Estudios » Crecimiento

El Final de las Estructuras

Quiero puntualizarte que este trabajo que voy a compartir contigo, vio la luz en su esencia de fondo, en los inicios de este siglo veintiuno en el que ya estamos transitando largamente por más de una década. Causó en ese momento un impacto tremendo y fue responsable de que muchos hijos sinceros de Dios abrieran sus ojos espirituales.

En virtud de que el tiempo ha transcurrido y muchas de las cosas dichas en ese momento, o bien ya se han cumplido o bien han mutado en su aspecto, creo que vale la pena reiterarlo hoy vistiéndolo con las galas de estos tiempos más modernos, porque quien me diga que en quince años no sucede nada en el mundo, es porque está marginado de ese mundo, y no por santidad, precisamente.

Lo cierto es que, sin embargo, muchas cosas relacionadas a nuestros ambientes cristianos (Porque el mensaje es hacia dentro y no hacia fuera de la iglesia), lamentablemente siguen no solamente igual, sino que en muchos casos, decididamente peor. Y eso, no habla para nada bien de todos nosotros como pueblo.

Comencemos con una palabra muy cara a los sentimientos del cristianismo evangélico en general: avivamiento. Convengamos en que cada vez que Dios –efectivamente- ha enviado un avivamiento sobre su pueblo, inmediatamente cada sector, cada grupo, cada denominación, ha institucionalizado ese avivamiento; lo ha convertido en una serie de nuevas disposiciones, de nuevas reglas a cumplir para, en definitiva, aprobar que alguien se considere: “avivado”.

Esto ha determinado que mucha gente, disconforme con esos manejos de su denominación, haya resuelto apartarse y encarar algo nuevo. Parecería ser en primera instancia, una excelente idea, pero olvidamos que nace en una división, lo cual casi la condena antes de comenzar. Porque ese anhelo de algo nuevo ha traído como resultado, en muchísimos casos, la apertura de nuevas iglesias y hasta denominaciones.

Que podrán estar mucho mejor diagramadas, planificadas y encaradas, es cierto; incluso más liberadas de castrantes estructuras, también es verdad, y sumamente respetuosas de la transparencia de la palabra pero, en el fondo, una nueva denominación que se sumará a las ya existentes. En suma: más de lo mismo.

Escuché una gran parte de mi vida, ya te he contado, a un enorme predicador abrirnos los ojos con respecto a esto, enseñándonos qué era lo último que debíamos hacer. Sin embargo, y como para que aprendamos que la sutileza del enemigo no respeta prestigios, ese mismo hombre concluyó su ciclo haciéndolo.

Él sostenía, al abocarse de lleno a la tarea de abrir nuevas iglesias muy distintas a las presentes, y adoptando una nueva y muy novedosa forma de encarar y cultivar el evangelio real pero, en el fondo, una nueva denominación que pasó a sumarse (Hoy sin pena ni gloria) a las ya existentes.

Encontré un texto que si bien es básico y hasta elemental para la vida de fe, todos seguramente hemos leído en no pocas ocasiones. Sin embargo, pese a haberlo hecho y hasta incluido en enseñanzas y mensajes en muchas oportunidades, quizás todavía no hemos podido ver en la dimensión en que podemos verlo hoy a la luz de otra revelación más fresca.

(Juan 14: 6) = Jesús le dijo: Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Claro está que la Vida Eterna no consiste simplemente en creer o aceptar que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Tú puedes pasarte toda una vida repitiendo a quien quiera oírte: “Yo creo que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida”, que no por eso tendrás asegurada la vida eterna.

Porque el principio de la vida eterna da acceso cuando, además de creer y declarar que Cristo es el Camino, tomamos la nada sencilla pero posible decisión de comenzar, de manera genuina, a transitar por ese Camino. Esto es: caminarlo con todas sus alternativas; de las buenas y de las otras.

Muchos piensan que aceptando la fórmula y creyendo en ese principio, todo estará arreglado. Pero déjame decirte que no funciona así, porque ese es solamente el anuncio, el letrero que te dice dónde está el camino. Lo que sí va a funcionar es el caminar por donde ese letrero te dice que debes caminar.

