No hace falta que yo te lo diga, tú mismo puedes ver la enorme cantidad de apóstoles que han sido ordenados y andan por las iglesias desarrollando ministerios que, en muchos casos, no tienen nada que ver con lo que la Biblia dice de los apóstoles.
Yo quiero desde este trabajo, mostrarte a la luz de un elemento muy conocido en los ambientes del judaísmo y, por ex extensión también del cristianismo, cuál es ese ministerio, cuáles son sus particularidades y, por añadidura, como hacer para detectar a los falsos.
Si no tienes en tu mente una imagen clara de una Menorah, que es esa lámpara judía de siete brazos, también denominado candelero, te sugiero que consigas en internet alguna imagen porque en algún momento de este trabajo, te va a ser de utilidad.
(Apocalipsis 21: 9) = Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del cordero.
(10) Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, (11) teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal.
(12) Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscriptos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; (13) al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas.
(14) Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.
(15) El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro.
(16) La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales.
(17) Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel.
(18) El material de su moro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; (19) y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; (20) el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, Jacinto; el duodécimo, amatista.
(21) Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como el vidrio.
(22) y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el cordero.
(23) La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el cordero es su lumbrera.
(24) Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella.
(25) Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche.
(26) Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella.
(27) No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscriptos en el libro de la vida del Cordero.
Esto es, a grandes rasgos, el proyecto o diseño de Dios para su casa. Es importante que guarde algunos conceptos que se han desplegado que no los puede perder. Por ejemplo: los apóstoles, son la parte invisible del edificio.
¿Sabes cuáles son los únicos edificios en los que los cimientos son visibles? En los edificios incompletos. Cuando la casa está bien edificada, los cimientos, (Es decir: los apóstoles), desaparecen. Ahora bien: todos sabemos, que lo que sostiene la casa es el cimiento.
Y ahí se está cumpliendo un principio de guerra espiritual: lo más importante, no es visible. Y si bien, ciertamente, lo apostólico y los apóstoles son la base del edificio, están cumpliendo dos objetivos: primero, son invisibles, y segundo, son los que realmente soportan la estructura.
Ellos se hacen altamente visibles y notorios, sólo cuando el edificio es incompleto. Y esto es muy importante entenderlo, ya que es una base para lo que luego daremos. Porque en este tiempo, se está hablando mucho de lo apostólico, pero el concepto es invertido.
Lo más sobresaliente es lo apostólico, y eso en realidad no es un diseño correcto. Ni es el diseño de Dios. Primera cosa. Segunda cosa, ciertamente, la pirámide sale de una separación interna del cubo. No vamos a jugar con imágenes porque esto es sonido, audio y no video, pero es importante el simbolismo porque en la Palabra hay muchísimos ejemplos, alegorías, similitudes de la iglesia.
La iglesia es una novia, la iglesia en cierto momento es una higuera, o una vid. La iglesia en cierto momentos es muchas otras cosas más. Pero, probablemente o con toda seguridad, el capítulo 21 de Apocalipsis es uno de los muy pocos donde se dice: “La iglesia, estaba con esta forma”.
Y si tú tienes comprensión del mundo espiritual, va a entender que eso no es casual ni una descripción formal, sino que responde a un principio espiritual. Las estructuras piramidales, son egipcias, son babilónicas, son faraónicas.
Si tú te das cuenta, vamos a analizar el primer fundamento. Dijimos que los fundamentos son invisibles. Los cimientos no se ven, lo apostólico pasa desapercibido. ¿Conoces algunos pasajes, en los evangelios, donde Jesús haya hecho algún bien a alguien, y ese alguien ni siquiera supo quién era el que lo ayudó?
Entiende el concepto. Él, Jesús, como apóstol de apóstoles, aún pasó desapercibido. Y fue de una forma tan extraordinaria, que después de haber estado predicando a sus discípulos por espacio de tres años, les hace una pregunta aparentemente inconcebible. Les pregunta: ¿Quiénes dicen ustedes que soy yo? Y ellos le respondieron: ehhh…tal vez…no lo sé… ¿Elías?
Hay algunos incrédulos, fundamentalmente aquellos que abrazan otras creencias, que a la hora de ser confrontados para aceptar a Jesucristo como el Mesías, a su vez nos confrontan a nosotros, preguntándonos en qué parte de la Biblia dice que Jesús dijo: yo soy el Mesías. No lo vas a encontrar, no hay ningún pasaje ni versículo donde Él haya dicho eso.
¿Sabes por qué? Porque la confirmación de quien eres, nunca viene de tu presentación, sino del testimonio del Espíritu en los demás. La gente reconocía quién era Él, no por alguna carta credencial, sino por el respaldo del Espíritu a través del simple discernimiento. Yo sé, que sé, que sé.
¡Y qué tremendo es ver que Jesús, tres años después, con sus discípulos, nunca se puso a decirles algo así como: “Miren, tomen asiento, ahora voy a contarles bien quién soy yo, para que tengan idea de con quién están hablando”!
¿Sabes lo que hizo Jesús? Dejó que fuera el Espíritu el que diera testimonio claro en ellos, de quién era Él. ¿Sabes algo? Es la misma y única garantía para los que andan dando palabra fresca y no tienen un nombre prestigioso dentro de la estructura que les determine atención debida.
Luego en la oración, desde Juan 14 hasta Juan 17, Jesús va a hablar acerca de esto. “Tú has dado testimonio de quién soy yo”. Este punto es muy importante. Se trata de cómo reconocer lo verdaderamente apostólico.
