Cuando hablamos de pastores, de iglesias y de sociedad, a veces nosotros tenemos conceptos equivocados. No porque estén errados, sino que estos conceptos en alguna forma, son dinámicos; aún no han llegado a su perfección; están en desarrollo.
Dios está agregando nuevos elementos hasta que lleguemos a su propósito pleno. Tenemos que deshacernos de algunas cosas que en el pasado sirvieron, pero que hoy han sido redimensionadas por el Espíritu Santo.
Cuando se habla de ministerio pastoral, hay que entender que nosotros hemos recibido una concepción de ese ministerio que yo llamaría: el pastor sobredimensionado. Es la forma de pastorado que hemos recibido. Gracias a Dios por ello, pero convengamos que se encuentra a un costado de la escritura. De ese modo, un pastor sobredimensionado tiene unas características bien definidas y tiene un techo muy bajo, además de un camino corto. Es decir: un ministerio de pasos muy cortos.
Tenemos fieles y reconocidos hombres de Dios, pero los vemos muy limitados, porque hemos concebido un ministerio pastoral funcional. Hemos creado un ministerio pastoral para determinadas situaciones en lo que hemos dado en llamar, también, los pastores domésticos, muy parecido a aquellos pastores rurales que nos vendían las películas y series americanas románticas del estilo, por ejemplo, de “La Familia Ingalls”.
Así que, cuando se habla de ministerios, yo me quedo con el rótulo que le da un hombre de Dios que oí alguna vez: “El Ministerio Pentagonal”. Se viene diciendo e insistiendo en que no hay pastores en el sentido estricto de la palabra. Químicamente, no hay pastores puros. Dios nos ha dado cinco ministerios pastorales. Que Dios ha puesto cinco ministerios para edificar la iglesia; cinco ministerios para conducir la iglesia, pero hemos sobredimensionado uno: El Pastor.
¿Y por qué lo hemos sobredimensionado? Sencillamente porque, con la muerte de Juan, el discípulo amado, es como que se dio el acta de defunción apostólica. Algunos dicen que los apóstoles murieron ni bien pereció Juan, el amado. Así que, desde ese momento, ya no hay ministerio apostólico, por consiguiente el pastor llegó a tomar todas esas vacantes y, obviamente, fue sobredimensionado.
Es decir que el pastor hace las veces de profeta, hace las veces de apóstol, hacen las veces de evangelista y hace las veces de maestro. Alguna persona podría decir: “¡Pero eso es maravilloso!” No. No es maravilloso. Y no lo es porque, en primer lugar, sobredimensionar un ministerio implica anular cuatro, y por consiguiente, limita a la persona que fue recargada. ¿Qué significa lo que estoy hablando?
Significa que: cuando se piensa en un modelo, lo que se llama “paradigma”, de una congregación de cien personas, un pastor funcional la puede atender. Eso es lo que podemos ver en Lucas 15. Cuando Jesús se refirió a la oveja perdida, hay muchos que han pensado que esa parábola no debe ser de la oveja perdida, sino del pastor perdido. El pastor fue hallado por una oveja.
¿Por qué? Porque en Israel, – y todos ustedes que conocen algo de apacentar ovejas, saben que un pastor no puede conducir mucho más de sesenta ovejas -, no puede satisfacer todas sus necesidades. Porque sacrificándolo todo, (Esposa, casa, hijos, todo), pueden llegar a noventa, pero cuando llega a las noventa y nueve, se opera un mecanismo que se llama: La Oveja Perdida.
Se han reunido en congresos pastorales, retiros pastorales, convenciones pastorales y asociaciones y consejos pastorales, para tratar este problema con fidelidad, seriedad y sincero deseo de servir más y mejor. Pero no se ha ido nunca al verdadero nudo de la cuestión: haber abortado los ministerios apostólicos. Así es que todo lo hace el pastor. Es el hombre-orquesta. Toca todos los instrumentos, canta y hasta recoge la ofrenda. Ahora bien; eso, ¿Es realmente una bendición? Conclusión: pastor, pastores, no existen; pastores apostólicos, sí existen.
