En un estudio ya publicado aquí y que tituláramos Esto es la Casa de Dios, dábamos a conocer un texto que, en uno de sus pasajes, quiero compartir con usted en este trabajo. En principio, para colocar el primer punto en este mensaje destinado a situarlo a usted en lo que verdaderamente Dios desea que sea su iglesia. Y recuerde muy bien, por favor, para que nadie desaprensivamente salga corriendo a ver a su pastor para decirle: “Mire…vengo a reclamar esto y aquello que me pertenece porque el hermano dijo por radio y escribió en su página de Internet que…”. No. Se supone que estoy hablándole a cristianos maduros, que saben muy bien que están metidos en una guerra que no conoce fronteras ni frentes específicos, pero que de un modo u otro, no se gana combatiendo en la carne sino en el Espíritu: con oración, ayuno y, esencialmente, con la libertad de todos los yugos que otorga la ministración de la Palabra.
(Génesis 28: 10)= Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán.
(11) Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto, y tomó de las piedras de aquel paraje y puso su cabecera, y se acostó en aquel lugar.
(12) Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo: y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.
(13) Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estabas acostado te la daré a ti y a tu descendencia.
(14) Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.
(15) He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque yo no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.
(16) Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.
(17) Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.
(18) Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella.
(19) Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-El, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero.
(20) E hizo Jacob voto, diciendo: si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir.
(21) Y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios.
(22) Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.
En el verso 16, vemos que Jacob está despertando de su sueño y dice: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Esto no es otra cosa que la casa de Dios. ¿Por qué lo reitero? Para que le quede muy en claro un concepto esencial: en la casa de Dios, Dios, es el invitado principal. ¿Quiere que se lo diga más claro? En la casa de dios, Dios tiene que estar presente. ¡Pero hermano! ¿Cómo dice eso? ¡Cualquiera entiende que si es la casa de Dios, Dios está presente allí! Sí, como claro, es clarísimo, eso es cierto, pero como verdad y testimonio… ¿Usted me creerá si le digo que no siempre? Vamos a ver: ¿Cuántas veces le sucedió que en una reunión en cualquier lugar que no es su iglesia, por ejemplo, desde el frente alguien dice: ¡Hermanos! ¡Se siente la presencia de Dios! Y usted mira para todos lados y, la verdad, no siente ni medio. Y sí, algunas veces, – póngale que la mayoría -, puede suceder que usted no ande bien y que tu bloqueo no le permita conectarse con Dios, pero otras veces, esa expresión no va más allá de ser un mecanismo casi automático y hasta rutinario para elevar la calidad de esa reunión. El caso es que, como le dije, lo que nos identifica como casa de Dios, es precisamente Su presencia.
Cuidado: no estoy hablando del concepto de la teología a lo que nosotros llamamos presencia. No me refiero específicamente a la “piel de gallina” que se nos da en la epidermis cuando nos sentimos tan bien, por ejemplo, durante la adoración. Tampoco me refiero a las lágrimas que cubren nuestras mejillas cuando vamos cayendo en una almohada espiritual bajo el poder de Dios. Todas estas son manifestaciones del Espíritu y son de Dios y las queremos, pero en el nivel de entendimiento de lo que es auténticamente la casa de Dios, para los que, se supone, transitan un mínimo escalón de madurez, ya es muy “flaco” llamarle a eso “la presencia de Dios”. Si uno tiene eso, pero sigue sin dirección, sin convicción, sin visión y sin propósito definido, convengamos en que si bien estamos gozando de un “toque” de Dios, eso aún no puede llamarse “la presencia de Dios”. ¿Qué día será en que el pueblo abandonará definitivamente la pomposidad de las frases impactantes y empezará a manejarse con una humildad real que es la de mantener, por ejemplo, la capacidad de asombro por todo lo que Dios sigue haciendo hoy? Mire lo que dice el Salmo 125:
(Salmo 125: 1)= Los que confían en Jehová son como el monte de Sión, que no se mueve, sino que permanece para siempre.
(2) Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, así Jehová está alrededor de su pueblo, desde ahora y para siempre.
(3) Porque no reposará la vara de la impiedad sobre la heredad de los justos, no sea que extiendan los justos sus manos a la iniquidad.
La presencia de Dios, en la Biblia, se manifiesta como la dirección que trae precisión en el camino que identifica la jornada. Es imposible tener la presencia y no estar migrando, andando, moviéndose permanentemente. La presencia, (Y esto no es ninguna licencia poética de giros idiomáticos hebreos o griegos, es Palabra fiel), es esa nube que le dice a usted ¡Muévete! ¡Vamos! ¡Hay algo más! Iglesias estancadas podrán ser muy respetables porque están integradas por hombres y mujeres respetables, pero no tienen la presencia, eso es innegable. Aunque Dios se manifieste todos los domingos.