No es suficiente que tú sepas que una autopista te lleva a una determinada ciudad. Debes tomarla y transitarla para, efectivamente, poder llegar a ese destino. Si se hubiera escudriñado debidamente eso, nos habríamos ahorrado muchas polémicas, debates y santas discusiones.

Ah, y también nos hubiéramos evitado dividirnos en más de una denominación. Porque el asunto vital y central, créeme, no está en si una salvación se puede perder o no se puede perder, como ha ocurrido dividiendo por ello a tanta gente. El asunto está en qué cosa es lo que entendemos por salvación.

Hay algo que definitivamente está más que claro: cuando una persona acepta los conceptos y las doctrinas correctas, lo único que tiene es una religión pintada o barnizada con el color del cristianismo, pero no necesariamente tiene a Cristo.

Y no te asombres. Dentro de las sutilezas con las cuales de maneja el enemigo, la de meterte en una confusión importante, es una de sus preferidas. Ahora bien: ¿Cómo se puede hacer para saber y estar seguros que no estamos en una religión más y que sí estamos verdaderamente en Cristo? Es bastante simple, pero merece una explicación.

Empecemos por preguntarnos qué cosa es una religión. A esto ya puedes habérmelo oído porque lo he enseñado en muchas ocasiones, pero la importancia que contiene amerita totalmente a que lo reitere una y otra vez, hasta tener la seguridad de que, sino todos, pero al menos una enorme mayoría, lo tenga claro.

Normalmente, una religión tiene: un fundador, tiene un libro y tiene una doctrina extraída, obviamente, de ese libro. Ejemplo: Mahoma fue el fundador del Islam, mientras que el libro que lo recuerda y contiene los principios musulmanes, es el Corán.

José Smith fue el fundador de los denominados como “Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días”, más conocidos como “mormones”. Tienen un libro, “El Libro de Mormón” y una serie de reglas y principios que ellos respetan y obedecen, al igual que los musulmanes con Mahoma, en honra al fundador ya desaparecido.

El cristianismo también tiene un fundador: Jesucristo, y también tiene un libro: la Biblia. Si hacemos como hacen ellos, siguiendo las reglas, principios y preceptos que allí están escritos, seremos una religión más: la religión cristiana.

Pero resulta que hay una enorme diferencia que no siempre es vista, y que cuando lo es, no siempre es creída: el fundador del cristianismo, está vivo. No va a contradecir su palabra escrita, pero puede hacer algo nuevo hoy mismo, como lo haría cualquier persona que vive.

¿Lo crees? ¿De verdad que lo crees? Mira que en creerlo o no, hay mucho en juego. De allí que limitarte a aceptar que Cristo es el fundador, aceptar que la Biblia es el libro y que todo lo que allí está escrito se debe creer y obedecer, no te hace cristiano. En todo caso, te hace miembro de la religión cristiana. Lo que sí te hace cristiano, es tener genuinamente a Cristo en tu corazón.

(Mateo 28: 20) = Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado, y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Es curioso, pero no dice “Mi doctrina estará con ustedes todos los días”. Tampoco dice “Los conceptos sobre mi persona los acompañarán todos los días”. Dice YO ESTOY con ustedes todos los días. ¿Y entonces? Entonces ¡Está vivo! ¿Vivo? ¿Cómo vivo?

¿Y ese hombrecito crucificado? Ese es Cristo tal cual como a los demonios les encanta que lo veamos. ¿Y ese pobre hombre sufriente, con sangre en el rostro por su corona de espinas y un pecho abierto donde se ve su corazón sanguinolento? Ese es un cuadro de Jesús de Nazaret pintado por Pepe Satanusky. ¿Y tú te lo creíste? ¡Era un cuadro! – ¡Pero hermano! ¡Es que él murió así! ¡Claro que murió así! ¡Pero resucitó al tercer día! ¿Por qué vamos a tomar a la cruz como muerte si en realidad fue una clara victoria sobre la muerte?