Tú sabes muy bien que, cuando se está gestando algo verdadero, casi de inmediato y en forma coincidente y paralela, aparece algo falso. Alguien ha descripto al diablo como el mejor imitador. Un ser muy poco creativo, pero sí muy imaginativo a la hora de copiar.
De tal forma que, si bien hay algo que es una vertiente, un río de lo que es apostólico y verdadero, también hay una imitación, esto es: una falsificación. Una señal del fundamento apostólico correcto, es que los apóstoles de Dios, casi pasan desapercibidos.
No son gente que impone su presencia. Permiten que sea el mismo Espíritu Santo el que dé testimonio de ellos. Descansan tranquilos sobre esa garantía, algo que no podrían hacer jamás los falsos y oportunistas. Y la gente dice: “¡Huau! ¡Pasa, por favor! ¡Yo sé con quién estoy hablando!”.
Con esto en mente, quiero que ahora comprendas, asimiles, aceptes y pongas por obra lo que voy a compartirte. Es una palabra que ya he enseñado hace algunos años, pero que día a día sufre pequeñas modificaciones sustanciales que la convierten en fresca y dinámica, además de activa y vigente.
(Apocalipsis 1: 9) = Yo, Juan, vuestro hermano y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.
(10) Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, (11) que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia; a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.
(12) Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, (13) y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.
(14) Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; (15) y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.
(16) Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. (¡Ey! Escucha. Esta es la única imagen física que la Biblia da de Jesús. Todo lo demás, ese hombrecito sanguinolento colgado en la cruz con rostro de ayúdenme, es la imagen que a los demonios les encanta darnos)
(17) Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: no temas; yo soy el primero y el último; (18) y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.
(19) Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.
(20) El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro; las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.
Estamos hablando acerca del diseño de la iglesia. Y no vamos a tocar de inmediato el tema apostólico, porque la razón de lo apostólico es la iglesia. Lo apostólico desconectado de la iglesia, se convierte automáticamente en algo administrativo.
Las cosas existen por su utilidad. Nadie compra un objeto que no tiene algún propósito o un uso determinado o específico. Lo apostólico tiene un propósito, que es la iglesia. Hace un momento veíamos Apocalipsis 211, y una primera imagen que el Señor ha puesto en algunos corazones de siervos del reino, es que la iglesia es como un candelero.
Podemos imaginarnos una Menorah. Probablemente la Menorah, es la representación más exacta de lo que Dios quiere de su iglesia. La Menorah aparece en el Antiguo Testamento. Por un momento, trata de imaginarte la escena.
Juan está en el Espíritu, ¿Cómo entiendo eso? Entiéndelo como quieras, pero lo cierto es que él estaba teniendo una experiencia sobrenatural con Dios extraordinaria. Un éxtasis, una visión, un arrebatamiento espiritual, dale el término que más te guste.
Pero que se trata de algo que su mente no planificó ver. O sea que está viendo algo sobre lo cual no tiene control. Ahí aparecen dos elementos muy importantes. El primero es que escucha la voz de Dios donde se presenta como El Alfa y la Omega, el primero y el último, y le da una instrucción: que escriba unas cartas a las siete iglesias que estaban en Asia.
Lo primero que deberemos tener en cuenta y pensar, es por qué todas son iglesias gentiles. ¿Pensaste alguna vez seriamente en eso? No hay una sola carta, por ejemplo, a la iglesia de Jerusalén, que en realidad fue la primera. Son cartas a las iglesias más jóvenes, las últimas que Pablo establece.
La segunda cosa, muy particular, es que cuando él se da la vuelta, buscando la voz, lo primero que ve son los candeleros formando casi un círculo, porque él está en el medio. ¿Estás entendiendo la figura? Él está parado allí y aparecen los siete candeleros alrededor de él. Muy parecido, seguramente, a una Menorah.
Cuando uno ve esa imagen, ya no importa la interpretación escatológica que tú tengas, el punto es este: Imagínate eso como si fuera un reloj de sol, donde Jesús parado, cuando le resplandece el sol, proyecta una sombra, empezando con Éfeso.
Luego recorre la sombra a la siguiente iglesia, y a la siguiente iglesia, hasta llegar a la séptima. Una cosa que la teología hoy ha podido verificar es que, una de las interpretaciones más correctas de estos primeros tres capítulos del Apocalipsis, es que definitivamente cada iglesia se corresponde con un período de tiempo de la historia de la iglesia en general.
Si trazamos una línea con la primera iglesia de Éfeso, y vamos marcando espacios de tiempo, podría decirse que las iglesias se suceden unas tras otras, y la descripción de esa iglesia en particular, corresponde a ese período de tiempo en particular.
De tal forma que la iglesia apostólica que vivió Pablo, sería la iglesia de Éfeso. Y la iglesia que hoy día estaríamos viviendo, sería la iglesia de Laodicea. Esta es una de las interpretaciones más aceptadas, más respaldadas, y tiene un fundamento no sólo teológico, sino también histórico. Mira nuevamente el verso 20:
El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro; las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.
La primera cosa importante de esto, es que los candeleros, dice aquí, son la iglesia. La Biblia dice que Jesús llamó a la iglesia, la luz del mundo. Ahora examine con su imaginación, si es que ha visto alguna vez un Menorah, su conformación, sus siete lámparas en forma de media luna ascendente.
