Algo es indudable pienses como pienses y creas en lo que creas: comienzas tu vida como una persona, un rozagante bebé inocente. Y desde el instante en que llegas al mundo, tu cultura, tu familia, tu entorno y tu sistema educativo, comienzan a moldear tu sistema de creencias. Y esto puede ser peligroso, porque si tu cultura y tu entorno no te enseñan la verdad, entonces terminarás creyendo una mentira. Incluso sobre ti mismo.
Y tú sistema de creencias se convierte en tu filosofía personal, a partir de la cual influyes en los demás. Por eso el fundamento de tu capacidad de conducción o punto de referencia pública, está determinado por tu sistema de creencia privado. Por eso te enseño cuidadosamente línea tras línea, para impulsarte a cuestionar tus ideas sobre ti mismo. Tal vez provienes de una historia marcada por la opresión, la del imperialismo y el colonialismo que nos impulsaron ideas falsas sobre nosotros.
Se te enseñó a sr doméstico, jardinero, trabajador agrícola, a servir y a cocinar para los demás, pero no se te enseñó a poseer una empresa, a construir una sociedad o a dirigir un país, a comprar un campo petrolero o a invertir en una mina de oro. A esto siempre lo hacen otras personas, porque tú fuiste condicionado a creer que no puedes y que ni siquiera deberías intentar ser dueño de una empresa grande y poderosa.
Entonces, aceptamos esta idea. Nuestra filosofía nos dice que no podemos poseer eso, fuimos formados para convertirnos en empleados, no en empleadores. En realidad, hemos sido tan adoctrinados por una filosofía falsa, que tenemos miedo de poseer cosas. Tenemos miedo de triunfar. Incluso la religión que se nos enseñó, ha reforzado nuestra falta de confianza en nosotros mismos. ¿Sabes lo que se te ha enseñado durante los últimos cien años a través de la religión?
Tu doctrina venía de otro país. Tu sistema de creencias fue importado por aquellos que poseían a tus ancestros, y nos enseñaron a cantar canciones, ¿Verdad? Algunas de ellas dejaban más que en claro que nosotros, los simples, usaríamos cosas maravillosas en el cielo, mientras tanto hoy aquí en la tierra, a esas cosas las estarían usando otros más poderosos. Nos agrade o no reconocerlo, ese es un pensamiento de esclavo, no de hombre libre.
¡Y era una canción supuestamente cristiana! Sin embargo, lo que le decías a la gente más poderosa era que mientras ellos disfrutaban de sus riquezas ahora, tú seguramente lo harías después, cuando estuvieras en el cielo. Mientras tanto aquí, le reconocías y aceptabas que eras pobre y punto. Es una filosofía que muchos en Latinoamérica hemos escuchado desde niños, y algo está mal con ella. Porque, en suma, lo que te enseñaba a fuego, era a tenerle miedo a la prosperidad.
Te daban a entender que, si llegabas a prosperar demasiado, podías llegar a olvidarte de Dios. Así es que, lo mejor que podías hacer, era aceptar permanecer pobre. No digo que no exista un grado de verdad en algo de esto, pero no en el todo, como si fuera un punto generalizado global. Todos sabemos cómo actúa el enemigo. Toma una verdad, la adorna con lindo palabrerío religioso y, de pronto, cuando menos te lo esperas, la tergiversa y la convierte en una tremenda mentira que te crees sin dudarlo.
Recuerda que tal como un hombre piensa en su corazón, así dirige. Entonces, el pastor que proviene de esta misma filosofía, le predica a su gente que se alejen de todas esas cosas que pueden corromper el alma y el espíritu. Nadie podría decir que es una mala predicación, todo lo contrario. Pero lo que sí podemos asegurar es que, cuando la conviertes en un elemento central y definido, te convierte en alguien que jamás se atreverá a ir un paso más allá de lo que le aconsejaron de niño que debía ir.
Yo recuerdo haber escuchado sugerencias tales como mantenernos alejado del dinero, del poder, de las influencias y limitarnos a aguardar a que Jesús regresara nuevamente y pusiera todo en orden como debía ser. Y eso es, en grandes rasgos, lo que una gran mayoría de todos nosotros hemos predicado por años. ¿Realmente le hemos enseñado a nuestros hermanos que no debían ser los que daban las órdenes, sino sólo los que las recibían? Si, Eso fue, en mayoría, lo que muchos de nosotros escuchamos y repetimos.