Por eso, cuando Cristo se mueve, (Porque: ¿Cuántos saben que todo lo que está vivo se mueve?) Cuando Cristo se mueve, cualquier día, empiezan a haber problemas en la iglesia. ¡No! ¿No? ¡Hermanos! ¡Esto nunca se hizo antes! ¿Será de Dios?

No sé: ¿Qué dice la palabra? Que Jesús resucitó a Lázaro. ¿Y entonces por qué te asustas si en el funeral del hermanito Fulano, pobrecito, por ahí por la madrugada, el muerto empieza a moverse y se sienta en el ataúd? ¿Por qué vas a asustarte si lo que está haciendo es bíblico?

Sí, claro, es bíblico, pero… ¿Sabes? ¡Nunca pasó antes! No es la costumbre, no está en la tradición de nuestra iglesia, de nuestra denominación; jamás ocurrió. Esas son reglas, normas. Ahora bien; si decidimos vivir sobre la base de reglas, estatutos, costumbres, tradiciones y normas, ¿Para qué hubiéramos necesitado que Jesús resucitara? No hay duda, hermano: cuando Cristo se mueve, en el primer lugar que arma un batifondo monumental, es en la iglesia. Y te digo más: el mundo es capaz que se lo cree más rápido.

Después tenemos el Pentecostés. Vamos a ver. Una religión que vive por la interpretación de un libro transformado en doctrina. ¿Necesitaría un Pentecostés? Sería incomprensible, ¿Verdad? Sin embargo, y en aras de una interpretación doctrinal que no se discute pero que no se sabe muy bien en qué parte de la Biblia está, hay mucha iglesia denominada cristiana por allí, que también vive sin un Pentecostés.

Eso, aunque te parezca insólito, la transforma en una iglesia cristiana que vive sin Cristo. ¿Cómo que vive sin Cristo si su mensaje es cristocéntrico? Claro, pero sólo conoce y difunde su historia, sus palabras, su enseñanza y sus dogmas, pero que no evidencia su presencia actual. Porque no sé si recuerdas que te dije que Él está vivo, ¿No es cierto? Y eso está sucediendo HOY.

Hay algo que como cristiano debes tener muy en claro: Cristo no vino a la tierra a fundar una religión. Él vino a vivir una vida. Su máxima enseñanza, partiendo de la base del evangelio que él predicaba: (El Reino de los Cielos se ha acercado), era que los demás vieran cómo vivía Él, y que pudieran seguir sus pasos y vivir igual.

La Biblia nunca dijo que el que tiene la mejor doctrina, el mejor dogma, la mejor teología, tiene la vida. La biblia siempre dijo y dice aun que el que tiene al Hijo tiene la Vida. Esa es le verdad. Y la verdad, (Recuerda que: “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida”), es inconfundible porque es una persona: Cristo; no una suma de dogmas.

Cuando hablamos de interpretaciones bíblicas, hay mucha gente que te escucha, te entiende, y porque no es mal intencionada ni te escribe ni te manda mensajes ofensivos, pero que no coincide en absoluto. Porque está convencida, esa gente, y quizás tiene mucha razón para estarlo, que de las diferentes interpretaciones bíblicas dependen todas las denominaciones con que se divide la iglesia de Jesucristo en estos tiempos. Al menos en lo que al movimiento evangélico tradicional se refiere.

Sin embargo, yo creo que hay algo más para decir. Fíjate que en los primeros tiempos no existía la imprenta, así es que, el Antiguo Testamento, (Que era “La Torá” para ellos), se reducía a rollos que se guardaban de modo sagrado en las sinagogas.

Más adelante, y ya con el Nuevo Testamento como eje central, esto es: la época en que Cristo vivió, nadie predicaba con ninguna escritura en las manos. Así que sería casi ridículo suponer que la palabra emana de una interpretación bíblica. En realidad, la palabra emana de la presencia viva de Cristo, del Espíritu Santo pleno en tu vida.