La presencia de Dios tiene que estar materializada en la gente las veinticuatro horas del día. Cuando eso pasa, la gente no peca. Se reducen los adulterios, las fornicaciones, los problemas familiares, las batallas campales entre esposos y esposas. Eso no pasa cuando Dios está en la casa, porque cuando Dios está en la casa, el creyente, por bebé o inmaduro que sea, no puede tener lugar para otra cosa que no sea estar con Él, beber en Él, saturarse de Él. Ahora bien; hay un detalle: la casa es usted. Si es cierto, como dicen a veces, que Dios está en un templo, Dios no está en la casa. Porque el templo, en todo caso, es el sitio elegido, preparado y apto para que se junte la casa de Dios, no la casa en sí mismo. Dios sigue no habitando en casa hecha por mano de hombre, aunque haya muchísimos que se olvidaron definitivamente de esta palabra. Aunque la conocen…
En el libro del Éxodo, capítulo 33, Moisés le pide a Dios que vaya con Él. Dice: Si tu presencia va conmigo… Pero Dios dijo: Yo no voy; te mando un ángel. Te voy a echar encima a los jebuseos, a los heveos, los heteos y algún otro “eo” que se me escapa. Te voy a introducir a la tierra de leche y miel, te voy a prosperar, te voy a dar victoria, te voy a expandir los límites, te voy a dar herencia, te voy a dar una iglesia grande, vas a traer el botín, te presto la bandera, las pancartas, la orquesta, el equipo de audio, la video, el coro y hasta las chaquetas que hicimos confeccionar para la campaña. Pero yo no voy contigo. ¿Cómo? Sí; es posible tener todo eso en una iglesia y no tener la presencia. Cuidado, eh? Esto no es para justificar pequeñeces. Queremos ser grandes, por dentro y por fuera. Estamos definiendo a la presencia de Dios como algo más alto que la manifestación específica del Espíritu. Dios sigue siendo Dios y nada, absolutamente nada deberá ser puesto delante de Él sin que se gane el rótulo de idolatría, estamos?
Queremos manifestaciones, siempre y cuando sean necesarias. Hablamos en lenguas si hay que hablar, sacamos demonios si hay que sacarlos; es decir: si la Palabra no los ha eliminado ya. Porque yo no sé si usted sabe que una gran mayoría de demonios se van cuando se predica lo correcto. Si no se salen de la persona, se va la persona. Los demonios no pueden estar donde Dios está hablando. El problema de la mayoría de las religiones con los demonios, es que Dios no está hablando.
En el contenido de su conversación se sabe perfectamente qué cantidad de Dios tiene con usted. Gente permanentemente desubicada, irresponsable, siempre confundida, arrastrada por cualquier viento de doctrina o por figuras de mucha promoción, tienen poco de Dios aunque tengan mucho de iglesia. Dice la Palabra que Dios Nos dio ministerios para crecer, para madurar, hasta una medida pre-determinada, precisamente, para no ser llevados por doquiera por cualquier viento de doctrina.
De manera que el que está llevado casi de la nariz por cualquiera que se manifiesta con señales y prodigios, no ha recibido todavía la gracia de los dones de Efesios 4, o nunca lo ha visto. Porque cuando está la presencia, en esa gente de Efesios 4, se termina la frivolidad de toda esa gente llevada por cualquier viento de doctrina. Donde hay manifestación pero no hay propósito, no hay presencia de Dios. Cuando hay manifestación que tiene que ver con un propósito, perfecto. Borrachera, caídas, temblores, carcajadas, son refrigerio de Dios. Pero se vive de comida, de alimento sólido, no de refrigerio solamente.
Hay un viejo himno que dice: “…Cansado del camino… sediento…” ¡¡Hay que sacarlo de todas las iglesias donde todavía se esté cantando por más lindo que suene!! ¿Por qué? Porque no es correcto con el tiempo presente. ¿Cómo se entiende que el ejército de Dios va a caminar al son de: “Cansado del camino…” Algo que siempre me he preguntado, es: ¿Cómo puede ser que gente inteligente, que tiene una mente dada por Dios para que se utilice al máximo de sus posibilidades, entra un día por una puerta y se convierte en una especie de bolsa de aire que hace lo que cualquiera le dice y no sólo piensa, sino que ni siquiera se toma el trabajo RECOMENDADO por Dios de escudriñar la Palabra para ver si lo que dicen verdaderamente es así.