Hoy, sin caer en falsos facilismos de doctrinas de prosperidad traídas de los cabellos de los intereses personales, vengo a sugerirte que, si quieres dar pasos hacia adelante aquí y ahora, mientras camines por esta tierra, deberás modificar sí o sí aquel viejo sistema de creencias que te metieron en el cerebro infantil y que te quedó grabado a fuego hasta hoy, que ya eres más que adulto. Porque Dios dijo que puedes dar órdenes, tener poder, influencias y ser el que conduce el bus, no el que viaja de lástima en él.
Ahora volvamos a ese niño pequeño recién llegado al planeta. Me pregunto quien es. ¿Tú puedes decirme quién es? No, nadie lo sabe. Sólo un niño inocente. Recuerda esto: todo el mundo nace como una persona. Este niño pequeño venía de una familia rota. Su padre abusaba de él. Su padre era religioso, pero le pegaba, lo lastimaba. Y este niño creció con un sistema de creencias retorcido sobre Dios. Déjame mostrarte quien era realmente este niño pequeño.
Un niño pequeño que parece inocente por donde lo mires, pero que cuando llegó a ser hombre, se convirtió en un hombre que todavía llevaba a ese mismo niño en su interior. Su nombre era Adolf Hitler. Su filosofía era muy seria, porque creía en una idea que había heredado de los romanos. Y para que nos quede claro lo que digo y hacia donde voy, deberemos hablar justamente de los romanos. Simplemente porque la mayor parte de nuestros países latinoamericanos, están dirigidos por las mismas ideas que tenían los romanos.
Hitler creía que había nacido y había sido elegido por Dios para restaurar el Imperio Romano. Él creía profundamente en eso. Pensaba que había sido creado y enviado para traer de vuelta la gloria de Roma. Y por eso quería someter a toda Europa, porque Roma gobernó el mundo entero. Roma fue el imperio más poderoso y más influyente de la historia. El primer reino que colonizó el mundo entero. Ningún otro reino ha superado jamás a Roma. Roma fue el proceso de colonización más exitoso de la historia.
Roma dominaba a todo el mundo conocido de entonces. Y Hitler creía que había nacido para restaurar la gloria de Roma. Pero la gran pregunta que nos surge, al ver esto, es: ¿De dónde sacaron los romanos sus ideas? Esto es más que importante, especialmente cuando debemos hablar de conducción, de punto de referencia. Los romanos habían conquistado a los griegos, y fueron los griegos los que inventaron la filosofía del liderazgo que todavía gobierna a nuestro mundo hoy.
Escúchame. Jesús nació bajo el Imperio Romano, en una colonia romana, controlada por ideas griegas. Los griegos han sido los filósofos más influyentes de la historia moderna. Ellos son los que inventaron las ideas que aun gobiernan el mundo hoy. En realidad, el Imperio Romano adoptó la filosofía griega, cuando invadió Grecia. Los romanos eran tan poderosos que destruyeron el imperio griego. Pero no destruyeron las bibliotecas griegas.
Los romanos fueron inteligentes. Tomaron las bibliotecas griegas, adoptaron las ideas griegas y su filosofía de liderazgo. Así que los romanos se volvieron griegos en su manera de pensar. Pero auténticamente romanos en su poder militar. Y he aquí por qué es importante para ti donde quiera que vivas, especialmente si es en algún lugar de Latinoamérica, porque estás en países que fueron construidos con ideas romanas en base a aquellas ideas griegas.
Por esa razón es que muchos pueblos americanos todavía están en plena lucha con su mentalidad. De allí que será más que interesante que te hable de tu pasado y de tu futuro. Los griegos creían ciertas cosas sobre la humanidad y sobre el liderazgo. Los romanos las adoptaron. Los europeos las usaron y colonizaron todo lo que colonizaron con estas mismas ideas griegas. Cada proceso de colonización transportó las ideas griegas y sometió a los pueblos.
Entonces, ¿Qué creían los griegos? Los griegos creían que el liderazgo, era el producto de un don natural. ¿Qué querían decir con eso? Estoy seguro que muchos de ustedes conocen a esos filósofos griegos que cambiaron el curso de la historia. Platón, un pensador griego muy poderoso. Aristóteles, un filósofo griego muy influyente. Sócrates, un pensador griego muy importante. Estos hombres formularon ideas que todavía dirigen el mundo hoy.
Podemos decir sin temor a equivocarnos que el mundo vivo es dirigido por hombres muertos. Nuestros países, hoy, están gobernados por hombres muertos. ¿Cómo es eso? Porque dejaron atrás sus ideas, y las ideas sobreviven a los hombres. Las ideas son más poderosas que la muerte. Los filósofos griegos como Platón, Aristóteles y Sócrates inventaron ideas. Voy a citar una de esas ideas. Es una idea griega, la palabra democracia es griega.
La democracia viene de Grecia, no de la Biblia. Los griegos inventaron el concepto de política. La palabra política, es griega. Significa “ciudadano principal”. De ahí viene la palabra político, y según los griegos, un político es una persona a la que el pueblo confía su autoridad y a la que establece como ciudadano principal por encima de los demás. Esta es una idea griega: el poder del pueblo dado a un ciudadano principal llamado político.
Ahora escucha esto. Jesucristo nació bajo este sistema político. Los romanos adoptaron la idea de que el liderazgo era el producto de un don natural. ¿Qué quería decir esto? Los griegos creían que ciertas personas nacían dotadas de ciertas características distintivas, que las hacían superiores a las demás. Por ejemplo, los griegos creían que el liderazgo era el producto también de rasgos de nacimiento. Esto significa que pensaban que algunas personas nacían naturalmente para ser líderes, porque poseían rasgos físicos que las hacían superiores.
Los griegos creían que si nacías con una nariz fina, cabello rubio, ojos azules y labios delgados, automáticamente, eras un líder. A esto que digo lo puedes verificar en internet donde quiera que lo indagues. Está bien documentado. Creían que si nacías con piel clara, nariz recta, ojos azules y cabello amarillo, rubio, automáticamente eras un líder elegido por los dioses para gobernar. Si todo esto fuera cierto, no habría esperanzas de ninguna manera para aquellos que no dan ese perfil anatómico y físico.
¿Por qué digo esto? Porque los mismos griegos decían que, si nacías sin nariz fina, sin piel clara, sin ojos azules y sin cabellos rubios, era porque los dioses te habían enviado automáticamente para ser esclavo. Los griegos creían esto y los romanos adoptaron esta idea. Entonces, si no lucías así, no tenías ninguna esperanza para ser un líder. Tenías el color de piel, la nariz, el color de los ojos y del cabello incorrecto. Dime en qué ha cambiado eso, hoy.
Los griegos también creían que el liderazgo era producto de la providencia. Una palabra muy importante, la providencia. La providencia se refería a los dioses. Los griegos creían en muchos dioses y pensaban que si los dioses te elegían para ser un líder, automáticamente eras superior a los demás. Y si los dioses no te elegían, estabas automáticamente destinado a ser esclavo y seguidor por el resto de tu vida. En otras palabras, eran los dioses los que elegían a los líderes.
Piensa en esto. Si naciste con un color de piel que no es ciento por ciento blanca, ojos de un color oscuro, una nariz más grande que esas rectas aguileñas y cabello negro, entonces según ellos, los dioses te habían elegido para ser esclavo. Esto es lo que enseñaban, esto es lo que creían. Era su filosofía y los romanos la adoptaron como propia. Los griegos también creían que el liderazgo era el producto de una personalidad carismática.
La palabra carismática, viene de la palabra griega karismas. ¿Sabes lo que significa? Significa “los dones de los dioses”. Esto significa que los dioses habían dado dones particulares a ciertas personas, que eran seguras, extrovertidas, alegres, habladoras, comunicativas, expresivas, desbordantes de energía. Los griegos decían: “¿Ven? ¡Estos don los dones de los dioses! Pero si eras tranquilo, reservado, discreto, entonces los griegos decían: ¡Tú eres un esclavo!
Y es por eso que, cuando los romanos conquistaron a los griegos y adoptaron sus ideas, les decían a los esclavos: “Tienes que ser visto, pero nunca oído”. “Solo tienes que ser visto cuando se te necesite y nunca debes hablar”. Esas eran sus ideas sobre el liderazgo. Y, finalmente, creían que el liderazgo estaba reservado para un pequeño grupo de élite, predestinado a dirigir el mundo, mientras que el resto de la gente estaba destinada a seguirlos.
