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Cuadernos Reales 9

Historias de Iniquidades Antiguas

Levantarse, orar, entregar el día, familia, ministerio, todo. Desayunar y brevemente, con la velocidad sistemática que se adquiere tras años de profesión, acceder a las noticias. Saber en qué anda el mundo, más que necesario, es conveniente, porque de alguna manera, eso significa saber en qué anda el reino de las tinieblas. Y en el momento de recibir la dirección esperada para encarar lo que el Espíritu Santo disponga, la noticia me muestra un enorme terremoto. En este caso puntual, es en Marruecos, pero la sensación va mucho más allá del lugar y las condiciones de ese lugar. Que no es un sitio opulento ni lleno de gente con altos recursos, que técnicamente no estaba determinada como zona sísmica, con sensaciones que siempre me han producido lo mismo: una enorme desconfianza al hombre y su capacidad de traer el mal.

Entonces es cuando, -al margen de las dudas silenciosas de mucha gente-, buscamos en la naturaleza las respuestas que en otras áreas nos parecería no tener. ¿Verdaderamente, como alguna vez se ha dado a entender, algunas de las llamadas potencias mundiales están en condiciones de producir técnicamente grandes sismos en los lugares que se les ocurra? No lo sé, pero me queda para el análisis inicial, lo mínimo, que es lo físico, literal, natural.  Cuando la naturaleza o el clima nos asestan un golpe fuerte, es como si fuéramos sacudidos por una mano gigantesca y no podemos evitar relacionarla con Dios mismo. No es nuestra culpa haber sido educados teológicamente por una iglesia oficial que se regodeaba presentando a un Dios castigador.

Después, cuando comenzamos a desandar nuestro derrotero de cristianos, aparecieron las modificaciones que nos llevaron a interesarnos seriamente en un asunto que hasta allí sólo parecía apto para viejas y niños. Entonces, un día alguien nos presentó al Dios de amor, al Dios de justicia, a ese Dios que siempre estuvo inscripto en una Biblia que solamente después de la epopeya de Martín Lutero pudimos leer con nuestro propio raciocinio y nuestra propia guía espiritual interna. A partir de allí, fue tanta nuestra molestia por toda aquella enseñanza torcida y mal interpretada, que decidimos creerle a esta nueva absolutamente todo. Y también nos equivocamos, porque, así como Dios nos dio a cada uno de nosotros libre albedrío para decidir, también nos dio una mente plena en sagacidades capaces de descubrir recovecos que a otros les podría resultar inescrutables.

Y si bien nos fuimos para el otro lado y empezamos a fabricar un Dios permisivo, cada tanto esa mano gigantesca nos lleva a reflexionar seriamente en lo que leemos y entender que, si bien no somos hijos de aquel viejo malhumorado de la pintura del Dios castigador, el sentido de justicia de nuestro Dios, lo lleva a tener mano fuerte en algunas ocasiones.  El tremendo terremoto que asoló a nuestra hermana nación de Chile hace muchos años, impulsó a muchos cristianos a buscar un por qué, una razón, una justificación casi legalista que tal vez no le sirviera para nada a los sufridos perjudicados por la hecatombe terrenal, pero que parecía ser la garantía de seguridad que otros necesitaban en distinto sitio para poder dormir tranquilos sin estresarse por tierra que se mueve debajo de sus pies. Y ni hablar de lo que casi periódicamente debe vivir Japón.

Algunos eligieron el juicio, al que los hombres pareceríamos ser tan adeptos en tanto y en cuanto no sea contra nosotros mismos, y añadieron a ese pensamiento algo muy específico: el juicio era sobre un lugar puntual, por supuestos pecados cometidos en ese lugar puntual. A ese pensamiento se le sumaron una serie de profetas, cuyos videos aparecieron rápidamente, premonizando esas hecatombes con fechas muy anteriores a la del suceso. Yo no me atreví ni siquiera a pensarlo así. Tengo temor santo de mi Señor y muy claro en mi conciencia que no he venido a este mundo como juez, sino como maestro de mi Padre celestial. Así que busqué en mi Biblia y con la guía del Espíritu y sin demasiado esfuerzo, llegué a Mateo 24.

La mirada que en principio estamos obligados a dar, es mayoritariamente literal. Tú ya sabes que no soy afecto a tomar así a la Escritura, pero mucho me temo que tampoco puedo irme por las ramas excesivamente místicas en un asunto que cuesta vidas, desastres y pérdidas. La Biblia contiene mucha tipología simbólica, pero tengo claro que no es toda simbólica. Es para leerla con auxilio del Espíritu Santo o correr el riesgo de convertirla en lo que tu alma quiere convertirla. Las peores sectas satánicas que engañan, seducen y llevan al fuego a tanta gente, tienen como base de sustento para sus discursos, a la misma Biblia que tú y yo conocemos. ¿Cómo puede ser?

Sin la guía del Espíritu Santo, a cualquier texto le puedes hacer decir lo que te conviene. Y si quien te oye es cómodo y no escudriña, cae en el mismo pozo que te caes tú. Es así que, mientras trabajo buscando contenido, significado y revelación para con una palabra concreta que el Señor ha dado, voy a compartir contigo, procurando encontrar puntos de contacto que nos permitan entender algo más respecto a los tiempos que estamos viviendo. Los cincuenta y un versículos que se insertan en este capítulo clásico y casi tradicional del evangelio de Mateo, contienen elementos muy claros que pueden ser definidos cronológicamente como respuesta a las muchas preguntas que los discípulos le formulaban a Jesús.

En primer lugar, se habla de la destrucción del templo. ¿Un templo simbólico? Quizás, pero también uno literal que, aparentemente, caería como producto de algo muy fuerte que lo derribará. Luego hace alusión a Su Segunda Venida y, finalmente, al fin del mundo o sistema que conocemos. Y cuando hablo de sistema, puedes considerarlo como secular, social, político y contemporáneo o religioso. En el final, son la misma cosa. Como estos tópicos participantes están tan interrelacionados, hay momentos del capítulo en donde cuesta bastante determinar de qué acontecimiento concreto se está hablando. Esta dificultad podría resolverse si recordamos que la mayor parte de las profecías pueden cumplirse en un plazo breve y a la vez remoto. Nuestro reloj Cronos, no tiene sintonía con el Kairós que usa Dios.

Es necesario que durante toda la lectura de este capítulo tengamos muy presente que Jesús evocaba los trágicos acontecimientos que rodearían la destrucción de Jerusalén, para describir las condiciones que precederían su propio regreso. Y se nos deja la posibilidad de tomar a la Jerusalén real, simétrica y geográfica, o la celestial, que es la iglesia misma. ¿Es que alguien podría entender que en los últimos tiempos la iglesia será destruida? No, dicho así quizás no. Pero si prestamos atención a esa expresión vertida respecto a que la conquista final será lograda “por los que hayan quedado”, la versión pasaría a enrolarse dentro de los posibles.

