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Arrepentirse, Creer, Pelear

Con el antecedente de entender, hace algún tiempo atrás, lo que es la santificación, vamos a ver hoy lo que es el arrepentimiento. Empecemos con un par de definiciones. La palabra Arrepentimiento, se utiliza tanto en el hebreo como en el griego. En el hebreo se utilizan dos palabras diferentes y yo he escogido sólo una, la palabra Shub. Y en el griego, la palabra Metanoeo. La palabra hebrea Shub, es una palabra que tiene muchísimos significados. Te los detallo: Volverse, Retirarse, Apaciguar, Apartar, Aplacar, Arrepentirse, Calmar, Cambiar, Cesar, compensar, Desistir, Devolver, Recobrar, Recuperar, Reflexionar, Regresar, Resarcir, Rescatar, responder, Restablecer, Restaurar, Restituir, Retractar, Retraer, Retroceder, Revocar, Volver, Vuelta. Esta es una decisión mental, que llega cuando se tiene una revelación de tal manera, que los deseos son cambiados.

La palabra para la lengua griega que equivale a arrepentimiento, reitero, es Metanoeo. Esta palabra significa cambiar la mente. Cambiar la forma en que están los pensamientos. En lo práctico significa: cambiar el acondicionamiento, lo que provoca los pensamientos.

(Marcos 1: 4) = Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados.

Encontramos que la primera persona que empieza a hablar del arrepentimiento, es Juan el Bautista. Quiero analizar, rápidamente, algunos detalles de Juan. Juan era sacerdote por nacimiento. Pero antes vale muy bien una aclaración: Jesús se hizo bautizar en agua con Juan para cumplir con la ley, dijo, y no exageró ni se equivocó nada. Obviamente, Él no tenía nada de qué arrepentirse. Estaba limpio y puro. El único en esa condición.

(Lucas 1: 8-13) = Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.  Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabeth te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.

Esto te dice que Juan era sacerdote de nacimiento. Recuerda que un sacerdote necesariamente debía venir de una familia sacerdotal. Entonces, Juan tenía todo el derecho para ser sacerdote como su padre Zacarías. Sin embargo, él no hizo eso. Si revisamos un poco más adelante, vamos a ver que él lleva una vida sacerdotal, pero no en el templo. Ni tampoco se desempeña como un sacerdote regular, sino que él sale al desierto, y empieza a predicar el evangelio, a las afueras. Esto nos hace pensar que la era, el tiempo del sacerdocio en el cual se ofrecían los sacrificios a Dios, había empezado a ser reemplazado por otra era, en la cual ya no eran los pecadores los que llevaban sus ofrendas al templo, para encontrarse con Dios, sino que Dios era el que estaba saliendo a buscar a los pecadores.

Juan no se quedó esperando que la gente vaya al templo. Juan fue a buscar a la gente. Fue a las afueras, fue donde la gente estaba. Fue, justamente, a buscar a los pecadores para predicarles el evangelio del arrepentimiento, que él estaba llevando. El arrepentimiento, por lo que hemos entendido, es un cambio en la manera de pensar. Es volver, la mente y el corazón, hacia nuestro Salvador. El bautismo, es sepultar todo aquello que nosotros éramos y todo aquello de lo que nos arrepentimos. En el bautismo se termina todo aquello que era el germen de la maldad y empieza a germinar lo nuevo de la regeneración.

(Juan 3: 3) = Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

El objeto y el resultado del arrepentimiento con el bautismo, es el perdón de pecados, lo cual quita el obstáculo producido por la caída del hombre, y nos permite reconciliarnos con Dios. Así como Juan empieza predicando el arrepentimiento, también Jesús, apenas iniciado su ministerio, lo hace.

(Mateo 4: 17) = Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Mucha gente, ha confundido que el arrepentimiento es solo venir al Señor y llorar, tratar de olvidar nuestro pasado y sentirnos muy mal por lo que hemos hecho. Escucha: podemos pasarnos todo el día llorando, podemos tener mucho pesar por lo que hemos hecho, pero eso no significa que nos hayamos arrepentido. Lo que Dios quiere, no es que solamente lloremos por lo que hicimos, o que nos sintamos mal por las ofensas que cometimos; Él quiere que cambiemos nuestros pensamientos. Quiere que dejemos de pensar y de vivir en todo aquello que ofendía a Dios y luego volvernos a él.

