La fe es una oleada de confianza sobrenatural dada por el Espíritu Santo de Dios a una persona que enfrenta una situación o necesidad especial, y recibe una certeza que supera la lógica, y una total seguridad de que Dios va a actuar a través de una palabra o una acción. Sin embargo, esta expresión milagrosa puede abarcar destrucción o creación, bendición o maldición, eliminación o alteración.
Dijo Grossman alguna vez que “Es tanto el conocimiento irresistible de la intervención de Dios en un determinado momento, como la autoridad de hacer real su intervención a través del poder del Espíritu Santo.”
Dentro del amplio panorama del que se puede hablar en este contexto, encontramos que existen cuatro tipos de fe en el Nuevo Testamento. Los podemos definir como: El Credo, La Confianza, El Fruto y El Don.
EL CREDO: Si bien su nombre coincide con alguna oración preconcebida, en realidad el credo es la catalogación de la doctrina que profesamos. Hay Palabra en la Biblia que tiene que ver con este tipo de fe.
(Efesios 4: 13)= Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
Hay una sola unidad posible: la de la fe. Todas las demás “unidades”, son actitudes loables, bien intencionadas y positivas, pero imposibles en el tramo final. El conocimiento del que se habla aquí, no tiene que ver con estudios ni con formación intelectual, sino con lo que el verbo “conocer” implica en casi toda la Biblia: intimidad. Sólo teniendo intimidad con Cristo podemos llegar a tener unidad, porque todos vamos a estar guiados por el único Espíritu que nos guía de parte de Dios. Las divergencias no nacen de él, sino de nuestra carnalidad. Y un varón perfecto, no es en este caso un varón sin errores, sino un varón maduro, ya que eso es lo que en última instancia significa su traducción.
(1 Timoteo 6: 20)= Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, (21) la cual profesando algunos, se desviaron de la fe. La gracia sea contigo. Amén.
Es claro este texto de Pablo, pero queda algo para auto preguntarnos: ¿Qué es una profana plática sobre cosas vanas? Simple: una conversación, un discurso, una enseñanza o sencillamente una predicación de esas que no le dicen a usted absolutamente nada. Que muy bien por misericordia podríamos omitir y disimular, si no fuera que está en juego nada menos que el no desviarnos de la fe.
(Judas 3)= Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.
Lo primero que se menciona aquí, es la palabra Salvación, como un epicentro básico de la vida del creyente. Lo segundo que ingresa al texto, es una exhortación. Esto viene bien para todos aquellos que suponen que la Palabra de Dios tiene que ser suministrada con inmenso e infinito amor (Cosa que es así) y que jamás se debe “sacudir” a quien pueda haberse quedado adormecido, cosa que, como vemos, no es así. Seguidamente consigna que por la fe, en muchos casos, hay que contender, esto es: batallar, luchar, pujar, ejercer algún tipo de violencia espiritual como método de defensa, no necesariamente de ataque. Otro punto que corta de raíz cualquier intención novelesca rosada. Y por último, queda bien en claro que la fe nos ha sido dada UNA vez. Esto quiere decir que podemos pedir al Señor que nos avive la fe, pero no que nos la vuelva a dar. Esto es el Credo. Doctrina no denominacional, ni nacional, ni tradicional, ni oficial ni nominal.
LA CONFIANZA: Es un sentir inexplicable pero básico que tenemos para con nuestro Dios en todo lo que tiene que ver con nuestra salvación.
(Juan 3: 16)= Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Es increíble, pero este verdadero clásico de la literatura bíblica cristiana, siempre tiene algo más para ofrecer a quien lo consulta, a quien lo visita. Lo primero que señala, es que Dios amó AL MUNDO. ¡A cuántos que conozco les gustaría mucho más que hubiera dicho a la iglesia! Porque si Dios amó al mundo al punto de entregar a su propio y único hijo, ¿Qué tendríamos que hacer nosotros, que no sólo no lo amamos del mismo modo sino que, incluso, solemos despreciarlo y hasta no permitirle su ingreso a nuestros ambientes? Y la última, no por conocida, está de más repetirlo: ¿Está claro quién es el que no se pierde y accede a vida eterna? TODO aquel que CREE. Aquí no habla de una excelente doctrina, no habla de una tremenda congregación de diez mil personas, no habla de un excepcional pastor de pastores y no habla de una credencial otorgada por alguna organización cristiana. Parecería como que deberíamos tenerlo siempre presente a esto, no es así?
(Efesios 2: 8)= Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.
