Echando Raíces

Si usted es un cristiano al cual le han enseñado que la Biblia es un libro que habla de historia hebrea y del nacimiento de la religión cristiana, es mejor que usted no lea nada de esto. No lo va a poder creer porque, intelectualmente, no lo va a poder entender. Eso, entonces, lo va a hacer sentir mal porque nos tomará por locos o por enfermos de misticismo, y hasta podrá llegar a agredirnos si tiene alguna posibilidad. Porque su formación teológica le dirá que estamos blasfemando o en herejía total. No me interesa. Para mí, la Biblia sigue siendo un compendio de relatos literales, ciertos e históricos, que encierran principios y tipologías espirituales que serán develadas y reveladas hoy para alimento y crecimiento del pueblo de Dios por la guía del Espíritu Santo.

Bajo esa óptica es que vamos a pasear por las escrituras con la finalidad que ellas nos muestren que, cuando hablamos de transición, cambio, reforma y remanente, no estamos divagando incoherencias supuestamente teológicas, ni destilando venenos egocéntricos en contra de las jerarquías establecidas en el nivel organizacional por parte de la iglesia estructural. Sino que, muy por el contrario, estamos refiriéndonos a un hecho concreto y visible, que está escrito a través de todos los tiempos y que hoy es revelado con la claridad y la fuerza de algo que a Dios le interesa vivamente que usted y yo no dejemos de conocer, aceptar y proclamar.

(2 Reyes 19: 1)= Cuando el rey Exequias lo oyó rasgó sus vestiduras y se cubrió de cilicio, y entró en la casa de Jehová.

(2) Y envió Eliaquím mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz, (3) para que le dijesen: así ha dicho Exequias: este es el día de angustia, de reprensión y de blasfemia; porque los hijos están a punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas.

(4) Quizás oirá Jehová tu Dios todas las palabras del Rabsaces, a quien el rey de los asirios su señor ha enviado para blasfemar al Dios viviente, y para vituperar con palabras, las cuales Jehová tu Dios ha oído; por tanto, eleva oración por el remanente que aún queda.

Si usted estudió la Biblia conforme a los rudimentos clásicos, conoce lo literal de esta historia perfectamente y no necesito comentarla. Si usted no cursó esos estudios, tengo que decirle que ni culturalmente ni por mera información histórica, vale la pena que yo pierda el tiempo explicándosela. Prefiero largamente dejar que el Espíritu Santo revele lo que su soberana voluntad ha decidido para este tiempo. Esto está ocurriendo hoy, aquí y ahora, donde quiera que fuese ese “aquí” y en el momento en que ese “ahora” se haga efectivo.

El rey Ezequías, en primer término, (Y su historia lo confirma), representa aquí a todos los que ansían limpiar el templo de Dios, que es el corazón del hombre, (No un edificio de mampostería), y restaurar la verdadera adoración a Dios, que por supuesto, va mucho más allá de una buena banda de música y las habilidades de porristas eclesiásticos que puedan mostrar algunos directores de alabanza incentivando emocionalmente a la gente a cantar, brincar y dar palmadas. A los que sin dudarlo, demistifican la religiosidad que supone que las plataformas y los púlpitos de nuestros templos son santos por sí mismos, al tiempo que derriban a todas las imágenes que la religión evangélica se ha preocupado en promocionar, en muchos casos, con una entidad tal que hace presuponer que ese hombre casi está en el mismo nivel que Dios mismo.

Gente que lleva una palabra que abre las puertas de la genuina iglesia del Señor a todos los que viven con hambre y sed de su nombre, alejando el criterio discriminador ambiente de que las congregaciones sólo recibirán a aquellos que non tengan ni hayan tenido conductas que puedan avergonzarlas ante sus pares de otras denominaciones. Hay algo que debemos tener muy en cuenta: la Iglesia está levantada para recibir, considerar, comprender, tratar y restaurar a pecadores de cualquier calibre y calaña, no para admitir solamente a buenas personas que jamás han hecho nada de lo cual tengan que arrepentirse, aunque por supuesto, las incluya.

