La carta o epístola a los Hebreos no identifica a su autor, y la tradición cristiana que es la que mayoritariamente nos ha enseñado lo elemental, nunca ofreció una respuesta unánime sobre la identidad de éste. Algunos especialistas señalan ciertas evidencias que apuntan hacia Pablo, pero hay otros que creen que pudieron haberla escrito algunos de sus colaboradores, como Bernabé o Apolos.
Sin embargo, es necesario que sepas que esto que acabo de comentarte no han sido otra cosa que simples especulaciones, válidas desde el interés, pero infructuosas desde sus resultados concretos. La mejor conclusión sobre esto, quizás sea la de Orígenes, que en el siglo Tercero dijo que sólo Dios sabía con certeza quién había escrito esta carta.
El contenido indica que fue escrita antes de la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 después de Cristo. La única evidencia que alude al sitio donde fue escrita, es el saludo enviado por “los de Italia”, lo cual indica que su autor o bien estaba en Roma o le escribía a los cristianos que estaban allí.
El caso es que en el contexto de esta carta, y por allí por el versículo 19 del capítulo 10, comienza todo un análisis y detalle casi cronológico respecto a la fe que será más que interesante revisar. Examinarlo a la luz de toda la Palabra y ver, en todo caso, qué tiene esa revelación para hoy.
Porque en nuestro ambiente, ya sea en las casas de familia de los hermanos o en los templos donde muchos todavía se congregan semana tras semana. Se habla demasiado de la fe. Mucho más de lo que realmente se la vive. Y no lo digo en tono de crítica, lo digo como descripción de algo a lo que en modo alguno me puedo sentir ajeno.
Voy a encarar esta parte de este trabajo de un modo no convencional. No voy a citar capítulos y versículos. Sólo digo, a modo de guía para seguimiento y control de ustedes, que partiré desde el versículo 19 del capítulo 10 de la carta a los Hebreos. Luego el estudio se hará por párrafos o textos, tal como si se tratara de lo que precisamente se trata: una carta.
Versión Clásica
Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.
Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuando veis que el día se acerca.
Nueva Versión Internacional (Sé que tiene imperfecciones serias, pero por eso mismo la añado)
Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo; y tenemos además un gran sacerdote al frente de la familia de Dios. Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura.
Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.
Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
Versión Biblia Textual
Así que, hermanos, teniendo confianza para entrar en el lugar santísimo por la sangre de Jesús, la cual nos abrió un camino nuevo y vivo por medio del velo, esto es, de su carne; y teniendo un gran Sacerdote sobre la Casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo los corazones rociados, y así libres de mala conciencia, y los cuerpos lavados con agua pura.
Mantengamos sin fluctuar la confesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.
Y considerémonos los unos a los otros para estímulo del amor y de las buenas obras; no abandonando nuestra propia asamblea como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos, y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
Tomemos esto desde el principio. Dice aquí que podemos tener tanto libertad como confianza plena en entrar al Lugar Santísimo (Tipología de salvación y Reino) por medio de la sangre de Jesús. ¿Por qué se asevera eso con tanta propiedad en este texto?
Porque anteriormente, en el capítulo 9 y verso 8, leemos: …dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie.
Este texto es complementado por el versículo 12, donde se puede leer: …y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.
Pablo, por su parte, también lo menciona convenientemente, cuando en su carta a los Efesios, en el capítulo 2 y verso 18, les dice: porque por medio de él (Cristo) los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.
Con lo relacionado al velo, es aquí donde encontramos una pequeña diferencia en la traducción en la versión NVI. Mientras que la tradicional nos dice que el velo es la carne, cosa que se confirma y corrobora en la Textual, la NVI nos habla del “cuerpo”. Sin estar equivocada, al menos no es precisa.
Porque el velo que hoy el hombre debe trasponer para entrar al Lugar Santísimo, que es la presencia misma de Dios en su vida, es el de la incredulidad. Y cuando hablamos de incredulidad, necesariamente estamos hablando de su carne. No es su cuerpo el incrédulo, es su carne, donde deberemos incluir a un alma no comandada por el Espíritu Santo de Dios en nuestro espíritu.
