Recogiendo su trigo

Hay una parte sumamente valiosa del evangelio que asegura que El que persevera hasta el fin, será salvo. Lo aprendemos prácticamente desde nuestros primeros días en el Camino, lo repetimos como papagayos y llegamos al punto actual sin develar una incógnita que siempre nos despertó la curiosidad, pero que jamás consultamos porque, se supone, un cristiano debería saberlo. La consulta, es: ¿El que persevera en qué cosa?

Respuestas, es cierto, se pueden elaborar varias, y esto nos deja entrever que esa perseverancia es sumamente abarcativa. Sin embargo, un punto es neurálgico: La Fe. Como las pruebas de la vida pretenden, generalmente, socavar nuestra fe, nuestra perseverancia en ella es de alguna manera, el máximo reaseguro de salvación, verdad? Siendo así, no debe asombrarnos, entonces, que también haya una perseverancia adversa, negativa, opuesta, esto es: perseverancia en la incredulidad.

Dios le dice a Ezequiel que, cuando la tierra, esto es, sus habitantes, pecara contra Él (Lo que indica que Dios ya sabe que el hombre intentará pecar contra Él) se extenderá su mano y quebrantará, en primer término, dice, que su sustento de pan. Si esto no tiene que ver con desocupación y desempleo, un verdadero cáncer de este tiempo en muchos lugares del planeta, yo no me llamo como me llamo. Porque a renglón seguido añade que también desencadenará hambre. En muchos lugares del mundo, hoy, están sufriendo el flagelo del hambre, mientras que la iglesia de esos lugares reprende al diablo por ello, rompe con maldiciones y pide a Dios ayuda. Me pregunto si nadie se tomará un minuto de su tiempo para reflexionar si por alguna enorme casualidad, algún sector de ese pueblo religioso está pecando contra Dios.

Y en el detalle tremendo de lo que Dios dice que va a hacer si pecan contra Él, se deja explícito que no es precisamente porque a Él le encante hacerlo. Porque entiéndase por favor, lo que Dios le dice a Ezequiel no es lo que va a hacer sí o sí, sino lo que va a hacer si el pueblo no se vuelve de su pecado. Dice que va a cortar de la tierra a hombres y a bestias. Pero atención: todas estas cosas podrían  evitarse, y por consecuencia, la mayoría salvar sus vidas, si tres varones que en lo literal son Noé, Daniel y Job, estuviesen en medio de ellos por causa de su justicia. Yo creo que este es el principio básico del remanente. El relato de este episodio que comentamos concluye de este modo:

(Ezequiel 14: 21)= Por lo cual así ha dicho Jehová el Señor: ¿Cuánto más yo enviaré contra Jerusalén mis cuatro juicios terribles, espada, hambre, fieras y pestilencia, para cortar de ella hombres y bestias?

(22) Sin embargo, he aquí quedará en ella un remanente, hijos e hijas, que serán llevados fuera; he aquí que ellos vendrán a vosotros, y veréis su camino y sus hechos, y seréis consolados del mal que hice venir sobre Jerusalén, de todas las cosas que traje sobre ella.

Los cuatro juicios que Dios manda sobre Jerusalén, (Que hoy yo quiero que usted recuerde, es la iglesia global, la que usted puede ver), son precisamente definidos y ya se encuentran cohabitando con los cristianos. Lo que ocurre es que aquellos que no tienen sensibilidad espiritual y se mueven a pira carnalidad, ni siquiera se han dado cuenta de ello. Están siendo protagonistas de un juicio de Dios y ni siquiera se han dado por enterados. Tristísimo. Recuerde que cuando hablamos de juicio de Dios, no nos estamos refiriendo a lluvias de fuego o hecatombes parecidas como sucederá en otros tiempos. Juicio de Dios no significa “ahora vengo y hago trizas el planeta”. Juicio de Dios, el significado real de esa expresión con relación a Dios, es: Vengo a separar lo verdadero de lo falso. Eso es juicio bíblico. Es decir: el tiempo en que Dios conmoverá y removerá las cosas movibles, (Que es lo falso, lo que no tiene verdad) y dejará las inconmovibles, (Que es lo genuino, lo real y verdadero). Muy bien; quiero decirle, por si no se dio cuenta todavía, que ese tiempo es HOY.

