Si eres observador como yo y le prestas atención a todos los detalles, porque ya sabes que a veces en los pequeños detalles están las grandes respuestas, habrás comprobado que el pueblo cristiano tiene un respetable barullo lindando con la confusión respecto a como orar, y esencialmente a quien orar y de qué manera que se estime correcta. Hay gente que le ora solamente a Dios Padre, otra que lo hace con Cristo, otra que se dirige al Señor Jesús, otra que solamente le ora al Señor, sin especificar nada más y, para completar el cuadro, están los que decidieron orarle directamente al Espíritu Santo. Eso ha traído y sigue trayendo innumerables discusiones y debates, respecto a la conformación correcta de la Deidad y a la utilización o no de la no bíblica nominación de Trinidad para el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Todos los que hemos recibido una enseñanza tradicional, aceptamos y pusimos por obra la mecánica de orar dirigiéndonos a Dios Padre, en el nombre de Jesucristo el Hijo y con la guía del Espíritu Santo. Se nos enseñó, y a muchísima gente le ha funcionado y de manera excelente, que esa era la forma correcta de orar y que cualquier otra manera no tenía suficiente respaldo bíblico. No sé si es tan así, creo que aquí tuvieron mucho que ver las distintas facetas doctrinales de las distintas denominaciones evangélicas, que aceptaron que todos eran cristianos iguales, pero que solamente tenían la verdad suprema los que creían y ejecutaban la doctrina de su denominación. Una discusión estéril, sobre todo cuando en ese mismo tiempo usado para discutir, el infierno se seguía llevando almas por toneladas a su fuego eterno.
En algún momento de mi vida de creyente, más allá de si ya era ministro del Señor o no, Él tuvo la suficiente misericordia como para mostrarme que las cosas estaban muy por encima de esas cuestiones pequeñas que nos entretenían en nuestros debates. Empecé a darme cuenta que existían niveles y dimensiones en Dios de las cuales yo no conocía nada y, por lógica consecuencia, no podía ni hablar ni mucho menos enseñarle nada a nadie. Así fue que comencé este trabajo, que por su contenido profundo te entregaré en dos partes, y que de ninguna manera pretende establecer una nueva doctrina, una más para discutir, sino simplemente aportarte lo que quizá te falte en este día para conocer un poco más a nuestro Dios. Quiero comenzar este trabajo leyendo un texto que se encuentra en el evangelio de Marcos, capítulo 10, versos 32 al 45.
Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.
Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?
Ellos dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado. Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan.
Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Antes de examinar todo esto, quiero que sepan que es muy importante entender qué es el Reino de Dios. Ya habrás podido comprobar que en este tiempo tan duro que nos ha tocado vivir, la pandemia llevó a que mucha gente que venía hablando de diversos temas teológicos, de pronto sintiera la necesidad de hablar del Reino por una simple y sola razón: se dieron cuenta que ese y no otro era, es y sigue siendo el único evangelio a predicar, porque ese y no otro fue el que vino en labios de Jesús. Todo lo otro que conocemos, fue invento de hombres, tal vez muy bien intencionados, pero en su fondo visible, solo religiosos.
Y te digo todo esto que parece innecesario a esta altura de nuestras vidas de creyentes, porque en ausencia de ese entendimiento, tú careces de victoria en el día de hoy. Hemos dicho hasta el cansancio que, tal el hombre piensa, el hombre es. Y si por falta de entendimiento no te queda otra que pensar en derrota, que no te quepan dudas que andarás por mucho tiempo en derrota. Al menos, hasta que cambies tu manera de pensar. Hemos aprendido que en un determinado tiempo, por la voluntad de un hombre, Dios perdió su administración en la tierra. Porque tú ya sabes que el Reino de Dios es una influencia, que es la autoridad que ejerce el rey sobre el pueblo. Pero que esta autoridad era relativa a responsabilidad, y se consuma o establece en obediencia.
Y te doy un ejemplo: si tú das una orden y nadie te obedece, tú no estás reinando. Dios reina en el pueblo que le obedece, voluntariamente. Dios no reina necesariamente en un grupo de personas que se reúnen en un templo a tejer políticas religiosas para acceder a cargos rentados o a elaborar estrategias discursivas para incursionar en la política local con aspiraciones de poder humano. El Reino de Dios fue interrumpido por desobediencia. Cuando Adán desobedeció, Dios, aunque tenía derecho de reinar, no pudo reinar en el hombre, porque una vez que Adán pecó, ya no había hombre obediente. Entonces, aunque Dios tenía derecho, no tenía el Reino establecido en el hombre. Sólo lo fue durante el tiempo en que Adán vivió en el huerto, obedeciendo.