El gran profeta Isaías ministró durante esos oscuros días en que Jerusalén estaba bajo sitio. También es posible que Miqueas escribiera su libro en aquella misma época. Lo que estamos viendo aquí, es que la reacción de Ezequías ante la invasión de Senaquerib, fue volverse de todo corazón al Señor. El rasgarse las vestimentas era una expresión de profundo dolor. El silicio era una tela que se fabricaba con pelo de cabra y constituía un símbolo de pesar. Porque ese es el sentir del remanente de Dios, hoy. De ese grupo no nominal que necesita de la oración de todo el pueblo: pesar y angustia, por causa de la reprensión y la blasfemia que pululan dentro de las congregaciones cristianas.

Porque dice que los hijos están a punto de nacer, y la que da luz, no tiene fuerzas. Es más que evidente que no habla de una mujer de carne y hueso que ha entrado en trabajo de parto, sino que está hablando de la Iglesia. La Iglesia que conocemos , a partir de la situación de raquitismo, debilidad y desnutrición es puntual que hoy por hoy evidencia, no tiene ni fuerza ni presencia, ni palabra como para producir partos, alumbramientos, que no son otra cosa que conversiones de nuevos hijos. Nadie encuentra a Jesucristo el Señor y le entrega a Él su vida sólo por visitar un lindo templo, escuchar un lindo mensaje o cantar a coro con los demás una linda canción con una no menos linda banda de música. Pensarlo así, es pensar que nuestro Dios es infradotado y fácil de engañar. Olvidan que Él mismo ha dicho que no puede ser burlado.

Y Dios, añade aquí, va a estar oyendo las palabras de blasfemia que los oficiales jerárquicos del rey van a prodigarle ofendiéndole. Palabras que curiosamente sonarán muy religiosas, pero que desconocerán o minimizarán el poder y la presencia del Espíritu Santo de Dios, reemplazándolas con recetas humanistas, filosóficas, científicas o psicológicas, que pese a no ser malas ni pecaminosas en sí mismas, de ninguna manera pueden anteponerse a Dios, ya que ellos como quiera y donde quiera que se haga, representa idolatría. Y concluye puntualizando que por todas estas cosas, debemos elevar nuestra oración por el remanente que aún queda, que es ese grupo de hombres y mujeres que no han doblado sus rodillas ante el Baal de la religión organizada, ritualista y tradicional. Sino por el contrario, son gente que ha salido por todo el mundo a predicar un evangelio puro y sin contaminaciones doctrinales o denominacionales, en franca confrontación con una estructura que fue creada parea adorar y servir mejor a ese Dios que hoy ha sido desplazado detrás de esa estructura. Por eso, más adelante nos encontramos con esto:

(2 Reyes 19: 29)= Y esto te daré por señal, oh Ezequías: este año comeréis lo que nacerá de suyo, y el segundo año lo que nacerá de suyo, y el tercer año sembraréis, y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis el fruto de ellas.

(30) Y lo que hubiere escapado, lo que hubiere quedado de la casa de Judá volverá a echar raíces abajo, y llevará fruto arriba.

(31) Porque saldrá de Jerusalén remanente, y del monte de Sión los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

¿Cómo es esto de la señal que Isaías le preanuncia a Ezequías? Le dice que ese año comerá lo que nazca de suyo, es decir: lo que crezca por sí solo. Y que el segundo año lo que nazca de suyo, que tiene que ver con lo que allí brote. Y recién en el tercer año habrán de sembrar y cosechar. ¿Y qué sembrarán? Viña. Viña es pueblo global, completo, masivo y entero. Su fruto es la uva, la cual da origen al vino que es el símbolo de la sangre de la redención y de la revelación de las verdades. Delinea la esencia de la Iglesia cuando le dice que echarán raíces abajo, porque así crecen los hijos de Dios, como árboles plantados junto a corrientes de agua: hacia abajo. El creyente nunca crece para deleite visual, sino para fortaleza invisible; raíces. Y estos darán, obviamente, un árbol bueno que producirá fruto bueno.

Y de la Jerusalén celestial saldrá un remanente que dará cumplimiento a esta palabra. Será un grupo, – no sé qué cantidad ni porcentaje -, que sobrevivirá espiritualmente a esta época de sequía, reprensión, idolatría y blasfemia en la que la iglesia estructural parecería haberse introducido, y termina diciendo claramente que a todo esto lo hará el celo de Dios y su cuidado protector para con sus hijos genuinos. ¿A través de quién o de quienes lo hará? No lo sé. Dios siempre es quien levanta a sus siervos, coincida o no coincida con aquellos que a los hombres que dicen representarlo les ha placido levantar u ordenar. La celebración de la Pascua en tiempos de Exequias, confirma de alguna manera todo esto. Lo leemos según la versión NVI.