Luego menciona a Jesús como Sacerdote, y otra vez la versión NVI interpreta de un modo…podríamos decir…casero. Porque es la única que habla de la “familia” de Dios, cuando en realidad las otras dos versiones al decir “Casa de Dios”, están refiriéndose a tu interior y al mío, esto es: al hombre global, no a su familia humana.
Luego se coincide en que debemos acercarnos a Dios, (No esperar que Él venga a visitarnos, como muchos enseñan), con un corazón sincero. Esto nos habla de un alma (Eso es corazón en el hebreo) que no persigue sus placeres o deseos, sino que se sujeta a lo que el Espíritu de Dios susurra en nuestro espíritu humano.
No resulta casual ni circunstancial que, una de las groserías más grandes que encontramos en nuestras congregaciones, sea precisamente la hipocresía, enemiga total de la sinceridad. Eso te muestra y demuestra cuál es la tarea del enemigo en búsqueda de socavar a la iglesia del Señor como pueda y donde se lo permitan.
¡Basta de simulación! ¡Basta de hacer como que oramos, hacer como que alabamos, hacer como que adoramos y hasta hacer como qué ofrendamos! Dios jamás va a sentirse agradado que tú hagas “como qué”. Dios se va a agradar cuando tú hagas algo con sinceridad de corazón visible y manifiesta.
Y luego nos añade que debemos acercarnos a Él de ese modo, añadiendo certidumbre de fe. Este es el término utilizado en las versiones clásica y textual, mientras que en la NVI se utiliza seguridad. La única definición de la RAE para certidumbre, es: obligación de cumplir algo.
Sin embargo, donde hallamos más sobre esta palabra en cuando consultamos a los sinónimos. Allí se nos dan como tales, a: certeza, certitud y evidencia, siendo sus antónimos, (Lo opuesto) duda e incertidumbre. Otros más amplios, son: dogma, verdad, axioma, fe, infalibilidad e indefectibilidad, siendo antónimos de esto: mentira e hipótesis.
Luego añade que también deben estar los corazones purificados de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura. La versión NVI interpreta separando ambas expresiones, ya que dice que deben estar interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura.
No está mal si quieres verlo así, pero creo que la palabra añade algo más. La pista sobre esto me la da la versión textual, que dice que deben presentarse teniendo los corazones rociados, y así libres de mala conciencia, y los cuerpos lavados con agua pura.
Esto tiene que ver con lo que encontramos en Levítico 8. En el verso 6, dice que, en el marco de la consagración de Aarón y sus hijos, Moisés hizo acercarse a Aarón y a sus hijos, y los lavó con agua. Sacerdocio santo.
Y más adelante, en el verso 30, hay otra referencia ritual referente a esta consagración. Allí leemos textualmente: Luego tomó Moisés el aceite de la unción, y de la sangre que estaba sobre el altar, y roció sobre Aarón, y sobre sus vestiduras, sobre sus hijos, y sobre las vestiduras de sus hijos con él; y santificó a Aarón y sus vestiduras, y a sus hijos y las vestiduras de sus hijos con él.
¿Qué tenemos hasta aquí? Tenemos en claro que la confianza en entrar a la presencia de Dios se basa en la sangre de Jesucristo y en su ministerio como Sumo Sacerdote. Que la adoración que nace de un corazón sincero, esto es, con completa franqueza de propósito, debe estar basada en la seguridad del poder justificador de la sangre de Cristo y el poder santificador de la Palabra de Dios.
Luego nos dice que mantengamos firme, esto es imperturbable e inamovible, aquí sintetizada por “sin fluctuar”, la profesión de nuestra esperanza. Sabemos que la esperanza es la confianza en que ocurrirá o se logrará lo que se desea. Pero dice que debemos tener profesión en ella.