El primer elemento de juicio que vemos, es La Espada. Muchos podrían tomar a este término como representante de algún tipo de persecución racial o religiosa, cosa que naturalmente, no vamos a descartar totalmente, porque hay muchos sitios del planeta donde eso está, efectivamente, sucediendo. Sin embargo, uno de los símbolos bíblicos más notorios que tienen que ver con la espada, es la Palabra de Dios. ¿Qué significa esto? Que a partir de la Palabra revelada, y por un simple efecto espiritual, quedarán total y absolutamente expuestos los falsos, mentirosos e hipócritas, mientras que recibirán aval y respaldo los genuinos.

El segundo elemento es El Hambre. ¿Hambre física, miseria, falta de comida por inclemencias climáticas o de alguna otra naturaleza? No se debería descartar porque, al igual que en el ítem anterior, hay muchos lugares en el mundo en donde estas cosas ocurren y, entre esos lugares, lamentablemente, algunos forman parte del territorio de la República Argentina. Sin embargo, el hambre, aquí, tiene también directa vinculación con la Palabra. En este caso específico, con la falta, con la ausencia de ella. También aquí podemos comprobar que este es ese tiempo. De cada diez cristianos activos y miembros de diferentes congregaciones que conozco, ocho están sufriendo de éste hambre espiritual.

El tercer elemento de juicio, son Las Fieras. ¿Cabe en alguna cabeza suponer que de ponto, en una congregación, van a aparecer diez leones, cinco tigres u otras bestias salvajes por el estilo, y van a devorarse a todos los asistentes? ¿De verdad puede haber alguien que piense que esto está hablando de algo así? Bien; convengamos que, si es así, imaginación nos sobra, verdad? Pensemos un momento, por favor, con esta maravillosa mente que Dios nos ha dado. ¿Cuál es la condición básica de una fiera? Su ferocidad, producto de su irracionalidad. Bien; preparémonos para resistir, dentro de la iglesia, la embestida de hombres y mujeres, supuestamente creyentes, formados con esas condiciones. Es más: ya están allí. Y si no, trate de poner en duda la doctrina denominacional que se practica en su iglesia y verá cómo se le vienen las fieras encima.

Y el cuarto y último elemento para la separación de lo verdadero de lo falso que Dios hará dentro de su casa, es La Pestilencia. ¿Qué es una pestilencia? Tomado literalmente, una epidemia, una peste. Algunos creen que el SIDA, por ejemplo, es de alguna manera el juicio de Dios a través del cumplimiento de esta palabra. Yo no voy a contradecir eso porque respeto lo que otros hermanos puedan ver, sólo que hay un punto que no me cierra. El SIDA, por un montón de razones y mayoritariamente, sienta sus reales en el mundo secular, ya que es producto, también de manera mayoritaria, de desórdenes sexuales y drogodependencia. Y aquí está diciendo que el juicio será sobre SU casa. ¿Entonces? Pestilencia es la degeneración y podredumbre de una gran cantidad de células que, progresivamente, pueden llegar a comprometer la vida de un cuerpo. ¿Lo entiende ahora? ¿Puede verlo como yo lo veo? ¿No experimenta pestilencia algún sector de lo que nosotros llamamos masivamente “iglesia”?

Muy bien; de todo esto que hemos detallado, habrá un grupo, un número, un porcentaje de gente que quedará al margen, que no habrá de padecerlo. Ese grupo es lo que llamamos Remanente, gente obediente y fiel que no ha doblado sus rodillas ante Baal, que hoy está representado por la estructura de la religión organizada. Por tanto, si todos los ingredientes del juicio ya se están dando delante de nuestros ojos, no hay ningún motivo para pensar que no se esté levantando, conjuntamente, el Remanente que Dios respalda personalmente. Joel ya lo preanunció de otra manera y en otro contexto global. Hablando del Gran Dios, del tiempo final, del día de la consideración, relata:

(Joel 2: 30)= Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo.

Los prodigios de los cuales se habla aquí, preceden siempre de un modo coherente al juicio de Dios. Se comparan con las plagas que Dios hizo descender sobre Egipto en tiempos de la liberación de Israel. También son un fenómeno que acompañó a las guerras.

(31) El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová.

