Me gustaría preguntarle en el inicio de este estudio, algo que seguramente volveré a preguntar: ¿Usted se siente una persona libre? Claro; primero quizás deberíamos cambiar algunas ideas con relación a qué interpretamos usted y yo como Libertad. Es una palabra tan amplia, tan utilizada por la poesía y la literatura en general, que no sería extraño que no signifique una cosa similar para todos en conjunto.
Por ejemplo: sabemos, y tal vez podamos haberlo expresado en cientos de ocasiones, que lo opuesto a la Libertad, es la esclavitud. Ese es el sentido global del término y así lo entendemos. Sin embargo, el interno de una unidad carcelaria, de una penitenciaría, de una prisión, no se puede considerar un esclavo. No obstante, ha perdido la libertad. En todo caso, lo que sí está es controlado. De esto quiero hablar. A esto quiero referirme. No a los prisioneros que tras las rejas experimentan la sensación y la certeza directa de la pérdida de la libertad, sino de los otros; de todos los que sintiéndose libres y hasta declarándolo, sin embargo, están controlados por algo o por alguien, hasta el punto de no ser dueños de sus actos.
(Levítico 25: 10)= Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia.
Este capítulo de Levítico, en su totalidad, habla del jubileo, un período que se daba cada cincuenta años y donde el fundamento esencial era, precisamente, la libertad. En este verso, la palabra LIBERTAD, es la palabra DEROR, y significa: Libertad, Liberación, Autonomía, Ser puesto en Libertad. DEROR es, también, la palabra hebrea para “Golondrina”, un ave sumamente hábil para el vuelo y con total autonomía como para decidir hacia donde ir en cada época, sin sujetarse a norma de supervivencia alguna. DEROR, era un término que se aplicaba a la liberación de los esclavos y, según la costumbre judía, a la propiedad cada cincuenta años. Jesús cita el texto de Isaías 61:1 en su primer sermón, donde afirma que la unción mesiánica y la comisión divina lo habilita para “proclamar libertad a los cautivos”, en tanto que el verso 2 declara que Él viene “A predicar el año agradable del Señor”.
Estas dos últimas expresiones, dan por sobreentendido que la vida cristiana es, antes que ninguna otra cosa, cien por cien libertad. Una libertad sobria, madura, correcta, que es como se puede entender una libertad que en modo alguno es libertinaje. Ya lo dice el salmista.
(Salmo 119: 44)= Guardaré tu ley siempre, para siempre y eternamente. Y andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos.
Es muy interesante poder comprobar, en este caso, que la sensación y certeza de libertad, se produce a partir de dos hechos concretos. Guardar la Palabra de Dios pura, sin contaminaciones y buscar la obediencia a su voluntad. Unico modo de ser y sentirse libres. Vamos a ver: ¿En cuántas ocasiones da cuenta la Biblia de una participación activa de Jesús en un servicio religioso de una sinagoga? En una. Cuando es invitado a leer el rollo. ¿Recuerda precisamente lo que lee?
(Lucas 4: 17)= Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: (18) El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos, (19) a predicar el año agradable del Señor.
(20) Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.
(21) Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta escritura delante de vosotros.
Que no le quepan dudas. No es casualidad que, en el único momento en que Jesús es mostrado por la Escritura como parte integrante y activa, como miembro pleno con facultades y derechos de la iglesia de su tiempo, Él lee, precisamente, lo que desde la óptica central del evangelio, es un verdadero canto a la libertad. Y no sólo eso, sino que incluso le añade, para escándalo de toda la membresía, que allí mismo delante de sus narices, esa palabra se había cumplido. ¿Dijeron amén? No. Casi lo sacaron a puntapiés. Es así. La libertad en Cristo aún no es una palabra revelada y entendida en toda la iglesia.
(Romanos 8: 18)= Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.
(19) Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.