El cristianismo, cuando se reduce o se limita a una religión, es lo más parecido a un velatorio, a un funeral. Supongo que has ido alguna vez a un funeral de alguien, ¿Verdad? En un funeral, todo el mundo habla del que se murió. Se comenta lo que hizo y lo que no hizo, lo que dijo y lo que no dijo. Es lo más normal, casi natural y corriente.

Se te muere un familiar y, cuando hablas de él, hablas de lo que hizo cuando estaba vivo, hablas de las cosas que decía cuando estaba vivo. Porque desde que se murió hasta este momento, ya no sabes más nada de él, así es que muy poco es lo que podrías decir. Entonces pregunto: ¿Nadie, por ventura, se ha dado cuenta que en una enorme proporción de cristianos ocurre lo mismo?

Entonces llegamos a un templo de cualquier congregación y empezamos. Zaqueo, Los Leprosos, El Ciego Bartimeo, siempre lo mismo. Lo miramos de aquí, lo miramos de allá, lo enfocamos desde este ángulo, lo apuntamos desde aquel ángulo. Nos identificamos con tal interpretación, nos adherimos a la otra interpretación, discutimos por ellas, pero no salimos de lo que hizo Zaqueo, los leprosos o el ciego Bartimeo.

Parece que fuera un sistema como que hablamos de uno que se murió y que se quedó muerto. Entonces, todo lo que hablamos de él, es lo que él hacía cuando estaba vivo. Es allí donde parece que nuestros hijos se educan, se forman y se crían en un enorme funeral de domingo. Siempre oyen hablar de lo mismo. De lo que Jesucristo hacía cuando estaba vivo.

¿A ti nunca te llamó la atención que el apóstol Pablo, en sus cartas, nunca cita los evangelios, los hechos y las obras de Jesús? ¿Sabes por qué no lo hacía? Porque Pablo no consideraba importante resaltar las aventuras de alguien durante su vida, si era alguien que seguía vivo y podía tranquilamente seguir haciendo cosas. ¿Para qué iba a perder tiempo contándole a esa gente lo que Jesús había hecho años atrás, si él tenía noticias mucho más recientes de Jesús?

Eso es lo mismo que la lectura de los diarios. ¿Cuántos saben que cuando hay cuestiones muy importantes donde todo el mundo está pendiente, al par de horas de haber aparecido un diario, ya es viejo? Si tú estás en un país donde no entiendes una pepa de su idioma, y tampoco puedes leer nada de lo que publica su prensa escrita, porque escriben con signos y no podrías ser capaz de diferenciar una noticia deportiva de una policial, y un día te encuentras con una simple hoja de un diario en español, pero del año pasado, ¿No te la lees hasta la última letra y la disfrutas?

Ahora; cuando regresas a tu país de habla hispana y desciendes en su principal aeropuerto, y lo primero que haces es comprar el diario del día y devorártelo, ¿Decidirías comprar uno del año pasado? Nunca, ¿No es así? Bueno; limitarnos a comentar los hechos de Jesucristo, alguien que hoy está vivo y puede seguir haciendo cosas, ¿No es casi lo mismo? Es la exacta diferencia y, al mismo tiempo semejanza, entre un diario de papel que concluye un par de horas después de publicarse y uno digital, que se renueva minuto a minuto.

Toda vía es mucha la gente del común que te dice que le gusta más la iglesia evangélica que la católica porque los pastores se casan. Otros te aseguran que concurren hace mucho tiempo a una iglesia evangélica cercana a su vivienda porque les encanta las formas que se canta allí. Me queda la duda: ¿Ambos estarán allí exclusivamente por esas razones? Son atendibles, pero, ¿La verdad? ¡No entendieron nada!

Por eso es que digo: cuando Cristo se mueve, empiezan los problemas. Como estamos acostumbrados a ese look funeral que te comentaba, cuando el muerto se comienza a mover, se arruina el funeral. Por eso es que encontramos gente que nos dice que no entienden por qué estamos tan alegres, tan contentos siendo que las cosas de Dios son tan serias. Tienen razón en lo sustancial, pero están confundiendo seriedad santa con solemnidad religiosa.