Entonces, cuando hay manifestación y no hay presencia, tenemos un lindo culto. Salimos bendecidos, contentos, dinámicos. Pero es como un buen masaje; los músculos se sienten bárbaro, pero el esqueleto sigue siendo el mismo. Mañana ya le está doliendo todo de nuevo.
Las dimensiones más severas de Dios ocurren fuera de las reuniones del domingo. Cuando hombres de fe y audacia se reúnen en un restaurante, en un café o en un lobby de algún aeropuerto a hablar cosas que pueden tomar naciones enteras, es ahí donde el reino de Dios se mueve. Más allá de lo que es un servicio de domingo.
Yo estoy convencido que en los cultos de las iglesias la gente es bendecida. Pero estoy igualmente de convencido de que los propósitos de fondo de Dios, se llevan a cabo en otra parte.
Comience a cambiar esa vieja mentalidad que le dice que la iglesia es el lugar donde usted se reúne y empiece a entender que la iglesia es lo que usted produce y que da acceso a Dios a la tierra.
La iglesia es por donde Dios entra a la tierra. Es un agujero entre dos dimensiones. Son las dinámicas operativas a través de las cuales Dios se manifiesta en la tierra.
Él dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! La casa de Dios tiene que ser un lugar asombroso, digno de asombro; donde la gente quede atónita. Tome nota: Reverencia inspirada, temor de conducta y gente atónita. Tres definiciones. Las tres juntas, conforman la combinación de palabras que da origen a la palabra TERRIBLE.
Es donde la gente entiende que lo que se está haciendo, tiene que ser hecho por algo más allá de la vida humana. Tiene que haber algo que identifique que es Dios el que está construyendo. Que el ¡Huau! no sea porque reunimos a cinco mil personas e hicieron un templo bonito. Poder edificar un templo con quince personas, eso es ¡Huau!, porque demuestra que Dios está en el asunto. Cinco mil personas, deben construir una ciudad de acuerdo con la óptica de Dios, no un templo.
Tiene que haber cosas que se hacen que, cuando son terminadas, significan un testimonio vivo de que Dios estuvo en el asunto. Déjeme que le diga algo que nunca o casi nunca se oye predicar: el crecimiento se mide por la distancia que se ha recorrido desde el punto de comienzo. Hay gente que tiene hoy su misma disciplina y comenzó desde cero. Y usted, que entró ya en medio de esa disciplina, no aumentó nada.
Tiene que haber algo en la atmósfera de nuestra tribu que comunique que este principio no comenzó en lo natural, que lo que se está construyendo, comenzó en lo espiritual. La calidad de la tribu tiene que ser Dios. No la belleza del templo o la calidad de los automóviles en los que llega la gente; ¡La atmósfera tiene que decretarlo!
¿Cómo es que esta gente piensa así? ¿Cómo es posible que tengan esa mentalidad? ¿No es este el hijo del carpintero? ¿De quién es hijo usted? Esta dimensión de productividad debe estar dentro de nosotros. Algo que no puede ser explicado, a no ser aparte de Dios.
Él dijo: Esta no es otra cosa que la puerta del cielo. Pero cuidado, eh? No es una puerta AL cielo, es una puerta DEL cielo. Le quiero decir que no es la puerta que la tierra busca para llegar al cielo, es la puerta por la cual el cielo viene a la tierra. La puerta le pertenece al cielo.
La casa de Dios tiene que ser la puerta del cielo a la tierra. Tiene que ser el acceso de Dios. Tiene que ser una apertura entre dos dimensiones. Tiene que ser un tajo en el velo entre el cielo y la tierra. Tenemos mil iglesias. ¡Y Dios no puede entrar en la sociedad! ¿Sabe por qué? Porque esta mentalidad no sirve, es religiosa. Entran a la religión, no a la tierra.
No podemos darle consejos al gobierno porque no sabemos para dónde vamos nosotros mismos. Lo que usted está construyendo es una puerta para Dios. Los ancianos, los líderes, van a la puerta. Su tribu tiene que ser una puerta.
Es más valioso diez personas con la mentalidad correcta que cinco mil noticias del propósito. Claro que las cinco mil producirán un mejor culto, pero eso no es indicador de estar en el propósito de Dios. Dios se mueve. Hubo una época donde la imposición de manos no se hacía. Después empezó a hacerse y la gente se caía tocada por el Espíritu. Hoy, eso ya va quedando atrás. Dios se mueve.