   (2 Crónicas 30: 1)= Exequias escribió cartas a todo Israel y Judá incluyendo a las tribus de Efraín y Manasés, y se las envió, para que acudieron al templo del Señor en Jerusalén a celebrar la Pascua del Señor, Dios de Israel, (Le recuerdo que Pascua es: Salida de Esclavitud) (2) El rey, los jefes y toda la asamblea habían decidido celebrar la Pascua en el mes segundo, (3) no pudieron hacerlo en la fecha correspondiente porque muchos de los sacerdotes aún no se habían “purificado” y el pueblo no se había reunido en Jerusalén. (La purificación, que es la santidad, es requisito indispensable para salir de cualquier tipo de esclavitud) (4) Como la propuesta les agradó al rey y a la asamblea, (La versión clásica de Reina Valera, aquí, dice “Multitud” en lugar de “asamblea” y es importante la diferencia, porque usted sabe que asamblea es ECKLESIA, Iglesia, que no es un término religioso sino político) (5) Acordaron pregonar por todo Israel, desde Dan hasta Berseba, que todos debían acudir a Jerusalén para celebrar la Pascua del Señor, Dios de Israel, pues muchos no se celebraban como está preescrito. (Le está diciendo que hay gente que hace como que sale de la esclavitud, pero que indudablemente sigue inmersa en ella. ¿Esclavitud de pecado? ¡No siempre! ¡Hay otras!)

(6) Los mensajeros salieron por todo Israel y Judá (Que es como decir que los predicadores salieron por toda la iglesia global) con las cartas del rey y sus oficiales, y de acuerdo con la orden del rey iban proclamando: israelitas, (¡Hermanos!) vuélvanse al Señor, dios de Abraham, de Isaac y de Israel para que él se vuelva al remanente de ustedes, que escapó del poder de los reyes de Asiria. (No habla de los reyes de Egipto, que es el mundo secular e incrédulo que está en el exterior; habla de Asiria, que es el poder secular y su esclavitud infiltrada dentro de la iglesia) (7) No sean como sus antepasados (Papá y mamá, que empezaron con esta iglesia) ni como sus hermanos, (Los antiguos) que se rebelaron contra el Señor (Dándole lugar a enseñanzas de hombre por sobre la palabra genuina) Dios de sus antepasados. Por eso el los convirtió en objeto de burla (El mundo moderno se burla abiertamente de la iglesia nominal y clásica que se desgañita predicando una moral que no termina de mostrar en su interior) como ahora lo pueden ver. (8) No sean tercos, como sus antepasados. Sométanse al Señor y entren en su santuario. (Que no es un templo sino Su Presencia) que el consagró para siempre. Sirvan al Señor su Dios, para que él retire su ardiente ira.

(9) Si se vuelven al Señor, (Esto quiere decir que hay una parte de la iglesia que anda en cualquier cosa o actividad que no siempre tiene que ver con el Señor) sus hermanos y sus hijos serán tratados con benevolencia por aquellos que los tienen cautivos (¿Quién podría tener cautivos a hijos o hermanos de cristianos, hoy? Sin duda: una fracción dudosa de lo que se denomina “iglesia”.) y podrán regresar a esta tierra. (¿Qué tierra? La prometida, antes y ahora; la que fluye leche y miel sin necesitar de la ciencia humana para extraerlas. Y termina con una p0romesa y una sentencia: El señor su Dios es compasivo y misericordioso. Si ustedes se vuelven a él, jamás los abandonará.

La promesa de este texto es impresionante y muy importante. Porque puntualiza que más allá de nuestros errores o debilidades es más que suficiente volverse a Dios y creer genuinamente en Él para que Él no nos abandone jamás. Y jamás, es nunca; y nunca es un término eterno. ¿Por qué haría esto, Dios? Por su persona, por su esencia. Mire lo que dice Esdras.

