Quiero en este día, revisar contigo el Salmo 73. Y el eje central de lo que aquí vamos a leer y a estudiar, tiene que ver con una duda que en muchas ocasiones, indudablemente, ha recalado en las mentes de no pocos creyentes: ¿Por qué parecería irles tan bien a los malos?
¿Por qué, aparentemente, muchos políticos corruptos o narcotraficantes notorios, o lavadores de dinero, prosperan grandemente ante nuestros ojos, y en nítida apariencia parecerían poder disfrutar de la vida muchísimo más que nosotros los creyentes?
Yo creo que este es un interrogante que tiene su respuesta en la Biblia, y esa respuesta está encerrada en este salmo que vamos a examinar. Una de las cristianas más famosas de Francia, que seguramente recordarás, Madame Guyón, escribió estas palabras:
“Al comenzar nuestra vida espiritual, lo más fácil es soportar a nuestros vecinos. Después, lo más difícil, es soportar a nuestra familia. Después a nosotros mismos y, finalmente, poder comprender a Dios.” Son muchos los santos hombres de la Biblia que han tenido luchas, tratando de comprender qué está haciendo Dios en sus propias vidas y en el mundo que tienen alrededor.
Job mismo, se preguntaba por qué había nacido. Jeremías lloraba ante la devastación de la ciudad de Jerusalén por parte de los ejércitos babilonios. Habacuc se preguntaba por qué Dios permite tanta maldad, y por qué permite tantos asaltos o por qué permite tantas guerras.
David luchó contra el problema del mal conforme lo vemos en el Salmo 37. Y en este Salmo 73, Asaf, que es su escritor, lucha contra un gran interrogante que si Dios nos guía y ayuda a través de su Espíritu Santo, vamos a poder responder a la luz de la Biblia. ¿Por qué hay maldad en el mundo?
¿Por qué muchas veces les suceden cosas buenas a las personas malas, y al mismo tiempo algunas cosas malas a las personas buenas? ¿Vale la pena, realmente, ser cristiano y ser bueno? Mucha gente ha tratado de resolver el problema del mal, negándolo de una forma absurda.
Entonces dicen con total soltura que el mal no existe. Sin embargo, esta filosofía es solamente una sustitución de la ilusión de lo que es la realidad. Otros, se van a lo opuesto, y dicen algo más fuerte, todavía: “No mira, ni siquiera Dios existe”.
Pero para una persona que concluya que Dios no existe, surge un nuevo problema en su corazón: si no existe Dios, ¿De dónde viene entonces el bien a nuestro alrededor? Si no hay un bien y hay un mal, si no hay una antítesis entre el bien y el mal; si no hay dos fuerzas opuestas, déjame decirte entonces que todo, absolutamente todo, es una ilusión.
Uno de los consejos que uno de los más grandes hombres de Dios ha dejado acerca de los cristianos que por causa de la maldad comienzan a enfriarse; y por causa de estos interrogantes comienzan a alejarse de Dios, es la siguiente:
“Toda persona que abandona el cristianismo, está rindiendo su vida de fe afectada a una vida de dudas, afectada por la fe. Una persona que dice que ya no quiere ser cristiano, que quiere abandonar todo y ya no quiere luchar, lo que tiene simplemente y nada menos, son dudas.
Porque el ateo no tiene dudas. Para el ateo Dios no existe, y no tiene dudas de su pensamiento. Entonces, él no tiene por qué preocuparse por saber de dónde viene la maldad. Asaf, el autor de este salmo, comenzó a preguntarse, porque él creía en Dios.
Porque él sabía que existe un Dios. Para la persona que no existe un Dios, esta clase de interrogantes, no existen. Porque si no existe Dios, él no tiene a quien preguntarle. Pero para nosotros que somos cristianos, está la posibilidad cierta de buscar respuestas.
Y nosotros tenemos entonces esta clase de problemas intelectuales, filosóficos y teológicos. Y esta es la razón por la cual se nos ha dado la Biblia, para que nosotros encontremos en ella, la respuesta a los grandes interrogantes y los grandes misterios que Dios, aparentemente, no nos ha respondido.