En principio, déjame que te diga que, cuando Jesús iba al templo, no lo hacía para participar de su ceremonia; iba a enseñarles a quienes quisieran oírlo las nuevas verdades que habían llegado. La única vez que se registra que participó de un servicio, fue en aquel donde justamente fue llamado a leer el rollo. Muchos piensan que le permitieron eso porque sabían todo lo que Él estaba haciendo o manifestando, pero no es así. La sinagoga se manejaba por reglas muy claras y puntuales. Sólo estaban habilitados para participar activamente de una ceremonia, aquellos que cumplían con todas las reglas y estatutos internos. El diezmo y la ofrenda eran básicos y esenciales. José, el padre terrenal de Jesús, era parte del núcleo de los poderosos de la sinagoga, está escrito así. Por lo tanto, un hijo suyo podía ser distinguido con ese privilegio. Por eso fue invitado a leer. ¿Me parece a mí o suena muy similar a…?

Y en función de lo que va a relatar después, hay algo que está más que claro: los discípulos no entraban con Él al templo. ¿Motivos? Podrá decirse o argumentarse que se trataba de respeto por su sabiduría o calidad de líder, pero lo más probable si tenemos en cuenta lo dicho anteriormente y las posteriores reacciones de cada uno, es que fuera simplemente por miedo o porque no estaban habilitados oficialmente como miembros del lugar. Lo cierto es que en este día que Mateo relata, cuando Jesús sale del templo, sus discípulos desean mostrarle las construcciones más importantes o valiosas del lugar. No fue una invitación con motivaciones turísticas o arquitectónicas, desde luego, sino que tenía otras connotaciones.

Así que respondió afirmativamente a la invitación, pero no tardó ni quince minutos en decirles algo que los dejó pensando a todos. Les dijo que todo eso que estaban mirando y admirando, iba a ser derribado y no iba a quedar piedra sobre piedra. Claro, eso es lo que parece decirles, si lo tomamos literalmente, como si fuera una novela, pero en realidad, pregunto: ¿De qué está hablando Jesús en su respuesta? Literalmente, (Y dadas las condiciones climáticas y naturales actuales que demandaron este trabajo nos sirve), de una gran conmoción sísmica que derribaría todos esos edificios. Pero también habla de la impiedad religiosa, de la caída de grandes estructuras creadas para servir mejor a Dios que terminaron casi por reemplazarlo. ¿Y si ambas cosas significaran lo mismo?

Obviamente, ellos no entendieron ni pío, así que ni bien lo vieron solo, sentado en el monte de los Olivos, se le acercaron y la preguntaron cuando serían esas cosas y qué señal habría de su venida y del fin del siglo. Lo primero que vemos con claridad es que a Jesús no se le acercaba, así como así toda la gente que quería verlo, tocarlo y conseguir un milagro. En este caso, ellos lo hicieron porque indudablemente constituían el círculo más cercano e íntimo de Él. Lo primero que Él les dijo, fue que tuvieran mucho cuidado con el engaño. Cuídense, que nadie los engañe. Vigilen, estén atentos y en guardia, van a intentar engañarlos. Todo eso encierra esa frase tan breve como contundente.

Esto es importante. ¿A quién se refiere Jesús cuando habla del engaño? ¿A Satanás, que es el gran engañador? Sí, pero mucho más a quienes sean usados por él, ya sea dentro o fuera de la iglesia. ¿Adentro? Sí, porque Jeremías, hablando de esto, dice que tengan cuidado que no los engañen los profetas que están entre ellos. ¿Te quedó claro? Y de paso les añade a los adivinos y a los sueños o visiones que ellos mismos podrían tener. ¿Sabías que ese es uno de los factores de mayor consulta pastoral? Los sueños. Si los ministros obedecieran ciegamente los sueños de muchos de los miembros de su iglesia, todos nos iríamos a parar a cualquier parte.

Respecto a la Segunda Venida, Pablo es mucho más concreto y claro, cuando dice que tengamos cuidado y que nadie nos engañe. Porque Jesús no vendrá sin que antes venga la apostasía. ¿Sabes qué? Según lo veo, esa apostasía está comenzando a vislumbrarse ahora, pero la mayor parte de la iglesia todavía anda profetizando avivamientos y retorno de Jesús. ¿No leyeron la Biblia? ¿En qué doctrina creyeron? ¿Te das cuenta por qué Pablo nos advertía de no dejarnos engañar? Hay que decirlo: es mucha la gente que se auto denomina como cristiana, pero no cree en la deidad de Cristo. Y otra que está tranquila porque piensa que nadie que le diga yo soy Cristo la va a engañar. Cuidado. ¿Nadie pensó que decir Cristo es decir ungido, y es a eso lo que se refiere Pablo? ¿Cuántos ungidos que no lo eran llevas conocidos?

Yo, personal y particularmente, aún no he escuchado a nadie decir eso, pero lo que sí he visto es a demasiados mostrándose desde las plataformas como súper poderosos con diez escalones por encima de cualquiera de nosotros. Mi duda siempre fue: ¿Por qué armar plataformas cada vez más elevadas? Me dicen que es para que todos puedan ver al predicador. Ah, claro, ¿Y nadie recuerda que Jesús, no sólo que no se subía a ninguna roca alta para que lo vieran, sino que se sentaba en una y desde allí hablaba? A Él no le interesaba que lo vieran, le interesaba que lo oyeran. ¿Sabes qué? Somos muchos los que hemos hecho de eso nuestro modo diario de ministrar.

Después habla de las guerras y sus rumores. A las guerras las hubo, hoy mismo las hay y supongo que a partir de la codicia y la locura humana, las seguirá habiendo. ¿Nadie levanta su voz y se hace oír diciendo simplemente que una guerra es diagramada por personajes opulentos que invierten algo de su tiempo ocioso en decretarlas, pero que los que las combaten, pelean y mueren son gente que jamás recibirá nada por vivirlo? No es ningún slogan ideológico decir que a las guerras las planifican los ricos para que mueran los pobres. Hoy ya no están los míticos reyes al frente con su espada desenvainada guiando a su ejército. Los estrategas de hoy ni siquiera escuchan el ruido de las explosiones de los misiles en sus oficinas con aire acondicionado. ¿A eso alguien puede llamarlo Justicia?

Bueno, déjame decirte que Dios sabía y sabe perfectamente todo eso. Y en muchos casos, cuando la nación no vive conforme a su diseño, se ve inhibido de ayudar y tiene que permitir que haya sufrimiento, miseria y muerte inocente. No hemos leído con atención y entendimiento esto último. Hemos hecho hasta cadenas de oración pidiendo a Dios por determinados sucesos sin entender que, tal como lo hemos leído, es necesario que esas cosas ocurran. ¿Alguien puede entender al Dios de la mente eterna con una mente finita? Dice que se levantará nación contra nación, es que como decir culturas contra otras culturas. ¿Ejemplo? Occidente vs. Oriente. ¿Estás entendiendo de lo que hablo?