Y profesión es, entre otras acepciones más secularizadas, la manifestación pública de una creencia, costumbre o habilidad. Es decir: hacer pública nuestra esperanza. (La versión Textual dice “confesión” en lugar de profesión). La profesión de nuestra esperanza sobre la futura consumación de nuestra salvación, nunca vacilará mientras está fundada en la fidelidad de aquel que prometió.
Y en el párrafo final, se nos habla conforme a las versiones más abundantes en nuestros ambientes, de no dejar de congregarnos como algunos tienen por costumbre. Y eso, naturalmente, ha sido y sigue siendo interpretado y tomado como espada flameante levantada en contra de cualquiera que piense o decida abandonar un templo de un grupo determinado.
¿Sabes qué? ¡Ni por asomo! Porque aquí sí es de enorme auxilio la Biblia Textual, elaborada en función directa de los originales sin pasar por tamices interpretativos teológicos. Allí no dice que no debemos dejar de congregarnos, entendido como no dejar de ir al templo cada domingo. Allí se nos dice que no debemos abandonar la asamblea.
Asamblea, tú lo sabes porque aquí mismo te lo he enseñado muchas veces, es la palabra eklessia. Y de allí proviene nuestra más conocida palabra Iglesia. Es decir que lo que se nos recomienda es no abandonar la asamblea de representantes del cuerpo de Cristo, del Reino de Dios en la tierra, no dejar de asistir a un lugar donde se habla de cualquier cosa menos del Señor.
El amor de unos por otros en Cristo debe manifestarse en obras de amor y en la unidad en su nombre, especialmente en la luz de su inminente venida. Unidad, -te recuerdo- no es un grupo de bautistas tomando un café durante un día a la semana con otro grupo de pentecostales. Unidad es estar inexorablemente en un mismo sentir espiritual. Y eso, créeme, aún no lo he visto en ninguna parte.
La recomendación tiene que ver con lo que se lee en el verso 13 de Hebreos 3: …antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Salirse de una asamblea, dejar de creer por sólo un día, es caer en la trampa del pecado. Que no tiene nada que ver con faltar a un culto un día domingo, quédate tranquilo.
Independientemente de todo esto que estás recibiendo y aprendiendo por añadidura, nuestro trabajo se centraliza en la fe. ¿Y qué hemos aprendido aquí sobre ella? Que nuestra fe debe ser experimentada con certidumbre y seguridad, nunca con incertidumbre o con dudas. ¿Simple, verdad? No lo creas; es una verdadera batalla donde tu peor enemigo son la ansiedad, la lógica y el raciocinio heredado de los griegos.
Versión Clásica
Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.
Nueva Versión Internacional
Si después de recibir el conocimiento de la verdad pecamos obstinadamente, ya no hay sacrificio por los pecados. Sólo queda una terrible expectativa de juicio, el fuego ardiente que ha de devorar a los enemigos de Dios.
Versión Biblia Textual
Porque si continuamos pecando voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por el pecado, sino una horrenda expectativa de juicio y ardor de fuego que va a consumir a los adversarios.
Claro, en el capítulo anterior, el noveno, y verso 27, se nos dice que: y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, por lo que debemos entender que de lo que aquí se habla es precisamente de ese momento crucial.
También está aludiendo a lo escrito en el libro del profeta Isaías, capítulo 26 y verso 11, donde leemos: Jehová, tu mano está alzada, pero ellos no ven; verán al fin, y se avergonzarán los que envidian a tu pueblo; y a tus enemigos fuego los consumirá.
Técnicamente, si es que en lo concerniente a la palabra de Dios pudiéramos rotularlo así, lo que aquí se deja en evidencia es que una de las advertencias más solemnes contra la apostasía que se pueden hallar en las escrituras, es esta. Si alguien abandona deliberadamente a Cristo, no hay otro sacrificio por el pecado que sea posible y está irremediablemente perdido.