Una de las clásicas interpretaciones de este texto, ha preanunciado que el día grande y espantoso de Jehová estará signado por la violencia y las guerras. Basan este pensamiento en el hecho de que, para que la luna pueda tornarse de color rojizo, es menester que esté rodeada de humo.

(32) Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová, será salvo; porque en el monte de Sión y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado.

Cuando el mundo comience a desintegrarse, sostienen quienes ven de ese modo a ese gran día, todo el que invocare el nombre de Jehová será salvo. Estas señales del juicio de Dios serán desastrosas para aquellos que perseveren en sus pecados. Sin embargo, serán señales de redención y salvación para quienes se vuelvan al Señor. Cuando alude al monte de Sión o a Jerusalén, no habla de sitios geográficos concretos, sino de símbolos de la presencia de Dios. Hoy, la comparación dice que debemos invocar el nombre de Jesús para alcanzar salvación y liberación. Además, es indispensable reconocer que, invocar su nombre, supone invitarlo a actuar como Salvador personal y Libertador en todos los aspectos y momentos de nuestras vidas, no sólo en la experiencia inicial de nuestro nuevo nacimiento.

En cuanto al remanente que, – dice -, Él habrá llamado, nos muestra aquí los dos aspectos de la salvación, la cual es tanto el llamado que dirigen a Dios los seres humanos, como el llamado que los seres humanos reciben de Dios. Dios llama a los hombres realizando prodigios. Los hombres pueden responder buscando a Dios y entonces recibirán salvación. Ningún acontecimiento ocurrido en tiempos de Joel responde a esta sección profética, la cual comienza a cumplirse el día de Pentecostés, cuando el derramamiento del Espíritu dio inicio a “los últimos días”.

La profecía de Joel culminará con la Segunda Venida del Mesías, Jesucristo, y el subsiguiente fin de este sistema. Vivimos ahora en esos prolongados días finales. El incesante crecimiento de la violencia y los conflictos armados que caracterizan la historia contemporánea, deben ser considerados como un recordatorio de Dios a los seres humanos para que invoquen su nombre y sean salvos. Sin embargo, más allá de esto que es real y cierto, hay otro remanente: uno que surge del seno de la iglesia y que no tiene que ver con salvación, sino con obediencia, fidelidad y perseverancia. Un tiempo como este fue el que inspiró a Amós en su llamado al arrepentimiento.

(Amós 5: 12)= Porque yo sé de vuestras muchas rebeliones, y de vuestros grandes pecados; sé que afligís al justo, y recibís cohecho, y en los tribunales hacéis perder su causa a los pobres.

¿Usted, de verdad, ha creído que todas estas cosas solamente ocurrían en los tiempos de Amós? ¿No hay hoy rebelión, pecado, aflicción para los creyentes, cohecho (Que es soborno) y falsa justicia? Entonces, el tiempo de Amós, es este tiempo.

(13) Por tanto, el prudente en tal tiempo calla, porque el tiempo es malo.

Esto significa lo siguiente: usted puede tener, hoy mismo, una confirmación interior a nivel de certeza total, de esta misma palabra que venimos compartiendo. Y puede, llevado por la emoción viva de la revelación, intentar compartirla con todos los que rodean su vida. Allí se va a dar de carea con una dura realidad. Este no es un problema intelectual, este es un problema espiritual. Aquellos que no entiendan el mensaje y no reciban esta palabra, habrán de convertirse inmediatamente en sus opositores y/o enemigos. Por eso recomienda prudencia.

(14) Buscad lo bueno, y no lo malo, para que viváis; porque así Jehová Dios de los ejércitos estará con vosotros, como decís.

(15) Aborreced el mal, y amad el bien, y estableced la justicia en juicio; quizás Jehová Dios de los ejércitos tendrá piedad del remanente de José.

En este punto vemos que el remanente de ninguna manera podrá sentirse pagado de sí mismo, orgulloso o vanidoso de ser rescatado, ya que no será por sus altos méritos, aunque parezca que los tiene, sino por la misericordia divina, que más allá de todos nuestros errores y desaciertos, tendrá en cuenta su obediencia y fidelidad. Y lo tengo que decir, porque desde que esta palabra apareció conmoviendo y removiendo las estructuras eclesiásticas y desatando ferocidades “santas” en muchos ministros, hay un pequeño remanente de ese remanente que, efectivamente, había llegado a presuponer que se habían consagrado como los “cristianos perfectos” y se merecían largamente que Dios los dejara al margen de su juicio. En absoluto. No hay justo ni sólo uno, se ha dicho. Y es justicia.

