Tengo los mismos años de iglesia y evangelio que tú, o quizás más o menos, pero de todos modos he sido formado por la iglesia convencional en todos aquellos rudimentos necesarios para manifestar nuestra fe. Y no me arrepiento de ello, porque de una u otra manera, esa iglesia vapuleada, censurada y confundida al grado de convertirse en verdaderas babilonias, ha podido o sabido traerme hasta aquí. Y no lo desprecio, lo agradezco.
Sin embargo, ya creo haber demostrado en muchísimos trabajos que, si bien la enseñanza recibida no fue mala ni herética, por lo menos en algunos casos, fue insuficiente. Nos enseñaron qué debíamos hacer, cuándo y hasta cómo, pero se olvidaron (O lo ignoraban) de enseñarnos a manejar las armas que teníamos.
Una de esas armas, es la oración. Yo no voy a hacer ningún panegírico ni exposición plomiza y aburrida respecto a la oración, porque creo con total sinceridad que si no se ha hablado todo lo que hay que decir de ella, al menos se ha expresado la mayor parte. Claro, la mayor parte de lo que conocemos.
Porque está más que claro que, cuando estamos reunidos con otros hermanos, (Y aquí las congregaciones tradicionales son un buen ejemplo), y se nos pide que oremos uno a uno en voz alta sobre algún determinado tema específico donde se necesita oración, nos encontramos con una primaria novedad que, si bien podría pasar por algo sin demasiada importancia, secundario, yo creo que no es ni lo uno ni lo otro.
¿Qué bases te enseñaron tener en cuenta para orar? No sé cómo será tu caso, pero a mí me enseñaron que debía orar al Padre, en el nombre del Hijo y con la guía del Espíritu Santo. Muy bien; ¿Estás oyendo tú en este tiempo orar así? Yo no. Más bien oigo oraciones que le piden al Padre, otras al Hijo, otros al Espíritu Santo y otros más, cometiendo por ignorancia la herejía de orar a los ángeles. Incluso, en algunos casos con nombres propios: Gabriel, Miguel, etc.
Pero el quid de la cuestión que da origen a este trabajo, se presenta cuando alguien decide orar al Hijo. Antes que nada te diré que si tu oración es fiel, es sincera, es honesta y limpia de corazón, Dios te la va a responder aunque contenga errores fundacionales. Como es el de, por ejemplo, escuchar que algunos le oran a Cristo, otros a Jesucristo y otros tantos a Jesús. Todos, claro está, con el adjetivo antecesor de Señor.
¿Qué está mal y qué está bien en esto? Reitero: a Dios Padre no le interesa tanto la metodología discursiva de tu oración, sino la transparencia, la pureza y la fiel honestidad que hay en tu oración. Dios conoce nuestros corazones, y no tiene demasiado en cuenta lo que decimos, sino con qué fundamento espiritual íntimo lo decimos.
De hecho, puedes hacer una tremenda oración con todas las acepciones y los destinatarios bíblicamente correctos que, si tu corazón no está alineado con el corazón de Dios, esto es, que no amas lo que Él ama y amas lo que Él aborrece, entonces, por mejor y más versátil que sea tu oración, mucho me temo que no recibirás nada en respuesta. Es Dios, no un público mediocre como tanto abunda hoy.
Y cuando digo mediocre, quiero que me entiendas bien. No estoy despreciando a nadie, no estoy menoscabando a nadie, ni estoy discriminando a nadie ni burlándome de nadie. Me estoy refiriendo a tanta gente que, en lugar de utilizar esa maravillosa mente que Dios le ha regalado para pensar y decidir cosas, elige repetir lo que piensan y deciden otros, porque les han vendido promocionalmente que esas personas son superiores a él.
¿Nadie va a explicarles que tienen una mente similar? ¿Nadie les va a advertir que han sido manipulados y presionados a pensar cómo piensan porque eso les conviene a otros y no a ellos? Nuestra sociedad está plagada de esto. Mi amado país, la República Argentina, es una triste muestra de esto.
Por eso es que quiero, a modo de aporte y sin veleidades de sentar doctrina al respecto, dejarte algunos conceptos que tal vez puedas adosar a los tuyos, o reemplazarlos si así te lo demanda el Espíritu que mora en ti. Y esos conceptos vamos a extraerlos de algunos textos de la carta a los Hebreos. De esa carta que, pese a no tener autor definido, creo yo que contiene algunas de las mayores profundidades que la palabra de Dios nos trae en lo que llamamos La Biblia.
(Hebreos 1: 1) = Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, (2) en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; (3) el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad de las alturas, (4) hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.
Lo primero que nos dice, es que en tiempos antiguos, cuando vivían nuestros padres, Dios habló muchas veces. No una, sino muchas veces, por intermedio de sus profetas. Qué hicieron aquellos hombres con aquellos profetas, es una clara evidencia de lo que es la naturaleza del hombre sin Dios. Los injuriaron, los agredieron, los apedrearon, hasta los mataron.
Ese mismo Dios, dice aquí, nos está hablando hoy por medio de su Hijo. Así está escrito, con la hache mayúscula. Hijo. ¿De quién está hablando específicamente? ¿De Jesús, de Cristo o, como se dice vulgarmente, de Jesucristo? De los tres, puntualmente, como si fueran una Trinidad más.
Y dice que este Hijo suyo es nada menos que el resplandor de su gloria. O sea que si deseamos ver el resplandor de la gloria de Dios, sólo debemos mirar a Jesucristo; Él la trae. Pero además también añade que es la imagen misma de su sustancia.
¿Qué significa esto? Para nosotros, mucho. Porque si se nos ha dicho que somos creados a imagen y semejanza de Dios, y aquí sabemos que Jesucristo es la imagen de la sustancia de Dios, eso te dice que fuimos creados como Jesucristo, con las mismas prerrogativas, con los mismos derechos, con las mismas obligaciones y, esencialmente, con el mismo poder. ¿O no dijo Él que haríamos cosas mayores que las que Él hizo?
Ese Hijo es, al igual que nosotros, heredero de todo, señores del universo entero porque para y por nosotros sus hijos Él lo hizo. Lo que sí sólo fue responsabilidad de Jesucristo fue efectuar la purificación de nuestros pecados dándose a sí mismo en la cruz. Eso sólo lo hizo Él, por todos sus subsiguientes hermanos, nosotros.
Y dice que está sentado a la diestra (Protocolo de autoridad y poder) de la Majestad de las alturas. Y al ir nosotros conjuntamente con Él a la cruz y ser conjuntamente con Él crucificados, hoy cada uno de nosotros también está allí, a la diestra de la Majestad, con el mismo poder y la misma autoridad. Y luego añade que a su Hijo, Dios Padre lo hizo tanto superior a los ángeles. ¿Motivos, razones? Una y la más valiosa de todas. Porque heredó un más excelente nombre que ellos. Recuérdalo.
(Hechos 4: 10) = Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. (Y luego viene el verso 11, donde en la versión clásica hay un añadido posterior que, para mi gusto, contiene error)
(11) Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.
Según el verso 10, se viene hablando de Jesús de Nazaret, pero según el verso 11, eso se reduciría a Jesús, el hijo de María. Sin embargo, la versión Biblia Textual en este verso dice exactamente lo mismo, aunque sin el nombre Jesús, que se nos aclara que fue un añadido posterior de los llamados manuscritos inferiores. Importantísimo, porque cuando sin mencionar a Jesús leemos “este”, es obvio que alude a quien fue mencionado en el verso anterior, Jesucristo de Nazaret. Y no es todo, porque mira cómo sigue después:
(12) Y en ningún otro hay salvación; (¿De quién está hablando? De Jesucristo de Nazaret, no del muchacho Jesús) porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
Conclusión: ¿Cuál es el único nombre bajo el cielo, que ha sido dado a los hombres para que puedan ser salvos? Jesucristo de Nazaret. Quiero añadirte yo, ahora, que cuando aquí lees “otro” (nombre), estás leyendo el término griego heteros, que quiere decir: diferente, distinción genérica, otra clase, no de la misma naturaleza, forma o clase. Aquí heteros denota una distinción y una exclusividad, sin otras alternativas, opiniones y opciones. Y hay datos sueltos a este respecto, mira:
(Mateo 7: 22) = Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?
Hace muchos años, cuando tomé contacto por primera vez con el fantástico ministerio evangelístico de mi compatriota Carlos Anacondia, tuve ocasión de ver, también por primera vez, manifestaciones demoníacas en personas que, se suponía, estaban concurriendo a iglesias.
Y más allá de ese impacto visual y espiritual que significa darse de cara con demonios de verdad y manifestándose en personas que no podían evitar caerse, arrastrarse reptando como víboras y una serie de inmundicias que alguien sobrio jamás cometería, mucho mayor impacto auditivo significó escuchar cómo reprendía esos demonios el evangelista.
Lo hacía, siempre, en el nombre de Jesucristo de Nazaret. Me llamó la atención, pero recién mucho tiempo después logré entender el motivo, que de ninguna manera era formal o ritual, sino decididamente espiritual. Dios puede hacer un milagro por tu mano, digas lo que digas, porque Dios es bueno y fiel, pero no ocurre lo mismo con los demonios.
Con ellos hay que ser precisos y sin errores, ya que están entrenados para aferrarse a esos errores para no irse de los lugares de donde, con nuestra simple autoridad de hijos de Dios, podemos expulsarlos. Observa que aquí esta gente no está diciendo que no podían profetizar o que las profecías eran falsas.
Está diciendo que profetizaron verdades, pese a que luego Jesús les dirá que no los conoce, que no los tiene en su registro de creyentes genuinos. ¡Pero profetizaron! Sí, pero porque lo hicieron en ese nombre que está por sobre todo nombre, el de Jesucristo de Nazaret.
(Hebreos 1: 5) = Porque ¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás: mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy, y otra vez: yo seré a él Padre, y él me será mi hijo? (A ninguno de los ángeles ni arcángeles dijo Dios Padre eso, lo sabemos)
(6) Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: adórenle todos los ángeles de Dios.
(7) Ciertamente de los ángeles dice: el que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego.
Cuando dice ministros, dice leitourgos. Es un compuesto que viene de laos, que es “gentes” y ergon, que se traduce como “trabajo”; de aquí, trabajando para la gente. Ministro. La palabra primero se refirió a alguien que prestaba un servicio público a su propio costo; después, significó generalmente un servidor público, un ministro.
En el Nuevo Testamento, se aplica a los gobernantes terrenales; al apóstol Pablo; a Epafrodito, quien atendió a las necesidades de Pablo, a los ángeles y a Cristo mismo. Esto que dice aquí, se refrenda en el Salmo 104 y verso 4, cuando dice: El que hace a los vientos sus mensajeros, y a las flamas de fuego sus ministros. Por eso es que, sabemos, los ángeles son llamados ministradores de Dios. Y también de Jesucristo.
De hecho, podríamos seguir mencionando casos relacionados con el nombre que está por sobre todo nombre, pero quiero tocar otro punto de esta enseñanza. Y es el punto que concretamente está relacionado con nosotros los hombres. Porque es cierto que somos imagen y semejanza de Dios, nadie lo duda; como tampoco que cosas aún mayores que Jesús podremos hacer. Sin embargo, todos sabemos que, mayoritariamente, eso todavía no se está observando en nuestros ambientes. Sería bueno saber la razón.
(Hebreos 2: 1) = Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. (Créeme que es mucha la gente que se está deslizando en este tiempo. No obstante, en la versión Biblia Textual, dice no sea que las dejemos escurrir.
(2) Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, (O sea que, en una época, los que daban la palabra eran los ángeles) y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, (3) ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, (A quién se entiende que llama Señor, aquí? Al Hijo, de Él venimos hablando. Jesucristo) (4) testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.
Al margen pero en el mismo contexto: es decir que cuando ocurren milagros, señales, prodigios y todas esas tremendas cosas espectaculares y sobrenaturales que nos impactan, es simplemente porque Dios está testificando junto a quienes ministran en ese momento, como confirmación a la palabra que traen.
(5) Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando; (6) pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que le visites?
(7) Le hiciste un poco menor que los ángeles (Al hombre, obviamente, a ti y a mí) lo coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos; (8) todo lo sujetaste bajo sus pies. (Perdón: ¿Sigue hablando de nosotros, de ti y de mí? Veamos.) Porque cuando le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas. (En vista de lo que vemos a nuestro alrededor, sí; está hablando de nosotros, de ti y de mí. ¿O no?)
(9) Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de dios gustase la muerte por todos.
¡Un momento! ¿Qué leímos en el verso 4 del primer capítulo? Que el Hijo fue hecho un tanto superior a los ángeles, por cuanto heredó más excelente nombre que ellos. ¿Así era como decía, verdad? Y nosotros pensamos de inmediato que, ese Hijo del cual estaba hablando, era Jesús.
Pero parece que no lo era, porque de ese modo aquí, en este verso 9 del segundo capítulo, estaríamos en clara contradicción. Sin embargo, todos sabemos que la Palabra de Dios inserta en nuestras Biblias, jamás se contradice. Así que indudablemente la verdad debe ser otra que no hemos terminado de ver.
Y la verdad es que, en contra de nuestros costumbrismos tradicionales que han tomado forma de verdaderos paradigmas inmóviles del evangelio, hay una realidad que salta a la vista y que luego tendrá clara confirmación, como veremos. Una cosa es Cristo, el Hijo de Dios y otra Jesús, el hijo de María en el cual Dios se encarnó. Son la misma persona unitaria, pero diferente entidad espiritual. Mira lo que dice aquí.
(Filipenses 2: 5) = Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, (Cuidado, no dice de Jesús, dice de Cristo Jesús, la suma de las entidades espirituales y humanas en conjunto) el cual, siendo en forma de Dios (Ese es Cristo, el Hijo), no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, (7) sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; (Ese sí es Jesús) (8) y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
(9) Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, (10) para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; (11) y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para la gloria de Dios Padre.
Yo no sé si alcanzas a entender lo que a primera lectura parece confuso o contradictorio. ¿Es el de Jesús, así a secas, un nombre que está sobre todo nombre? Sí, lo es. Entre los hombres de la raza humana, el de Jesús es el nombre que está por sobre todo nombre.
Pero luego especifica que el señorío, que es lo que privará notoriamente en la guerra espiritual que libramos con las potestades del infierno, lo posee indudablemente ese Jesús pero con el adosado ungido de la presencia del mismísimo Dios en su vida, esto es, Jesús el ungido, lo cual nosotros rotulamos mucho más fácilmente como Jesucristo, o Jesús el Cristo, que quiere decir ungido, o Mesías; o Cristo Jesús.
(Hechos 2: 32) = A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
(33) Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
(34) Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi diestra, (35) hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
(36) Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
Creo que aquí queda más que claro que Jesús, hasta que fue a la cruz, era un humano al cual Dios encarnaba buscando que desde su posición pudiera producir derrota definitiva al infierno. Lo hizo al ser crucificado, y allí se transforma en el Mesías, en el ungido de Dios y, por consecuencia, en Señor de señores y Rey de reyes.
¿Está mal, entonces, orar al Señor Jesús? No. Dios sabe de quién estás hablando, conoce tu corazón, sabe si tu oración es sincera, honesta, genuina y intencionada para bien de Su Reino. Y en ese sentido la responderá como corresponda o decida Su Voluntad.
Sin embargo, todos sabemos que los personeros del infierno, esto es, los demonios, tienen como una de sus estrategias favoritas producir demoras o dilaciones en todo lo que puedan en sus actividades. Ellos saben que cuando un hijo de Dios con autoridad les ordena irse de un lugar o persona, tienen que hacerlo sì o sí, pero si pueden demorarlo y desgastar con dudas a quien los expulsa, lo harán.
Y una de las técnicas aplicadas tiene que ver con la autoridad propiamente dicha. En muchos casos, le hablan al liberador asegurándole que si no es pastor no puede expulsarlos, lo cual es absoluta mentira. Y en otros casos, dicen que el nombre Jesús es vulgar y no les produce ninguna autoridad.
Por eso, cuando se reprende espíritus malignos, lo ideal es hacerlo en el nombre de Jesucristo de Nazaret, para que no les quede ninguna duda ni puedan argumentar nada. Ese es el nombre sobre todo nombre y bajo el cual se sigue doblando toda rodilla. Allí se fundamenta el versículo más clásico de toda la Biblia.
(Juan 3: 16) = Porque de tal manera amó Dios al mundo, (Ojo: dice al mundo. No dice a la iglesia, o a los religiosos, o a los de tal o cual credo o religión. Dice al mundo; ese mundo al cual muchos supuestos cristianos no sólo no aman, sino que además desprecian, discriminan y hasta injurian. Al mundo no hay que destruirlo, hay que salvarlo) que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.
Y aquí es donde llegamos al punto final de este pequeño ilustrativo que hoy hemos compartido. ¿Cuál es el Hijo unigénito de Dios? Cristo. ¡Claro, Jesús! No, Cristo. A Jesús lo pone María en el mundo, a Cristo lo envía Dios mismo. ¿Pero no es la misma cosa? No lo sé, pero si lo fuera, no se hubiera escrito lo que te leo.
(Isaías 9: 6) = Porque un niño nos es nacido, (Ese es Jesús, del vientre de María y de José como padre adoptivo) hijo nos es dado (Ese es Cristo, unigénito de Dios que vino a encarnarse en aquel Jesús y ungirlo con su presencia divina) y el principado sobre su hombro; (Esto te habla de diseño, de reinado, de realeza) y se llamará su nombre (Que es el nombre que está por sobre todo nombre) Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. (En suma, Dios mismo)
Listo. No necesitas más. No tienes que modificar casi nada, apenas reformar algunas expresiones, sobre todo cuando te enfrentas a las potestades satánicas. De ese modo, activarás un poder que está por encima de cualquier otro poder conocido, por espectacular que parezca, y posibilitará que se doble toda rodilla arriba, en la morada de Dios, al mismo nivel, en la morada de los hombres, y abajo, en la morada de los demonios.
Una de las estrategias que mejores resultados le ha producido al enemigo, es la del miedo. Cristianos que tienen miedo del poder diabólico, son cristianos inutilizados para la batalla. Porque Satanás y sus demonios sólo podrán tocar tu morada si tú le das las llaves de las puertas o sencillamente se las abres con pecado. De otro modo, jamás pasarán. El nombre de Jesucristo de Nazaret, es más que suficiente.