Alguien me dijo la semana pasada, calculo que a modo de elogio rozando la adulación, que admiraba mi autoridad para enseñar. Se lo agradecí, pero le aclaré que eso no era ningún mérito mío, sino simplemente la decisión de humillarme ante Dios y los hombres para ser exaltado solamente por Él. Tengo claro que solamente es obediencia lo que produce autoridad. Por eso no abunda tanto como quisiéramos. Ahora bien, vuelvo a mi Biblia. Pasó todo el Antiguo Testamento, y no apareció un hombre que cediera su voluntad a Dios de manera personal y voluntaria, por decisión propia y sin presión alguna, para que de esa única manera fuera posible que Dios hiciera Su voluntad en él. Por eso Dios dijo: “Lo voy a hacer yo mismo”. Y se despojó de la deidad y se convirtió en hombre.
Ahora escucha esto con atención. Para Jesús era tan difícil ser hombre, como lo es para ti ser divino. El tenía todos los genes divinos y estaba obligado por un cuerpo descartable a comportarse como hombre, ¿Sabes el esfuerzo que tiene que haberle significado eso? El mismo que tendrías tú para convertirte en un ser divino, o sencillamente para hacer eso que habrás oído centenares de veces en boca de predicadores: andar en el espíritu… ¿Ahora estás comprendiendo? Mientras más Jesús cedió su voluntad, más la voluntad de Dios habitaba en él. Mientras más el hombre cede su voluntad, más la voluntad de Dios se establece en ti. Cuando Satanás vino donde estaba Jesús, le dijo: “Convierte las piedras en pan”. Pero Jesús dijo: “No, yo a este asunto lo voy a resolver como hombre, no como Dios”.
Y no te vayas a pensar que Jesús dijo e hizo eso para demostrar que era masculino o algún otro machirulismo de los que tanto vemos hoy. Él lo decidió así porque sabía que así como un hombre perdió el Reino, así también un hombre tenía que establecerlo. Por eso entre Dios y el hombre, sólo hay un Dios: Cristo Jesús, hombre. ¿Entendiste bien lo que dije? Entre Dios y el hombre, sólo Cristo Jesús Hombre. Cristo establece el Reino de Dios, una vez más en la tierra. Vino a establecer lo que se perdió. No los que se perdieron, como enseñan algunos, LO que se perdió. Así dice en mi Biblia. Se habían perdido dos cosas. Por la desobediencia, se perdió el Reino de Dios en el hombre. Y se perdió la administración del Reino de Dios, a través del hombre. A través de un hombre, se establece el Reino de Dios en un hombre, otra vez. Se convierte en el último Adán. Pero sólo es el segundo hombre.
Y Nosotros somos los subsiguientes. Tú eres el tercero, tú el cuarto, el quinto, el sexto. Es el último Adán, pero es el primogénito entre los hombres. Vino a establecer el Reino y lo estableció. Ahora falta que la administración del Reino, sea manifestada en medio de nosotros. ¿Te estás enterando cual es tu verdadera misión y responsabilidad en esta tierra? ¿Entiendes ahora que no naciste para pasarla bonito, tener un buen trabajo, comprarte una linda casa, un buen auto e irte de vacaciones todos los veranos? Si eres obediente al mandato, tal vez todo esto se te incluya, pero recuerda el clásico de todos los clásicos: Busca primeramente el Reino y su Justicia…Cuando esa manifestación esté en su plenitud, Cristo vuelve y le entrega la administración al Padre. Dios nunca perdió su Reino, sólo delegó la administración. Al primer administrador le fue muy mal. Al segundo administrador, ahí lo está administrando.
A ver si te lo puedo explicar con claridad. La voluntad de Adán, destruyó de un golpe el derecho de Dios. La voluntad de Cristo, restauró con dolor ese derecho de Dios. En este pasaje bíblico que hemos visto, comienza una revelación que, cuando la conozcas, yo creo que va a transformar tu vida, como en algún momento, cuando yo me di de cara con ella, ya lo hizo con la mía. Cristo se está comunicando con su pueblo, con sus discípulos. Noten que cuando se fue la multitud, Él apartó a los discípulos, los separó. Aprende esto que sigue porque es un principio inmutable. Cuando Dios quiere hablar un misterio, habla con los que tienen compromiso con Él. Al resto les habla en parábolas. Por eso hay tanto símbolo dando vueltas por tanta iglesia, y tan poca gente que tenga las cosas de Dios bien claras. Recuerda que un misterio de Dios solamente puede ser revelado por Dios mismo, mediante su Espíritu Santo. Aquí no valen ni la hermenéutica ni la teología conjunta.
Ahora bien; es absolutamente normal decir y asegurar, que dentro del indefinido pero muy numeroso grupo de gente que hoy está del otro lado escuchando esto, habrá personas que no van a entender el misterio. No por malas, no por incrédulas, no por pecadoras, sino simplemente porque no son personas de compromiso. Creen en nuestro mismo Dios, lo respetan, tratan de trabajar para algo suyo y hasta lo aman, pero no se comprometen. Cuando llega el momento de dar la cara o poner el cuerpo, huyen hasta el último banco y se quedan quietitos como si nunca hubieran llegado. Cuando él comunica a los discípulos, les dice que van a ir a Jerusalén, y que allí lo van a escupir, a salivar, a humillar, a escarnecer, a golpearlo con látigos y al final lo van a matar en una cruz, crucificado. Oye: ¿Qué crees que dijeron esos muchachos que lo miraban cada vez más espantados?