Podríamos dividir el candelero en dos partes. Y la lámpara número cuatro, dividiría equilibradamente el candelero en dos. Tres lámparas a un lado, la cuarta al medio, y tres lámparas al otro lado. Ese es el eje central. Son siete lámparas, unidas todas en una sola base.
Pero definitivamente, el candelero número cuatro, es muy diferente a todos. Es el que en realidad, tiene la base hasta el final. Partiendo de esta base, revisemos ahora la iglesia número cuatro. ¿Y cuál es la iglesia número cuatro? Tiatira. ¿Entiendes lo que estoy diciendo?
La palabra Tiatira, significa “servidora”. ¿Sabes cuál es el carácter de la iglesia? Servicio. Vamos por más: ¿Cuál es el significado de la palabra Ministerio? Servicio. ¿Qué es lo que distingue a la iglesia? Que es un grupo de gente que sirve. La iglesia es una comunidad diseñada para servir.
Ahora bien: el servir, no es sólo el servir a Dios, sino también el servir a los que Dios ama. Segundo rasgo apostólico: el ministerio apostólico está diseñado para servir. Recuerda que el primer rasgo de este ministerio, era que estaba oculto, invisible. Si tuviéramos que dar una definición rápida, sintética y precisa del apóstol, diríamos que es un siervo de los siervos de Dios.
¿Y cómo es eso? Olvida lo que estás viendo cada domingo, vamos a lo que es conforme a la Palabra. Los pastores, son siervos de los hijos de Dios. Los apóstoles, son siervos de los pastores. Más claro: los pastores, están puestos por Dios para servir a las ovejas. ¿Acaso no le dijo Jesús a Pedro, “pastorea mis ovejas”?
¿Cuál es la razón de un pastor? Las ovejas. Tú puedes llamar a alguien pastor cuando sabes que no tiene ovejas a su cuidado? ¡No es un título, es una función! Imagine la imagen campestre, las ovejas reales. Un hombre las acompaña, las guía, las cuida de los lobos, las apacienta, está pendiente de ellas. ¿Qué cosa es ese hombre? Un pastor.
Ahora imagine otra escena. Una enorme oficina instalada en dependencias de un enorme edificio construido con lo más moderno. En esa enorme oficina, un no menos imponente escritorio. Tres teléfonos, una computadora, un plasma con las noticias del día, y un hombre sentado allí atendiendo diversos asuntos. ¿Podríamos llamarlo pastor? No. Un pastor tiene que tener ovejas.
Ahora bien: ¿Cuál es la razón de la existencia de ese pastor? El bienestar de las ovejas. Cada día él debe dar cuenta de las ovejas. ¿Qué pasa si las ovejas necesitan comida? ¿Sabes que hace el pastor? Tiene que darle comida. No les puede decir “Bueno, vayan a comer por ahí”.
Está a cargo de sacarlas cada día, de guardarlas cada día. No pueden ni sacarse la lana ellas solas. Ahí necesita trabajar el pastor, necesita cuidarlas. En una palabra: la razón de ser de un pastor, son las ovejas. Si las ovejas desaparecen, él deja de ser pastor. En pocas palabras, el pastor es un servidor de las ovejas.
Bien: en el plano espiritual ocurre exactamente lo mismo. El pastor de una iglesia no está ni puede estar por sobre las ovejas. En realidad, está por debajo de ellas. Porque si en verdad ellos están allí porque fueron puestos por Dios, como la mayoría dice, entonces fueron puestos para servir a ese pueblo, no para servirse de él.
Jesús dijo una vez: “Lo que hagas con mis pequeñitos, lo haces conmigo”. ¿Se está entendiendo esto? Bien. ¿Y qué son los apóstoles? Los apóstoles son siervos de los siervos de Dios. Ellos son siervos de los pastores. Jesús, el apóstol máximo de todos los apóstoles, ¿Qué vino a hacer? Vino a servir.
¿Cuál es el eje central de la Menorah, de la legendaria lámpara hebrea? Servicio. Tiatira significa “servidora”. El eje de la iglesia, es servicio. Esto está tan repetido en el evangelio, que tú no vas a ver jamás a Jesús en toda su historia ministerial haciéndose servir por alguien. Siempre lo va a ver sirviendo.
Va a verlo diciendo que el mayor sirva al menor. Va a verlo siempre rompiendo todos los esquemas. El más grande es el más pequeño en el Reino de los Cielos, y el más pequeño es el más grande. ¿Cómo lo entendemos desde el punto de vista humano? Para entender eso, debemos tener el corazón de Dios, de otro modo nuestra mente revienta.
No es algo empresarial. Se supone que el gerente es el más importante de una empresa, ¿No es así? Bien; ahora imagine que el gerente está en el plano más inferior de esa pirámide y es, en realidad, el que sostiene el resto de la estructura.
Primer detalle, entonces, servidora. Otro detalle para tener en cuenta, si observamos al menos en una fotografía o dibujo a una Menorah, es que existe una unión entre las lámparas restantes: L primera con la séptima, la segunda con la sexta y la tercera con la quinta. La del medio hemos visto que se queda sola, pero sostiene el resto de la estructura.
Ahora vamos a tratar de entender eso a la luz de las cartas del Apocalipsis. Hablemos un momento de Apocalipsis 2: 18, a ver que tenemos acá. Es la iglesia de Tiatira, la cuarta. La primera es Éfeso, la segunda Esmirna, la tercera Pérgamo, la quinta Sardis, la sexta Filadelfia y la séptima Laodicea.
