De los cientos de miles de predicadores, maestros, apóstoles, profetas, pastores y proclamadores del evangelio, sólo un mínimo porcentaje emite su mensaje desde la revelación. La gran mayoría que constituye el resto, lo hace a partir de toda su sabiduría adquirida en seminarios, institutos o universidades teológicas. Allí han recibido mediante el estudio sistemático, determinados parámetros e indicadores que constituyen lo que se considera una muy buena base como capacitación necesaria para ejercer esa labor. No le hace. Hoy por hoy siguen siendo aquellos que a veces sin ningún tipo de instrucción ni título habilitante, pero que se mueven por la Palabra revelada, los únicos que verdaderamente alimentan al pueblo de Dios. Los demás, sólo traen información. Buena para agregar al alimento, pero jamás para reemplazarlo. El motivo: la Biblia misma, conjuntamente con la historia, dejarán en evidencia que sólo la revelación produce autoridad. Y sólo autoridad divina produce obediencia y sujeción. El paralelo clásico no es de Dios; se llama Manipulación y, globalmente, es Hechicería.
Ahora vamos a probarlo, para que si alguien comenzaba a enojarse conmigo, varíe un poco su postura y se enoje, – si quiere y se atreve -, con la mismísima Biblia. En principio, nuestra palabra REVELACIÓN, habla de Re-Velar, que es volver a velar, sacar, mover, correr y descorrer un velo. A esto lo confirma plenamente la palabra griega que la traduce, que es APOKALUPTUS, de donde sacamos la nuestra APOCALIPSIS, que se traduce fielmente, como “descorrer el velo”. Nosotros, desde allí, hemos estudiado acertadamente que ese acto, implica descubrir lo que estaba escondido, que en sentido general es, efectivamente, el principal objeto de la revelación. Sin embargo, eso no es todo.
Escudriñando el símbolo del velo, nos encontramos con que el que usaban las personas, representaba la “señal de autoridad”, razón por la cual Pablo aconsejaba cubrir sus cabezas con un velo a las mujeres en la iglesia. Si REVELACION es “descorrer el velo”, y si este acto era el que realizaba el sacerdote al oficiar, se entiende que el acto sintetizaba la liberación de su autoridad. Por lo tanto, esto completa el panorama que nos asegura que sólo con revelación divina nuestra palabra tiene verdadera autoridad, mientras que todo lo demás será, simplemente, ejercicio de poder humano. El otro velo, el del templo, tenía un valor litúrgico, que demarcaba el lugar más sagrado del santuario y su ruptura, así como su corrimiento, eran símbolo del acceso del creyente directamente a Dios, sin hombres intermediarios, mediante el sacrificio de Cristo. Revelación, entonces, es producto de la relación directa con el Señor que, por lógica consecuencia, produce una autoridad que no puede ser frenada, ni postergada, ni reemplazada por los hombres. Aquí es donde cabe la primera pregunta: ¿Cuál es la fuente real y concreta de la revelación?
(Daniel 2: 28)= Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días. He aquí tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama. (Una de las formas que Dios – fuente de esta y todas las revelaciones – elige para traerlas, son los sueños. Eso no quiere decir, por supuesto, que todo sueño deba ser tomado como una revelación ni que toda cosa sobrenatural provenga de Dios)
(Verso 30)= Y a mí me ha sido revelado este misterio, no porque en mí haya más sabiduría que en todos los vivientes, sino para que se de a conocer al rey la interpretación, y para que entiendan los pensamientos de tu corazón. (Aquí vemos que Dios no le da una revelación a alguien porque sea especial o “fuera de serie”, sino para que cumpla con su objetivo que, en este caso específico y tomado como ejemplo, era el de alertar al rey. Finalmente, luego de toda la declaración de Daniel, el rey mismo confirma el hecho.)
(Verso 47)= El rey habló a Daniel, y dijo: ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses y señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio.
Aquí es un incrédulo, pagano e impío el que lo declara. Dios es quien revela los misterios y hace que nosotros, llegado el caso, podamos desentrañarlos. Dios; primera fuente de toda revelación. Pero claro: ¿Quién se entrevista a diario con Dios?
(Juan 1: 18)= A Dios nadie le vio jamás; el unigénito hijo que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
Cuando dice UNIGENITO, aquí, no sugiere el nacimiento terrenal de Jesús, sino que describe la relación amorosa y única del Hijo con el Padre. Pero está diciendo algo más: está diciendo que al Dios Padre, con el cual nadie tiene trato directo, sólo se puede llegar a través de Cristo, el Hijo. Dice que Él es quien lo da a conocer. Por lo tanto lícito es interpretar que Jesucristo es, para muchos y determinados casos, fuente también de revelación.
(1 Corintios 2: 9)= Antes bien, como está escrito: cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.