¡Que no!, ¡Que de ninguna manera! ¿Cómo iba a permitir eso Él? ¿Qué iba a ser de ellos si sucedía eso? Muy generosos, comprometidos y con conciencia de trabajo de equipo, los muchachos. Se escandalizaron. Claro, hoy te resulta sencillo entenderlo y pensar cualquiera de esos jóvenes, pero ponte en su lugar en ese momento en el tiempo y la distancia. Hay una cosa que es cierta y real, además de comprobable. Ellos habían dejado todo lo que tenían para, durante estos últimos tres años, caminar junto a este hombre tan parecido a un Súperman de la prehistoria, pero también a uno de esos que terminan siendo carne de manicomio. Y de repente, este superhombre dice que lo van a matar, y lo más impactante, que Él parece estar, sino de acuerdo, al menos consciente que eso tenga que ser así. Una vez más, lo primero que viene a sus mentes, es: Si Él muere, ¿Qué será de mi? Este era el que resolvía todos mis problemas. Discípulos, dice mi Biblia. Apóstoles, les decimos todos a todos. Y hasta lo incluimos a Judas Iscariote en ese respeto casi místico. Jóvenes más o menos creyentes metidos en una guerra de la cual no tenían ni información ni conciencia.
¿Cual era el pensamiento dominante en cada uno de ellos cuando lo oyeron decir eso? Algo así como: “Si no teníamos dinero, Él iba a pescar. Si teníamos hambre, Él multiplicaba los peces y los panes. Si la tormenta nos aterrorizaba, Él calmaba los vientos. ¿Y ahora me viene con el cuento de que esta gente mediocre lo va a matar? ¡Haz algo! ¡No permitas que te maten! Saca el dedo de Dios y haz explotar a todo el planeta. ¡Haz algo!” Veo tu sonrisa y tu gesto de enojo o comprensión, pero déjame que te pregunte qué hubieras hecho tú en ese mismo lugar y momento de la h historia, y sin saber ni conocer nada de lo que hoy sabes y conoces sobre Jesús. La verdad genuina, por favor, ¿Qué crees que hubieras hecho? Pero Cristo dice que no, que tienen que entender. Yo vine a hacer algo, y voy a hacerlo en la cruz. Pero de repente dice: ¡Pero no te preocupes! Yo voy a regresar en tres días. Dos mil años. Tres días.
Pero eso que les dijo no trajo paz al corazón de los discípulos. Si tú recibes una noticia que un niño murió, pero te dicen que no te preocupes porque está con Dios, no te va a importar, porque esa muerte te sigue doliendo. Los discípulos estaban dolientes. Su amigo Jesús, les estaba comunicando que iba a morir. Y en ese momento, Santiago y Juan, reaccionan de una manera muy extraña, porque dicen: “No sabemos que es lo que te va a pasar, pero creemos que será como dices, así que queremos estar en ese lugar contigo, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”. Fíjate; la mayoría de los teólogos y muchos predicadores importantes, han dicho con respecto a esto que tanto Santiago como Juan, eran egoístas. Y no sólo eso, en una gran cantidad de Biblias, de esas que vienen con comentarios en los márgenes, te hablan de auto exaltación de esos dos, de ambición, de egoísmo Yo pregunto: ¿Sería egoísmo de mi parte decir que quisiera estar al lado de Cristo? ¡No! ¡Hay lugar para todos! Escucha, tú que supones que no eres nadie y me escuchas como si yo fuera un enviado especial del cielo a la tierra: ¡Tú cabes, también! ¡Tienes lugar allí!
Todos los discípulos se enojaron. Hay niveles en Dios que tú vas a querer asumir. Y las voces familiares, te van a decir que qué te has creído. Que nosotros somos de aquí abajo y que tú no eres de allá arriba. Tú eres un pajarraco común, no puedes ser águila. Tendrás que conformarte con ser gallina. Hay gente que llega a ciertos niveles y no suben más. Y se les hace más fácil sujetarse a ti que superarse ellos. Ten cuidado con esas voces. Lo cierto es que, aunque si lo miramos desde el mismo ángulo que lo están mirando ellos, podamos estar viendo lo mismo, aquí hay una realidad que es palpable y comprobable. ¡Yo no soy ningún pajarraco ni gallina asustada! Y tengo la certeza que tú tampoco lo eres. Estoy convencido que tanto tú como yo somos dos águilas imbatibles que sólo están esperando que se desaten los vientos para enfrentarlos y elevarnos a una altura tal de donde nadie nos pueda bajar. Si tú quieres creer y declarar otra cosa, allá tú, a mí déjame en esta locura que siento que me lleva a la victoria final.