Pero comenzamos desde la cuarta, que es Tiatira, porque además de ser, como te dije, la que soporta toda la estructura, es también la que sirve para tomar la lámpara completa. No la puedes tomar de más abajo ni tampoco de las otras lámparas, que en realidad son móviles. La debes tomar del brazo, del eje. Llevado esto a la simbología que estamos viendo, Tiatira es la que soporta al resto de las lámparas.
Viéndolo de otra manera, ¿Cuál era el problema central de Tiatira? Su tolerancia a la idolatría y a la inmoralidad. Entonces aquí llega el momento en que caemos en cuenta de algo: que toda la iglesia, de una u otra forma y a través de los tiempos, ha tenido una lucha permanente con estas dos cosas: la idolatría o la inmoralidad.
En cada período de la historia ha habido una tolerancia a la idolatría. Y creo que todos los que nos reunimos aquí, tanto yo de este lado como tú del otro, ya tenemos muy en claro que cuando decimos idolatría no necesariamente estamos hablando de estatuas de cera, madera o metal, ¿No es así? En nuestros ambientes se ha presentado la idolatría a partir de aspectos mucho más elaborados.
Si tú lees con calma a Tiatira, la carta número cuatro, vas a darte cuenta que hay una lucha constante, ya, entre la fidelidad y la apostasía. Eso es lo que distingue a Tiatira, pero también a todas las otras iglesias. Es más: es algo que distingue a toda la iglesia en general, empezando con los discípulos. Vamos a la lámpara número uno: Éfeso.
(Apocalipsis 2: 4) = Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.
Ese es el punto negro de Éfeso. Ahora bien: ¿Con cuál iglesia está ligada Éfeso? Con Laodicea.
(Apocalipsis 3: 16) = Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.
¿Estás viendo que existe una clara relación entre estas dos iglesias? Ahora veamos la lámpara número dos, esa es Esmirna.
(Apocalipsis 2: 10) = No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
Ahora bien: la lámpara número dos, está conectada con la número seis, que es Filadelfia.
(Apocalipsis 3: 10) = Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.
¿Estás entendiendo? ¿Notas al fin que verdaderamente están conectadas las lámparas? Esto rompe con el concepto plano de que aquí está una iglesia y allá está la otra, y empezamos a comprobar que es mucho más coherente con una línea determinada, esto que estamos viendo, donde tenemos a las siete iglesias que en un momento resplandecieron con un propósito específico de Dios, pero que también por debajo de la lámpara estaban mucho más unidas de lo que parece.
Porque a la debilidad de Esmirna, la suple Filadelfia. Van a ser probados por diez días, no temas. Tomen ustedes a Filadelfia: yo te guardaré de la hora de la prueba. Nota como se unen. No se olvida el concepto de la lámpara número cuatro, Tiatira, servidora. El concepto de servicio es lo que define a la iglesia. Ahora veamos la número tres, Pérgamo.
(Apocalipsis 2: 14) = Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de las cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación.
La lámpara que iría conectada con la número tres, es la número cinco, Sardis.
(Apocalipsis 3: 4) = Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas.
Creo que la relación entre uno y otro es más que clara, ¿No es cierto? Es como si el texto de 3:4 fuera un complemento o una continuidad del 2:14. Les dice que toleran a algunos que no deberían tolerar, pero que Él conserva a unos pocos que han mantenido la pureza.
Nota como, la debilidad de una, es suplida por la riqueza de la otra. Voy a decir algo que se ha dicho muchas veces, pero que todavía no se ha terminado de entender y mucho menos aceptar en los ambientes evangélicos: lo apostólico rompe los límites denominacionales, porque nos coloca en una estructura del estilo de la Menorah, donde las iglesias deben (O deberían) sostenerse mutuamente unas a otras.
Y todo eso sin la vanidosa pretensión de ser agrupadas, sino funcionando y operando con la lámpara que Dios les ha dado. De todos modos, el recurso es que la debilidad de una sea suplida por la potencia de la otra y viceversa. ¿Está sucediendo? No. Conclusión: estamos retrocediendo.
Ahora tengo que concluir con este ejemplo, con este modelo. Es muy probable que lo que ahora diga, a muchos de ustedes no les termine de gustar. Pero ocurre que no puedo decirlo de otra manera, y además nunca me gustó añadirle edulcorantes artificiales al azúcar genuino del evangelio.
Lo que le pasa a una iglesia que está en el otro extremo de la ciudad, me va a afectar a mí también. Y no estoy hablando de grupos religiosos ritualistas sin sustento, ya lo habrás imaginado; estoy hablando de iglesias genuinas, gente genuina, hijos de Dios con mandato y dirección.
No podemos cerrar nuestras simbólicas puertas del interés comunitario como pueblo, y desinteresarnos de lo que le está sucediendo al resto del cuerpo de Cristo en la tierra. Eso, no es apostólico. En el siglo veinte se levantaron muchas denominaciones, muchas vertientes doctrinalmente distintas.
Y fíjate que hasta la forma de mencionarlas resulta extraño: denominaciones. Del verbo denominar, nombrar, rotular. Esto quiere decir que ese rótulo era, decididamente, lo que distinguía a la gente, no sus íntimas y profundas convicciones.