(10) Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios.
Aquí se sigue señalando que la fuente de toda revelación es Dios, cosa de lo que ya no caben dudas. Sólo que en este caso es la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, quien actúa en lo ejecutivo. Dos elementos son necesarios para conocer las cosas de Dios: una revelación de Dios a través del Espíritu y una respuesta espiritual apropiada del ser humano. Porque el hombre, por sí mismo, jamás podrá acceder a revelación espiritual alguna. Es incoherente suponer lo contrario. Recuerden aquel episodio cuando Jesús pregunta a sus discípulos:
(Mateo 16: 15)= Él les dijo: y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?
(16) Respondiendo Simón Pedro, dijo: tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente.
(17) Entonces le respondió Jesús: bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne y sangre, sino mi padre que está en los cielos.
¡Qué sensacional Pedro! ¿Cómo podría sentirse, hoy, cualquiera de nosotros, si pasáramos una experiencia tan gloriosa como la que vivió Pedro, al recibir de Jesús tamaña expresión de aprobación? Seguramente que, a menos que tuviéramos un genuino ataque de humildad, por lo menos, pretenderíamos el cargo que sigue al principal en la iglesia, sino el principal mismo, ya que derechos nos sobrarían, no? Sin embargo, no es tan así. Este mismo pedro, casi al momento siguiente, es frenado abruptamente en una supuesta defensa de Jesús con un: ¡Apártate Satanás!, por dejarse llevar por su alma y sus emociones.
Lo que sucede es que, – lo sabemos -, Dios es Espíritu. Y todo espíritu necesita un cuerpo, tanto para ser visto como para expresarse. Por lo tanto, es lícito interpretar que, – en aquel marco de absoluta carencia informativa -, cuando pedro declaró que Jesús era el Cristo, el Espíritu de Dios habló por su boca, ya que Pedro jamás podría haberlo ni siquiera intuido por sí mismo. Pero también cuando comienza, luego, a reconvenirlo a Jesús por el evento de la cruz que se avecinaba, un espíritu habló por la boca de Pedro, aunque en este caso no fue el Santo de Dios, precisamente. Con la revelación de los misterios de Dios, también hubo instrumentos, canales por donde fluyeron las buenas nuevas. La Biblia nos da detalles de algunos de ellos.
(1 Pedro 1: 10)= Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salutación.
(11) Escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.
(12) A estos, (A los profetas) se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.
Aunque los profetas del Antiguo Testamento tuvieron una visión incompleta de los acontecimientos que rodearon a la venida de Cristo, fueron tremendos instrumentos, de todos modos, que anunciaron gracias al Espíritu, esta salvación que los cristianos ahora tenemos y que también experimentarán en el futuro todos aquellos que la acepten por fe. En esto podemos comprobar, asimismo y una vez más, que el Antiguo Testamento aporta elementos claves y precisos para la comprensión e interpretación del Nuevo Testamento, tal como “Sombra de lo que habría de venir”.
(Daniel 10: 1)= En el año tercero de Ciro rey de Persia fue revelada palabra a Daniel, llamado Beltsasar; y la palabra era verdadera, y el conflicto grande; pero él comprendió la palabra, y tuvo inteligencia en la visión.
Este versículo resume los capítulos 10, 11 y 12. Se refiere al 536 antes de Cristo, unos dos años tras el retorno de Zorobabel, tal como se puede leer en el libro de Esdras 3:8. Resulta más que notorio, entonces, que el Espíritu de Dios utilizó para la revelación de la que estamos hablando, un instrumento llamado Daniel. Un muchachito que pertenecía a una familia de la clase alta de Jerusalén que fue deportado, con otros miembros de la nobleza, a Babilonia. Allí vivió mucho tiempo como instructor en la corte de Nabucodonosor, para convertirse luego en asesor de monarcas extranjeros, una historia de sesenta años vivida por este muchacho cuyo hombre significa “Dios es mi juez”.
(Hebreos 1: 1)= Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, (2) en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;
Lo primero que tenemos que encontrar, aquí, es que dice que Dios no solamente habló en otros tiempos muchas veces a través de los profetas, sino que también lo hizo de muchas maneras. Esto va dedicado, por así decirlo, a todos aquellos que gustan de endilgarle a la comunicación de Dios una metodología determinada, fija e inamovible. Pero después se refiere, aquí sí, a otro de los instrumentos de la revelación de Dios: Jesucristo. Él trajo un mensaje directo de Dios sin pedir permiso a la iglesia estructural y organizada de su tiempo, que se mostraba como la propietaria indiscutida de ese mensaje.
(Gálatas 1: 15)= Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, (16) revelar a su hijo en mí para que yo le predicase, entre los gentiles, no consulté enseguida con carne y sangre, (17) ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco.