¡Cuántas veces se ha sentado a un pobre individuo en una especie de banquillo de los acusados para regañarlo por su falta de fe! Aquí dice que es don de Dios. Entonces, lo que sí puede ocurrir, es que por cuestiones de corte espiritual, la persona aunque quiera no pueda recibir completamente ese don y, por lo tanto, su fe flaquea. También se puede dar la misma contingencia por exceso de intelectualidad que intente razonar la fe, cosa que como sabemos, es imposible. Y no olvidar que esa fe nos llega por un favor de Dios (Gracia) y o por ninguna clase de méritos nuestros.
(Hebreos 11: 1)= Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
(2) Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.
(3) Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.
(4) Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.
(Verso 6)= Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
No debe haber un texto bíblico más cerrado y completo con relación a la fe que este. Certeza de lo que se espera, convicción de lo que no se ve. ¿Cómo intentar razonar esto? ¿Cómo puede el mundo secular e incrédulo entender la fe a partir de esta definición? No nos enojemos cuando nos rotulan de irracionales. Irracionalizar es no razonar. Y para creer, simplemente, es necesario creer. Absolutamente nada más. Y para tener en cuenta cada día de nuestras vidas, está escrito que sin fe de nuestra parte, no podemos de manera alguna, ni aún con el mayor de los éxitos humanos o la actividad más prolífera en la iglesia, poner contento a Dios. ¿Lo aprenderemos al fin?
EL FRUTO: Lo dice la Biblia. La fe es un fruto del Espíritu Santo, una lealtad producida por el mismo Espíritu Santo, y cultivada por el creyente, es decir fidelidad.
(Gálatas 5: 22)= Más el fruto del Espíritu es amor, gozo paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, (23) mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
¿Nunca le tocó estudiar en su congregación los frutos del Espíritu, que según la enseñanza clásica son nueve? ¿Nunca le tocó, quizás de niño, aprendérselos de memoria para aprobar una clase de escuelita bíblica o dominical? ¿Sabe una cosa? No son nueve, es uno. ¿Cómo que uno? ¿Y los demás? Consecuencia de ese uno. Fíjese que dice “EL fruto del Espíritu ES”, no dice “LOS frutos del Espíritu SON”. Por lo tanto, ese fruto es el amor, que en definitiva es carácter de hijo y miembro del reino de Dios y, como consecuencia, todo lo demás entre los cuales se encuentra, precisamente, la fe.
EL DON: Es indudable que la fe es un don que llegado el caso, tal como ha sido dicho tanto por Jesús como por Pablo, puede llegar a mover montañas, dicho sea de manera simbólica, pictórica, como también literal, aunque esto último les pueda parecer inconcebible aún a aquellos que aseguran que a la Biblia no se la puede estudiar por símbolos sino por lo que estrictamente dice.
Esta última categoría, precisamente, es la que Pablo tiene en mente cuando habla del don de fe. Santiago, fíjese que también se refiere a esta clase de fe al hablar de la oración de fe que curará al enfermo. Este es el tipo de fe, como la fe de salvación, que es otorgada soberanamente por Dios.
Es posible, asimismo, tener el don de fe sin tener el fruto de fe o viceversa. Pero no podemos tener fruto ni don de fe sin tener la fe de salvación, la cual a su vez nunca debe separarse de la sana doctrina (Y no estoy hablando de la de tu denominación, necesariamente, sino de aquella que la Biblia dice que es la sana doctrina) porque es la fe que una vez le confiada a los santos.
El Don de fe se usó para la bendición sobrenatural directa, en cumplimiento de una invocación humana. Así fue que Isaac bendijo a Jacob, tal como se puede leer en Génesis 27:28 cuando dice: Dios, pues, te de el rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de tigo y de mosto.
El escritor de la carta a los Hebreos, (Algunos se están jugando por Pablo como autor de esta carta, pero no está probado), enumera varias instancias similares, incluyendo aquellas. En los versos 20 y 21 del capítulo 11, leemos: Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón.
El don de fe se empleó para la protección personal en circunstancias peligrosas. Así vemos a Daniel, en el foso de los leones, según su propio relato en 6:23: Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y mandó sacar a Daniel del foso; y fue Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su Dios. Muchas veces me han preguntado qué es, exactamente, confiar en Dios. Pues aquí está la respuesta. ¿Difícil? ¡Por supuesto! ¿Quién le predicó a usted un evangelio fácil?
También Jesús, al ser tentado en el desierto, (Donde, te recuerdo, fue llevado por el Espíritu y no por el diablo, como algunos dicen porque les da “no-sé-qué” decir que fue el Espíritu), dice la escritura en marcos 1:13 que Estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían. Sin dejar en el olvido que también Pablo, cuando fue mordido en la mano por la víbora, dice el relato de Hechos 28:5, Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció.
