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El Espíritu Santo es prometido a todos los creyentes, a los que lo pidan, y que obedezcan a Dios. Es un don que se recibe por la fe. Antes de Pentecostés, los discípulos tuvieron que esperar el descenso del Espíritu, lo que ahora ya no es necesario. Los samaritanos, que eran medio paganos, tuvieron necesidad de la intervención especial de los apóstoles para recibir el Espíritu, sin embargo, Cornelio y sus amigos (Que estaban en nuestra misma situación como procedentes de la gentilidad), recibieron al Espíritu Santo por la sola fe, al oír lo que Pedro decía, sin la previa imposición de manos ni un anterior bautismo con agua. Aprende. Los doce discípulos de Éfeso eran solamente discípulos de Juan, no de Jesús, una vez aceptaron al Salvador, recibieron el Espíritu. Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. (Romanos 8: 9) Todo el que tenga en claro este punto de capital importancia no carecerá de testimonio interior del Espíritu. Me pregunto a donde nos expulsarían si nos pusiéramos a enseñar eso en iglesias más conservadoras u ortodoxas, que quien no tiene al Espíritu de Cristo no es de él…

El Espíritu mora en el corazón del creyente. Su deseo es el de comunicarnos la vida y el poder del Señor. Podemos contristar al Espíritu Santo al resistirle, o al entregarnos al pecado. El Espíritu, que mora en nosotros eternamente, no nos abandona, pero deja de manifestar su poder, y nos comunica su tristeza y nos convence de pecado. ¿Y qué es lo que se supone que debemos hacer si eso sucede? Simple: confesar nuestros pecados, creyendo fielmente que la sangre de Cristo nos limpia totalmente. Y luego volver a buscar la plenitud del Espíritu ordenada por la Palabra. Escucha: esta debería ser la experiencia normal de todos los creyentes, como lo fue en los primeros: puntales de la iglesia, diáconos, recién convertidos. Esta plenitud se obtiene mediante la fe, al “beber” el agua viva del Espíritu. No se trata de la experiencia de un simple y solo instante, sino que tiene que ser renovada cada día, ante cada necesidad, hasta que llegue el momento de nuestra transformación completa a imagen de Dios en su presencia.

Muchos creyentes, al abandonar su primer amor, han perdido especialmente y precisamente esta plenitud que hacía rebosar su corazón en el momento de su conversión. ¿Recuerdas ese momento en tu vida, ¿Verdad? Para volver a hallarla, debes arrepentirte de tu desvío, recibiendo el perdón que Dios te ofrece y volver a beber de la fuente inagotable de la Gracia, al andar no según la carne, sino según el Espíritu para gloria de Dios. Ahora bien; habiendo venido a ser reyes y sacerdotes con Cristo, los creyentes han recibido, todos ellos, la unción del Espíritu. Jamás te creas la mentira religiosa de que sólo es para ciertos privilegiados ministros, dice que es para todos. Un don del Espíritu, también llamado don espiritual, es la calificación natural acordada a cada creyente, con vistas al servicio que cada uno tiene que llevar a cabo en el seno del cuerpo de Cristo. En sus trabajos, Pablo enumera una cierta cantidad de estos dones.

Él menciona a: Sabiduría, Conocimiento, Fe, Sanidad, Milagros, Profecía, Discernimiento de los espíritus, Lenguas, Interpretación de lenguas, don de ser apóstol, de enseñanza, de ayuda, de gobierno, de evangelista, de pastor y de ejercer liberalidad. No son todos, son los que Pablo enumera. Nadie dice que esta numeración sea completa o exhaustiva. Sea cual sea la tarea, Dios dará la capacidad necesaria. ¿Quién escoge el don que nosotros hemos de recibir? Dios mismo, como Él quiere. Él da a cada uno un don diferente. Así que es un error decir, – Por ejemplo -, que todos deberían hablar en lenguas como señal de su bautismo en el Espíritu. Esta es una doctrina sostenida por sectores pentecostales sumamente cerrados que ha posibilitado algunas injusticias y hasta asesinatos espirituales con hermanos fieles que se han visto relegados, marginados y discriminados por esa causa. Y los que no han sido apartados por carecer de este don tan singular, viven una comedia permanente, simulando orar en lenguas y sentir todas esas experiencias que han visto en otros, con la finalidad de seguir perteneciendo a estas congregaciones.