Es indudable que sólo una intervención divina podía transformar súbitamente a Pablo de un fanático judío a un celoso misionero cristiano. Además, no recibió ninguna instrucción humana posteriormente a su conversión. Fue Dios mismo quien le reveló la sustancia del evangelio en Arabia. De ese modo, Pablo se transforma en otro de los instrumentos usados por Dios como eje de la revelación a su pueblo. Sin embargo, y a la luz de tanta confusión con este tema, es necesario entender que la verdad divina que surge de una revelación, siempre tiene características muy singulares que la hacen reconocible, He aquí algunas, a partir de la Palabra.
(Daniel 2: 47)= El rey habló a Daniel, y dijo: ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio.
Hay algo que es inapelable. No interesa de qué se trata, no importa en qué momento y bajo qué condiciones llegue. Una revelación siempre surge en Dios. Aquí vemos que quien reconoce esta situación es un rey pagano como Nabucodonosor. Lo primero que este hombre ve es que lo que Daniel ha hecho (Interpretarle un sueño) obedece a un poder sobrenatural. Y lo segundo que hace, es adjudicarle ese poder a un dios que desconoce, pero al que denomina como “Dios de dioses y Señor de reyes”, una autoridad de tal calibre como rey alguno adjudicaría jamás. Fíjese que más adelante, y en otra historia que se encuentra dentro de este mismo libro, un rey impío recibe una palabra profética que señala que El rey hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios; y contra el Dios de los dioses hablará maravillas, y prosperará, hasta que sea consumada la ira; porque lo determinado se cumplirá.
Como detalle anexo, habrá que consignar que la interpretación dispensacionalista dice que este rey es la cabeza del imperio romano, el “pequeño cuervo” del capítulo 7 de Daniel, el anticristo. Este pasaje predice su fin, cuando nadie salga en su auxilio y sea destruido por Cristo. Así se describe el fin de los regímenes y gobernantes de este mundo. La interpretación clásica, mientras tanto, considera al pasaje como una referencia a Antíoco Epifanías, arquetipo de anticristo. De cualquier manera, el hecho no surge de una idea humana, sino de algo que viene de Dios.
(Hebreos 1: 1)= Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, (2) en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.
Esta expresión utilizada en el inicio de este texto, determina algo que es muy claro y concreto: que Dios ha hablado, Nº 1: muchas veces, y Nº 2, de muchas maneras. Sería muy atinado e interesante, entonces, indagar sobre cuáles han sido esas maneras, porque significan al mismo tiempo, las formas en que una revelación puede ser brindada al pueblo.
Daniel 2: 3, dice que puede ser en sueños: Y el rey les dijo: he tenido un sueño, y mi espíritu se ha turbado por saber el sueño. Ezequiel 8:4 agrega que también puede ser en visiones, cuando dice: Y he aquí, allí estaba la gloria del Dios de Israel, como la visión que yo había visto en el campo. Cosa que confirma el mismo Ezequiel 11:24, cuando relata: Luego me levantó el espíritu y me volvió a llevar en visión del Espíritu de Dios y a la tierra de os caldeos, a los cautivos. Y se fue de mí la visión que había visto.
Otra forma de revelación es por medio de ángeles, tal como vemos en Zacarías 1:9: Entonces dije: ¿Qué son estos señor mío? Y me dijo el ángel que hablaba conmigo: yo te enseñaré lo que son estos. En el caso de Moisés, la revelación se la trajo una zarza en llamas. Éxodo 3:4: Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés! ¡Moisés! Y él respondió: heme aquí. Y, finalmente, la más clara de las revelaciones por la Palabra, tal como se ve en el libro de Génesis, 12:1: Pero Jehová había dicho a Abraham: vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.
(Salmo 19: 1)= Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de tus manos.
(2) Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría.
Podríamos leer el salmo completo y el resultado sería el mismo. A partir de los cielos, siguiendo con el firmamento, que es el espacio abierto de los cielos. Y concluyendo con el día y la noche, es más que notorio que la o las revelaciones del Señor también se manifiestan a partir de su propia Creación. El movimiento pagano esotérico de la Nueva Era sostiene y enseña que ÉL está en la naturaleza, cosa que confirman leyendo de una forma artera este pasaje. Sin embargo, no cuesta demasiado, salvo que se esté espiritualmente ciego o sencillamente necio, observar que este Dios nuestro está indiscutiblemente por sobre su Creación, no dentro de ella. Y también por sobre la naturaleza de su creación y no dentro de ella. Por eso decimos y no nos equivocamos que nuestro Dios es sobrenatural. De allí que no deben llamar atención los milagros, que como todos sabemos, no son nada más que una alteración al orden natural. Esta es, entonces, una forma implícita de revelación a través de toda la Creación.