Eso en lo sustancial. En lo formal, vemos algunas diferencias entre las versiones clásicas y textual con la polémica NVI. Mientras que en las dos mencionadas anteriormente se dice que no podemos volver a pecar voluntariamente, en la última se consigna esa palabra como “obstinadamente”.
Y hacer algo de manera voluntaria es tomar una decisión por bueno o por malo sabiendo lo que puede acarrear como consecuencia, pero hacerlo de manera obstinada o plena en terquedad, es caer en necedad. Y no parece ser esto lo que se ha querido consignar en los originales.
Luego, en cuanto a la espera o expectación respecto al ineludible juicio venidero, mientras las dos versiones más tradicionales lo catalogan como horrendo, que conforme al diccionario significa que causa horror, muy feo o muy malo, enorme o intenso, en la última se lo denomina como terrible, que se interpreta como digno de ser temido, difícil de soportar por ser muy intenso, desmesurado, extraordinario, excesivo, lo cual si bien parece completar el adjetivo inicial, no tiene sus mismas implicancias.
Pero donde hallamos una verdadera perla a tener muy en cuenta a la hora de consultar versiones, es en el final del texto. La versión clásica y la textual, dice que el fuego va a consumir o devorar a los adversarios. Y esto tiene una interpretación netamente intelectual en la posterior NVI, ya que un diccionario secular, relaciona a un adversario con un enemigo.
Y es así pero sólo en lo referente al hombre, de ninguna manera a Dios. El nombre Satanás se traduce precisamente así, adversario. Y convengamos que Satanás es y puede ser tú enemigo o mi enemigo, pero en modo alguno enemigo de Dios. Elevar a Satanás al rango de enemigo de Dios, es elevarlo a su mismo nivel.
Y todos sabemos que no lo tiene, que Satanás, (Antes Lucero o Luzbel), es creación de Dios, y por lo tanto sujeto en obediencia a Él haga lo que haga. Tú puedes tener problemas en vencer a Satanás por causa de tu naturaleza pecaminosa, pero Dios no lo tiene. Si Dios le da una orden, Satanás la acata de inmediato, no tiene otra salida.
Versión Clásica
El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de Gracia? Pues conocemos al que dijo: mía es la venganza, yo adré el pago, dice el Señor. Y otra vez: el Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!
Nueva Versión Internacional
Cualquiera que rechazaba la ley de Moisés moría irremediablemente por el testimonio de dos o tres testigos. ¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merece el que ha pisoteado al Hijo de Dios, que ha profanado la sangre del pacto por la cual había sido santificado, y que ha insultado al Espíritu de la gracia? Pues conocemos al que dijo Mía es la venganza; yo pagaré; y también: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo!
Versión Biblia Textual
El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o tres testigos, muere irremisiblemente. ¿Cuánto peor castigo pensáis que merecerá el que pisoteó al Hijo de Dios, y tuvo por inmunda la sangre del pacto, en la cual fue santificado, y ultrajó al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: mía es la venganza, Yo pagaré. Y otra vez: el Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!
Dice que el que viola la ley de Moisés por el testimonio de dos o tres testigos, muere. ¿De dónde saca esto el autor de esta carta? Del libro de Deuteronomio, cuando en ocasión de escribirse las normas para la administración de justicia, leemos.
(Deuteronomio 17: 2) = Cuando se hallare en medio de ti, en alguna de tus ciudades que Jehová tu dios te da, hombre o mujer que haya hecho mal ante los ojos de Jehová tu Dios traspasando su pacto, (3) que hubiere ido y servido a dioses ajenos, y se hubiere inclinado a ellos, ya sea al sol, o a la luna, o a todo el ejército del cielo, lo cual yo he prohibido; y te fuere dado aviso, y después que oyeres y hubieres indagado bien, la cosa pareciere de verdad cierta, que tal abominación ha sido hecha en Israel; (5) entonces sacarás a tus puertas al hombre o a la mujer que hubiere hecho esta mala cosa, sea hombre o mujer, y los apedrearás, y así morirán.
(6) Por dicho de dos o tres testigos morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo.
