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Mandatos Que Siguen Con Vida

Hoy quiero entrar en el dilema casi existencial de presentarte ese Dios que tú no conoces, aunque de pronto tengas como veinte o treinta años asistiendo a una iglesia y supuestamente te lo predican. En la medida que vayas leyendo, te darás cuenta, o no, si eso que te digo con apoyatura bíblica, te ha sido enseñado o predicado correctamente o, si como pienso, de acuerdo a mi propia experiencia, algunos hasta se atrevieron a modificar páginas de sus Biblias con el sentido concreto, (Nadie dice que mal intencionado, pero intencionado al fin), de darle otra interpretación a lo que en origen, no la tiene. Dejemos hablar al Espíritu Santo con libertad, ¿De acuerdo?

Aspiro, de todos modos, que, por la simple transferencia de la Gracia y la Unción del maestro, que la incentivación y el deseo de proseguir, escudriñar y buscar más en las profundidades, implique cumplir con este objetivo y así abrir puertas para todo lo que Dios tenga preparado para quienes le obedecen. Es mi intención traerte al Dios No Conocido, al mismo que vimos presentar a Pablo a los griegos, pero llevado al hoy, a un hoy en el que en casi todos los lugares donde se le rinde adoración, se lo encuentra en sentidos y vertientes que, en muchos casos, no tienen nada que ver con las realidades.

Sin embargo, antes de comenzar con la etapa neo testamentaria, y la presentación en sociedad de ese Dios No Conocido, y también con lo que Jesús dejó para nuestro aprendizaje y enseñanza, habrá que regresar una vez más a los antiguos mandamientos divinos, a aquellos diez, a los que un día marcaron a fuego al pueblo de Israel. Al Israel de Dios. Al que entonces era una nación. Al que hoy es tipología fiel y firme de la Iglesia. ¿Recuerdas cómo fue? Aquí va la historia y sus implicancias. (Éxodo 19: 20) = Y descendió Jehová sobre el monte Sinaí, sobre la cumbre del monte; y llamó Jehová a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió.

Este término que se utiliza aquí como subió, es la palabra alah, e implica algo más que ascender o subir como mero acto de movimiento físico. Tiene que ver también con levantarse, y es un verbo que aparece más de ochocientas veces en el Antiguo Testamento. Implica tanto levantar como ofrecer cuando se refiere a sacrificios. Y te digo más, aún: toda la ofrenda quemada se llama alah porque el humo de la ofrenda asciende al cielo. En el Salmo 24: 3  leemos: ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quien estará en su lugar santo? Alah se refiere a la ascensión de los justos al monte santo de Dios. Alah también es la raíz de la palabra aliyah, que es “ascensión” o “subir”, que alude en especial a la subida a Sión, o al retorno a Israel desde la diáspora. Por último, alah es la raíz de elyon (El Altísimo), parte a su vez del título divino “El Elyón”, que significa: Dios Altísimo.

(21) Y Jehová dijo a Moisés: Desciende, ordena al pueblo que no traspase los límites para ver a Jehová, porque caerá multitud de ellos. (Aprende y enseña: el pueblo de Dios, es un pueblo que conoce sus límites porque sabe que los tiene, y acepta tenerlos, entonces decide no traspasarlos. Nada que ver con tropezones o caídas por trampas de Satanás. Si Dios puso esos límites, es porque ya te hizo saber que tienes poder y dominio propio como para superarlos y vencer sobre cualquier estrategia satánica.)

(22) Y también que se santifiquen los sacerdotes que se acercan a Jehová, para que Jehová no haga en ellos estrago.  (Observa que si eres sacerdote y no estás santificado cuando te acercas a Dios, eso puede causarte un estrago en tu vida, tu ministerio, tu familia o lo que sea. ¡Ah, claro! ¡Hoy no hay sacerdotes, ya! ¿Ah, no, ¿eh? ¿Y un ministro, un pastor, un líder, qué otra cosa es?)