Mi denominación. Fui parte de una denominación por espacio de veinte años. Jamás renegué de ella porque reconozco y doy gracias por las cosas que allí aprendí y que, de alguna manera, moldearon mi futuro camino en el Señor. Pero déjame decirte que en mi intimidad, jamás me sentí rotulado. Es más, jamás dije: “Yo soy púm púm”, como otros hermanos vivían presentándose en sociedad.
Creo que las denominaciones nacieron de un afán divisionista inspirado en las oficinas del infierno, aunque fueron luego utilizadas por Dios como un instrumento más de acercamiento, evangelización y forma de ingreso al camino de la fe genuina.
Pero si quieres tener una visión clara de lo que significan las denominaciones, lee pequeños párrafos de estas siete cartas y podrás ver cómo, a cada una, con una sola excepción, se le dice que está muy linda y muy bien, a no ser por…y allí cambian los motivos, pero se igualan las censuras amorosas.
Pero el punto en cuestión es que, al abandonar el siglo veinte y entrar en el veintiuno, empezamos a ver algo distinto. Y ya dejó de ser la pertenencia a una denominación nuestro sello de calidad, sino el genuino e íntimo sentir espiritual.
Allí, recién, empezamos a congregarnos, aunque más no fuera en un banco de una plaza, con aquellos que estaban en un mismo sentir, y no con un grupo de gente que veíamos una vez por semana porque ocupábamos bancos vecinos en un templo cualquiera.
Y esto no es casual ni porque sí. Porque en el libro de Apocalipsis van a empezar a aparecer cosas que en los anteriores libros parecían haber quedado en el olvido o en un letargo apático. Por ejemplo, el concepto del siete, que aparece en el Apocalipsis de una manera tremenda.
Y esto tiene que ver no sólo con la perfección que se le ha dado al número como significado, sino que además está muy ligado al libro de Isaías, cuando se habla de los siete espíritus de Dios. Un sinónimo para el libro del Apocalipsis, es básicamente esto: el libro de la plenitud.
Todo antes del libro de Apocalipsis, es parcial. Nos tenemos que contentar con Corintios, “en parte vemos, y en parte profetizamos”. Pero Juan vio todo. Él no vio en parte, él vio todo. Entonces, ciertamente que Dios acepta que nos quedemos en Corintios, “en parte vemos y en parte profetizamos”, pero desea y demanda que avancemos hasta la estatura de Apocalipsis: “Y estábamos nosotros en el día del Señor, en el Espíritu”.
Y vimos al Espíritu y oímos lo que nos decía. Y nos llamó y nos dijo: ven, sube y te mostraré todas las cosas. Si tú evalúas con cierta prolijidad, verás a la iglesia en Apocalipsis, recuperando su rol profético. Ya no es la que tiene que comprar el diario o ver la CNN para ver qué está pasando, sino que es la que escribe las noticias. La iglesia sabe lo que va a pasar mañana.
El asunto es que, cuando hicieron el canon del Nuevo Testamento en el año 140, uno de los libros que n o quisieron incluir, fue el de Apocalipsis. Y había una sola razón: lo consideraban un libro muy básico. Un libro que no necesitaba ningún esfuerzo espiritual, sino que todo estaba muy claro.
Eso describe con meridiana claridad la evolución que hemos tenido como iglesia, ya que hoy éste es uno de los libros más velados. Ellos se opusieron, hubo una gran discusión. ¿Incluimos al Apocalipsis o no? ¡Es que es un libro muy claro! ¿Para qué vamos a poner eso? Se entiende todo lo que dice ahí!!
No necesitamos ser ni siquiera líderes para saber que lo que dirige el cuerpo de Cristo es el servicio. Porque Cristo vino a servir, y lo que yo haga, incluso para con aquellos que todavía no conocen al Señor, es a Él a quien se lo estoy haciendo. ¿Cuánto más valor tendría el servirnos entre ministros? O servirse entre congregaciones. Lo apostólico rompe el muro y permite trabajar en una visión ya no de grupo o denominación, sino de Reino.
(Apocalipsis 4: 2) = Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado.
(3) Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda.
(4) Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.
(5) Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.
Cada una de las iglesias de Asia, que en realidad representan a toda la iglesia en toda la historia, tuvo una, o dos o quizás hasta tres lámparas. La iglesia del Apocalipsis, es una iglesia que tiene las siete lámparas activas.
Nunca en la historia de la iglesia se va a soltar una presencia del Espíritu Santo tan poderosa y soberana como en Apocalipsis. Curiosamente, nosotros hemos establecido un modelo escatológico escapista. O sea: nos estamos yendo antes que sucedan las cosas más importantes.
Quiero añadirte algo: la doctrina del rapto antes de la tribulación aparece recién en el siglo veinte, y fue dada por un espiritista a un pastor norteamericano que lo hizo famoso. Por diecinueve siglos, la iglesia creyó otra cosa. No te digo que, investiga.
Pero el gran problema de esa doctrina es que se pierde el concepto de Reino. Explico. Si tú te vas pronto, que te puede preocupar o importar lo que suceda con este país donde vives. ¿Qué ganas con que Dios establezca su reino en tu país o en el país limítrofe donde has ido como misionero? ¡Si total ya nos vamos pronto!
El período más glorioso de la iglesia, es el período el Apocalipsis. Porque literalmente, los siete espíritus de Dios se moverán sobre la faz de la tierra de una forma nunca vista. ¿Tú crees que Dios nos va a privar de la mejor fiesta, de la parte más buena, del mejor vino y de tremenda celebración?