Pensar que a partir de este texto, íntimamente relacionado con la disciplina y reiterado en el Nuevo Testamento también por un caso de disciplina, se fabricó una verdadera doctrina que avalaba iglesias o congregaciones de diez personas porque, se decía, donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo, dice el Señor, lo cual es muy cierto, pero exclusivamente para casos de disciplina.
Pero después añade que si esto sucedía en la época de Moisés, cuanto menos podría ocurrir si hoy, en pleno siglo veintiuno, alguien osara pisotear el nombre de Jesucristo soslayando o despreciando su sangre preciosa como precio con el cual hemos sido redimidos.
Y si consideramos que esto se puede considerar perfectamente como una afrenta grave al Espíritu Santo de Dios, hay sobrada escritura que nos da a conocer que este es un pecado que irremediablemente no tiene perdón dispuesto, porque ha sido escrito, entre otras, palabra concreta en Efesios 4:30, cuando leemos: …y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.
¿Entiendes ahora de qué estamos hablando? Si tú, un día, por las razones que sea, decidiste entregar tu vida a Cristo, pero luego tu voluntad se modificó por conveniencia u otras razones de índole pecaminosa, el Espíritu Santo que te había sellado para salvación, se contrista y ya no puede testificar a tu favor en el día del juicio.
¿Entonces la salvación se pierde o no se pierde? No es mi tema, ni siquiera me interesa entrar en esa polémica interdenominacional estéril. Lo que te digo es lo que está escrito. ¿Puedes leerlo igual que yo? ¿Puedes verlo como yo o todavía estás con la mente obnubilada por la mentalidad babilónica?
Por su parte Pablo, y con referencia al asunto de la venganza, que es una actitud que puede brotar de cualquiera de nosotros si hemos sido ofendidos con gravedad y no dejamos fluir al Espíritu de Dios que mora en nuestro ser interior, fue muy claro cuando le escribió al respecto a la Iglesia de Roma.
Él les dijo en Romanos 12: 19: No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.
Una pequeña acotación. Estimo que te lo deben haber predicado en más de una ocasión, pero no interesa; seré recurrente y hasta reiterativo: vengarte, pagar con la misma moneda recibida una ofensa o un agravio, no sólo no te producirá ningún beneficio sino que, además, desagrada profundamente a Dios.
Si el Padre celestial dice que suya es la venganza, pues entonces suya es la venganza y no se habla más, ¿Entendido? Sea lo que sea que te hayan hecho, hayas sufrido lo que hayas sufrido, te haya costado lo que te haya costado. Dejarás que Dios sea quien decida si hay venganza o no. Solamente Él es justo y, si Él es el único justo, entonces suya es la única justicia de todas las justicias.
Y en el final, como para mantener cierta coherencia, se vuelve a repetir la diferencia de términos con que se cataloga el hecho de caer en las manos del Dios vivo. Mientras las dos versiones clásicas dicen que es horrenda cosa, la NVI insiste con que es terrible. Lo que sí deberá quedarte bien en claro es que será el Señor, y nadie más que el Señor quien juzgará a SU pueblo.
Versión Clásica
Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hecho espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante.
Porque de los presos también os compadecisteis, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos.
Nueva Versión Internacional
Recuerden aquellos días pasados cuando ustedes, después de haber sido iluminados, sostuvieron una dura lucha y soportaron muchos sufrimientos.
Unas veces se vieron expuestos públicamente al insulto y a la persecución; otras veces se solidarizaron con los que eran tratados de igual manera.
También se compadecieron de los encarcelados, y cuando a ustedes les confiscaron sus bienes, lo aceptaron con alegría, conscientes de que tenían un patrimonio mejor y más permanente.
Versión Biblia Textual
Pero traed a la memoria los días antiguos, en los cuales, habiendo sido iluminados, soportasteis una gran lucha de padecimientos.
En parte, ciertamente siendo expuestos a vergüenza pública con reproches y también aflicciones, y en parte siendo hechos compañeros de los que eran así tratados.