En todo caso, andamos bien contentos porque somos salvos y tenemos vida eterna; ¿No es motivo más que suficiente como para celebrar? Entonces sale uno que te dice: Bueno, pero yo también sé que cuando me muera voy a ir al cielo, pero de todos modos no puedo sentirlo igual que ustedes. Quiero que me escuches bien por si conoces a alguien que piense así: una cosa es que alguien crea que cuando se muera se va al cielo, pero otra muy distinta es tener conciencia de eternidad, ahora, antes que la muerte física llegue. ¿Se entiende? Porque si no se entiende esto, nada se entenderá.

El problema mayor comienza cuando la iglesia se transforma en una estructura, en una organización, en una institución. Porque sale un grupo con algo nuevo, que allí no se hace, se arma un batifondo regular y, al final, se tienen que ir. ¿Y dónde van? A formar otra iglesia, que sea más avivada, con más unción. Eso les dura hasta que se ven en la obligación de institucionalizarla. Porque cuando uno quiere institucionalizar la vida, la mata.

La mentira santa más abundante en estos tiempos, todavía, es: ¡Nosotros no somos una denominación! O si no, la otra: ¡Nosotros somos a-denominacionales! Si tienes reglamentada de alguna manera tu forma de bautismo, tu forma de servir la Santa Cena, tu forma de recibir al Espíritu Santo, tu forma de culto y, para pertenecer a ese grupo hay que aceptar todo eso te guste o no, ya eres una nueva denominación, una nueva institución, lo quieras o no lo quieras, lo hayas buscado o hayas tratado de evitarlo.

Porque deberé decirte que, si te congregas bajo la única cabeza conocida y reconocida, Cristo, y te sometes a la unción del Espíritu Santo, entonces eres iglesia. Ahora, si te agrupas debajo de un liderazgo asumido mediante políticas religiosas y estás lleno de reglas, estatutos y disposiciones internas, entonces eres un club religioso.

¿Qué es lo que hace iglesia a una iglesia? No demasiadas cosas. La presencia viva de Jesucristo. Porque si no está esa presencia, es un club cristiano, con sus propios principios, reglas y estatutos. Eso era, precisamente, lo que sucedía en la iglesia de Laodicea. ¿Recuerdas? Una iglesia no lo es por tener unos principios correctos, lo es por tenerlo a Cristo de una manera genuina, no declamada.

Lamentablemente, son demasiados los que suponen que la bendición de Dios es una aprobación a una doctrina correcta, Entonces dicen: ¡Si Dios nos bendice, es porque estamos bien! Hermano… Dios no te bendice porque tienes una doctrina correcta, Dios te bendice porque eres un hijo suyo y Él te ama.

Si me preguntas quienes son salvos, te diré que los que han creído en Jesucristo como Salvador y Señor de sus vidas. Si me preguntas en qué sector están los salvos, primero te diré que no puedo saberlo porque a sus corazones los conoce solamente el Señor, y después –arriesgando un poco- tendré que decirte que muy probablemente en todos lados un grupo y en ninguno el total. Donde hay amor por las almas perdidas, allí está Cristo. Donde no lo hay, por más que practiquen una doctrina pura, ritos correctos y dogmas precisos, lo dudo. Debemos probar los espíritus.

¿Y qué es probar los espíritus? No mirar si hay una doctrina correcta o equivocada. Mirar si hay amor, gozo, paz, bondad, mansedumbre, humildad, templanza, dominio propio. No te olvides de aquel relato del publicano y el fariseo. Te pregunto: ¿Quién se supone que tenía la doctrina más correcta, allí?

¿Qué es el Camino, la Verdad y la Vida? El Camino es Cristo, no nuestra interpretación de la Biblia. LA religión está fundada en dogmas, pero la iglesia está fundada en Cristo. La salvación jamás dependerá de una posición teológica correcta.

