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¿Y Entonces Qué?

Es muy interesante observar cómo, una enorme mayoría de predicadores, ministros, pastores, apóstoles y profetas de este tiempo, eligen cuidadosamente sus mensajes a partir de escrituras que dan la posibilidad de profundizar teológicamente en la palabra de Dios. Eso es bueno, porque ayuda a crecer y adquirir más conocimiento sobre el evangelio y sus figuras centrales. Algunos libros del Antiguo Testamento, Hebreos y las cartas de Pablo, son las preferidas, por sus contenidos que dejan mucha tela para cortar y líneas para analizar y estudiar. Perfecto. Yo también he incursionado en esto y bastante. Pero me ha quedado una asignatura pendiente por hacerlo: darle al evangelio siglo veintiuno, el sentido práctico que tanta gente apretada por la falta de tiempo por causa de sus trabajos, no tiene.

Entonces recurrí a una carta de la que se escuchan muy pocos mensajes, muchas menos predicaciones y escasa enseñanza: la carta de Santiago. Que en realidad se llamaba Jacobo y una onda bastante respetable asegura que era hermano de sangre de Jesús, o sea: hijo posterior de María y José. Puede que así sea o no, no es relevante para lo que quiero entregarte. O, en todo caso, y pensándolo mejor, sí que puede serlo. Porque si el hermano de Jesús, es capaz de escribir con tanta simpleza y sentido práctico sobre la vida de un hijo de Dios en la tierra, creo que estaría teniendo los pergaminos genéticos suficiente como para, al menos, prestarle debida atención. Sin embargo, -reitero-, no ha sucedido eso con el correr de los tiempos, y por eso hoy quiero revitalizar algunos conceptos de un pequeño párrafo de esa carta.

Santiago 4:1 = ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Rusia-Ucrania, Israel-Hamas/Palestina, son quizás las dos más promocionadas internacionalmente. Analistas políticos e historiadores han elaborado grandes hipótesis sobre las razones de cualquiera de estas dos guerras más conocidas, más allá de otras de menor calibre mundial que seguramente sufren y mucho aquellos que las padecen. Y han dado razones que, según el lado del que se encuentre el autor, llega a justificar la acción del protagonista circunstancial. Que tiene razón Rusia, que la tiene Ucrania, que Israel hace muy bien en proceder así, que no, que lo que sucede es un verdadero genocidio de gente inocente, etc.

Santiago es muy contundente, él dice que todo esto nace de los malos deseos que combaten en el interior de estas personas. De acuerdo, a una guerra no la decide un solo hombre, sino todo un gobierno conformado por mucha gente de distinta calidad y cualidad. Eso, si se trata de un país con operativas democráticas que abren un abanico de ideas y propuestas para que otro abanico de personas vote y decida. Pero, resulta ser que una guerra, o al menos una enorme mayoría de ellas, jamás salió como resultado de una urna electoral. No recuerdo que existan poblaciones que hayan obligado a sus gobernantes a entablar un conflicto armado con otra nación. Así que, mal que nos pese, y aunque parezca no muy elegante decirlo, habría que incursionar en la vida de esos gobernantes y ver, con presteza y atención, cuales son esos malos deseos o pasiones que recorren el interior de hombres con autoridad como para decidir guerras.

(2) Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. La codicia, lo sabemos, es el deseo o apetito ansioso y excesivo de bienes o riquezas. Es un sobre énfasis de la ambición natural del hombre por progresar y ganar dinero. Obviamente, no es solamente patrimonio de los gobernantes de las naciones, es lisa y llanamente un pecado más que abundante en toda la raza humana, cualquiera sea su condición. Porque no sólo codicia el pobre lo que no tiene ni puede tener, sino también codicia el rico, aunque en apariencia tenga de sobra de todo. Pablo se lo dice con claridad a su discípulo Timoteo en su Primera carta, capítulo 6 y verso 9: Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición.

¿Matar? La versión Biblia Textual dice Asesinar, que en apariencia sería más o menos lo mismo, sino fuera porque se ha establecido que asesinar es matar, efectivamente, pero con premeditación y alevosía. Veamos: alguien puede matar a alguien a raíz de una colisión de un vehículo contra una persona. Pero, en ese caso, generalmente se rotula como “homicidio culposo”, que en grandes rasgos, significa haber producido la muerte de alguien sin querer ni buscar hacerlo, por mero accidente o, en el peor de los casos, imprudencia. Es factor de penalidad jurídica y social, pero de ninguna manera con la potencia y la severidad conque se penaliza un asesinato. ¿Y todo eso por qué? Por envidia, dice aquí. Marcos 7:20-22 relata una sentencia de Jesús cuando dice: Y entonces agregó: «Es lo que sale de su interior lo que los contamina. Pues de adentro, del corazón de la persona, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, el robo, el asesinato, el adulterio, la avaricia, la perversidad, el engaño, los deseos sensuales, la envidia, la calumnia, el orgullo y la necedad.