Porque compartisteis los padecimientos de los presos y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros mismos una mejor y perdurable herencia.
Este texto nos habla de algo que muchos de nosotros conocemos: la lucha de aquellos que han abierto sus ojos al mundo espiritual y comienzan a confrontar y enfrentarse con la religión fría, vacía y ritualista en un combate, a veces, de grandes características.
Pero observen que eso no se produce de un día para el otro y por simple ocurrencia de alguien. Comienza a tomar forma, dicen las tres versiones con distintos matices, después de haber sido “iluminados”. ¿Y qué significa haber sido iluminados? Haber recibido luz y revelación.
Es muy difícil, por no decir imposible, que alguien que está concurriendo a un templo cada domingo, cantando viejas y conocidas canciones, escuchando mensajes repetitivos sobre temas trillados en los púlpitos de toda denominación, un día decida salirse de ese status y enfrentarse con ese sistema por simple cansancio o aburrimiento.
Para que algo así ocurra, el Espíritu Santo tiene que tocar fuertemente la vida de esa persona, abrir poderosamente sus ojos espirituales y permitirle que vea la vacuidad de lo que estaba viviendo y participando. A eso se le llama recibir luz.
Hay un texto en 1 Corintios 4:9 que da referencia de lo que en su momento vivían los apóstoles del Señor. Pablo lo relata así: Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.
Y como para que no nos queden dudas en lo más mínimo, respecto a de dónde vendrían esos combates o esos ataques, el propio Pablo en su primera carta a los Tesalonicenses, 2:14, dice: Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación (de vuestra propia nación) las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos. (Así que la pregunta con respuesta clara, es: ¿De dónde va a venir el ataque cuando seamos iluminados por la revelación del Espíritu Santo? De la iglesia)
Versión Clásica
No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.
Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Más el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará mi alma.
Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.
Nueva Versión Internacional
Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido.
Pues dentro de muy poco tiempo, el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado.
Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida.
Versión Biblia Textual
No perdáis, pues, vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. Porque tenéis necesidad de la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.
Porque de aquí a un momento, tan sólo un momento. Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por fe; y si retrocede, mi alma no se agradará en él.
Pero nosotros no somos de los que retrocedemos para destrucción, sino de los que tenemos fe para preservación del alma.
En los originales, en este texto, no dice que el justo vivirá por la fe, sino que dice que mi justo vivirá por la fe. Por lo tanto, de lo que estamos hablando aquí, es que los que son justos reconocidos por el propio Dios como suyos, deberán vivir por medio de su fe y no de los rudimentos mundanos.
Y créeme que eso no es ni tontería ni poca cosa. Cuesta mucho a gente inmersa en un medio ambiente con reglas propias y rutinas precisas, evadirse de ellas para vivir conforme a una palabra escrita hace miles de años pero vigente de toda vigencia todavía.
Por eso es que se nos dice que debemos actuar y movernos con paciencia. Y esta palabra, paciencia, en los originales es la palabra griega hupomone, y tiene que ver con constancia, perseverancia, sobrellevar, firmeza, mantenerse.
La palabra combina al vocablo hupo, que quiere decir “debajo”, con mone, que es “permanecer”. Por tanto describe la capacidad de continuar en pie bajo circunstancias difíciles, no asumiendo una complacencia pasiva, sino con la entereza de quien resiste activamente ante los inconvenientes y el fracaso.
Por eso, a todos aquellos que con el correr de los tiempos han tomado a la palabra paciencia como sinónimo de debilidad extrema o un soportar todas las agresiones o ataques sin mover un músculo, han errado al blanco. Paciencia es entereza para sobreponerse, luchando, de cualquier circunstancia adversa.
Eso es lo que, en suma y definitiva, nos lleva a no retroceder bajo ninguna circunstancia, sea ésta cual fuere. Y de manifestar nuestra fe por sobre cualquier contingencia con la finalidad de preservar nuestras almas. Porque nuestra confianza tiene que ver con lo escrito –entre otros- en este texto.