Al igual que Pablo, no estoy escribiendo y enseñando esto desde la posición de alguien que no tiene don de lenguas. Yo lo tengo, gracias a Dios, y sé que es muy útil y de alto poder a la hora de necesitar ponerlo en práctica, pero la verdad es la verdad y no podemos juzgar a nadie sobre bases falsas. La verdad es que cada uno de estos dones numerados por Pablo tienen origen sobrenatural. No se trata únicamente de los milagros, las sanidades y las lenguas. Dios también es soberano en cuanto a la época en la que otorga ciertos dones. Él los otorgó en profusión en la época en que se tenía que acreditar el Evangelio y el Nuevo Pacto, con señales externas jamás renovadas o repetidas. Naturalmente, en la actualidad Dios puede manifestar su poder según su voluntad, de hecho, la mayor parte de los dones no han dejado nunca de ser dados. En cambio, si bien Dios sana en la actualidad a ciertos enfermos mediante sus ministros, o de manera directa, no da a nadie que se conozca el poder de sanar a todos, lo cual sí era la característica del don de Cristo y de sus apóstoles.

La iglesia en Corinto había recibido todos los dones, y la Primera Carta a los Corintios, es la única en que se mencionan estos carismas. Todo ello no impidió que los corintios fueran carnales y que tendieran a las contiendas y a la división. Así es que, lo esencial, es estar totalmente sometido al Señor y a la totalidad de su palabra, discernir el don otorgado a cada uno, y dejarse utilizar para el bien de toda la iglesia. Se evocan diversas actividades del Espíritu mediante los símbolos que le representan: El soplo o viento, (Ese es el significado de la palabra “espíritu”, VIENTO), La Paloma, El aceite, El Fuego, El Agua Viva, El Sello, La Prenda y Las Arras, Ser El Consolador, que es el término griego parakleto. También enseña y conduce en la verdad al creyente y a la iglesia, dando testimonio claro y conciso de Jesucristo. Inspiró a todos los autores de los diferentes libros de la Biblia y sigue inspirando a aquellos que escriben cosas para la gloria de Dios y no para trabajar de escritores. Asimismo, es el que da origen a la oración eficaz. El Espíritu Santo es quien nos muestra que cosa debemos orar, como debemos hacerlo y cual debe ser nuestra intercesión o pedido.

Además, cuando no sabemos en nuestra racionalidad como orar, el hacerlo en lenguas soluciona el problema, ya que le damos libertad para que Él ore en nuestro lugar y pida lo correcto. El Espíritu Santo es el que comanda y rige la adoración que verdaderamente agrada a Dios. Hay adoración, (Esencialmente en el área de la música), que es agradable al oído del hombre, le mueve el cuerpo y lo contagia de alegría y deseos de danzar, pero que no proviene del Espíritu sino de su propia carne o de las necesidades emocionales de su alma. Dice la Biblia que, en los últimos tiempos, será derramado de una manera particular por sobre la iglesia, aquí llamada “Israel”. Eso sacará a luz toda verdad y toda falsedad. Nadie podrá evadir quedar en evidencia y descubierto porque al Espíritu nada se le escapa de su vista divina. Es por Él, asimismo, que nuestros cuerpos mortales serán resucitados. Habiendo recibido, aquí en la tierra, las arras del Espíritu, en el cielo los creyentes serán llenados por Él de toda plenitud de Dios. Será la única forma en que Dios será verdaderamente todo en todos. El Espíritu es de Todos, si, Pero: SÓLO HABITA EN QUIENES LO RECIBEN

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noviembre 15, 2024 Néstor Martínez