¿Pero y entonces los apóstoles? ¿No estamos esperando el anticristo? ¿Los apóstoles? ¿Y para qué crees que se están levantando? Los verdaderos, los genuinos, no los de escritorios eclesiásticos. ¿Quiénes crees que serán los que enfrenten al anticristo?
Una cosa es cierta: la visión del Reino no está limitada por el tiempo. Nosotros estamos aquí para hacer que el nombre del Señor sea extendido a toda la creación. ¿Y sabes qué? No tiene sentido lo apostólico, sino para enfrenar a los poderes más elevados.
Lo que se hizo hasta hoy, se hizo. Mal, regular y a veces bien. Pero lo que viene ahora tiene otro nivel. Los primeros apóstoles lucharon contra enormes fuerzas de oposición. Espirituales y terrestres. Los últimos apóstoles también tendrán una batalla parecida. ¿Cuántos quieren seguir presentándose como apóstoles, ahora?
Sin embargo, de una de las cosas que se debe hablar en el marco de una reforma de tono apostólico, es de una doctrina apostólica. Y la doctrina apostólica tiene que ver con una escatología apostólica. Y la escatología que hoy tenemos en la mayoría de nuestras iglesias, no es ni apostólica ni bíblica. Y no te creas así como así lo que yo te digo: tómate el trabajo de revisar el nacimiento de las doctrinas más conocidas.
Lo apostólico que viene por delante está siendo levantado por Dios para un mover de un tiempo precioso en el que los siete espíritus de Dios se moverán sobre la faz de la tierra de una forma espectacular. Leamos de nuevo el verso 5.
(Apocalipsis 4: 5) = Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.
Trata imaginar esta imagen por un momento. ¿Sabes qué? Es muy difícil. Es interesante, pero haciendo un estudio respecto a la luz, se ha descubierto que la luz, al pasarla por un prisma, se descompone en siete colores. Las lámparas están ligadas a la luz.
¿Cuál es, entonces, el objetivo del Menorah? Básicamente, iluminar. ¿Y qué es la luz? Básicamente, es la combinación de siete colores primarios. Cada uno de esos siete colores, está representado en el tabernáculo. En el tabernáculo tenemos colores primarios.
Y eso habla, justamente, de naturaleza divina. La naturaleza divina de Dios, está en la iglesia. ¡Es que yo quiero conocer a Dios! Pues entonces tendrás que mirar a la iglesia. ¡Pero es que ahí no lo veo! Entonces no estás mirando a la iglesia, estás mirando a Babilonia.
¿Cuál es nuestra excusa cotidiana? “Bueno, mira…en la iglesia hay hombres imperfectos, ¿estás viendo? Tú debes venir a la iglesia por el Señor, no por nosotros.” Sirve como pequeña excusa evangélica para justificar asuntos injustificables dentro de las congregaciones, pero déjame decirte que no es la pura y mucho menos santa verdad.
¿Qué le dijeron los discípulos a Jesús? ¡Señor! ¡Muéstranos al Padre! ¿Y Él que les respondió? ¿Cómo es eso? ¿Tanto tiempo con ustedes y aún no han visto al Padre? ¡Quien me ha visto a mí, ha visto al padre! Jesús. Cristo. Iglesia. Cuerpo. ¿Sigo?
Eso sería una realidad palpable si cumpliéramos lo que Jesús dice, en razón de que son los frutos los que dan testimonio de Él. Si tuviéramos abundante fruto, se cumpliría la palabra que dice: En esto es glorificado mi padre, en que llevéis mucho fruto. Porque los frutos son los que hablan de quien está contigo.
(Apocalipsis 4: 6) = Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás.
Podrás entender que no se puede tocar ni aunque sea superficialmente el tema de los cuatro seres vivientes, ya que eso solamente nos llevaría un tiempo que excedería el de un estudio normal. Pero sí déjame decirte algo que tiene real importancia en esto: los siete espíritus de Dios de los cuales se habla en el verso 5, son los mismos ojos que están en los seres vivientes de más abajo.
Los ojos es una terminología muy singular: Podemos verlo en Zacarías, donde se dice que las piedras estaban llenas de ojos. ¿Se entiende? No, y mucho menos si alguien te sugiere dibujar algo así. Claro está que no es un asunto literal. El Señor estaba tratando de hablar de algo espiritual muy poderoso.
Fíjate que en el Antiguo Testamento, por ejemplo, vemos en Daniel al cuerno con los ojos y, tal como te dije recién, las piedras de Zacarías con los ojos. En el Nuevo Testamento, en cambio, el concepto de ojo pasa, de sólo mirar o ver, a manifestarse.
Entiende: el ojo está relacionado con la luz, así como el oído lo está con el sonido. Tú tienes ambas cosas. Si tienes oído va a ser porque el sonido va a trabajar con él. Si no tienes oídos, aunque haya sonido no te sirve. ¿Cuál es el concepto de la luz? Los ojos.
Los ojos son los que detectan la luz. En realidad, lo que nosotros vemos, está en relación con los porcentajes de luz que nosotros recibimos. Si me equivoco en algo puedes confirmarlo con un oftalmólogo. Entonces, lo que en realidad percibo en mi ojo, es la luz.