No está escrito casualmente ese “ardeís” de envidia. Sólo puedes arder en algo o por algo, cuando el fuego del infierno te ha afectado hasta lo más íntimo. La envidia es un pecado que, si arde, causa muchísimo daño. Salomón lo dice bien claro en su Proverbio 14:30, cuando expresa: El corazón apacible es vida de la carne; Mas la envidia es carcoma de los huesos. Te voy a decir algo con valor de sugerencia y comentario, de ninguna manera como doctrina a cumplir: cuando te duelan los huesos de manera inexplicable, no dando ninguna cosa especial en ningún examen ni análisis, presta atención si tu vida no puede estar dando motivos de envidia a alguien a quien conoces. Un amigo, un familiar, un vecino, un miembro de tu misma iglesia, etc. Si la envidia que esa persona siente por ti es muy potente, podría llegar a afectarte los huesos de modo desconocido. Y no estoy divagando, créeme.

Después nos recuerda que, si bien combatimos con toda nuestra mejor voluntad y fuerza, y luchamos con todas las armas que conocemos como nuestras, la realidad cruda nos muestra que no llegamos a poseer lo que estamos persiguiendo y creemos ser justos merecedores. Deseamos lo que no tenemos, y entonces hasta tramamos, y hacemos guerras para conseguirlo. Y allí nos da un pequeño tirón de orejas por algo en lo que seguramente más de uno de quienes me están escuchando, pueden sentirse identificados. No pedir. Nos hablaron tanto de pequeños, y luego de adolescentes de ese Dios severo, casi cruel, malhumorado y deseoso de encontrarnos en un error para sacudirnos un palo por la cabeza que, a la hora de pedirle algo, sentimos un recelo lindando con la timidez. Y no nos damos cuenta que, al pensar así, estamos haciendo exactamente lo que nuestro enemigo desea que hagamos, hacer un lado a Cristo.

(3) Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. Claro está que a veces sí que le pedimos, porque cuando las cosas se nos ponen peligrosas o difíciles, entonces tenemos la tendencia universal de pensar en un Dios que, hasta allí, teníamos olvidado. Bien lo dijo alguien: “En una guerra no muere ningún soldado ateo”. Esto quiere decir que, a la hora de ver la muerte de cerca, hasta el más incrédulo es capaz de orar. Pero aquí viene el otro tema que no es menor: pedir, pero pedir mal, lo cual inevitablemente consigue que Dios no nos responda en absoluto a la oración ni al pedido. Y eso nos produce mucho enojo, a veces. No caemos en cuenta que Dios no es un pequeño oso de peluche al cual podemos acariciar cuando necesitamos algo y dejar tirado en un rincón cuando las cosas en apariencia nos van bien. ¿Qué pedimos? ¿Sacarnos la lotería? ¿Ganar en el Casino? ¿Qué gane nuestro equipo favorito? ¿Qué las personas hagan lo que nosotros queremos y necesitamos que hagan?

Fíjate que algunas de estas cosas que te he mencionado, en cierto modo representan asuntos que tienen que ver con nuestro deleite. Lo que nos agrada, lo que nos produce placer, lo que nos conviene, lo que nos interesa, lo que nos seduce, lo que supuestamente nos merecemos o nos corresponde, etc. Todo para el YO, todo para la carne. ¿En qué Biblia habrán leído que a todo eso Dios lo responde afirmativamente y gustoso? En ninguna. No hay versión que lo diga sencillamente porque Dios jamás lo dijo. De hecho, lo que dijo es todo lo contrario. ¿Y entonces? Entonces tendrás que escuchar a buenos y sinceros, pero ignorantes hermanos quejarse amargamente “porque Dios no oye su oración”. ¡Sí que la oye! Pero está esperando, con la paciencia y misericordia de un Padre amoroso, que entiendan que lo que deben pedirle, es lo que tiene que ver con el engrandecimiento y la gloria de Su Reino, no tonteras personales.