(Jeremías 3: 15)= Y os daré pastores según mi corazón, (Según SU corazón, no según títulos, credenciales, seminarios o universidades) que os apacienten con ciencia y con inteligencia.
Es directa y sencillamente inconcebible que un pastor pueda atender a toda una iglesia. Aún más; es un exabrupto casi podría decirle. Porque Dios ha establecido un ministerio pentagonal. Entonces ahora se ha establecido una lucha: Quién es superior. Esto es la misma problemática que tuvo la Iglesia Católica Romana en la Edad Media. Usted seguramente lo recuerda: Si una mosca se caía dentro de un barril de agua bendita, ¿Se profanaba el agua bendita o se santificaba la mosca? Bien; ese problema teológico, aún no se ha solucionado. ¿Es ungida una canción cristiana cantada por Madonna o es ungida una canción del mundo cantada por Marcos Witt? ¿Un restaurante cristiano debe vender sólo lo que la Biblia no considera pecaminoso o, por el contrario, debe trabajar como cualquier otro y con la generosidad de sus utilidades invertir en la extensión del reino de Dios? Porque he leído que el dinero de los impíos irá a manos de los justos…
El problema teológico, ahora, es que aparecen los apóstoles, entonces los pastores dicen: ¿Quién es superior? ¿El pastor o el apóstol? Irrumpe en escena el profeta y dice: ¿Quién es el mayor, el pastor o el profeta que es quien da el fundamento? Entonces aparece el evangelista y dice: ¡Yo reúno más gente que todos ellos juntos! ¿Quién es el mayor? Y sale finalmente el maestro y dice: Yo doy la auténtica palabra de Dios. Yo no pongo carne o discurso, pongo pura palabra y enseñanza. ¿Quién es el mayor? ¡¡¡Basta!!! No discutan más. La Biblia dice que, si hay uno “parecido” a mayor, ese es el anciano, que no es el más viejo, sino el más sabio. Y que él designará al resto conforme a lo que el Espíritu Santo le dicte. Y algo esencial: para complementarse entre sí, nunca para competir. Eso sí que es carne y para colmo de males, rancia y corrupta.
El problema más grande, entonces, por lo que vemos, es el gobierno de la iglesia. No era así en el principio. Funcionaban todos en la misma dirección: la que dictaba el Espíritu Santo. El acta de defunción a los cinco ministerios tales como fueron concebidos por el Señor, fue certificada por el sistema babilónico de la política. Allí entró la política a la iglesia. La imperfección y carnalidad de muchos hombres, hizo el resto: convertirla rápidamente en “politiquería”. Más carne rancia. Puertas abiertas a todas las imaginables corrupciones.
Cuando se retira la iglesia del ministerio apostólico y se establece un ministerio pastoral funcional al margen de la Biblia, (Por cuanto se desvía de la función apostólica), entonces los grupos comienzan a reducirse y multiplicarse. El efecto y el síndrome de la oveja perdida significa la segregación de la iglesia. La iglesia comienza a dividirse, a fraccionarse y comienzan a aparecer pastores por todas partes. Hay dos textos que refuerzan la idea de que crecimiento es igual a más pastores. Entonces, cuando se habla de crecimiento, se dice: La mies es mucha y los obreros pocos. Entonces, lo primero que dicen, es: enviemos más pastores y abramos más congregaciones.
Así que, cuando una familia se molesta por algo en una congregación, la divide y se justifica diciendo: “Hermano…el Señor me ha enviado a abrir otra congregación”. Y se lleva un grupo de miembros y abre otra congregación. Y cada día se abren más y más congregaciones, pero la estadística fría dice que en mi país, la Argentina, por ejemplo, la iglesia no crece; sólo se desplaza.
Hay muchísimas congregaciones, cada una con su pastor. Teniendo en cuenta que solamente diezma u ofrenda un treinta por ciento de la congregación, el resultado es obvio. Hay infinidad de pastores pasando necesidades y hasta hambre con toda su familia. Y a eso se lo llama Crecimiento…(¡ )
Sin embargo, habrá que decir que las ciencias Sociales dicen que las estadísticas son una mentira oficialmente legalizada. Eso nos muestra que no podemos guiarnos ciegamente por ellas. Esto significa que no nos podemos engañar ni dejar engañar por los números. Tendremos que ir más allá de los números. Multitud no es victoria espiritual, sólo éxito terrenal. Muchedumbre no es Dios en el poder total; apenas es respaldo a jerarquías eclesiásticas con bastante poder…en lo secular. Lo más vigoroso que hizo Jesús, lo inició con doce. Asia se revolucionó luego que Pablo se llevara, también a doce, a la escuela de uno llamado Tiranno.
De manera que los ministerios pastorales, hoy, enfrentan un gran desafío: conservar la imagen, la credibilidad interna y hasta el status quo. Conservar sus cuarenta o cincuenta miembros y decir: ¡Soy pastor! Cada seis meses les pega cuatro gritos y en el resto del tiempo se suaviza la palabra y hasta se suaviza la revelación para que no se vayan con el otro pastor.
Así que la iglesia no debe tener un pastor, debe tener un ministerio pastoral. Cuando el pastor aquel se dio cuenta que activó el mecanismo de la oveja perdida, ¿Sabe lo que hizo? Llamó a otros pastores. Y a esos otros pastores les entregó noventa y nueve y él salió a buscar la perdida. En otras palabras: completó la unidad cien y evitó la sangría. Además, le puso límites al pastorado sobredimensionado. Un día me fui de una congregación. Fui muy criticado porque no fui a avisarle al pastor que me retiraba. Hasta el día de hoy sigo aguardando que aquel pastor salga a buscar la oveja perdida. Gracias a Dios no me perdí, pero si así hubiera sido, iba derecho al infierno sólo porque alguien no leyó la Biblia y sí sus estatutos internos denominacionales. Tremendo. Dios tenga misericordia de todos nosotros.
El ministerio pentagonal, tal como se lo ubica en el capítulo 12 y verso 28 de la Primera Carta a los Corintios, da una nómina que señala que Dios puso en la iglesia Apóstoles, a los que hacen milagros, etc. Fíjese que allí no aparece la palabra: Pastor.
En el pastorado apostólico funciona un ministerio pentagonal. La iglesia es edificada por cinco ministerios. La iglesia es asistida por cinco ministerios. El hombre de Dios que conduce la iglesia, que tiene la visión, a quien Dios le ha dado el honor de conducir esa congregación, sea un evangelista, sea un apóstol, sea un profeta, sea un maestro o sea un pastor, se llamará: pastor. Así, con minúsculas.
Pero es más que evidente y la historia es testigo, que los pastores no pueden funcionar solos. Uno de los problemas más serios está en que los pastores están buscando métodos. “- Señor… Dime cuál es la forma, el secreto, el misterio, la revelación, el programa, el paradigma –“. Hijo: el paradigma es que tú tienes que dejar que los ministerios del Espíritu Santo inflamen la iglesia, dice el Señor.
Se está hablando mucho de unción. Pero unción es fluir y fluir, es delegar, encargar a otros. Si se frena al Espíritu Santo, por mayor que sea su celo y mejor sus intenciones, no puede usted esperar unción.
Nadie puede creerse que es una súper estrella. El problema del pastorado es que cada uno quiere ser una estrella. Queremos brillar en el firmamento. ¡No! Los ministerios son cinco y brilla en ellos el Espíritu Santo. ¡Él es la única estrella!
(Efesios 4: 11)= Y él mismo constituyó (En el original dice: “Dios dio”) a unos, apóstoles, a otros, profetas; a otros pastores y maestros.
Aquí el orden no tiene absolutamente nada que ver. Ni el pastor es mayor que el evangelista, ni el apóstol es mayor que el profeta. Ahí nadie es mayor. Son un cuerpo y se complementan. Tienen que funcionar acopladamente, de otro modo no funcionan. ¿Entiende?
Tomemos como base el ministerio apostólico de Pedro. En el capítulo 5 de su primera carta, Pedro dice: Yo soy Co-anciano. Pero se dice que Pedro era la suprema autoridad, el principal referente. Sin embargo él se presenta como ANCIANO mientras que el pastor era Santiago. Leyendo el capítulo 15 del libro de los Hechos, usted se va a dar cuenta que quien condujo la reunión, el concilio, no fue Pedro, fue Santiago. Pero era un apóstol, un anciano, un ministro, pero no era la autoridad en ese grupo. Y él respetó lo que él mismo había determinado: Coherencia.
Aquí el problema no es quien manda, porque aquí el único que manda, es el Señor. Tampoco es el problema quien cumple funciones. El problema es: servicio. No hemos sido enseñados a servir. Nos han enseñado a gobernar, a mandar. Y en algunos casos, hasta tiranizar.
Así que el ministerio apostólico es un ministerio pastoral, porque así lo define el capítulo 4 de Efesios. “Para que edifiquen”, dice. ¿Cuál es, entonces, el propósito del apóstol? ¿Cuál es el propósito del profeta, del evangelista, del pastor, del maestro? Edificar. Aquí no puede aparecer un “cacique” que diga: Yo y nadie más. Nosotros sólo producimos gloria a Dios y edificación al cuerpo. En esto, la gloria personal no existe. Y si existe, por mejor intencionada que sea, de mal procede.
Leyendo el capítulo 6 de Hechos, vemos que Pedro no aceptó que el ministerio apostólico fuera sobredimensionado. ¿Por qué? Porque ya la iglesia de Jerusalén había crecido, el Espíritu Santo se derramó sobre la ciudad y racimos de miles de personas se convertían a Cristo. ¡Samaria entera se convirtió en un día! ¿Pedro? No… Dios mismo. Todo Dios. Pedro dijo: “No, nosotros sólo nos dedicamos a la palabra y a la oración”.
El problema más agudo, hoy, radica en que por no permitir que el Espíritu Santo fluya con libertad, estamos llenos de iglesias raquíticas, anquilosadas, estáticas, dormidas y hasta muertas espiritualmente. Los hombres pueden opinar como quieran, pero Dios ya opinó antes.
Muchos creen que con una predicación van a solucionarlo todo. O con cuarenta días de ayuno y oración. Claro que es indispensable predicar y santo santo santo ayunar y orar, pero Dios está diciendo: ¡Edifica a mi pueblo! Estamos hablando de otra cosa, no si usted lo tiene en claro.
Cuando Jesús se encuentra con Pedro después de la resurrección, sucede la historia conocida de las tres preguntas repetidas: “Pedro, ¿Me amas?” Y luego, ¿Qué le dice? “Pastorea…” Un pastor es uno que cuida, que alimenta y edifica, aunque de pronto no tenga que ser necesariamente el más importante o referente que gobierna o manda. Es decir: es función (POIMANO), no título.
Los ministerios que Dios llamó para edificación de la iglesia, son cinco. ¿Qué significa esto? Lo voy a explicar de otra forma.
A los apóstoles, hoy, se les llama misioneros. A los misioneros, hoy, se les llama misionólogos. Sí; especialistas en iglesias con algún título espectacular e impactante. Son encargados de negocios de algunas organizaciones transnacionales. A los evangelistas se les pegó un buen puntapié con excelente puntería y se los puso en la calle y se les dijo: vayan a agarrar a los pecadores. Como si Dios le hubiera dado los dones al mundo.
¿A quién se le dio la iglesia? A Cristo. A la iglesia, Dios no le dio dones. Dios le dio dones a Cristo y Cristo se los dio a la iglesia. “Subiste a lo alto, libertaste a los cautivos y le diste dones a los hombres.” Cuando Cristo se despoja de su gloria, el Espíritu Santo le da cinco dones. Así lo dicen Isaías 61 y Lucas 4:18.
Así que Cristo es lleno del Espíritu Santo. Y si miramos los cuatro evangelios, vamos a ver perfectamente al Cristo evangelista, predicando el evangelio, sanando enfermos. Según Pedro es el profeta anunciado por Dios. Si miramos Hebreos 3, veremos que se le llama el Apóstol y Juan lo llama El Pastor. En los cuatro evangelios se le llama El Maestro. Cristo es el receptor de los dones.
Pero una vez que Cristo decide ir a la diestra de Dios, ¿Sabe lo que hizo? Derramó esos dones en los hombres. Se los dio a la iglesia. Si yo tuviera que darle un modelo a usted en este momento, ¿Sabe lo que le diría? Tómelo o déjelo. Dios ha dado cinco ministerios por los cuales fluye el Espíritu Santo de Dios.
Así que, en el próximo tiempo, nos guste o no, coincidamos o no, ya no habrá UN pastor. Si se trata de una congregación de mil, por lo menos habrá cien o doscientos hombres ejerciendo la FUNCION del pastorado. Si hay un profeta, tendrá igual número. El apóstol, el evangelista y el maestro estarán trayendo edificación a la iglesia. Edificación es madurez para hacer la obra.
Así que nos encontraremos con una iglesia que cuando se diga: ¡Que salga un evangelista! No va a salir uno, van a salir doscientos o trescientos evangelistas en la unción del hombre que Dios ha puesto. Igualmente sucede con el maestro. Toda la iglesia está siendo edificada. Así que la iglesia está recibiendo madurez para hacer la obra del ministerio. Solos no podemos, separados no podemos. Un profeta solo no fluye, se muere de hambre. Es tan poderoso como cuando Elías estaba en la cueva.
Pedro, después que Cristo resucita, está solo. Y Cristo se le aparece. “Pedro… ¡Pastorea!”, le dice. En la iglesia se habla de unción. En la iglesia debe fluir la unción. Unción pastoral, unción apostólica, unción profética, unción evangelística y unción doctoral. Eso trae madurez y crecimiento a la iglesia. Todos son pastores.
A esto lo dijo Moisés y lo repitió Pedro. Y Moisés dijo: “Dios quiere que todos ustedes sean profetas”. La gloria no es del profeta. La gloria es del Espíritu Santo. No tema hermano, si Dios comienza a levantar hombres y mujeres con corazón pastoral, con corazón profético, con corazón apostólico, con corazón de maestro. Ustedes van a fluir el mismo modo y en el lugar que Dios estimó deben estar.
Decimos iglesia. ¿Y qué es una iglesia? ¿Acaso un grupo de diez hermanitos reunidos debajo de un arbolito, con un pastorcito que les predica la palabrita y un diaconito que levanta una ofrendita? ¿Eso es una iglesia? No, mire, yo le voy a decir ahora lo que es una iglesia:
(Mateo 16: 18)= Y yo también te digo, que tu eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
Aquí salta un detalle muy importante: Él no dice LA iglesia, el dice MI iglesia. Una iglesia es una agrupación que tiene poder para influir en la sociedad. Esto es mi iglesia, etimológicamente hablando. Se reúnen en las puertas de una ciudad, un grupo de personas, para tratar un problema determinado. Él decía que donde él estaba se concentraba la autoridad. Así que se les llamaba a todos los grupos que se convocaban para tomar alguna decisión importante: iglesia. EKLESIA. Asamblea.
Era en ese lugar que se llamaba Iglesia. Pero si ese mismo grupo se reunía en el sindicato, ya no era iglesia, era gremio. Pero si venía a la puerta, era iglesia. Usted ES iglesia. NO es cuestión de grupos ni de números, sino con qué propósito están.
Jamás dijo: Yo edificaré mi iglesia en la puerta, y las puertas del infierno no prevalecerán. Porque ya el diablo también ha colocado también su propia iglesia en la puerta. Así que esta es una lucha por el control de la puerta. Pero Jesús sí que dijo: Yo Soy la Puerta.
La idea es adonde está usted. Porque usted puede tener un grupo, pero si no está en la puerta, no es iglesia. Jesús dijo: yo edificaré mi iglesia, y a las puertas del infierno las voy a clausurar, las voy a cerrar. Las puertas del infierno no podrán con mi iglesia porque yo me voy a apoderar de la puerta.