No termina allí esto, porque se añade que también se levantará reino contra reino, y aquí las cosas ya pasan directamente a lo espiritual, porque ya no hay monarquías bélicas en el mundo, al menos en los lugares de alto impacto. Decir Reino contra reino, es hablar de algo que tú y yo ya sabemos de qué se trata. Y a eso no hay modo de solucionarlo con negociaciones internacionales. Tiene otra esencia, otro origen y se pelea en otra dimensión. Pestes y hambre. ¿Es algo nuevo o insólito en el mundo? Pestes, las que se te ocurran. Con algunas de alcance mundial, como fue la del COVID. Hambre, en lugares donde por estructura geográfica, debería haber alimentos para todos. Pero no lo hay. Las razones, mejor no mencionarlas, se corre el riesgo de malas interpretaciones y estigmatismos innecesarios.

Y allí es donde retorna lo que decíamos hace un momento. Terremotos en diferentes lugares. Está escrito. Mateo lo dice. En diferentes lugares. A ver, ¿Lugares declarados como sísmicos? Sí, pero no le hace. Porque evidentemente, y sea por la razón que sea, circunstancial o no, la tierra no está firme en ninguna parte del planeta. Todo esto que nos adelanta, dice, será principio de dolores. Si tomamos a esta palabra principio como inicio, lo que te está diciendo que todo lo que hemos vivido en estos últimos días no es un corolario final a algo tremendo, sino apenas el principio, el inicio. Ahora; si la tomamos como patrón, modelo o base de algo superior, entonces el principio establecido es que nadie, pero absolutamente nadie puede sentirse seguro fuera de la cobertura divina del Señor mismo, no de organizaciones religiosas que proclaman otorgarla.

Lo que viene luego tiene un tinte dramático y muy fuerte, desde lo literal. Porque dice que, en esos tiempos, los creyentes serán entregados a tribulación, o los matarán, o serán aborrecidos por causa de Su nombre. Esto siempre se enseñó como que los gobernantes se ensañarían contra los cristianos, como ocurrió en la época de los circos romanos. Y ese pensamiento nos llevó a suponer que, para que sucediera eso, en plena era de libertad de cultos, todavía faltaba mucho. Nos equivocamos. Y muy feo. Porque donde se entregarán a tribulación a los cristianos, hoy, es dentro de sus propias iglesias si no comparten ideales o visiones del liderazgo.

¿Te parece qué lo que digo no tiene sustento y parece traído de los cabellos? No lo creas. Mateo repite algo dicho por Jesús respecto a guardarse de los hombres porque ellos los entregarían en los concilios. Así es como lo dice. Pregunto: ¿Hay concilios en algún otro lugar que no sea en la iglesia? Y si esto no fuera suficiente, añade que, en las sinagogas de ellos, serían azotados. Perdón; ¿Dónde dice que serán azotados los cristianos? En sus sinagogas, que es como decir, hoy, en sus propias congregaciones. Por favor, entonces no me digas que estoy exagerando, que soy malintencionado o que digo cosas por resentimiento. ¿Entiendes que sólo estoy leyendo mi Biblia?

Finalmente, dice que seremos aborrecidos por causa de Su nombre. Oye: al mundo le puedes decir el nombre Jesús, Jesús mil veces y es como si oyera llover. ¿Entonces? Entonces, una vez más, donde seremos aborrecidos por causa del nombre de Jesucristo, será en el lugar en el que supuestamente se lo honra, adora y obedece, en el momento en que tú confrontes sus corruptelas y negociados. Porque todo eso es, indudablemente, algo que ocurre a partir de personas que tienen sus puertas espirituales abiertas por alguna forma de desobediencia o pecado. Y por allí es donde se llenan de demonios que los impulsan a corromperse más y más. Si a esa gente le mencionas el nombre de Jesús, créeme que no te va a aplaudir.

Y nos advierte que habrá muchos que tropezarán. Yo, para ser sincero, creo que ya están tropezando con toda clase de obstáculos: politiquería religiosa, infiltración orientalista, ciencia mal entendida, humanismo, etc. Y por causa de todo esto, habrán de entregarse los unos a los otros y habrá más aborrecimiento dentro que afuera. Pregunta en cualquier congregación y te lo dirán: hermanos denunciando a otros hermanos ante sus pastores y, por consecuencia, odiándose casi a muerte entre ellos. Cristianos con diversas redes sociales destinadas y dedicadas a denunciar a otros cristianos. ¿Yo? No; yo no denuncio carne y sangre, yo denuncio principados y potestades. Sistemas.

Y es en esa instancia donde se profetiza que se levantarán falsos profetas o voceros, y que con sus mentiras engañarán a muchos. Y por causa de estas expresiones de maldad incipiente, se perderá la comprensión y la misericordia, y como resultado el amor de muchos se enfriará. Ahora te pregunto: ¿De verdad tú crees que todo lo que dice ser profeta y anda por los púlpitos profetizando avivamientos en épocas de apostasía, es enviado por Dios a hacer eso? ¿De verdad lo has creído? Mucho me temo que has sido uno de esos muchos engañados. Es el error de creer que todo lo que se mueve y respira adentro de un templo, es santo. Y créeme, de todos los engaños posibles, este todavía es de los más leves.

Ya lo hemos explicado en estudios sobre Génesis, cuando Dios habla de multiplicar los dolores de parto a la mujer. Nunca podríamos multiplicar algo no creado, no aparecido, no inventado. Por lo tanto, lo que aquí se le dice a la iglesia, (La Biblia no es para el mundo) es que, si bien ya existía bastante maldad dentro de ella, ahora en estos tiempos finales, esa maldad se multiplicará. Claro que nadie sabe por qué suma, cifra o cantidad será esa multiplicación. Y si alguien tiene dudas que esta palabra es dada a la iglesia, al llamado pueblo de Dios y no al mundo secular e incrédulo, lo que sigue te la despejará. Porque jamás podría enfriarse un amor no experimentado. Y el amor del cual se habla es del amor de Dios, y ese solamente se cultiva entre creyentes.

Y luego la formidable sentencia clave, que nos reasegura que los que perseveren hasta el fin, serán salvos. Esto, reitero, es más que clave. Porque habla de la salvación, que es de lo más caro en la consideración de los cristianos. Y dice que la logrará o accederá a ella, entre otras expresiones de otros textos, aquellos que perseveren. ¿Qué perseveren en qué cosa? ¿Qué es perseverar? La palabra griega usada en los originales, aquí, es la palabra hupomeno, y significa mantenerse uno en pie en el conflicto, sobreponerse a la adversidad, no desplomarse bajo la tensión, estar uno firme, perseverar bajo presión, esperar calmada y valientemente.

Atención con esto, que no estamos hablando de una pasiva resignación a la suerte, ni mera paciencia, sino la resistencia activa y enérgica a la derrota, lo que permite una calmada y paciente perseverancia. Apto para la guerra espiritual y también para la que libramos contra las Babilonias falsas. De allí que cuando se nos dice que será predicado este evangelio del Reino, no se está refiriendo a todas esas imitaciones tal vez bien intencionadas, pero definitivamente religiosas, sino al ÚNICO evangelio posible, el del Reino. Que es el que llegará, según leemos, a todo el mundo, que es como hablar de todos los sistemas. El económico, el político, el religioso. Y dice que cuando todo esto suceda, entonces recién allí vendrá el fin. Genial. El fin. Pero… ¿Qué clase de fin? Ahora va a detallarlo.