(20) Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; (21) porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Esto siempre se ha interpretado con relación a la segunda venida del Señor, ya que es a eso que se le llama “La manifestación de los hijos de Dios”. Nadie va a discutirlo, pero el Espíritu Santo en su infinita sabiduría, poder y revelación, se ha permitido mostrarnos algo más: esa manifestación, también va a evidenciarse antes, del modo en que a Él le plazca y le parezca, y habrá de servir para que el mundo –pues de eso se habla-, pueda ver la maravilla que significa vivir en total y auténtica libertad, sin esclavitudes, controles o manipulaciones humanas. Toda congregación que pueda mostrar que en su seno las cosas son así, manifestará a Dios y será espejo en el cual el mundo incrédulo podrá mirarse. Es aquí, entonces, donde podremos preguntarnos a nosotros mismos con sobriedad: ¿Por qué no siempre esto es así? Quizás tenga que ver con lo que Pablo, en el marco de otro asunto, escribe:
(1 Corintios 10: 29)= La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues, ¿Por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro?
Creo que esta es la clave de muchos de nuestros inconvenientes. Porque, al decir argentino, “borra con el codo lo que se ha escrito con la mano”. “¡Ahora tú eres libre en Cristo Jesús y sólo dependes de lo que Él te diga!”, le decimos al recién convertido. Pero luego, él recibe dirección de Dios para orar por algo específico y el liderazgo, como todavía es “nuevo”, decide que no, que tiene que ir al coro. ¿Por qué se habrá juzgado la libertad de alguien conforme a la conciencia de otro? Está de más decirlo; estoy total y absolutamente de acuerdo en que libertad no es de ningún modo libertinaje, anarquía o licencia para la desobediencia. Pero también digo que libertad es, definitivamente, eso: Libertad. Y cada uno sabe muy bien de lo que estoy hablando. La duda, entonces, es: ¿Y cómo podemos saberlo?
(2 Corintios 3: 17)= Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
Así como he dicho que el verso anterior era la clave de nuestros problemas, así también le diré ahora que este verso es la única salida viable y posible para esos problemas. Cuando Moisés dejaba al pueblo para estar en la presencia de Dios, se quitaba el velo. Hoy, bajo el Nuevo Pacto, volverse al Señor es sincerarse con el Espíritu, quien da libertad de llegar sin velo a la presencia del Señor en Cristo Jesús.
Sin embargo, es la segunda parte de este verso la que deja en clara evidencia una parte de los mayores problemas que hoy por hoy afectan las distintas congregaciones. Sabemos muy bien que así como hay grupos creyentes que por lo menos intentan caminar en y por el Espíritu, así también hay otros en los que todo se hace intelectualmente, de una manera previsible, humana, carnal y con manejos de índole política o autoritaria, conforme a los rudimentos del mundo.
No será de extrañarnos, entonces, que en aquellas congregaciones en las que el Espíritu de Dios no es recibido, ni mucho menos dejado operar con libertad el sentido de la autoridad pastoral o de cualquier otra forma de liderazgo se cumplimenta a partir de la dominación. Con el argumento de la sujeción debida, (Cosa que es más que discutible si se la implementa sólo de arriba hacia abajo), se cercenarán las libertades hasta un grado casi incomprensible de dependencia humana. Existen grupos en que un hermano o una hermana no pueden ni deben enamorarse, ponerse de novios, comprarse un vehículo o una vivienda si no cuenta con el visto bueno de su líder. Si alguien encuentra un fundamento bíblico claro respecto a esto, por favor, que me lo haga llegar urgente. Donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad. Y si tiene dudas, mire esto que ya sucedía en tiempos de Pablo.
(Gálatas 2: 1)= Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito.
(2) Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles.
(3) Mas ni aún Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; (4) y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, (5) a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros.
Aquí hay algo sumamente llamativo, singular y clave para entender algunas conductas contemporáneas. Dice que aquellos que se introducían en la iglesia a escondidas, eran falsos hermanos. ¿Qué significa introducirse en una congregación a escondidas? No se vaya a creer que puede tratarse de gente que se suma a nuestras iglesias sin que nadie lo perciba ni se de cuenta. ¡Hasta el hermanito más tímido, a la hora de saludar, se da cuenta que hay rostros nuevos! ¡Y hasta el hermanito menos curioso querrá saber, mínimamente, de dónde han venido y cómo se llaman! Esto, indudablemente, más bien tiene relación con hombres o mujeres que, desde un principio, se muestran confiables y aptos, incluso hasta de servir de excelentes referentes delante de los demás. Pueden provenir, incluso, hasta de familias tradicionalmente cristianas, las que todos sabemos, suelen tener gran influencia en las congregaciones y, por sobre todo, implícitas prioridades a la hora de ocupar posiciones o cargos importantes y hasta ciertos liderazgos activos.