El don de fe fue empleado para sustento sobrenatural, en caso de hambre o ayuno. El Señor le dice a Elías que se esconda en el arroyo de Querit, donde recibiría comida adecuada. El relato del primer libro de Reyes 17:4-6 lo cuenta así: Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Y los cuervos le traían pan y carne por la tarde, y bebía del arroyo. Quizás usted haya leído esto alguna vez. Quizás, hasta haya predicado sobre este pasaje. Pero dígame la verdad con una mano en el corazón: ¿Alguna vez pudo imaginarse de verdad a una bandada de pájaros trayéndole de comer a un hombre? ¿Cuesta, verdad? Don de fe.
Más adelante vemos a Elías resucitando al hijo de l mujer de Sarepta. En los versos 21 y 22 de este mismo capítulo, se lo relata: Jehová, Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él. Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él y revivió. ¡No me va a decir usted que este hecho puede ser tomado por seres humanos mortales, con los pies pegados al piso, como nosotros, con tranquilidad y certeza! ¡Ni le cuento la batalla que hay, en este mismo momento, en las mentes de quienes escuchan o leen esto! Don de fe.
Otra de las batallas de Jesús en el desierto con Satanás, tuvo que ver con una de las necesidades fisiológicas básicas del hombre: el hambre. Allí es cuando podemos ver que Jesús, sustentado por la fe en este caso en la Palabra escrita, respondió a la tentación del diablo de hacer pan de las piedras. Según Mateo 4:4, le dijo: El respondió, y dijo: Escrito está; No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
El mismísimo don de fe permitió concretar algunas sorprendentes promesas de Dios. Sara, la esposa de Abraham, que era anciana y ya había pasado la edad biológica para tener hijos, quedó embarazada y tuvo un hijo en el exacto momento en que Dios se lo había prometido. (Génesis 21: 2)= Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. Pablo, subrayó muy especialmente el papel que tuvo Abraham en esto, cuando en su carta a los Romanos 4:20-21, dice: Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que le había prometido.
Hay gente que, cuando lee o se le cuenta esta historia, dice con total soltura: ¡No! ¡Eso no se lo puedo creer! Respeto su fe, su religión y sus convicciones, pero eso que usted me quiere hacer creer, usted sabe tan bien como yo que es orgánicamente imposible!! Claro. Claro que lo es. ¿Pero es imposible orgánicamente según qué leyes? Lógicamente,. Las mismas leyes que la naturaleza ha puesto para todo lo que respira en el planeta. ¿Usted cree en Dios? – Sí, creer creo, pero todo tiene sus límites. – Bien; así como usted cree en Dios, lo ve como un ser natural o sobrenatural? – Bueno…acepto que si existe es un ser sobrenatural. Muy bien: si es SOBRE-natural, esto indica que no vive en la naturaleza, como dice la Nueva Era, sino POR SOBRE la naturaleza, por lo tanto, si se le da la gana, porque para eso es soberano, puede alterarla cuántas veces se le ocurra. ¿Es incoherente esto?
El don de fe también operó en la administración de disciplina espiritual, en casos de graves ofensas morales. Pablo se refiere a la manera en que los cristianos de Corinto debían disciplinar a quienes actuaban de manera inmoral. En su primera carta a esa iglesia, 5:4-5, les dice: En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.
El don de fe fue ejercitado en la victoria de los israelitas sobre los amalecitas en Redifim. Esta batalla, además del texto que ahora le reproduzco, es una verdadera tipología de perseverar en esta lucha hasta el fin y el riesgo de confiarse o dejarse estar. (Éxodo 17: 11) = Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Lo que resta decir en cuanto a ese símbolo que le mencionaba, es que cuando Moisés se cansó, recibió ayuda ara sostener su brazo en alto y así conseguir la victoria. Estoy en la brecha, en el batallón de choque. Estoy extenuado. Mi gente me saluda y valora mi esfuerzo. Pero el brazo se me acalambra. Por favor: ¿Es que nadie va a venir a ayudarme a tenerlo en alto? ¿Sólo vendrán, oirán y se irán, como siempre?
Este mismo don se demostró aplicable para resolver problemas de tipo domésticos y económicos. Eliseo le dijo a la mujer endeudada, según se lee en el segundo libro de los Reyes 4:3-4: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte.
