria lo que sabía sin tener demasiada idea de lo que estaba diciendo: LOGOS. Jesús declaró lo que sí conocía, lo que sí creía, lo que sí había encarnado y lo que sí había puesto por obra: RHEMA.
Jesús vivía una vida de santidad, obediencia y fe, por su RHEMA venció al LOGOS de Satanás. ¿Quiere saber algo que impactará su vida Su batalla, hoy, es exactamente la misma.
La misma Biblia, a través de Pablo, deja un principio muy claro que no siempre es bien entendido. A veces es como si nunca lo hubiéramos leído y en otras ocasiones, es como si a pesar de haberlo leído, creyéramos que eso no es para este tiempo o para nosotros: El Evangelio no es vana palabrería, es poder de Dios. – La definición, como decimos en Argentina, “se cae de madura”: a Satanás lo vence el poder de Dios manifestado a través de los hombres. El Evangelio es poder de Dios. Pero no alcanza, – es más -, no funciona, con repetir un versículo detrás del otro como si se tratara de una metralleta bíblica. Si no lo creímos primero, lo pusimos por obra después, no son palabra RHEMA, y si no es RHEMA, no vence, solo instruye, informa. Es LOGOS. La palabra LOGOS hace que nuestra lucha sea con las mismas armas del diablo y allí es donde él prevalece. Ante la RHEMA, se cae irremediablemente; se somete.
Le pregunto: ¿Cuántas religiones, doctrinas, pensamientos filosóficos orientales y hasta engendros de la Nueva Era oye usted que utilizan la Biblia? Cientos, miles. Al margen de los libros humanos y las biblias apócrifas que puedan andar por allí, en el resto de los casos, los textos son lo que son, no hay dudas. Pero es puro LOGOS. Y hay peligro porque no sólo no vence al diablo, sino que en algunos casos, – y usted probablemente lo haya visto -, él se lo usa a su favor. Porque el LOGOS va dirigido a un nivel mental que todos entienden. ¡El mundo conoce y entiende el LOGOS! Lo que el mundo no conoce y, por supuesto, mucho menos entiende, es la RHEMA. ¿Sabe por qué? Porque la palabra RHEMA, para el mundo, es locura. Sólo se puede discernir por el Espíritu Santo. Pero le doy un dato para su gozo: ¡Satanás tampoco entiende RHEMA! ¡Si lo hubiera entendido, jamás hubiera influido para llevar a Jesús a la cruz! ¿Lo ve usted tan tonto a él como para armar él mismo, a sabiendas, el escenario que le produciría la derrota y el certificado vigente de su destrucción total?
RHEMA, en síntesis, es la palabra que produce cambio, renace y reviste en Jesucristo.
En el libro del Apocalipsis, cuando en el capítulo primero muestra la visión del Hijo del Hombre, da un detalle completo. Bien; en ese detalle, en el versículo 16, dice que… De su boca salía una espada aguda de dos filos. Esa es la palabra RHEMA. Porque la RHEMA es creativa. Todo fue hecho por la RHEMA de Dios. ¡¡¡Por eso tiene vida y es eficaz, (ENERGEIA), enérgica, vital, funcional!!!
Esto, creo, que explica la razón por la cual todavía vemos a tantos hermanos sinceros que andan por nuestras iglesias con la derrota y el desánimo pintados en sus rostros. Porque viven repitiendo un LOGOS que ellos esperan sea oído y creído por los inconversos, pero que en el fondo, ni ellos mismos han alcanzado a creerlo del todo. Un LOGOS que no pasó de una emoción fuerte, de un shock inolvidable, de una información altamente interesante o de una guía práctica de actividades eclesiásticas, nadie puede discutir que no sea algo que está escrito en la Biblia pero no conecta con Dios. ¿Sabe usted cuanta gente hay que se ha pasado toda su vida leyendo la Biblia con total dedicación, pero que jamás ha tocado la Palabra de Dios?