Entonces podemos entender que, lo que los ojos andan buscando, en realidad, es la luz. Por eso es que, cuando hay un sitio oscuro, los ojos no captan nada. Compara eso con Juan 4:24: Dios es Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
Los ojos son sensibles a la luz, ¿No es cierto? Bien; lo que captura la atención de Dios, es la luz de la iglesia. Esto es algo muy poderoso. Así como Servicio o servidora, es el eje central de la iglesia, la razón de tener un candelero, básicamente es tener luz.
Jesús lo dijo más que claro: una lámpara que no ilumina, no sirve. Nadie pone una lámpara debajo del almud, debajo de la cama, decía. La pone en un lugar elevado. En el libro de Apocalipsis, interactúan dos elementos: yo oí y vi. En función de lo que oyes y ves, actúas.
¿Por qué hoy día vemos a la iglesia andar a los tropezones? Porque no necesariamente oye, y a veces hace lo que no ve. Recuerda a Jesús: lo que veo hacer a mi Padre, eso hago. Lo que oigo de mi Padre, eso digo. ¿Cuántos predicadores pueden decir exactamente eso en este tiempo y ser sinceros?
Eso nos lleva a la relación eterna entre Génesis y Apocalipsis entre lo espiritual y lo terrenal. No son dos cosas separadas, sino que están unidas. Lo que veo, eso hago. La iglesia, como perdió la capacidad de ver, empezó a guiarse por circunstancias.
Esto es algo que cualquiera de nosotros puede comprobar sencillamente con sólo observar el funcionamiento operativo de cualquier iglesia. ¿Adónde buscaría un terreno para levantar su nuevo templo? En el sitio donde están más baratos y al alcance de la economía de la congregación. ¿Está bien? Aparentemente si, peo en realidad no, no está bien. ¿Y por qué? Porque está levantando un templo en el lugar que ha decidido Mamón, no Dios.
En el Antiguo pacto tú tienes a Adán, que es el que trasmite la voluntad de Dios a la creación. Después de Adán, te encuentras con Abraham. Y así Dios vuelve a agarrar una comunidad profética. La primera comunidad profética es Adán, la segunda es Abraham. Empieza de cero, otra vez Dios.
¿Cuál era el objetivo de Abraham? Llena la tierra, hijo. A quien tú bendigas, yo bendeciré. El pueblo de Israel, falló. Ellos, ellos y ellos. Me caso con judíos y me ayudo solamente entre nosotros. Entonces allí el Señor nos lleva a la tercera comunidad profética: la iglesia.
Ahora bien; el propósito de Dios nunca sufrió cambios, siguió siendo el mismo. Nosotros somos plantados para ser voceros de Dios. Ahora voy a decirte algo muy importante: tú no necesitas ser pastor para ser vocero de Dios. Y menos necesitas ser apóstol o profeta.
Cada hijo de Dios, que ha nacido de las aguas y del Espíritu, tiene la capacidad de ser un retro transmisor de lo que Dios está hablando. Eso es lo que le da poder a la iglesia. Porque lo que tú estás haciendo, lo está haciendo Dios, de modo que si yo obstaculizo tu trabajo, estoy estorbando a Dios y me las voy a tener que ver con Él.
Entonces los ojos, responden a la luz, esto es algo reiterativo en toda la Escritura, aunque no siempre se lo haya visto así. Entonces la pregunta, ahora, es: ¿Cuál es el nivel de luz que tiene la iglesia hoy? Recuerda una vez más la Menorah. Suponte que yo ahora enciendo una de esas siete lámparas. ¿Te parece que sería una luz suficiente para que nos ilumine a todos?
No. ¿Qué hacemos? Encendemos otra. Y vamos a poder comprobar que todavía nos falta. Prendemos otra más. Y otra, y otra. Llegará un momento en que deberemos encenderlas a todas. Y sólo cuando las siete lámparas estén encendidas, la luz tendrá una extensión que podrá alumbrarnos y ayudarnos a todos.
Pero encontramos un problema. Había cosas feas que pasaban desapercibidas cuando sólo había una lámpara encendida. Pero a medida que las lámparas de Dios se empiezan a encender, lo que estaba escondido comienza a ser manifestado.
Ahora bien: si una, o dos, o diez congregaciones resuelven entrar en una cobertura espiritual no humana de corte apostólico, cada una de esas congregaciones sufrirá un quiebre muy importante. Porque es como si la iglesia se hubiera acostumbrado a estar con dos lamparitas encendidas.
Pero de repente se encienden las siete y, ¿Sabes lo que sucede? Se ha visto a iglesias quebrarse, a otras dividirse, a mucha gente enfermarse, incluso con casos de muerte. Y esto no es exageración mística, es pintura de guerra de alto nivel, diferente a las pequeñas batallas contra pequeños demonios a las que estamos acostumbrados.
Hay mucha gente enojada con gente que está llevando una palabra que en muchos casos destroza, Biblia en mano, lo que la iglesia estructural ha enseñado por años y años. ¿Y sabes qué? Es un enojo injusto, porque lo que sucede con el mover apostólico es que, en primera instancia, lo que produce es una apertura de ojos espirituales que lleva a mucha gente a ver cosas muy claras que antes no veía.
¿Recuerdas al ciego que estaba junto al estanque de Siloé? ¿Recuerdas que le dice Jesús? Que vaya al estanque y se lave los ojos. Siloé. ¿Sabes que significa la palabra Siloé? Enviado. ¿Sabes lo que significa apóstol, o mejor dicho el vocablo original, apostello? Enviado.