Efesios 1: 15)= Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él.
Para conocer el peso y la dimensión de la vida de oración en la iglesia primitiva, habría que estudiar el contenido de las dos oraciones de Pablo registradas en esta carta a los Efesios en los versos 16 y 23 de este capítulo, y también en 3:14-21. En cuanto a la sabiduría y la revelación, es evidente que existen dos notorias escuelas que emiten diferentes juicios. Una, consigna que tanto la sabiduría como la revelación, se reciben por acción del Espíritu Santo de Dios por cualquiera de las vías que antes hemos mencionado, mientras que la otra nos asegura que estas palabras no deben ser interpretadas como elementos místicos, ya que sabiduría tiene que ver con principios prácticos y funcionales, y que revelación se refiere a una percepción clara y a un entendimiento aplicable. Cada uno puede inclinarse por la que mejor encaje con su pensamiento. NO le hace, Dios sabe que uno de los dos está total y absolutamente equivocado, ya que el Espíritu Santo es uno y es – esencialmente – coherente. Lo único que diré al respecto, es que Dios es Espíritu, – al menos eso es lo que la Biblia dice de Él -, y de ninguna manera materia.
(Romanos 16: 25-27)= Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre.
En principio, lo que vemos nítidamente, es que una revelación es algo que se descorre o se descubre desde un lugar oculto. Luego dice que ha sido revelado por la Escritura de los profetas. Se refiere, naturalmente, al Antiguo Testamento. Pero deja en evidencia algo que resulta más que notorio: todo esto está siendo revelado AHORA.
(Ef4esios 3: 1)= Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles, (2) si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros, (3) que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, (4) leyendo lo cual podéis entender cual sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, (5) misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: (6) que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, (7) del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios, que me ha sido dada según la operación de su poder.
Pablo reflexiona que su misión es ayudar a judíos y a gentiles a aceptarse mutuamente, como coherederos del pacto de salvación. Este misterio resultaba particularmente extraño para los judíos del Antiguo Testamento, y no fue entendido ni por ellos ni por los gentiles, hasta la venida de Jesús. Esto significa que una revelación, esencialmente, comunica una verdad. Jesús dijo: Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida. Por lo tanto, cuando una supuesta revelación no revela a Cristo, no es revelación de Dios.
Visto todo esto, muy bien cabe preguntarnos y preguntarle a quien esté dispuesto a responderlo, ¿Por qué hay tanta resistencia dentro mismo de la iglesia del Señor a lo que tiene que ver con una revelación? ¿Por qué, si la Biblia lo expresa con tanta claridad y los grandes hombres del evangelio no lo disimulan ni lo ocultan, otros hombres que ahora dicen haber sido levantados para la misma labor, resisten todo esto y desean caminar, – aseguran – sobre caminos más firmes?
Para entenderlo, habrá que remontarse brevemente al Génesis. ¿Qué le dice Dios a Adán cuando lo coloca sobre su Creación? Le dice que la sojuzgue, que la domine, que la controle. ¿Por qué le da esa directiva? Porque Adán, hasta allí, estaba sujeto a la voluntad divina, por lo tanto todo lo que decidiera con relación a ese dominio, a ese sojuzgamiento y a ese control, iba a tener que ver irremisiblemente, con la voluntad de Dios al respecto. Adán sólo sería canal de la idea de Dios.
Cuando Adán cae, inmediatamente pierde contacto y comunión con su Creador. Se queda solo y, lo primero que experimenta, es miedo. Por eso se cubre su desnudez, cosa que hasta allí no le afectaba ni le preocupaba. También en la caída, Adán pierde todos los derechos que tienen que ver con el reino de Dios y su justicia, pero hay algo que su naturaleza humana y terrenal no pierde, ni perderá jamás: el íntimo y profundo deseo de seguir sojuzgándolo todo, dominándolo todo y controlándolo todo. Sólo que, a partir de ese evento de su caída, todo ese sojuzgamiento, dominio y control ya no se hace conforme a la voluntad de Dios, sino conforme a la voluntad de la carne de Adán, de sus propias ideas, ambiciones e intereses.
Hoy, todos aquellos que responden a la figura de este último Adán y que se encuentran en la conducción de alguna parte del pueblo de Dios, proceden del mismo modo. Y si hay algo que nunca pudieron controlar, que saben que no podrán hacerlo jamás y que los preocupa, los asusta y los pone en riesgo de pérdida total de sus privilegios materiales, ese algo es una revelación de Dios. Porque saben perfectamente que cualquier revelación que provenga del dios que han decidido postergar, será en contra de sus ideas, intereses y disposiciones. Entonces la niegan, se oponen y la combaten. Y, por lógica consecuencia, harán exactamente lo mismo con cualquiera que sea portador de ella.