El salmista tuvo una victoria por grados, tal como lo vamos a ir analizando, y vamos a comprender las diferentes etapas que este escritor atravesó en sus muchas vicisitudes, y vamos a aprender mucho de él. Pero antes de abordar este salmo 73, me gustaría que te enfoques en el siguiente pensamiento:
Si yo tengo un larga vistas, un par de binoculares y me los coloco al revés, voy a ver las cosas más lejos, ¿No es cierto? Pero si me los coloco en su forma correcta, entonces las mismas cosas van a tener claridad y perspectiva. Bien; exactamente así es la vida espiritual.
Todo depende de cuáles son los lentes con los cuales la estás viendo. Si tú tienes una perspectiva equivocada y ves a la gente como pasándola de maravillas en sus dudosas diversiones y hasta envidiándolos por sus supuestos éxitos, déjame decirte que te has colocado los binoculares al revés y estás viendo lo incorrecto.
Y si persistes en hacerlo, definitivamente vas a contagiarte. Pero si tú le permites a Dios colocarte correctamente los binoculares de la fe, y ver el mundo desde la perspectiva divina, real y adecuada, toda tu filosofía respecto a cómo vives, va a ser transformada radicalmente.
En primer lugar, observamos en el versículo 1, que este salmista tuvo en primer lugar, cuatro enfoques. Miró hacia atrás, en primer lugar en su vida; hacia el pasado. En segundo lugar, miró alrededor y observó la gente. En tercer lugar se miró a sí mismo, y finalmente miró hacia Dios. Cuando él se enfocó en dios fue c8uando cambió su perspectiva de ver las cosas.
(Salmo 73: 1) = Ciertamente es bueno Dios para con Israel, para con los limpios de corazón.
Fíjate que empieza el salmo con una gran afirmación de la fe. Dios es, y Dios es bueno. Hay un Dios, y el Dios que existe es un Dios bueno. Y cuando él miró hacia atrás, él pudo darse cuenta de esta bondad de Dios sobre un pueblo rebelde y contradictorio.
Este salmo aproximadamente fue escrito en el año mil, antes de Cristo, y Dios había bendecido a Israel, cosa que le quedaba a la vista al autor. Como los salvó y los preservó milagrosamente. A ninguna otra nación la sacó Dios de Egipto como lo había sacado a Israel. Y es entonces cuando esta persona comienza a afirmar que Dios existe y que Dios es bueno.
Claro, esta persona que escribió el Salmo 73, no era un ateo, no era un agnóstico. Y realmente fue su fe en Dios la que le creó su problema filosófico. Porque, -reitero-, las personas que eliminan a Dios del mundo, no tienen por qué preocuparse del problema de la maldad.
Esas personas simplemente ven la vida como algo temporal, y para ellos todo es el producto de la evolución del hombre, de una selección natural, y que todo tiende hacia la perfección. Para estas personas ateas todo es materia, las cosas espirituales no entran en sus retratos y dan un nombre a sus filosofías: materialismo.
Este escritor creía en Dios. Sabía que Dios existía, como lo sabes tú y como lo sé yo, y creía que Dios era bueno. Después de todo si existe un Dios, tiene que ser bueno, porque la bondad es el resultado de la perfección. Entonces, si hay un Dios Todopoderoso y este Dios es perfecto, este Dios tiene que ser bueno.
Pero de acuerdo con lo que yo veo acá abajo, en el mundo, me lleva a interrogar a ese Dios que dice la Biblia que es bueno, pero que según lo que yo veo con mis ojos, y no con la fe, hacen que me confunda y me salga, muchas veces, del camino.
Asaf era un hombre israelita, era un hombre respetuoso de la ley, y sin embargo, cuando escribió el Salmo 73, él no estaba disfrutando las bendiciones de Dios. Sus vecinos parecían que vivían mejor que él, material y físicamente.