¿Sabes qué es lo que te quita la ceguera? El enviado, Siloé, lo apostólico. Fíjate que Pablo va a un lugar, habla como tres horas y nadie le estaba entendiendo. En un momento dado Pablo se cansa y pregunta: Díganme, ¿Con qué bautismo fueron ustedes bautizados?
¿Qué le contestaron ellos? ¡Con el bautismo de Juan! Escuchen, eso está muy bueno, pero lamento informarles que están apenas en la mitad del camino, así que terminemos de andar. Y recién allí continúa su exposición. Piensen ustedes en lo que sintió esa gente. ¿Lo pensaron? Bueno, ahora traten de tener misericordias con los que hoy los agreden, injurian, marginan y hasta ofenden.
Concretamente, lo apostólico quita el velo. Yo, como simple hermano y unción magisterial, estoy diciendo cada vez más a menudo: ¡Huau! ¡No había visto esto antes! ¿Cómo puede ser que me pasó por delante de las narices y no lo vi, y ahora viene este siervo, apóstol del Señor, y la luz se hace en mi entendimiento? Es Dios usando sus ministerios pese a que al hombre religioso no le gusta el modo.
Hay un dicho en teología que podemos aceptar como prudente: “Si es algo nuevo, puede que no sea bueno”. De acuerdo, pero déjame decirte que esto no es algo nuevo. ¿Cómo va a ser algo nuevo si el mover apostólico está en el centro inicial del evangelio?
Lo apostólico nos quita la venda religiosa, la venda de la ignorancia y nos ayuda a ver lo que hasta ayer mismo no veíamos e, incluso, nos molestábamos mucho cuando alguien lo mencionaba. ¿Por qué sucede eso? Porque lo apostólico está muy relacionado con la luz.
En suma: lo apostólico siempre suma a tu ministerio, no resta. Allí es donde los siete espíritus de Dios se manifiestan de forma extraordinaria. Luz. Pero ahora imagínate a siete candeleros, a siete Menorah, con siete lámparas encendidas a pleno. ¿Te imaginas el nivel de luz que había allí? Y al medio, uno semejante al Hijo de Dios.
Ese es el diseño correcto de la iglesia, hoy. En medio, uno semejante al Hijo de Dios. Y todas las lámparas encendidas, a su alrededor. Por eso es que dice Isaías que: tinieblas cubrirán la tierra, pero sobre ti resplandecerá la luz.
Hay profetas modernos trabajando de un modo muy distinto a lo que veníamos viendo. ¿Por qué se levantan los profetas? Los profetas se levantan por causa del mundo, no por causa de la iglesia. Mira los protocolos de los profetas en Corintios 14. ¿Dónde debemos profetizar? Si algún inconverso entra y todos profetizan, él será convencido por todos. O sea: el ministerio profético ni siquiera es para la iglesia.
Resumiendo. Me preocupa, y me debe preocupar, ese grupo de creyentes que anda por allá, viviendo conforme a los rudimentos del mundo porque casi no cree en nada. ¿Y por qué me preocupa? Porque espiritualmente estamos unidos. Lo que les sucede a ellos, me afecta y me preocupa a mí.
Dios responde, a los ojos y a la manifestación de la luz. ¿Quieres capturar la atención de Dios? Resplandece. Dios no responde ni a la oscuridad ni a las tinieblas. Él responde a la luz. La iglesia debe ser, básicamente, la repetidora de lo que ven los cielos. Los apóstoles traen diseños celestiales.
¿Sabes por qué pueden hacer eso? Porque ven lo celestial. ¡Pero es que yo he conocido apóstoles que no ven nada! Entonces no son, porque el principal rasgo apostólico, es que ven lo celestial. Entran aquí y te dicen: hermano, ¿Sabes qué? Esto está pasando en la iglesia, esto está pasando en tu vida. Por eso es que lo apostólico trae corrección. Y no por lo que le parece, sino conforme a lo que ve.
Los apóstoles desencajan como miembros de una congregación clásica, porque un apóstol no viene a este mundo a recibir, sino a dar. Si alguien que dice ser apóstol, antes de extenderte su mano en ayuda la coloca para recibir algo de ti, puedes dar por seguro que ese no es un apóstol genuino.
Lo apostólico se da a sí mismo, se entrega a sí mismo. No le interesa recibir algo a cambio. Tiene el carácter de Cristo, que se entregó a sí mismo. ¿Lo estás entendiendo? ¿Lo ves con mayor claridad? ¿Qué esperas, ahora, que te de los nombres rutilantes de los que dicen ser y no son? No, eso es de cristianitos cómodos. Tú tienes el suficiente discernimiento para verlo con tus propios ojos espirituales.
Después de esto vas a tener un serio problema. Ya no podrás decir que no sabías, que ignorabas, que nadie te dijo. Ahora ya sabes. Tus ojos han sido abiertos. Como sucede siempre, después de una palabra genuina, ya no puede conformarte nunca más un discurso humanista para cubrir espacios de tiempo en un templo.
Va a parecer una humorada lo que voy a decirte, pero tomando como base mi propia vida, puedo asegurarte que cuando comienzas a ver las cosas como son, comienzas a tener problemas. El ignorante vive más que tranquilo en su ignorancia. El que recibe más, le es demandado más, está escrito. Cada enseñanza, implica una responsabilidad.