Muchas veces, la religión se enfoca más en sus necesidades estructurales que en el sentido real de nuestra vida. Es cierto, están preocupados procurando que nosotros no estemos haciendo cosas malas, pero no se preocupan de la misma manera y con el mismo vigor para que pensemos diferente. ¿Cuántas veces nosotros les enseñamos a las personas a pensar distinto? ¿Por qué la persona cuando viene a Cristo, no pasa por un proceso donde se le enseña a renovar su manera de pensar para que ya no piense de esa manera? ¿Te das cuenta que todo lo que he dicho, tiene que ver con lo que Dios ha hecho sin nuestra participación?

Pero tu necesitas cambiar tu manera de pensar, para no volver nuevamente a la esfera de gobierno del maligno en la que vivías antes. Y te voy a demostrar más adelante con algunos textos muy específicos, que lo que me une en muchas ocasiones con la gente pecadora con la que debo alternar, no es el hacer lo que ellos hacen, sino el pensar como ellos piensan. Nosotros hemos sido rescatados de una manera de pensar que ofendía a Dios. Pero si yo no sé vivir de otra manera y, gradualmente cambiar mis pensamientos, a pesar que fui santificado y separado, inicialmente, puedo retroceder y perder lo que Dios hizo en mi vida. Por eso es tan importante reconocer por qué nosotros pensamos como pensamos. En el evangelio de Marcos, hay una tremenda declaración también.

(Marcos 1: 15) = diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

Noten ustedes que aquí aparecen dos palabras unidas por primera vez: arrepiéntanse, y crean. ¿Qué significaba arrepentirse? Cambiar nuestra manera de pensar. Entonces, ¿Qué está diciendo aquí? Cambien su manera de pensar, ¡Y crean!  Son dos cosas unificadas. Antes no podías creer, porque eras parte de un sistema maligno y pensabas como ellos. Luego, el Señor te separa, y te dice: “El Reino de los Cielos se ha acercado” ¿Y qué significa que el Reino de los Cielos se ha acercado? Que el gobierno de Dios, con todas las bendiciones y las riquezas de Cristo, su autoridad, su presencia, ahora, está a nuestro alcance. Mira lo que dice: el Reino de Dios se ha acercado y está al alcance de tu mano. Ese mensaje era impensable en el Antiguo Pacto. ¡Ningún profeta habló del Reino de Dios!

¿Por qué? Porque todavía, el príncipe de este mundo, no había sido echado fuera, y estaba dentro, gobernando todo. Pero Cristo, al morir y resucitar, estaba sacándolo completamente de toda esa esfera, para que el hombre pueda ser libre de toda esa estructura y pueda creer después de arrepentirse. Para entrar en este Reino que aquí se menciona, la gente debe, número uno, arrepentirse de sus pecados. Esto es muy importante. Número dos: debe creer en el evangelio, para que sus pecados sean perdonados. Y número tres, debe recibir la vida de Dios, que lo regenera, a través de la impartición de la vida divina.

(Juan 3: 3) = Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

(Verso 5) = Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

El hecho de que una persona ha sido separada para Dios, no significa que ya pueda creer automáticamente; tiene que decidir creer. El hecho de que haya sido apartada del sistema, no quiere decir que se vaya a arrepentir automáticamente. No, tiene que haber un deseo de arrepentirse. Tiene que haber un deseo de cambiar su manera de pensar. Estos son los tres pasos básicos. 1) Arrepentirnos de nuestros pecados, cambiar nuestra manera de pensar. 2) Debemos creer en el evangelio como un regalo que Dios nos ha dado. 3) Debemos recibir la vida que Dios nos quiere dar sin oponer resistencias intelectuales ni filosóficas. Jesús murió en la cruz para eso, no desprecies su sacrificio. Todos los que creen en Cristo, pueden participar del Reino para disfrutar a Dios en la justicia, la paz y el gozo que tenemos en el Espíritu Santo.

(Romanos 14: 17) = porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

Estos tres elementos, Justicia, Paz y Gozo, son parte esencial de lo que es el Reino de Dios. Esto es importante y clave. Definitivamente; si en tu vida no hay Justicia, no hay Gozo y no hay Paz, no tengas dudas que el Reino de Dios no está presente allí. Y es allí donde todos nosotros tenemos que darnos cuenta de donde es en realidad que estamos. Tú puedes haber hecho muchas obras buenas, muchas oraciones importantes e impactantes, puedes estar congregándote en la mejor iglesia de tu ciudad, pero eso no significa que tu estés viviendo en el Reino de Dios. Claramente Pablo nos dice aquí que hay indicadores que nos permiten darnos cuenta de cuando estamos o no estamos en el Reino de Dios.