Usted es un ministro, un pastor, un conductor, no una persona que come galletitas todos los domingos por la tarde con gente de la iglesia. Un pastor. Usted está construyendo una mentalidad en cada departamento, en cada niño, en cada joven. Tiene que convertirse en acceso de Dios en su área de influencia. Tiene que pensar práctico, pero totalmente divino. Producir una puerta para Dios. Fíjese: el diablo no quiere destruir la iglesia; lo que sí quiere destruir, son puertas. A él no le importa cuán grande es su iglesia, cuantos miembros tiene, si tiene un buen nivel económico o profesional. A él le interesa saber si es puerta de acceso. Si es puerta, sí que le interesa. Esa puerta sería definida como la cultura que permite que lo divino alcance la humanidad. Esas puertas han sido cerradas por la religión, tradición. Programas, actividades y propósitos menguantes.
Es aquel ambiente que se construye en el púlpito para que cuando alguien se pare en la plataforma pueda depositar algo divino en la gente. Hay iglesias donde eso no existe y en lugar de predicar, lo que se hace es terminar batallando con demonios y nunca deposita nada. Uno está teniendo cuidado de quien lo está oyendo, qué es lo que está diciendo, cómo lo está diciendo, por qué lo está diciendo, quién se está ofendiendo o quién se puede ofender y uno no puede, simplemente, traer lo que Dios trajo. La puerta está cerrada.
Las puertas se usaban para fortificar. Tenemos que producir algo que haga a Dios lucir fuerte ante la sociedad. Dios es fuerte. No un hombre que llevaba una cruz al hombro, a los tropezones y terminó colgado clavado en ella, todo pobre y lastimado por la reputación que traía.
Estamos construyendo al que está del otro lado de la resurrección. Al que tiene la espada en su boca y los ojos de fuego, y los pies de metal bruñido. Estamos edificando a Cristo, no al Jesús de los evangelios. Aquel vino para sustituirnos a nosotros. Ya estamos sustituidos. La Palabra le habla a usted de imitar a Cristo. Muchos, – enredados en esa falsa ética de los derechos de autor -, consideran el imitar a Cristo como una irreverencia que no nos está permitida. Está en la Biblia, qué quiere que le haga… Pero atención: le habla de imitar a Cristo, eh? Nunca le habla que usted tenga que imitar a Jesús. Nunca habla de Jesucristo cuando dice de imitar; siempre habla de Cristo.
La iglesia ha venido persiguiendo a Jesús. Jesús se convirtió en lo que usted era, para que usted se convierta en lo que Él es. Él vino a vivir la porción de la vida que no quiere que usted viva más. Entonces, ¿Para qué lo imita? Él quiere que vivamos el poder de la resurrección, del otro lado de la cruz.
Lo que estamos construyendo tiene que tener juicio y producir justicia. También era entrada de fortalezas. La casa de Dios tiene que ser fuerte. La gente tiene que ser fuerte, no débiles. Gente débil no es casa de Dios. Dios mismo dice: Diga el débil: fuerte soy.
En el verso 22 dice que Él puso Una piedra por señal. Esa palabra, PIEDRA, es la palabra COLUMNA.
Cuando Él coloca esa piedra, dice: Esto no es otra cosa que la casa de Dios. La palabra PIEDRA, allí, es la palabra COLUMNA, baluarte. Es decir: la casa de Dios tiene que ser una columna de verdad.
La función de esa columna o este baluarte, es: Memoriales. Es decir: cuando usted va a querer construir algo que las generaciones venideras entiendan, construye un memorial. Una especie de placa, monolito, simbólico, claro está, donde diga por qué y para qué ha sido construido. Lo que nosotros estamos construyendo, tiene que durar más que nosotros. Es una apertura que afecta a generaciones venideras. Que lo que nosotros produzcamos como mentalidad y principios en la tierra de Dios, ya sea establecido para siempre.
Por ejemplo: Martín Lutero dijo: el justo vive por fe. Pero no lo dijo sólo para su generación. Aún hoy, el justo sigue viviendo por el principio de Martín Lutero. Era bíblico, pero nadie lo había visto. Él lo vio. Y dio su vida para establecerlo. Y ahora, generaciones venideras tienen un memorial que tiene una dirección en Habacuc que dice: El Justo por la Fe vivirá.
¿Qué principios estamos estableciendo nosotros? La vida nos enseñará qué principios son, pero después de nuestra muerte, si éramos casa de Dios, hay columna. Para que cuando las generaciones venideras pasen por allí, digan: vamos, éste es el camino. Por aquí es. Ahí está la tumba de Fulano, allí el sepulcro de Mengano. Aquí es.