¿En qué estoy fundamentando esto que no parecería ser más que una simple hipótesis? Pues en algo muy claro y muy simple. Dice que son gente que entran primero a espiar a los que ya están allí y se sienten en libertad para luego, intentar reducirlos a algún grado de esclavitud. Yo desearía que me dijera usted de qué modo esto podría llevarse a cabo, si no fuera desde alguna posición de mando, de gobierno, de liderazgo. Por eso Pablo, en el final de esta carta, lo vuelve a destacar con bastante nitidez.
(Gálatas 5: 1)= Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
Pablo, taxativamente, les dice a los Gálatas que cuiden la libertad cristiana a la cual han accedido luego de salir de la esclavitud del mundo. Es como decirles que anden en la libertad que Cristo compró para ellos sin someter sus almas a reglamentaciones legalistas, más allá de lo serias y sobrias que puedan ser o parecer.
Aunque parezca inconcebible, hoy todavía estamos discutiendo sobre lo mismo. Las campañas evangelísticas interdenominacionales traen a mucha gente a las congregaciones. Entonces llegan allí, todavía bajo el tremendo shock de la conversión, el arrepentimiento de pecados con su inmediato y consecuente perdón y con la salida de la esclavitud del pecado, hacia la libertad en Cristo y, ni bien se suman y se registran como miembros permanentes, son impuestos con respecto a las normas, las costumbres y las tradiciones bien vistas de cada lugar, señalándoseles que deben obedecerlas y acatarlas a partir de la sujeción y todo lo demás que seguramente usted conoce en mayor o menor medida. ¿Libertad?
(Santiago 1: 23)= Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.
(24) Porque él se considera a sí mismo,. Y se va, y luego olvida cómo era.
(25) Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace.
A esto descripto aquí, lo conoce cada creyente. No existe nadie que, llamándose cristiano, pueda argumentar desconocer que la Palabra es para ponerla por obra y no solamente para armar buenos sermones. Sin embargo, esto no impide que todavía produzca errores, equivocaciones, fallas. Aquel que meramente escucha la palabra, lo más normal es que muy rápidamente la olvide. ¿No cree usted que luego de asistir por espacio de veinte años a una congregación, al menos una o dos veces por semana, el mensaje predicado no habrá producido un cambio genuino en un hombre o una mujer, si estos no hubieran sido solamente oidores de la Palabra?
Desgraciadamente para la validez de la iglesia en la sociedad, estos han sido mayoría y se han perdido la bendición de la promesa. Dice aquí la Biblia que aquellos que actúan según la palabra serán bienaventurados en lo que hagan. Pero dice luego algo muy valioso que, de alguna manera, destroza toda posibilidad de legalismos irracionales. Dice que la perfecta ley, (Esto es: la palabra de Dios) es la de la libertad. No nos somete a las ataduras del legalismo, sino que nos libera para que guardemos sus preceptos por compulsión interna. No es el único lugar en que Santiago lo puntualiza a esto.
(Santiago 2: 11)= Porque el que dijo: no cometerás adulterio, también ha dicho: no matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley.
(12) Así hablad, y haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad.
(13) Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.
Santiago enseña, aquí, que cometer un pecado, tal como matar o cometer adulterio, es hacerse culpable de todos los demás pecados incluidos en la ley. El ve a la ley como expresión de la voluntad de Dios, que es un todo indivisible, por lo que violar cualquier aspecto de la ley equivale a violar toda la ley. Menospreciar la voluntad de Dios, tal cual esta se revela en la ley no representa sólo romper con una determinada regla, sino rebelarse con el mismo Dios. Bien; a todo esto, Santiago haciendo coherencia con lo dicho en 1:25, lo llama: “La ley de la libertad”.