El don de fe actuó en lo que para el hombre, es la etapa cumbre: resucitando los muertos. El cuerpo de Lázaro, el que había sido amigo de Jesús, ya estaba envuelto en las vendas mortuorias, en pleno proceso de autodestrucción y descomposición, ya que una de sus hermana dijo “hiede ya”, lo que significa que había inocultable olor a putrefacción. Cuatro días llevaba fallecido. Imagínese que viene un hombre. Se para frente a la tumba y grita con voz fuerte, audible y llena de autoridad: “¡Lázaro, ven fuera!” ¿Qué rostro hubiese puesto usted, antes de ver salir dando saltitos a Lázaro? ¿Por qué dando saltos? Porque estaba vendado según la usanza de pies a cabeza. Y Jesús fue luego quien ordenó sacárselas. Imagine la escena. ¿De qué lado se hubiera puesto usted? ¿Del que esperaban ver salir a Lázaro (Si es que los había) o del de los que se preparaban para mofarse y burlarse?
Y. finalmente, aunque no se agota esto, desde ya, el don de fe operó al pronunciar maldiciones. Lo vemos en el caso de la higuera, en Mateo 21:19, después que Jesús dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto”, y al instante la planta se secó. Y está también el caso de Safira, la esposa de Ananías, que le mintió al Espíritu Santo para quedarse con un dinero que debían ofrendar.
(Hechos 5: 9-10)= Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.
Este verso, además de expresar con claridad hasta qué punto el don de fe funciona matemáticamente cuando se lo utiliza conforme a la voluntad de Dios, deja también en evidencia el alto grado de religiosidad que nosotros tenemos, muy por encima de lo que la historia relata y de lo que otras historias corroboran. ¿Habrá en el planeta un ministro o una autoridad eclesiástica que se atreva a ejercitar su don de fe en condiciones similares a las de la higuera y la de Safira? A ese hermanito que todos saben que hurta para sí una parte de las ofrendas, ¿Habrá alguien que se le ponga de pie de frente y le diga, por ejemplo: “Así como sacaron a Ananías y Safira por robarle a Dios y mentirle al Espíritu Santo, así también habrán de sacarte a ti, ladrón”? ¿Qué cree usted que sucedería? ¡¡Pero es que eso es como matar a alguien, hermano!! Sí, así parecería, verdad? Pero no me lo digas a mí; ve a contárselo a Pedro y pídele explicaciones a él!
Cuenta un autor cristiano en uno de sus libros que un ejemplo de lo más dramático del uso del don de fe lo vivió un misionero destacado en un lugar de África. Estando en el límite de la espesura selvática, de pronto desde la espesura irrumpió una leona enfurecida que, saliendo repentinamente, mató en un par de minutos varios animales domésticos, a una mujer y a un niño. Inmediatamente se dirigió hacia una congregación que se encontraba reunida dispuesta a celebrar la Pascua. Advirtiendo el peligro, el pastor nativo le gritó a la multitud: “¡No tengan miedo! ¡El Dios que salvó a Daniel de los leones, está aquí, el Cristo resucitado de Pascuas está aquí! Entre el fragor de los truenos de la tormenta que se avecinaba, se hizo oír su voz cuando, volviéndose hacia la leona, le dijo: “¡León: te maldigo en el nombre de Jesucristo!” Entonces sucedió algo impactante: un rayo fulminó a la leona.
Habrá que decir, asimismo, que todo don es una acción y, como tal, va a despertar seguramente una reacción. Los discípulos de Jesús, por ejemplo, y hay sobrados registros bíblicos que así lo atestiguan, reaccionaban con asombro ante la manifestación del don de fe. En Mateo 21:20, hay una de ellas: Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó enseguida la higuera? Esta, aunque parezca inapropiada, ha sido mayoritariamente la reacción de la iglesia ante los mismos sucesos, en lugar de hacer lo único que correspondería aquí: dar gloria a Dios y alabarle con júbilo.
Algo que se debe saber es que nuestra fe se renueva. No tiene un determinado nivel y de allí no se mueve. Nunca fue así. Dentro de la renovación que el Señor dice que debemos ejercitar, está la de nuestra propia fe. En el evangelio de Juan 11:45 hay un texto que en su momento sirvió para que la iglesia confirmara el valor de ese don. Allí se lee: Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.
La acción, entonces, es con frecuencia menos espectacular que las de otros dones de poder, porque la mayor parte de las veces alcanza el objetivo secretamente o en silencio, o durante un período de tiempo. Generalmente es un proceso, mientras que el don de milagros, por ejemplo, es verdaderamente una crisis.
Con frecuencia, hay superposición en el uso de los dones de poder en el Espíritu. Por ejemplo, en la resurrección de Lázaro se puede decir que el don de fe operó junto con el don de sanidad, pues no sólo fue resucitado, sino curado: había estado enfermo antes de morir, y su cuerpo se había descompuesto después de la muerte, pero volvió a la vida sano. Nadie podría dudar, entonces, que además del indiscutible don de fe que puso en práctica Jesús, también actuaron en forma conjunta los de Sanidad y el de Milagros.