(23) Y Moisés dijo a Jehová: el pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos has mandado diciendo: Señala límites al monte, y santifícalo. (Creo que ya lo estás viendo: el Dios No Conocido en gran mayoría, es un Dios que desciende, no uno que espera que tú subas. Es más; te ha dicho que no debes subir. ¿Y entonces porqué en muchos lugares se ora, se alaba, se adora y se espera que baje la presencia de Dios?)

(24) Y Jehová le dijo: Ve, desciende, y subirás tú, y Aarón contigo; más los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite para subir a Jehová, no sea que haga en ellos estrago. (25) Entonces Moisés descendió y se lo dijo al pueblo.

Es importante consignar que aquí, todo Israel tuvo la experiencia que Moisés conoció en el monte Sinaí. La intención estaba muy clara: Dios venía a su pueblo, para instruirle. Aunque íntima, su relación con Dios se mantendría dentro de ciertos límites. Y esos límites obedecían a la santidad de Dios; esta distancia podía ser salvada, únicamente, por Jesucristo, quien permite a los hombres penetrar lo que Hebreos llama detrás del velo. Pero algo nos tiene que quedar en claro como pueblo de Dios en la tierra, coincida o no coincida con nuestras veleidades de modernismos eclesiásticos: Nuestro Dios No Conocido es un Dios de límites. No legalistas, no crueles ni invasores de tu personalidad. Tú eres el que quiere acceder a su Reino, Él le pone límites a su jurisdicción y tú luego decides si aceptas y te quedas y te adaptas a esos límites o no aceptas y te vas y haces la vida que te dé la gana. Eres libre.

(Éxodo 20: 1)= Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: (2) Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. (Ahora y aquí no me dan los tiempos y el espacio, porque este trabajo apunta a otra dirección, pero quiero que recuerdes lo que el mismo Dios está diciendo: que en este texto, están todas las palabras que él habló. Todas.)

Las diez sentencias o mandamientos que vienen a continuación, equivalen a diez leyes o principios básicos que son permanentes y que no admiten excepción alguna. El propio Jesús confirmaría, posteriormente, su eterna validez, aunque haya mucha gente que los soslaya bajo el argumento de una Gracia barata. La Gracia llegó y está, pero no es para que tú decidas hacer lo que le da la gana a tu alma no-sujeta o a tu cuerpo descarriado. Y cuando hablo de Sujeción, está más que claro que me refiero a Espíritu Santo, no a hombre o a credenciales. Observa que Dios proclama, en el verso 2, su victoria a favor del pueblo, no sobre el pueblo. Cuando dice Yo soy Jehová tu Dios, identifica al que habla, como aquel que había realizado los milagros del éxodo.

(3) No tendrás dioses ajenos delante de mí.

Es el carácter de Dios el que te demanda lealtad. El creyente demostrará esa lealtad adorando al único y verdadero Dios. ¡¡Pero eso era antes, hoy nadie adora dioses falsos!! Es cierto, nadie adora a dioses falsos, pero se refiere a esos que son de yeso o material, pero sí sigue adorando oros dioses; dioses paganos, tales como La Fama, el Poder, el Sexo, etc. ¿Sabes qué? Aquí nos encontramos con la primera perla que nuestro Dios No Conocido reclama para sí: La Lealtad. Miles, quizás millones de cristianos tienen más que claro lo que deben hacer o no hacer para mantener su lealtad a su líder, a su pastor, a un hombre. Pero muy pocos de ellos tienen tan claro qué deberían hacer y hasta qué punto deberían jugarse lo que son y tienen, para ser leales al Dios que los creó.

Al respecto, Jeremías 35:15 añade: Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: Volveos ahora cada uno de vuestro mal camino, y enmendad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos para servirles, y viviréis en la tierra que di a vosotros y a vuestros padres; más no inclinasteis vuestro oído ni me oísteis. Me pregunto si existen demasiadas diferencias con relación a esto y si, en verdad, el pueblo de Dios en alguna franja, no sigue adorando dioses ajenos y, por tal motivo, están expuestos a circunstancias adversas de las que luego se quejan amargamente culpando a Dios por sus desventuras.

