¿Quieres saber por qué muchos hombres y mujeres nos pasamos la vida entera definiendo entre el bien y el mal? Porque no hemos tomado una decisión genuina por Cristo. De haberlo hecho, formaríamos parte del bien, porque el mal no tendría morada en ninguno de nosotros. En Cristo no existe el mal. Dirimir entre el bien y el mal, es producto y consecuencia de la caída. El que vive EN Cristo, sólo piensa en el bien; el mal no tiene presencia en su vida. El que vive en Adán, se siente obligado en todo momento a la legendaria opción. De esa dicotomía, nace la consabida y también antigua diferenciación entre el hombre bueno y el hombre malo.
¿Hay hombres buenos y hombres malos? Desde la óptica natural, secular y humana, si, los hay. Pero desde nuestra visión de creyentes hijos del Dios Altísimo, no, no los hay. Sencillamente hay hombres que han elegido a Cristo como Señor de sus vidas y, al caminar EN Él, necesariamente caminan en el bien. Ese sería el que, desde el idioma bíblico, se considera como un justo. Ser un justo es ser obediente a Dios y a su diseño. En ese terreno, es imposible albergar nada malo. Si lo hubiera, si los actos de un hombre evidenciaran que existe maldad en su mente y en su corazón, diga lo que diga y haga lo que haga, es más que evidente que ese hombre no tiene a Cristo en su vida.
David tenía esto más que claro cuando escribió el primer salmo. El dijo en el primer verso de ese salmo 1, que es Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; La primera palabra que David usa es Bienaventurado. Podría llevarte el hebreo y a todas sus implicaciones, pero no quiero martirizarte ni aburrirte. Simplemente te diré que esa palabra significa ser una persona feliz, con paz. Es vivir la vida estando siempre contento, sintiéndote realizado. ¿Conoces a mucha gente que hoy esté viviendo su vida de esa manera? Yo conozco a algunos, es verdad, pero no son todos los que conozco como hermanos en la fe. Una enorme mayoría de cristianos no transcurren sus días con esa paz y esa alegría, es notorio.
¿Motivos? En principio, el no cumplimiento de lo que David escribe a continuación de esa palabra inicial. Él asegura que será feliz, estará contento y en paz, aquel que no haya estado aconsejado por malos. Aparentemente, estaría refiriéndose al hombre “neutro”, que sería uno que, sin creer en Cristo, tampoco simpatiza con Satanás. Bien; debo advertirte que eso no existe. Mateo 12:30 y Lucas 11:23 son muy precisos al rescatar algo que Jesús dice sin dudar: El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. Cuando alguien te diga, como argumento, que está bien como está, que no necesita a Cristo, deberás entender que ha optado por no recoger con el Señor y tratar de desparramar lo que Él realice. Los malos, entonces, aquí, son los hijos del diablo, así es que puedes imaginarte la clase de consejos que podrían brindar.
Si dejas que un malo te enrede con melosas palabras, no serás feliz, no tendrás paz en tu ser interior, jamás andarás contento y tampoco podrás ser íntegro ni recto. La segunda condición que le da, es que no estuvo en camino de pecadores. Y si te lo enfaticé, es porque no debemos leer esto con velocidad o sin meditarlo. Damos por sentado que si queremos ser bienaventurados no podemos caminar en pecado, y es correcto. Pero aquí no dice eso. Dice que no debemos andar en camino de pecadores. Esto es: no podemos compartir ninguna de sus costumbres, hábitos o tradiciones. Te voy a dar dos ejemplos. Uno para gente adulta y otro para los más jóvenes. ¿Es pecado asistir a un casino sin jugar a nada? No. ¿Es malo asistir a un club nocturno si no se baila y no se bebe? No. Pero ambos sitios, son camino de pecadores. Los esclavos del demonio del juego y los de lascivia, lujuria y adicciones. Camino de pecadores.
La tercera condición, es la de no sentarse en silla de escarnecedores. Para que te quede claro, un escarnecedor es alguien que disfruta burlándose de Dios y de todos los que creen en Él. Tú no eres ni serás así, de acuerdo, pero sí puede ocurrir que un día cualquiera, estando con gente conocida, amigos o quizás hasta familiares, alguno de ellos critique ferozmente a los cristianos, o se burle de ellos, y tú, tanto como para no ser rechazado, te sumes a esas críticas y burlas. Porque viniendo de alguien incrédulo, esa crítica en realidad es burla. El legendario Spurgeon dijo alguna vez que: Si tienen malas palabras para los seguidores de Cristo, derrámenlas sobre mí… pero sepan esto – lo oirán les guste o no – Yo amo a Cristo. Era Spurgeon, de acuerdo, pero en realidad concreta, solamente era un hombre, tal como lo soy yo o tú, no interesa el sexo ni género. Hombre genérico, de eso se habla.
(2) Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.
La palabra Ley, aquí, es la palabra Torá. Es decir que cuando David habla de la ley, se está refiriendo a lo que nosotros llamamos el pentateuco, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Sin embargo, todos sabemos que todos los escritos de David tienen contenido profético y, al mismo tiempo, son tipología de Cristo. Lo que nos resulta, entonces, es que el hombre justo, el hombre bueno, se deleita cuando lee y medita día y noche en la palabra de Dios. En términos generales, para nosotros, leer la Biblia, así de simple. Comencemos por una aseveración sencilla y muy contundente. Si una persona se deleita con algo, no tienes que rogarle que lo haga, ni obligarlo a que le guste. Lo hará todo por sí mismo. O sea que, entonces tú puedes medir tu delicia por la palabra de Dios conforme al hambre que tienes por ella.
A propósito de esto, alguna vez, Martín Lutero llegó a decir que él no podría vivir en el paraíso sin la palabra de Dios, pero que podría bien vivir en el infierno con ella. Terrible, pero tremendo al mismo tiempo. En cuanto a meditar día y noche en ella, a esto hay que entenderlo muy bien para no cometer errores que pueden costarte caro. Y digo esto porque en la meditación oriental, el objetivo es vaciar la mente. Esto es peligroso, porque una mente vacía puede presentar una invitación abierta al engaño o a un espíritu demoníaco. Pero en la meditación cristiana, el objetivo es llenar tu mente con la palabra de Dios. Esto se puede hacer pensando cuidadosamente en cada palabra y frase, aplicándola a uno mismo y orando al Señor.
Fíjate que cuando se leyó esto, se entendió que esa palabra, Jagá, de la cual traducen meditar, tenía que ver con gemir lastimeramente, hablar, murmurar, quejar, susurrar, que es lo que generalmente vemos en la etnia judaica. Sin embargo, hay otras dos acepciones que a mí en lo personal, me llevan a determinar otra cosa. Esas dos palabras son Pensar y Pronunciar. Con lo que se puede concluir en que, meditar, de ninguna manera es dejar la mente en blanco, como propone el orientalismo, sino todo lo contrario: pensar en lo que se lee y pronunciar, luego, declaraciones o decretos divinos que surjan de la interpretación o el entendimiento de esa lectura. Y no es un pequeño momento por la mañana o por la noche, tal los consabidos devocionales. ¡Es día y noche! Así lo define David, así lo manda el Señor, así es. NO es estudiar ni analizar. Es leer, aceptar, recibir e incorporar.
(3) Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.
No se necesita ser alguien de campo o de procedencia rural para saber que un árbol, junto a un río o un arroyo, tiene crecimiento asegurado a partir del riego continuo a sus raíces. Jamás se secará en esa posición, y sus raíces estarán bien firmes de modo de constituirlo en muy bien plantado e inconmovible a los vientos o tormentas. De eso habla. Y cuando habla de fruto, en lo literal te dice que el fruto de esa clase de árbol tendrá una consistencia, un sabor y una calidad muy distinta al que haya sido producto de un árbol de ciudad o de formación artificial. ¿Cuántos saben que el fruto recién cortado de un árbol tiene un sabor muy diferente al comprado en una tienda de frutas? La relación está en ese fruto y en las aguas. Una de las traducciones de Maím, que significa aguas, es Semen. En cuanto a Peri, que es fruto, también significa sementera. Supongo que está suficientemente claro como para no tener que explicarlo demasiado.
Luego, como al pasar, dice que su hoja no cae. Quien haya hecho vida rural sabe que cuando a un árbol no se le caen sus hojas, es porque el árbol está bien sostenido y sus hojas se mantienen como deben estar, verdes y llenas de energía y vida. Y concluye esto con una expresión que ha dado lugar a muchísimas malas interpretaciones, te lo puedo asegurar. Porque no se trata de que el hombre justo tenga obligatoriamente una vida de abundancia de dinero y riqueza financiera, por lo que todo lo que haga lo haría vivir permanentemente rico y cómodo. Lo que si podemos asegurarte es que en la vida del justo, Dios siempre saca algo bueno y maravilloso de todo. Incluso las circunstancias difíciles producen algo que prosperará. Ese evangelio que sólo admite como cristianos a gente con alto poderío económico es un evangelio tergiversado. Opuesto al que predica pobreza total, que también es erróneo, pero apartado de la real justicia divina para con sus hijos.
(4) No así los malos, Que son como el tamo que arrebata el viento.
Una vez más: ¿Te diste cuenta que la Biblia no habla de buenos y malos, sino de justos y malos? Te lo señalé anteriormente. Los justos son los obedientes al diseño de Dios, y como en Dios el mal no existe, no es necesario mencionar que esa persona es buena. Es alguien EN Cristo, suficiente con eso. Pero aquí David comienza a describiré al malo. Y de arranque lo compara con la cáscara o la paja que circunda a la buena semilla. ¿Nunca has visto a una máquina agrícola cosechar y moler trigo? Hay una boca por la que caen los granos limpios al vehículo de almacenamiento, pero por otra boca, vuela muchísimo polvo como producto de la separación de esa semilla con su cáscara y la paja que la sostenía.
Con esto último es comparado el malo. Es arrebatado por el viento. O por el Espíritu, si así lo quieres ver. Y, pese a que visto desde afuera, en muchas ocasiones un malo parece poseer todos esos atributos que hemos mencionado con relación al justo, cuando se lo observa bien de cerca y fuera de sus discursos y actos demagógicos, es más que evidente que sólo se trata de una cáscara que procura cubrir, en este caso, a una verdadera semilla de maldad. El tamo, como aquí se lo denomina, es en síntesis un elemento intrínsecamente inútil, muerto, inservible, sin sustancia y fácil de llevar de un lado a otro. ¿Cuál es su futuro, según este salmo profético?
(5) Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos.
Cada malo, con esa conciencia anestesiada que le permite suponer que no ocurrirá nada con sus actos de maldad, pretenderá erguirse delante de Dios y defender su postura de persona intachable según su propia opinión. Esto, que muy bien podría suceder en un juicio humano, (Por las muy conocidas razones que quieras), no será así en el gran juicio final del Señor. Ni siquiera les permitirá que se levanten, allí mismo el Espíritu les dará convicción clara de todo lo que han hecho y no tendrán ni fuerza para erguirse. Lo dice bastante claro en el Libro de Daniel, capítulo 5 y verso 27, donde se alude a esta calidad de ser humano. Allí se lee: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.
Pero luego añade que tampoco los pecadores han de erguirse en la congregación de los justos. De hecho, ni bien mencionamos la palabra Congregación, nuestra mente se vuela a la que haya sido o siga siendo lo que llamamos “nuestra iglesia”. Es válido, porque decir congregación es hablar de reunión, de asamblea y de todos esos sinónimos que ya conocemos relativos a una congregación tradicional. Sin embargo, hay una acepción más, como producto de una profundización de su ensamble, que tal vez sea la clave de este texto. Es cuando Eda, la palabra del original, pasa a traducirse como Testimonio. ¿Verdad que ahora sí te cierra mucho mejor? Porque pecadores y muy grosos en congregaciones cristianas, hemos visto a centenares, pero alguien con un testimonio genuino, ya no es tan abundante. Es fácil decir que eres creyente, pero mucho menos sencillo, demostrarlo día a día con tu testimonio de vida.
(6) Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.
Último verso de este interesante salmo. David ha dividido en tres renglones por lado, a los malos de la vida con los justos de Dios. Así lo diría un escritor con deseos de romantizar la historia o de enriquecerla con frases poéticas. Sin embargo, aquí hay una verdad que David ya ha observado y que salta a la vista desde un principio. Los malos no son de la vida, los malos son de Satanás. ¿Argumento? Porque son exactamente lo opuesto a los justos. Y si éstos son de Cristo, al no haber estado intermedio ni lugar neutro, los malos son del diablo. Lo sepan o no lo sepan. Lo son los satanistas por elección. Lo son los endemoniados por vulnerabilidad pecaminosa. Y también lo son aquellos que, presuntuosamente, siguen vociferando a derecha e izquierda que ellos no creen en nada ni en nadie, así que están al margen de todo. Ilusos. De haber leído una sola vez la Biblia, hubieran sabido que están irremediablemente perdidos.
Los justos pueden tener paz porque un Dios amoroso en el cielo conoce su camino y los protegerá y preservará. O, mejor y más claro es como el hebreo lo dice de forma aún más completa, El Señor conoce el camino de los justos. Él está constantemente mirando su camino, y aunque a menudo puede este estar en la niebla y la oscuridad, aun así, el Señor lo conoce. La senda de los malos, mientras tanto, conduce hacia la destrucción. Están en un amplio camino que puede ser cómodo por ahora, y les da mucha compañía, pero al final, así está profetizado y escrito, ellos perecerán. Y te añado un detalle que no es menor. Al menos cuatro veces en el Libro de los Hechos el cristianismo, como tal, es llamado también como el Camino. Ciertamente, y como queda en evidencia, es el camino de los justos, no la senda de los malos.
A mí me quedan algunas palabras que parecen ser sueltas, pero no lo son, para justamente hacer lo que aquí David aconseja o sugiere: meditarlas. Cuando medito en las cosas de Dios, reflexiono y pienso. No tiene nada que ver con rituales ni formas externas. Fíjate que, en el pensamiento hebreo, el meditar acerca de las Escrituras, ya lo he dicho, implica repetirlas silenciosamente con un sonido suave y sordo, a la vez que se abandona por completo cualquier distracción externa. De esta tradición, nos llega un tipo especializado de oración judía en la que se recitan textos, se ora intensamente o se pierde la conciencia en comunión con Dios, mientras se hace una reverencia o se balancea hacia delante y hacia atrás. Evidentemente, esta dinámica forma de oración y meditación se remonta a los tiempos de David. Tú y yo sabemos muy bien, (Porque esa es la razón por la que me escuchas), que meditar en la Palabra de Dios, es absoluta y definitivamente otra cosa. Por ejemplo, obtener frutos como esto que estás oyendo.
Lo otro que, en el momento en que lo leí y lo recibí me conmovió por su simpleza, fue lo de no andar en camino de pecadores. Oye; ¡Estaba escrito! No lo descubrí debajo de un almud. Ya Salomón era consciente de esto cuando escribió el Proverbio 4:14: No entres por la vereda de los impíos, Ni vayas por el camino de los malos. Job fue testimonio también respecto a no recibir consejo de gente mala. En su Libro y 21:16, dice: He aquí que su bien no está en mano de ellos; El consejo de los impíos lejos esté de mí. Y si no te parece suficiente, tienes la mirada de Jeremías respecto a todo esto cuando, en 15:17 de su libro, escribe: No me senté en compañía de burladores, ni me engreí a causa de tu profecía; me senté solo, porque me llenaste de indignación.
La otra palabra que nos hace mucho ruido a quienes hemos visto de todo dentro de nuestros ambientes, es la palabra Prosperidad. Este salmo, como muchos otros textos, han sido utilizados grandemente por el que fuera denominado como “movimiento de la prosperidad”, una doctrina que no hubiera sido mala en su intencionalidad conceptual, si no hubiese sido infiltrada con mecanismos más ligados a la manipulación de voluntades que a verdades divinas. Una cosa es que yo tenga certeza que soy un justo y, por ese motivo, tenga certeza total que mi Dios me va a prosperar en todo lo que haga. Pero otra cosa muy distinta es que me plante frente a un grupo de personas no siempre demasiado conocedoras de la palabra de Dios y les diga que si me traen un billete de cien dólares al frente, Dios se va encargar durante de la semana de devolverles mil. ¿De verdad alguien con un mediano conocimiento puede creerse algo así? Sin embargo, muchos cayeron en esa burda trampa sólo porque la ambición egocéntrica los cegó.