(Esdras 9: 7)= Desde los días de nuestros padres hasta este día hemos vivido en gran pecado; (¿Cuál será, para Dios, “un gran pecado”? No piense en ninguna otra cosa más: INCREDULIDAD.) y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados en manos de los reyes de las tierras, (¿le cabe alguna duda que esto hoy es así?) a espada, a cautiverio, a robo y a vergüenza que cubre nuestro rostro, como hoy día.

(8) Y ahora por un breve momento ha habido misericordia de parte de Jehová nuestro Dios, para hacer que nos quedase un remanente libre, y para darnos un lugar seguro en su santuario, a fin de alumbrar nuestro Dios nuestros ojos y darnos un poco de vida en nuestra servidumbre.

Esto significa que en los tiempos en que una iglesia estructural, nominal y ritualista, ha cedido a las presiones terrenales, contaminando su santidad con los rudimentos del mundo, entre ellos la vana palabrería, Dios por su inmensa misericordia, va a permitir que quede un remanente, que será y se sentirá libre, para asombro, escándalo y enojo del ambiente religioso, para cimentar un grado de seguridad que el nominalismo de ninguna manera ha sido capaz de entregar, a proporcionar luz a los que andan a oscuras, que no es otra cosa que revelación que lleva inexorablemente a la vida abundante prometida. Una vida abundante muy escasa en nuestras congregaciones a partir que todavía tiene  voz y palabra, prioritariamente, en ellas, gente que no forma parte de ese remanente. De esto, precisamente, habla el propio Esdras más adelante.

(Verso 13)= Más después de todo lo que nos ha sobrevenido a causa de nuestras malas obras, y a causa de nuestro gran pecado, (Reitero: La Incredulidad) ya que tú, Dios nuestro, no nos has castigado de acuerdo con nuestras iniquidades, y nos diste un remanente como este, (14) ¿Hemos de volver a infringir tus mandamientos, y a emparentar con pueblos que cometen estas abominaciones? ¿No te indignarías contra nosotros hasta consumirnos, sin que quedara remanente ni quien escape?

(15) Oh Jehová Dios de Israel, tú eres justo, puesto que hemos quedado un remanente que ha escapado, como en este día. Henos aquí delante de ti en nuestros delitos; porque no es posible estar en tu presencia a causa de esto.

Todos estos textos nos muestran en su tipología, y más allá de las moralejas circunstanciales que alguien quiera sacar de sus relatos literales, que hay un tiempo y un estado de la iglesia que sirve como indicador para la aparición y ministerio público del remanente.

En el primer texto que vimos, encontramos y dijimos, que es un tiempo caracterizado por la angustia, la reprensión y la blasfemia. La angustia, es un sentir emocional producido, esencialmente, por factores íntimos: depresión. Decepción, frustración, impotencia e indignación. Depresión porque la realidad de la iglesia contemporánea parece inamovible e inconmovible, como que nunca jamás va a cambiar y nunca jamás va a recuperar el reino usurpado. Decepción porque toda la esperanza puesta en aquellos hombres que tanta repercusión ha recibido en nuestros ambientes, es defraudada cuando nos entramos de ciertas cosas que tienen que ver con sus vidas privadas.

Frustración, para que luego de militar en doscientas comisiones, o áreas de servicio de una iglesia, descubrimos que lo nuestro ha sido sólo puro activismo humano y sin consistencia alguna en el mundo del espíritu. Impotencia, que es la imposibilidad, desde el lugar en el que estamos, de poder cambiar algo y erradicar para siempre un profesionalismo ministerial ambiente que cada día se asemeja más a lo que la Biblia llama concretamente: “Asalariados”. E Indignación. Todos los cristianos sabemos muy bien que ni la ira, ni el enojo, ni cualquier otra reacción intempestuosa, aún en contra de lo que está decididamente mal, puede ser positiva. Sin embargo, el celo santo ha determinado que sea mucha la gente que hoy trata estas cosas desde una controvertida posición de indignación. Este texto nos dice: 1) Que la salida a todo este estado, es La Oración por ese Remanente que aún queda.