¿Qué debía hacer Asaf? ¿Debía cambiar su teología? ¿O tal vez había algo malo en su vida que él estaba travesando y él no lo sabía, por lo cual no disfrutaba las bendiciones de Dios? ¿Cómo podía escapar a este dilema? Versículos del 2 al 12, su segundo enfoque. Ahora Asaf comienza a analizar a su alrededor, la ciudad donde vivía.
(Verso 2) = En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos.
(3) Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos.
En primer lugar, este hombre comenzó a tener problemas teológicos intensos, y de repente comenzó a sentir que estaba lleno de envidia. Y lo curioso es que le da envidia la arrogancia y la soberbia con la que la gente a su alrededor se conduce.
(4) Porque no tienen congojas por su muerte, pues su vigor está entero.
(5) No pasan trabajos como los otros mortales, ni son azotados como los demás hombres.
(6) Por tanto, la soberbia los corona; se cubren de vestido de violencia.
(7) Los ojos se les saltan de gordura; logran con creces los antojos del corazón.
(8) Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia; hablan con altanería.
(9) Ponen su boca contra el cielo, y su lengua pasea la tierra.
Los malos son soberbios, altaneros, burlones, y además ricos; alardean por todos lados, machucan al que quieren, atropellan al que quieren, compran con dinero a los jueces, compran los tribunales, ellos creen que realmente son los reyes.
Su posición y su dinero, los hacen ser arbitrarios en toda su manera de proceder. Son prepotentes, autoritarios, atropellan los derechos de los demás y, además, en muchas ocasiones hasta les va bien en el pecado. O sea: logran lo que están buscando y logran salir con éxito en el pecado.
Job tuvo el mismo problema, en el capítulo 21 de su libro, versículos 14 y 15. Y él dijo de los malos: Ellos dijeron a Dios: apártate de nosotros. No queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos a él?
Aquí encontramos, pues, que esta soberbia de la gente a nuestro alrededor, la forma como se conducen. La altanería, cómo se visten, cómo dominan a los demás, cómo se enfrentan, que aparentemente tienen éxito.
Los ves en la televisión y los ves en el cine, y toda esa exposición de fama, suele hacer que algunos cristianos sean perturbados interiormente. En tercer lugar, en los versos del 10 al 12, él tiene envidia de su dinero y de su popularidad.
(Verso 10) = Por eso Dios hará volver su pueblo aquí, y aguas en abundancia serán extraídas para ellos.
(11) Y dicen: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y hay conocimiento en el Altísimo?
(12) He aquí estos impíos, sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.
De algo no tengo dudas: el mundo, la gente a nuestro alrededor, adora el éxito. El mundo adora la fama. El mundo adora la popularidad. Y mira los artistas, los grupos de rock, en los cantantes, en los más jovencitos, cuando se juntan en los estadios para adorar como a un dios a esa gente, pensando y hasta diciendo que ellos quisieran ser como ellos.
Quisieran salir en la televisión como salen ellos todos los días y a toda hora. Quisieran moverse en esas limosinas blindadas cargadas de mujeres ligeras de ropas y de escrúpulos. No saben o no recuerdan que esas son las cosas que, según la Biblia, están bajo el control del príncipe de las tinieblas.
La gran masa de gente a nuestro alrededor, adora el dinero. Y a la gente que gana mucho dinero la levantan y la exaltan, y muchos dicen que quisieran ser como ellos. Y el mundo va siempre tras los éxitos, los logros, el prestigio académico y todo lo que les rodea.
Y Cristo te dice en este día: ¿De qué le sirve al hombre, ganar el mundo, si pierde su alma? Oye: no está mal que alguien tenga una enorme compañía y gane mucho dinero, ese no es el problema. El problema está cuando hacemos de todo eso nuestra única meta y nuestro único objetivo.
Cuando luchas y luchas porque quieres ser famoso, cuando luchas y luchas porque quieres tener más dinero. Luchas y luchas porque quieres tener prestigio, o poder. Entiendes que con todo eso vas a poder sostener para siempre a tu familia y que nada te hará declinar. Ese es un gravísimo error.
Porque Dios quiere que nos ubiquemos, y que si tenemos alguna meta en la vida, sólo tiene que ser para su gloria. Si quieres ser artista, pues sé artista. ¡No es un pecado ser artista! ¡No es un pecado ser cantante! ¡No es un pecado ser político! El problema es los motivos que te llevan a querer avanzar en el mundo controlado por el enemigo, con el propósito prioritario de tu propia gloria.
De tener tu dinero, tu poder, tu influencia sobre los demás. Y estas personas, dicen: ¿Dónde está Dios? ¡Mira todo lo que tengo! ¡Y eso que no soy cristiano! Y eso que ni siquiera Dios me ha ayudado a hacer el dinero. Así es como estas personas razonan.
Y todo eso se complementa con lo que a diario oímos y vemos por la televisión; las burlas contra Dios, las burlas contra el cristianismo. La libre oferta de religiones orientales o africanas que difunden lo suyo sin costo, mientras que a cualquier iglesia pasar un aviso de sus reuniones les cuesta fortunas.
Entones salta la pregunta inexorable: ¿Vale la pena ser cristiano? En cuarto lugar, este hombre, el autor del salmo, después de mirar atrás y ver a su alrededor, comienza a verse a sí mismo. Y miren ustedes, en los versículos de 13 al 15, lo que es ser un cristiano honesto. Fíjense a la conclusión que llegó él.
(Verso 13) = Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia; (14) pues he sido azotado todo el día, y castigado todas las mañanas.
(15) Si dijera yo: hablaré como ellos, he aquí, a la generación de tus hijos engañaría.
La conclusión inmediata a la que llega Asaf ante su perturbación y confusión de lo que está pasando en el mundo, es que fue una equivocación haberse hecho cristiano. El cree que fue una equivocación haber confiado en Dios y haber tratado de mantener su vida limpia.
Él pensaba que su limpieza, que su consagración, que su santidad, no le había traído todas las bendiciones que él había oído en la Biblia y que Dios había prometido. Si he sido santo, si he sido justo, si no he robado, Señor: ¿Dónde están tus bendiciones?
Todos nos hemos hecho el mismo cuestionamiento. Y eso, si es que también queremos ser honestos. Muchas veces hemos llegado a pensar lo mismo que Asaf. Pero para eso se nos dejó la Biblia, para que descubriéramos que no somos los únicos que tenemos dudas.
No somos los únicos que atravesamos valles de confusión. No somos los únicos que nos enfrentamos ante interrogantes que trascienden nuestra comprensión. Hay problemas que son mucho más grandes que nuestra capacidad de resolverlos con nuestras mentes limitadas.
Necesitamos la revelación de Dios. Necesitamos una onda sobrenatural del Espíritu Santo en nuestra mente, para que a través de esto podamos nosotros abrir verdaderamente los ojos al mundo y verlo como Dios lo está viendo.
A estos sentimientos, Asaf los traía en lo más profundo de su corazón, y él no fue el único. Porque Jeremías, en el capítulo 12, le preguntó a Dios: ¿Por qué es prosperado el camino del malo, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?
Job le preguntó a Dios por qué vivían los impíos como se les ocurría, y envejecen y se mueren gordos, llenos de mujeres y de riquezas. ¿Por qué lo permites, Señor? En este momento, ¿Qué haría Asaf? ¿Abandonaría su fe y correría detrás de todo ese mundo que adora el éxito, la fama, el dinero y la popularidad?
¿Eso es lo que tú quieres hacer? Si alguien que está escuchándome hoy tiene ese problema, ¿Qué va a hacer? Cuando los discípulos se acercaron a Cristo, y Cristo vio que la mayoría de la gente lo dejó, se volvió a los discípulos y les preguntó: ¿Ustedes también me van a dejar?
Y le contestaron, y le dijeron: ¿Y a quién otro iremos si sólo tú nos has dado palabras de vida eterna? Cuando tengas luchas filosóficas, teológicas o existenciales en tu vida privada, recuerda estas palabras: Si no es Cristo, ¿Quién es?