(4) ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

¡Epa! ¡Esto sí que nos da en el centro del ojo! Y además nos confunde en lo que hasta aquí podían ser nuestros principios. ¿No hay decenas de textos en nuestras biblias que nos hablan de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y dar prestado, y hospitalidad y todo eso? Si. Esos textos existen, conforman principios profundos a inamovibles del sentido humano que muestra el evangelio de la cruz, pero con la prudencia de no exagerar las cosas e irnos al otro lado de lo ordenado. Una cosa es amar a un prójimo que es incrédulo, pagano, impío y pecador. Procurar por todos los medios, con oración de fe y ayuno incluido, que esa persona sea tocada por el Espíritu Santo y encuentre a Jesús de la misma manera que, en nuestros peores momentos, lo hallamos nosotros. Pero, otra cosa muy distinta es convertirte en cómplice de todos sus pecados para que te integre a su grupo de amistades y no te rechace.

De ninguna manera voy a caerme en ese pozo negro e infame que ha sido, es y sigue siendo el legalismo a ultranza, y andar detrás de ti persiguiéndote a ver si te detienes a conversar con algún incrédulo para luego reprochártelo como pecado. A eso se lo ha hecho por años en muchos sitios supuestamente cristianos, y el resultado más que visible ha sido rebeldía, más odio, resentimiento y rencor de, en muchos casos, familiares cercanos. Si supieras la cantidad de hijos que han abandonado la casa de sus padres cristianos por causa de feroces persecuciones así. Decir la verdad tal cual la leemos aquí, es obligatorio. Pero el paso de obediencia o desobediencia, siempre es patrimonio del hombre. Dios quiere que todos seamos salvos, pero nosotros los hombres, en muchos casos tomamos una decisión absolutamente distinta y opuesta a eso. Nadie es creyente por obligación. Ah, y Dios tiene hijos, pero no nietos. ¿Se entiende? Sólo un detalle: si te sientes más cómodo con tus amigos no creyentes que con creyentes genuinos, entonces tienes un problema que ya está escrito, ¿Ok? Mira:

(5)  ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? A ver: ¿Tú no serás de esos que piensan que las escrituras no significan gran cosa para la vida del hombre actual? Porque mira que si algo contundente dice mi Biblia, es que Dios desea fervientemente que el espíritu que puso dentro de nosotros, (Y estoy hablando de ese que lleva la “e” minúscula, no del Santo, obviamente), le sea fiel. Y cuando ese espíritu humano nuestro va y se deja influenciar por otros ya ligados a los espíritus de la vereda opuesta, entonces mucho me temo que a nuestro Papá celestial no le gusta ni medio. Y, para mi gusto, tiene razón. Es exactamente lo mismo que sientes tú, cuando siendo padre de un adolescente, no puedes evitar que se junte con vagos, holgazanes o, lo peor, adictos a ciertas cosas que lo acercan a la delincuencia. ¡Mira que se lo advertiste! ¿Eh? Pero si no te oye, muy probablemente termine tras las rejas o en un saco mortuorio. Y ningún padre bien nacido quiere algo así como un hijo. ¿Ahora sí me estás entendiendo?

(6) Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Reflexiona: ¿En qué lugar encuentras los niveles máximos de soberbia? En el mundo secular, obviamente. Allí se me abre un abanico, porque bien puede ser en ámbitos del deporte, o del espectáculo, de las letras, incluso de ciertos tipo de ciencias o de la riqueza intelectual. Todo esto puede ser añadido a personajes sociales cotidianos, por ejemplo, de la política. He visto soberbia a lo largo de mi extensa vida, pero como la vi en ciertos estrados de la política, no lo vi en otros. ¿De verdad se creen omnipotentes, todopoderosos e inmortales? Me quedaría con esta última palabra, pero sacándole la “t”. Se leería inmorales, ¿Verdad? Ojo, porque cuando te dice que Dios resiste a los soberbios, no es que los soporta, los aguanta y se los banca. Dios tiene altísima misericordia, de acuerdo, pero con ciertos límites. Cuando mi Jehová de los ejércitos me habla de resistencia, me está hablando de combate, de pelea, de lucha cuerpo a cuerpo.