Si no estamos construyendo multigeneracionalmente, estamos perdiendo el tiempo. Uno de los peores errores que hemos cometido como iglesia es que no hemos cerrado la brecha entre las generaciones. Y cada generación tiene que volver a comenzar de cero.
En una carrera de relevos, el que ya viene corriendo y el que comienza a correr, pasan por un momento en que corren juntos, es el momento de entregar la posta. Pero nosotros, vamos más o menos bien hasta que llega el momento de correr juntos. Ahí comienza la intimidación, la falta de seguridad. Que falta esto, que falta lo otro y al final nos tenemos que separar. Definitivamente, tenemos que cambiar esa costumbre.
Qué bueno sería si tuviéramos gente que ha corrido antes corriendo ahora con nosotros, verdad? El verdadero éxito en nuestro medio, no es lo que hacemos durante nuestra vida, sino aquello que se construye para bendición de la generación venidera.
Hay ciertas dinámicas de éxito que no se pueden ni expresar hasta que haya usted vivido cierta cantidad de tiempo. Hay algo, que llamamos éxito, que no podemos decir que lo tenemos hasta que no le podamos decir a nuestros hijos: te dejo una herencia, tómala. Ese, es un éxito que todavía no tiene ninguno de los que suponen, tienen gran éxito. Pero para dejar herencia, hay que llegar a cierta edad con algo para dar.
Las columnas, por otra parte, fíjese, embellecían los templos. Así debe ser hoy. La iglesia tiene que ser algo que embellece. No puede ser una cosa llena de espantapájaros que todavía hay por ahí ahuyentando perdidos con demandas imposibles de cumplir que, como corresponde, ni ellos mismos cumplen. El mundo no quiere ni visitar eso. “¡Hermano…Satanás no nos deja!! Se ha equivocado usted. Esa iglesia no los atrae porque hay muy poco de Dios en ella.
Yo quiero que usted pueda hablar de su iglesia con fuerza. Que si es ministro, pastor, le pueda decir a su departamento o área: “Yo tengo el mejor departamento del mundo”. Siga trabajando hasta que se lo pueda decir. Usted tiene que decirle a sus estudiantes: ustedes son lo mejor que existe. Porque si usted no confía en lo que está construyendo, ¿Quién va a confiar en usted?
Empiece a creer en lo que está haciendo. ¡Poséalo! Ese es su trabajo de ministro. Si no, cámbielo. Si usted no construye, no madura, no maximiza gente, cámbielo.
Usted puede decir: “Bueno… es que mi gente es linda…” Bueno; lindo es todo el mundo, especialmente si se está hablando de sí mismo. Pero no pueden decir que tienen gobierno, que tienen estrategia para crecer en su vida, que tienen principios establecidos en su familia para avanzar su nivel de existencia. Que saben como van a mejorar su nivel económico. Usted todavía no ha terminado. Cada persona tiene que sabe comunicar cómo piensa hacer lo que va a hacer. Recuerde: la presencia se determina por el contenido de su conversación.
Vamos a ver. Broche de oro. O quizás de plomo, vaya uno a saber. Pregunta de aquellas su las hay: ¿Cómo es la tendencia comunicativa que tiene, tanto usted como la gente que alterna a menudo con usted? ¿La película que está de moda? ¿El fútbol? ¿Cuál es la comunicación que predomina? ¿Qué es lo que gobierna su sentir y el de ellos? ¡Es que en la Argentina y el Brasil, si no hablas de fútbol, no te puedes comunicar con nadie! ¿Ah, sí? Pues deberé decirle que el reino de Dios está mucho más allá de todas esas cosas que, en sí mismas, quizás no sean pecado ni mucho menos, salvo que se las ponga en prioridad. Entienda: trabaje hasta que el reino de Dios sea lo que gobierne sus vidas. Si no se puede evaluar lo que está haciendo, usted no está construyendo nada. Nos preocupamos en trabajos y en campañas para que la gente se convierta y venga, pero primero hay que crear un lugar adonde ellos puedan venir: ese lugar se llama “La Casa de Dios” y, obviamente, Él es el invitado principal.
Última: las columnas soportan un gran peso. Cada iglesia local es una columna del reino. La infraestructura del reino depende de la fortaleza de la iglesia. El reino no se está sosteniendo con firmeza porque las columnas no aguantan el peso. Queremos y debemos construir una columna que sujete el reino a la tierra.