¿Qué voy a hacer si me salgo del cristianismo? ¿Dónde me cambio, al comunismo? ¿Al control mental? ¿Al orientalismo? ¿Al Islam? ¿Al ateísmo? ¿A la desesperación? ¿Qué hago, Dios? Que yo no te entienda no justifica que yo te abandone.
Y si estuvieras pensando en abandonar todo, sólo piensa un momento: ¿A dónde vas a ir? Vete a mirar televisión todo el día. Vete a hacer dinero de la forma que te parezca. Y aquí es donde Asaf abre los ojos y se da cuenta que él no podía tratar de mantener su fe simulando.
Asaf quería ser honesto y no iba a deteriorar su vida mental, su vida física y su vida espiritual, pretendiendo, a costa de que la gente lo viera muy espiritual, que él iba a terminar bien y que no tenía dudas. Hay que dar gracias a Dios que Asaf tomó el paso correcto.
Después de haber mirado hacia el pasado; después de haber mirado a su alrededor; y después de haberse visto a sí mismo, que realmente estaba teniendo dudas de Dios, él corrió y se dirigió a dónde tú y yo vamos a encontrar la respuesta. No fue al psicólogo ni al psiquiatra; él corrió y se dirigió al encuentro con Dios. Fue a Su Santuario.
(Verso 16) = Cuando pensé para saber esto, fue duro trabajo para mí, (17) hasta que entrando en el santuario de Dios, (No habla de lugar, habla de entrar en la presencia del Altísimo) comprendí el fin de ellos.
(18) Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer.
(19 ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores.
(20) Como sueño del que despierta, así Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia.
(21) Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas.
(22) Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti.
A pesar de toda su confusión intelectual; a pesar de su corazón dolorido, Asaf corrió a su cuarto y se puso de rodillas, y echó sobre Jehová su carga, y el Señor le sustentó. Echando toda nuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de nosotros.
Cuando cualquiera de ustedes atraviese o tenga problemas mentales, no salgas corriendo a tomarte una cerveza. Arrodíllate y pregúntale: ¿Qué estás haciendo conmigo, Señor? No vayas corriendo a quejarte de que quieren echarte de tu trabajo.
Consejo sano y sabio: quita tus ojos de tu jefe laboral; quita tus ojos de cada uno de aquellos que parecerían haber sido puestos en tu vida para arruinártela. En suma: quita tus ojos de este mundo, y eleva tu alma al Creador, y en oración pregúntale por qué está pasando lo que está pasando.
Dice Filipenses 4:6-7: por nada estéis afanosos. No permitas que nada de lo que sucede en el mundo, te robe la paz de tu corazón. No permitas que nada de lo que pase en tu vida, altere tu comunión con Dios. Sino, sean conocidas todas tus peticiones delante de Dios. Con toda oración, ruego y súplica en el Espíritu. Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, bajará y guardará tus pensamientos y tu corazón en Cristo Jesús.
No podemos dejar que ningún acontecimiento, ningún evento, nada de lo que veamos con nuestros ojos naturales; porque no caminamos por vista, caminamos por fe. Si nos dejamos guiar por lo que vemos, nos hundimos, nos amargamos.
Si nos dejamos guiar por todas las cosas que oímos en la radio, o vemos en la televisión, o leemos en el diario, perderemos la brújula. Pero si a diario venimos al gran santuario de Dios, y nos cobijamos en Su Presencia, y le permitimos que consuele nuestra alma y nos ilumine sobrenaturalmente, podremos levantarnos y entender lo que vio Asaf.
Lo cierto es que nuestras decisiones nos llevarán al éxito, a la bendición, al fracaso o a la maldición. Una gran mayoría de jóvenes, hoy, reciben por lo menos entre diez y quince “te hago” en un año. Te hago artista famoso, te hago deportista famoso, te hago empresario exitoso, te hago, te hago.
Los verdaderos cristianos saben perfectamente que no pueden ni deben arrojar al cesto de los desperdicios las bendiciones que Dios haya dejado en sus vidas, para tomar alegremente esas ofertas que, con claridad, saben muy bien en qué y dónde terminan.