(4) No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

Tú sabes, porque es mucha la gente que lo ha enseñado, que Israel estaba rodeada de gente que adoraba imágenes, a las cuales también se les llamaba dioses. Como ninguna cosa humana podía representar adecuadamente a Dios, el Señor prohibió que se le crearan imágenes, tanto de tipo material como conceptual. Y fue en este aspecto, justamente, que los israelitas se convirtieron en un caso único entre los pueblos vecinos. Ahora bien: tomando como base sólida e inexpugnable este mandamiento, ¿Bajo qué perspectivas, credos que dicen ser cristianos, prosiguen sosteniendo doctrinas donde la adoración de imágenes forma parte de lo que se denomina liturgia y que tiene que ver con rituales que, dicho sea de paso, también están prohibidos por la misma Biblia que dicen enseñar?

Vamos a ver; recapitulemos: ¿Es esta una crítica aguda, ácida, mal intencionada y sin otro objetivo que establecer una lucha entre credos que se disputan los favores o la adhesión de las personas? ¿Se trata sólo de eso? ¿Tan pobre es el pueblo de Dios para caer en esta batalla mínima y tan escasa de nivel espiritual que roza el infantilismo? Para mi gusto, y esto es una óptica estrictamente personal, esto tiene que ver con una alta dosis de mediocridad. Entiende: no se trata de esta iglesia sí y aquella no; se trata de la Palabra de Dios y punto. Tengo una segunda expresión perteneciente a ese Dios No Conocido: No Tiene Imagen Visible. Por algo sigue adelante con este asunto en el verso siguiente cuando dice:

 (5) No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, (6) y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

¿Por qué se supone que alude, en el verso 5, a la tercera y cuarta generación? Sé que, entre otras cosas, como ejemplo, porque era posible que cuatro generaciones vivieran alrededor del anciano de una familia. Y debido a los estrechos vínculos que existían en una familia patriarcal, la influencia del patriarca, del jefe o máxima figura de esa familia, fuera esta buena o mala, afectaba a todas las generaciones bajo su control. En este tiempo, eso ya no es tan frecuente ni tan posible, a menos que el anciano se encuentre en inmejorables condiciones físicas y mentales, ya que de otro modo y por imperio de las obligaciones laborales de todo su entorno familiar, esta no podrá cuidarlo o atenderlo debidamente y entonces será derivado, inexorablemente, a los llamados “residenciales geriátricos”, aunque también vale consignar que este es un tiempo en donde la sabiduría por experiencia ha dejado, inexorablemente, paso a las modernas tecnologías que parecerían haberlo reemplazado todo. De todos modos, el sedimento de todo esto nos sirve para recordar que nuestro Dios No Conocido, es un Dios Multigeneracional.

(7) No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.

Lo que aquí se enseña, es que el nombre de Dios no debería ser falsamente invocado, porque su ser y su nombre son inseparables. El nombre de Dios, sin ir más y lejos y como ejemplo, ha sido invocado de forma falsa en la magia, en un intento de apoyar verdades por medio de un juramento y en expresiones profanas. Es decir que este tercer mandamiento no solo se refiere al uso del nombre de Dios, sino también al dominio de nuestra lengua. Un caso singular en nuestros días es la ficción. ¿Qué podría haber de malo que, en una novela de la televisión, o incluso en una película, alguien hable de Dios o se represente a sí mismo como un ministro a su servicio, tanto para ser tomado en serio como en burla? Aparentemente nada, pero créeme que eso también es tomar el nombre de Dios en vano. Y no es legalismo urticante el que te estoy compartiendo, es respeto por un mandamiento. Dicho en términos bíblicos, es guardar un mandamiento. No sé si recuerdas que tenemos mandato respecto a eso.

En el libro de Levítico 19:12 hay otra expresión al respecto, cuando se lee: Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová. Por si esto no fuera suficiente, Mateo 5:33-37 amplía el concepto cuando señala: Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: no perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: no juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

No hay dudas. Este mandamiento, conforme a lo dicho a los antiguos y a los modernos, es transgredido, mayoritariamente, por los propios gobiernos seculares que, en sus ceremonias de asunción de mando, hacen jurar a sus servidores y lo hacen no pocos de ellos mismos, “por Dios y los santos evangelios, mientras ponen sus manos sobre el libro donde habita la Palabra de Dios que se los está prohibiendo con entidad de mandamiento divino. ¿Y esa es la gente a la que se nos manda respetar y obedecer? Sí, pero en tanto y en cuanto no transgredan leyes divinas y diseños establecidos, porque en ese caso hay otra palabra que nos dice que es menester obedecer a Dios, antes que a los hombres.

 La Palabra de Dios tiene todas las soluciones, no es problema de Dios si los hombres no la consultan. O la consultan, pero no la obedecen. Y luego rematan la rutina con un: Si así no lo hiciere, que Dios y la Patria me lo demanden”. ¡Pobres ilusos! No saben que, pese a su tranquilidad, fruto de que las patrias nada hacen ante sus fallas o pecados, Dios sí se toma en serio ese juramento y los estará esperando al final de sus carreras terrestres para preguntarles qué es lo que han hecho con ese pacto formulado en su presencia. ¿Habrá alguien que vaya a decírselos antes que sea demasiado tarde?

Y quiero dedicarle un pequeño párrafo, porque tampoco voy a invertir demasiado tiempo en lo que ya hemos hablado en muchas ocasiones, a todos los hermanos o no hermanos que, a partir de sus posiciones en la iglesia, tienen la posibilidad de ocupar los púlpitos o las plataformas con la intención, (A veces sana) de compartir textos bíblicos o mensajes en forma de predicación. Si en ellas se alude a Dios en modos, comentarios, opiniones o lo que fuere de contenidos ciento por ciento humanos que coinciden con la postura o la ideología del predicador, pero no siempre con la palabra escrita, eso también es tomar al nombre de Dios en vano. Que se sepa y se difunda, para que nadie pueda argumentar que a eso nadie se lo enseñó ni se lo recordó. Yo estoy haciendo, en el nombre de Jesús, las dos cosas.

(8) Acuérdate del día de reposo para santificarlo.

(9) Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; (10) más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.

(11) Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.

Cabe consignar que el día de reposo sería una especie de feriado dispuesto por Dios. La palabra hebrea significa “desistir”. Alguien que viva bajo el pacto dispuesto por Dios debe detener sus actividades cotidianas para honrar a Dios descansando cada siete días. Dios estableció el patrón de la creación: seis días trabajó y al séptimo descansó. Pero atención: no necesariamente será un sábado (el antiguo “sabbat”) o el más occidentalizado domingo, sencillamente aquí se nos dice que deberá ser UN día. El Día de Reposo. A continuación, muestra la planificación concreta y específica al respecto.

(12) Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

Es más que notoria la sabiduría ancestral de este mandamiento. Como la familia era el componente fundamental de la sociedad, en su seno se debían mantener apropiadas relaciones. Hoy mismo, el enemigo está llevando un ataque tremendo en contra de la iglesia a partir, precisamente, de la destrucción de sus células básicas: las familias; y a partir, concretamente, de un trabajo de socavamiento del matrimonio, que es el fundamento de cada núcleo. Honrar, mientras tanto, significa tener en alta estima, mostrar respeto, glorificar y exaltar. Sostener económicamente a sus padres porque estos no llegan a cubrir sus gastos con sus magros ingresos jubilatorios, cundo así se dan las cosas, no es sinónimo de honra, sino una parte casi obligatoria de cada hijo.

 Parte de las mismas prerrogativas con las cuales los padres tienen la obligación de sostener a sus hijos menores. La honra comienza exactamente en el sitio en el que terminan las obligaciones éticas y morales. Todo esto tiene una intencionalidad muy específica: que vivas más años, que no partas de este mundo en juventud. Porque eso es lo que dice: que, si honras a tu padre y a tu madre, agregarás años de vida a tu estadía terrenal. ¿Una de nuestro Dios No Conocido que la sabemos, pero que no siempre la recordamos? Que nos añade días a nuestras vidas en la tierra. Cuidado; no nos quita días, no nos empuja a morir, eso sucede por decantamiento propio. Cuando Dios participa de este tema, es para añadir.