Aquí, entonces, es donde nos encontramos con Abdías, un pequeño libro del que muy pocos predican porque, – convengamos -, también muy pocos leen. La profecía de Abdías, sin embargo, en lo literal e histórico, está dirigida al pueblo que se lamenta sobre las ruinas de su amada ciudad de Jerusalén y por la muerte de familiares, amigos y parientes. Los habitantes de Judá que no habían sido conducidos al cautiverio eran pocos y estaban confinados a un fragmento del territorio que reclamaban como propio. Subsistían sobre el montón de escombros al que había quedado reducida su ciudad sagrada. El libro de Lamentaciones recrea las dolorosas experiencias del pueblo de Judá.

Con este escenario como trasfondo, Abdías pronuncia el consolador mensaje de que Dios no ha olvidado a su pueblo, ni tampoco pasado por alto la maldad de los edomitas. El Señor intervendrá para enmendar la situación, castigar a Edom y restaurar a su pueblo. Su mensaje confronta a Edom con una severa palabra de condenación, pero conforta al pueblo de Judá con al promesa de la continua protección de Dios, su futura victoria y su restauración.

Ahora atención con esto: hoy también en este pueblo, hay un pueblo que a diario se lamenta sobre lo que pueden considerarse las ruinas que han quedado de la Jerusalén celestial, que es la Iglesia. Asimismo, ese llanto dolido se extiende, al igual que en la historia literal, al dolor que produce la muerte espiritual de tantos y tantos familiares, amigos y parientes. También hoy nos enfrentamos y confrontamos contra una cruda y tremenda realidad que nos dice que los que no han sido llevados al cautiverio de la Babilonia religiosa y falsa, son demasiado pocos, y también aquí estamos confinados a un territorio, (Que es la pequeña fracción que por el poder de Dios nos permite utilizar la estructura tradicional) que reclamamos y defendemos como propio. Subsistimos, dentro de paupérrimas imitaciones carnales de lo que es la iglesia, sobre los escombros y pedazos de lo que realmente debía ser la gloriosa iglesia del Señor y vivimos como podemos, esa tremenda y dolorosa experiencia.

De allí que Pablo define muy bien todo esto cuando, en su carta a los Gálatas, escribe una verdad irrenunciable: No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará, que de alguna manera, repite las mismas palabras de Abdías, que en el verso 15, dice: Como tú hiciste se hará contigo. La retribución, – ya que de esto es de lo que se está hablando -, es una realidad. Dios es justo y castigará la injusticia hacia los demás, ya sean pueblos o personas. El Señor toma muy en serio las promesas que ha hecho en el pacto. Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

Me contaba un pastor que él tenía una anciana en su congregación que realmente era el don de la generosidad viviente. Tejía mantas de abrigo que luego le regalaba sin que nadie se las pidiera a aquellos que las necesitaban. Vivía sus días elaborando unas deliciosas galletas que luego, casi obligatoriamente, les hacía comer a cuantos pasaran no ya por su casa, sino por su vereda. Por años este pastor oraba al Señor dando gracias por esa tan edificante hermana. Un día, ya muy anciana y con su salud un tanto deteriorada, fue trasladada a un residencial para ancianos alejado de esa ciudad y el pastor dejó de verla.

Un par de años después, un hijo de esa anciana llegó un día a la oficina del pastor, pidió una entrevista con él y, cuando estuvo sentado a su frente, lo primero que le comentó es que su madre había fallecido. Luego de las sinceras condolencias y el recuerdo emocionado del pastor para quien había sido un miembro fiel de verdad y altamente generoso, el hijo le preguntó: “Pastor…¿Por qué será que, siendo mi madre tan generosa como era, en los últimos meses de su vida, de no ser por un subsidio del Estado no hubiera podido sobrevivir en ese residencial? ¿Ha sido Dios justo con ella?