El segundo texto nos habla muy claramente que, en medio de un cisma interno, en el que mucha gente seguirá trabajando en las actividades tradicionales y rutinarias, habrá un grupo, que de principio probablemente será muy mal mirado, que sin causar divisionismo, ya que no propulsará ningún movimiento nuevo, comenzará a propalar Palabra verdadera, genuina y fresca, haciendo tambalear con sólo el poder de esa Palabra, a toda una estructura oficial basada en poderíos económicos o políticos de hombres que en el final, estarán olvidando al Dios en el nombre del cual dicen hablar.

Y dice que ese remanente que hubiera escapado de la esclavitud de la religión organizada y de toda falsa politiquería institucional, volverá a echar raíces abajo y llevará fruto arriba. Esa es la cualidad que al mismo tiempo es calidad, de un remanente salido de la Jerusalén celestial. Raíces profundas, totalmente apartadas de toda superficialidad pasatista y frutos concretos, en los que sobresalen el amor, la misericordia, la integridad, la rectitud y el carácter de Cristo. El Remanente tiene raíces sólidas.

En el tercer texto nos encontramos con que el ministerio sacerdotal no puede ser cumplimentado de la manera debida, por causa de la falta de santidad de los ministros. ¿Y qué es santidad en el ministerio? Es dedicación, entrega, consagración y un poner al Señor en absoluta prioridad en todo, por encima de nuestros intereses sectoriales o personales. Ante esta alternativa, los correos del rey, que son los actuales mensajeros anónimos y desconocidos, salen a hacer el anuncio que Dios, el rey, les ha dado: “¡Eh! ¡Ustedes que no encuentran lugar en las organizaciones humanas llamadas falsamente iglesia! ¡Busquen a Dios mismo y Él se volverá a ustedes, les ministrará y les llevará por los campos verdes plenos de hierba fresca! Dios atenderá personalmente a su Remanente.

Y, finalmente, en el último texto, se nos dice que la misericordia de Dios la que fundamentalmente origina la posibilidad de un remanente, que no sufrirá ataque más allá de una proverbial marginación humana, nominal, ya que Dios lo mantendrá seguro. Dios siempre protege a su ungido. Agrega, también, que habiendo podido castigarnos duramente por nuestras iniquidades, nuestro Señor determinó apartar a los que no doblaron sus rodillas ante el Baal de la religiosidad y posibilitarles una vía de escape. Dios conforma su Remanente a partir de la Obediencia.

¿Qué nos queda? Nos queda algo muy antiguo, algo que está escrito desde el principio, algo que no ha pasado de moda como algunos nos quieren hacer creer. Algo que es básico en la vida de los cristianos aunque cierto sector de la llamada iglesia muy afectos al modernismo secular, prefieran otorgarle mayor validez a otras ciencias alternativas. Lo que nos queda es la Oración. La oración del justo es el sustento básico de un Remanente que, por haber sido separado por Dios mismo, es justo. No importa lo que exprese el nominalismo; no siempre quienes tienen gran incidencia en las organizaciones, la tienen en el mundo del Espíritu. Y si somos imagen y semejanza de Dios, somos Espíritu, no carne.

Un Remanente no es un grupo de élite, de formación especial o de privilegios singulares. Muy por el contrario, tiene raíces muy sólidas y frutos muy claros. Esa es su garantía. Eso lo margina de toda consideración, evaluación o censura humana. Dios está allí y se nota. Sin orgullos, sin exageraciones, sin misticismos ni aspavientos. Simplemente con la Palabra fiel, genuina y revelada. Como debe ser. Como siempre hubiese sido si el hombre no hubiera cedido a la tentación satánica de buscar su propia importancia.

Y más allá de las marginaciones sociales de lo que suele llamarse iglesia, el Remanente no deberá preocuparse de su alimentación y crecimiento. Cuando los hombres no entreguen nada sólido porque se hayan apartado del plan de Dios, éste mismo personalmente, habrá de ministrarlos. Si puede y lo dejan, a través de los ministros genuinos que siguen en obediencia total. Y si no pudiera, de cualquier manera que se le antoje, ya que para eso es auténticamente soberano.

Y, finalmente, a quienes crean que un Remanente es el producto de la asociación de determinados grupos disconformes con los mensajitos o musiquitas de los templos, se equivocan de medio a medio. El Remanente, además de bíblico, es de Dios, proviene de Él emana de Él y por Él mismo es conformado primero, levantado más tarde y sustentado definitivamente.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez