No me parece que sea necesario explicarte lo que significa espiritualmente el libro de Apocalipsis. Si tenemos en cuenta que su nombre se traduce como revelaciones, es evidente que no tiene parentesco alguno con eso que mayoritariamente se ha enseñado en las iglesias cristianas. Este libro no habla de desastres ni de hecatombes literales. Este libro habla de lo que vivió un hombre que fue llevado al cielo justamente cuando se encontraba solo en una isla, prisionero por causa del evangelio y sin congregarse con nadie. No voy a hablar de todo el libro por muchas razones y una en especial. Un libro escrito bajo revelación del Espíritu Santo, tiene que ser leído, interpretado y enseñado bajo revelación del Espíritu Santo. De otro modo, pasará a ser un ensayo teológico más de los tantos que brillantes intelectuales huérfanos del Espíritu han enseñado sobre él. Sólo h aré una mención breve que dará paso a lo que se espera de este 2024 que estamos transitando como sociedad, como iglesia del Señor en la tierra.
En el capítulo 4, Juan relata lo siguiente, presta mucha atención. Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. Indudablemente Juan estaba consciente y totalmente lúcido. Algo llamó su atención e hizo lo que hubiera hecho cualquiera de nosotros: miró. Y vio una puerta abierta y oyó una voz que le dijo que subiera. Esto te dice a ti y me dice a mí que Juan debió elevarse no sabemos cuánto, ni de qué manera, para ascender a ese lugar. No le dijeron que caminara ni que bajara, le dijeron que subiera. ¿Literal o espiritual? Pero lo interesante comienza a cumplirse en el segundo verso, cuando Juan relata: Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado.
EN el espíritu. Lo que este hombre empezaba a vivir no era algo que se pudiera palpar, gustar, oler, oír o ver con sus cinco sentidos naturales y terrenales. Porque dice que estaba EN el espíritu, lo que significa que, de allí en más, lo que suceda, será en el ámbito espiritual, no en el natural. Y allí es donde tú me dices: Pero ¿Cómo lo hizo? Simple. Juan fue sacado de su cuerpo e introducido en el espíritu en el cielo. Ahora bien: ¿Cómo sabemos que no fue el cuerpo de Juan el que subió al cielo? Porque 1 Corintios 15 dice que ni la carne ni la sangre heredarán el Reino de Dios. Lo corruptible no puede unirse a lo incorruptible. Y todos sabemos que nuestro cuerpo es corruptible. Al morir es conocido que comienza un proceso del mismo cuerpo que lo lleva a la autodestrucción y autoeliminación. Y que es posible salirse del cuerpo, también lo sabemos. Una mujer, familiar mío, no creyente, estuvo en situación de muerte y retorno. Y contaba con tremendo impacto emocional que pudo verse en la camilla y a los médicos a su alrededor dialogando sobre su shock mortal.
Es por ese motivo que en las condiciones que estamos, nos resulta imposible acceder a la dimensión del espíritu, ya que ese ámbito fue creado y activado con elementos que harían imposible que un cuerpo humano pudiera acceder y sobrevivir en él. Si quieres un ejemplo gráfico y claro, tienes el de los peces. ¿Cuánto dura vivo un pez cuando se lo saca de su ámbito natural que es el agua? Segundos. Muere irremisiblemente. No está creado para este ámbito exterior, está creado para sumergirse en el agua, cosa que ningún ser humano está preparado para realizar. Si el ser humano se mete en la profundidad de un río o el mar, muere a los pocos instantes por asfixia. Y esto es muy curioso, porque durante los nueve meses de gestación en el vientre materno, ese ser humano en crecimiento pudo sostenerse con vida rodeado por el líquido amniótico. Pero al nacer y aspirar la primera bocanada de oxígeno exterior, su medio ambiente natural pasó a ser el externo.
Pero no puedes sacar a un pez de su hábitat natural que es el agua y esperar que sobreviva. Fuera de su hábitat no lo hará. Por eso es que todos los animales fueron creados conforme a sus necesidades de la dimensión en la cual iban a moverse. Si tú observas a una cabra moviéndose entre las rocas montañosas, vas a entender por qué fueron creadas con esas enormes pezuñas que son las que les permiten trepar y descender sin riesgos por ese duro medio ambiente en el que fueron puestas por la gracia divina. A las aves les dio alas para que pudieran sobrevivir en ese medio ambiente en el cual iban a ser instaladas. Y a nosotros nos dio un cuerpo con ojos, con estómago y un metabolismo que nos iba a permitir alimentarnos de todo lo que Él puso sobre la tierra a nuestra disposición. Por esa razón es que nuestros cuerpos no pueden subir al cielo sin ser transformados. Elías fue arrebatado y fue transformado. Enoc fue arrebatado y fue transformado. Y ya no regresaron.
En el arrebatamiento descripto en Tesalonicenses, vamos a ser levantados y transformados en nuevo cuerpo con Cristo. Pero mira lo que dice aquí: y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. Escucha; Juan ve a una criatura sentada. Dios tiene un cuerpo. No físico, es un cuerpo espiritual. Diferente al de todas las criaturas que Él ha creado. Y por eso Dios es descrito en la Biblia como el que ve, como el que siente, llora, se enoja, camina, vuela, hace una cosa y hace otra, con todas las características nuestras. Y dice: Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda. Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.
Pero para que se nos quemen y fundan todos nuestros papeles de la sabiduría humana, tendrás que ver con sumo cuidado y atención lo que está escrito en el capítulo 5 y versículos 5 y 6: Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos. Y miré, (Dice que miró. Juan tenía ojos espirituales para poder ver allí en esa dimensión en la que estaba, en lo que nosotros y la Biblia llamamos cielo) y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, (Escuchen esto con mucha atención: Cristo va a vivir eternamente con un cuerpo humano. Glorificado, desde luego. En toda la eternidad Jesús va a tener esas llagas en las manos. Lo único que en el cielo vamos a encontrar que nosotros hicimos, serán los clavos de Cristo en sus manos y en sus pies.
Ahí estaba Jesús como un Cordero. Inmolado, con su cuerpo glorificado, desde luego. Pero el rostro de Jesús, por toda la eternidad, no será con esa expresión de languidez o angustia, sino glorificado en perfección. Y no será el único, ya que cada uno de nosotros tendremos este cuerpo que hoy portamos, pero perfecto y sin defectos ni enfermedades, glorificado igual que el Hijo Primogénito de Dios. El mismo cuerpo que tendrán los ángeles, aunque bastante más altos ellos, ya lo sabes. Pero todas las criaturas que Dios ha diseñado para habitar el cielo, serán con forma humana. No hay un cuerpo más perfecto, en su diseño, que el cuerpo humano. Existen infinidad de cuerpos. Un elefante, una jirafa, un hipopótamo. Insectos, anfibios, cuerpos de todas las formas y todas las características que se te ocurran. Pero la obra maestra de Dios, sin ninguna duda, fue la creación del ser humano como tal.
Dice: ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo y que ya no son de ustedes? Glorifiquen a Dios en vuestros cuerpos, porque son de Él. Cuando comienzas a darte cuenta de este cuerpo tan precioso que Dios te ha dado, lo comienzas a cuidar. Porque si el hombre no cuida su cuerpo, no puede pedirle a Dios que lo haga luego, cuando ese cuerpo se ha deteriorado por los abusos y la falta de disciplina. Y allí no puedes ir a que un ministro te ponga la mano en la cabeza, te vayas al suelo y te levantes sano. ¡Por favor! ¡A qué grado de ridiculez ha llegado la iglesia! Créeme; no he tomado nota fotográfica ni fílmica de las barbaridades que he visto dentro de los templos porque, se crea o no, yo era en un tiempo uno de los que tenía ese temor plantado de “hablar mal del siervo”. Que no sería algo malo, al contrario, si no fuera que más de la mitad de esos “siervos” en realidad están muy lejos de serlo y muy cerca de la falsedad satánica.
Por eso es que, cuando Lucas habla de la resurrección de Cristo en medio de esos cuerpos de los que te he hablado, que, si bien no son tangibles, tampoco podemos convertirlos en uno de esos fantasmas de las historietas o comics infantiles. Todo eso no existe más allá de la mente de los escritores y los cultores de la llamada ciencia ficción. Todas esas almas tienen cuerpos que se pueden ver en la otra dimensión y con otros ojos. ¿Recuerdas lo que les dice Jesús a sus discípulos cuando se les aparece recién resucitado? Ellos no se terminaban de convencer que fuera Él, y entonces les pide que le miren sus manos y sus pies, y que vean los bien visibles agujeros de los clavos sufridos en la cruz. Y ellos no sólo pudieron verlo, sino que también lo tocaron. Escucha. Entiende. Piensa. ¡Ya resucitado! ¿Fue un milagro más de Jesús, dedicado a la incredulidad de sus discípulos? ¿O en la resurrección hay un cuerpo humano glorificado?
Ese cuerpo era algo sólido. Las manos de los discípulos, no atravesaron las manos ni los pies de Jesús, lo tocaron. Y obviamente, como era la idea del Señor, comprobaron ahí mismo que Él era Él. Era un cuerpo materializado, pero que indudablemente, como se podría ver más adelante, podía ser desmaterializado a voluntad. Pero, atención con esto: podía ser tocado aquí, en esta dimensión. Por eso me gusta, cuando hablamos de esto, recordar lo que dice Hebreos 13, del 2 al 4: No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo. Honroso sea en todos, el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.
Yo me pregunto cuántos de nosotros habremos tocado ángeles, sin saber que los eran. El antiguo error de presentarlos con camisones blancos y alas, en muchas ocasiones nos hizo desperdiciar la revelación y no disfrutar la emoción del impacto dimensional. Los ángeles, dice la Biblia, no yo, pueden tomar un cuerpo humano si así lo necesitan. No estoy diciendo que invadan o tomen un cuerpo, estoy diciendo que, de alguna forma que ignoramos porque pertenece exclusivamente al poder imponente de Dios, pueden tomar una forma humana. Sea hombre, mujer o niño, lo que se necesite. ¿Verdad que ahora sí te deja pensando el pasaje anterior, cuando nos dicen que muchos pudimos hospedar ángeles sin saberlo? Y si dejas correré un poco tu imaginación, cosa que no es para nada difícil, ¿Verdad que se te ocurren por lo menos una decena de situaciones donde pudieras haber alternado con ángeles sin saberlo?
Ahora bien; todo esto está muy bonito y a mí particularmente me encanta enseñarlo. Pero no puedo dejar de ser consciente que la vida terrenal tiene muchísimas aristas en las cuales el pueblo de Dios todavía no ha terminado de hacer pie. Individualmente y, preponderantemente, como iglesia. Y cuando digo iglesia, ya sabes que no estoy hablando ni de estructuras, ni templos ni mega reuniones. Iglesia soy yo, eres tú y todo el que verdaderamente ha creído en Cristo como Salvador y Señor de su vida y está dispuesto a dejarla si es necesario para aportar a la extensión de Su Reino. Hay ciertos principios, que, como pueblo de Dios, tenemos que estar dispuestos a respetar y manifestar, si es que deseamos, mínimamente, ser sal y luz de la nación, provincia, región o vecindario en donde el Señor nos ha puesto desde la cuna. Son principios tan sencillos que no nos sorprenden incorporarlos. Pero su no cumplimiento ha llevado a lo que entendemos como iglesia, al estado lamentable y apático que podemos ver a nuestro alrededor.
Principios que actuarán como detonantes en el futuro como iglesia. En primer lugar: ¿Qué estructura o diseño puede llegar a todo lugar y organizar a los pueblos en vínculos genuinos? Porque las estructuras que tenemos hoy, que son la democracia en algunos lugares, autoritarismos o dictaduras en otros, de ninguna manera están organizando los pueblos. Unos, los someten y los otros se encuentran en medio de grandes crisis lindando con el caos. La respuesta es que la iglesia, que se ha liberado en gran cantidad de sus macro estructuras, creadas siguiendo los principios de la globalización, ahora está en condiciones, ya fuera de los templos de operar de manera correcta. Cuidado; las estructuras que conocimos, en su momento cumplieron un rol positivo, pero al mismo tiempo llevaron a las personas a un grado tal de dependencia que, en algunos casos, era absolutamente normal ver como todo un ministerio se vestía con la misma clase y hasta color de ropa con la que se vestía el ministro principal.
Y eso fue determinando que sus componentes, ya no se condujeran pensando en la región geográfica en la que se encontraban y a la que debían asistir espiritualmente, sino que lo hacían siguiendo las directivas de la sede central que, generalmente, se encontraba en países con culturas totalmente distintas. Es decir: ya no hacían lo que el lugar de residencia necesitaba, sino lo que el ministerio necesitaba. Y eso no es la iglesia. La iglesia es dos o tres reunidos en Su nombre, ministrando un territorio conforme a lo que su cabeza, Jesucristo, por medio del Espíritu Santo los guíe a ejecutar. Y eso se puede lograr reuniendo a creyentes genuinos de una región o varias, conforme los acerque el Espíritu Santo. Así funcionó en la etapa primaria. ¿Iglesia en las casas? Podría ser la salida, pero no estoy muy seguro que no se termine haciendo más de lo mismo. Hay demasiada doctrina religiosa en nuestras mentes. Y demasiados hombres y mujeres que aman tener poder y sentirse semi dioses.
Las grandes potencias del mundo, hoy se encuentran en una encarnizada batalla silenciosa con vistas a cuál de ellas consigue acceder a más poder. ¿Quién podría prestar cooperación para que todo eso se ejecute sin injusticias y con respeto por los derechos de todos? La iglesia. Si la iglesia tiene esta misma mentalidad, de ver quien agarra mejor porción de poder y agrede a otras iglesias por la disputa de quien se queda con más miembros, no podrá de ninguna manera ser de ayuda o cooperación para la nación en la que reside. Así jamás será de ayuda a un mundo que está en el mismo conflicto de luchas por el poder. La única manera de poder ser sal y luz para la nación, es estar en un espíritu contrario a todo eso. Coincido con muchos creyentes que entienden que este año 2024 exige esto: cooperación, unidad, fe, única cabeza Cristo, única guía Espíritu Santo.
Ahora bien; no te daría un panorama completo si no te recordara que, ante el desarme evidente que están experimentando las estructuras religiosas, pero también las sinceras, no te quepan dudas que habrán de aparecer oportunistas. No es novedad, siempre que las estructuras que marcaban el ritmo de una sociedad comienzan a caer, aparecen los oportunistas que tratan de infiltrarse por esas grietas que todo es mover está produciendo. ¿Cuáles son estos oportunistas? El narcotráfico es uno y no menor. Tratan siempre infiltrarse en aquellas sociedades que se encuentran fragmentadas. También los dictadores, que se aprovechan de alguna crisis y acceden al poder mediante engaños. Otros estados, que intentan aprovecharse de las circunstancias adversas de otro país. Así que es imperativo que la iglesia bien plantada frene, en oración de guerra, cualquier pretensión negativa o adversa para la región donde está instalada.
No es menor la lucha contra esos personajes que vienen a infectar las heridas que las crisis pudieran haber producido en una nación. El narcotráfico se alimenta de las heridas. Se alimenta de la pobreza, se alimenta de la falta de oportunidades, se alimenta de personas sin esperanzas a futuro e, incluso, de aquellos que por diferencias ideológicas o políticas sienten impulsos de rebelión. Hay, además, en algunos puntos del mundo cierto descontento social, atomización y ansiedad en las sociedades. Y cuando digo atomización, me refiero a sociedades sin rumbo, donde todo parece muy caótico, que, ante el descontrol general, comienzan a dividirse en pequeños grupos, que de alguna manera atomizan una sociedad entera en poco tiempo. ¿Y qué deberá hacer la iglesia en el marco de todas estas cosas? Indudablemente, pararse por encima de todas estas cosas.
Estoy queriendo decir que de ninguna manera puede abandonar su concepto y origen de eternidad para enrolarse en algunas de las facciones terrenales, por buenas que estas parezcan ser. Y allí es el momento de salir a decir que lo que entra en la boca no es lo que contamina. Porque lo que contamina, siempre es lo que está en el corazón. Si tú quieres cuidar lo que comes por una cuestión de salud, me parece perfecto, pero por favor no descuides tu corazón. Porque ese es el punto en el evangelio del Reino. Porque el Reino no es comida ni bebida, sino justicia y paz. Pero justicia y paz en el Señor, no en las organizaciones humanas teóricamente creadas para lograr eso. ¿Y qué necesita la iglesia para enfrentarse a esta atomización? Una revelación del Padre. ¿Te quedaste pensando cómo es esto? Te cuento.
Cuando el Padre se revela en la iglesia y a través de la iglesia, como consecuencia de eso, es mi conciencia de que soy hijo, pero también de que soy hermano. Esto, naturalmente, para con todos aquellos que, sin dudas, están viviendo de un modo que evidencian ser hijos de nuestro mismo Padre. No tengo hermandad con los religiosos. Lo único capaz de romper con esa atomización social, es una revelación clara y puntual del Padre. Porque te vas y nos vamos a encontrar con mucha gente atomizada en su pensamiento. Por ignorancia, es decir, por no saber, a veces, o, en todo caso, por ingenuidad en otras, se meten dentro de la iglesia pensamientos que no tienen nada que ver con nuestra condición, con nuestro estilo de vida y con nuestra misión en la tierra. Allí es cuando la revelación del Padre pone las cosas en su lugar. No la teología ni teorías académicas, nada de eso. Revelación del Padre, sin concesiones.
Ahora bien. En este marco general, estaría bueno preguntarse quién nos cuida. Porque esto está conectado a lo que dije antes, ciertas sociedades ansiosas. Porque el decaimiento de estructuras que le daban cierto orden a la sociedad, ante el debilitamiento de estos elementos, la sociedad irremediablemente se vuelve más ansiosa. Y por otros factores también, no es este el único. Y no es algo que yo esté profetizando que va a ocurrir, ya está pasando, no hay que ser demasiado investigador para verlo. La sociedad es mucho más ansiosa que antiguamente. En la mayor parte de las naciones, las mediciones muestran que hay toda una onda de ya y ahora para todo. Cuidado; una cosa es ser ejecutivos, otra es ser ansiosos. Lo primero arroja buenos resultados, lo segundo te lleva a desastres. Y de todo eso se sale solamente, como dije, con una revelación del Padre.
Por eso será más que complicado para iglesias que todavía creen que su padre es el pastor. Será muy difícil que tengan paz genuina y no como el mundo la da. Porque va a estar dependiendo siempre de una persona. Pero si yo creo que mi Padre está en el cielo y que a nadie más debo llamar padre, como dijo Jesús, entonces es distinto. Yo puedo amar a ese líder, supervisor, anciano, pastor o como se llame. Pero lo amaré como se ama a un hermano en Cristo, no subiéndolo a un pedestal en el que no le corresponde estar. Le hago daño si lo considero así. La única cabeza autorizada para conducir la iglesia es Cristo, y la única ruta válida a seguir, es la que nos marca el Espíritu Santo. Sin estos conceptos claros, para todos nosotros, va a estar muy difícil vencer a ese abismo llamado ansiedad.
Es difícil mundialmente este 2024. ¿Por qué? Porque hay grietas que están abiertas hace mucho tiempo, otras amenazando con desatarse en algo mayor y absolutamente ninguna cerrándose. Tal como si fuera algo hecho exprofeso. Queda a tu criterio definirlo. Yo ya tengo hace mucho tiempo mi propia respuesta, pero como no puedo probarla, no puedo compartirla. Decía el profeta que, aunque todo el mundo veía que el muro estaba firme, él estaba viendo una grieta que se agrandaba cada vez más y amenazaba con socavarlo y derrumbarlo. En eso estamos. En aprender quienes somos, de donde venimos y, esencialmente, hacia donde vamos. Con los mensajitos tradicionales abundantes en consejos y moralejas, podemos llegar hasta el templo. Pero fuera de él hay una realidad que necesita de otra clase de gente. Gente que no hable ni se vista raro, que no arme discursos académicos que ni ellos mismos creen y que sean capaces de vivir con conciencia de Reino, o sea: con un estilo de vida que despierte deseos de ser imitados.