Eso es lo que hace con los soberbios. ¡Pero eso es con los mundanos! Ah, sí, ¿Eh? Dime con una mano en tu corazón para no evitar decir verdades: ¿Nunca has visto soberbia dentro de un templo? Y no te voy a decir en qué lugar de esos templos para no caer en imitaciones resentidas o rencorosas. Yo la he visto, y me basta y sobra para saber que a esos también debemos resistirlos. ¿Por qué? Porque somos Su cuerpo en la tierra, ¿Te habías olvidado? Y luego te da el remate, como para que no te queden dudas. Te dice que en lugar de resistencia, a los humildes los bendecirá con su gracia, esto es: con su o sus favores. ¿Sabes lo que es contar con el favor de Dios para todas tus cosas? Tremendo. No hay ni puede haber nada similar. Pero tienes que ser humilde para lograrlo. ¡Ah! ¿Pobre? ¡No! ¡Ni lo sueñes! Humildad de ninguna manera es carencia de dinero. Humildad es saber que lo tienes todo para estar en lo más alto, y elegir quedarte en el llano, como uno más del montón. Eso es humildad. Cualquier imitación, otro de esos bonitos eufemismos con los que mucha iglesia procura ocultar y adornar sus hipocresías.

(7) Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. ¡Este verso es único! Con este versículo, así, sacado del contexto, he oído desde las más brillantes enseñanzas, rozando la excelencia, una gama intermedia mayoritaria de interpretaciones ambiguas y aburridamente plenas de teología y carentes de Espíritu Santo y, como no podía ser de otro modo, las mayores barbaridades rozando lo groseramente grotesco. Y, cuidado, porque no estoy hablando de predicadores aprendices, ¿Eh? Algunos de ellos todavía me acompañan en este universo cibernético en el que me atr5eví a instalar hace ya más de veinte años. Así es que: ¿Valdrá la pena repetir lo dicho en varias ocasiones para registro de todo aquel que tuviera oídos para oír? Mi sentido del respeto me dice que no, que ya está. Pero mi sentido de la experiencia de ver lo visto y oír lo oído, me dice que sí, que debo ser reiterativo, aunque ofenda la inteligencia de algunos, a cambio de salvarle la vida espiritual a otros.

En primer término, déjame recordarte que de ninguna manera aquí se está hablando de un pobre hombrecillo que, sacudido por los golpes, bofetadas y puntapiés que le propina el diablo, pone rostro de víctima sufrida, muerde sus labios para no aullar a medida que los demonios le arrancan jirones de piel y, espera, como dice su biblia, que “resistiendo” todo lo que el diablo le está haciendo, a la larga él lo va a dejar tranquilo. Hermano querido, si eres uno de los que piensa y cree eso, ya te lo digo: fuiste. Como decimos por acá, ¡Chau! Creo haberte explicado hace un momento lo que significa en idioma celestial “resistir”. Es combatir, pelear, no abandonar jamás la batalla. Eso es resistir. Pero esa no es la base de la enseñanza. La clave y llave de la victoria, aquí, está en lo primero que leemos: someteos a Dios. Porque esta sería la contraseña que abre la aplicación ganadora. Batallar contra la tiniebla es factible de victoria plena, cuando antes te sometes a Dios, así de simple. ¿O no tanto…?

Porque, veamos: ¿Cuánta gente cristiana que conoces, puedes dar fe que está realmente sometida a Dios? No, no, no. No te estoy hablando de estar sometido al pastor de la iglesia, eso es otra cosa. Que sería bíblico, atinado y perfecto si ese hombre, a su vez, estaría sometido a Dios. Pero si ese hombre con jerarquía pastoral, no está sometido a Dios y se mueve conforme, -en el mejor de los casos-, a sus ideas más bien intencionadas de hacer cosas para la obra, o en el peor, de moverse conforme a lo que a él le convenga, entonces déjame recordarte que no sólo no estás sometido a Dios, sino que, para colmo de males, estás en esclavitud a hombre. Y nuestro Dios jamás te ha pedido ni te pedirá nunca eso. Sujetarte a autoridad que está sujeta a autoridad, sí. Pero sujetarte a autoridad que está sujeta a su carne, es error que, con el tiempo, inexorable y lamentablemente terminará en alguna forma de pecado. Aunque te hayan estafado en tu buena fe de querer hacer cosas buenas para la iglesia.

(8) Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. ¿Sabes por qué hay tantos cristianos que, en lo íntimo, se quejan amargamente de que Dios no parece prestarles atención? Porque por ego, vanidad o la razón que sea, se reprimen de acercarse al Padre con humildad. Dicen a quienes quieran oírlos que Dios los conoce muy bien, que sabe lo que hay en sus corazones y que no son proclives a buscarlo a cada momento. No leyeron esto que termino de compartirte. Lisa y llanamente te dice que si no te acercas a Dios, Él se verá inhibido de acercarse a ti. Es un principio. Y todo principio funciona cuando una parte de él lo pone en marcha. ¿Te acercas a Él? Él se acercará a ti. ¿Esperas que Él de el primer paso? Esperarás hasta el día del juicio. Luego les habla a los pecadores y les dice que si no se lavan simbólicamente sus manos llenas de suciedad, no quedarán purificados ni limpio a los ojos divinos.