Mientras tanto, y para que te quede más que claro, te recuerdo una vez más que, pre-dicar, es anunciar por anticipado la derrota de los ángeles caídos. Así que, si anuncias un evangelio carente de guerra espiritual, no estás predicando, sólo estás haciendo discurso religioso. Y te dice que cuando veas la abominación desoladora, los que estén en Judea que huyan a los montes. El nombre Judea derivaba del griego ioudaia y del hebreo yhudah y era un término geográfico que en la Biblia sólo aparece en el Nuevo Testamento. Se cree que esta región comprende al antiguo reino de Judá. Y Judá es tipología del pueblo de Dios. Entonces, ¿Quién deberá huir a los montes ante estas emergencias? ¿El mundo o la iglesia? No lo sé, pero la Biblia no fue dejada al mundo.

Dada su geografía natural y literal, Judea estaba situada a orillas del mar y tenía, a sus espaldas, colinas de altura mediana, que son los montes aquí mencionados. ¿Y bajo que causa o peligro la gente debería huir a refugiarse en ellos? Ya lo has visto: por lo que hoy llamamos tsunamis. Maremotos. Por eso dice que los que estén en lugares altos no deben descender a tomar algo de sus casas. Eso, desde lo literal, nos habla de gran inundación, pero en lo espiritual, también puede ser que quienes tengan alto conocimiento no desciendan en ellos para sentirse en igualdad con los que lo ignoran todo. Que los que estén en el campo, que es el mundo, no vuelvan atrás a tomar su capa, un asunto que simboliza el status.

Seguidamente se refiere al riesgo mayor en algo así, que serían las mujeres embarazadas o que estén criando hijos muy pequeños. Eso llevaría a clamar para que la huida no sea en invierno ni en día de reposo. ¿Te cabe alguna duda que la sugerencia divina es Huir, y no hacerle frente o soportar lo que venga? No te va a funcionar eso de que “Dios me cuida y no me pasa nada”. Dios te está diciendo que huyas, sé obediente y no intentes ser más valiente que los ángeles. Hay algo llamado estrategia. Forma parte vital de un combate y es sí o sí el elemento necesario para ganar una guerra. Y eso se traduce como avanzar o retroceder, según lo que convenga al ejército en combate. Lo que dice luego respecto a la calidad de esos tiempos y días, cabe dentro de un solo calificativo: inimaginable.

Y más adelante te pega como puñetazo en el ojo cuando te dice que si esos días no fueran acortados, nadie sería salvo. Yo, te confieso que me quedé tieso y tildado cuando leí esto por primera vez. Con mi natural curiosidad humana, me pregunté cómo se supondría que podrían ser acortados esos días. No hay una respuesta, obviamente. Dios es capaz de eso y de mucho más. El cómo lo hará es asunto de Él. Lo que a nosotros debe interesarnos es que aquí dice que lo hará y eso me dice a mí que indudablemente lo hará. Pero, por las dudas, te recuerdo esto: ¿Has leído que algunos de los terremotos recientes han movido el eje de la Tierra y acortado el día en milésimas de segundos? Si en cada uno de los terremotos sucede eso, ¿Qué ocurriría dentro de cierto tiempo? Los días serían acortados. Tú cree lo que quieras, mi deber es informarte.

Y, una vez más, Jesús anticipa que en esos tiempos habrá gente que dirá que el Cristo está allá o aquí, pero que no deberemos creerle. Me pregunto seriamente si hemos tomado concreta nota de esta recomendación. ¿No está sucediendo algo parecido, ya, en este tiempo, con hombres que se “venden” a sus oyentes como émulos casi directos de Cristo por su calidad de grandes ungidos? Atención con esto: dice que harán grandes señales y prodigios, pero que son falsos. La pregunta, es: ¿Puede un falso vocero hacer señales y prodigios? Sí, puede. Los magos de Faraón también convertían varas en serpientes, ¿Recuerdas? El error más legendario de la iglesia, ha sido suponer que todo lo que sea sobrenatural, tiene origen en Dios. Satanás y sus demonios también son espíritus y sobrenaturales. Y si bien en un grado muy inferior, también tienen poder. Un poder que, para el hombre natural, suena a inmenso.

Porque dice que todos estos falsos van a engañar a mucha gente, e incluso hasta los escogidos. Eso es muy grave, pero nadie puede negar que hoy en día es un hecho visible. Máxime cuando muchos de esos engaños provienen de los mismos púlpitos de donde no hace tanto tiempo recibiste ayuda, enseñanza, salvación y palabra. Ya sabemos muy bien, incluso hasta científicamente, que la carne se degrada, se corrompe, se pudre y se diluye. Ahora es tiempo de entender que, todo lo que opera y funciona en la carne, así parezca maravilloso, tiene el mismo proceso y el mismo futuro. Lo viene diciendo el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo a través de todos los tiempos y de toda la Escritura.

Y luego viene el gran espectáculo que ha dado origen a tantas elucubraciones, tanto de las coherentes como de las otras. Porque dice que cuando Jesús retorne, lo hará como un relámpago. Eso me dice a mí que, entre otras cosas, cuando Él venga, nadie, pero absolutamente nadie podrá decir que no lo vio o no supo nada de eso. Y que donde esté el cuerpo crucificado, allí nos juntaremos nosotros, que en este caso seríamos esas águilas mencionadas. Y el sensacionalismo a toda prueba. El sol oscureciéndose y la luna no dando más su resplandor. Tú entiende y cree lo que quieras, yo me quedo con que no habrá palabra genuina en los sitios donde debería haberla, así como todas esas modernas estrellas del evangelio, se caerán estrepitosamente de sus cielos de cartón pintado.

Sólo nos queda orar para tener revelación respecto a cuál será esa señal del Hijo del Hombre en el cielo. ¿Nunca te has preguntado como sabrás que el gran día ha llegado, si no tienes ni la menor idea de cual será esa señal? Nosotros leemos este texto y lo cerramos con varios “Gloria a Dios” y muchos “Aleluya”, pero la realidad concreta nos dice que no hemos podido ponernos de acuerdo respecto a cómo o cual será esa señal. Que tendrá carácter sobrenatural, no hay dudas, pero que cosa se verá o se oirá, no he leído ni oído a nadie que lo diga. Obviamente, yo tampoco. ¿Y qué tal si empezamos hoy mismo a pedirle al Señor, en oración, que nos dé luz al respecto?

Porque se hablan de nubes “raras” o nubosidades singulares. Pero eso no hace más que causar cierta confusión y no poco temor durante los días de tormenta. Si hubieran aprendido y enseñado que la palabra que aquí se traduce como Nube es nipash, habrían entendido que el significado no es el de cúmulus nimbus, sino Nubes de testigos. ¡Huau! Porque luego dice que enviará sus ángeles, que de ninguna manera son los mismos de Dios, aquellos serafines o querubines del Antiguo Testamento. Los ángeles de Jesús, son Mensajeros, que es justamente la traducción del vocablo griego utilizado, y que muy bien podrían ser humanos. Habla de las voces de las trompetas, que en la Biblia siempre son sinónimo de profetas. Y reunidos juntarán a los escogidos a los cuatro vientos. Absolutamente coherente. No a todos, a los escogidos.

De hecho, cuando se nos advierte de todas estas cosas, se nos aclara que cuando comencemos a verlas, podremos entender que el gran día está cada vez más cercano. ¿Verdad que no exageramos nada si decimos que esto indefectiblemente es así y que Su Segunda Venida está cerca, a las puertas? Y cuidado, porque no soy ni nunca fui de los que se pasan la vida entera diciendo “¡Cristo viene pronto!”. Pero las señales son las señales, y es posible que Cristo venga pronto. Sólo un pequeño detalle que no es menor. Cuando digo que viene pronto, me estoy refiriendo a un pronto llevado a la dimensión de eternidad, no a nuestra vida terrenal y humana. Podría ser mañana mismo, no lo sé, pero también dentro de cien años. Dios no vive en nuestro tiempo Cronos.

Y luego te lanza esa sentencia monumental a la cual, todavía, miles y miles de cristianos en todo el planeta, no han entendido. Y es cuando dice que el cielo y la tierra pasarán, pero sus palabras no pasarán.  Ten cuidado; porque las que no pasarán jamás, son las palabras que Él pronunció, no las que a nosotros se nos ocurra decir por diferentes motivos personales nuestros, y que adornamos religiosamente con el pomposo rótulo de que es “palabra del Señor”. Si todo esto último hubiera sido verdadero, ni te imaginas la cantidad de sobresaltos que hubiéramos pasado. Con grupos que se iban a las montañas vestidos de blanco a esperar al Jesús que ya estaba volviendo, con otros que dejaban de comer, trabajar y dormir, porque era eso lo que se les ordenaba. Pregunto: ¿Has visto algún cambio en algo a partir de esas teologías? ¿No? Entonces olvídalo, eran invento de hombre disfrazado de Biblia.

Y algo que cuando lo escuché por primera vez, (Después recién lo leí), me impactó. Que al día y la hora del retorno del Señor nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles de los cielos, sino sólo Dios Padre. Ese mismo día, se me ocurrió algo que después debo haber repetido varias veces. Atención con esto, difundidores de hecatombes que andáis por el mundo en el supuesto nombre de Dios, anunciando finales para fechas determinadas. O a los otros que invitan a vestirse con blancas túnicas e ir a esperar al Señor a una montaña en un día y hora prefijada. Nadie lo sabe.

“Es que estamos en los últimos tiempos, Cristo viene ya”, dicen. La pregunta que cabe hacerles, es: ¿Los últimos tiempos de que o de quién? Porque si fueran los últimos tiempos de tu vida, con una expectativa final de 80 o 90 años, habría que hablar de cinco o seis años de espera, o veinte a lo sumo. Pero Dios no está hablando de ti, está hablando de la iglesia. Y utilizando los mismos porcentajes, si la iglesia lleva más de dos mil años (Que es de Jesucristo hacia aquí), esos últimos tiempos estarían oscilando en los ochenta o cien años. ¡Pero entonces falta muchísimo! No lo sabemos, porque tampoco sabemos cuándo empezó a moverse el espíritu del último tiempo. Nadie lo sabe. NI los ángeles más cercanos al Padre. Sólo el Padre. ¿Intentarás hacerme creer que te lo ha dicho, cuando se pasa toda la Biblia diciendo que no nos es dado conocerlo? Sólo pistas.

Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Esta es una pista. Una señora pista. Tengo un estudio en mi Web, tanto en audio como escrito, que se titula así: “Como en los días de Noé”. Allí encontrarás todo esto bien delineado. Aquí sólo puedo decirte algo. Dice que la venida del Hijo del Hombre será como en los días de Noé, así que lo único que debes preguntarte, es como eran los días de Noé. En ese tiempo comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento. ¿Los justos o los impíos? Los impíos, los justos construían el arca. Y cuando Noé entró en el arca, no entendieron. ¿Quiénes? Los impíos. Los justos entraron con Noé. Y vino el diluvio y se los llevó a todos. A los impíos, los justos estaban a salvo en el arca. Y remata diciendo que así será también la venida del Hijo del Hombre.

¡Púm! ¡Al diablo con tu teología y con la enseñanza que recibiste en más de la mitad de tu vida de cristiano!  ¿No era que el arrebatamiento era para la iglesia y los que se quedaban eran los malos? Aquí se nos dice que será al revés, que los que serán arrancados serán los malos y los que quedarán a salvo, en el arca, serán los buenos. ¿Cómo es esta historia? Esta historia es muy sencilla: antes del arrebatamiento de la iglesia, que es real y verdadero, no lo dudes, y es del cual se habla en Tesalonicenses, vendrá otro evento no menos impactante e importante: el segado de la cizaña. Y eso es de lo que se habla aquí, no del arrebatamiento. Eso ocurrirá con los que hayan quedado, ¿Recuerdas? Siempre me preguntaba quiénes eran esos que habían quedado. Listo. Acá está, los que no fueron borrados por impíos.

Y lo mismo es en lo concerniente a aquellos famosos versículos que nos hablaban de esos dos que estaban en un campo, y que uno sería tomado y el otro sería dejado. Siempre nos enseñaron que el que era tomado era el bueno, nosotros, la iglesia. Si habláramos del arrebatamiento sí, así sería. Pero ya has visto que estamos hablando de otro suceso. ¿Entonces? Es al revés. El que es tomado es el impío, y el que es dejado es el justo. Es lo mismo con el verso siguiente, con aquellas dos mujeres en el molino. El mandato aquí es velar, porque no sabemos a qué hora vendrá el Señor.  Esto, entre otras cosas, también incluye a que Dios no se mueve conforme a nuestra cronológica manera de medir el tiempo. Por esa razón, Él puede instaurar tranquilamente una hora 25 o 26 para retornar. No tiene por qué ser dentro de segundos, minutos, horas, días, meses o años terrestres y humanos extractados, para colmo de males, de un calendario elaborado por un Papa romano llamado Gregorio.

¡Tenemos tanta religión que, en casos, eso no nos permite conocer la Verdad! Al padre de cada casa, como autoridad máxima conferida por diseño, se le demanda no permitir que le minen su casa. El tema es saber qué significa minar una casa. Consumir, destruir poco a poco. Ese es el significado literal de la palabra Minar, usada aquí para ejemplificar la tarea que los ladrones hacen en las casas cuando quedan a su disposición. Y es bastante curiosa esta comparación con un ladrón, que en la carta de Pablo a los Tesalonicenses se reitera añadiendo que será su venida como la de un ladrón en la noche.

Y digo que es curiosa porque un ladrón, según cualquier buen diccionario, es uno que hurta o que roba. Entonces pregunto y pregúntate: uno que roba y por eso es llamado Ladrón, ¿Se lleva algo propio o algo ajeno? Algo ajeno. Ahí tienes tu teología tradicional. El Señor vendrá, en principio, para llevarse lo que no le pertenece. ¿Es coherente con lo de los días de Noé o no? Igualmente, no entres en confusión por algo en definitiva secundario. Tesalonicenses, por Pablo, dice que habrá un arrebatamiento de justos que serán recibidos por el Señor en las nubes. Punto, así será. Esto, deberás incluirlo en el marco de un evento anterior y no formando parte del mismo como se enseña en todos los seminarios, institutos y universidades teológicas del planeta.

Y luego repite que vendrá a la hora que ninguno de nosotros estará pensando. Y esto refuerza mi “descabellada” teoría de una hora no ortodoxa. Porque para que sea verdad que Él venga a una hora que yo no he pensado, es notorio que esa hora no está encuadrada dentro de las veinticuatro conocidas que yo puedo pensar, con sus minutos y segundos incluidos. Y enseguida se pregunta quién puede ser ese siervo fiel y prudente que Él mismo ha colocado sobre su casa para que nos dé el alimento a su tiempo. Aquí comienza, a mi entender y saber mediante luz interior del Espíritu Santo, a vislumbrarse la clave para estos tiempos. Porque si yo soy uno de esos siervos fieles y prudentes, estoy por sobre la casa del Señor, pero desde el ángulo y la óptica espiritual, no humana.

Por lo tanto, yo no puedo decidir en nombre de ese mandato, o comenzar a servirme de los miembros de esa casa por sobre la cual estoy, sino que debo plantearme de una vez por todas, servirlos yo a ellos. Y para hacerlo, tengo el mandato modelo y patrón: darles el alimento a tiempo. ¿Y qué significa darles el alimento a tiempo? Simple: darles una clase de alimento espiritual que es patrimonio de este tiempo, y no de algunos anteriores o recientemente pasados. En suma: cambiar el mensaje; cambiar la predicación; tomar la palabra rhema y dejar de lado las rutinas evangélicas tradicionales, costumbristas y de mero entretenimiento religioso.

Esto no significa que debamos tomarnos a golpes de puño o puntapiés con aquellos que no están dándole a las ovejas este alimento, sino algo similar, paralelo, imitador, pero falso. Allá ellos delante del Señor con sus responsabilidades. Lo que debemos hacer nosotros, contra viento y marea, es lo que no están haciendo otros supuestos y pretendidos siervos “importantes”. ¿Por qué debemos hacerlo? Simple, porque se nos dice que serán bienaventurados los siervos que, cuando el Señor venga, los encuentre haciendo así. ¿Necesitas algo más? Yo tengo que hacer lo que se me ha ordenado sin ponerme a estudiar ni reflexionar si falta mucho, más o menos o poco para que mi Señor retorne. Ese no es mi problema. Aquí queda claro que mi mayor problema sería que, cuando Él venga, no me encuentre haciendo así.

Porque, como en todo lo demás, aunque a muchos les fastidie o no les agrade hablar de ello, también para esto hay una recompensa establecida a la que podemos acceder sólo obedeciendo. Dice que quien obedezca, sobre todos sus bienes lo pondrá. ¿Puedes tomar dimensión de lo que significa esto? Es lo que leeremos luego, aquel tan famoso y legendario de bien buen siervo y fiel, que en lo poco ha sido fiel y sobre lo mucho lo pondrá. Entiende. ¡Dios no habla por hablar! Los hombres hacemos eso, pero no Él. Cuando Dios dice algo, eso es exactamente lo que hará. De acuerdo, lo entendemos, pero no lo podemos siquiera imaginar. ¿Alguien tiene alguna idea cercana a lo que significa estar sobre todos los bienes del Reino de los Cielos? No, no hay mente humana que pueda imaginarlo. Como tampoco lo que le suceda al que decida no obedecer. Porque luego advierte que quien no lo haga, sea por la razón que sea, será puesto en partes iguales con los hipócritas y desde lejos se oirá el lloro y crujir de dientes. ¡Tremendo!

Ya está. Esta es la palabra del tiempo presente. Este es el mensaje nuevo, (O al menos el principio de él) que los ministros que tenemos voces escuchadas debemos darle al pueblo. Basta de criticar a pastores, iglesias, organizaciones o ministerios con sus responsables con nombres y apellidos. A Dios puede placerle restaurarlos y entonces deberemos pasarnos la vida pidiéndoles perdón. Basta de hablar de todo lo que se está haciendo mal porque no es eso lo que a Dios más le interesa o le preocupa. Él tiene especial debilidad por lo que sea o no nuestra obediencia, ya que a partir de ella será o no será que nuestro futuro de eternidad sea en Su compañía. Líderes: basta de golpear a sus liderados y abusarse de ellos de todas las maneras posibles y factibles. Basta, los que son y se sienten más grandes, de hacerse servir por los más pequeños, porque ya fue escrito que los que verdaderamente son más grandes, prefieren servir a ser servidos.

Basta de inventar teologías y ponerlas en supuestas Biblias y como palabra de alguna clase desconocida de dioses, con la finalidad de favorecer posiciones personales y conveniencias ministeriales y económicas. Dios tiene una sola palabra, una sola doctrina y una sola enseñanza. Ya la escribió en la Biblia, esa misma Biblia que todos tenemos, algunos menos leemos, otros muchos menos profundizamos y, los menos de los menos se atreven a vivirla. El nuestro, ya lo hemos dicho en muchas ocasiones, no es el Dios castigador que inventó e implantó el catolicismo romano. Pero eso no quiere decir que nuestro Dios sea un ser débil e incapaz de hacer justicia con todas las letras. Dios es justo y es fuego consumidor. Por lo tanto, si ese fuego necesita llegar con alguna clase de disciplina, ni lo dudes que esa disciplina llegará, tal como lo terminas de oír y leer.

Hace muchos años, cuando tomé la decisión de seguir a Jesucristo y ser un creyente genuino y fiel, aquellos jóvenes mentores que me acompañaron en la mejor decisión que hice en mi vida, me hicieron conocer la única palabra considerada como enemiga número uno de los cristianos: Pecado. Con ella me enemisté y empecé a combatirla para erradicarla completamente de mi vida. Una batalla dura y prolongada, pero factible de victoria si se encara con humildad, responsabilidad y fe. No diré que la derroté por completo, porque todos saben que estaría exagerando o directamente mintiendo, pero sí puedo decir que la erradiqué de mi vida en un alto porcentaje, que seguramente debe ser muy parecido al de la mayoría de ustedes, los que escuchan o leen estas cosas en esta Web.

Sin embargo, (Y de esto no hace tanto tiempo) un día me enteré que había otra palabra enemiga que anteriormente no me había sido presentada, mucho más feroz y peligrosa, y que también debía combatirla si no quería que la primera se hiciera presente una y otra vez. Esta última palabra, que el Espíritu me ha ordenado enseñarte hoy, es Iniquidad. Confieso que, hasta allí, a ese término lo había leído todas las veces que seguramente también lo habrán leído muchos de ustedes, pero no me había hecho ruido alguno en mi entendimiento sencillamente por una razón: no sabía el significado de esa palabra, iniquidad. Y como normalmente hemos hecho muchos cristianos a lo largo de nuestra vida de fe, hice lo que una mayoría todavía sigue haciendo: cuando no entiende algo de lo que dice su Biblia, pasa al versículo siguiente y se acabó el problema. Algún día vendrá alguien y me explicará lo que ahora ignoro.

Y apareció ese alguien. Más de uno, tal vez, no lo recuerdo, pero aparecieron con estudios sustentados en capítulos y versículos que, con mucha precisión, me informaron que la tan famosa Iniquidad, era la suma de todos los pecados de mis ancestros que, si no procedía a cubrirme con la sangre de Jesús y cortar en su nombre con toda ligadura con la herencia, podía perjudicarme al grado tal de caer en la primera enemiga: Pecado. Ese día me enteré de quién y qué era la Iniquidad y decidí, al igual que la primera palabra peligrosa, enfrentarla y combatirla. No sólo para mi propio bienestar, sino para el de toda mi familia. Porque si es como me enseñaron un mal hereditario, esa Iniquidad que yo había heredado, de no ser sacada de mi vida, iba a traspasarse a mis hijos, nietos y biznietos. Hasta la cuarta generación.

Y tranquilamente a esto podría cerrarlo aquí, como si lo relatado fuera todo, ya que no hay demasiado para añadirle. Y eso hubiera sido lo que iba a suceder, si no fuera que, al Espíritu Santo, reitero, le agradó poner en mi espíritu una carga que debería llevarme unos pasos más allá de esa simpleza casi infantil que me decía que Iniquidad es el pecado de bisabuelos, abuelos y padres que, si no me defiendo con la sangre derramada en la cruz, se alojará en mí y me llevará a la ruina espiritual, almática y corporal. No se trataría de descalificar esta última enseñanza recibida, sino muy por el contrario, salir a partir de ella a procurar completarla, profundizarla y ponerla blanco sobre negro lo mejor que se pueda, para que todo el que me escucha o me lee pueda combatirla mejor y con mayores chances de victoria.

Lo primero que hice, como buen principiante, fue buscar el significado de Iniquidad en el diccionario. Me dio una sola definición: Maldad, injusticia grande. ¿Eso se podría heredar? Quizás, pero yo buscaba Iniquidad. ¡Qué saben estos incrédulos intelectuales! Vamos a ver en un buen diccionario bíblico: El sencillo dice: Significa, literalmente, injusticia, la condición de no ser recto, ya sea en relación con Dios, en base a su norma inamovible de justicia y santidad, o en relación con los hombres, en base a lo que el hombre sabe que es justo por su propia conciencia. Alfonso Lockward lo define así: En el AT se traduce así el término hebreo awon, que señala al pecado con énfasis en su depravación y perversión. También desde el punto de vista de su carácter de injusticia grande, causa de especial culpabilidad frente a Dios. El Diccionario Bíblico Perspicacia es más escueto: Cualidad de aquello que no se amolda a la norma de excelencia moral de Dios y por ello es malo, perverso o inservible.

De acuerdo, enterado, pero ¿Cómo llego yo a saber bajo qué rudimentos o fundamentos todo esto puede ser traspasado hereditariamente a toda una descendencia? El texto que podríamos considerar como base para esta enseñanza, está en el libro del Éxodo capítulo 34. Allí relata el momento en que Dios le ordena a Moisés preparar dos piedras lisas donde su dedo posteriormente escribirá los legendarios Diez Mandamientos. Y en el marco de ese episodio. Dios desciende de una nube y relata lo que nos interesa. Esencialmente, menciona que ese Jehová fuerte y que guarda misericordia a millares, visita la iniquidad. Correcto, ninguna duda te queda leyéndolo tal como está escrito en nuestra versión tradicional Reina Valera. No me gusta meterme en confusión ni trasladarla a quienes reciben todo esto dando participación a otras versiones de la Biblia, pero sí creo más que necesario recurrir a una interlineal que me permita dilucidar la frase que más me sobresale: visita la iniquidad. ¿Cómo que la visita? ¿Está clara para ustedes esta expresión? Si lo está, les pido disculpas, pero yo no terminé de entenderla. Así que recurrí a la interlineal para ver el original hebreo. No está la palabra Iniquidad como tal, está el vocablo avón o awon, pero se lo traduce como perversidad (Algo torcido) o mal moral, que también puede definirse en Maldad.

En cuanto a visitar, la palabra original es pacad y se la traduce como visitar, con intención amistosa u hostil, y por analogía supervisar, reunir, acusar, cuidar de, extrañar, depositar. Ahora sí me queda claro: Dios supervisa, vigila o cuida que no exista esa perversidad y esa maldad moral en los padres, hijos, etc. Lo hace hoy conmigo, lo está haciendo ahora también contigo. Entonces allí fue donde acudí a los albores del uso de esta palabra. En el libro de Ezequiel, en su capítulo 28, se hace una descripción de ese hermoso arcángel llamado Luzbel, más vulgarmente conocido luego como Lucifer y batallando a full contra el hombre como su más fiero Adversario, que es justamente el significado de la palabra Satanás. Y allí me encuentro con una descripción muy completa de este personaje. Y se hace especial énfasis en que se halló en él maldad y que, por causa de la multitud de sus contrataciones, fue lleno de iniquidad y pecado.

Debo reconocer que cuando leí este pasaje, se me cruzaron los ojos. Algo de lo que yo sabía, o suponía que sabía, sentí la sensación de que no era tal como yo suponía que era. O que me había quedado con una interpretación demasiado liviana. Porque aquí están hablando de Luzbel, que es como decir que están describiendo la historia de Satanás, un hermoso arcángel creado por Dios para brillar, no para traer oscuridad. Y hay tres palabras que se encadenan y dejan un interrogante que procuraremos develar. Dice que todo iba de maravillas con este querubín protector, hasta que se halló en él maldad. Pregunto: ¿De dónde salió esa maldad? ¿Como se adueñó de él? Creo que este. todavía sigue siendo uno de los grandes misterios quizás reservados para ser revelados en el día final. Pero el caso es que de pronto, en este hermoso Luzbel, había maldad. Y que a partir de allí comenzó alguna especie de negociados, que, por resultarles positivos, lo llenaron de Iniquidad. Y que, como consecuencia de la suma de ambas cosas, Maldad y luego Iniquidad, él pecó. Mi pregunta cuando terminé de leer esto, fue: si la iniquidad es el pecado heredado de nuestros antepasados, ¿De dónde y de quién lo heredó Luzbel?

Repasemos la interlineal en el mismo texto de Ezequiel 28. En el verso 13, se confirma que Luzbel fue un ser creado. La palabra usada es bara, que se traduce justamente como crear. En el verso siguiente, el 14, donde dice que era un querubín, (Que es una palabra incierta, sin significado terrenal visible) grande, esta última palabra es la palabra mimshákj, que si bien esta versión traduce como Ungido, en la explicación más amplia se lo da como esparcido, como si estuviera con sus alas extendidas. En el 15, dice que era perfecto, y esa palabra es tamín, que se traduce como íntegro o sin defecto. Y que eso fue hasta que se halló en él maldad. La palabra aquí es ével y nos habla de un mal moral, y con mayor amplitud, de alguien que de pronto es moralmente distorsionado.

Y así llegamos al verso 16, donde se nos habla de la multitud de las contrataciones de Luzbel. No sé tú, pero yo he oído decenas de interpretaciones distintas respecto a eso. La palabra que vemos es comercio, y en el original es reculá, que se traduce exactamente así, comercio. El gran tema es que el texto tradicional dice que, por andar en estas cosas, él se llenó de iniquidad, pero la palabra que leemos en esta versión es Violencia. En el original hebreo, la palabra es kjamás, y su traducción implica eso: violencia, mal, daño por, (Atención con esto) ganancia injusta. Está claro: cualquier negociado que estuviera haciendo Luzbel, no era ni del agrado de Dios ni formaba parte de Su propósito ni Su voluntad. Kjamas. ¿Te resulta familiar el término? Sí, de allí sacó su nombre ese grupo terrorista que tan de actualidad estuvo hace unos meses.

Ahora bien, sin menosprecio a la enseñanza que recibí y en la cual confío y creo, porque me ha sido efectiva, entiendo que, a la hora de ser muy puntuales y específicos, que es como se debe librar una batalla espiritual, creo que con cortar con toda iniquidad con relación a los pecados cometidos por nuestros ancestros, quizás no sea suficiente para cerrar definitivamente este proceso, si es que se conoce algo más y se puede aprovechar lo que el Espíritu Santo nos muestra para ser más efectivos. ¿Qué es concretamente lo que heredamos de nuestros bisabuelos, abuelos y padres, y que al mismo tiempo corremos el enorme riesgo de transferir a nuestros hijos? Iniquidad, ese es el nombre global y de guerra, pero específicamente, ¿De qué estamos hablando? Hasta aquí, por lo poco que hemos examinado, lo que se transfiere generacionalmente, es Maldad y Violencia. Ni se me ocurre dudarlo. He visto demasiados hijos proceder con la misma maldad de sus padres y también ser golpeadores de sus mujeres cuando su padre lo era de su propia madre. Pero… ¿Es todo?

Cualquier mediana concordancia te mostrará que la palabra Iniquidad está alrededor de doscientas veces en la Biblia, (Las distintas concordancias no coinciden y contarlas una por una en nuestras Biblias tampoco nos asegura nada, porque hay demasiadas imperfecciones en la traducción), y que, en su enorme mayoría, es en el Antiguo Testamento. Lo que sí se puede observar, es que no en todos los casos significa lo mismo. Quiero examinar todos esos textos y ver lo que globalmente, nos están mostrando. Pero quiero hacerlo partiendo de una base que me da como maldad y violencia las palabras más utilizadas para representar a la Iniquidad, pero añadiéndole algo más con lo que me encontré investigando el tema. En algún texto bíblico, la palabra Iniquidad está traducida del vocablo griego antiguo ανομία, cuya traducción correcta es la palabra anomía. ¿Y qué significa anomía? Ausencia de normas o convenciones en una sociedad o persona, o su irrespeto o degradación. Pasándolo en limpio: Decisión personal de no respetar leyes ni conceptos de nadie. Una equivalencia a la rebeldía o rebelión. Arrancando desde esta base, creo que nos resultará más sencillo, ya que lo que muestra Luzbel en su caída, justamente fue eso: rebelión, rechazar la autoridad y las leyes de Dios, y operar para que su flamante creación, el hombre, caiga en lo mismo. Iniquidad.

En el texto de Génesis 49:16, donde leemos Iniquidad, aquí, la palabra usada es una vez más, kjamás, cuya traducción correcta, reitero, es Violencia, que es como aparece en la versión interlineal. Y eso es coherente con uno de los versos siguientes, donde Jacob declara que no seguirá la rutina de Simeón y Leví, porque en su furor mataron hombres. Iniquidad. Violencia. Kjamas. Furor, homicidios, violencia. ¿Es necesario continuar? Quiero que entiendas que Dios hace una clara diferencia en el momento en que se está manifestando, entre iniquidad, rebelión y pecado. Las tres cosas son diferentes y tienen que ser tratadas, también de manera diferente. En la gran mayoría de púlpitos o plataformas cristianas, se predica en contra del pecado, se predica que hay que arrepentirse de los pecados. Pero en muy pocos lugares se trata con la raíz del pecado. La raíz de todo el mal. La raíz que introduce el pensamiento pecaminoso, que introduce esta forma de pecado, es la iniquidad. Si yo pienso en el pecado, el pecado es sólo el fruto de la carne. Me pregunto cuántos saben que los frutos no son ni el tronco, ni las raíces.

Manifiestas son las obras de la carne, dice la Palabra con absoluta claridad en otro lugar. Son los frutos de la carne. Cuando tratamos con el pecado, estamos tratando simplemente con la parte externa. Pero la interna, la que viene de las raíces de ese árbol, la iniquidad, no ha sido ni enseñada ni tratada de la misma manera. Y ese ha sido, creo no equivocarme, el mayor drama de la iglesia, tanto en el pasado siglo veinte, como en este siglo veintiuno que estamos transitando. Cabe aclarar que Iniquidad y pecado, son dos cosas diferentes. Si a la iniquidad la dejamos de lado, vamos a estar en un problema constante, porque la justicia de Dios, así como el amor de Dios nunca puede dejar de ser, Su Justicia nunca puede dejar de juzgar. Y cuando digo juzgar, estoy queriendo decir: alinear. Cuando Dios juzga, Dios viene a alinear lo que está torcido. En este texto, conforme a lo que vemos en el verso 9, Iniquidad es el equivalente a Terquedad, Ceguera Espiritual.

El juicio de Dios que vemos manifestado aquí, no es un golpe destructivo, sino una estrategia para enderezar el camino de alguien. Entonces la justicia necesariamente juzga. ¿Y qué es lo que juzga la justicia? Necesariamente e irremediablemente, la justicia va a juzgar la iniquidad. Donde quiera que se encuentre la iniquidad, la Justicia de Dios va a estar tratando de enderezar. El problema es que, si no tratamos con la iniquidad, vamos a estar en un conflicto continuo entre ella y la justicia. Por eso vemos en tantas partes de la tierra a personas que aseguran que no están caminando en pecado, que llevan una vida santa de la mejor manera que pueden y que no se explican cómo las ataca el diablo, financieramente están en bancarrota, llenos de enfermedades, les pasa de todo y no lo pueden explicar. Otro significado de Iniquidad, entonces, es Injusticia

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agosto 15, 2024 Néstor Martínez