Muchos suponen que en un seminario se aprende la Biblia, grueso error. En los seminarios, lo que se aprende, es la doctrina de la denominación que lo dicta. A la Biblia, en todo caso, sólo la usarán para probar que esa doctrina es la correcta. Pero si leemos la Biblia, sin anteojos denominacionales, vamos a encontrar a Cristo, porque es de Él que habla este libro.

Los primeros cristianos, ¿Qué eran? Judíos convertidos. Pero resulta que antes de convertirse, ellos se circuncidaban, iban al templo y hacían cada cosa que les marcaba la ley de Moisés. Un día conocen a Cristo y se convierten. Pero siguen yendo al templo circuncidándose y haciendo las cosas ordenadas por la ley.

Ya no lo necesitan, pero tampoco les estorba, porque tienen a Cristo. Pablo lo entendió muy bien cuando dijo, con tremenda revelación, que en Cristo Jesús no vale algo la circuncisión ni la incircuncisión, sino una nueva creación.

Las divisiones que padece la iglesia hoy en día, se deben al centrismo por parte de un hombre demasiado pagado de sí mismo por su conocimiento y su sabiduría personal, en cada doctrina por ellos creada y no en la persona de Jesucristo. Hemos hecho de la doctrina un ídolo. Hemos idolatrado ideas, costumbres, tradiciones y aun facetas de alguna cultura.

Pablo la tenía re-clara. Para poder predicar tranquilo y sabiendo que lo primero que iban a preguntarle, cuando conocieran a Timoteo que era griego, era si estaba circuncidado, le dijo: “Mira…cortemos por lo sano, ¿Sí? Cortemos, tú sabes. Circuncídate.” En cambio a Tito no lo hizo circuncidar. ¿Por qué habría sido? ¡Porque Pablo era libre!

(1 Corintios 9: 19)= Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos.

Esto tiene una lógica tan simple que espanta. Dice Pablo que para ser siervo de todos, tiene que ser libre de todos. ¿Qué quiere decir? Que si yo me hago siervo de una denominación, jamás tendré libertad para ser siervo de cualquier otro hijo de Dios como es la voluntad del Padre. Nada menos. Fue por ese mismo motivo que Pablo rechazó el sostén de los Corintios.

(Romanos 14: 2) = Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres.

(3) El que come, no menosprecie al que no come; y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.

(Verso 5) = Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.

(6) El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, y da gracias a Dios.

(7) Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.

(8) Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así, pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos.

Lo importante, en todo, es la motivación. Tú puedes darle gracias a Dios por la carne asada que te vas a comer mañana y vale. El otro puede darle gracias a Dios por privarse mañana de comer carne asada y, en lugar de eso, comerse un plato de arroz, y también vale. Lo que vale es la motivación. Si ambas motivaciones están centradas en Cristo y no en una doctrina denominacional, Dios bendice.

(Romanos 15: 7) = Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.

Pablo nunca dijo: “La iglesia de los que comen por allá, y la de los que no comen por acá”. Él dijo: “Quédense todos juntos. Si comes o no comes, no es importante. Lo importante es el motivo por el cual lo hacen. Ese es el punto que se le revela a Pablo: que los gentiles pueden ser salvos sin necesidad de contar con el paquete judío.

Pablo le llama a esto: “El misterio escondido”. Un gentil, sin circuncidarse, sin seguir la ley, con Cristo, podía ser salvo. Hoy, muchos creyentes, gentiles, con Cristo en sus corazones, pueden ser salvos sin necesidad de pasar por el paquete evangélico. ¿Nunca se te ocurrió pensarlo a esto? ¿O realmente habías creído que Dios es evangélico? ¡Dios es Dios, y está mucho más allá de lo que cualquier hombre, por lúcido y ungido que sea, pueda decidir por sí mismo!

Cuando te convertiste, levantaste tu mano y fuiste salvo. Te dijeron que lo único que necesitabas era tener a Cristo. ¡Amén!, dijiste, y te llenaste de gozo. Pero después, cuando te llevaron a ese pequeño cuarto de atrás de la plataforma, ese que normalmente se utiliza para dialogar con los recién convertidos en todas las iglesias, empezaron a darte reglas, principios, religión.