Aquí quiero establecer un paréntesis porque entiendo que es necesario para aclarar un punto que, a esta altura de nuestro estudio, alguien va a poner sobre la palestra con toda seguridad. Una de las excusas más frecuentes, sino LA excusa por excelencia, por parte de muchos líderes, a la hora de algún reclamo sobre mayor libertad, es la de la supuesta falta de sobriedad por parte de los hermanos para conducir y conducirse en el marco de esta libertad.
Entonces concluyen: “Si no ejercemos cierto control sobre la gente, la gente se desbanda. Se cree que la libertad es un permiso permanente para hacer cualquier cosa y, en poco tiempo, todo se desmorona y se viene abajo. Tenemos, -siguen señalando- que ser rígidos en muchas de estas cosas!” Bueno; eso, no sólo es un error, es una excusa ideal para ejercer un autoritarismo que les cae mucho mejor que la libertad y en el que se mueven con mayor comodidad. Quien verdaderamente no tiene noción ni conciencia de libertad y por consecuencia la transforma en un “vale todo”, directa y sencillamente relacionado con el pecado, es indudable que no ha conocido ni conoce a Cristo, aunque insista en autotitularse como “cristiano”. Entonces, allí más que un control rígido y una serie de normas a respetar, lo que se necesita es presencia de Dios a partir de su Espíritu Santo, su unción y manifestación tomando como base, entre otras cosas, a la Palabra. Pedro lo rescata muy bien en una de sus cartas.
(1 Pedro 2: 15)= Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; (16) como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.
Esto le está diciendo a usted que la excusa para operar bajo la influencia de espíritus de control es valedera. Hay, efectivamente, personas que dicen amar la libertad pero en realidad la buscan como pretexto para pecar sin culpas. Pero en la vida de fe si no hacemos funcionar de manera preponderante nuestro discernimiento para saber quién es quién, inevitablemente caeremos en los rudimentos del mundo. Y en este tema es muy difícil resistir a la tentación de ejercer un control estricto sobre la generalidad, ya que ello es, también, la excusa más firme para obtener el poder total sobre un grupo de personas. De esto habla Pedro en su segunda carta.
(2 Pedro 2: 18)= Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error.
(19) Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció.
Para el ejercicio de cualquiera de los cinco ministerios del Señor, es clave y básico tener en cuenta un aspecto en el cual se puede caer muy fácilmente ya que significa una verdadera tentación para con nuestra naturaleza humana: el epicentro de todo esto es hacer discípulos para Cristo, de ninguna manera permitir y permitirnos hacer discípulos para nosotros mismos. Lo primero será el reflejo de la autoridad divina que proviene de la autoridad suprema, en tanto que lo segundo es fruto de la manipulación humana de las emociones y los afectos humanos. El fundamento de nuestra libertad en Cristo, entonces, está muy claro y explícito en 1 Corintios.
(1 Corintios 7: 21)= ¿Fuiste llamado siendo esclavo? (Esto significa: ¿Apareció el Señor en tu vida cuando estabas en el pecado total?) no te de cuidado; (Es decir: no te condenes más, no oigas mentiras del Acusador) pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más.
(22) Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo.
(23) Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres.
La conexión entre la esfera secular y la espiritual es evidente en este pasaje. A la luz de nuestro llamado y destino eternos las distinciones políticas y sociales de la vida terrenal no son lo más importante. Lo que importa es la obediencia a la voluntad de Dios. Aún una situación trágica desde el punto de vista social como es la esclavitud, no dicta los términos de la vida en Cristo. Lo fundamental para un creyente es permanecer constante e intacto en un mundo cambiante no redimido.
Dentro de la sociedad y por muchas razones, un creyente puede tener que enfrentarse con la disyuntiva de tener que dejar de lado sus convicciones para seguir en supuesta lealtad hacia un hombre. No es novedoso, ocurrió desde Jesús hacia aquí. Cada hijo de Dios sabe lo que tiene que hacer, le cueste lo que le cueste. Mucho más complicado resulta la misma alternativa cuando se produce dentro del seno de lo que llamamos: La Iglesia.