Lo cierto es que se exige un alto grado de responsabilidad en ese plan de prosperidad de Dios. Así está escrito y así será, pero esto no sólo te habla de bienes materiales, sino también de familia, matrimonio, descendencia, trabajo y salud. Él te dice que todo prosperará. Pero, creo que ya lo sabes porque así lo hemos enseñado, ninguna promesa de Dios está exenta de alguna acción responsable de parte nuestra. Nadie prosperará mientras no comience a hacer lo que Dios dice. Mucha gente desea los resultados prometidos sin el compromiso responsable que lo acompaña. Pero quédate4 tranquilo que ninguno de nosotros ganará algo que valga la pena de manera instantánea. Las respuestas llegan cuando pones en marcha la acción requerida. Así como un periodo de intenso estudio precede a un título universitario, a través de la paciente búsqueda de su promesa podemos esperar que la palabra de Dios madure en nuestras vidas.
A este respecto, hay dos escrituras que considero básicas. Ambas en palabras de Jesús. La primera la relata Lucas 12:15 y dice: Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. ¡Qué enorme verdad hay en estas palabras y qué poca consideración le presta la mayor parte de la gente! Hay gente con riquezas que tiene un buen corazón, pero hay otra que padecerán una gran congoja y angustia el día que descubran que esto era verdad excluyente. El otro texto está en Juan 10:10 y señala: El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Más allá de un ladrón literal y humano, que los hay y demasiados, esto habla del mismísimo Satanás. Roba tu paz, mata tu fe y destruye tu vida terrenal y, si se lo permites, también la eterna. Vida abundante es la contraparte de nuestro Padre celestial. ¿Crees que hay alguna duda sobre qué elegir?
No hay buenos y malos. Hay hombres EN Cristo y hombres SIN Cristo. La vida de cada uno será conforme a esa dependencia. La mentira satánica más cruel y sanguinaria es la de hacerle creer a la gente que el infierno y los demonios no existen, que todo es una novela para que nos portemos bien. Basta. Gente adulta no puede dejarse engañar con argumentos infantiles. A derecha y a izquierda puedes ver tanto el bien que producen genuinos hijos de Dios y el mal que proviene de gente incrédula. El justo no aspira a nada en esta vida. La dedica a servir al Señor y a dejarse guiar por Su Espíritu. El malo, mientras tanto, dedica toda su vida a rodearse de tesoros y placeres carnales y terrenales. Llevan vidas opulentas muchos de ellos, y por momentos han hecho tambalear la fe de varios con esas ostentaciones. Sin embargo, apenas leyendo algunas escrituras, todo tendría que quedar clarificado.
En 2 Samuel 14:14 la mujer de Tecoa le dice al rey: Porque de cierto morimos, y somos como aguas derramadas por tierra, que no pueden volver a recogerse; ni Dios quita la vida, sino que provee medios para no alejar de sí al desterrado. A tu vida, si no ha sido EN Cristo, te la quita tus propios actos y desarreglos. Dios no es ningún asesino, nunca te creas eso. En el Salmo 49, el de los hijos de Coré, del 6 al 10, leemos: Los que confían en sus bienes, Y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, Ni dar a Dios su rescate (Porque la redención de su vida es de gran precio, Y no se logrará jamás), Para que viva en adelante para siempre, Y nunca vea corrupción. Pues verá que aun los sabios mueren; Que perecen del mismo modo que el insensato y el necio, Y dejan a otros sus riquezas.
¡Dios mío! ¡Eres tan claro! Desde lo racional, es imposible aceptar que la gente no entienda todo esto y busque al Señor como única solución al vacío inconmensurable de sus vidas. Por lo tanto, es evidente que se trata de un asunto netamente espiritual. Y si lo quieres más contundente, demoníaco. Si tú no puedes creer que no debes confiar en tus riquezas materiales, tú estás, por lo menos, influido por un demonio que opera en tu mente. Si tú no puedes aceptar que un sabio terrenal, quizás laureado y premiado por todo el mundo por sus conocimientos, va a morirse exactamente igual que ese hombre vagabundo que vive en la calle y al que ves aterido de frío durmiendo en una acera, también estás siendo engañado por la tiniebla. De allí que este salmo tan breve pero tan lleno de unción sea un manual práctico para un cambio de vida que te urge. Quiera el Señor y te respalde que esa decisión la tomes hoy mismo, ya, ahora. No hay tiempo que perder porque no eres dueño de los tiempos.