(13) No matarás.

El concepto, es indudable que se fundamenta en el hecho de privar a alguien intencionalmente de su vida. Se inspira en la santidad de la vida humana ante los ojos de Dios. Fíjate que este mandamiento es concreto y no deja sitio ni espacio para ninguna doble interpretación o elasticidad. No es “no matarás, a menos que…” Tampoco es “No matarás, salvo que…” Es sencillamente No Matarás. Por lo tanto, discutir “posiciones” o “teorías” cristianas con respecto a la pena de muerte como sentencia máxima para el delito, es improcedente.

Lo mismo vale para la eutanasia que es la llamada “técnica de ayudar al bien morir”, o para los que sufren de enfermedades dolorosas, o el mismísimo aborto en cualquiera de sus circunstancias. Todos estos items quedan inexorablemente bajo el prisma de este mandamiento. O sea: no da ni para discutir. Dios ya habló. Punto. Es verdad; hay mucha gente que no llega a entender ciertas cosas, pero a Dios más que entenderlo en sus disposiciones, hay que obedecerle. “No matarás”, significa exacta y precisamente eso mismo: No matarás. Y no le quites ni le agregues. Y no intentes aclarar el concepto porque lo vas a oscurecer.

(14) No cometerás adulterio.

Otro mandamiento específico y concreto. Comprende, claro está, todo tipo de infidelidades. Aunque está dirigido a la conservación de la pureza en el matrimonio, también tiene que ver con el principio que rige nuestras relaciones con Dios y con las demás personas. El concepto de pureza también se aplica a nuestros pensamientos. Es habitual que, en la sociedad secular, se comprendan y justifiquen adulterios a partir de la base de ciertos hechos íntimos de la pareja. Un marido alcohólico, violento o cosa por el estilo, ha servido para que determinados núcleos sociales hayan justificado y hasta compartido la infidelidad de una esposa.

 Y factores negativos en la personalidad de una mujer y ciertos conceptos machistas, también lo han hecho con la de un esposo. Sin embargo, esto es más que claro: es pecado, Dios lo aborrece y lo sentencia. Y no sólo la consumación, sino el pensamiento, que es tomado como adulterio en su corazón, antesala al que pueda producirse con todo el resto del cuerpo. Y mucho cuidado y atención con esto: que tú asistas a una congregación cristiana los días domingos, hagas todo lo que allí se hace, incluso hasta tengas alguna clase de función de servicio en el grupo y seas fiel con tus diezmos y ofrendas, pero en la semana acudas a horóscopos u otras formas de ocultismo, también es adulterio.

(15) No hurtarás.

Es indudable que este mandamiento tiene la connotación de otorgar la seguridad de que todo lo que se posea sea adquirido a través de medios legítimos. Yo no puedo saber cómo es esta historia en diferentes lugares del planeta, porque cada cultura, cada sociedad, se maneja de modos distintos. Pero aquí en mi país, en Argentina, es más que normal y corriente que, si tú dejas un objeto, aunque sea de ínfimo valor, olvidado en un lugar de tránsito de personas, no podrás esperar hallarlo si regresas a buscarlo en un término, digamos, de cinco minutos. ¿Es que justo habrá acertado a pasar un ladrón por allí y llevárselo? No necesariamente. Para un episodio así, no necesitamos a un delincuente nato y declarado. Cualquier persona se lo puede llevar sin cargo de conciencia alguno.