Quiero enseñarte algo muy serio. Los romanos adoptaron estas ideas y las hicieron su cultura. Los romanos conquistaron toda Europa, desde África hasta Escocia. Conquistaron todo el continente europeo e impusieron sus ideas. Así, cuando se encontraban con pueblos que no se parecían a ellos, sin cabello rubio, sin piel clara, sin nariz fina, sin ojos azules, los consideraban automáticamente sub humanos. Los romanos decían de sí mismos: “Somos superiores, elegidos por los dioses”
Se dieron el nombre de raza aria. Ahora permíteme darte la información más importante de hoy. El Imperio Romano gobernaba el mundo conocido, desde África hasta Gran Bretaña. Era el reino más poderoso en la tierra bajo Cesar. Creían que habían sido elegidos por los dioses para dirigir el mundo. Pensaban que los dioses los habían seleccionado, dotándolos de ciertos rasgos para dominar a los demás pueblos. Creían que eran superiores a todas las demás razas.
Estaba profundamente arraigado en la mentalidad romana. ¿Sabes cómo fue derrotada Roma? Nadie podía vencer a Roma. Era el imperio más poderoso de la historia, con el ejército más formidable jamás visto. Ningún país podía vencerla militarmente. Roma era tan poderosa que, cuando llegaba, todo el mundo se postraba. Por eso se decía: “Cuando estés en Roma, haz como los romanos” Donde quiera que iban, colonizaban el mundo.
Y es en este Imperio Romano donde nació Jesucristo. Nació en un imperio que creía que Él era automáticamente un esclavo y por eso trataban al pueblo judío, donde él vino, como a perros. Jesucristo nació en una colonia. Al igual que muchos de nosotros. Nació bajo el dominio de una potencia colonial llamada Roma, al igual que tú. Se le enseñó que había nacido para ser un ciudadano de segunda clase. Se le enseñó que había nacido para ser sometido.
Se le enseñó que si un soldado romano te pedía tu manto, debías dárselo. Se le enseñó que si un romano tenía frío, debías calentarlo. Se le enseñó que cuando una mujer romana entraba, debías levantarte e inclinarte. Se le enseñó que si un soldado te pedía que le llevaras su escudo durante una milla, debías hacerlo. Y si un soldado cansado te daba su lanza para que la llevaras, debías aceptarla. Se le enseñó que no era un líder, sino un esclavo.
Nació en una colonia, al igual que tú, al igual que yo. Escucha bien: aquí está el misterio de Jesucristo. Nació en esa cultura, pero nunca dejó que esa cultura naciera en él. Déjame explicarte. Cuando el Imperio Romano fue finalmente derrotado, no fue por un ejército. Fue destruido por lo que destruye a la mayoría de las naciones, la inmoralidad.
La historia nos enseña que el Imperio Romanos fue destruido por las pasiones de sus líderes. Su vida sexual los arruinó. Murieron desde adentro, carcomidos por la decadencia moral. De catorce césares, doce eran homosexuales. Pedófilos, también. Se acostaban con niños, no con mujeres. Estaban consumidos por su propia lujuria. Se volvieron tan inmorales, que comenzaron a celebrar matrimonios entre hombres. Esto se remonta a más de dos mil años.
Fueron destruidos por los deseos de la carne. Cuando un país comienza a adoptar la inmoralidad, su caída ya está en marcha. Cuando un país comienza a legalizar lo que Dios condena, no hay preocupación por ese país, ya está muriendo. No importa cuan poderoso sea su ejército o sus armas, si la moral se convierte en un cáncer, sus armas se vuelven inútiles. Roma murió en el dormitorio, y así el Imperio Romano se derrumbó.
Cuando Roma se derrumbó, se dividió en pequeños reinos. Una vez unidos, se convirtieron en varias naciones. Aquí hay algunos de esos reinos. Estaba el reino de Franco, que hoy llamamos Francia, el reino de España, que hoy conserva su nombre, el reino de Portugala, hoy Portugal y otro reino llamado Anglo Britania, hoy Gran Bretaña, a la que también llamamos Inglaterra o Reino Unido. Todos estos reinos heredaron la filosofía romana y decidieron expandirse como reinos.