(Hechos 2: 1) = Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. (Aclaro: unánimes juntos tiene que ver con estar de acuerdo, de mutuo consentimiento, mantener la unidad de grupo, ser todos de una sola mente y compartir un solo propósito. Eso es lo que significa homothumadon, la palabra que se traduce como unánimes juntos. Nada que ver con pastor dando una orden y miles acatando cualquier cosa)
(2) Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; (3) y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
(4) Y fueron todos (Repite en voz alta para ti mismo: todos.) llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
Esto significa una sola cosa concreta: nadie podrá sentirse seguro y confiado en sus fuerzas, en sus doctrinas o en sus conocimientos teológicos. Quien quiera sentirse confiado y seguro en el Reino deberá, sí o sí, estar lleno del Espíritu Santo. Así preservará su alma, como dice este otro texto.
(Lucas 21: 19) = Con vuestra paciencia (dice Jesús a sus discípulos) ganaréis vuestras almas.
Alma, en este y casi todos los demás textos extraídos del original griego, es la palabra psuche, que se pronuncia fonéticamente “psique”. De allí derivan nuestras terminologías psicología, psicosis, psiquiatra, psicodélico.
Psuche es el alma en distinción del cuerpo. Es el asiento de los afectos, de la voluntad, del deseo, las emociones, la mente, la razón y el entendimiento. Psuche es la persona interior o la esencia de la vida. La palabra a menudo se refiere a la persona o al ser mismo.
Es decir que psuche no se disuelve con o por la muerte. Cuerpo y espíritu pueden ser separados, pero espíritu y alma sólo pueden ser distinguidos. Por eso es que Pablo les comparte a los Colosenses esta siguiente advertencia y dirección.
(Colosenses 3: 23) = Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; (24) sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.
(25) Más el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.
No hay acepción de personas. La palabra que se utiliza allí es prosopolepsia. ¿Qué significa? Favoritismo, parcialidad, distinción, predisposición, preferencia condicional. La palabra denota un juicio parcializado que presta atención al rango, la posición o las circunstancias, en lugar de considerar las condiciones intrínsecas.
Dios no muestra parcialidad en su justicia ni en su juicio, cuando se relaciona con los seres humanos, y espera que nosotros sigamos su ejemplo. Ahora la pregunta que debo formularte a ti, (Porque yo ya tengo mi respuesta), es: ¿Se ha seguido ese ejemplo?
(Habacuc 2: 3) = Aunque la visión tardará aún por un tiempo, más se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.
(4) He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece, más el justo por su fe vivirá.
Aquí, y quiero mencionarlo porque tiene vinculación con el eje central de nuestro trabajo, se contrasta a los malvados y arrogantes babilonios con los justos y fieles entre el pueblo de Dios. Así mismo, la naturaleza transitoria y el carácter inestable de quien busca en sí mismo el sentido de la vida, frente a la estabilidad y la confianza que posee aquel que pone su vida en manos de Dios. Por eso Lucas escribe:
(Lucas 18: 8) = Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿Hallará fe en la tierra?
Convengamos en que hay una suma no despreciable de cristianos que viven su día a día esperando el retorno del Señor. Es como si ya no pudieran más con sus cargas y anhelan esa venida como salida única para sus problemas. ¿Ese es el punto? ¿Esa es la fe que el Señor debe encontrar cuando retorne? Pedro da una imagen personal, pero a tener en cuenta.
(2 Pedro 2: 20) = Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.
Los falsos, (Aquí los comentaristas hablan de los maestros, pero esto bien les cabe a cualquiera de los cinco ministerios), habiendo experimentado el poder salvador de Cristo, ahora lo rechazan. De ahí que hayan regresado a su anterior estilo corrupto de vida y su condición y su conducta sean peores que las de antes. Los creyentes que caen en la apostasía rechazando deliberadamente la muerte y resurrección de Cristo, se encuentran en una posición mucho más trágica que los inconversos paganos.