Sigamos con el Arrepentimiento. Marcos 1:15 dice que nos arrepintamos y creamos en el evangelio. Esta palabra nos dice que, para poder disfrutar de la justicia, la paz y el gozo, tenemos que arrepentirnos, y debemos creer en el evangelio, en el regalo, en las Buenas Nuevas, en las buenas noticias que nos trae Dios a través de su salvación. Recuerda que dijimos que la palabra griega para arrepentirse, es Metanoeo, que es cambiar nuestra manera de pensar o pensar diferente. Por lo tanto, arrepentirse es experimentar ese cambio. Debemos sentir pesar por lo que hemos hecho, y debemos tomar un nuevo camino para el futuro. Arrepentirnos ante Dios, no es solamente arrepentirnos de nuestros pecados y errores, sino también arrepentirnos del mundo. Arrepentirnos de su corrupción.

De hecho, hemos podido observar que cuando se les invita a arrepentirse, la gente acepta casi sin cuestionarlo y lo hace, pero no se arrepiente del mundo. ¿Y eso qué es lo que provoca? Que todavía sienta placer en el mundo. ¿Cuándo ha sido la última vez que nos hemos arrepentido del mundo? Claro está que, al no arrepentirse del mundo, el mundo puede seguir ejerciendo cierto grado de influencia en los creyentes. ¿Puede ser esto? Definitivamente sí que puede ser. Este volvernos a Dios a través del arrepentimiento, permite que Dios pueda traer el cumplimiento de todo su propósito. El que él tenía, cuando creó al hombre.

Imagínate una vez más aquella cúpula cerrada con las personas adentro. Dios toma a una persona y la saca de ese lugar. Ahora imagínate a esa persona, como si fuera un vaso. Pero es un vaso lleno de un líquido negro y oscuro. Escucha: Dios lo sacó, pero todavía él está todo lleno de pecado y de injusticia. Pero, ya no es parte del sistema, Dios lo santificó, lo separó. Entonces, ¿Que hace Dios? Envía otra vez a su Espíritu Santo, que ya había venido para separarlo. Ahora lo envía a traerle convicción de su justicia, de nuestro pecado y de su juicio. Estas tres cosas, son las que empiezan a detonar un cambio.

Muchas veces se le pide a la gente que haga una oración para aceptar a Cristo como Salvador. Pero resulta ser que no se puede hacer una oración con alguien a quien el Espíritu Santo no le está trayendo convicción de pecado. Puede ser que esa persona, que no quiere pasar un mal momento ni un bochorno delante de la gente, decide simplemente hacer la oración. Pero la está haciendo porque lo están presionando, no porque el Espíritu Santo le haya hecho sentir su pecado. De hecho, mientras no pase eso, es probable que la persona esté un tiempo en la iglesia, pero pasarán los días y la persona no querrá saber nada con Dios. ¿Por qué? Porque todavía están llenas de injusticia, llena de pecado.

¿Entonces qué pasa? Que esta persona, que ya está fuera del sistema, empieza a ser trabajada por el Espíritu Santo. El primer punto, el arrepentimiento. El arrepentimiento hace que la persona se dé cuenta que su contenido es un líquido negro y horrible. ¡Miserable de mí! Dice, ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¿Quién me librará de esta situación? Entonces Dios empieza un proceso para que ese líquido nuevo que es la vida de Dios empiece a caer en ese vaso, y al entrar empieza a sacar hacia afuera el sobrante, y a hacer que rebalse del vaso todo ese líquido negro horrible. Este proceso, se llama Regeneración. La Regeneración no es otra cosa que la vida de Dios cayendo sobre un vaso, sacando todo lo injusto, todo lo pecaminoso, todo lo que es detestable, en un proceso continuo.

Esta persona, que ahora está libre de esta esfera, y no sólo eso, sino también libre de sí mismo, de su propia naturaleza, está cambiando su mente. Esa persona nunca más va a poder volver atrás. ¿Por qué? Porque cuando trate de volver atrás, si se diera el caso, cosa que no va a pasar, el sistema anterior, ya no lo reconocerá como suyo. ¿Motivos? Ya no habrá nada dentro de él que pertenezca al anterior sistema. Jesús dijo: Ahí viene el príncipe de este mundo, pero él no tiene nada conmigo. Jesús llegó a decir que Él no estaba en el mundo, pero todavía estaba allí, con los discípulos físicamente, entonces, ¿Por qué dice eso? Porque dentro de Él, no había nada del mundo.