Entonces los franceses, los españoles, los portugueses y los británicos enviaron sus barcos. Su mentalidad era romana, su forma de pensar, griega. Fueron a conquistar territorios. Invadieron islas, continentes, llegaron al Caribe, África, América Central, América del Sur y hasta las islas del Pacífico. Y trajeron consigo su filosofía. ¿Qué filosofía? La filosofía griega. ¿Y qué decía? Que ellos eran superiores y tú, parte de cualquiera de esos lugares colonizados, inferior.
Si tu cabello no es rubio, tus ojos claros y tu piel blanca, indudablemente los dioses te han entregado a mí para ser mi esclavo. Eso creían, pensaban y enseñaban. De todos modos, ¿Para qué perder tiempo en educar a un esclavo? ¿Para qué darle ropa decente o bonita? ¿Para qué o por qué darles propiedades, poder, dinero o un futuro? Esa era su filosofía. Y así comenzó la historia de la colonización. Es fácil vender a un esclavo, Después de todo, no fue elegido por los dioses.
Déjame decirte algo. Toda filosofía proviene de una ideología. Y toda ideología necesita una teología para justificarla. Dicho de otra manera, cada vez que existe una filosofía y una ideología, se necesita una religión para darle credibilidad. Por eso la religión fue utilizada para justificar la ideología de la superioridad. ¿Sabes lo que nos enseñaban cuando yo era niño? Que, si no fuera por ellos, nos habríamos muerto de hambre como aborígenes salvajes en nuestras tierras. Eso nos enseñaban.
Contaba un pastor de raza negra que, cuando era pequeño, en su tierra colonizada, solía preguntarle a su maestro blanco de dónde habían venido ellos, los negros. Y en lugar de contarles la verdad, que era que habían sido secuestrados de diversas zonas de África, les decían que ellos habían caído de cielo, que no tenían herencia, que eran ángeles caídos. Y le añadían Biblia, diciendo que ella dice que las bestias del campo llevarán el agua por nosotros. Bueno, ustedes son esas bestias. Absolutamente cierto lo que digo.
¿Sabes donde enseñaban eso? ¡En las escuelas dominicales de las iglesias! Filosofía. Y todavía están, en muchas partes del mundo, doscientos años después, convencidos que no son iguales a los demás. ¡Doscientos años de mala educación! Una educación falsa que les hizo creer que no eran capaces de pensar con profundidad. Doscientos años creyendo que algunos, con rasgos específicos, son más inteligentes, más brillantes y más capaces que nosotros, los de raza originaria.
Filosofía. Y así es como dijeron: ¡Tienes que callarte! ¡No puedes hablar demasiado! ¡Se te enseñó que no debías expresar tus ideas! Guarda tus pensamientos para ti. Conténtate con ser un buen servidor de lo que tus amos necesiten. No debes alzar la voz cuando ves algo malo. ¿Cómo te atreves? NO eres lo suficientemente inteligente para saber lo que está mal. Ese es el problema del liderazgo. Y aquí está el más grande.
Puesto que los dioses te eligieron para ser un simple seguidor, ¿Para qué perdería mi tiempo en formarte para dirigir? Si estudias todas las colonias en la historia, verás que los colonizadores nunca formaron líderes. Y lo increíble es que, cuando finalmente se van, íntimamente esperan que fracases. De hecho, por eso se van. Suelen decir que hay más de ustedes que de nosotros, así que nos iremos antes de que nos maten. Pero sabemos que no pueden dirigir, así que su país fracasará.
¡Esperan tu fracaso! Pero yo me pregunto: ¿Cómo puedes esperar que tena éxito, si nunca me formaste? Y cuando fracasas, dicen: ¿Ves? ¡Te lo dije! ¡No eres lo suficientemente inteligente como para tener éxito! Olvidan que mi fracaso, es la prueba de su fracaso. Por eso considero a todo esto sumamente importante, porque lo comparto para tratar de corregir nada menos que doscientos años de historia. El caso es que tú puedes dirigir lo que sea que debas dirigir, tienes con qué, no te creas sus mentiras.