En este mundo actual donde la sospecha de corrupción no respeta nombres ni prestigios, caer es mucho más fácil que sostenerse como viendo al invisible. Sin embargo, la victoria real no está en caer en vicios que reportan dinero fácil, sino en sostenerse aunque en casos, eso represente pasar urgencias, carencias y necesidades.
Hay algo que debemos tener presente: a la larga, Dios te bendice. Dios siempre trabaja a largo plazo, mientras que el diablo trabaja a corto plazo. Vemos, entonces, que la visita al santuario por parte de Asaf, cambió su vida, porque vio en primer lugar, el destino de los malos.
Estar en la presencia de Dios le dio, a Asaf, una perspectiva diferente respecto a cómo va a terminar el que anda por caminos de pecadores. Si pudieras tener una visión que te muestre el final de la vida de todas esas personas, entonces creo con certeza que dirías: ¡Sí valió la pena seguir a Cristo!
Porque la real importancia de la vida no es dónde estamos hoy, sino donde vamos a terminar. Porque la Biblia te asegura que tus pecados te alcanzarán. Dios no puede ser burlado. Asaf, en todo caso, lo que pudo ver fue el juicio.
Por eso es que el verso 20, dice: Como sueño del que despierta, así Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia. Y por eso también es que Dios ha permitido que podamos ver a tanta gente que prospera notablemente en esta tierra, pero camina en dirección al fuego y no lo sabe.
El juicio es real y se acerca. Tardará un día, un mes, un año, pero llegará. Lee los periódicos y verás que lo que te digo, es mucho más real que lo que te imaginas. Banqueros, empresarios, políticos, gente famosa, que en algún momento son alcanzadas por sus pecados.
Vale la pena pasar por todo aquello que Dios permita que tú pases. Las bendiciones que recibirás no son comparables a las aflicciones del tiempo presente. Son permitidas para forjarte y hacerte ver que eres un guerrero y, como tal, debes entrenarte en todo y para todo.
Este mundo no es para los débiles, ni para los apocados. Este mundo no es para los tibios, este mundo es para aquellos que quieren luchar con Cristo en su corazón. Porque separados de él, nada podemos hacer.
(Verso 21) = Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas.
(22) Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti.
Desde el punto de vista de Dios, todo el glamour, la belleza, la fama, el dinero, el poder, la posición, el disfrute de los placeres, es temporal, ficticio, irreal. Viven en una burbuja esta gente, en una rueda de la fortuna. Creen que todo es pura parranda. Sólo olvidan un detalle esencial: la paga del pecado, sigue siendo muerte.
Lo que el hombre siembra, el hombre cosecha. Dios nos ilumina y nos muestra desde el cielo que su Hijo fue llamado Varón de dolores, experimentado en quebranto. El diablo intentó con el Hijo de Dios lo mismo que intenta con nosotros: mira, te ofrezco el glamour, las fiestas, los placeres.
Claro está, sólo tienes que clavar tus rodillas y adorarlo. Responde lo que respondió Jesús: al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás. ¡Quítate de mí, Satanás! Y cuando tenemos ese ataque, tenemos que responder con la palabra, con los ojos de la fe guiando nuestra vida. No importa lo que el mundo me dé: es mucho más grande lo que espero en el Hijo de Dios
(Verso 23) = Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha.
(24) Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria.
(25) ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.
(26) Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.
Aquí Asaf está viendo su propio corazón, y comienza a darse cuenta que las decisiones que él había tomado antes, lo estaban convirtiendo casi en un pagano. Lo estaban convirtiendo casi en un animal. Estaba siendo contagiado por la televisión, por las películas que veía y, en un momento dice: ¡Casi deslizaron mis pies!
Sentí que me caía, sentí que ya me iba, sentí que perdí el ancla, sentí que perdí la brújula. Pero sólo fueron instantes. No sabemos si fueron horas, días o semanas, Lo que sí sabemos es que gracias a Dios regresó a su posición y a recobrar sus cinco sentidos. En cuanto a mí, el Señor es mi roca.