El propósito de Dios es que toda la humanidad sea convertida en una iglesia. Se lo voy a probar. La Palabra dice que nosotros fuimos escogidos asimismo como éramos predestinados para ser alabanza de su iglesia. Cuidado: Dios puede estar aquí y sin embargo no tener gloria. Dice A Él sea la Gloria. Nosotros somos PRODUCTORES de gloria. Pero para Él, eh?
Nosotros, cuando nos sentamos en Cristo, como iglesia, como pueblo redimido, comenzamos a proclamar el nombre del señor y comenzamos a engrandecer el nombre de Dios y la gloria del Señor se traslada. Mientras no se alabe a Dios, mientras no se glorifique a Dios, mientras no arrojemos nuestras coronas, no hay gloria.
Uno de los comentarios acerca del texto de Génesis 1 de que Dios hizo al hombre conforme a su imagen, dice que lo hizo conforme a su imagen social también. ¿Qué significa la imagen social de Dios? Que Dios es una sociedad. Dios no puede vivir solo. Cuando Dios le dijo al hombre: No es bueno que el hombre esté solo, lo que quiso mostrarle es que tampoco para Dios es bueno estar solo. Dios es un ser sociable. Él habita en medio de su pueblo. Él habita en la alabanza de su pueblo. Por eso la palabra JESUS significa EMANUEL: Dios con nosotros…
La iglesia tiene un concepto equivocado de la sociedad. La iglesia, cuando habla de la sociedad, de la humanidad, de la civilización, de la cultura, la iglesia no entiende.
Lo llaman sistema, lo llaman época. ¿Saben lo que dice Dios? Cuando Dios llamó a Abraham, en el capítulo 12 y 13 de Génesis, le dijo: En ti, (Y yo digo EN MI), serán benditas todas las naciones de la tierra. Cuando Jesús llamó a sus discípulos, les dijo: Id por todo el mundo, predicad el evangelio, y haced discípulos a todas las naciones.
Pero hay un problema: la iglesia sabe predicar el evangelio, pero no sabe predicar el reino. LA iglesia es experta ganando pecadores, pero no sabe consolidar el reino de Dios en la tierra. ¿Qué hacemos nosotros con ganar a los pecadores si después dejamos que los vagabundos sigan gobernando, que los malos sigan mandando? ¡La iglesia tiene que ganar a la sociedad! Pero entrando a punta de bayoneta en esa sociedad con la bandera del sistema de Dios, no dejando entrar a nuestra casa el sistema del enemigo y adaptarlo luego al reino de Dios para tranquilizar nuestras conciencias. No un cristiano metido en un partido político con doctrina humana; un poder cristiano luchando por ser gobierno con el sistema del reino de Dios como único emblema.
Se viene diciendo que estamos en vísperas de uno de los más grandes movimientos de todos los tiempos, en que el Espíritu Santo se va a derramar en miles de personas que vendrán a Cristo. Pero me pregunto, iglesia: ¿Estás preparada para guiar a las naciones? Digo, porque generalmente para nosotros, iglesia, significa un grupo de cincuenta personas. Más allá de eso, ya se nos empiezan a cruzar los ojos, las neuronas, los planes y hasta los discursos.
¿Qué sucederá cuando haya que pastorear a un presidente de la nación, a un gobernador de una provincia, a un senador, a un diputado, a un intendente o alcalde? Porque no se olvide que la Biblia dice: Os daré pastores que os apacienten con ciencia y sabiduría. Y señala que no tendremos otra autoridad y otra sabiduría que la que otorgan la vara y el cayado de Moisés. Y a esa, no la dan las universidades, los seminarios, los institutos o los hombres nucleados en comisiones. Sólo la otorga Dios en Cristo Jesús y con la unción del Espíritu Santo. Lo que está fuera de este principio, no es iglesia. Apenas es templo, buenas intenciones y religiosidad humana.