Yo creo que era una locura no tan loca y similar a esta la que tenían esos dos muchachos que se largaron a hablar y a decir lo que ellos sentían y esperaban. Porque es más que obvio reconocer que Santiago y Juan, tenían que tener dos cualidades más que visibles para comportarse asi. En principio, tenían que tener mucha fe, y en segundo término, creer como creyeron en la resurrección, Y no lo hicieron al día de hoy, cuando hemos hecho dos mil estudios sobre la resurrección, se permitieron hacer eso…¡Cuando no había resurrección! Ellos miraron a Jesús con sus ojos llameantes de fuego santo y le dijeron: “Yo no sé de lo que tú estás hablando, pero si funciona, hazme lugar porque yo voy contigo.” Entonces Jesús les dijo: No puedes venir ahora, porque yo voy a hacer algo que tú no puedes hacer. ¿Hacia dónde iba Jesús? ¡A la cruz! Reitero la pregunta: ¿Dónde estaba por ir Jesús a hacer algo que ellos no podrían hacer? A la cruz.
Muy bien; es tiempo de ajustarte los cinturones porque vamos a despegar. Vamos a concluir con esta primera parte, pero te voy a dejar las bases para que en la segunda tengamos un cierre de esos que te dejan pensando y estudiando el resto de tu tiempo. Vamos a viajar por la palabra de Dios. Vamos a hacer una sinopsis. Vamos a estudiar lo que se necesite estudiar de los evangelios, para ver qué fue lo que Jesús fue a hacer a la cruz. Porque todos nos llenamos la boca hablando de Jesús y su sacrificio en la cruz. De su sangre, de su corona de espinas, de sus padecimientos a nivel de tortura refinada y de su rostro lastimoso y sufriente, pero muy pocos de nosotros tiene conciencia clara y conceptual de lo que verdaderamente fue a hacer Jesús a la cruz. Porque quiero que entiendas algo básico y fundamental: A Él nadie lo llevó a la cruz a morir, Él fue porque tenía una misión que cumplir desde ese madero.
(Marcos 14: 22-25) = Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios. (No beberéis más del fruto de la vid, ¿Hasta cuándo? Hasta aquel día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios. Por favor, lee bien y entiende lo correcto. Dice que lo beba nuevo, no de nuevo. Lo primero nos habla de vida y revelación fresca, lo segundo de una repetición lineal inexistente.)
1 Corintios 11: 26) = Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
(Marcos 14: 25) = De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.
(1 Corintios 11: 26) = Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
Pablo dice que observes la cena, hasta que Cristo venga. Cristo dice: no coman la cena, hasta que llegue el Reino. Pablo dice: ¡Sigue comiendo, hasta que Él venga! Aparentemente, el Reino y la Venida, son dos eventos. Porque Cristo estableció el Reino y envió el Reino a la iglesia, cuando envió al Señor de la iglesia, la promesa del Espíritu Santo. Donde el Espíritu reina, eso es Su Reino. Porque Cristo es cabeza de la iglesia, pero el Espíritu es Señor de la iglesia.
Nadie viene al Padre si no es por Cristo, por un mismo Espíritu. Y donde está el Espíritu del Señor, ahí es donde hay libertad. Vemos que el Reino no tiene nada que ver con la Venida de Jesús. Porque estamos observando lo que no se puede observar en ausencia del Reino. Sigamos leyendo en Marcos, verso 25 otra vez. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios. (26) Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.
Nota que la conversación continúa. Y acá es donde voy a darte un consejo que no podría ser más puntual y sabio: ¡Tira a la basura todos los subtítulos que hay en tu Biblia! Te digo más: ¡Arroja al mismo lugar a todos los capítulos de tu Biblia! No te preocupes, no es Dios. Dice: Cuando hubieron cantado el himno. Oye: los himnos son bien viejos, ¿Si? Ellos cantaban himnos, ya. Eran otros, distintos, mucho más rítmicos, no los gregorianos que conocemos. Esos ya saben de donde salieron.
Tienes que verlo de esta manera: Cristo está comunicando que tiene que ir a la cruz. Ellos están en una conversación muy densa y pesada, y ahora van a caminar para digerirla. Pero seguirán hablando de lo mismo. La misma comunicación. Ahora bien; esto es importante, porque ahora el Monte de los Olivos y la llamada Santa Cena, es una sola escena. Y eso cambia nuestra doctrina. Y este será el plato fuerte de esta cena. Y será en la próxima semana.
(Marcos 14: 26) Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos. (27) Entonces Jesús les dijo: Todos os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas. (28) Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. ¡Es la misma escena que veíamos la semana pasada! Jesús sigue comunicando que tiene que ir a la cruz. ¿Para dónde va, Jesús, entonces? ¡A la cruz! Y les dice: “Yo tengo que ir a la cruz, más no se preocupen, porque voy a ir a la cruz, pero voy a regresar, en tres días.
Y voy a ir delante de ustedes. ¡Voy a resucitar! Ellos están oyendo esto. (29) Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no. A ver; primero habló Santiago, y Juan, y dijeron: ¡Si te vas, nosotros vamos contigo! A la izquierda y a la derecha tuya. Y siguen hablando. Y ahora es Pedro el que sale y dice: ¡Escucha, si ellos te niegan, yo no te voy a negar! Y se pavonea y casi grita: ¡Ah, no! Aunque todo el mundo esté negándote, ¡Yo no!
(30) Y le dijo Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces. (31) Mas él con mayor insistencia decía: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo. ¿Escuchaste bien? También todos decían lo mismo. Todo el mundo le echa la culpa a Pedro, pero acá dice que cuando él dice que no lo va a negar, todos dijeron lo mismo. ¡No! ¡Aunque tengamos que morir, no te negaremos!
Pero, en verdad, los que pidieron lo que tenían que pedir, fueron Santiago y Juan. Son los más criticados por todos nosotros, los súper ungidos del siglo veintiuno con toda la información posterior conocida, pero lo bien cierto es que fueron los únicos que pidieron la verdad. Cuando los discípulos de Jesús hacían algo equivocado, Él los reprendía inmediatamente. Lo vimos y comprobamos en muchos casos, el de Pedro es uno cuando le dice ¡Atate Satanás! Sin embargo, a Santiago y a Juan no los reprendió, sino que les dijo como conseguirlo. Dos cosas: tienen que beber el caliz y ser bautizados como yo. Y no hablaba de zambullirse en un bautisterio, obviamente.
Pero no les dijo que no, todo lo contrario; les dijo como conseguirlo. Vamos a seguir la sinopsis, evangelio de Juan. Capítulo 13, verso 36. Es el mismo episodio, la misma escena. Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? A ver, a ver, a ver. Jesús estuvo comunicándoles. Los doce estaban allí. Santiago y Juan piden cercanía con Dios. Pedro dice que no se preocupe, que él morirá junto con Jesús. Pero todos están escandalizados. Pero Pedro siempre quería saber más. Y él sigue preguntando. ¿Para donde vas? ¡Pedro! ¿No lo escuchaste antes? ¿Para donde iba? A la cruz.
Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; más me seguirás después. A ver, haz memoria, ¿Cómo murió Pedro? En una cruz. El pobre no se dio ni cuenta que le profetizó su muerte. Yo voy a ir ahora a la cruz, más vosotros no podéis venir ahora, pero tú Pedro iras después. ¿Verdad que parece gracioso? Pero creo que cuando te diga lo siguiente, no lo será tanto. Porque el problema de Pedro, es el mismo problema de la iglesia.
Él no sabía para donde iba. ¿Para donde iba? Para la cruz. ¿Cómo murió Pedro? Eso es confirmación de que iba para la cruz, ¿No es así? (37) Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. ¡Pobre, no entiende! (38) Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces. Fin del capítulo. Sigue la misma conversación. Para donde yo voy, no me puedes seguir ahora, Pedro. ¡Parece que no me están entendiendo, muchachos! No se turbe vuestro corazón, ni tengan miedo.
Paz con ustedes. Yo tengo que ir a un lugar, tengo que hacer algo, pero voy a volver. Aquí, en este punto es donde los inteligentes y con alta visión ya se me adelantaron. Habrá un montón que seguirán con la boca abierta como estaba yo en una época no muy lejana. No se turbe vuestro corazón; si saben creer en Dios, crean en mí también. En la casa de mi Padre, hay muchas moradas. Si así no fuera, no te hubiese dicho que voy a preparar un lugar. ¿A dónde iba? ¿Para donde iba? ¡A la cruz! No al cielo…
El lugar que fue a preparar no fue en el cielo. ¿A dónde iba? A la cruz. Si no fuera así, no te lo hubiese dicho. ¿Que fue lo que les dijo? Que iba a Jerusalén, y que iba a ser crucificado. Si no fuese así, no te lo hubiese dicho. ¿Qué les dijo? ¿Qué iba para dónde? Para la cruz. Ese es el problema de capítulos, subtítulos tradicionales hechos por hombres. Lee exegéticamente. Mira lo que dice: si esto no fuera así, no te lo hubiera dicho. Voy, pues, a preparar, un lugar para ustedes.
Y si me fuere, prepararé el lugar, y vendré otra vez, en tres días. Había dicho ya en dos ocasiones que vendría en tres días y que ahí iría delante de ellos a Galilea. No se turbe vuestro corazón. Vine para preparar un lugar. Se llama Emanuel, Dios con los hombres. La iglesia de Dios, ese es el lugar. Y en la casa de mi Padre, 1 de Pedro dice: estamos siendo edificados como casa espiritual. Hebreos capítulo 3 y versículos 5 y 6, dice que Moisés fue fiel sobre su casa, como siervo. Pero que Cristo fue fiel sobre su propia casa, como Hijo, la cual somos nosotros.
En la casa de mi Padre, muchas moradas hay. No dice algunas…No dice unas cuantas…Dice que son ¡Muchas! ¿Tienes idea lo que es para Dios esa palabra, “muchas”? Todas, todas las necesarias. Para que donde yo estoy, dice mi Biblia. ¿Dónde estaba? ¿En el cielo o en la tierra? En la tierra. Ustedes están allí conmigo, eso dice Jesús. Y los tomaré para mí mismo, añade luego. ¿Sabes qué significa eso? Que el Espíritu Santo no nos fue dado para hablar en lenguas. Nos fue dado, primeramente, para ser bautizados en un solo cuerpo. Y no hablo de agua, hablo de fuego.