¡Es que estaba allí y no era de nadie! Te dirán. ¡Y si no me lo llevaba yo se lo iba a llevar cualquiera! Eso también es muy cierto, pero… ¿Nadie va a pensar por un momento, al menos, que, si bien no era de nadie y se lo iba a llevar cualquiera, tampoco era tuyo y no tenías derecho a tenerlo? Así es la naturaleza humana por estos barrios. Claro; la cosa se complica cuando se le dice a esa gente que esto es, según los mandamientos de Dios, tan pecado como adulterar o matar. Y mucho más se complicará si el objeto que dejamos olvidado y desapareció es una Biblia y el lugar en cuestión es el templo al cual concurrimos todos los domingos. ¿Nunca te ocurrió esto a ti? Si me dices que no, sólo puedo gemir un: ¡Pobre país el mío! O, mejor dicho… ¡Pobre congregación aquella a la que yo asistía!

Claro que este al cual me he referido, no es el único hurto por el cual somos pasibles de juicio y sentencia divinos. Porque hay otros hurtos, otros robos que, sin contabilizar objetos materiales, tienen que ver con propiedad privada. El robo de confianza, por ejemplo, que es sumamente doloroso y angustiante. La Biblia lo llama “fraude” o “cohecho”, y es moneda corriente en el marco social secular. Y también en algunos grupos autodenominados “cristianos”. Otro robo muy peculiar es el de tiempo. Cuando alguien se toma todo su tiempo para atenderte a ti en un sitio donde la atención debería ser rápida y eficaz, está quedándose con un tiempo que es tuyo y que tú podrías haber destinado a otras cosas importantes. Sobre esto no hay legislación humana. Sobre esto, incluso, no hay condena por parte del hombre. No le hace. Dios ha dicho No hurtarás. Y eso sigue siendo vigente y activo, más allá de las “chicanas” que tú puedas argumentar para evadirlo.

(16) No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

Este mandamiento, que es el noveno, nos llama a ser confiables y veraces. “¡Pero hermano! – Me dirá cualquiera de ustedes -, “¡Somos hijos de Dios! ¿Cómo vamos a necesitar un mandamiento para ser confiables y veraces? ¿A quién se le puede ocurrir que miembros del Reino del Dios Todopoderoso sean personas no confiables o mentirosas? Mira; debería decirte que, a la vista de lo que estamos estudiando, – Y créeme que lo lamento -, que, al que se le ocurrió esa – Según tú – “barbaridad”, ¡¡es a Dios!! Porque Él fue quien lo hizo dejar escrito en el libro. Y se sobreentiende, que, si lo hizo colocar allí como premisa básica, es porque Él sabe que entre lo que se auto titula como “su pueblo”, puede haber, efectivamente, gente que no es digna de confianza o mentirosos.

¡No hermano! ¡Me resisto a creerlo! Tú resístete a lo que se te ocurra, yo debo decirte que Dios tiene razón. Aunque nos duela. No se trata de pasarle revoque a una pared despareja para que no se noten las imperfecciones. Se trata de restaurarla y dejarla mejor que nueva. ¿Qué es un falso testimonio? Asegurar sobre alguien, algo que no es cierto. En grupos compactos, cuando eso sucede, se le llama calumnia o Injuria. Ahora te pregunto: ¿Jamás observaste, o al menos te enteraste de algún hecho cercano, de un pastor defenestrado de su congregación por causa de una serie de calumnias no del todo comprobadas sobre su vida privada?

Ya sé que, en muchos casos, los hechos pudieron ser verdaderos, pero también han existido muchos otros donde no sucedió absolutamente nada y todo tuvo que ver con la calumnia armada por gente que le guardaba rencor por algunas de esas cosas emparentadas con los cargos o posiciones eclesiásticas internas. ¿Y aquellos que suben a la plataforma a contar testimonios sobre milagros que jamás ocurrieron, ya sea para lucirse, ya sea para fortificar campañas evangelísticas o simplemente para demostrar que son mimados de Dios? Falso testimonio. Todos culpables por igual, no importa el calibre de esa falsedad.