El pastor quedó pensativo un momento y luego le preguntó: “¿Su mamá tenía suficiente ropa de abrigo en el residencial?” – “¡Ah, sí! ¡Ropa le sobraba! ¡Todo el que venía a visitarla le traía algo de abrigo!” – “Ah…¿Y de comer, también le traían?” – ¡Ah, sí! ¡Comía ella y sobraba para diez más con todo lo que recibía!” – “Entonces…sólo el problema del dinero para pagar el residencial, verdad?” – “Sí pastor, solamente eso, pero…Todo un problema, se da cuenta? ¡De no haber sido por el Estado! ¿Es justo eso?”. El pastor lo miró un momento y le preguntó al hijo de la anciana: “Hijo…¿Tu madre diezmaba u ofrendaba?” – El hombre lo miró fijo y casi musitó: “¿Diezmar? ¡Ah, no! ¡Mi madre sostenía que tanto los diezmos como las ofrendas eran el gran negocio de los pastores! ¡Jamás le sacaron un peso!”. TODO lo que el hombre sembrare, ESO también segará.

Fíjese usted que en los tres primeros versos del capítulo 12 del libro del Génesis, Dios prometió bendecir a aquellos que bendicen a su pueblo, y maldecir a los que lo maldicen. El Señor se ha identificado tanto con su pueblo que, maldecidlo, es como maldecidlo a Él; rechazar a su pueblo, es rechazarlo a Él. El fin de Edom anticipa entonces el destino de todos los que atropellan al pueblo de Dios. El Señor esta determinado a permanecer fiel a su pueblo aún cuando éste le sea infiel o desobediente. De esto es que se habla cuando se habla de Remanente. No de un grupúsculo privilegiado o especial, sino de gente obediente y fiel que recibirá justicia simplemente porque Dios así lo ha prometido desde el principio.

(Abdías 16)= De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte, beberán continuamente todas las naciones, beberán y engullirán, y serán como si no hubieran sido.

(17) más en el monte de Sión habrá un remanente que se salve; y será santo, y la casa de Jacob, recuperará sus posesiones.

(18) La casa de Jacob será fuego, y la casa de José será llama, y la casa de Esaú estopa, y los quemarán y los consumirán; ni aún resto quedará de la casa de Esaú, porque Jehová lo ha dicho.

La contrapartida del juicio de Dios sobre sus enemigos, entonces, es la bendición de sus elegidos. El lugar de la profanación, el monte Sión, será de nuevo sacrificado. Todos los que escaparon a la destrucción inicial, El Remanente, se reunirán otra vez en la sagrada ciudad a fin de recuperar sus posesiones, le reclamarán lo que legalmente les pertenece por decreto de Dios. La santidad es una cualidad esencial para que este remanente sea considerado como pueblo de Dios y se cumplan las promesas del pacto. Su santidad los califica como instrumentos de Dios para castigar a Edom.

Fuego, llama y estopa, mientras tanto, aluden al juicio divino sobre los impíos. Le recuerdo que está hablando de impíos, es decir: no píos, no espirituales, que hay dentro del pueblo; no habla de los impíos del mundo secular. La casa de Jacob, por su parte, constituye una referencia al reino del sur, mientras que la casa de José, al reino del norte. Se contempla la restauración de ambos reinos. En el p’rimer verso, Abdías predice la constitución de una confederación de naciones que se levanta para destruir a Edom. Aquí el profeta atribuye su destrucción al pueblo de Dios. Sin duda, el golpe final será propinado por Israel a un Edom que es quebrantado por fuerzas externas. Hay tres escrituras muy diferentes que se refieren a estas instancias.

(Éxodo 15: 7)= Y con la grandeza de tu poder, has derribado a los que se levantaron contra ti. Enviaste tu ira; los consumió como a hojarasca.

Aquí cabe una conclusión lo suficientemente lógica como para que no tenga ni enmiendas ni discusiones: si es la grandeza del poder de Dios el que va a derribar a los que se levanten contra Él, será el mismo poder el que separará selectivamente a lo que Él mismo, sin participación de hombre, considerará su Remanente.

(Isaías 10: 17)= Y la luz de Israel será por fuego, y su santo por llama, que abrase y consuma en un día sus cardos y sus espinos.

Esto significa que, cuando se habla de “fuego consumidor”, no se está hablando de malignos, satanistas o brujos, habla de creyentes sinceros que, por allí, no alcanzaron a ver cuál era verdaderamente la voluntad de Dios para este tiempo y obedecerle.

(Mateo 3: 12)= Su aventador está en sus manos, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez