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3 – Iluminados por el Viento

El principio bíblico que expresa que: no solo de pan vivirá el hombre, es un estandarte debajo del cual este ejército voluntarioso comienza su andar por la vida con su vista puesta en un invisible, pero con su objetivo de máxima más que claro: extender el Reino de Dios en la tierra partiendo de una base elemental: mostrarlo, hablar de él, enseñarlo, vivirlo. Y se me ocurre que remedar ese principio de un modo casi irreverente, pero apto y permitido para esta ocasión, tal como luego podrás comprobarlo, es decir que no solo de tango vivirá un argentino, sino de toda canción que sale de su idiosincrasia tan especial, pero también tan cuestionable y controvertida.

La primera vez que escuché una canción compuesta por un señor nacido en mi ciudad de Rosario, Argentina, y anotado en nuestro Registro Civil con el nombre de Félix Francisco Nebbia Corbacho, y que una gran parte nacional e internacional de la música conoce y reconoce como Litto Nebbia, que decía en su primera estrofa y única que memoricé: “Viento, dile a la Lluvia que quiero volar y volar / Hace más de una semana que estoy en mi nido / sin poder volar, quedé impresionado por esa simpleza tan singular que nos lleva a imaginarnos mucho más que el propio autor. Un ave pidiéndole al viento que hable con la lluvia.

Esa fantasía que aquellos años jóvenes fue dando paso a la sobriedad y al aplomo de la madurez, y fue dejando a la vieja canción en una repisa de recuerdos tan inútiles como los que normalmente guardaron y guardan nuestras abuelas. Hasta que en un hoy cargado de interrogantes e incertidumbres, cuando los tiempos son otros y las demandas muy importantes y profundas, se me antoja sacar ese recuerdo de la vieja repisa, pasarle un paño para eliminar el polvillo obstinado y terco y compararme con aquella ave y pedirle al Viento, que es Pneuma, que es Espíritu, que me haga el favor de decirle a la Lluvia, que siempre es regalo del cielo, favor y Bendición inmerecida y regada por Gracia, que se derrame con cuidado y precisión para que no se inunde ni se destruya mi nido. Si no entiendes lo que quiero decir, lo aclararé: que ese Viento divino derrame Unción hasta que sobreabunde sobre mí y mi casa, pero con la protección necesaria para que nada sea exagerado ni sobredimensionado.

Cuando decimos unción, en realidad estamos esgrimiendo un verbo, que es ungir. Nosotros lo relacionamos con derramar aceite sobre una superficie o persona, y en los hechos visibles es así, pero su significado va mucho más allá, porque habla de imponer posicionamientos o jerarquías en algo o alguien y en cerrar las puertas a cualquier injerencia exterior que comprometa lo que es la misión principal de ese lugar. Dentro del pueblo de Dios, se ungen naciones, regiones, ciudades, viviendas, vehículos y personas. En todos los casos, se las reclama como patrimonio real del Reino de Dios y con cobertura de acero contra todo ataque satánico. Eso, en grandes rasgos, es la unción si es que no queremos caer otra vez en expresiones extremadamente biblistas que suenan a rudimentos religiosos.

¿Tú quieres que yo te explique con términos sencillos qué cosa es la unción sin caer en la fraseología tradicional de citar capítulos y versículos que tengan que ver con ella? Ahí vamos, a ver si me sale y puedo. Escuché una vez hace mucho tiempo una hermosa definición respecto a lo que es verdaderamente la unción de Dios en una vida. Se habló tanto sobre esto, se promocionó tanto y hasta se divagó tanto que yo estoy seguro que hay miles de cristianos fieles que todavía no lo tienen muy claro.

 Decía esa comparación que: si un hermoso pájaro se balancea sobre un cable de energía eléctrica mientras hace oír su trino, su gorjeo, y al mismo tiempo, más abajo en pleno campo, una vaca muge con su voz ronca mientras come su pasto verde, eso es naturaleza pura. Pero si un día llegaras a ver a ese pájaro mugiendo en el campo y a esa vaca balanceándose en el cable de energía, entonces ESO ES LA UNCIÓN.

Dicen aquellos que como tú y yo estamos inmersos en esta batalla final, que las relaciones o inter-relaciones, constituyen la llave que abre y libera nuevos niveles de potencial que hay en tu vida. Transparencia, confianza, alianza, esas son, creo yo, las palabras del momento en la jurisdicción del Reino de Dios. Fíjate que en alguna ocasión hemos hablado, desde algunos de los canales con los que salgo al ruedo, de funcionar con una mentalidad apostólica, que dicho sea de paso no tiene absolutamente nada que ver con ese festival de apóstoles que la religión organizada inventó para darle más lustre a sus hombres. Quien se disponga y se atreva a buscar de verdad adquirir una mentalidad apostólica, lo primero que deberá hacer es procurar recibir unción divina. Sin unción no hay apostolado. Sin unción no hay poder. Sin unción no hay ministerio alguno.

Es más que importante, si eres un ungido que tiene comunicación y diálogo con tu Señor, que sepas perfectamente qué cosa está enfatizando Él en este tiempo, porque será exactamente lo mismo que tendrás que enfatizar tú. Dios no puede estar hablando de unción y poder manifestado y tú hablar de conferencias y teología sistemática. Nadie te cuestionará tu calidad de cristiano, pero que no estás en sintonía con tu Jefe Supremo, es más que evidente.

 La gran realidad nos demanda que, si bien debemos darle total énfasis a lo que Dios le está dando énfasis hoy, eso no significa que debamos olvidar o darle menor importancia a todo lo que Dios le dio énfasis ayer. Ayer envió don de lenguas a su pueblo, hoy le pide conciencia de Reino, pero sin dejar de orar en lenguas para obtenerla. Aquí es donde se hace necesario sí o sí recibir una revelación fresca, no se puede obrar de manera improvisada. De hecho, no existe tal cosa como revelación divina sin unción previa.

Es más que verdad que una revelación, a veces destruye lo que haya sido la previa interpretación de la palabra. Sigue siendo una palabra, es cierto, pero hay casos o situaciones en las que esa palabra se toma con interpretaciones erróneas o tendenciosas. Sin embargo, yo no me preocuparía si fueras tú que eres defensor fiel a muerte de las cosas del Reino. Tendrás que saber, y si ya lo sabes, recordarlo, que todo falso fundamento se cae estrepitosamente ante la revelación fresca de la palabra.

Si tomamos un texto cualquiera y yo lo interpreto de acuerdo a la teoría Tal o Cual, de mis estudios de Hermenéutica, puedo aspirar a armar un regio debate al respecto. Pero si me encuentro con que tú me dices que jamás consultaste ni un mínimo manual de esa materia, pero que dices lo que dices porque así te fue revelado, me desarmas totalmente y no me dejas otra alternativa que creerte y guardarme mi lengua en el bolsillo o no creerte y marginarte por fantasioso. Esto último, en la iglesia tradicional, se ha visto mucho más de lo correcto. Eso también se llama Religión.

Ahora bien, la gran pregunta, es: dentro de nuestros ya muy conocidos “ambientes” cristianos, ¿Quién puede entender esta mentalidad apostólica de la que estamos hablando? Para hacerlo, se debería ir más allá de lo que llamamos restauración, ¿Verdad? Mucho más allá de lo estrictamente tradicional. Y te diré más: también bastante más atrás que el fundamentalista, y bastante más profundo que el conservador. Tendríamos que ir mucho más atrás que el católico romano clásico, es decir: deberíamos ir a un lugar en donde todavía no existieran ningunas de los principios doctrinales que tanto nos han dividido. Hasta aquí todo está claro, pero una sola duda: ¿Para qué ir tan atrás? ¿Con qué motivo? Simple, te doy uno que vale por varios: indagar los principios y fundamentos de la iglesia cuando solamente existían creyentes y religiosos, sin ninguna otra “denominación” extra.

La cristiandad, (No me gusta llamarla así, pero así es como se la conoce internacionalmente), está bastante lejos de lo que es la iglesia. ¿Por qué digo esto? ¿En qué tomo base? En que la iglesia y sus fundamentos existen desde bastante antes que la palabra cristiandad viera la luz. Había un tiempo en que los que estaban, se llamaban creyentes, seguidores de Jesús, el Mesías, el Cristo. Más tarde los griegos, en medio de lo que sus mentes enriquecidas por un intelecto muy desarrollado supuestamente les mostraban, tomaron en sorna a esos grupos de locos “fanáticos raros” y hasta excéntricos, y para definirlos de alguna manera burlona e hiriente, empezaron a llamarlos de un par de manera hasta llegar a la que les calzó en sus gustos personales: los cristianos. Si te digo que jamás me gusto autodenominarme así, no te exagero ni te miento nada. Me quedo con ser un fiel creyente y sentirme un hijo más de Dios por decisión de fe.

Y no creo estar tan equivocado. Fíjate que, en aquel tiempo, cuando comenzó todo esto que hoy nos une, nos reúne y nos desafía, todos estaban fundamentados en una doctrina de contenido apostólico. Sería bueno irse en dirección de esos días para tener una idea de cuál es el énfasis principal que Dios está trayendo en este tiempo y así derribar y anular todo concepto erróneo que se quiera tener al respecto, aunque más no sea para fastidiar a los que obedecieron el viejo mandato de escudriñar las escrituras. La idea central alrededor de esto, es cerrar una brecha existente desde hace mucho tiempo, y de esa forma desactivar todos los extremismos relacionados con la verdad que Dios está trayendo Hoy.

No es nuevo todo esto. Por formación, pero también por experiencia personal puedo asegurarte que siempre que Dios nos revela una verdad, de inmediato aparecen extremos. Claro está que el hecho que existan esos extremos, de ninguna manera anula esa verdad. Porque no es menos verdad que no puede existir ningún extremo sin un punto de partida. Desde algún lugar comienza a moverse ese extremo. Es como decir que no puede existir un billete de dólar falso, que no haya sido producto de una imitación de uno original. El tema pasará por la calidad de esa imitación, no por la imitación en sí.

 Sólo existe algo falso si antes en su lugar o en las cercanías, había algo real. No puede haber una fotocopia de buena calidad si no hay un original de donde tomarla. Entonces, el mero hecho de saber que hay cosas falsas, nos está indicando que también hay cosas reales. ¿Te doy un ejemplo contundente? Si aprobamos que haya falsos profetas, también estamos aprobando que los haya genuinos. Y no es lo único, porque la simple actitud de aceptar que hay una doctrina falsa, es indicador de que hay una doctrina cierta. Como dijo alguien alguna vez: a nadie le dicen payaso si no le quedan grandes los zapatos. Lo visible es lo visible; luego veremos qué indica lo visible.

Es indudable que, si hablamos de unción, no podemos ni debemos dejar de relacionarla con la fiesta del Pentecostés. De hecho, tú consultas un buen diccionario de la lengua española y te dirá en una de sus acepciones, que Pentecostés es una festividad del cristianismo que se celebra cincuenta días después de la pascua y conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles.

 Absolutamente cierto y legítimo como información para nosotros y para hoy, pero incompleta. Porque en realidad esta festividad era de origen judío y se celebraba en memoria de la ley que Dios les había dado en el Monte Sinaí, y tenía lugar cincuenta días después de la Pascua del Cordero. Dios quiso evidentemente hacer coincidir ambas cosas cuando desató lo que vivirían ese grupo de personas que estaban reunidas en aquel aposento.

Lo que más llamó mi atención casi desde el primer momento que leí ese relato, fue que lo primero que se pone de manifiesto, es que las personas que se habían reunido en ese lugar, además de estar todos juntos, sin separaciones ni discriminaciones tradicionales, estaban unánimes. Sabes lo que es la unanimidad, ¿Verdad? Casi un sinónimo de unidad, algo que se realiza sin discrepancias ni opiniones opuestas o adversas.

 Siempre me pregunte si no sería esa y no otra la razón por la cual el Espíritu Santo pudo venir con ese estruendo que debe haber sacudido las fibras más íntimas de todos los que estaban allí y hacer en ellos la obra monumental que hizo. Lo que ellos definen como lenguas de fuego, en realidad pudieron ser destellos eléctricos, porque no se nos dice que eran lenguas, sino que lo que se posaba sobre cada uno eran como lenguas de fuego. Similares, parecidas. Espíritu Santo y Fuego, ¿Te resulta conocido?

Lo cierto es que, como consecuencia de esa manifestación definitivamente sobrenatural, ellos fueron llenos del Espíritu Santo. ¿Cómo lo supieron? Porque indudablemente sintieron que algo había cambiado en su ser interior. Al menos eso es lo que yo viví, muchísimos años después en un banco de una congregación a la que asistía por tercera vez después de aceptar a Jesús y de decidir seguirlo y que Él fuera Señor de mi vida. Experimenté, sin que nada lo incentivara, (Sólo alguien estaba orando para bendecir) primeramente un calor tremendo por dentro, como si un fuego me quemara sin quemarme.

Se me aflojaron las piernas, pero no para derrumbarme, sino para simplemente caer de rodillas, cuando todo el mundo estaba de pie y me miraba con curiosidad. Yo no les podía explicar nada porque lo único que salía de mi boca eran palabras que yo no entendía, pero que parecían ser de alabanza, porque pronunciarlas me hacía sentir cada vez mejor y con más paz y una rara e indescriptible felicidad. Y puedo asegurarte que esos no eran precisamente tiempos de felicidad humana en mi vida. Yo no entendía nada lo que me pasaba, los jóvenes que me acompañaban me lo explicaron. Me dijeron que esa que yo había recibido, era LA señal de haber sido bautizado con el Espíritu Santo.

Durante mucho tiempo, y al igual que gran parte de esa primera congregación cristiana, yo creí eso que me enseñaron con valor de doctrina. Y juzgué y sentencié como una mayoría de ellos a los que no tenían ese don de lenguas como “gente sin el Espíritu Santo”. Dios me haya perdonado y me siga perdonando por ese juicio apresurado, improcedente y además ignorante. Porque mucho tiempo después, cuando el hambre por la Palabra me hacía comerme las escrituras, descubrí que había OTRA señal de la plenitud del Espíritu en una vida, y era la de predicar la palabra con denuedo.

Yo era uno de los que pensaba que decir denuedo, era hablar de esfuerzo, de impetuosidad, de fuerza humana al servicio del evangelio. Pero más adelante, y con mayor entendimiento, descubrí que cuando dice denuedo, allí, la traducción más amplia lo traduce como algo sin contaminación. ¿Entiendes lo que digo? Evangelio no contaminado. Eso significa predicar la palabra con denuedo. ¿Cuántos has conocido que, haciendo gala de una alta riqueza espiritual, te predicaron un evangelio contaminado con intereses humanos? Eso tiene otro nombre: Religión.

Presta atención a un detalle que no es menor. El largo capítulo del Libro de los Hechos en donde se relata este asunto de Pentecostés, es usado para instrucción de los creyentes, pero curiosamente, el impacto o shock del Espíritu Santo, solamente ocupa cuatro versículos, que es como porfiadamente los hombres separaron un libro que en su origen no los tenía. Ni Mateo, ni Lucas, ni Pablo ni Pedro escribieron versículos. Ellos escribieron relatos y cartas. El resto fue obra de ciertos hombres religiosos que, en esto en especial, fueron influidos por los escritos filosóficos griegos de Homero.

Lo real es que, en cuatro frases, entonces, se relata la venida del Espíritu y la llenura de los hombres con sus consecuencias más visibles. El grave dilema de lo que llamamos La Iglesia, fue haberse quedado estancada en Pentecostés. Dios les dio inspiración a los hombres que lo relataron y luego siguió adelante, con otra cosa. Los religiosos leyeron esto, les pareció maravilloso y ahí se quedaron a vivir. Se deben haber tostado bastante, porque Dios y su nube siguieron su ruta y los dejaron solos y expuestos.

Porque hasta donde hemos visto, donde quiera que vivamos, es que el gran énfasis de la iglesia en su conjunto estructural y global, ha sido disfrutar de la bendición que produce el fluir del Espíritu Santo, con sus lenguas o cualquier otra manifestación relacionada con eso, que de inmediato se asocia con ese Pentecostés. Reitero; eso sucede porque de alguna forma se quedaron estancados en ese versículo y el carisma y todo lo demás, los deslumbró.

Tremenda ceguera unida con ignorancia. Una asamblea llamada iglesia nacida del poder de Dios, hambrienta por lograr algo de poder sea como fuere, porque hasta aquí solo se había llenado de palabrerío y cero fruto o testimonio. De allí que cuando alguien está en condiciones de manifestar al menos algo parecido a aquel Pentecostés, la iglesia se lanza alegremente a una íntima fiesta personal e institucional y a eso le llama Cristianismo. Yo sigo tozudamente llamándolo Religión. Porque no bendice, sólo entretiene.

Te pregunto: ¿Qué crees que hizo la iglesia original, primitiva, inicial, tan pronto comprobó la tremenda fuerza que había descendido sobre ella en la figura del Espíritu Santo? Se lanzó a la calle. Quería predicarle hasta a los árboles. La gente no sólo sentía que ahora tenía algo importante para decir, sino también para mostrar, para sacar de la mediocridad escéptica conque muchos creyentes han vivido toda su vida eclesiástica. Me produce una mezcla de gracia y nostalgia esto, porque me hizo recordar que yo llevaba menos de una semana de convertido cuando me tocó hacer un viaje en bus a una ciudad vecina.

Mi asiento, mi ubicación en el bus, coincidió con una mujer mayor a la cual, apenas habíamos iniciado el viaje de una hora y media, empecé a contarle de mi vida, mi conversión y de todo lo que yo sentía que Dios había hecho por mí. Esta mujer viajaba a una población que estaba quince minutos antes de llegar yo a mi destino, pero cuando descendió, había orado junto conmigo para que el Señor la recibiera como hija. Nunca más la volví a ver ni supe de ella, pero no tengo dudas que fui usado por Dios para traer a un alma más a su pueblo. Evangelismo programático… ¡Por favor! Pequeña gran diferencia entre religión cristiana y llenura del Espíritu Santo.

Jesús fue muy claro con aquellos hombres. Él les dijo que debían esperar en Jerusalén hasta que fueran dotados con poder desde lo alto. Ellos obedecieron y así se comportaron esperando el cumplimiento de la promesa. De hecho, yo sé muy bien que nuestra mente religiosa nos dice que probablemente andaban todos ayunando o que todos estaban orando fervientemente, y que esperaban con gran gozo al Espíritu Santo, pero todo eso es simple imaginación de un espíritu de religiosidad que pretende imponerle a Dios como debe hacer las cosas con cierta y determinada gente.

Veamos: ¿Cuánto podemos orar si no tenemos el don de lenguas que nos traiga algo distinto a nuestro espíritu? ¿Diez minutos? ¿Quince? Sí, ya sé que hay gente que hora mucho más tiempo, pero estoy seguro que repitiendo conceptos, palabras, pedidos, declaraciones. No innovando, no trayendo palabra nueva o fresca. Ahora ten en cuenta lo siguiente. Todos estos hombres del Pentecostés, eran pescadores, la mayoría de ellos solteros, reunidos casi amontonados allí, en ese aposento. ¿Qué crees que hacían?

Si tú te crees que estaban orando fervientemente las veinticuatro horas del día, debo decirte que tú eres más religioso de lo que tú mismo creías. Porque sin don de lenguas, es muy complicado orar más de quince o veinte minutos sin cansarse o quedarse aparentemente sin tema. Solamente los intercesores lo consiguen sin problemas, eso es real y a esto hay que decirlo siempre. Pero resulta ser que ellos todavía no tenían ninguna lengua angelical o idiomática, estaban esperándolas.

Tienes que entender, si puedes, que esa era gente que en su gran mayoría ni siquiera se conocía entre sí. Algunos, probablemente sí, pero no la mayoría. Y no es para fantasear si te digo que es muy posible que algunos no congeniaron ni se cayeron en gracia para nada. Unos hablando de los otros, los otros hablando de los unos. Pedro dejando sus calcetines en el suelo porque los pies les ardían de tanto estar parado. Más tarde salió alguien que dijo que fueran a comprar pescado porque tenía hambre.

Luego apareció otro que les recordaba que fueran al sanitario por turnos y que no se olvidaran de higienizar todo, que no fueran mugrientos o maleducados. Imagínate eso por un momento: toda esa gente amontonada en un cuarto. ¿Qué pasa que no pasa nada? A ver Pedro, tú que eres el que sabe algo de esto, ¿Qué pasa que no hay señales de nada? ¡Tengo hambre! ¿Quién sale a comprar pescado? ¿Están locos? ¡Mira si por salir a comprar comida viene en ese momento lo que esperamos y yo me lo pierdo? ¿Tienes hambre? ¡Bueno! ¿No andabas tú con Jesús? ¡Multiplica los peces y los panes como hizo Él!

¡Diez días allí tratando de conocerse! A mí se me ocurre pensar que, después del tercer o cuarto día, todos ya habían descubierto sobradamente las pequeñas y no tan pequeñas fallas de los demás. Con ese criterio, tengo certeza que más o menos para el quinto día de aquel premonitorio “aislamiento”, algunos ya estuvieran tomándose algo muy parecido al odio o sentimiento parecido. Un grupo humano no pequeño metido en un no demasiado amplio aposento. La pandemia portadora de aislamientos estrictos que vivimos, nos dio la autoridad para entender lo que en lo emocional y anímico eso significa.

Claro, nosotros así a la distancia y con las pinturas religiosas que nos metieron en el cerebro, tenemos esa fotografía de ese grupo como de especies de ángeles orando y ayunando, con rostros plenos de gozo y sonrisas angelicales, esperando la promesa casi sin abrir sus bocas, lejos de protestar por algo. Pero esa es la pintura que nos vendieron. Lo que yo creo es que, para el séptimo día, todo eso ya empezó a parecerse a una comunidad de las nuestras. Con un solo detalle que la diferenciaba de esas nuestras: tenían una unidad de deseo: esperar la bendita promesa. En eso estaban más que unánimes. En todo lo demás, permíteme que lo ponga en duda. Naturaleza humana.

Es más que notorio que en un momento dado empieza a haber una interacción entre esos discípulos. Ellos empiezan a conocerse y a formarse uno con cada uno. Y en ese acto, empiezan a surgir grupos afines. Recién cuando ese ambiente ya está consolidado, es que llega la promesa. Y cuando viene eso tan esperado, aparece un Dios que ha estado esperando que hubiera ciertas condiciones terrenales propicias para posteriormente identificarlas como el fundamento para el comienzo de cualquier forma o tipo de ministerio.

 Tenemos que saber con claridad que, cuando el Espíritu Santo llega a una vida o a un lugar en donde hay vida, no está limitado doctrinalmente a la experiencia de hablar en lenguas. Te digo más: el Espíritu Santo no vino ni viene todavía para que la gente hable en lenguas. El Espíritu Santo viene y conecta con lo más sublime de la divinidad cuando encuentra un ambiente de unidad. ¿Será por esa razón que no lo estamos viendo tan seguido por nuestros sitios?

Esa, en todo caso, la manifestación de las lenguas, constituyen una de sus manifestaciones visibles, aunque no la única, y de ninguna manera es el propósito de su venida. Porque es necesario que alguien se atreva a ganarse enemistades religiosas y salga a decir lo que es una verdad insoslayable: el Espíritu Santo no está limitado a una experiencia en una reunión o un culto. Ellos, los del aposento alto, recibieron y se les aparecieron esas lenguas repartidas sobre la cabeza de cada uno de ellos.

 Tuvieron indudablemente una experiencia maravillosa e irrepetible, de esas que nos dejan la certeza que proviene del ámbito sobrenatural, pero vale la pena mencionar que esa maravillosa experiencia y de esa forma, nunca se volvió a repetir de la misma manera. Eso nos deja en claro que puedes recibir ahora mismo un impacto, shock, plenitud, llenura o bautismo del Espíritu Santo y fuego, y no necesariamente tener esa misma clase de manifestaciones. Dios es Soberano. Dios es Espíritu.

Te digo más: el Libro de los Hechos de los Apóstoles, que en realidad si fuera por mi gusto personal, debería haberse llamado Libro de los Hechos del Espíritu Santo, está lleno de experiencias donde distintas personas reciben de manera evidente el bautismo del Espíritu Santo, sin tener la misma manifestación del día de Pentecostés. Tendría que darte todas esas escrituras para que lo compruebes, pero no quiero hacerlo porque este trabajo es lo más parecido a una conversación de dos personas con los mismos intereses, y no un tratado de teología sistemática que procure convencer a alguien de lo que no está convencido. No. Detesto eso porque lo he visto hacer muchas veces y jamás estuve de acuerdo. Yo siento como siento, y creo como creo, porque eso es lo que me llega como profunda convicción desde adentro de mi ser hacia afuera. Cuando se pretende invertir eso, ya no se llama Convicción, se llama Convencimiento. Y créeme que no es lo mismo ni por asomo.

El Espíritu Santo no se limita a una experiencia emocional en una reunión, no se limita a la participación dentro de una congregación en una experiencia privada. Es más; hay miles de creyentes que hablan en lenguas, y no tienen ningún tipo de precisión, tienen una vida atada y son muy religiosos en su proceder, aunque si observamos las apariencias, están llenos del Espíritu. En la plenitud del Espíritu, su propósito no es simplemente, o no está reducido ni limitado a una experiencia en una congregación.

Entiende esto: cuando esa gente estaba allí, todas las naciones del mundo estaban presentes. Sólo que Dios esperó a que hubiese un foro internacional, para enviar a su agente embajador del cielo. Dios esperó a que hubiese un foro internacional para enviar su Espíritu. Obviamente, la venida del Espíritu está relacionada con un mover global. Un mover que no estuvo reducido como lo vemos a una denominación, o a una interpretación doctrinal, o simplemente a una experiencia en una iglesia. Llega el mover del Espíritu a aquel aposento, comienzan a hablar en lenguas con un estruendo, pero vale la pena mencionar que ninguna de las personas que estaban afuera, pudo ver lo que ocurrió adentro.

Y, aun así, fíjate que preguntaron qué era eso. No fue la experiencia de hablar en lenguas lo que ellos vieron, que les hizo preguntar qué cosa era eso por una simple razón: nadie los vio hablar en lenguas. Hablaron en lenguas en el aposento, la experiencia total fue en el aposento. El avivamiento personal si es que quieres llamarlo así, fue en el aposento. La experiencia emocional fue allí mismo, al igual que la bendición personal que, una vez recibida, los hizo lanzarse a la calle, con todo el bagaje que Dios les había dado y allí sí fue cuando cada nación internacional que se encontraba en el vecindario, los escuchó hablar en sus propias lenguas.

Entonces fue cuando dijeron: ¿Qué quiere decir esto? Y dice que estaban maravillados. Es como si esto hubiera sucedido aquí, a la vuelta de mi casa y ellos se hubieran preguntado: ¿Pero cómo es esto? ¿No son todos argentinos, aquí? ¿Y cómo los estamos escuchando hablar en inglés, en ruso, en japonés o en la que sea la lengua del país donde hemos nacido cualquiera de los que hoy leemos esto? Cuando las cosas de Dios son incomprensibles, se rompen todos los manuales de teología.

Quiero que entiendas algo; cuando preguntaron qué era eso, no estaban preguntando qué clase de avivamiento pentecostal estaban viviendo, estaban viendo a una persona de una nacionalidad con una cultura donde no todos tenían gran formación, operando en una dimensión y unos límites que estaban mucho más allá de su propia cultura. Para eso es, yo creo, mi estimado amigo, el propósito del Espíritu Santo: para extralimitarte más allá de los límites que pone tu nación. El Espíritu Santo viene para lanzarte más allá de los límites de tu nación. Y viene en un foro internacional, a bautizarnos en un solo cuerpo global.

 Eran nada menos que los galileos comunicando las maravillas de Dios, en idiomas internacionales. Pero ahora vamos a olvidarnos que hablaron todos esos idiomas, y vamos a entender que, lo que el escritor nos está diciendo es que la iglesia de Galilea, tenía una declaración entendida por cualquier nación. Tenía una influencia aplicable y relativa a cualquier nación global. Podían comunicar el evangelio efectivamente en cualquier nación. Era una iglesia con una póliza foránea, no introvertida. No era una iglesia introvertida de cultos privados; era una iglesia con mentalidad apostólica.

Comunicaron a Dios con efectividad de manera internacional. Una iglesia con una visión foránea, donde todo su cuerpo estaba plantado para dar hacia afuera. Tenía una motivación externa, no interna. Y la gente se quedó atónita, porque los galileos eran un pueblito donde, supuestamente, la limitación cultural, la limitación económica, la limitación educacional, no podría permitir que un galileo hiciera gran cosa fuera de Galilea. Y ellos estaban atónitos, porque comunicaron a Dios efectivamente, a todas las naciones presentes.

 Para eso es la plenitud del Espíritu. Para llevarnos más allá de nuestros límites culturales. Para hacer todas las cosas que, sin él, no podríamos hacer. Para hacer ver a la vaca balanceándose en un cable de energía y cantando como un pajarito. O sea: aquello que te lleva más allá de tu habilidad. Aquello que rompe con las limitaciones de tu vida. Aquello que rompe las limitaciones financieras de tu país. Aquello que te hace pensar que tú puedes bendecir a quien sea sin importarte las devaluaciones de las monedas con las cuales tengas que manejarte. Aquello que te extralimita y viene para llevarte más allá. Entonces Pedro, tratando de defender lo que estaba aconteciendo, comienza a predicar.

Y vale decir algo acerca de Pedro para que entiendas que esto es el primer mensaje que Dios da a la iglesia. Y lo da a través de una persona que, normalmente, sería la última que nosotros elegiríamos para darlo. Pedro era peleador, tenía permanente malhumor y tenía una rara habilidad para meter la pata cada vez que abría la boca. Yo me sigo preguntando, como lo he hecho gran parte de mi vida de fe, si hoy en cualquier congregación le confiarían un cargo importante a un hombre como Pedro. Honestamente, creo que no. Es más que obvio que todo el resto de la historia que rescata el Nuevo Testamento nos da por las narices con nuestras tan sesudas decisiones.

¿Entiendes lo que eso significa? Que el que sabe de todo esto, es Dios. Nosotros especulamos demasiado con nuestros conocimientos intelectuales. Porque Pedro no era precisamente el hombre del año, el testimonio viviente de lo que se quería dar a conocer. Antes de ser salvo hablaba horrible y no era precisamente un modelo de elegancia. Ese era Pedro. Pedro tenía menos escuela que los demás, o sea: tenía dos o tres sentidos trabajando arriba. El gran apóstol Pedro. Digo todo esto para decirte que la sabiduría con la cual predica el primer mensaje, extrayendo principios del Antiguo Testamento, es obvio que no era nada de Pedro, y que era todo Dios.

Porque justo allí es donde él comienza a decir: estos señores que ustedes están viendo no están ebrios, como ustedes suponen, porque son las nueve de la mañana. Esto, es aquello dicho por el profeta Joel. Y arranca setecientos años latentes de una profecía, y arranca el manto futurista, y dice: Hoy vamos a establecer lo que dijo aquel hace setecientos años atrás. Escúchame: estaba cincuenta por ciento equivocado, y Dios lo puso en la Biblia, de todas maneras.

El que sabe algo de escatología, sabe que el cincuenta por ciento de lo dicho era cierto, pero que el otro cincuenta era erróneo. Pero él lo decretó con una fe tan grande e incomparable, que quedó consolidado. Y dijo que aquello que se estaba dando, aquello que está latente en los aires, es esa profecía que aún falta por cumplirse; una generación sobre la cual se derramará el Espíritu Santo, y comenzarán a profetizar, y a tener sueños, y visiones, más allá de lo que se pueda enseñar y hasta incentivar en una iglesia local, porque si se hace así, todo comienza a extralimitarse.

Lo que sí puedo asegurarte, porque espiritualmente creo que todos lo estamos discerniendo, es que una generación profética será el estilo de los últimos días. Eso dijo Pedro. Esto que tú ves, es lo que profetizó Joel. Las muchachas van a profetizar, los niños van a profetizar, los ancianos van a tener sueños, los jóvenes van a tener visiones, las doncellas, y habla de todas las clases sociales, todos los géneros.

Dice que la generación, básicamente lo que está describiendo, es una generación profética. Está diciendo: los postreros días van a ser identificados por una generación profética. Y este es el comienzo de eso. Es lo que está diciendo Pedro. Esto fue dicho por el profeta Joel. En los postreros días. ¿Qué días? A nosotros, los cuales nos ha llegado los fines de los tiempos.

¿Te das cuenta cómo encajan estos principios? Pedro, lo que básicamente está diciendo, es: señores, este es el estilo de vida de los últimos días. Y luego sigue predicando y, en el final les demanda que sean salvos de esta perversa generación. Y luego se nos añade que con otras muchas palabras les testificaba y los exhortaba, diciendo una serie de consideraciones para aportar más conocimiento a lo dicho. O sea que el mensaje fue mucho más largo, pero todo lo que dijo de allí en adelante, se puede resumir en ese pasaje.

Sed salvos de esta perversa generación. Es decir que comienza a decir que este es el estilo de vida que profetizó el profeta Joel, y los exhorta que, con ese estilo de vida, fuesen salvos de la perversa generación. ¿Más o menos te queda claro? Porque leyendo la Biblia religiosamente, como lo hemos hecho durante tanto tiempo, no siempre hemos podido interpretar lo que encerraba ese tremendo mensaje de un hombre sin escuela, pero con unción.

La palabra perversa, que él utiliza allí, es la palabra escorios, de donde sacamos nuestra palabra escoriosis. Que significa torcida y se utiliza preponderantemente en la medicina ósea, en traumatología y con referencia a patologías que tienen que ver con la columna vertebral. Entonces entendamos que no necesariamente está hablando de una generación adúltera o pecaminosa. Porque pervertir es simplemente hacer cosas con el fin incorrecto.

Y allí está incluido hasta el matrimonio. Porque cuando tú usas el matrimonio incorrectamente, lo tienes pervertido. Cuando tú estás en la iglesia incorrectamente, la perviertes. ¿Estás entendiendo, ahora, por qué pasan ciertas cosas que pasan? Cuando tus motivaciones de líder son incorrectas, estás pervirtiendo tu liderazgo, no el evangelio. El evangelio no tardará en deshacerse de ti por ello.

Creo con sinceridad que ser apostólico o profético, no será una opción en los últimos días, sino un estilo de vida obvio y natural por parte del pueblo de Dios, del llamado Cuerpo de Cristo. En medio de una generación que se ha desviado y se sigue desviando más y más del objetivo divino trazado en el diseño original, si no se posee ese estilo de vida, no se podrá prevalecer. Lo vamos a ver en toda la palabra si es que insistes en ser bíblico. Dice y recalca que seamos salvos de esta perversa generación.

Aquí tenemos una clara fotografía del fundamento original de la iglesia. En aquel tiempo no había seminarios de guerra espiritual, no había seminarios proféticos, no había seminarios para salmistas, tampoco había conferencias sobre el Reino de Dios. No había conciertos musicales, no había principios doctrinales, nadie estaba dibujando las setenta semanas de Daniel, y nadie hablaba de escatología ni del rapto. Y, aun así, existía la doctrina apostólica. Quiero que entiendas que esta doctrina, es fundamento, no ocurrencia extraña de gente extraña que aparece un día en la Web.

Antes que hubiera nada para estudiar, esta doctrina ya existía. Porque la doctrina apostólica, no es una doctrina bíblica, es un estilo de vida. Es una postura mental, es una disposición espiritual, es una posición moral y cultural hacia la vida. Es una forma de ver las cosas, es una mentalidad independiente de cualquier postura moral, es un fundamento. Es un principio que te mueve y sobre el cual giran las facultades de tu decisión. La doctrina apostólica era visible. Y recuerda que la palabra doctrina, es enseñanza, sea de la Biblia o sea secular, no tiene nada que ver exclusivamente con Biblia.

Los extremos ideológicos adoctrinan a los pueblos que captan. Porque presta atención que en esa época todavía no había Biblia, pero sí existía ya una doctrina. No estaban usando el Antiguo Testamento, todavía no habían escrito el Nuevo, no había seminarios, ni institutos, ni colegios bíblicos, pero ellos estaban fundados y permanecieron en la doctrina apostólica. Esta doctrina es el estilo de vida necesario en los últimos días. Es una posición, un estado de ser, una actitud, una disposición espiritual. Todo el Nuevo Testamento estaba dominado por una unción apostólica. Todo fue impartido por una mentalidad apostólica. Mira el ministerio apostólico real.

Pablo les dice a los corintios que Dios los ha exhibido a ellos, los apóstoles, como últimos, como postreros, como sentenciados a muerte y que, incluso, añade que ha permitido que sean un espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. Los apóstoles, últimos. Esto habla de un perfil absolutamente bajo, casi invisible. Hoy, lamentablemente, en cualquier denominación donde te encuentres, arrojas una piedra con los ojos cerrados y, seguramente, le das en la nariz a un apóstol o a un profeta. ¡Hay tantos!

Esto que dice Pablo tenía que ver con un deporte que se denominaba “Los Gladiadores Meridianos”, y lo que sucedía era lo siguiente: al final del día, después que los gladiadores habían matado todos los animales y todo eso, sacaban a uno de los presos, absolutamente desarmado, para ver cómo el animal despedazaba al hombre. Y a ese divertimento lo llamaban: “Al postrero”. Entonces, cuando Pablo dijo: Nosotros los apóstoles somos exhibidos como los postreros, todo el mundo sabía de qué estaba hablando.

O sea: que nos saquen, para hacer el ridículo. Que nos lancen donde nadie se mete. Que nos impulsen con suicidio espiritual. Que nos envíen a hacer cosas que nadie quiere hacer, de esas que nadie calcula como positivas a su causa. Y los envían como gladiadores meridianos. Dice: Como a sentenciados a muerte, hemos llegado a ser el espectáculo del mundo, espectáculo de los ángeles, espectáculo de los hombres. Yo me pregunto y de paso les pregunto a ustedes que me están leyendo, ahora: ¿Cuántos quieren ser apóstoles, ahora? Gracias a Dios que va a ir bajando la cantidad. Van a quedar los genuinos, nada más.

Yo no puedo explicarme el grado de ignorancia que existe hoy entre el pueblo creyente, que nadie ha sido lo suficientemente inteligente como para darse cuenta que cuando se levanta a la figura de un apóstol de los modernos, se está haciendo algo que es exactamente inverso a lo que vivieron los genuinos enviados del cielo, los apostellos reales. Insensatos por amor de Cristo, asegura Pablo que han sido ellos, todos.

Y no es que sean precisamente insensatos, porque en otro lugar dice que son peritos arquitectos, que son sabios, pero que lo que hacen puede verse como insensatez, porque nadie se atreve a hacerlo. O sea: es un espíritu de mártir espiritual. Se lanzan a hacer lo que nadie se atreve a hacer, porque vienen dotados de un espíritu pionero, para traerle a la iglesia la gracia que Dios tiene.

Y añade que esa aparente insensatez, deja al descubierto la prudencia que existe en los otros, en los que no han sido enviados. En la fortaleza que emana de ellos y que contrasta con la debilidad manifiesta en los llamados apóstoles Porque mientras menos se hace el hombre y su figura, más grande se hace la iglesia y su cabeza indiscutida, porque ellos, los enviados genuinos, lo que hacen, es vaciarse por la iglesia. Y lo remata consignando algo que, si lo quieres ver, todavía está vigente.

 Mientras los que están formando parte tradicional de las estructuras siguen siendo considerados honorables, los enviados genuinos y portadores de una palabra distinta, renovada, fuerte y confrontativa, siguen siendo despreciados. Además, te los pinta como hambrientos, sedientos, desnudos, abofeteados y sin donde habitar. Trabajan como todos, pero son maldecidos como ninguno. Bendicen a la gente y la gente los persigue. Los difaman y ellos ruegan por sus difamadores. Terminan considerados como los desechos del mundo.

Claro; a la vista de todas estas cosas que no estoy inventando yo, sino que fueron expresadas por el propio Pablo, el gran apóstol de todos los apóstoles de la antigüedad, a uno le queda una duda más que evidente: ¿Cuántos querrán después de leer todas estas verdades, ser los grandes apóstoles del siglo veintiuno? ¿Cuántos se atreven sin otras armas que la Palabra de Dios viva y vigente en sus estilos de vida y no sólo en sus solemnes biblias, enfrentarse con la estructura que sigue sosteniendo doctrinas impuestas por la tradición, las culturas y las costumbres de cada lugar?

¿Cuántos son capaces de salir a compartir una palabra rhema con los hijos de Dios y miembros del Cuerpo de Cristo, sin el aval firmado por un líder reconocido por las instituciones dominantes? De hecho; ¿Cuántos eligen ser ridiculizados e injuriados en lugar de bien remunerados y aplaudidos? En fin; todos los que sigan queriendo formar parte de ministerios de fundamento, ahora, pueden inscribirse. Es que hay muchos llamando a las cosas que no son como si lo fueran, ¿No es verdad?)                          

Sin ir demasiado lejos ni profundo, tú sabes que hay mucha gente que considera literalmente como “padre espiritual” a la persona que lo llevó a los pies de Cristo. Escucha y toma nota de esto que te diré, porque, aunque parezca que no tiene nada que ver, lo tiene y en gran forma: padre no es el hombre que se acuesta con tu mamá; padre es el que te cría. Padre no siempre es el que te engendra, sino el que siempre está presente cuando tú necesitas ayuda.

Padre es el que te hace prevalecer en los tiempos de crisis, por lo que testifica con su vida y predica. Padre es aquello que define el vocabulario de tu mensaje. Padre es aquello que define la cultura de tu iglesia. Y que conste que dije de tu iglesia, no de tu congregación. A veces pueden ser la misma cosa, pero hay otras veces que no tienen absolutamente nada que ver una con la otra. Padre es aquello sobre lo que tú te paras cuando fluyes en tu ministerio, porque proviene de alguien que te está alimentando. Ese es tu papá.

Cualquier persona (¡Y en casos aislados pero reales, hasta un incrédulo!) puede ser un instrumento válido para ir a los pies de Cristo. Lo dijo alguien antes que yo: papá me trajo a la tierra, pero yo no vivo con papá. Sé que cuando digo estas cosas piso algunos callos religiosos, pero no le hace, es verdad. El padre biológico no es el que estamos buscando, sino el que te cría. O sea: cuando tú defines quién eres y el sabor de tu ministerio, te vuelves hacia atrás para ver de donde proviene, y allí recién vas a identificar a tu verdadero padre.

Yo estoy convencido después de leerlo y releerlo muchas veces, que Pablo a esto lo tenía más que claro. Él salía a decir con toda soltura a quienes lo escuchaban, que lo imitaran. ¿Es que se volvió loco Pablito? ¿Cómo vamos a imitar a alguien que termina de pasar por todas esas vicisitudes que detalla tan claramente? A ver, ¿Dios lo puso en la Biblia, o no lo puso? Me estoy remitiendo a la doctrina apostólica, que consiste en un estilo de vida que lo da todo por el evangelio. Esa es la mentalidad apostólica. Una gente que vive más allá de la zona de confort. ¡Y mira que cuesta bastante salirte de esa zona tan cómoda! ¿No te parece?

Y aunque no lo entiendas, fue a partir de todo eso que Pablo les envía a esta gente al chico Timoteo. No para que juegue al papagayo amaestrado y les repita uno detrás del otro todos los mensajes predicados por su jefe, sino para que les deje ver en el suyo propio, el estilo de vida que tenía el apóstol, que era exactamente el fundamento del testimonio que debía quedar incólume.

O sea que lo que él enviaba no era a una persona que supiera predicar, sino a alguien que supiera y pudiera impartir el mismo estilo de vida que él tenía. Y yo creo fielmente que es lo mismo lo que estamos haciendo en este tiempo. Por eso es que alguna vez me he atrevido a ese enorme desafío que significa decir en público ¡Mírame vivir!

 No se trata de recorrer las iglesias de todo el planeta y ocupar sus púlpitos con dramáticas y elocuentes predicaciones, se trata de recorrer el mundo con la habilidad y capacidad de impartir ese estilo de vida que tuvieron los apóstoles. Lo que se va a quedar allí, contigo, cuando yo concluya esto y queden estas letras en los archivos o se apague el sonido de mi voz, es mi mentalidad, mi propio estilo de vida, no la fuerza, el brillo o la atracción de una voz humana. Por eso le envía a Timoteo, para que les recuerde su proceder en Cristo y su estilo de vida. Si eres soberbio y presuntuoso, puedes ser líder, pero no guía o referente. Para esto último se necesita humildad. Y mucha. 

De eso es que nos atenemos para concluir en que la tan famosa y predicada doctrina apostólica, no es un moderno tratado de teología, sino sencillamente un estilo de vida. Hoy existen miles de redes apostólicas, pero no conozco ninguna que ande impartiendo un nuevo estilo de vida que modifique el anterior por inútil. Y no lo digo por criticón o resentido porque no me invitaron a tocar la guitarrita en la plataforma, lo digo porque tú misma, tú mismo lo deben estar viendo en derredor donde quiera que vivas. Esto no es nacional ni cultural, esto es espiritual.

Por eso Pablo les ruega que lo imiten. No ruega para que ellos aprendan a predicar como él, sino que imiten su postura espiritual. Que imiten su posición, su status hacia la vida. Que piensen como él, que de allí no lo mueve nadie hasta que la gloria de Dios caiga. Y tendré que recordarte que eso también es guerra, porque a veces guerra espiritual es precisamente eso: pararte en un lugar y decir: no me muevo de aquí hasta que la gloria de Dios llegue. Hay veces que no hay coraje para continuar en medio de malos augurios. ¿Para dónde vas? ¡Te van a matar! Déjame, no voy solo; mi Padre va conmigo.

La gente se confunde un poco y te diría que hasta bastante respecto a los demonios. Los tiene como personajes espirituales que te asesinan en la primera de cambio, y no es tan así. La mayoría de los demonios, lo máximo que pueden conseguir si les das entrada, es asustarte un poco. Suponer lo anterior es otorgarle al enemigo un inmenso poder que no tiene y, al mismo tiempo y por razones implícitas, desmerecérselo a nuestro Dios. Satanás es un enemigo derrotado, y él lo sabe muy bien.

 Los que no lo saben son los cristianos, que todavía deciden voluntariamente someterse a sus dictados porque todavía no pudieron entender ni valorar los de Dios. No es muy complicado mi discurso, solo decirte: sigue adelante. Conserva un estilo de vida que no se doblegue ante ninguna circunstancia. Sé parte integrante de una gente apostólica y decidida. Que sabe lo que quiere, y no se mueve hasta que no lo consigue. Por eso te envío a Timoteo, dijo Pablo, Él es el que te va a impartir la misma mentalidad.

Esta es la mentalidad que va a prevalecer en la última generación. Es la mentalidad del estilo de vida de los últimos días. Es la mentalidad de Reino, la que se contrapone y por eso choca y se da de frente contra la mentalidad del mundo. Esta es la disposición que es requisito para prevalecer en la iglesia del siglo veintiuno. La palabra dice que en los últimos tiempos el amor de muchos se enfriará, y a menos que no tengas una disposición como esta, tú también te enfriarás. 

Escúchame: dice que, si es posible, hasta los elegidos se enfrían. Y a esto lo estuvimos viendo durante todo lo que nos trajo la pandemia del Covid19. Cerraron los templos, se recluyeron las personas en sus casas y cada uno eligió algo para sobrevivir. Muchos hasta allí cristianos asistentes a congregaciones evangélicas, se dedicaron a gastar su tiempo en cualquier cosa menos en las cosas de Dios. ¿Eran o no eran? No eran. No se trata de formar parte activa de un grupo eclesiástico, se trata de tener comunión con el Padre. Para ser genuino se necesita una disposición. Una disposición que no se doblega.

Todo esto entendiendo que tenemos que vivir en medio de una sociedad que se está cayendo de a pedazos y demanda de nosotros esta postura espiritual, algo así como un espejo donde poder mirarse y encontrarse a sí misma. Y eso no quiere decir que andemos por las calles con cara de malos, sino con un espíritu que no se mueve bajo ninguna circunstancia. Que el mundo haga lo que quiera con sus vidas, nosotros no pertenecemos a ese mundo, somos gente de Reino. Cuidado: es allá o es acá, mitad y mitad no califica. Si tienes en claro esto, tienes en claro todo. Si no tienes claro esto, comienza otra vez desde cero, ¡Conviértete!

 Ahora bien; aquellos galileos recibieron el Espíritu Santo, hablaron en lenguas y salieron. Y se encontraron con gente de otras nacionalidades y se entendieron perfectamente con todos hablando en sus respectivos idiomas. Pero después, lo primero que hicieron, fue irse todos y vender sus casas. Más de uno ha querido elaborar una doctrina con esto y hasta aprovecharse de las circunstancias y la calidad de ingenuos crédulos que fueron llamados a ser creyentes. No es lo mismo, aunque suene parecido. Pero escúchame, porque en la Biblia no hay nada escrito por casualidad o para llenar un espacio. Para la cultura hebrea, la propiedad era lo que los ataba a la herencia patriarcal. Era lo que los definía como judíos.

Cualquier niño era capaz de recitarte de memoria toda su genealogía familiar para terminar diciendo que el último de esa generación era él y que todo eso que estaba allí, le pertenecía. La tierra era la identidad judía. O sea que, lo primero que hicieron, fue dejar afuera su cultura. Escucha: cuando el Espíritu Santo viene, a mí el argentino nativo que tengo por dentro, se me debe salir para afuera. Ni modo de andar agrandado o exagerado en las cosas de Dios, ya no soy argentino. Porque si vamos a impactar al mundo, (¡Y lo vamos a impactar!) los que lo hagamos no tenemos que ser otra cosa que ciudadanos del Reino de Dios, y no de cualquiera de las naciones que gracias a Dios se unen a diario en este y otros ministerios que pelean por la misma calidad de victoria y acompañan en estos trabajos ministeriales.

Ellos vendieron su propiedad, se identificaron con el Reino de Dios. El Espíritu los llevó más allá de los límites de su sociedad. Les impartió un comportamiento radical y adoptaron una cultura de Reino, dentro de su propio país. Fíjate; si iglesia es reformular o formar una raza nueva en la tierra, la iglesia vendría a ser el centro donde se redefine la humanidad. Tú no podías funcionar y operar correctamente como salvo, sin tener alianza con tu hermano en la iglesia primitiva.

Era una cultura, era una nación dentro de otra nación. Los personeros del César creían que había un solo Dios en la tierra y que ese era el César. Incluso imprimieron su propia moneda que declaraba que el César era el único Dios. ¿Te atreverías tú a ir a decirles que no hay otro nombre que el de Jehová en el que alguien pueda ser salvo? Y después viene Pablo a decirnos que lo imitemos a él. Jamás se te ocurra si no estás repleto de unción.

Lo apostólico viene para destrozar y quebrar toda mentalidad tradicional. Viene para arrancar cero comportamientos hereditarios. Viene para activar el Reino de Dios hacia la plenitud de tu plan terrenal. Y la comida que motiva al apóstol, es hacer y terminar la obra de Dios. Viven por medio de la cultura del Espíritu, y se consideran una comunidad entre sí. Cuando Pedro comienza a decir sobre los megaleos de Dios. O sea: de las maravillas de Dios.

 Pedro dice: esto no es un viento, esto no es un mover del Espíritu, esto no es una experiencia emocional; esto es lo que dijo Joel que será el estilo de vida de los últimos días: una generación profética. Una unción internacional. Algo que te lleva más allá de los límites culturales, más allá de los límites económicos, más allá de los límites legislativos de tu propio país. Donde desde un pequeño pueblecito de una perdida nación de un anónimo continente, se puede bendecir a naciones mucho más grandes e importantes que ese pequeño lugar.

Es tu mentalidad la que te lleva a hacer cosas más grandes. La palabra dice que Dios es capaz de hacer cosas mucho más grandes de lo que tú te imaginas. El Espíritu viene para crear una generación profética, y para producir el estilo de vida que es una demanda en los últimos días. Te habilita a hablarles a las naciones con un entendimiento global, con un propósito de precisión.

Queda una unción de rompimiento, la unción que rompe toda limitación en tu vida, toda intimidación, toda falta de signo propio. Todo impedimento es quebrado cuando tú posees una mentalidad apostólica. La forma de acceder al Reino de Dios hoy, es muy distinta a la forma en que tú podías acceder al Reino de Dios diez años atrás. Hacen falta distintos vocabularios en tu oración para penetrar esa dimensión, hoy, que las que se usaban cinco años atrás.

Son como si fueran claves de acceso. Si tú quieres usar hoy una clave que usabas hace diez años, cualquier mediocre computadora te hará sonar la alarma de error-error-error. Tienes que poseer las claves del día, y esas se encuentran en esta dimensión de la cual te estoy hablando. Los galileos que estaban funcionando fuera del límite de su cultura, vendieron sus casas, hablaron en francés, estaban hablando elocuentemente de las maravillas de Dios. Pero; ¿No eran galileos? ¿Cómo es que entonces te oigo penetrando en Asia?

 Despiértate. No puedes ni debes quedarte cristalizada o cristalizado en aquello que aprendiste en las escuelitas bíblicas a las que asistías de niño. Eso quedó en la historia, en TU historia. Porque la historia de Dios está escrita en la Biblia, y allí en la última página, dice que ganamos. Si lo crees, eres más que vencedor en Cristo Jesús. Si no lo crees, tienes un problema y no puedes pretender que venga un ministro a solucionártelo. Ya eres mayor de edad y nadie te da el biberón ni te cambia los pañales.

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abril 25, 2025 Néstor Martínez