Y allí es donde ellos vuelven a decirle a Jesús que cómo van a saber dónde les hará sitio si no saben para dónde va. ¿Cómo que no saben para dónde va, si ya se los dijo como diez veces? No lo oyeron, no lo entendieron, no lo registraron, no sé qué cosa tienen en las orejas. El caso es que ellos le preguntan dónde va porque no lo saben. Muy bien: creo que la iglesia tampoco lo sabe hoy y ahora. ¡Es que no sabemos el camino, Señor! Y ahí es donde Él les dice lo célebre de: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Pregunto: ¿Cuántos encontraron el Camino?
¿Dijiste Yo? Tú, varón o mujer que me estás escuchando, ¿Me respondiste que tú encontraste el camino? ¿Sí? ¡Gloria a Dios! Porque si encontraste el Camino, entonces llegaste. Porque si Jesús es el Camino y tú me dices que lo has encontrado, es porque entonces ya llegaste a Él. Y si llegaste a Él, llegaste al Padre. Ahí es donde Felipe, medio duranco todavía, le pide que le muestre al Padre y eso le bastará. En contrario de lo que hubiera hecho cualquiera de nosotros, Jesús no se enoja y sólo le dice que con todo el tiempo que lleva conociéndolo a Él, como es que todavía no ha podido ver al Padre. Me pregunto cómo es que Felipe se taró de esa manera. ¡Simple! Felipe no quería conocer a Cristo, quería conocer al Padre.
Yo creo que muchas veces hemos sido visitados por el Padre, igual a ellos, y nadie se dio cuenta, lo mismo que les pasó a ellos. Jesús, fíjate, está hablando de lo más difícil de su vida. Hemos leído en Hebreos, alguna vez, que Cristo clamaba con gran clamor, al que lo podía librar de la muerte, y dice que fue oído por su reverencia, no por sus gritos. Hay todavía mucha gente que grita, pero la mayoría no tiene respuesta. Pero Jesús fue oído por causa de su temor de Dios. No te olvides que temer a Dios es simplemente obedecer a Dios. Fue escuchado por causa de su obediencia. Él siempre dijo que quien lo veía a Él, veía al Padre, y que no hablaba sus palabras, sino las palabras de su Padre.
De repente, ahora hay dos voluntades. No se haga mi voluntad, sino la tuya. En toda su vida había sólo una voluntad. Me viste a mí, viste al Padre. El Padre y yo somos uno. Verme a mí, es ver al Padre. Las obras que yo hago, las hace el Padre. Y de repente, no se haga mi voluntad, sino la tuya. Evidentemente, había una voluntad sometida bajo otra. Tan sometida que nadie lo vio. El Reino de Dios, se establece en obediencia. Y Él está comunicando que va a ir a la cruz para preparar un lugar que nos va a proteger. Donde ya no tenemos que tratar de agradecer a Dios, sino que Cristo ya agradeció a Dios por nosotros. Se acabó el legalismo, no tenemos que usar taparrabos, y nos escondió en la iglesia.
Ahora escucha: vienen a buscar a Jesús y preguntan: ¿Dónde está Jesús? y Él dice: ¡Yo Soy! Y ahí fue donde todo el mundo se fue al suelo. ¿Por qué cayeron? Porque Cristo se identificó con el mensaje en medio de su más alta crisis. Identificación con Cristo en medio de una tremenda crisis, produce poder. Más vuelve y habla y dice: ¡Soy yo! Yo y muchos más, seguramente, aquí nos preguntamos: ¿Por qué se identificó dos veces? La primera vez fue identificación. La segunda vez, había un pleito, una batalla, un incidente violento. Pedro, recuerda, ya había sacado la espada, y su santa intención era partir en dos partes iguales a cuanta cabeza encontrara a tiro. Claro está que él no era espadachín ni soldado, era pescador, entonces falló en el golpe y sólo arrancó una oreja. Pero créeme que su intención no era esa, ¿Eh?
Allí fue donde Jesús dijo: Ustedes no lo están buscando a él, me están buscando a mí. Soy yo. Lealtad. Mucha. Toda. Hombres de integridad en tiempos de Cristo. Nosotros hubiéramos aprovechado ese meterse de Pedro para desaparecer por el otro lado antes que se dieran cuenta que estábamos acompañándolo a él y se las agarraran con nosotros y nos llevaran. Integridad. Seh. Entonces Jesús dijo que no, que no era ni a Pedro ni a los otros, era Él el que traía el mensaje. Hombres sin integridad, no van a ver a Dios. Y nota conmigo claramente, que todo esto está predicado en la Biblia en el capítulo 17 de Juan. O sea que Cristo anticipa por qué va a ir a la cruz a preparar un lugar.