Si estudias a los grandes líderes del mundo, verás que todos luchan con estos mismos problemas. Los pueblos que han sido oprimidos por más de cien años, terminan desarrollando los mismos problemas `sicológicos y sociales, independientemente de sus culturas y ubicaciones geográficas. Sin ir demasiado lejos, si sirve como ejemplo, fíjate a los hijos de Israel, en Egipto. Fueron oprimidos durante 430 años y, cuando finalmente salieron de Egipto, no pudieron sacar a Egipto de ellos.
Tan pronto como obtuvieron su independencia o, mejor dicho, su liberación bajo la dirección de Moisés, comenzaron a mostrar signos de trauma. Incluso Moisés tenía problemas psicológicos. Había nacido en Egipto. Y mira esto: cuando salieron de Egipto, aun no eran libres. Simplemente fueron liberados. Nunca confundas la liberación con la libertad. Hay muchísimas naciones pequeñas que han sido liberadas en los últimos años de sus colonizadores, pero todavía no son libres, están en el desierto.
¿Y por qué Dios te guía al desierto? Porque no quiere que entres en la tierra prometida con el espíritu de Egipto. Te mantiene en el desierto para cambiar tu mentalidad, para que comiences a pensar como un hombre libre. Nunca confundas independencia y libertad. La independencia es sólo una oportunidad para ser libre, no es la libertad. Los israelitas fueron liberados de Egipto, independientes de ellos, pero aun no estaban en la tierra prometida.
Tú tampoco estas todavía en esa tierra prometida que seguramente tienes como palabra profética, ¿Sabes por qué? Porque esa tierra exige indefectiblemente una mentalidad nueva. Gente que viajó en avión desde Israel a Egipto, cuenta que se impactó porque ese vuelo dura algo así como veinte minutos. ¿Veinte minutos de avión? Si, para la misma distancia que al pueblo de Israel le tomó… ¡Cuarenta años! Averiguando con guías especializados, logró saber que la distancia entre Egipto e Israel era de siete horas en auto y de cuarenta días a pie.
Leyendo nuestras Biblias, sabemos ahora que Dios no los condujo por el camino más directo porque tenían miedo en su espíritu. Así que los hizo pasar por un largo desvío para sacar a Egipto de su espíritu. ¿Y por qué tardaron cuarenta años para hacer un viaje de cuarenta días? Porque daban vueltas en círculos. Su mentalidad siempre los hacía retroceder. Decían: ¡Moises! ¡Volvamos a Egipto! ¡Al menos allí teníamos suficientes cebollas y ajos!
Querían volver a su antigua seguridad, al sistema en donde otros pensaban por ellos. Y Dios dijo: Ninguno de ustedes entrará en la tierra prometida, porque se niegan a cambiar su forma de pensar. Los hizo dar vueltas durante cuarenta años, el tiempo de una generación. Porque estaba gestando la próxima generación. Josué y Caleb nacieron en el desierto, no en Egipto. Ellos representaban una nueva mentalidad. Por eso digo que hay gente que no puede entrar en la nueva tierra prometida contemporánea.
Y no porque no sean capaces, sino porque quieren volver atrás. Y por eso la juventud es la esperanza de nuestra nación santa. Para los mayores como yo, les dejo una sugerencia: pídanle a Dios que les ayude a cambiar sus mentes. Conmigo lo hizo, con ustedes también lo hará, yo no soy ni diferente, ni distinto ni mejor. Soy uno más. Pídele que haga un milagro contigo y no en tu cuerpo, sino en tu mentalidad. Recuerda que fue Su Espíritu el que los excluyó de la tierra prometida.
Dios sanó sus cuerpos, pero no los llevó a la promesa. Los alimentó, su ropa no envejeció, pero nunca alcanzaron la tierra prometida. En otras palabras, Dios puede preservarte por mucho tiempo a pesar de lo que hay en ti. Pero si te niegas a cambiar tu mentalidad, te dejará morir en el desierto. Incluso Moisés no entró. ¿Qué tan cerca estás de tu tierra prometida? ¿Puedes verla? Gobiernos: por más que tengan las mejores ideas para sus pueblos, si no trabajan para cambiar la mentalidad de la gente, ellos seguirán atrapados en el desierto.
Creo que para ser un buen gobernante donde quiera que residas, debes desaprender lo que la historia de tu país te ha enseñado. Sé liberado de la mentalidad griega. Sé liberado de la ideología romana. Sé liberado del espíritu de colonización. Y cree que, por la gracia de Dios, puedes gobernar ese país en el que habitas desde siempre con eficacia. Sé liberado de la filosofía griega, porque todos nosotros hemos sido víctimas de ella. Eso es ser realmente libres, todo lo demás, es política barata y discurso hueco.