¿Cuántos de ustedes, en este día, están teniendo una existencia a su alrededor, como la Biblia le llama: existencia animal? ¿Puede ser que haya alguien que todavía no conoce a Cristo como debe conocerlo, y come como un animal y trabaja como un burro y duerme como un caballo?
Debes entender que en ti no hay ninguna diferencia con los animales del campo. ¿Naciste para trabajar? ¿Vives trabajando? ¿Ya cobraste tu salario? ¿Ya guardaste? Llegas a los cincuenta o sesenta años y ¿Para qué? ¿Para dejar tu dinero de herencia a tus hijos y sin guía divina ellos se corrompan?
¿Para qué te mataste haciendo tanto dinero, para que tus herederos estén pensando en que no ven la hora que te tomes la nave espacial hacia arriba y todo eso les quede a ellos? El poder que tuviste, la fama. ¿De qué te sirve? La Biblia dice que toda gloria del hombre es como la flor de la hierba del campo: que nace por la mañana, florece por la tarde y se marchita por la noche.
Ni tu fama, ni tu gloria, ni los libros que escribiste, ni los títulos académicos, ni los ascensos que lograste en tu empresa, nada de eso te vas a llevar en tu muerte. Te vas a ir (Como se solía decir en el campo argentino) en cueros, como viniste.
Porque así fue como llegamos, desnudos. No traíamos nada material y ni modo había de hacerlo en el vientre de mamá. Así también nos iremos: desnudos en lo conceptual, aunque alguien le ponga ropas al cuerpo. Sin nada material.
¿Y sabes qué? No habrá memoria de nada, sólo el juicio ante Dios, que durante esta vida, nos ha llamado a la santidad. Nos ha llamado a pensar como él piensa. Nos ha llamado a pensar que somos diferentes a los animales.
Escucha: el diablo hará todo lo posible durante tu vida, para rebajarte al nivel de un animal. Asaf pudo percibir todo lo que es la realidad, y que Dios nos sostiene, nos guía hasta que un día estemos con él. Las personas que hoy viven sin Dios, son como aquellos pasajeros del transatlántico llamado Titanic.
En el glamour, las copas, el dinero, el juego, las mujeres, el poder, el menosprecio de los pobres, aquí. Y nunca jamás se dieron cuenta que, de repente, todo cambió. ¡En minutos! Y se acabó el glamour, el poder, el dinero. En minutos ellos tenían que enfrentarse al juicio de Dios.
En cuanto ese barco se hundió, en minutos todos ellos murieron, y se enfrentaron a la eternidad, y todo el glamour, y la fama y la hipocresía, la vanidad y las pretensiones de esa vida tan falsa, fueron a parar al fondo del mar. ¿De qué les sirvió lo que tenían? ¿De qué te servirá a ti si es que esta noche vienen a pedir tu alma? Nadie está profetizando ni deseando que así sea, pero no puedes negar que algún día será.
Las personas del mundo pueden prosperar y tener todo lo que quieran, esencialmente fama y poder. Pero si no tienen a Dios, serán unos pobres desventurados, miserables, ciegos y desnudos. Aunque tu prestigio haya ganado medio planeta, en el mundo del espíritu no vales un poroto de soja.
(Verso 27) = Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta.
(28) Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras.
He aquí, el Espíritu Santo vendrá sobre ustedes, y me serán testigos. Habla de Cristo. ¡No el salmo, tú! ¡A ti te lo digo! ¡Habla de Cristo a toda hora y donde quiera que estés! Porque es el Espíritu Santo el que te da el poder suficiente y necesario para decirle a todos los que aún no le conocen, que por mejor que les parezca sus vidas, la realidad espiritual les va a mostrar que es una vida vana.
Ahora ve y plántate delante del político de más prestigio de tu país, o del deportista más famoso y ganador, o del artista más taquillero del mundo, y dile: ¿D qué te sirve ganar al mundo entero si pierdes tu alma? Levanta los ojos al cielo y date cuenta que Él te creó y no nosotros a nosotros mismos.