(Juan 17: 4) = Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. A ver, a ver, a ver… ¿Cómo es esto? ¡El no puede haber glorificado a nadie sin haber ido a la cruz! Fíjate que Cristo dice: Yo te he glorificado. El dice que ya glorificó al Padre y que había acabado la obra. ¡Pero está parado allí! ¡Y está hablando! Y todavía no ha ido a la cruz. Nota que esto no es en lo natural, porque ahí está hablando Cristo, no está hablando Jesús. Proféticamente, del otro lado de la cruz. Había un tiempo en que era Jesús el que hablaba, y al igual que un hombre, hoy, hablar por Dios proféticamente, el espíritu de profecía, es el espíritu de Cristo. Dice Apocalipsis que Jesús estaba hablando proféticamente, llamando las cosas que no son, como si ya fuesen.
Y profetiza, del otro lado de la cruz. Yo he glorificado tu nombre. Terminé la obra. Verso 6: He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora mira los versos 9 y 10: Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ahora mira el 11: Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. ¡Yo, ya no estoy en el mundo! ¡Un momento! ¿Cómo que ya no está en el mundo si está allí, parado frente a ellos? Escucha: proféticamente, Él está estableciendo la victoria del lugar preparado.
¿Cómo lo entendemos? Está diciendo que Él ya no está en el mundo, pero que “estos”, o sea ellos, sí lo están. Entiende: es posible caminar en una dimensión profética, aquí. Cuando tú encuentras esa dimensión, ya nadie más te puede detener. Eso se llama La Soberana Vocación. Si en la vocación baja, siempre hay un lugar de arribo, donde te parece lo máximo que puedes llegar y dices y te dices a ti mismo: ¡Hasta aquí llegué! Más en la Soberana Vocación, no hay ningún lugar de arribo. Tú sigues, y sigues, y sigues y sigues. Y un día te sientes más liviano, y es que tu cuerpo murió. Y sigues, y sigues, y sigues. ¡Esa es la Soberana Vocación!
Jesús estaba en esa dimensión, por eso es que dice que Él ya no está en el mundo, pero que ellos sus discípulos sí están en el mundo, y que va hacia el Padre, y le pide que a los que les ha dado, los guarde. Que no los saque del mundo, sólo que los guarde del mal. En Su nombre y con un solo propósito: para que sean uno. Así como el Padre y yo somos uno, dice. ¿Y cómo era que el Padre y Cristo eran uno? ¡Lo que hacía el Padre, hacía el Hijo! Mira el verso 13: Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. ¿Eh? ¿Qué pasó? ¡Si acaba de decir que no está en el mundo! Y ahora dice que hablará esto en el mundo. Y transfirió, ahora está en el día normal. ¡No te pierdas! Ahora lee el verso 15.
No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. O sea: ¡Que no se vaya ninguno de aquí! ¿Lo estás entendiendo, tú que eres de los que todavía esperas el gran rapto porque eso fue lo que te enseñaron? Desempaca ya mismo. Desarma tu equipaje, por ahora no te vas a ninguna parte, al menos de manera masiva. Individualmente nunca se sabe y así está bueno que sea, pero en masa a ningún lado. Sólo serás guardado del mal. Hay cristianos que parecen canguros, porque andan saltando de un lado al otro, practicando para cuando venga el arrebatamiento. Verso 18: Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.
Todo lo contrario a un arrebatamiento. Porque dice que así como el Padre lo envió a Él al mundo, así Él, ahora, nos envía a nosotros al mundo. A ver, veamos: ¿A qué envió Dios a Cristo al mundo? No me respondas nada, escucha. Verso 21: para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. ¡Está clarísimo! De la misma manera en que el Padre era uno en Cristo, la idea es que nosotros seamos uno con Él. ¡Ya estamos! ¡Hicieron morada en nosotros! Fue el único motivo de ir a la cruz: preparar un lugar para que Dios pudiera morar en un templo no hecho por manos de hombre. Verso 22: La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.
Creo que ya debes haber registrado y tomado nota que van tres veces que les dice: “Para que sean uno”. Verso 23: Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Cuando tú eres uno o una con la voluntad del Padre, entonces recién es cuando el mundo acredita que tú eres enviado por Dios. Puedes ser religioso toda tu vida, y nadie va a acreditar que tú eres enviado por Dios. Mira el verso 24, muy importante: Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. ¡Un momento! Vuelve y mira una vez más el verso 13: Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Verso 24: Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
¿Dónde estaba? En el mundo. También ellos estén conmigo, para que vean mi gloria. ¿Dónde estaba? En la tierra, pero en un cuerpo glorificado. ¿Qué significa arrebatamiento? Transfiguración del cuerpo. Unos con Él. Donde Él esté, nosotros también. Más Él viene para acá. Donde esté Él, tú vas a estar. Con el mismo cuerpo, transfigurado, glorificado. Eso significa que tu cuerpo es espiritual y físico. Jesús resucitado atraviesa paredes, pero también come peces.
El propósito de ir a la cruz, era bautizarnos en un solo cuerpo, para que donde Él estuviera, estuviéramos nosotros. Somos la casa del Padre. Esto no elimina la escatología, sólo la modifica un poco. El énfasis principal, es que tú puedes tener victoria ahora, independientemente de mañana. Dios está contigo. Escucha y entiende: Cristo no tiene que orarle al Padre por ti, porque Cristo y el Padre son uno. Cristo no tiene que enviar mensajeros a descubrir tu vida, porque Cristo y el hombre, son uno. Emanuel, lugar de encuentro de Dios y los hombres, el nuevo Israel de Dios. La Jerusalén celestial. Sion. El monte. La casa. El templo. La ciudad. El pueblo. El linaje. El árbol. Todos son adjetivos de la iglesia de Dios.