El liderazgo tradicional enseña que dirigir es controlar a los demás e imponerles tu voluntad. Pero eso no es un verdadero liderazgo. Porque es el liderazgo carnal y mundano el que enseña que dirigir es manejar a las personas. Ser superior a ellas, ser servido por ellas. Han dicho por allí que un liderazgo se mide por la cantidad de personas que te sirven, pero déjame decirte que, lamentablemente, eso no es liderazgo. Instrúyete, porque mientras tu mente no se liberada, no podrás entrar en la nueva tierra.
La tierra prometida es hermosa, pero en lo personal, tengo cierto temor por mi país. Tiene tanta riqueza que indudablemente necesita de muy buenos líderes para gestionarla. Necesitamos personas con una mentalidad nueva que sean capaces de desplazar las corrupciones ambientes y reemplazarlas por culturas de Reino, donde hasta el más mínimo anónimo resulte intachable en cuanto a su moral. Gente que no dañe a otra gente para satisfacer ambiciones personales.
La filosofía del liderazgo del hijo de Dios, es la opuesta a la de los romanos. He estado observando y he visto que en cada seguidor, se está escondiendo una especie de líder encarcelado. Creo honestamente que cada ser humano fue creado para dirigir y diseñado para dominar. Es más, tengo certeza que el potencial de liderazgo reside en cada ser humano. Creo que has nacido para dirigir, pero que debes convertirte en un líder eficiente a través de un proceso.
Creo que el verdadero liderazgo no consiste en hacer cosas, sino en manifestarte a ti mismo. Creo que el objetivo del verdadero liderazgo, no es mantener seguidores, sino producir otros líderes. Esa es una de mis tareas, despertar al líder dormido que hay dentro de ti. Mi filosofía libera a la gente, no la oprime. Quienes me conocen y me han conocido, saben perfectamente que es así, no estoy haciendo ningún discurso político, no lo necesito, no persigo nada que mi Padre no decida enviarme.
Mi filosofía me impulsa a creer en tu igualdad y no en tu inferioridad. ¿Y de dónde viene esta filosofía? La recibí de Aquel que creó a toda la humanidad. Aquí está el fundamento, Génesis 1:26: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza y que él domine sobre los peces, las aves, los animales, los árboles, sobre toda la tierra y sobre todo lo que se arrastra sobre el suelo. ¿Para qué te creó Dios? ¡Para que domines! No dijo que “algunos de ellos dominen”. Dijo que dominen TODOS.
O sea que eres un dominador por creación. Y si yo fuera tú, me pondría a repetir en voz alta: “¡Nací para dominar! Tantas veces fueran necesarias para que el pensamiento se incorpore a tu mente como verdad indestructible por causa de ninguna filosofía o enseñanza humana. Lo que intento decirte para que lo creas y lo pongas por obra, es que fuiste diseñado y creado para dominar. Por eso es importante el verso 27: Dios creo al hombre a su imagen y semejanza, varón y hembra los creó.
Dios los bendijo y les dijo: “¡Tengan la dominación!” Esto significa que el hombre y la mujer son iguales ante Dios. Ambos son dominadores. Tú esposa y tú son iguales, pero diferentes. Y quiero aclarar que la palabra dominación, es una palabra clave. Te revela por qué fuiste creado. La palabra dominión, dominación, proviene de la palabra hebrea radah, que significa gobernar, reinar, controlar, dominar, gestionar y dirigir. Dios te dio a luz para reinar sobre la tierra, para dirigir.
Y aquí está la conclusión. Si Dios te creó para dominar, es decir, gobernar, dirigir, eso quiere decir que puso en ti la capacidad para hacerlo. Dios puso en la semilla, la capacidad para convertirla en un árbol. Pero la semilla puede morir siendo semilla, si se encuentra en el entorno incorrecto. Durante más de 180 años, muchos de nuestros países latinoamericanos han estado en el entorno incorrecto. Fuimos alimentados con ideas griegas y por eso no logramos florecer. No para hacerte superior a nadie.