Y la que sigue es una mención nada menos que para los que aquí denomina como de doble ánimo. Doble ánimo, si me lo dejas pasar en limpio, es el equivalente al doble mensaje. ¿Ejemplo? El hombre que en el templo de su iglesia se pasea con una sonrisa bondadosa que muestra dos hileras de hermosos dientes blancos; el que cuando suena la música de adoración, levanta sus manos hasta tocar el techo, si le fuera posible. El que cuando lo invitan a orar, desgrana un verdadero arsenal de decretos, declaraciones y efectos proféticos de reprender demonios o preanunciar bendiciones. Ese mismo hombre, cuando sale del templo con su familia y retorna a su casa, es violento con su esposa y sus hijos al punto de agredirlos físicamente. Que confunde tener relaciones íntimas en su matrimonio con una violación a la persona de ella. Ese es un doble mensaje. Lo malo de esto es que, en ausencia grave de discernimiento, la iglesia en su conjunto se queda con el mensaje que este hombre muestra en el templo y, por ende, no cree en lo que su esposa relata a modo de denuncia y lamento.

¿Has oído que Dios busca corazones que estén conformes a Su corazón? Lo fue David, con todo lo que un legalismo a ultranza podría haberle censurado a David. Puedes serlo tú o alguien que conoces y amas, más allá de las formas. Pero ten presente algo: para tener un corazón conforma al corazón del Padre, es imposible sostener un doble mensaje. Y no tanto con el discurso, como vimos recién, sino con los hechos. Tú no puedes purificar tu corazón y luego hacer malabares para serle leal a Dios y al mundo por igual. O recoges o desparramas. Y te vuelvo a repetir: no estoy hablando de aislarte en una cúpula de cristal y no tener contacto con nadie que no vaya a una iglesia, no, Dios me libre de eso. Estoy refiriéndome a cuestiones que tú conoces muy bien. Si estás aquí, eres de aquí, y muchas de las cosas que hacen los de allá, aunque no sean todas, tú no puedes hacerlas. ¿Tendrás un corazón conforme al corazón de Dios? Entonces tienes que ir sabiendo que hay cosas que ya note son permitidas. Tú sabes cuales, no necesitas que te lo diga.

(9)  Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Y este mensaje final creo que va para todos los que han optado por vivir una vida desaprensiva e indiferente a todo lo monumental para lo que fuimos creados. A veces, en la calle, veo a cierta y determinada gente, no interesa si hombre o mujer, y me pregunto si sabrán lo que para Dios significa sus vidas. Yo creo que no, porque de otro modo no la estarían desperdiciando de esa manera tan grosera. ¿Sabes lo que cuesta una vida? ¿Sabes la infinita cantidad de coincidencias  biológicas tienen que darse para que una vida sea real? ¿Tienes una cercana idea, -a excepción si eres médico o científico-, de la maravilla casi sobrenatural que es un cuerpo humano y la sincronización perfecta de su funcionamiento? ¿Sabes lo que significa agredirlo con comidas chatarra, alcohol o estupefacientes?

No, no lo sabes. Quizás por nadie te lo enseñó, o porque habiéndotelo enseñado alguien, elegiste no creerle y no interesarte por eso. ¿Y por qué crees, casi infantilmente, que ese Dios en el cual dices no creer, tomas por una fantasía inventada para disciplinar niños o algo similar, va a fijarse en ti y te va a ayudar cuando te llegue el tiempo de la tribulación? Porque la Palabra no dice que si en una de esas, por casualidad o mala suerte te toca pasar por una tribulación. Dice que cuando llegue esa tribulación deberás estar fuerte. Eso me dice a mí y te dice a ti que te está diciendo que a la corta, mediana o larga, alguna tribulación te va a llegar. ¿Y entonces qué? Te vas a afligir, a lamentarte y a llorar. Y tus recientes risotadas de panza llena va a dar paso a un llanto del que nadie va a compadecerse. Y que, de un momento a otro, toda tu anterior alegría se convertirá en tristeza, depresión y amargura. ¿Así es como quieres vivir?

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julio 20, 2025 Néstor Martínez