Entonces, cuando una persona empieza a ser trabajada por el Espíritu Santo, lo que el Espíritu Santo va a hacer, es empezar a cambiar todo lo que interiormente es contrario a la naturaleza de Dios. Ese tiempo es fundamental. Esa primera etapa, va a durar apenas unos meses. Cuando la persona sale del sistema, necesita que el Espíritu Santo empiece a operar trayendo revelación de lo que es injusto, de lo que es malo para Dios. Y eso, empieza a salir de su vida como un río, porque la vida de Dios empieza a bajar. La gente no necesita doctrina en ese tiempo, necesita la vida de Dios. Necesita aprender a disfrutar del gozo, la paz, la justicia del Reino de Dios. Necesita disfrutar al Espíritu Santo. Necesita poder experimentar lo que es el lavamiento.

Dios creó al hombre para que sea un vaso, pero este vaso cuando estaba debajo de aquella cúpula, estaba lleno de toda esa naturaleza caída. Cuando Dios lo saca, este vaso empieza a ser cambiado en su contenido, para poder un día contener a Dios mismo. Por eso la palabra dice que es un arrepentimiento para con Dios. No solamente es un arrepentimiento de lo que hicimos. Recuerda que arrepentirte es cambiar la manera de pensar. Cuando decimos arrepentimiento para con Dios, es que tú cambias tu manera de pensar respecto a Dios mismo. Ya no es esa figura inalcanzable que aprendimos a ver bajo los ojos de la religión, sino que es alguien distinto, es alguien cercano a mí, es alguien que está dentro de mí y yo dentro de Él.

(Hechos 20: 21) = testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

(Hechos 26: 20) = sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

En la predicación de Juan el Bautista, la primera que escuchamos, esa que leímos hace un rato en Marcos, arrepentirse es el punto de inicio, para poder cambiar todo nuestro destino. Recuerda que dice: arrepiéntanse, que el Reino de los Cielos se ha acercado. ¿Por qué mencioné el Reino de los Cielos? Porque el objetivo central del Evangelio, es que nos volvamos hacia el Reino. Imagina que una persona está caminando hacia el este. Arrepentirse es parar y dar la vuelta, completamente, e ir en la dirección opuesta. ¿Hacia dónde vamos ahora? Vamos hacia el Reino de Dios. Antes caminábamos lejos del Reino de Dios, ahora estamos yendo hacia el Reino de Dios. Por eso es que Juan dice: arrepiéntanse, que el Reino de los Cielos se ha acercado. El Reino de Dios nos llama a volvernos a Él.

¿Y cuál es la meta en todo esto? Al acercarnos al Reino de Dios, nosotros vamos a llegar al propósito de Dios. ¿Y cuál fue el propósito de Dios desde el principio? Habitar en nosotros. Habitaba en medio de Adán y Eva, y en el libro de Apocalipsis, dice que habita en medio de la Nueva Jerusalén. ¿Y qué es la Nueva Jerusalén? Es el edificio formado por todas las piedras vivas, que son los hijos de Dios que han creído en él en todas las eras, donde él es el contenido completo y único, que ya no necesita del sol, ni necesita de nada más. Antes de venir al Reino de Dios, nuestra vida se proyectaba en buscar todo lo exterior. Todo nos hacía falta. Necesitábamos aceptación, necesitábamos ser aprobados, necesitábamos de la gente, en fin. Cuando nos arrepentimos, no necesitamos nada más que de Dios.

Eso me dice a mí y te dice a ti, que si tú todavía necesitas de todo eso externo que te mencionaba, lo que en realidad tú necesitas, es arrepentirte ante Dios. Porque en Dios está la total satisfacción de todas nuestras necesidades. Obviamente, la religión nunca nos va a enseñar eso. ¿Por qué? Porque la religión nos necesita desesperados y necesitados de muchas cosas. Entonces, cuando Juan dice esto, lo que nos da a entender es que antes que viniera Juan, el Reino de los Cielos nunca había llegado. Y eso es cierto. Aún después de la venida de Juan y su predicación, el Reino de los Cielos, sólo se había acercado. Es Cristo el que va a decir: ¡Ha llegado! El arrepentimiento se produce, fundamentalmente, en la mente y en el corazón. El creer a Dios, sucede muy íntimamente, muy adentro.

(Romanos 10: 9) = que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Ahora pregunto: ¿Qué es creer? Es una buena pregunta. Creer es unirse uno mismo con las cosas que cree. Por ejemplo, si yo te digo que Dios es amor, ¿Tú crees eso? Sí, yo creo eso, me dices. Muy bien; entonces únete a eso. ¿Y qué significa eso? No es un concepto, yo creo que Dios es amor. ¿Y qué? ¿Yo sigo odiando a la gente? ¿Digo que Dios es amor y sigo maltratando a mi esposa y a mis hijos? ¡Yo creo que Dios es amor! ¿Pero seguiré siendo rencoroso? ¿Qué es creer? Creer es unirse a lo que uno cree.

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octubre 18, 2023 Néstor Martínez