(17) No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

Vamos por partes: ¿Qué es Codiciar? Codiciar significa tener un imperativo deseo o lujuria. No es desear algo equivocado, necesariamente, sino el querer obtenerlo a expensas de otros o a causa de la envidia o los celos. No está desactualizado el texto con respecto a la casa porque aún hoy a mucha gente le produce envidia y celos la calidad de la vivienda de otros. Tampoco está desactualizado ni por asomo lo que tiene que ver con la mujer de tu prójimo (O el hombre de tu “prójima”, es lo mismo). El mundo está lleno de cónyuges de distintos sexos que están convencidos que el cónyuge de su vecino es infinitamente mejor que el propio, lo cual es una cuestión de naturaleza humana, ya que no son pocos los casos que, habiéndose divorciado de su cónyuge para unirse a ese que siempre le pareció infinitamente mejor, con el correr de los tiempos, vive exactamente la misma cosa con otra persona diferente.

Lo que sigue, podría cambiarse conforme a nuestras épocas por: automóviles, prendas de vestir, alhajas, utensilios de confort, etc. Cualquiera de estas cosas despierta la codicia humana. En el mejor de los casos, sencillamente par envidiar silenciosamente; en el peor, para intentar robarlo. Al respecto, Romanos 7: 7 consigna lo siguiente: ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. (La declaración de Pablo de que “estamos libres de la ley”, suscita la cuestión de si la ley es pecado. Su reacción es de horror. Inmediatamente comienza a mostrar cómo la ley de Dios es buena, suponiendo que comprendamos su función, que es la de revelar y enseñar lo que es justo, incapaz en sí misma de dar frutos de justicia, expone sin embargo la realidad del pecado. Por lo tanto, convengamos en que la ley es santa, pero no nos ayuda a obedecer.

Pablo mismo está pidiendo que no se lo malinterprete como si dijera que la ley es mala en sí misma. Varias veces enfatiza que es buena, pero al mismo tiempo explica vívidamente la imposibilidad de cumplirla empleando las propias fuerzas. Y lo remata en esta misma carta cuando, en 13:9-10, repite los conceptos de la ley para concluir con una manifestación concreta y sublime. Allí dice: Porque: no adulterarás, no matarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. Mucha es la gente que habla del amor de Dios como un todo. Asimismo, no son pocos los que suponen que Dios es solamente amor, cuando Él es mucho más y muchas cosas más al unísono.

El amor compendia la ley moral de Dios, aunque lo que sirve de síntesis no debe contradecir ningún aspecto de lo recopilado. De allí que decir que el amor por el prójimo exige quebrar de vez en cuando algunos de los mandamientos de Dios (A esto en más de una ocasión lo hemos visto en situaciones límite), es mal interpretar la Escritura y cometer un error que puede llegar a costar un precio demasiado elevado. Son los antiguos mandamientos, los diez de los que habla todo el mundo cristiano. Y para que quede en tu entendimiento casi con valor de doctrina, debo recordarte que Dios jamás quiso que hubiera una ley. Él sólo deseaba que su pueblo fuera obediente y viviría con total y absoluta libertad custodiada por Él mismo. Pero el pueblo quería pecar y luego ser redimido, entonces fue necesario implantar la ley. Ese creo que es el mayor baluarte de nuestro Dios No Conocido. Dios no es religioso. Dios no es legalista.

Muy bien; creo haber podido introducirte en tema. De aquí en más, ya no serán capítulos pequeños, porque comenzaremos a recorrer juntos, si es que has decidido acompañarme, al evangelio de Mateo. No me preguntes por qué lo elegí, fue mi Padre el que me lo designó y yo simplemente obedecí. En ese tour por Mateo, que algunos seguramente se empeñarán en denominarlo como un simple comentario, otro más de los tantos que este evangelio ha soportado, quiero ir entresacando de lo escrito, aspectos no siempre sabidos y asumidos de nuestro Dios No Conocido. Este trabajo recorrerá verso por verso los veintiocho capítulos y llegará al final, con una conclusión muy clara: lo que nuestro Dios No Conocido ha dicho, en muchos casos, tiene mayor peso, relieve e impacto que lo que sí. Ha dicho. Y porque soy bueno y no quiero enemistarme con nadie, no voy a referirme ni siquiera como al pasar a todo lo que le han hecho decir, que es mucho peor que ignorarlo.

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enero 3, 2025 Néstor Martínez