Permítemelo decirlo así: Dios dice que dominemos, lo que significa hombre y mujer. Cada ser humano es un líder encerrado dentro de sí mismo. Y aquí está el misterio. Todo lo que naciste para ser, está encerrado dentro de ti. Observa lo que Dios hizo. No sólo te dio el dominio, sino que especificó sobre qué debías dominar. Él dice: domina sobre los peces, las aves, los animales, las plantas y todo lo que se arrastra sobre el suelo.
Esto quiere decir que las únicas cosas que se supone debes dominar son los peces, las aves, los animales y la naturaleza. Ahora mira a toda esa gente que trabaja contigo. ¿Tienen aletas, escamas, plumas, raíces u hojas saliendo de sus zapatos? No. Entonces escucha bien. El único ser en la tierra que no tienes ningún derecho a dominar, es a otro ser humano. Por eso, para que la esclavitud funcionara, tuvieron que reducirte a menos que un humano. Te llamaron sub humano.
A cualquier persona, como quiera que ella sea, si se la categoriza como sub humana, es la única condición que les permite dominarla. Porque si se la considera como un ser humano, saben que no lo tienen permitido. Todo intento de controlar, dirigir o dominar a otro ser humano, es totalmente impío. De hecho, un pastor no tiene derecho a dominar a sus miembros, no le pertenecen. No tienes derecho a poseer ni a controlar a nadie en tu empresa.
Jesús vivía en una colonia dirigida por personas que oprimían y dominaban a otros humanos. Sus discípulos, sus estudiantes, intentaban cambiar su mentalidad, al igual que lo hacemos hoy. UN día, estaban sentados y Él los oyó discutir entre ellos. “¿Cuál de nosotros es el más grande?” Siempre buscando quien es el jefe que tiene la posición más alta. Les preguntó: ¿De qué discuten? Estaban avergonzados. Él dijo: se preguntan quien es el más grande entre ustedes.
Entonces, llamó a un niño pequeño, lo puso en medio de ellos y dijo: El más grande entre ustedes, debe ser como un niño. Un niño nunca busca el poder. Dos días después, mientras comían, dos de sus discípulos vinieron a verlo de nuevo y le dijeron a su madre: mamá, ve a preguntarle si podemos ser los dos ministros más poderosos cuando Él se convierta en rey. La madre fue a ver a Jesús y le dijo: Maestro, permite que mis dos hijos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu reino.
Jesús se sorprendió y dijo: Mujer, primero, no sabes lo que pides. No se pide un puesto de liderazgo. Y segundo, no deberías querer ser como los demás, porque no podrías beber la copa que ellos beben. La palabra copa, significa precio. No podrías pagar el precio de su posición. Nunca tengas celos de alguien, porque no sabes lo que le costó llegar hasta allí. Estas posiciones no son mías para darlas, pertenecen a aquellos para los que mi Padre las ha preparado.
Esto significa que ni siquiera puedes orarle a Jesús para obtener un puesto. A los romanos y a los griegos les gusta dominar a los demás. La palabra “señor” significa propietario. Por eso dijo que a los líderes de este mundo, les gusta poseer a la gente como si fueran de su propiedad. Y algunos ministros que he conocido tienen este mismo espíritu. ¡Es que son MIS miembros! Te dicen. No. Pedro dijo: pastores…no dominen al rebaño de Dios.
Es la misma palabra que Jesús usó para los romanos. Los verdaderos líderes, no poseen a la gente. Los guían y acompañan para que se vuelvan grandes. Él dijo: No debe ser así entre ustedes, porque en mi Reino, sin quieres ser un gran líder, debes convertirte en el siervo de todos. Esto no significa ser inferior, significa servir tu don a tu pueblo. Ofrecer tu don a tu generación. Esto es exactamente lo que he tratado, trato y trataré en el futuro de hacer para con todos los que reciben mis trabajos.
Ese, en todo caso, es mi servicio. ¿Y el tuyo? ¿Cuál es tu don para ejercer liderazgo? Los grandes líderes no buscan seguidores, ni mucho menos mayores cantidades de likes en las redes. Buscan entregarse a su generación. Jesús concluyó su enseñanza, diciendo: De la misma manera, el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Cada área de influencia, eso incluye la educación, la sociedad, la política, todas las áreas. Yo digo: quiero que mi pueblo traiga mi naturaleza a cada disciplina. ¿Lo ves probable, hoy?