Entérate por si todavía no lo viste: muchísima gente vendría a Cristo si no fuera porque también tiene que venir a nuestra religión. Porque la gente tiene hambre y sed, pero de Dios, no de religión. Y el peor obstáculo que encuentran para saciar esa hambre y esa sed, muchas veces, es el propio sistema eclesiástico.

¿Ejemplo? Hay una gran cantidad de estaciones de servicios (O gasolineras, como le llaman en otros lugares), que pertenecen a distintas marcas de combustible. Cada uno de nosotros, ya sea por costumbre, selección técnica o simple elección voluntaria, cargamos combustible en alguna determinada.

Sin embargo, nadie puede decirte que el combustible que venden en las que no utilizamos no permita que tu vehículo funcione. Entonces, cuando algo no nos gusta, ¿Qué hacemos? Vamos y abrimos una gasolinera nueva. Pero como después vendemos un combustible que no difiere mucho con los demás, lo único que hicimos fue inaugurar una nueva más.

(Ef4esios 3: 14) = Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, (15) de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, (16) para que os de, conforma a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; (17) para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, (18) seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cual sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, (19) y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis lleno de toda la plenitud de Dios.

(20) Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, (21) a él sea la gloria en la iglesia de Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.

Jesús dijo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Él jamás dijo que el que creía en Él tenía la doctrina correcta. O que el que creía en Él tenía el sistema teológico verdadero. El que tiene al Hijo, tiene la Vida, no el que tiene la doctrina correcta. ¿Por qué nos peleamos por doctrina, entonces? Hombres ilusos.

Hoy en día, los creyentes están más centrados en el culto que en Cristo. ¿Qué crees que es la vida cristiana: tenerlo a Cristo dentro o venir a un culto todos los domingos? Ya me imagino lo que me estás respondiendo: somos rápidos para las respuestas correctas: “¡Las dos cosas, hermano!” ¡Muy bien!, Pero: ¿Me dejas que te pregunte algo con total sinceridad, para ser respondido del mismo modo? Revísate. ¿Tienes, verdaderamente, las dos cosas?

Cuidado, no quiero que te confundas. El culto tiene un lugar importante en la vida cristiana, a eso nadie te lo puede minimizar, despreciar o alterar. Pero doble cuidado: jamás el culto podrá tener un lugar en lugar de Cristo. Está escrito: Es Cristo en nosotros, la esperanza de gloria.

Nadie dirá que alguien que le da prioridad por sobre todo al culto, sea un hermano infiel, de acuerdo. Pero te diré algo: será un hermano que no crece. Por eso hay tana gente que no crece. ¿Quieres examinarte? Pregúntate ahora: ¿Qué pasaría con mi vida de fe si tuviera que pasarme tres meses sin ir al templo?

¿Quieres desmitificar una frase hecha? Ahí va: Cristo dijo: Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida, ¿No es cierto? Y nadie viene al Padre sino por mí. Bueno; creer que Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y que nadie viene al Padre sino por Él, es un concepto que, cuando se acepta, la iglesia a coro te dice: ¡Tú eres salvo! Pero hay un problema: la escritura no dice que tiene la vida el que ACEPTA que Él es el camino: Dice que es salvo el que RECORRE ese Camino.

El gran problema de la iglesia, hoy día, es confundir conceptos con vida. Todas las religiones están basadas en conceptos. Para pertenecer, hay que aceptar esos conceptos. Pero con nosotros pasa lo mismo. Si tú quieres ser bautista, pentecostal o hermano libre, por decir algunos, tendrás que aceptar sus diferentes y respectivos conceptos.

No hay un Cristo bautista, otro pentecostal y otro hermano libre, desde ya, pero hay distintos conceptos sobre Cristo en cada uno de esos lugares. Los conceptos son las doctrinas, las formas, los sistemas. Pero ¡Cuidado! Tener los conceptos acertados, no quiere decir que andemos bien. Porque Cristo dijo: ¡Yo soy el Camino!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

septiembre 9, 2015 Néstor Martínez