Vuelve donde comenzamos, para terminar un principio muy importante. Marcos 10. Santiago y Juan le piden a Dios sentarse a la izquierda y a la derecha. Cuidado, Cristo sabía de qué estaban hablando ellos, porque en el Antiguo Testamento, la izquierda era la mano de amistad y la derecha era la mano de poder. Y ese era un pacto que hacían. Cuando se daban la mano, no se podían pelear, porque la mano derecha era la mano de guerra. Entonces, la mano izquierda quedaba como símbolo de amistad. Lo que ellos estaban pidiendo, realmente, era poder ser amigos de Dios y, al mismo tiempo, tener autoridad con Dios. Era legal la pregunta.
Cristo dijo que era muy interesante lo que ellos sugerían y pedían. Es más: luego cuando Él habló, les dijo que ya no eran sus siervos, que ahora eran sus amigos. Pero, les aclaró que Él no podía darles ese lugar, eso ya está reservado. Pero lo que sí te puedo decir, es como obtenerlo. Número Uno: tienes que beber el cáliz que yo bebo, y Número Dos: tienes que ser bautizado por el mismo bautismo. Escúchame iglesia de Dios: ¿Quieres ser amigo de Dios? ¿Quieres tener su autoridad también? Él dijo: beber del mismo cáliz que yo bebo, ser bautizados de mi mismo bautismo. Y ellos alegremente dijeron: ¡¡Claro que sí!! Pero respondieron con el corazón, no con la mente.
Número Uno: tienes que beber el cáliz. En el tiempo antiguo, cuando se celebraba un matrimonio, algo que se veía siempre era que la pareja recién desposada tomaba una copa de champagne cada uno, y se la bebían entrecruzando sus brazos. Eso parecía un pacto que la gente celebraba con aplausos y vítores. Pero la realidad es que ese era sencillamente el octavo paso de un pacto entre patriarcas. Y Él dice: tienes que beber el mismo cáliz que yo. Y eso significa algo así como decir: mi vida es tu vida y tu vida es la mía. Mi fuerza es tu fuerza. Si un hijo tuyo tiene un problema, ese problema pasa a ser problema mío. Y si un hijo mío tiene un problema, ese problema pasa a ser problema tuyo.
Igual que el matrimonio. Eso es hasta que la muerte los separe. Mi nombre es tu nombre. Tú nombre es mi nombre. Una sola firma, somos un solo bloque. Eso se llama pacto. Cristo fue a Getsemaní. quizás tú, como una enorme mayoría, tiene la imagen de Cristo con el cabello muy rubio, pero lamento decirte que en Galilea no hay rubios. Cabello muy bonito, lacio, largo, con una túnica que no tiene arrugas, nada, con los pies delicados y las manos permanentemente cruzadas como en un rezo, diciendo casi en un murmullo algo así como: “Queridísimo Padre…si fuese su voluntad, o sitara bacá…” Más de uno se queda atónito, porque la Biblia no habla de eso. Ahí dice que ¡Con gran clamor y ruegos le pedía al Padre, que no quería beber el cáliz! Pregunto: tu alma setenta por ciento religiosa, ¿Puede imaginarse a un Jesús tirado en el suelo y gritando como un descosido que no quiere beber de esa copa?
Tienes que entender. El cáliz estaba lleno de vino, el vino representa la sangre, la sangre representa la vida. Cristo va a Getsemaní con el cáliz de su vida, una vida pura, transparente, inmaculada, sin pecado y todo obediencia. Y en un momento se le aparece otro cáliz sucio, pecador, desobediente, lleno de enfermedades, lleno de perversiones, lleno de injusticias y es ahí donde Él se desespera y dice que no, que no quiere que todo eso entre en su vida. Más no sea conforme a mi voluntad, Padre, sino a la tuya. Intercambió Su vida limpia por la tuya, que no lo estaba.
Oye… ¿Quieres ser mi amigo? ¿Sí? Entonces tienes que beber de mi mismo cáliz. Bebe el cáliz de la prostituta. Bebe el cáliz del bebedor, del borracho que anda harapiento y sucio por las calles. Bebe el cáliz de los mafiosos, de los narcos, de los homosexuales y los violadores y asesinos. Bebe el cáliz de los políticos llenos de corrupción. Bebe el cáliz de la inmundicia del mundo. ¿Quieres hacer un pacto? Judas. Caminó con Cristo, tres años. Todo bien, no hay problemas. Una sola iglesia. Y te digo más: ¡Tesorero de la iglesia! Él llevaba la bolsa con el dinero. El día que pasaron el cáliz, él no fue a beberlo. Porque el cáliz es un precio que sólo paga el que está en el Reino de Dios, y no necesariamente en la religión cristiana, cualquiera sea su expresión externa.